sábado, 30 de mayo de 2009

Tiempo de Feria

Llevo recorriendo la feria del libro de Madrid dieciocho años y la verdad es que hay cosas que no cambian nunca sobre todo la manera de recordarla. Tiene la feria para los que nos gusta asistir un aire de encuentro y un gusto a oportunidad necesaria.He visto a muchos escritores durante estos años de idas y venidas, de buenos y malos libros.El año de su Cervantes me encontré con mi querido Guillermo Cabrera Infante con el semblante serio y yo me paseaba un poco temeroso de acercarme hasta la caseta donde firmaba. Me armé de valor y le llevé “La Habana para un infante difunto” que había comprado en otro lado, una edición conmemorativa del Cervantes, “¿le importa?” le dije con seriedad, “claro ¿de dónde es usted?” “¿De Panamá?” “De Panamá, buena tierra” me dijo y hablamos de mis deseos de escribir. Me estrechó la mano y me fui. Me habría gustado charlar más pero no pude, había más gente esperando.También me encontré un año con Carmen Martín Gaite que se estaba comiendo una manzana y a punto de cerrar el puesto donde estaba firmando “¿podría usted…?”, “el último, justo a tiempo”, me lo firmó, “Irse de Casa”, y me fui, había quedado con unas amigas Carmen y tenía prisa. No pudimos hablar un poquito más. Pocos meses después murió.También recuerdo la larga cola que había para que Vargas Llosa firmara “La fiesta del Chivo” su vuelta de la política a las letras que tanto éxito tuvo. Un hombre delante de mí tardó un buen rato porque nos enseñó (me acerqué que más me daba) una foto de unos familiares suyos españoles que fueron asesinados en República Dominicana bajo la dictadura del Chivo, muy interesante, es lo que tiene la literatura.He visto desde lejos a Umbral, a Sabina, al sempiterno Gala y recientemente, en una inmensa cola a Íker Jiménez y a Carmen Porter firmando a dos manos sus libros. Increíble, es lo que tiene esta Feria que todos caben, que todos venden, que todos (espero leamos).Los encuentros con los editores, esa gente maravillosa que hace que la rueda siga como Juan Casmayor y Enrique Redel, son siempre cercanos, siempre cordiales, llevando allí donde van libros, letras y páginas y páginas de buena literatura. Gente con una visión del sector amplísima, con el deseo de que los buenos libros no pierdan su sitio en medio de tanto bestseller facilón y simplista.Tiempo de feria, tiempo para pasear las ganas de leer y las lecturas hechas por un parque del Retiro que volverá a quedarse pequeño por la afluencia de público que esperamos que este año no renuncie a las buenas letras y que no se pierda en la maraña de malos libros que aunque puedan tener derecho a existir son prescindibles. No está la cosa como para gastarse el dinero en papel manchado de tinta.

martes, 26 de mayo de 2009

Revista Maga, 63


La revista Maga de literatura panameña llega al número 63. Es el trabajo constante y sin fisuras de una escritor de altura y un agitador cultural, Enrique Jaramillo-Levi, a cuya convocaroria la cultura panameña se mueve y crea. La presentación se hará en la Biblioteca Nacional de la República de Panamá el próximo día 28 de mayo, un país que necesita como todos de la cultura y de sus creadores.

La portada es muy moderna, deja atrás una etapa para isntalarse en la modernidad. a los que quieran conocer las letras panameñas no les va a quedar más remedio que pedir un ejemplar y ponerse a leer. Panamá tiene mucho que decir. Pasen y lean.

domingo, 24 de mayo de 2009

Carlos Castilla del Pino: literatura y ciencia

Carlos Castilla del Pino murió días atrás. Un cáncer se lo llevo por delante. Con los fastos por la despedida a nivel mundial en el planeta literatura a Mario Benedetti parece que nos hemos dejamos de lado la despedida sincera y merecida a este humanista irredento, poseedor de un estilo propio y un grande de nuestras letras y de nuestro pensamiento.
Le conocí por la envidia. Andaba yo por los 90 preparando unas conferencias sobre la envidia y mi profesor de psicopatología me lo recomendó en la Facultad de Psicología, cuando las cosas parecían ser eternas y la juventud hacía el resto: “Carlos Castilla del Pino, Alianza editorial, “La envidia”. El compila pero su ensayo en particular es magistral”. Lo compré, lo leí y me cautivó el afán de integrar todas las áreas del conocimiento. Así le leí por primera vez y desde él llegué hasta “Abel Sánchez” de Unamuno al que creía yo haber leído con suficiencia pero, ya se sabe: nunca se termina de leer, eso dice el bíblico Eclesiastés.
Pero Castilla del Pino me sorprendió con sus memorias "Pretérito imperfecto. Autobiografia", de 1997 con las que ganó el Comillas. Lo leí prestado de un amigo que me metía prisa para que se lo devolviera porque no quería perderlo. Me queda el segundo tomo. Después vino para mí “El delirio, un error necesario” y “Patografías” que me ha inspirado más de una historia para contar.
En castilla del pino todo es una entrega al conocimiento global e integral del hombre. Para él, eso es lo que vi en sus libros y en sus apariciones públicas, el hombre es una realidad que abordar con la totalidad del conocimiento. No es sólo la ciencia por sí sola sino también, la literatura la pintura, la vida. Un ser humano extraordinario que supo combinar con un equilibro ya poco frecuente las ganas de vivir con la tragedia que pude ser muchas veces la vida y más viendo él entre sus pacientes los famosos “renglones torcidos de Dios”.
Una vida entregada al conocimiento, la búsqueda de respuestas sobre lo más oscuro de nuestras existencias, son un mérito que todos haremos bien en agradecer a un hombre que, encima de todo ello, escribía muy bien, que deleitaba enseñando, que se esforzaba por no parecer en exceso técnico sino cercano y claro para que el conocimiento se filtrara por los poros de todos aquellos que se acercaban a sus textos sin renunciar a la profundidad del conocimiento.
Fue académico de la lengua, sillón “Q”, y escribió un excelente libro que tengo que comprarme en estos días a modo de homenaje y para recuperar el que perdí: “Cordura y locura en Cervantes” de cuyos ensayos me quedé sobre todo con “Quijotismo y bovarysmo: de la ficción a la realidad”. Una brillante manera de ejercer magisterio sobre escritores y lectores y dejar constancia sobrada de que la literatura y la psicología son mucho más que disciplinas lejanas la una de la otra, que son el revés de una trama intrincada de luces y sombras que se llama Humanidad.

