sábado, 24 de enero de 2009

Edgar y yo

Ya sé que me dirán que estoy obsesionado con las casualidades literarias. Otros me darán una charla sobre como el inconsciente va arreglando su percepción de la realidad a los hechos ocurridos para hacerlos coincidir. Como quieran, pero la verdad es que es a mí a quien le pasan estas cosas.
Estamos en el año del Cuervo (no soy astrólogo tranquilos), en el año en que celebramos el nacimiento de Edgar Allan Poe hace dos siglos. Es un tipo extraordinario con una vida de novela corta, murió con cuarenta, pero que da para una zaga que podíamos llamara “Inventario de amarguras” (suena a culebrón pero no lo sería). Poe sufrió como tantos anónimos un cúmulo de amarguras, obstáculos, incomprensiones y tristezas que al leerlas uno se siente de lo más afortunado y bendecido que hay en la Tierra. Era un hombre con un talento poco reconocido y en absoluto bien remunerado. A Poe le faltó comprensión y afecto.
Leo con atención en estos días la interesante biografía de Georges Walter, francés de origen húngaro y novelista para más señas, titulada en su traducción al español Poe. Es un viaje muy detallado a la vida y obra de este hombre, tocado por el talento y lleno de un frenesí literario, que hace que la lectura se transforme en una brillante novela de investigación. Maneja Walter una gran documentación y visita los lugares de la trama para ponerlo todo al servicio del lector ávido de conocer más al escritor de Boston.
Pues eso, leo con atención la biografía y, al llegar al capítulo doce nuestro escritor, desesperado y enfermo en 1842, suspira por un puesto en la Aduana. Para mi sorpresa yo trabajo en el departamento de aduanas de mi empresa, pero no suspiro por ello ni estoy enfermo. Ni tampoco tengo su talento. Me sorprendió la coincidencia. Edgar pasó de largo sin poder entrar en la Aduana y eso a la larga fue mejor para él aunque, con la que estaba cayendo en su vida por esas fechas, el hubiera preferido trabajar en la Aduana. Como yo, con la que cae por estos pagos, no renuncio a mi puesto aunque eso signifique horas sin escribir, sin poder buscar mi propio sueño.
Es una hermosa metáfora: cuando uno llega al trabajo te exigen dejar en la puerta tus sueños y metas y lo único que debe brillar en tu mente es sacar adelante tu puesto, tirar del carro, buscar el sueño de otro. Por la tarde, al regresar a casa te esperan, ya recogidos tus sueños en la puerta de tu trabajo, tu familia si la tienes o tu soledad. Y es entonces, cuando por fin el mundo casando se va a dormir a o a vivir la noche, cuando los hombres y mujeres con una pasión sacan sus folios en blanco y elaboran tramas y personajes, inauguran universos y dan vida a algo que no existe pero que podría hacerlo.
Poe escribió en esa etapa descrita en el capítulo doce (1841-1842), el mejor momento de su vida, once de los 67 cuentos que publicaría a lo largo de su vida. Si Poe es ejemplo de algo más allá de lo estrictamente literario es de tesón, tal vez disperso y un tanto débil, pero tesón al fin y al cabo, en la búsqueda de lo que tenía que ser: escritor.
Más allá de la anécdota y de la casualidad, una excusa para escribir este artículo, me queda la sensación de haber acompañado a este tipo raro (lo dice Rubén Darío) en una existencia atormentada, carente de afecto y comprensión. Es un tipo que sufre desde la cuna hasta la tumba y cuyo único descanso son los momentos en los que escribe sus terribles ficciones porque por fin no le ocurren a él, le ocurren a otro y él sólo es el cronista de las tragedias. Doscientos años después su sombra se agiganta hasta alcanzarnos en forma de cuervo para decirnos “nunca más”, nunca más renuncies a tus sueños: tu corazón te delatará.
Por cierto, me he enterado que el autor de la biografía de Poe nació en mismo día que yo, 51 años antes. Más casualidades para no variar.

jueves, 22 de enero de 2009

Pé y el Oscar

Ya he confesado que Penélope Cruz no es santa de mi devoción aunque la verdad no soy muy devoto de santos. En fin, que dije en su día, vista Vicky, Cristina, Barcelona que lo peor de la cinta fueron los dos españoles Bardem y Penélope, que parecían más bien sacados de un periódico andaluz de sucesos. No estaban en el papel y que aparte de “Volver” nada más del trabajo de Penélope Cruz es destacable más allá de la belleza de la actriz.
Pero en fin, los críticos se empeñaron y la Academia también: la Cruz está nominada como mejor actriz de reparto, en una película que califican muchos de comedia cuando en realidad es más un melodrama divertido que otra cosa. Es sospecho que Allen,que vive de espaldas a todo el sistema de mamoneo académico, se vea de pronto aupado hasta los Oscars. Es raro. Encima lo que parece es que se quiere premiar una carrera y unas influencias (las de Penélope) más que de verdad valorar el cine y el buen hacer.
La verdad es que todo esto huele a lobby y a influencias de unos y otros para pulir el producto que es Penélope Cruz, nada más. Ahora llegan críticas buenas desde Estados Unidos cuando todos sabemos que a Woody Allen no le quieren bien allí en su tierra.
Al final seremos cuatro contra el starsistem, cuatro que hemos visto la misma película, hemos visto las mismas carencias de los actores y ahora asistimos al espectáculo de montar “una película” con sus trampas como en las de chinos con todo este asunto de que Penélope se merece un Oscar. “Con su pan se lo coman” como dicen los gallegos, pero que ahora no nos cuenten milongas cinematográficas: si la Cruz gana no habremos asistido a mayor tongo que aquel del año en que “Titanic” (con lo mala que es) se llevara once estatuillas. Seguiremos el resultado de este asunto de cine, a ver como termina este mejunge.

