martes, 25 de agosto de 2009

Arranca TEIDE


Sergi Bellver arranca un sugerente proyecto de talleres de escritura. Os dejo un enlace permanente en el blog. Pinchando el logo podréis entrar en la bitácora de Sergi donde encontraréis toda la información necesaria para participar en los talleres o contactar con el escritor.

martes, 18 de agosto de 2009

Una vida menos ordinaria (Reseña)

Hay libros que por la sencillez de su contenido y por el tema que tocan consiguen romper con las convenciones literarias y sus estrategias para narrar una historia que llega hasta lo más profundo del corazón. Ese es el caso de “Una vida menos ordinaria” el libro de Baby Halder (Bengala, 1973 o 1974) y que publica Ediciones Escalera (2009).
Ante la postal colorida y festiva de una India que nos vende su exotismo turístico, el libro de Baby Halder ofrece una foto muy distinta de su país y de su gente: la de una India de familias desestructuradas y ancladas en tradiciones milenarias que son para la mujer un obstáculo más en su camina hacia la igualdad. Las situaciones a las que se ve sometida la autora y protagonista de este testimonio son dignas de ser consideradas por los lectores españoles que quieran acercarse más a la realidad que se vive en la India.
Con un trazo sencillo, con mudas de narrador de primera a tercera persona que revelan la visión que de sí misma tiene la autora, este libro va avanzando con serena resignación por la vida de una mujer que desde muy joven está acostumbrada a sufrir: pérdida de la madre, desprecio del padre, abusos, hijos tenidos muy joven, se nos revela una vida que es más común en la India de lo que parece.
No es este un libro escrito desde el rencor o el resentimiento, es un testimonio vital, es la lucha y la victoria de una mujer sobre sus circunstancias tan adversas y tan enquistadas en la sociedad que le ha tocado vivir, aunque esto no es excusa para dejarse llevar por la derrota. En muchos momentos del libro vemos a Baby Halder animándose a seguir, tomando decisiones que a pesar de no gustar a otros ella sigue adelante por sí misma y por sus hijos.
En medio de estas circunstancias hay un detalle: la protagonista nos dice ya al principio del libro (pág. 21): “Ahora soy capaz de apreciar la enorme importancia de haber podido aprender a leer y escribir”. Motivada por su madre (que desaparece un buen día y no vuelve hasta veinte años después para volver a desaparecer) aprende a leer y a escribir y es este hecho lo que de alguna manera la salva al final de todo. Poder poner por escrito todo lo que le ha tocado vivir la lleva a descubrir el lado más luminoso de la vida aunque no esté de moda: el del perdón.
Estas memorias sin pretensión alguna más que dar testimonio de lo que padecen millones de mujeres en la India y alrededor del mundo hacen de este pequeño libro una joya que no debemos dejar escapar. Es un retrato íntimo, el de una mujer, pero a la vez es un amplísimo fresco, el de la India actual con sus contrastes de castas, sus divinidades y su triste colorido de casas empobrecidas. Es un ánimo para los que se sienten hundidos en sus circunstancias, es una luz en medio de tanta oscuridad y una lectura refrescante para estos días frívolos en los que parece que el mundo es perfecto.
Reseña aparecida en El Placer de la Lectura

jueves, 13 de agosto de 2009

Por los senderos con... Ignacio del Valle

Coincidiendo con la publicación de su nueva novela “Los demonios de Berlín” (Alfaguara, 2009) el escritor asturiano Ignacio del Valle (Oviedo, 1971) nos concede esta entrevista en diferido en la que nos habla sobre su obra. En estos momentos podemos encontrar en bolsillo “El arte de matar dragones” y la edición italiana de “El tiempo de los emperadores extraños” y que pronto veremos en los cines. Con su última novela consigue darnos una visión distinta de una época tan trillada de nuestra reciente historia.


1-¿Qué representa para Ignacio del Valle el conflicto bélico?


Un momento en el que caen todas las máscaras y cada uno se conoce a sí mismo.


2-¿Cuándo nació tu pasión por el tema de la guerra y sus aledaños?

En realidad mi pasión es por la condición humana, por sus deseos, frustraciones, odios y amores, ambiciones, sueños… en el corazón humano es donde se dirime todo, el bien y el mal, la verdad y la mentira, con toda la dimensión trágica y la vez cómica que puede alcanzar. Y ese conflicto existe tanto en medio de una guerra como en medio de un desayuno de pareja entre croasán y croasán.


