viernes, 27 de noviembre de 2009

Los sueños de un libertador (Reseña)

Una novela para vindicar la figura de un injustamente olvidado, ese es el resultado de la nueva novela de Fermín Goñi (Pamplona, 1952) “Los sueños de un libertador” que publica Roca editorial (2009). Novela histórica que nos acerca a la figura del general que fue traicionado por Simón Bolívar y concibió la libertad para América del Sur.
A ritmo de recuerdo, viajando por medio mundo y durante más de treinta años asistimos como testigos de excepción a la vida y milagros de este hombre universal y rebelde capaz de seducir con su verbo seguro a hombres y mujeres allí donde fuera.
Es elocuente el hecho que fuese perseguido por la Santa Inquisición por leer cuando hoy (cómo han cambiado las cosas) perseguimos a la gente para que lo haga sin, claro está, hogueras persuasivas. Su pasión por el conocimiento le hacia viajar con baúles llenos de libros que paliaban su gusto por el saber. La inquisición, su acérrimo perseguidor, no pudo finalmente hacer nada en contra d este hombre de letras. “La escritura, para Miranda, como la lectura, es fuente de la vida y en ambos afanes se ha dejado buena parte de su existencia” dice Goñi en un momento de la novela, perfilando así la personalidad de un hombre sólido y lleno de una determinación monolítica.



Técnicamente la novela no es compleja, el personaje tira de la narración y solo se defiende. Es tan grande la figura de Miranda, tan literaria su vida que basta con contarla para que la historia fluya. Se van superponiendo las historias que ocurren en los países a los que va de viaje o para sus campañas de guerra dándonos así el escenario y el tono de cada uno de los capítulos.
De su “romance” con Catalina la Grande de Rusia nada se dice y todo se intuye. Ella le dio recursos y le pidió que se quedara con ella. Dada la reputación de la Emperatriz y del General la cosa podría haber fructificado pero nada se sabe.
La brutalidad de su fin, la terrible enfermedad que se lo lleva y la manera tan elemental y siniestra en el que se le entierra es evidencia de cómo el destino puso sobre Miranda y su vida un olvido injusto que “Los sueños de un libertador” subsana de manera amena y que apela a la curiosidad del lector que hará bien en buscar al Miranda persona y dejar al personaje para las novelas.
Fermín Goñi nos deja al final un apunte aleccionador y paradójico. Los 63 volúmenes que componen sus archivos, la Colombeia, han sido incluidos por la UNESCO en “Memory of de World” un programa que rescata y difunde archivos y bibliotecas. Ese mundo que olvidó a Miranda tiene en su patrimonio desde hace sólo dos años parte de su legado intelectual. Un mundo que necesita más hombres como este pero sobre todo no olvidarlos e imitar su ejemplo.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Por los Senderos con... José Leandro Ayllón

José Leandro Ayllón nos concedió esta entrevista en la que nos habla de su obra Máquinas y de la ciencia ficción como género. Nos revela claves de la misma y nos sale al encuentro con reflexiones lúcidas sobre la humanidad y el futuro.

1. ¿Cómo llegaste a la Ciencia-ficción?

Podría decir que llegué en dos partes. De niño y adolescente, la SF era el asunto de mis juegos, de mis dibujos e incluso de mis conversaciones. Tuve más de un grupito de amistades interesado en el tema, ya a edad muy temprana, e incluso llegué a grabar en cinta un serial de Ciencia-Ficción, tan macarrónico como mis primeros relatos del género. Pero como autor maduro (si realmente lo soy, que ese es otro cantar), llegué a la SF por un extraño camino: empecé a concebir ideas que me hubiera gustado encontrar en lecturas del género, pero por más que consultaba libros, no las hallaba. Eso me impulsó a desarrollarlas por cuenta propia. No eran ideas sencillas ni tampoco complejas, ni geniales ni pedestres, ni grandiosas ni modestas, pero simplemente no las encontré en la literatura del género, y con el tiempo se transformaron en las claves de mi Ciencia-ficción.

2. ¿Crees que toda la Ciencia-ficción (cuento o novela) tiene necesariamente el tono de profecía o por lo menos de presagio de lo que puede ser el futuro?

Esa es la piedra de la discordia del género. La nueva Ciencia-ficción (menos imaginativa que la vieja, pero más rica) está dejando atrás, poco a poco, su lado prospectivo o mesiánico y adentrándose en mundos paralelos que no tienen por qué ser un fiel reflejo de lo que podría ser el futuro. En la actualidad los amantes de esta literatura, injustamente separada del resto, quieren alejarse de esa SF humanista y “retro” de razas extraterrestres superiores, telépatas, apocalipsis nucleares, deshumanización, etc. Por mi parte, he de reconocer que a veces caigo en la profecía poética, pero otras veces procuro alejarme de ello, como hago en “Noche bajo el escudo”, que plantea esa alter res que no es imagen inmediata de época alguna y que con sus tribus urbanas y grandes centros comerciales da una sensación de cercanía.