Los estigmas del debate


Lo que el escritor Enrique Jaramillo Levi plantea en su interesante artículo no es ni más ni menos que una queja contra la Iglesia Católica y su posición en grandes temas sociales. Evidentemente aquí terminaría el asunto, pero la verdad es que toca además temas que son fundamentales para la comprensión del Cristianismo que, por mucho que se empeñe Roma, no es igual que Catolicismo.
Por un lado, la revelación del Génesis sobre el origen de hombre no es una “pastoril anécdota” ni genera “fábulas creacionistas”. Esta simplificación del asunto no está a la altura del debate que debemos tener. Toda la revelación bíblica y la necesidad de la venida de un Salvador vienen de lo ocurrido en el huerto del Edén. Cuestionar esto es cuestionar toda la revelación, pararíamos de contar aquí y se acabó el Cristianismo. Es una buena idea entre muchas poner atención a las teorías avanzadas sobre Diseño Inteligente que muchos científicos proponen. Eso sí, lejos del politiqueo con el que se trató en los Estados Unidos.
Que Jesús tuvo una relación con María Magdalena suena un tanto a novela de Dan Brown, (los que leímos en su día “El enigma sagrado” ya sabíamos de que trataba la novela y lo teníamos superado por la evidencia física de los hechos) y no lleva a ninguna parte nada más que a la especulación literaria, sobre si ella era pelirroja o si de verdad el Priorato de Sión estuvo presidido por el mismísimo Víctor Hugo. Esta historia, que aparece muchos años después sobre todo en el entorno Gnóstico de la época, le ha dado para escribir entre otros a Nikos Kazantzakis, a José Saramago (que tuvo que exilarse) y Tim Rice el autor de “Jesucristo Superstar”. Y no olvidemos a Dan Brown y a todos los que después de él han tenido en la polémica (supuesta) relación entre Jesús y María de Magdala tema de especulación literaria. Nada dicen los textos sobre el tema y esa es la manera de hacer Historia. Especular, es literatura.
La integridad de los textos del Nuevo Testamento, más allá de la fe, es cosa no discutible hoy, allí están, han sido analizados, cuenta con más copias que la mismísima filosofía de Platón (por poner un solo ejemplo) que nadie cuestiona y cuya copia de la copia es de 900 años y su lapso de composición es de unos 1200 años. El Nuevo Testamento (cartas y evangelios) fueron escritos antes del año 80 del primer siglo. Y no hablemos de Qumrám, la Septuaginta y otros textos antiguos que apoyan la integridad del texto a parte de la evidencia de una amplia literatura apócrifa dentro de los primeros doscientos años de la era cristiana lo que significa que el arraigo del Cristianismo es patente desde el principio. No olvidemos a Josefo ni el hecho de que ni siquiera el propio Imperio romano y tras de ellos el judaísmo pudo echar por tierra la resurrección predicada por el primer grupo de seguidores de Jesús. Esto es Cristianismo pero volvamos al Catolicismo.
El celibato de la Iglesia Católica no lo enseña el Nuevo Testamento, eso es evidente. Pedro estaba casado al igual que muchos de los discípulos. Pablo, lo aventuran algunas biografías, posiblemente era viudo y apela siempre al reconocimiento de la propia contención sexual y advierte que no deben las parejas negarse el uno al otro sino para orar. Esto es lo que dice el Nuevo Testamento. El problema es el “Magisterio de la Iglesia” y la “Sagrada Tradición” que el catolicismo se empeña, aunque no quiera reconocerlo, en equipararla a la revelación bíblica. La raíz del mal está en caer en el error que Pablo advirtió a los gálatas en su maravillosa epístola dirigida a ellos sobre creer a “otro evangelio” que se venía predicando, cambiando el sentido de lo revelado. A más de la advertencia también paulina de que en los postreros tiempos vendrían algunos enseñando que uno no debe casarse. Es un error el celibato y más sabiendo que Dios inspira a Salomón para componer un cántico al amor íntimo en el libro de Cantares.
La Inquisición, sumada a las Cruzadas, la expulsión de judíos y musulmanes de España y otros miles de desmanes cometidos en nombre de Dios, no comprometen el mensaje fundamental de la Biblia que no es otro que el hombre es pecador y necesita del sacrificio de Cristo. Ese es el evangelio.
Toda la política en materia sexual que sostiene el Catolicismo es aberrante, prohibiendo el uso del preservativo o de los métodos anticonceptivos. El sueño de la razón y de la fe produce monstruos teológicos que terminarán devorándonos. No debemos dejar de pensar lo que Dios revela en su palabra para aplicarlo con una fe cercana a los textos.
No es cierto que Dios exija una fe ciega, de hecho la predicación es pública, la revelación es racional y está basada en un hecho histórico: la resurrección de Cristo. El apóstol Pablo reta a los corintios y a todos los cristianos a comprender que, desbaratado el hecho histórico, la fe es vana. Como dijimos antes, ni el Imperio romano fue capaz de echar por tierra el testimonio de los que vieron estos cosas y nadie pudo presentar ante todos un cuerpo muerto para detener la expansión de una locura semejante.
Espero que la discusión sobre la fe y sus consecuencias no se base solo en especulaciones de libros superados sino que se tome en serio lo que se sabe de los textos bíblicos y sobre la historia. El Catolicismo romano es un hecho que se deriva de una mala aplicación de lo que la Biblia enseña. Eso no es culpa de Dios.
Hoy el Estado debe poner en su sitio a las iglesias que deberían predicar no sólo el amor y la salvación sino el pensamiento necesario para no ser esclavos de los entusiastas de la ignorancia, que se llamen curas o pastores, quieren torcer los caminos insondables del Señor que a pesar de ello, son claramente expuestos en la Biblia. Quiera Dios que sigamos debatiendo, escribiendo y sobre todo cambiando. La sociedad panameña lo necesita pero sin alejarse de los valores básicos que el Cristianismo propone y que no tienen sustituto por mucho que nos empeñemos.

jueves, 21 de mayo de 2009

Por los senderos con... Alejandro Hernández






Silencio. Se rueda la entrevista en diferido con Alejandro Hernández autor de “Oro ciego” (Salto de página, 2009).

Interior. Es de día. En las ventanas, luz de visillos. Fuera, la calle ruge. A la derecha del plano Alejandro Hernández autor de “Oro ciego”. A la izquierda con cara de haber encontrado un tesoro, Pedro Crenes Castro que le entrevista.

1. Esta es una novela histórica ¿Con quién te encontraste y dónde para que esta novela naciera?
Me encontré conmigo mismo dando clases de inglés en un aula de séptimo grado llena de niños insoportables, así que me dije, éste no es el camino, y busqué otra forma de ganarme la vida. Me enteré de un concurso de cine donde pedían historias sobre la guerra del 98 y me inventé la mía. ¿De dónde salió? No lo sé, pero si me pongo freudiano creo que es algo que arrastro desde la adolescencia; cuando tenía quince años vi una película cubana llamada “Jíbaro” que arrancaba con un tempo de western, algo inaudito en el cine nacional, y recuerdo que pensé; coño, que bueno sería hacer una historia a lo western en el trópico caribeño, pero en vez de cowboys que fueran guajiros cubanos. Cuando salió el concurso de cine tiré de aquella idea y convertí a los guajiros en mambises y al western en una aventura de buscadores de oro.


2. ¿Tienes a “Oro ciego” por una novela histórica o una novela basada en hechos históricos?
Es un debate interesante que ha salido en algunas entrevistas. Creo que el problema parte de la percepción que existe hoy de lo que es una novela histórica, o sea, Oro Ciego no tiene mil páginas ni salen reyes ni templarios. Tampoco hay grandes batallas, pero transcurren con el fin de la guerra del 98 como telón de fondo. Honestamente, yo sólo quería escribir una novela de seres humanos sobreviviendo a situaciones muy límites. Elegí una época que resultó trascendental en la vida de cubanos y españoles, pero mientras la escribía no pensaba si estaba haciendo género o no.

Cortamos y visionamos las dos primeras preguntas. “Vale” dice el director y ahora ensayamos la siguiente escena.
Fundido.
Exterior. Playa de Samil, Vigo. Planos del horizonte y las luces del atardecer. Plano de los dos hombres caminando. A la izquierda el autor y a la derecha el entrevistador. El plano sube hasta un primer plano de ambos. Oímos la pregunta mientras el mar ruge.