3-Tu novela “Los demonios de Berlín” es muy cinematográfica, ¿qué le debe tu literatura al mundo del cine?

Es evidente que mi visión literaria está muy contaminada por las imágenes, por la estructura de guión, y por ende mi escritura es visual, sencilla que no simple. Mi fascinación por el cine viene desde muy pequeño, en especial por ese cine negro de personajes recortados y diálogos como disparos. Siempre digo que si quieres ver arte y ensayo de verdad tienes que ponerte “La condesa descalza”.


4-Al final de la historia Bach rompe el silencio o lo tiñe de esperanza, ¿qué significa para ti la música y cómo la vives?

Bach, Purcell, Couperin, Telemann, Corelli… a mí también me salvan la vida, como a Arturo Andrade. Creo que con eso está todo dicho.


5-Ahora que ya se ha ido esta última novela, ¿qué es escribir para Ignacio del Valle?

Es mi manera de estar en el mundo, mi forma de mantenerme cuerdo, el mecanismo que permite que nunca llegue al cinismo y me quede como mucho en la ironía.


6-¿Arturo Andrade volverá a las andadas?, ¿cuándo nació?

Llegó al mundo de una manera inesperada en “El arte de matar dragones”, y adquirió una fuerza inaudita, porque comenzó a volverse complejo, prismático, ambiguo, una pera en dulce para un escritor, te lo aseguro. Y que vuelva al papel depende sobre todo de las ganas que tenga de aguantarme tres años más, que es lo que tardo en escribir cada una de sus novelas. Y de que los lectores le echen de menos, por supuesto.


7-El amor es también un conflicto bélico si se mira bien. Arturo Andrade pierde esta batalla, y ¿también la guerra? ¿Tendrá su oportunidad?

Quién sabe, la vida es una tómbola, ya lo decía Marisol y antes que ella Boecio: la historia es una rueda, la inconstancia es su esencia, subámonos a sus radios y no nos quejemos cuando nos lance al abismo, porque los buenos tiempos pasan, pero también los malos. Esta mutabilidad es nuestra tragedia, pero también nuestra esperanza…


8-Hay quijotesco en Arturo, hasta tiene escudero, Manolete. ¿Qué opinas de esta observación?

Ejem… ladran, Sancho, luego cabalgamos…


9-Los demonios de Berlín es una novela muy bien documentada. Leí en tu blog que alguien decía que te tomarías alguna licencia histórica como en tu novela anterior. ¿Qué opinas de la fidelidad histórica y de la verosimilitud?

Una novela ha de estar rigurosamente documentada para tomarte luego las licencias necesarias. Lo importante no es que lo que cuentes sea real, sino verosímil. Por ejemplo, Arturo Andrade, un español, en las profundidades del búnker: poco probable, pero no imposible. Con eso es suficiente.

10-¿Qué tienes entre manos como proyecto literario?

Una novela coral, contemporánea, en la que intento poner un espejo ante el mundo que nos rodea, y pasar a ambos lados.

miércoles, 12 de agosto de 2009

La reina de los besos (Reseña)

“La reina de los besos” (Editorial Corimbo, 2007) es un cuento para todos. Para los pequeños por que les enseña un valor que es fundamental y que se olvida muy rápido: que el afecto, el amor, está en casa, muy cerca, no hay que viajar tan lejos para encontrarlo. Pero es allí precisamente donde el cuento de Kristien Aertssen (Amberes, 1953) enfoca a los padres: ellos muchas veces olvidan que lo más importante que tienen está en casa: sus hijos.
“La reina de los besos” es el periplo de una niña que tiene una madre, la Reina, tan ocupada que la obliga a buscar en otros reinos a la reina de los besos. La princesa viaja por el mundo en el avión real y se encuentra a otras reinas, la de las flores o la de los gatos, mientras en su palacio, como contraste vemos como la Reina va agotándose de tanto reinar y al final termina por echar de menos a su Princesa y a estar preocupada. Entonces se revela la necesidad de ambas: el afecto de la una hacia la otra.
Un cuento bellamente ilustrado, con dibujos sencillos y con una historia cadenciosa que ayuda a recordarla muy bien. “La reina de los besos” nos enseña que lo más importante que tenemos lo tenemos muy cerca, que los besos lejanos o las atareadas vidas que llevamos no deben privarnos de los besos más maravillosos del mundo: los de mamá.
Reseña aparecida en El Placer de la Lectura

lunes, 10 de agosto de 2009

Texto invitado: "Contra los lángidos" de Antonio Ortuño

Lánguido, da.
(Del lat. languĭdus).
1. adj. Flaco, débil, fatigado.
2. adj. De poco espíritu, valor o energía.