3. ¿”Noche bajo el escudo” crecerá o seguirá siendo una eterna futura novela?

Mi idea es que con el tiempo forme parte de un proyecto monumental, aunque quizás no debería ser yo quien lo dijera, pero de momento habrá que conformarse con la novela corta que aparece en “Máquinas”. Eso es precisamente lo que me trae atareado en la actualidad, ya que estoy empezando a tomar notas mentales para una segunda parte o, quien sabe, para una trilogía. De momento parece tan complicado o más que la primera entrega.

4. Hay un baúl que contiene tu obra; ¿qué tienes en mente sacar de allí para tu próximo libro?

¿Quién sabe? Puede que otra antología de profecías, pero más bien debería preocuparme por sacar a la luz algunas de mis novelas, como “La noche de Babel”, “Miserabilia” o “Soñar en Tierra Doble”. De las citadas, sólo la última es de Ciencia-ficción. Ciertamente pienso en este cofre como depósito de obras ya acabadas, no recientes ni inconclusas. Comento esto de pasada porque desde hace más de veinte años estoy trabajando en una novela histórica ambientada en la sociedad mozárabe medieval, novela sobre la cual no he dicho esta boca es mía sólo por dignidad de autor, y es que este género, aparte de estar ya demasiado trillado, se ha puesto imposible.

5. ¿Qué le debe tu concepción de la Ciencia-ficción al cine?

La verdad es que no mucho, aunque hay que reconocer que es de gran ayuda, a cierta edad, tragarse algunas buenas películas de SF. Para muchos autores es una fuerte tentación pensar en imágenes, conjeturar cómo quedaría tal o cual novela en una película, pero una vez rechazada la tentación, te adentras en mundos más complejos de los que te puede ofrecer el Séptimo Arte. En las películas de SF, como en todas las demás, suele haber un maniqueísmo latente, por eso quizás gusta tanto “Blade Runner”, que tiene un final más ambiguo. “Matrix” me hizo pensar mucho, ya que es un film muy social, místico diría yo (y por desgracia también sionista), donde hay asimismo buenos y malos, aunque apenas hay evidencias físicas de tales malos, que no son otra cosa que máquinas. Eso me pareció muy acertado. Por otra parte, “2001, una odisea del espacio” es una película de una gran belleza que sin embargo no ejerció en mí ningún tipo de influencia.

6. En tus cuentos, por muy futuristas que sean, siempre terminan todos los personajes siendo demasiado humanos en el sentido ético. ¿Nunca cambiaremos y terminaremos por intoxicar a las máquinas?

No lo había visto así. Creo que algunos personajes no tienen nada de ético, sino más bien de bomba de relojería. Pero tengo que reconocer que esta pregunta ha dado en el clavo, ya que algunos de los protagonistas cibernéticos de mi libro rechazan al hombre y lo sustituyen radicalmente, para acabar haciendo lo mismo que ellos, organizándose de forma similar. Como ocurre con los micronacionalismos, que tienen como bestia negra precisamente el totalitarismo, pero acaban haciendo lo mismo sólo que de una forma nueva. En definitiva, jamás cambiaremos.

7. “Deus ex machina” es mi cuento favorito, concentra tensión, y su ritmo te precipita a un final espléndido. ¿Cómo nació esta profecía?

Me agrada que se me pregunte por esta historia porque, valga la redundancia, tiene toda una historia debajo. Para empezar, la re-titulé a última hora así precisamente por ese final tan inesperado, tan salido de la nada, donde se hace referencia a algo que no se había citado anteriormente y que, en el relato, desconcierta con su descontrol, o con su cariz salvaje y misterioso, a Unidades cuyo propósito precisamente es el control. Recordemos que el “Deus ex machina” es ese recurso teatral con que se termina una representación de manera ilógica o incoherente. Hay más historias en “Máquinas” sobre el mismo tema, pero “Deus” lo redondea, lo aclara, enciende la chispa y justamente al final del libro, como si fuera una moraleja, cosa que habría que ver si en realidad es. Por otra parte, el director de Hallucigenia tuvo que esperar pacientemente a que lo terminara y corrigiera, porque surgió precisamente al final (como si en ello hubiera una clara casualidad y causalidad), a punto de ser enviado el libro a imprenta.