3. Una pregunta sobre la “documentación diferida”. Tus padres se patean la Habana buscando lo que le pides para documentar la novela ¿Cómo se ven las cosas desde tan lejos?
Con mucha perspectiva. Salir de tu país, al menos por un tiempo, es de las cosas más sanas que uno puede hacer, sobre todo mentalmente. Los cubanos somos muy endogámicos, como durante siglos el oro de América salía de La Habana rumbo a España, eso hizo que nuestros abuelos se creyeran el centro del mundo, la llave del continente. Y lo hemos heredado generación tras generación. Hoy mismo, con el país hecho pedazos, mucha gente sigue pensando que el mundo vive pendiente de lo que ocurre allí. Es una isla con una inmensa necesidad de autocrítica, y un grave problema de ego. Por eso en Oro Ciego me negué a dejarme llevar por los mitos. En las escuelas de allí te cuentan que la guerra de independencia fue una lucha entre españoles por un lado, y el pueblo cubano por el otro. Y eso es falso. Hubo sesenta mil cubanos luchando junto a España contra quince mil independentistas. Es cierto que la mayor parte de la población blanca estaba harta de Madrid, pero también temía a los mambises porque el 80% de sus soldados eran negros, y sentían pánico de que terminaran instaurando una república como en Haití. A mí no me interesa una historia de buenos y malos. Me interesa lo que es humano, la sinrazón, el miedo, la duda. Ahí es donde está la emoción, el drama bueno. Lo que pasa es que intentar hacer eso con la historia de tu país requiere tiempo y distancia. Mucha distancia.

4. “Cuando rebuscas en la memoria nadie garantiza lo que pueda salir” dice Alex Pashinantra. ¿Que ha encontrado Alejandro Hernández después de concluida la novela?
Me siento muy liberado. A nivel personal me he sacado unos cuantos fantasmas de encima. Hay mucho de mí en Alex Pashinantra. Y en cada una de las situaciones que él vive yo he aprovechado para soltar mi propio lastre. A veces de forma consciente, a veces no, pero supongo que le ocurre lo mismo a todos los escritores. En cualquier caso, el sentimiento predominante después de concluida la novela ha sido el alivio. Un profundo y reparador alivio.

5. Muchas de las novelas históricas adolecen de una narración acartonada y académica, ¿qué opinas sobre ellas?
Me gusta que la gente lea, da igual qué. Recuerdo que en mi escuela de cine había un profesor que llevaba un curso de introducción al cine para niños de doce años. El se empeñaba en ponerles a David Lynch, a Tarkovsky. Yo le decía que con eso lo único que iba a conseguir es que odiaran el cine. Uno no se hace escritor leyendo a Proust, primero hay que leer a Salgari. Creo que esas novelas de las que hablas cumplen su función. Yo hace 20 años andaba fascinado con Azteca, de Gary Jennings. Hoy no me la compraría, pero la recuerdo con gratitud. Es cierto que ese tipo de novela histórica suele estar escrita con un estilo acartonado y académico, probablemente porque sus autores son profesores de literatura o historia a los que les fascina leer, y un día deciden dar el paso. No seré yo quien lo critique, muy al contrario, admiro a quien lo hace, aunque sólo sea para demostrarse a sí mismo de lo que es capaz. Es un tipo de novela histórica más accesible para un público que no quiere mucho “rollo”. Y eso es legítimo, beneficia al mercado, y no creo que le quite espacio a otro tipo de novela histórica, porque al final hay lectores para todos, unos prefieren a Ken Follet, otros a Umberto Eco o a Pérez-Reverte. Y quién empieza con Los pilares de la tierra puede que un día termine leyendo Guerra y Paz, de Tolstoi, o Los Miserables de Víctor Hugo (nadie ha contado la batalla de Waterloo como él) o La Ilíada. ¿Acaso eso no es también novela histórica?

Les vale la escena y la cosa se va animando. Toca hablar de mujeres.
Interior. Bar. Acodados en la barra autor y entrevistador beben “cubas libres” para dar ambientillo cubano a la escena. Música de Celia Cruz. Botellas de ron en las estanterías.

6. Hilda María es para mí uno de los personajes más pragmáticos de la novela, quiere redimirse ella y con ella a todos lo que han sufrido injusticias ¿qué opinas de ella?
Pues que tienes razón. ¿Qué puedo opinar yo? Tú la ves así. Y agradezco que la veas así. Es un homenaje a mi abuela materna (se llamaba Hilda María), pero decirte lo que pienso de ella no aportaría nada, sería enjuiciarla, y eso me da cierto pudor. Lo importante es cómo la ves tú. Y no tienes idea de cuánto aprendo de lo que me dice un lector.

7. Gador es una mujer enigmática, con una vida terrible y con un sueño. ¿Cómo surge esta mujer con una vida afectiva tan turbulenta?
Me encanta trabajar personajes al límite. Antes te decía que no creo en buenos y malos. Me obsesionan los personajes complejos; el que odia a su padre pero lo necesita, el Homer Simpson que es irresponsable y casi alcohólico pero adora a su familia, el Toni Soprano que viene de asesinar un tío a puñetazos y le echa la bronca a su hijo porque no hace los deberes. Toda vida está llena de cosas maravillosas y terribles, ¿Por qué renunciar a eso? Yo además soy un psicólogo frustrado, y me encanta hablar con gente que ha vivido cosas... da igual si es una guerra, un divorcio o la ascensión al Aconcagua. Me da armas para escribir. Me ayuda a darles una verdad a mis personajes (o por lo menos intentarlo). Los budistas tienen un dicho que dice: sólo cuando te expones a la aniquilación descubres lo indestructible de ti mismo. Creo que Gador nace de ahí.

Hablamos de cine y de técnica literaria.
Interior. Cine Doré. Plano atrás como si vieran una película. Siguiente plano de frente. Hay una butaca entre el novelista y el entrevistador. Con luces como si en la pantalla se proyectara una película.

8. ¿Qué le debe al cine esta novela?
Todo. Su origen, el ritmo, la estructura. Hay muchos escritores que le deben su oficio al periodismo, yo pertenezco a un grupo que en vez de formarse en las redacciones de los periódicos lo ha hecho escribiendo guiones. La tiranía de los presupuestos, de no hacer escenas de más de cuatro páginas, de construir personajes en dos, todo eso jode mucho, pero te enseña.

9. La atmosfera de la isla, los lugares, la humedad ¿Cómo ha sido la elaboración de esa atmósfera?
Conozco Pinar del Río porque en el pre-universitario nos mandaban todos los años a trabajar allí, durmiendo en barracas de madera y recogiendo hojas de tabaco. De esa experiencia recuerdo el olor de los sembrados, los aguaceros tremendos, el infierno de los mosquitos. Mi familia paterna es de Cienfuegos, es una ciudad que asocio mucho a mi niñez. Tenía un tío que era técnico avícola y me llevaba a recorrer sus campos, con él visité Palmira (el pueblo de Alex Pashinantra). Pero mi experiencia rural es muy limitada. Las últimas veces que fui a Cuba, ya con la novela en mente, estuve más pendiente de ciertos detalles. Por ejemplo volví a Viñales después de diez años y me sorprendió cuánto ha cambiado el pueblo. Lo vi más próspero, y eso es raro en Cuba. Para el capítulo de los reconcentrados leí crónicas de periódicos americanos y me sirvieron mucho las historias de un amigo que fue custodio en la embajada del Perú. En el año 80 diez mil cubanos se asilaron allí, en apenas mil metros cuadrados... la atmósfera que se vivió en aquel sitio fue tremenda. El gobierno les daba comida en cajitas pero lo que ocurrió de puertas para adentro merece un libro entero.

10. ¿De donde surgen los mastines ciegos?
Cuando tenía veinte años me dio por recorrer cuevas. Me uní a un grupo de amigos y nos íbamos los fines de semanas de “exploración”, una de las cosas que me maravilló descubrir fue que los animales que viven dentro de las cuevas no tienen color, ni ojos. Por ejemplo los peces son ciegos, las arañas transparentes, y tiene lógica porque en medio de la oscuridad qué sentido tiene el color, o tener ojos... es una fauna muy curiosa. De ahí salen los mastines ciegos. Unos perros que han estado cien años encerrados en cavernas se adaptan al medio y evolucionan...