martes, 20 de enero de 2009

Obama para la Historia

Aquí está. Por fin (para muchos) Barack Hussein Obama Jr. ha tomado posesión como presidente de los Estados Unidos de América. El número 44. Ahora nos llegan las similitudes, parecidos razonables, símbolos que le hacen parecer una aparición divina que salvará a medio mundo (juró sobre la Biblia que usó el mismísimo Lincoln). Bueno, la historia está allí. Es de verdad asombroso que un planeta gire en torno a la figura y el carisma de un solo hombre. Asombra y sobre todo turba. Es cierto que vivimos muy malos momentos, que todo el mundo parece necesitar a alguien quien seguir. Este hombre negro, criado como blanco, se ha convertido a su pesar en una figura mediática sin precedentes (ni Kennedy ni nada) y se ha encaramado al altar mayor de muchas almas que viven esta crisis global como una tragedia que requiere de un héroe.
Creo que no debemos ser tan ilusos, que debemos mesurar nuestro absoluto apoyo a alguien que no ha demostrado aun nada y que definitivamente es presidente de los Estados Unidos por el voto soberano del pueblo.
A lo largo de la historia, y allí están los hechos, vivimos uno u otros más o menos cómodos según el partido del presidente de Estados Unidos pero al fin y al cabo es presidente de aquel país y su idiosincrasia va por los derroteros de siempre. En sus primeras palabras después de jurar el cargo ha advertido a los “enemigos” de “América” que no van a disculparse por su manera de vivir.
Este hombre tiene a su favor que la Historia estará muy pendiente de él, que su raza, su campaña y la coyuntura global le poden en el ojo del huracán para bien o para mal. Esperemos que para bien. Él mismo decía en estos días que habrá dificultadas y que cometerá muchos errores. Quiere curarse en salud porque, no olvidemos, es sólo un hombre, sólo el presidente del país más poderoso del mundo. Y eso aunque no es poco, no lo es todo.
Nos queda el futuro para saber qué pasará. Vamos a aceptar el reto de no entusiasmarnos con lo que puede ser sino con lo que debe ser, con lo que se concrete como buena decisión. Que no nos sorprenda la decepción que suele ser hija del entusiasmo infundado y de los sueños de la razón. Espero que ese sueño no engendre monstruos goyescos que nos hagan imposible el descanso en esta noche de crisis global que se presagia larga y tensa.
Bienvenido Mr. Obama. Espero que no pase usted de largo.