8. Recomiéndanos dos libros de Ciencia ficción modernos o clásicos.

Hyperion, de Dan Simmons, y Reina de los ángeles, de Greg Bear. Salvo algunos patinazos que desbordan imaginación gratuita, son algunas de mis lecturas preferidas. Ambos muestran una SF cercana. También recomendaría Contra el infinito, de Gregory Benford, ambientada en Ganímedes, creo recordar. Es una novela muy realista donde, con el extra literario del extraño ente ecuacional llamado Aleph, se muestra el lado monótono y coñazo (con perdón) de la colonización de un planeta. Hablaba antes de imaginación gratuita. Desgraciadamente el autor es un controlador aparte de escritor y la Ciencia-ficción no va a ser menos, y lo primero que debemos controlar al escribir una historia de Ciencia-ficción es la imaginación. Curiosamente, es lo contrario de lo que se suele creer. Se ha llegado a decir de “Máquinas” que si quitas los robots, si quitas los mundos extraterrestres y los términos “tecnologizantes”, te quedas con historias muy normales que bien podrían pasar en la Tierra, aquí y ahora. Pues bien, tanto mejor para mí y para la Ciencia-ficción.

9. ¿Has visto “Distrito 9”? ¿Qué te pareció? Tu literatura ya presagiaba esa “realidad” cinematográfica.

Es una historia de intolerancia que finalmente le da la vuelta a la tortilla. ¿Quién es finalmente el intolerante? En mi libro hay mucho de eso. Con respecto al film, me gustó la idea y cómo se expone, pero me decepcionó enseguida porque después de todo no es otra cosa que una película de acción, como es habitual.

10. “Crisálida” es para mí el mejor resuelto filosóficamente (los demás también pero el mérito de este es su brevedad). ¿El sufrimiento es la crisálida hacia la madurez, hacia la felicidad?

El sufrimiento es como un bautismo para una nueva vida; no hay fase nueva a la que se llegue sin él, aunque lo normal es querer cambiar sin padecimientos, pero no es tan fácil. El sufrimiento lleva, desde luego, a la madurez y también, aunque parezca contradictorio, a la felicidad consciente, que es diferente a la de los niños. Eso es felicidad nesciente, que es alegría. Es distinto. En “Crisálida”, Macías ha creado un ente artificial llamado Kant que está descontento de sí mismo y se deshace en hipos llorosos y metafísicos de autocompasión, hasta que se ve amenazado por la desconexión. A partir de ahí todo cambia y su creador descubre que aquel ingenio suyo sólo se encontraba en el estado de larva. Es un cuento breve que escribí hace años, en el estado larvario de “Máquinas”, y me gustó encontrar mucho tiempo después, porque no lo recordaba. Quizás porque lo escribí casi sin pensar, sin notas o ideas previas. Nada. En cuanto al estado larvario del que he hablado, baste citar que la obra de la que hablo contaba únicamente con ocho relatos en un principio. Finalmente se transformó en mariposa, con una novela corta y 17 relatos.

11. ¿Reconoces alguna influencia literaria en tu obra?

Reconozco más de una, pero no reconozco maestro alguno. Suena pretencioso, ¿verdad? También puede sonar paradójico, pero resulta que adorar a un maestro es peligroso porque implica no querer crecer como autor. Es mejor ser un poco chaquetero en cuanto a los escritores admirados. Hace treinta años Tolkien y Lovecraft me parecían dioses, pero lo cierto es que no he vuelto a leerlos; no tengo tiempo para ellos con tantos autores que quedan por leer.

Máquinas (Reseña)