Exterior. Plaza del descubrimiento en Madrid. Sentados en sillas de directores de cine y con la estatua de Colón apuntando hacia América, el autor de “Oro ciego” responde a la última batería de preguntas. Plano general con bandera ondeante y estatua. Siguiente plano a los hombres sentados.
11. La brutalidad necesaria aflora en esta novela y la narración de los hechos que vivió Alex son terribles. ¿Han cambiado las guerras tú que has estado sirviendo como cronista en una?
Ya me hubiera gustado ser cronista. Yo simplemente colaboraba de vez en cuando con el periódico del ejército (gracias al corresponsal oficial, Pastor Batista, que fue muy generoso conmigo). También tuve la suerte de recorrer Angola y ver lo que era ese país gracias a mi padre. Cuando yo llegué a Angola él y mi madre estaban allí terminando su misión (la guerra duró quince años, así que hubo tiempo de ver pasar padres, hijos y casi nietos). Coincidimos unos cuatro meses antes de que se marcharan. Mi padre era piloto y había dejado los migs para volar aviones de transporte militar, así que cada vez que pude me fui a volar con él. Así conocí Benguela, Lubango, Cahama, nos recorrimos en jeep cientos de kilómetros por la carretera panafricana hasta casi la frontera de Namibia. Vi que aquella guerra no tenía nada que ver con el comunismo, en el fondo todo era una cuestión tribal en la que nosotros no pintábamos nada. Para los angoleños la guerra entre etnias seguía siendo la misma de hace doscientos años, lo diferente es que ahora en vez de pelear con arcos y flechas usaban los kalashnikov que les dábamos nosotros, o los M-16 que les entregaban los americanos. Una locura. ¿Han cambiado las guerras? Sólo en las formas. Evolucionan las armas, las tácticas, la tecnología, pero la mentalidad no. En el fondo seguimos siendo igual de primarios. Cambiar una forma de pensar o de relacionarte con el prójimo es lo más jodido del mundo.

12. Es un “americano”, un estadounidense, el que juzga toda esta brutalidad vivida por Alex. ¿Es una metáfora de lo que ha ocurrido históricamente con Cuba y con América Latina?
Estados Unidos no fue justo con los mambises. Desdeñaban su forma de hacer la guerra, el hecho de que tuviera tantos soldados negros. Muchos oficiales americanos pensaban encontrarse un ejército de cubanos blancos, con uniformes y reglas civilizadas, no aquella tropa de descamisados que peleaba con machetes. Incluso después de firmar la paz con España, permitieron que Madrid siguiera combatiendo a los independentistas. No fueron leales con los mambises, un ejército pobre, pero que había desgastado a España tras varios años de guerra. Porque la verdad es que Estados Unidos venció a España en tres meses no porque sus generales fueran más listos (de hecho cometieron muchos errores tácticos), la verdadera razón de la victoria norteamericana está en el deplorable estado en que se encontraba el ejército español tras una guerra de desgaste que lo dejó exhausto y con más de cuarenta mil muertos.
No quiero caer tampoco en un antiamericanismo facilón. Estados Unidos, entró en la guerra por sus intereses, pero también muchos cubanos llevaban años deseándolo. Y lo propiciaron. Es cierto que impuso a Cuba una constitución a su medida, pero los diputados que la aprobaron no eran yanquis, eran coroneles y generales del ejército mambí que podían haberse negado (algunos se negaron, de hecho). En Cuba estamos acostumbrados a buscar las culpas fuera, y eso siempre es fácil, y evita el doloroso acto de mirar dentro de ti. El día que nos quedemos sin enemigo será muy traumático. Y no todos están preparados para eso. Lamentablemente.

13. ¿Qué lee en estos días Alejandro Hernández?
Llevo una semana leyendo Relatos, de Rudyard Kipling. Un autor del que sólo había leído El libro de la selva, con doce años. Me ha sorprendido mucho.


14. ¿En que trabajas a día de hoy?
Me gano la vida con el cine, así que estoy con dos películas, una que se debe rodar a finales de año dirigida por Manuel Martín Cuenca, y otra que estoy escribiendo con Mariano Barroso para Telecinco Cinema.

En ninguna de ellas hay soldados ni cuevas ni perros. Simples historias de gente común.

Fundido en negro. FIN.

Oro ciego (Reseña)

La historia la conforman los pequeños personajes, las anónimas heroicidades de hombres y mujeres que desde la sombra de los hechos, con su búsqueda de sueños y de libertad, trazan sobre el lienzo de la humanidad un dibujo colorido algunas veces y muy gris tirando a oscuro la mayoría de las ellas. Es a esos personajes anónimos a los que Alejandro Hernández (La Habana, 1970) da voz en su espléndida novela “Oro ciego” un “western histórico-tropical”, lleno de acción y de la búsqueda del único tesoro posible: la libertad.
Alex Pashinantra el personaje principal de la novela sobrevive a la guerra de 1898 y nos relata su búsqueda de una nueva vida. En el camino le acompañará Luis que era cocinero para las tropas mambises y desea poner una fonda. A ambos los libera nada más empezar la novela un milagro que se le atribuye a San Ignacio de Loyola. Busquen y lean. Después se encontrarán con Berisa, primo de Alex que esconde un secreto y da el camino a seguir que todo buen western requiere: sabe donde hay oro. En esa búsqueda del preciado tesoro se encontrarán por el camino con James, otro espectro, en busca de un proyecto religioso, que termina uniéndose a la expedición hacia el oro. Todos llegan hasta el lugar donde el tesoro está escondido, en la región de Pinar del Río, donde Alex conoce a Gador, el personaje femenino de esta novela, una mujer con una existencia durísima, tan terrible y atroz como la vivida por Alex y Luis durante la guerra.
La atmósfera de esta novela, la humedad de la selva, los amaneceres, los ríos y las noches son ricamente elaborados por el autor que transmite con su técnica narrativa los ingredientes necesarios para olamos las sangre y escuchemos los grillos cantar en la noche cubana de hace más de un siglo, testigo de aquella independencia y desgarro de la última colonia española.
Pero a pesar de ser una novela que se narra durante la post-guerra hispano-estadounidense la obra rompe todos los esquemas del género histórico para hacer buena literatura, con un ritmo cinematográfico que invita constantemente al lector a ver planos, disfrutar de texturas tropicales y le expone a un juego prodigioso de luces y sombras que dan el color exacto de esta novela.
“Oro ciego” del cubano Alejandro Hernández es la búsqueda de un tesoro mayor: la libertad. De los fantasmas del pasado, de la brutalidad de la guerra, de infancias traumáticas, de miedos más que racionales que asaltan al lector en cada esquina de la novela. Hay también amor, sexo, risas e incluso partidos de beisbol que matan el tedio de la búsqueda y de la espera. Personajes redondos, visibles, bien construidos y que se desarrollan a lo largo del camino que seguimos subidos a la carreta con ellos o en el campo de batalla o en el inferno que describe Alex en la primer parte de la obra.
Inquietantes resultan las páginas dedicadas a la exploración de las cuevas en busca del oro y la presencia de unos terribles mastines ciegos que el lector querrá encontrar para seguir su rastro y desvelar su origen misterioso y cruel, metáfora de la oscuridad y del mal que asecha en ella y en los laberínticos pasajes de la cueva que esconde el tesoro. El ritmo de esta novela, el tempo, invita constantemente a seguir, a que nos cuestionemos escenas y testimonios que parecen sueltos, que parecen sobrar, pero que poco a poco van estrechando un círculo que no es ni más ni menos que el veredicto final del juico al que Alex Pashinantra es sometido por un tribunal estadounidense. La causa y el veredicto final debe descubrirlo el lector que no debe pasar la oportunidad de buscar su propio oro en esta novela. Al final encontrará lo que buscaba: literatura de la buena, literatura que promete muchas novelas más.
Novela larga y épica que se ha librado del barroquismo acartonado del género histórico, Oro ciego nos ofrece con fluidez las peripecias de unos personajes que son dignos del cine y de una segunda lectura liberada de la voracidad curiosa que toda primera lectura de una novela que engancha lleva consigo.