domingo, 18 de enero de 2009

En torno al conflicto árabe-israelí y sus comentaristas

Vengo de pasar una durísima gripe con sus ataques nocturnos de tos, sus flemas y mucosidades incomodantes que me han tenido apartado de mi trabajo de escritor. Las noticias se suceden y la actualidad se le escapa a uno, como en el ya citado verso de Ana María Martínez Sagi, por las esquinas del aire. Pero hay dos temas que no dejaré pasar este año: las demagogias político sociales que sobre la actualidad panameña va vertiendo por medio mundo virtual cierto poli titulado individuo, que para más señas es panameño, y el conflicto árabe-israelí. Si alguna objeción se encuentra en estas líneas estoy dispuesto a ser llamado al orden.
Dije en mis deseos para el nuevo año que “me gustaría que los que mueren en territorio israelí también salieran más en televisión, que hubiera un debate sobre el tema, amplio, serio, sin las demagogias de unos y de otros”. Expresé también que occidente debía dejar de posicionarse en este tema usando la terrible situación de los demás para hacerse atuendos ideológicos de salón (los de derechas pro israelíes y los de izquierda pro palestinos). En fin, dicho y hecho.
La izquierda se pone el pañuelo palestino y apedrea la embajada israelí en Madrid. Un ejemplo de paz. La derecha no se atreve a cuestionar la desproporción y dureza de la intervención israelí en la franja de Gaza, a pesar de que se puede comprender la necesidad de defenderse. Después me llegan mensajes de correo electrónico con unas declaraciones del embajador israelí (me las manda el paladín de la patria panameña, el poli titulado) que parecen ser las únicas crónicas bárbaras de los muertos judíos en este conflicto durante todos los años que llevamos padeciendo tanta maldad humana. Estúpido. (Les recomiendo La inteligencia fracasada de José Antonio Marina con urgencia).
Precisamente él comentaba el asunto con el equilibrio necesario en estas cosas. Dice en El Mundo del día 11 de enero lo siguiente: “¿Cómo debo pensar el conflicto Israel-Palestina? Me escandaliza la simplicidad con que muchos comentaristas políticos españoles se posicionan. Se enfrentan a complejísimos temas, enrarecidos por largas y cruentas historias, con una simplicidad de campeonato de fútbol o de película de buenos o malos. En el caso español esto se agrava por una intromisión de ideologías de partido, hasta el punto de que se llega a decir -acabo de oírlo en una radio- que los de derechas son pro israelíes y los de izquierdas son pro palestinos”. Conectamos del todo. Pero ya veo las reacciones a estas palabras suyas que yo sostengo: este es un facha, un derechón, un tipo sin sangre que no reconoce las cosas. En fin: el equilibrio deseado se va al garete.
He afirmado siempre que este conflicto llega hasta el mismísimo Abraham, padre de ambas razas. No se remediará la situación más que a medias y más aun si nosotros nos vamos posicionando con tanta facilidad en bandos y animándoles a seguir en conflicto. Dice José Antonio Marina siguiendo: “Suelo decir a mis alumnos que para entender un conflicto no podemos encerrarnos en lógicas lineales, donde causas y efectos, quedan nítidamente dibujados, sino en lógicas sistémicas, en las que el efecto puede actuar como causa, donde las interacciones son tan tupidas que hay que pensarlas todas al tiempo. Dos cosas veo con claridad: que la intervención de movimientos terroristas siempre pudre la situación, y que el modo de tratar este asunto va a ser el primer test como gobernante de Barak Obama”. Queda dicho. Mi posición es básicamente la misma. La facilidad para ataviarnos con este conflicto debería avergonzar a más de uno. Los buenos y los malos para las películas, la búsqueda de soluciones a los grandes conflictos para las mentes bien revestidas de criterio. Parece que el patio está vacío de criterio y lleno de opinantes de feria.

sábado, 3 de enero de 2009

María bonita

A Ignacio Martínez de Pisón no me lo presentó nadie. Me lo encontré durante las compras navideñas en las estanterías de los libros de bolsillo. Luego he oído (leído) todo tipo de loas a su escritura y a su ternura. Parece un chaval (Zaragoza, 1960) y lo mejor de todo es que es buen escritor.
María bonita, novela de 2000 (Anagrama), es una maravillosa novela de iniciación, ambientada en los últimos sesenta y principios de los setenta en un Madrid del extrarradio en el que todo estaba construyéndose. Lo que sorprende de Martínez de Pisón es la sencillez con la que encara la historia. Una niña, María, no quiere ser quien es, no le gusta la rudeza de la Colonia donde vive con sus padres, él derrotado y ella amargada y encima la figura salvadora de la tía Amalia que es rica, que la colma de regalos y le brinda posibilidades. Hasta aquí todo normal. Luego la historia es trepidantemente sencilla, cargada de acción, de pensamientos y vivencias cotidianas de una niña que va creciendo y que se va encontrando cada vez menos satisfecha en el mundo que le toca vivir. Viaja a Estoril con su tía y se encuentran, en una escena brillante, con Don Juan de Borbón y la tía Amalia califica al padre del rey (lean la novela).
Otra situación extraña se da: la tía Amalia desaparece por mucho tiempo con Alfonso su marido, (las razones en la novela, lo siento). María y su familia dejan la Colonia y se mudan al extrarradio madrileño y es allí, en casa de su madre donde aparece la tía Amalia tiempo después ofreciendo ayuda económica. Vuelve la niña a contrastar su realidad. Ahora asiste a clases de ballet y en ese ir y venir encuentra María a su tía, en una tienda de antigüedades de su propiedad y de Alfonso. María no confiesa a su madre que se está viendo con su tía. El padre de María es detenido por sindicalista y oponerse al régimen franquista, es liberado al tiempo pero este hecho genera un secreto. La segunda vez que es detenido termina por meter en una triste circunstancia a todos los personajes y esto nos lleva al final de la novela. Los detalles, en la novela
Martínez de Pisón al igual que Rafael Chirbes, renuncian a malabarismos técnicos y ofrecen al lector una historia clara, cadenciosa y llena de acción para hacer que el lector le acompañe hasta el final del peor mes del peor año de la vida de María, “María bonita” (la banda sonora que la tía Amalia le puso a su sobrina y la marcaría para siempre). Una de las virtudes de este zaragozano metido a barcelonés es crear atmósfera tan sencillamente equilibradas que termina uno por ver el piso de la tía Amalia o la triste escena de la mudanza de la familia de la Colonia hasta el extrarradio madrileño. Imágenes sonidos y olores que me han convencido de que tengo que perseguir a Ignacio, literariamente y leerle más. Su literatura es de lo mejor que se puede recomendar en estos tiempos de crisis literaria a ambos lados del Gran Charco.