Diccionario de la RAE


Prestigio incuestionable, entre los iniciados en arte, el que goza la melancolía. El dolor, la languidez, se encuentran entronizados, entre creadores y críticos, como principales y casi exclusivas posibilidades de teoría y práctica del arte. Ay de aquel que ose reírse: la carcajada es demolida con el levantamiento de una de las augustas cejas de la belleza. El humor, faltaba más, consiste en esbozar una sonrisa que haga parecer a la Gioconda un gato de Chesire con tétanos: la crítica mide el tamaño de esa sonrisa con la cinta métrica de la severidad y descarta a quien supere los pocos milímetros. Tolerancia cero. Que se rían los payasos y los tontos. No, señores, el arte no es cuestión de interesarse en la técnica ni de asomarse a la vida, propia y ajena, no. Se trata de reflejar el malestar que sentimos todos —quien sea feliz, incluso parcialmente, se ha autoexcluido de la especie del homo artisticus—, la sinrazón de la existencia, los infinitos quebrantos que nos inflige este mundo pestilente. Hemos, quién lo dijera, acabado por coincidir en esa actitud vigilante y delatora con los padres de la Iglesia, alcanzándolos en el purgatorio de la ortodoxia a través de la estrecha y maloliente vía de la vanguardia.
Qué bello, señores, es el dolor que enloquece. ¿No sufrieron, acaso como nadie antes, Edipo, Hamlet, Raskolnikov y nos abrieron el camino a nuevas cárceles de tortura apenas esbozadas antes de ellos? ¿No aquejaban a Swift unas jaquecas horrendas? ¿No añoró Yeats a lo largo de su vida las cosas que no tenía enfrente, lo mismo los rizos de su hija que un amor, lo mismo un campito bien cultivado que una Irlanda unificada y sin ingleses? Las letras, hoy más que nunca, celebran a sus practicantes más llorones y quejosos. La música adora a los desgarrados (lo mismo si son Beethoven o Edith Piaff que José Alfredo o Juanga) y minimiza como charangueros superficiales a quienes no se cubren la cabeza de cenizas. Y no se diga nada de la filosofía: todavía en incontables corazones arde una vela en honor a Nietzsche simplemente por haber sido sifilítico, haber gastado unos mostachos casposos y no haber gozado jamás el tacto de los rebles de Cósima Wagner.
Aquel malestar que hacía retorcerse de placer a los románticos, aquella irritación—similar a una incurable picazón del ano, si hemos de hacer caso a Tristán Tzara— contra el estado de las cosas que movía a las vanguardias, ha pasado a ser el canon. Exigimos música destemplada que nos recuerde que la lavadora se destaca hoy con voz más fuerte que el gorrión y que la motocicleta hace más melodiosa que el aire. Reclamamos libros cada vez más breves, más apretados, como el nudo de una soga que nos sofoque, rebosantes de maldiciones encubiertas o evidentes a todo lo que signifique, siquiera lejanamente, vitalidad. Nos han dejado de gustar, en narrativa, los personajes porque a los personajes generalmente les pasa algo. No: queremos voces, discursos, a los que no sólo no les pase nada sino que renieguen de la misma posibilidad de acción. La vida, después de todo, es una quieta tortura que toleramos con grandes esfuerzos, esfuerzos que nos agotan. Como agarrotados por ese veneno, que la maldita cobra nos inyecta desde el parto, sólo somos capaces de lanzarle los minúsculos escupitinajos de nuestro rencor. Liquidamos sus facturas de maldad con depósitos continuos de llanto.
Odio la languidez; la melancolía, como motivo artístico, francamente me aburre. Si las artes contemporáneas necesitan la permanente adolescencia moral, quizá hemos dejado de necesitarlas a ellas. A nadie se le ocurriría responsabilizar a un adolescente paralizado por la ira y el miedo del pago de su alquiler, del cuidado de sus hijos, de la elección de sus lecturas o incluso de la selección de la comida para la semana en el supermercado. Si la única función del arte consiste en la repetición cada vez menos reveladora de la sentencia del perro Snoopy (“La vida es horrible y entonces te mueres”), habrá que buscar lo que necesitamos del arte en tiempos menos extenuados.
Aparecido en El libro negro, el blog del autor.