martes, 19 de mayo de 2009

Podría hacerte daño (Ediciones del viento, 2005)

En España hay más de uno que vive del cuento. No sólo los consabidos Merado Fraile o José María Merino sino una amplia nómina de grandes escritores viven del cuento, lo practican con solvencia y se cuelgan el cartel de cuentistas aunque a muchos, a día de hoy, les parezca una postura arriesgada a pesar de que los tiempos van cambiando para bien.Luisa Castro (Lugo, 1966) pertenece por derecho propio a esa amplia nómina de cuentistas españoles (aunque practica otros géneros con igual precisión) y con su libro “Podría hacerte daño” (Ediciones del viento 2005 y galardonado con XVI premio de Narrativa “Torrente Ballester”) lo demuestra sobradamente.El buen cuentista salva el escollo de la repetición técnica y temática cada vez que publica una colección de relatos. Leídos sueltos, de cuando en cuando, salvan al cuentista, le absuelven del pecado mortal de la rutina pero, cuando se atreve a publicarlos juntos la cosa se pone difícil. Luisa Castro pasa con solvencia la prueba del conjunto que en cuento siempre es una criba entre cuentistas y buenos cuentistas.La diversidad de temas en este libro lo enriquece y su técnica de igual modo. A pesar de estar casi todos ellos narrados o protagonizados por mujeres la autora demuestra no ser una mujer que escribe de mujeres sino una escritora que explora el alma humana, sus recovecos más oscuros y sus momentos más soleados. En “Podría hacerte daño” las situaciones cotidianas se convierten en materia literaria que invita a la emoción.El libro ensaya también varios géneros: el policial (“La brújula”), el romántico (“Una boda junto al green”) en incluso uno del género fantástico (“Muertos”) que es una metáfora que enseña que el hombre, muerto o vivo sigue sintiendo igual. “Una mujer y una silla” es un cuento de esos que te deja con una sonrisa de complicidad en la cara y te sorprende por su sencilla profundidad, por lo inquietante de lo verosímil, de lo posible de ese cuento en la vida del lector.Pero los más fascinantes de todos son “Una patada en el culo” (que daba título originalmente a este conjunto de cuentos) y “La mandolina”. El primero encierra la sensación extraña que la realidad produce en nosotros cuando nos encontramos con las circunstancias de la vida: nos cae una patada en el culo. Como dice la protagonista del cuento, siempre avisa el que nos va a dar la patada aunque “quien puede predecir lo que pasa si uno evita que pase lo que se ha de venir”. Pasen y lean. El segundo cuya protagonista es una niña, es un hermoso canto a la imaginación, a las posibilidades del cuento para superar la propia vida. Esta niña inventa una vida que desea y lo cuenta tan bien que la madre de su amiga desiste en la idea de llevarle la contraria. Al final de la historia…es mejor que lean el cuento.
Un último comentario nos merece el cuento “La brújula” que tiene como dijimos más arriba, tintes de policiaco, con cadáver y todo en la historia y con una resolución que es un frenazo que invita a seguir leyendo por donde siguen los derroteros de la protagonista.
Un libro sin concesiones con la realidad, llena de emociones diversas a modo de catálogo de sombras “Podría hacerte daño” nos lleva de la mano hasta la boca de pozo para asomarnos a él y vernos reflejados en el fondo sin más remedio que mirar desde nuestro reflejo hacia arriba, hacia la luz para experimentar de nuevo la felicidad aunque la vida nos pueda dar otra vez “Una patada en el culo”.

lunes, 18 de mayo de 2009

Mario Benedetti, siempre

Era 1984 y no sé porque comencé a leer. Mi padre, español para más señas, tenía un negocio de importación de libros y revistas en un Panamá que no no leía. De la gran cantidad de libros que había sueltos por mi casa dos tenía un peso especial para mí. Dos poetas se disputaban con sus versos el sueño del lectorcito recién estrenado: Rafael Alberti con su antología “Poemas del destierro y la espera” y el otro de un tal Mario Benedetti, “Poemas de otros”. Allí comencé a leer y comencé a escribir plagiando a Benedetti sus sutilezas amorosas del día a día. De Alberti diré otro día otras cosas. El ejemplar en cuestión es una coedición “colombo-mexicana” entre la editorial “La oveja negra” y la editorial “Nueva Imagen”. El año, 1980, pero a mis manos no llegó hasta el 84.
Benedetti ha muerto, me parecía ver a un muchacho correo por la calle de mi infancia y yo voy y me asomo al balcón de mi abuela para gritarle mi incredulidad en forma de pregunta pero ¿Cuándo?, “ahora” me dice si dejar de correr como la brisa del mar y me deja con el frio, con la tristeza de que ese hombre viejo que admiro se me haya marchado tan de repente sin que le diera yo la mano y no digamos un abrazo. El muchacho es internet y el balcón mi mesa de trabajo pero la perplejidad y el frio son los mismos.
Los otros días le leí a mi hija Lucía unos versos suyos en una madrugad de insomnio infantil, “¿quieres que te lea unos poemas? y Lucía, con sus ojos inquietos y despejados me dijo que sí y yo le susurraba “compañera/ usted sabe/ que puede contar/ conmigo/ no hasta dos/ o hasta diez/ sino contar/ conmigo.” ¿Contar? me decía y ella comenzaba uno, dos, tres… y hasta diez y no se durmió hasta varios poemas más y algún cuentecito. Me sorprendió que ese librito de mi juventud haya viajado desde el pasado hasta hoy manoseado de lecturas y con esquinas rotas que no son primavera, esquinas dobladas señalando las preferencias del joven enamoradizo que fui.
Mario Benedetti me acompañaba en mi camino por las letras como un son lejano que rescataba la esperanza de los sueños, que cautivaba todavía las esperanzas y servía de ejemplo. Me recomendó mi amigo Jorge Eduardo Benavides una novela suya “Quién de nosotros”, te va ayudar, me dijo Jorge en “El circo” mientras conversábamos de nuestras cosas, de Benedetti, dijo, y yo la busqué y una maravilla, me ayuda, es magisterio es literatura.
Nos deja, se marcha para ser memoria, leyenda, clásico ahora que no está aunque estando ya lo era. Hay personas que son necesarias, que te las cruzas por la vida y te cambian para mí, Mario Benedetti es una de esas. Su obra, lo que deja, lo que en realidad es para los que no le conocimos jamás, es pura vida, porque un autor es su literatura, un poeta sus versos y la poesía nos pertenece a todos, es un abrazo eterno que se quedará con nosotros más allá de la muerte.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Antonio Vega y sus 3000 noches

Antonio Vega es un viejo conocido. Fue en una cinta de casete hace años. Ya parecía triste entonces y me llené de sus poemas descarnados y me dejé llevar por esa tristeza perpetua de los genios, de los que están de verdad obsesionados con lo que hacen. “La chica de ayer” y muchas más se fueron acercando al recién llegado de Panamá y los que me frecuentaban señalaban esa puerta que era Antonio.
Pero a Antonio Vega, que es literatura, me unió para siempre, como me sucede desde que llegué a España hace tantos años, una casualidad literaria. Me casé con Marga Collazo y Antonio le compuso un disco que me pone una cifra que espeluzna por ser redonda, por su virtual alcance: 3000 noches sin Marga. Le dije que esperaba que fueran más aunque él no me escuchara pero se lo dije. Y más aun, me compuso una canción “Pasa el otoño”: él sabía bien que a mí me gusta esa de las cuatro estaciones y que mi vida está en Madrid para siempre junto a Marga en más de 3000 noches.
No superó Antonio la pérdida de su Marga y se sumergió en la noche definitiva de su ausencia y ya no supo más de sí, más que lo que otros le decíamos desde cualquier parte, ¡genio!, ¡grande!, ¡maestro!, ¡amigo! Pero él no escuchaba ya, se había marchado tras el “Ángel de Orión” habiéndose convencido de que su vida estaba con la mujer que se había ido por los caminos ahora infinitos del recuerdo triste.
Ahora ya no importan los excesos de ayer, ni las tristezas, ni las terribles consecuencias de todo aquello. Hoy queda para la memoria su música su “Chica de ayer" que a pesar del pretérito es eterna presente y cotidiana para tantos. Queda hoy “El sitio de mi recreo” como un lugar común para tantos amantes y para mí el otoño que pasa en Madrid con el deseo de vivir más de 3000 noches con mi Marga que es de “Seda y hierro” y con las ganas no satisfechas de haberle dado un abrazo a Antonio para decirle que ya tengo sus canciones guardadas y que aquel poema que me prestó funcionó a la perfección. Ahora que ya no está lo único que queda es la música y la poesía.

domingo, 10 de mayo de 2009

La confusión de La Bella

Definitivamente si a Giosue Cozzarelli y a mí nos metieran en un cuento seríamos definitivamente Bella y la bestia pero sin el final feliz. Nadie va a negar la mayor, es decir, que la chica es bella, chiricana, tierra de mujeres hermosas, y que ahora es famosa. Todo esto por convertir a un señor llamado Confucio en el inventor de la “confusión” y convertirle en japonés.
Ahora llego yo para hacer leña del árbol caído, para poner el dedo sobre la llega y quejarme de lo mal que esta la educación en Panamá y que de verdad me pongo muy pesado con lo de que hay que leer y toda esa cosa. Pues es cierto.
No es que se quiera hacer leña del árbol caído pero me parece que con el caso de esta muchacha, la nueva coyuntura política y con la carta abierta que los escritores panameños hemos publicado para el nuevo mandatario de la nación, al Presidente no le queda más remedio que reaccionar en materia de Educación.
No importa lo nervioso que se esté, la cultura evita estas cosas. Pero no solo la chiricana bella sino el resto de sus compañeras de espectáculo, sin dicción, tartamudeando al leer, entonando francamente mal. Esta mujeres quieren que nos quedemos con las imágenes de su cuerpo pero ¿y el cerebro? No hagamos chistes fáciles. ¿Qué les diremos en el futuro a las chicas que vienen? Parece que no importa, es una gracia, un ratito de risas y aquí no ha pasado nada.
La señorita Giosue Cozzarelli, bien asesorada por su entorno afirma que aprovechará su “momento de gloria” para promocionar una línea de ropa, camisetas con las máximas de Confucio como las que ella no supo explicar. También dice que la paran por la calle para pedirle autógrafos ¿Quién es peor? Lo que me entristece en este cuento es que la bella no ha dicho que vaya a repasar su cultura general para su beneficio y el del país que quiere representar para qué total sólo es Panamá, solo es Chiriquí, que se queden con lo visto y se olviden de lo oído.
No seguirá la bella chiricana la máxima de “leer sin meditar es un ocupación inútil”. Leída su participación en el certamen no meditará en ello, se dedicará a esperar que se lo perdonen por guapa y saldrá a la calle y le pedirán un autógrafo.
El cuento este no tendrá el clásico beso, si serán felices comiendo perdices. Seguirán como si nada y el público la perdonará no por guapa sino por verse identificado con la chica. Ahora todos se apuntarán a la “confusión chiricana” y buscarán la fama a costa de la cultura.

viernes, 8 de mayo de 2009

El triunfo

Francisco Casavella deslumbró a la crítica y al público con su primera novela “El triunfo” (Anagrama, 1990) en la cual Palito narra a ritmo de tragedia rumbera la ejecución de la venganza del Nen contra el Gandhi, un capo en decadencia del barrio chino barcelonés. En esta novela, que cuenta con una versión cinematográfica, no sobra nada, sus dimensiones son las justas para dejarnos, luego de leída con el eco del argot y el deje de los matones de barrio. Es un verdadero coro de historias divertidas que entristecen y que casi nos permite palpar el deterioro de una sociedad que solo cree en la violencia.
A pesar de su brutalidad natural, más allá de los sucesos terribles, en el barrio se suceden historias de amor y, dentro del escalafón de la mafia del barrio, sus soldados rasos para siempre sueñan con subir unos pocos peldaños hasta los que queden cerca de la vida porque, como dice el narrador protagonista y testigo de la rumba triste de esta novela, “en aquel Barrio se trataba de vivir, aunque se rieran de ti y yo he ganado, se lo juro. Porque me pellizco y me duele y estoy vivo…”
Ese Barrio con mayúscula encierra todos los barrios, narra todas las mafias y pone sobre la mesa todas las tragedias urbanas con sus motes imposibles y sus rostros de duros de película de Hollywood, sus rencillas y pequeñas alegrías. Recuerda a los barrios de los suburbios panameños donde también vive un “Tostao” que es “Chombo” y un “Topo” que en su versión tropical panameña se llama “Lombriz”. Y también un “Palito” cuenta la vida del Barrio pero le llaman “Feo” en Panamá porque la anatomía de estos universos y su geografía es la misma.
La novela intercala un breve cuaderno con notas de una conciencia atormentada, la del Gandhi, donde el ritmo narrativo cambia, es más intimista y resulta un contrapunto acertado para equilibrar la novela. A la vez estos capítulos explican la venganza, sus motivos, revela la parte oculta de la violencia del Nen, la explica. En estos capítulos Casavella se revela como un brillante narrador de sentimientos, de las texturas más delicadas del alma humana.
La búsqueda de un lenguaje preciso sin ser artificioso ni artificial por parte del autor revela una tarea de modelista que seguro le habrá tomado más de una tarde y una caña por el barrio chino barcelonés indagando como se llama a la realidad en aquellos pagos. Es un alarde sin cargar la obra de verdadero equilibrio, sin sacrificar el ritmo narrativo ni la comprensión de la historia. Un prodigio de primera novela.
La fiesta de los sentidos que es el triunfo reveló en su día lo que francisco Casavella terminó siendo: un gran novelista, un narrador excepcional que sólo la muerte pudo arrebatar de su mesa de trabajo. La maravilla de estas 175 páginas es la capacidad de evocar una realidad por medio del correcto cruce de las historias que “Palito” nos va enhebrando, poco a poco, hasta revelarnos que es la venganza el fin de todas ellas. Casavella dice en la novela que “ni el hombre aproximadamente honrado sabe cuál de sus cuentas será la que habrá de pagar al final”. Francisco Casavella, la pago desde el principio: una novela que le abrió un lugar en las mejores letras españolas.

domingo, 3 de mayo de 2009

Mamá, con todas las letras

Ser madre es una de esas cosas que nunca experimentaré. Y no es que ser padre no esté bien pero siento cierta envidia sana de esa dependencia especial e ilimitada que los hijos tenemos con las madres. Padre no es quien engendra sino el que cría y la verdad que la sentencia tiene su parte de verdad. Pero como una madre no hay nada.
Hoy Lucía le dio un beso a su madre y le entregó un regalo maravilloso que le pintó en el colegio y una vela decorativa que le hizo en la iglesia. Marga, mi mujer, solo quería el beso y las demás cosas podían faltar. Lucía volvió tarde, tenía que haber vuelto a su hora pero se retrasó quince minutos u ese retraso, esa ausencia de la niña el día de la madre no empañó en absoluto el beso único de Lucía.
Felicidades a las madres y felicidades a ti amor que traes dentro de ti a otra niña que será, seguro, una mujer tan maravillosa como Lucía y como tú que eres mamá con todas las letras.

CARTA ABIERTA DE LA ASOCIACIÓN DE ESCRITORES DE PANAMÁ AL FUTURO(A) PRESIDENTE(A)


27 de abril de 2009.