domingo, 9 de agosto de 2009

El cuaderno (Reseña)

Tenemos por fin en las manos, sobre todos para aquellos que no quieran “viajar” hasta el blog de José Saramago (Azinhaga, 1922), todas las entradas de este desde septiembre de 2008 hasta el mes de marzo de 2009. Bajo el título “El Cuaderno” Alfaguara recoge los escritos virtuales del Nobel portugués con el objetivo de que sus lectores menos asiduos a la red no se pierdan las reflexiones a vuela pluma de este gran escritor.
En las primeras páginas de “El Cuaderno”, aparece de puño y letra del autor, una frase que justifica la escritura de un blog y le asigna su verdadera utilidad: “El blog va iluminándole el camino al autor: esa es su virtud”. Hoy cuando muchos escritores cuestionan la utilidad de llevar un blog o creen que es una pérdida de tiempo, José Saramago, desde su magisterio de años de oficio y de vida vivida nos anima a considerar el blog no como una estrafalaria y pedante manera de hacernos “oír”, si no como una lámpara, como una guía, como un cajón de sastre virtual y visible que nos permita reflexionar en silencio con nosotros mismos mientras otros nos leen en la clandestinidad de la red.
La lectura de este texto es rápida, requiere de las ganas de ir visitando poco apoco las prosas que se generan n el trajín diario. Cualquiera que lleve un blog con cierta disciplina notará que José Saramago tiene costumbres muy similares a la de cualquier blogero. Rescata artículos pasados, cuelga textos de otros autores, se emociona con cosas cotidianas y las transcribe con la emoción del momento. Puestos en formato de libro tradicional y tangible, estos “post” no pierden la frescura de cuando se escribieron.
“El Cuaderno”, siguiendo la cronología en la que fueron escritos (es de agradecer que no sucumbieran a la tentación de la temática) pone delante de los habituales e incondicionales de Saramago una vital y entusiasta ristra de textos breves que representan el pensamiento del autor, sus filias y fobias, sus emociones y sobre todo ponen de manifiesto que estamos ante un autor al que los años no hacen más que confirmarlo en su talento de narrador y en su compromiso con el mundo en el que vive.
La temática de Saramago es muy diversa, habla de política, de literatura, de vida cotidiana y lo hace de manera breve, amena, y mostrando una vitalidad contagiosa, a través del ejercicio de la palabra en un formato (que ya se discute en congresos si son o no literatura).
Bajo estos textos de blog, subyacen momentos, intereses y reflexiones que revelan a un José Saramago lleno de vida y de curiosidad que no deja de ser uno de los requisitos necesarios para llegar al conocimiento de nosotros mismos. Jueces, escritores, gente de a pie e incluso editores, caminan por estas perlas breves, por estas fracciones de minutos o ráfagas de vida que el blog aloja en la red y que se puede leer ahora en formato tradicional.
Este libro puede leerse (debe, como los Cuadernos de Lanzarote I y II) como un complemento proteico para los amantes de la literatura de Saramago. Recomendamos acompañarlo con “Manual de pintura y caligrafía” y “Las intermitencias de la muerte”, siempre que se dejen medio las entradas del blog. O mejor léanlo como quieran ustedes pero léanlo, no les defraudará.