Señor(a) Presidente(a):

Los miembros de la Asociación de Escritores de Panamá, organismo independiente, apolítico y sin fines de lucro, formado por un grupo de personas relacionadas con el quehacer cultural y educativo de Panamá, le dirigimos esta carta a escasos días de las elecciones generales pues, terminado ya el período de campañas, hemos visto cómo en todos los planes de gobierno, tanto en el ámbito nacional como en el local, la educación y la cultura apenas han sido mencionadas en algunos casos y en ninguno se les considera parte integral de un plan lúcido y claro de desarrollo de la nación.Y esto es sumamente preocupante.Más allá de un instrumento para el progreso material, la cultura es el fin y el objetivo del verdadero desarrollo. Esa cultura, desde la más elemental que nos define como panameños y nos da una identidad, hasta la más elevada, la que nos inspira, nos reta, nos permite analizarnos y nos sirve como punto de partida para la búsqueda de un mejor futuro, es la que nos lleva a alcanzar, de manera sostenida y en beneficio de todos, otros objetivos aparentemente más pragmáticos. Así, la cultura y la educación deben ser tratadas como el fundamento de su plan de gobierno, como asuntos de importancia nacional.En pocos días usted tomará las riendas de un país en una situación crítica:
Con un sistema educativo disfuncional.
Un problema de violencia e inseguridad notables.
Donde los recursos, tanto culturales como naturales, son dilapidados.
Uno en el que las oportunidades son escasas o al alcance de unos pocos.
Con una pésima distribución de las abundantes riquezas.
Con una corrupción rampante, percibida como algo normal por muchos, sobre todo por los jóvenes que, tanto por lo que ven en los medios como por lo que confirman en la calle, les parece la única opción para realizar sus vidas.Esta situación de largo deterioro, que lleva décadas acumulándose, no puede ser atacada más con parches o soluciones improvisadas al calor de las crisis o, peor aún, seguir siendo ignorada. Es hora que veamos que todos estos problemas nacen de una falta de políticas culturales adecuadas. Son problemas cuya solución podemos encontrar en la educación adecuada, en la promoción de una cultura con la que los jóvenes se identifiquen, por la que se sientan orgullosos y por la que estén dispuestos a sacrificarse y a trabajar por un futuro basado en principios y reglas claras, en una identidad nacional que nos lleve a comprometernos verdaderamente con Panamá y no a ser meros negociantes oportunistas, simples explotadores de los recursos nacionales.Así lo entiende la Organización de las Naciones Unidas, que considera que la cultura y la educación son necesarias para lograr algunos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio como la reducción de la pobreza y el desarrollo sostenible.Más específicamente, creemos que el Estado debe:
Valorar la cultura como un componente estratégico para el logro de un desarrollo integral.
Convertir el Instituto Nacional de Cultura en un Ministerio y, más importante aún, en una entidad seria y no permitir nunca que sea botín político o un recurso al servicio del clientelismo político.
Definir políticas y planes específicamente culturales, en todos los ámbitos del gobierno.
Reestructurar integralmente el sistema educativo que en este momento es disfuncional, invirtiendo todos los recursos necesarios.
Apoyar la investigación y prácticas artísticas distintivas de nuestro país.
Crear espacios en las ciudades para el disfrute artístico, incluyendo escenarios adecuados, obras de arte público, museos, bibliotecas y el equipamiento adecuado.
Divulgación del arte, la música, la danza, la literatura y todas las expresiones artísticas panameñas, con una política central de Estado, a nivel nacional e internacional.
Crear espacios y los mecanismos necesarios para que los artistas puedan compartir sus conocimientos y apoyar en la formación de los más jóvenes.No es un asunto simple. Pero es uno que debe ser atacado por su gobierno desde el mismo instante en usted sepa que será el o la Presidente(a) de la República de Panamá.Históricamente en nuestro país, excepto en la época del nacimiento de la República en 1903, la cultura no ha sido considerada nunca como un factor relevante y necesario. Pero la experiencia, los estudios científicos y esta situación crítica en la que estamos nos ha llevado al punto en que tenemos que autoevaluarnos y darnos cuenta que debemos volver a esos ideales sobre los que se construyó la República de Panamá.Señor(a) Presidente(a), su gobierno debe empezar con una política cultural de desarrollo coherente y efectiva, científica e inteligente. Panamá se lo exige.


Cordialmente,ASOCIACIÓN DE ESCRITORES DE PANAMÁ


José Luis Rodríguez Pittí, Presidente.

Carlos Oriel Wynter Melo, Vicepresidente.

Edilberto González Trejos, Secretario.

Carlos Fong, Vocal

viernes, 1 de mayo de 2009

Por los senderos con... Miguel Rubio


En un lugar del ciberespacio de cuyo nombre no haré mención, quedamos el madrileño Miguel rubio y yo para conversar en diferido sobre su primera novela Ahora que estamos muertos que me ha dicho un “bite” va por la segunda edición.
Después de las presentaciones de rigor le hago la primera pregunta, que por típica no deja de ser atractiva.

¿Cuándo comenzó Miguel Rubio a ser escritor?

Pues la verdad es que no lo tengo muy claro, de hecho, yo creo que es algo que he empezado a plantearme una vez editado el libro. En cualquier caso, yo que soy muy aficionado a la música, lo que empecé escribiendo son canciones, luego esbozos de poemas y finalmente esta novela. Pero bueno, escribir me ha gustado siempre.

Hacía bueno en el ciber espacio, estábamos cómodos y pensé en Eduardo Halfón y su “Ángel literario”. Disparé una pregunta necesaria que va al fondo del nacimiento de esta obra.

Sabemos que la novela nace de tu experiencia con el mundo de los sin techo pero ¿cuándo te llega la idea de la novela, de ponerla en marcha?

Durante once años estuve trabajando en un centro para personas sin hogar, en ese tiempo, como podrás suponer, vi y escuché todo tipo de historias sobre vidas rotas, malgastadas, abandonadas, y llegó un día (después de darle muchas vueltas) en que decidí que tenía que contar algo sobre esas gentes que, en contra de lo que a veces se piensa, no están tan alejadas de nosotros. Al principio me costó un poco, pero en cuanto tuve claro los personajes principales y una idea global de lo que quería contar, la historia empezó a rodar.

Aficionado a la música y habiendo nacido como autor escribiendo canciones, mi curiosidad de lector me llevó a indagar en la “banda sonora” de “Ahora que estamos muertos” que en la siguiente edición debería publicarse con un CD o formato MP3 que incluya la música que parece no dejar de acompañar la lectura de la novela.

De las canciones de la época ¿cuál es tu favorita?

Bueno, las canciones que aparecen en el libro me gustan mucho, aunque las elegí no solo por eso, sino porque tenían sentido en el desarrollo de la historia. Me costaría mucho decidirme por una sola canción porque en los años ochenta y noventa se grabaron temas magníficos. Hay clásicos indiscutibles como “Que hace una chica como tu en un sitio como este” de Burning, o “Cadillac solitario” de Loquillo y Trogloditas, y otras menos conocidas pero a la misma altura como “La noche que la luna salió tarde” de 091, “Vivo para caminar” de Pistones o “El jefe de la banda es el que manda” de De Diego por citar algunas que no forman parte de la, digamos, banda sonora de la novela.

En el ciberespacio la cosa seguía relajada, la conexión iba a tope y Miguel contestaba con amabilidad a mis preguntas. Cuando leí su novela, nada más empezar, me encontré con una advertencia que me llamó la atención: “esto es una novela, la trama y los personajes son ficción”.

Muchos confunden realidad con ficción pero ¿por qué advertir en una novela que todo es pura ficción?