jueves, 6 de agosto de 2009

Up y el valor del compromiso

“La película de la casa que vuela con los globos”. Esa era la película que quería ver mi hija Lucía. Y fuimos a verla. Nos hicimos ella y yo una foto sobre un fondo verde y allí quedamos inmortalizados Lucía y yo suspendidos en el aire con un manojo de globos. La tecnología y sus cosas. “Up” (Pixar, 2009) es una película de valores. Aunque ya poco se crea en ellos, aunque se les ponga en tela de juicio. Esta película tiene mucho para grandes y pequeños, mucho y para mucho tiempo.
La película arranca llevándonos a la infancia de Carl Fredricksen, su espíritu aventurero y como conoció a su esposa Ellie otra enamorada desde niña de la aventura. El sueño de ambos era ir a Las cataratas Paraíso (El salto del Ángel en Venezuela). En unos intensos y entrañables siete minutos más o menos se nos cuenta la historia de un hombre y una mujer que ahorran para alcanzar su sueño pero cada vez que podían realizarlo la vida se les complicaba y el dinero tiene que gastarse en lo cotidiano. Pero llega el día en el que el tiempo se ha pasado y la vida se acaba: Ellie muere dejando a Carl sumido en sus recuerdos y con la tristeza de no haber cumplido el sueño de sus vidas. Unos billetes con destino Venezuela son parte del recuerdo de lo que no pudo ser.
Un día llama a la puerta un “boy scout”, Russell, que necesita de una última insignia para ser un gran explorador: la de ayuda a los mayores. Así que llama la puerta de Carl pero este no necesita nada. Ante la pesadez de Russell, Carl le dice que puede hacer algo por él: cazar al gamusino que le está molestando a lo que el chico accede entusiasmado.
En esas se encuentra Carl cuando nos damos cuenta de que quieren quitarle su casa en la que están todos sus recuerdos. Se están construyendo a su alrededor grandes edificios y el constructor quiere comprarle la casa a Carl pero este se niega. Un incidente violento, que no revelaremos, da la razón a los empresarios y vecinos del Carl: no puede vivir solo, debe buscarse una residencia. El día que los enfermeros vienen a buscarle Carl despliega miles de globos de helio (que vendía cuando trabajaba) y su casa se convierte en su nave y pone rumbo a Sudamérica.
En su "tranquila" aventura, su última pensaba Carl, sentado junto al sillón vacío de su amada y volando por encima de la ciudad, llaman a la puerta. No puede ser pero sí: Russell esta en el porche. A partir de aquí la aventura está servida.
Con espíritu aventurero, como si de una nueva oportunidad de la vida se tratara, estos dos imposibles compañeros de reparto se embarcan en la aventura de sus vidas y esta pone a prueba todo lo que creen, todo lo que desean.
Carl y Russell son opuestos, ambos han sufrido una perdida (el padre de Russell le abandonó), ambos necesita la aventura, ambos hacen promesas que necesitan cumplir. Es su única oportunidad de demostrarse que sí pueden, que sí tienen la suficiente entereza como para no dejar que por ni un sólo minuto más la vida les lleve donde ella quiere. Durante la aventura se unen a ellos un pájaro exótico "Kevin" y “Dug” un perro parlanchín deseoso de cambiar de amo. A parte están los enemigos que le ponen chispa a la película y que llevan a nuestros héroes al extremo de sus promesas. Está el viejo explorador admirado por Carl en sus años mozos y que la promesa de lavar su imagen llevando al pájaro exótico vivo ante sus detractores le ha convertido en una persona amargada y hostil.
En una época en la que la lealtad y el compromiso son casi inexistentes “Up” se atreve a hacer un alegato de los viejos valores, un canto a la lealtad a pesar de todo y del compromiso por mucho que los años pasen.
Una película con la que podremos hablar mucho con nuestros hijos por las noches antes de dormir, que nos servirá para ilustrarles el camino correcto a pesar de que para muchos sea una estupidez criarles en valores.
Pixar no solamente nos deja una genialidad cinematográfica (se ha superado mucho en esta cinta, que ya es decir) sino que nos ofrece una oportunidad de reflexionar en el modo de hacer las cosas hoy.
Con unos diálogos inteligentes, con escenas de acción explosivas y con un humor sutil, “Up” hará que los más pequeños quieran ser héroes y que los mayores queramos volver a verla para volver a ser niños una vez más.
Para mí lo más entrañable son las secuencias del principio que nos llevan de la mano para conocer la vida de Carl y el por qué de esa cara poco afable y gris. Cómo alguien se convierte en un ser imprescindible (Ellie, su mujer) con el paso de los años y como su pérdida puede afectarnos, cómo puede arrastrarnos hasta lo más gris de la vida. El personaje de Ellie está presente en toda la película, es la motivación de Carl y su fuerza para seguir.
Lleven a sus hijos a verla y préstenle atención y en cuanto salga el DVD cómprenla. Vale la pena volver a verla. Lucía lo hará, seguro.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Por los senderos con... Ignacio Martínez de Pisón


Conversamos con Ignacio Martínez de Pisón en ocasión de la publicación de su antología de cuentos “Aeropuerto de Funchal”. El escritor zaragozano autor de “María bonita” y de “El tiempo de las mujeres”, contesta en diferido a nuestras preguntas.

1. ¿Cuándo se cruzó Ignacio Martínez de Pisón por primera vez con la escritura?

En mi infancia, escribir formaba parte del mundo de los juegos. Jugaba a escribir novelas, a montar un periódico, a redactar guiones... A lo mejor por eso, la escritura siempre ha estado para mí del lado del placer.

2. ¿Por qué tu antología responde al nombre del cuento “Aeropuerto de Funchal”? ¿Qué hay detrás de la decisión de llamarla así?

Escogí ese título simplemente porque me pareció el más eufónico de todos.

3. ¿Qué te contó Bernardo Atxaga de Pitarque y cuál es su relación con “Boda en el hotel Colón”?

El tal Pitarque debió de ser un tipo popular en Bilbao, casi una institución. Se colaba en las bodas de cierta categoría y no sólo no desentonaba sino que al parecer aportaba brillo al banquete. Llegó un momento en que la gente le invitaba a las bodas porque sin él corrían el riesgo de quedar deslucidas.

4. Todos los cuentos ocurren dentro de relaciones familiares excepto “Boda en el hotel Colón” que para mí apunta a la familia o a la búsqueda de una y “Los nocturnos” aunque en él Elisa y Moncho llegan a tener una relación de más de un año. ¿A qué se debe esta particularidad en tu antología?

La familia es uno de las grandes temas literarios, desde luego un tema eterno y universal. Y en mi literatura es inevitable que por un lado u otro acabe saliendo.

5. Ramón, Moncho, el Persianas dice en “Los nocturnos” lo siguiente: “La crisis. Aunque, si quieres que te diga la verdad, eso de la crisis siempre me sonó un poco a cuento” ¿En boca de los políticos la crisis sigue sonando a cuento?

Esa frase, escrita mucho antes de la actual crisis, viene que ni pintada para los tiempos que corren. La sensación que tiene el personaje de que las crisis las inventan cada cierto tiempo los políticos y los financieros es seguramente una sensación muy compartida hoy en día.

6. Cuando dices que frente a Poe has acabado prefiriendo a Chejov ¿podríamos decir que Poe representa mejor la juventud (dices “trazo vistoso y enérgico”) y Chejov la madurez (“dices pincelada sutil”)?

Desde luego lo representa para mí. Pero no creo que eso tenga un valor universal. Cortázar siguió escribiendo toda su vida magníficos relatos en la tradición de Poe.

7. De entre más de sesenta cuentos escoges cuatro de los más antiguos y otros cuatro nacen en este año de la publicación de tu antología y dices que pertenecen a este presente desde el que escribes tu nota. ¿Tanto crees haber cambiado como escritor? o ¿tanto deseas ser otro escritor?

Empecé a publicar muy joven y hay muchos escritos míos de esa época en los que ya no me reconozco. Y, si no me reconozco, seguro que es porque he cambiado en este tiempo. Los que no han cambiado han sido los textos.

8. ¿Cómo encontraste a Julio Ramón Ribeyro? He leído que te gusta mucho.

Ribeyro me parece uno de los grandes cuentistas en español. Lo primero que leí suyo fue un breve dietario. Luego cayeron en mis manos sus relatos y me convertí en un adicto. Pocos como él han sabido hablar con tanta brillantez y tanto humor acerca de las clases medias urbanas.

9. De todos los cuentos de esta antología no te parece que “El filo de unos ojos” es el que mejor representa la transición de Poe a Chejov a pesar de ser el más antiguo. Encuentro en este cuento lo apremiante y oscuro de Poe y lo sutil y atmosférico de Chejov.

Seguramente tienes razón. Pero también es verdad que hay otro cuento, “Siempre hay un perro al acecho”, en el que a pesar del registro realista se intuyen fuerzas sobrenaturales dominando el destino de los personajes.

10. ¿Qué lee estos días Ignacio Martínez de Pisón?