Pues porque aquí ha pasado un poco a la inversa. Lo que cuento en la novela es por completo fruto de mi imaginación. Sin embargo, y pese a esa nota aclaratoria inicial, algunos lectores me lo siguen preguntando. Bueno, lo encajo bien, supongo que el que la narración transcurra por escenarios reales concretos hace que todo sea más verosímil. Por otra parte, no me cabe duda que hay por ahí muchas Cris, muchos Manitas y muchos Picolos y cada lector tiende a asignar ese rol a alguien que conoce. En fin, me lo tomo como un mérito del libro. Además la novela de contenido social, como la novela negra, suele dar cuenta del modelo de sociedad que habitamos y, a mi modo de ver, ocurre que en muchas ocasiones ficción y realidad terminan por cruzar sus caminos. En definitiva, lo que cuento es ficción pero podría no serlo.

Miguel es aficionado a la novela negra. La pregunta no se hizo esperar, una pregunta que todos nos debemos hacer.

Todos tenemos un libro que nos hizo lectores ¿cuál es el tuyo?

Con los libros, Pedro, me pasa como con la música, que me resulta difícil decantarme por uno solo. Como en el caso anterior, te citaré tres que en su día definitivamente me influyeron por diferentes motivos: “La celda de cristal” de Patricia Highsmith; “El guardián entre el centeno” de J.D. Salinger y “En el camino” de Jack Kerouac.

La técnica es fundamental en la escritura. Hay un mito real (paradoja, ya lo sé) que dice que los personajes se revelan y que el escritor tiene que hacer grandes esfuerzos por meterlos en vereda. Siendo esta una novela de personajes duros me atreví a preguntarle a Miguel por ellos.

Los personajes de ficción son rebeldes ¿Cuál de ellos ha sido el más conflictivo?

Si te refieres a los personajes de “Ahora que estamos muertos”, es evidente que hay sujetos como “el Ministro” de los que difícilmente podemos destacar algo positivo. También tipos como “Sousa” o “el Picolo” son individuos poco recomendables, pero lo mismo sucede con otros que aparecen en la novela y no son personas sin hogar. Yo siempre digo que la gente que está tirada en la calle o viviendo en un albergue, esos que evitamos mirar, no constituyen realmente una categoría distinta de individuos. Simplemente son sus circunstancias las que inevitablemente les retratan así y las que les llevan a comportarse del modo que lo hacen.

Un personaje curioso, un personaje para que la curiosidad os lleve a la novela.

¿Te parece que los políticos son un poco como tu personaje “el Ministro”?

A mi no me gusta generalizar y procuro, siempre que puedo, evitar los lugares comunes. Supongo que como en, casi, cualquier otra actividad, en política habrá individuos mejores y peores. Pero en fin, el Ministro de mi novela resume en unas líneas su manipuladora, cruel, pragmática y aprovechada filosofía de vida. Es posible que más de uno encaje ahí a la perfección.

Si no sabéis que leer o que libros regalar, Miguel comparte con los lectores a qué autores está leyendo en estos momentos. En el ciberespacio, que no tiene ni día ni noche, la tarde se hace plácida.

¿Qué lee últimamente Miguel Rubio?

Soy un lector desordenado y heterogéneo, los últimos libros han sido de Houlabecq, Lawrence Block, Cormac McCarthy, y Trapos sucios, la autobiografía de Motley Crue. Ahora ando inmerso en la relectura de una novela de Ed McBain que compagino con Gil de Biedma.

Pisamos terreno firme sin salir del ciberespacio. Madrid, su ciudad, es también parte activa de su novela. Si tenéis “Google maps” buscad los escenarios de la obra.

Del Madrid que nos escribes ¿con qué lugar te quedas por su dramatismo?

Hay varios, el más evidente sería las Barranquillas, pero también otros como el albergue municipal. De todos modos el dramatismo, como dices, tiene que ver con la situación en la que uno se encuentra, así la Casa de Campo o cualquier parque o calle de la ciudad puede ser un estupendo lugar para una persona con una vida normal, y un escenario terrible para alguien que no tiene donde dormir.

Se acaba el tiempo una pregunta más y desconectamos. El tiempo se nos ha pasado a la velocidad de un “e-mail”.

¿Tiene un nuevo proyecto literario Miguel Rubio?

Bueno, dicen que no conviene hablar de estas cosas hasta que no están listas. Pero si, te adelanto que ando dándole vueltas a una nueva historia.

Regreso a casa. La tarde se hizo noche en Madrid y Miguel y sus respuestas se quedan en la pantalla. Tomo mi ejemplar de “Ahora que estamos muertos” y parece que ha cambiado. Su autor ha conseguido que esperemos a que pronto nos regale una nueva obra.

Ahora que estamos muertos

"Ahora que estamos muertos" (Ediciones Carena, 2008), la primera novela del escritor madrileño Miguel Rubio no es ni más ni menos que un amplio fresco de un Madrid y de una España que perdió a muchos jóvenes con la droga. La experiencia del escritor con el tema, diplomado en trabajo social e implicado más de una década con los sin techo, le ha dado los elementos que necesitaba de la realidad para trazar los dramas que los personajes de esta novela brutal afrontan.Más que una novela coral esta es una novela de “sucesos corales” que se mezclan unos con otros, en los que entramos y salimos con la perspectiva de un cámara que enfoca en el momento preciso las vidas ruinosas de todos ellos.
Arranca con el “Manitas” un personaje que ya nos va dando una medida de la fidelidad perdida a los amigos, de la supervivencia a toda costa y la traición necesaria que todos los personajes practican en el subsuelo social de la droga.El personaje de Cristina, que llega en el tercer capítulo, es el más entrañable de toda la novela que transcurre en un día, veinticuatro horas que son suficientes para revelarnos que la monotonía es una de las señas de identidad del drama en el que viven estas personas. Para Cristina, que vive como los demás personajes su día, arrastra como una losa el hecho de que es su cumpleaños. Entonces se suscitan los recuerdos, las preguntas y la ausencia de respuestas. Con ella vamos de la mano a su pasado, a los días casi felices que generaron su amargura actual y es ella la que ilustra el hecho de que si el autor hubiese rebobinado la cinta de todos los personajes nos hubiésemos topado con vidas parecidas, con deseos similares con sueños de mañana tan parecidos.Parejas imposibles, ex prostitutas, yonquis en toda regla y la música ochentera nutre y dotan de sustancia la novela que Rubio ha sembrado de citas de canciones de la época que ilustran perfectamente la educación sentimental de unos años en los que todo parecía futuro pero que se frustró para muchos al engancharse a la engañosa libertad de la droga.
Otro personaje importante de la novela es la ciudad de Madrid escenario de las historias de “Ahora que estamos muertos” que se convierte en territorio novelesco como la Mancha para las tristes figuras de dulcineas imposibles y quijotes solitarios que no son capaces ya de la más elemental y necesaria aventura: la de vivir. La novela da cuenta de los lugares de consumo, de los albergues, de los bancos, calles y comedores en los que los personajes desarrollan su día en el infierno. No estaría nada mal establecer, para inconscientes y despistados, una ruta de los sin techo con esta novela como bitácora. Un personaje distinto ha llamado mi atención: “el Ministro”, un hombre mentiroso, bien vestido, casi podríamos decir prototipo de político, que vive instalado en su fantasía y adolece de la misma enfermedad que los demás: dependencia. En este caso de Cristina y de sus mentiras.
Esta primera novela de Miguel Rubio perfila a un escritor que ganará peso con el tiempo, que irá puliendo sus artes con la constancia que le ha llevado a este primer acierto literario. Con esta primera obra esperamos que dé rienda suelta a su creatividad y aborde otras realidades que, aunque no le sean tan cercanas, seguro tratará con solvencia. “Siempre es más fácil bajar que subir”, nos dice el autor en su novela. Yo creo que no le costará subir. Talento no le falta.