Estoy releyendo las novelas de uno de mis escritores españoles favoritos, José María Conget. Pese a ser un escritor poco conocido, estoy seguro de que es uno de los grandes. Cuando lo leo me descubro a mí mismo reflexionando sobre mi vida y mi literatura. Esa fuerza que tiene su literatura, que te obliga a rebuscar en tu interior, es prueba inequívoca de su altísimo nivel literario. A quienes no lo hayan leído les recomiendo que lo hagan.

11. Alice Munro. ¿Cómo llegaste a su literatura y qué nos recomiendas de ella?

No empecé a leerla hasta hace tres o cuatro años, y desde entonces, cada vez que viajo a algún país anglosajón, lo hago con un objetivo claro: comprar los libros suyos que me faltan. Creo que sólo hay dos o tres libros antiguos suyos que no tengo. Antes hablábamos de la familia como tema literario. Alice Munro es una de las grandes a la hora de tratar ese tema.

12. ¿Qué proyecto tiene entre manos Ignacio Martínez de Pisón?

Estoy metido en una novela larga, que seguramente no acabaré hasta dentro de un año, tal vez un poco más. Está ambientada en Barcelona en los años finales del franquismo.
Entrevista aparecida en La Biblioteca Imaginaria

Aeropuerto de Funchal (Reseña)

Hay quien llama a las antologías "antojologías" y no les falta razón muchas veces. Mientras no se hagan con juicio amiguista o prepotente las antologías llevan implícitas esa pátina de antojo o arbitrariedad porque el criterio que se impone el antólogo es siempre muy personal por mucho que se argumenten reglas. Pero la cosa cambia y se complica aún más cuando se trata de antologías “personales”.
Puestos a hacer una antología personal (esas en las que un escritor hace una criba de los que lleva escrito y presenta un inventario de lo que es definitivamente lo mejor de lo suyo) el autor se somete a un implacable antólogo y crítico: él mismo. Hablo de los buenos autores, porque también están los autocomplacientes o los prepotentes que creen que todo lo que escriben es absolutamente bueno y digno de llevarse a una isla desierta. Pero el caso de nuestro antólogo es del primero de los casos, de los buenos, de los que quieren hacer y hacen una literatura de calidad.
Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1956), pone en manos de sus lectores, que cada vez son más, una antología de sus mejores relatos publicados en los últimos 25 años. Es una antología breve para la cantidad de relatos escritos por Martínez de Pisón, más de 60, y a la vez es una puerta de entrada al universo literario de este escritor necesario de las letras españolas. Aunque dice que las antologías personales no nacen de la vanidad, nosotros agregamos que no todas, menos mal, pero muchas de ellas sí.
Una antología es también como el propio autor indica en su nota final, una búsqueda del autor que fuimos, del ser humano que fuimos. Neruda decía que “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos” y en literatura esto es aun más cierto todavía. La selección de cuentos por parte de un autor nos sirve a los lectores para ver su evolución vital y creativa. Martínez de Pisón recorre su obra y no se autocomplace: experimenta la necesidad de hacer un inventario exhaustivo de sus relatos para ofrecernos los mejores, quiere dejar ver el escritor que es hoy, declarando tácitamente que lo mejor de su literatura está por venir. Esta es para mí el gran acierto de este “Aeropuerto de Funchal” del cual despega un autor renovado.
Estos relatos son un inventario de lo mejor de Martínez de Pisón que demuestra qué tipo de escritor es y como considera su obra, una obra que ha crecido a base de técnica y de buen oficio, de renuncia a la pirotecnia verbal y apuntando directo a la historia, llevándonos a recorrerla paso a paso.
Son cuentos de familias o de familiares (excepto “Boda en el hotel Colón” y “Los nocturnos” aunque la pareja convive por un año) en los que son personas de la misma familia la que protagonizan estos relatos sutiles, chejovianos, (alguno a caballo entre Poe y este, por ejemplo “El filo de una mirada”), que nos hacen un inventario de sentimientos humanos negativos (“Los nocturnos”, la mentira entre amantes, “La hora de la muerte de los pájaros”, la indiferencia, “Boda en el hotel Colón”, la venganza y la mentira, “Siempre hay un perro al acecho” la culpa, “El filo de unos ojos”, la crueldad, “Foto de familia”, el silencio, “El ramo más grande de Valladolid, la usencia y la mentira” y “Aeropuerto de Funchal”, el rencor).
Pero también son, técnicamente, cuentos atmosféricos, (pasa también en las novelas de Martínez de Pisón), bien ambientados, ricamente pintados sin ser barrocos ni estar recargados; la economía de efectos especiales y florituras lingüísticas son un recurso técnico más y una firma de autor que narra y hace escuchar la narración sin despistar al lector. En este sentido técnico, el mejor de todos es “Siempre hay un perro al acecho” (y esta afirmación, al hilo de antologías y antólogos, es también arbitraria) en el cual asistimos, desde la consulta médica del arranque hasta el final (no vamos a dar pistas) a una sucesión de escenarios y emociones firmemente construidas.
Los personajes de los cuentos son también un acierto técnico. La crueldad del primo de “El filo de una mirada” o la entrañable tristeza y venganza de Anselmo en “Boda en el hotel Colón” o el abatido y culpabilizado padre de “Siempre hay un perro al acecho”, son solo muestras de lo que en este libro vamos a encontrarnos de Ignacio Martínez de Pisón.
Podemos decir que este es un libro necesario para entrar al universo Martínez Pisón, que es una puerta más. Álbum de fotos, eso dice el autor en su nota al final del libro, “Aeropuerto de Funchal” es una obra que necesariamente tenemos que leer. Es una magnífica oportunidad para seguirle la pista al resto de los relatos que se quedaron fuera de esta antología y que seguro que no nos van a defraudar. Descubriremos al Ignacio Martínez de Pisón que escribió y recibiremos con alegría al Ignacio Martínez de Pisón que ahora escribe y que es tan distinto de aquel. Pero sobre todo en estas fotos, presten atención, seguro que salimos retratados con una sonrisa o mirando distraídos para otra parte o con un gesto contenido de rabia o de llanto. Porque muchos de los personajes no tienen nombre, podríamos prestarles los nuestros. Sea como sea nosotros también hemos sido fotografiados en estos cuentos. Lean y búsquense, seguro que se encuentran.
Reseña aparecida en La Biblioteca Imaginaria

martes, 4 de agosto de 2009

Negros, jazz y libros

Me decía los otros días un viejo amigo que el mundo literario le parecía una orquesta de jazz: estaba llena de negros. Le reía la gracia y celebré el ingenio y me puse a pensar en lo divertido que es ser negro de verdad: de piel y de profesión. Muchos dicen que de alguna u otra forma han hecho de negros y parece que eso sube puntos en tu currículo o te da un prurito de escritor todo terreno que los demás, los lectores, valoran mucho cuando lo leen en la solapa de la nueva novela (o primera) que se está apunto de publicar. Una maravilla esto de ser negro. Claro, como no hay manera de comprobarlo....
Lo de usar negros lo decían de Cela, lo dicen de César Vidal y lo dijeron de Ana Rosa Quintana o de la recién estrenada escritora (lleva dos novelas) Nuria Roca. En fin, rumorea rumorea que algo queda. Pero lo importante de todo esto es que menos mal (aunque no lo sabemos ya lo sé) la literatura española no es una banda de jazz. Tenemos grandes escritores que toman su tiempo entre libro y libro y no les corretea nadie. A los que tienen prisa y publican más de la cuenta por año les sobrevuela el fantasma del negro pero a saber: lo mismo son unos “cracks” pero a mi la palabra ya me suena a varapalo y a caída inminente a la par que a mala novela.
Los que alguna vez fueron negros (no hagáis chistes con Michael Jackson que ya nos dejó) deberían ser menos pretenciosos y ser más discretos porque no sueltan prenda (discreción o farsa) y no hay manera de saber si es un farol o te están mintiendo como bellacos. Los supuestos negros, los que lo mencionan en la solapa de sus libros o lo van pregonando por los bares, que aporten pruebas y den el nombre del mentiroso escritor de marras que les contrató. Más que nada para que me lo firme el verdadero autor, el que escribe no el que pone el nombre y la foto. Recordad a Milli Vanilli que también eran negros pero les cantaban otros que al parecer eran más feos pero tenían el talento.
De los negros literarios no nos vamos a librar ya lo sé, pero me gustaría que nos libráramos de los pedantes que van de negros literarios y nos piden que les creamos por fe. No les creeremos por mucho que den juego en el bar a las tres de la mañana: “y quién es el escritor que te contrató de negro”, preguntaré “no te lo puedo decir Pedro”, contestará medio borracho, “pero me gané una pasta” me dirá mientras vuelve a invitarme otra ronda.