La propuesta literaria de José Leandro Ayllón (Cádiz, 1958) da una vuelta de tuerca al género de la ciencia ficción. Su oficio de escritor le lleva a recorrer su propio camino literario y es precisamente eso lo que convierte a su libro de “profecías” “Máquinas” (Eppur Ediciones, 2009) en un descubrimiento dentro del panorama narrativo español. Suena rimbombante pero es así. La ciencia ficción española tiene en la mirada y creatividad de José Leandro Ayllón un valor a tomar en consideración.
Los cuentos que forman “Máquinas” más la novela corta (de la que nos habla en la entrevista el autor) “Noche bajo el escudo” forman los engranajes literarios de “Máquinas”. Pero no se engañe el lector y haga caso al título: el plural marca la pauta de estas profecías, son “maquinas” en sí mismas, independientes y por mucho que nos empeñemos en buscar relación entre ellas no las encontraremos. Incluso en esto la originalidad desafiante de Ayllón se hace patente. Vemos como la forma y el fondo sirve perfectamente a este artefacto futurista que es “Máquinas”.
Los relatos de máquinas nos muestran a un mundo dominado por las máquinas y a una humanidad que no sólo simpatiza con ellas sino que interacciona con ellas en un mundo que se tiene muchas veces por mejorado pero que encierra la misma maldad de hoy que es el pasado en esos cuentos. Al final y en casi todos los cuentos terminamos con la sensación de que las máquinas son humanas, demasiado humanas. Tiene uno la sensación de que nuestra humanidad es contagiosa sobre todo por lo malo que sumos capaces de comunicar. También hay ironía en estos cuentos y un humor sutil e inteligente que los dota de sensibilidad, que los humaniza.
Destacamos, a parte de “Noche bajo el escudo”, tres cuentos especialmente buenos: “Deus ex machina” que es el que más nos fascina. Concentra tensión desde el principio. Aunque todo parece muy tranquilo, el ritmo avanza hasta un final súbito que sobreviene como una punzada. Genial.
En “La desnudez del rey” el título se sirve de Andersen para colocarnos ante una situación de aceptación de una realidad horrible a pesar de haber descubierto todo. Sin ingenuidades ni inocencias los protagonistas consienten. Descúbranlo.
Pero es el cuento “Crisálida” el más prodigioso, el de mejor factura filosófica. En él el sufrimiento transforma, el dejar que el tiempo nos cambie es su mensaje. Resuelto en pocas páginas, este cuento plantea grandes reflexiones.

José Leandro Ayllón es capaz de inaugurar universos, dotarlos de atmósfera, crearles personajes precisos y del tamaño del resto del universo y darles vida. Eso es complejo y corre el riesgo el escritor de caer en la reiteración cansina de situaciones, personajes y escenarios. En este caso José Leandro Ayllón vence con talento ese obstáculo para ofrecernos un grupo de cuentos heterogéneos, bien trenzados y con vocación reflexiva y lúdica.
Nos encontramos ante una voz fresca y original en lo que se refiere al género ciencia ficción y haremos bien en no perderle la pista a este escritor que tiene mucho que contarnos. Dicen que en un baúl guarda su obra ¿cuál vendrá? La que sea la recibiremos con interés porque este género suyo da para muchas profecías, da para mucha reflexión.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Andrés Neuman, el viajero del siglo, en Panamá

Andrés Neuman está en Panamá y para los que no le conocen les digo que no deben perderse a uno de los mejores escritores hispanoamericanos que tenemos. Como ya ha dicho Carlos Oriel Wynter es “el escritor en quien Roberto Bolaño confiaba”. Y digo estas cosas más allá del cariño personal que siento por Andrés.
Su literatura seduce con novelas como “Bariloche” o “La vida en las ventanas”, un excelente texto en donde ficción, nuevas tecnologías y publicidad sirven para crear una historia inolvidable. Con poemarios como “El tobogán” de gran calado lírico y sentimental, que experimenta e inquieta a un tiempo. Con cuentos como los de “Último minuto” o “Alumbramiento” que se cierran con unas brillantes reflexiones sobre el género que inspiran. O con sus aforismos de “El equilibrista” que enamoran el intelecto.
De toda su obra yo quiero quedarme con “Una vez Argentina”, una suerte de novela-memorias que están escritas con sensibilidad y profundo sentido estético. El desfile de familiares, amigos y situaciones del alma hacen que para mí sea un de los libros más hermoso que he leído junto a “El libro de mi madre” de Albert Cohen y “El libro de mi padre” de Urs Widmer.
Y es que en Andrés todo es literatura, todo es un derroche de talento. Déjenle ante el público el lunes con sus textos y hará las delicias de todos, se come la escena, interpreta, llama a la risa o la reflexión y a la belleza. Este argentino granadino es un excelente baluarte para las tablas, se los dice quien le ha disfrutado más de una vez por Madrid.

Pero celebramos su Premio Alfaguara de novela y lo que toca es “El viajero del siglo”, novela ambiciosa, original en su estructura y llena de genio, oficio literario y belleza. Un acierto la unanimidad del jurado y un acierto el de Alfaguara llevarle a Panamá para que vean y conozcan una de las obras literarias más solventes del panorama. Quise que estuviera antes en Panamá y al final no pude ser, se enredaron las cosas y no se concretó nada. Pero Andrés llega a nuestra tierra por sus propios fueros, por los méritos de su indiscutible literatura y por su altura de persona cabal y entrañable.
Les envidio mis queridos amigos: en Panamá y con Andrés Neuman. Para la próxima espero estar pero quiero convocarlos a que estén presentes. Profesores de español, asistentes a talleres de escritura creativa sea poesía, cuento o novela, lectores en general, todos: el 23 de noviembre a las 19:30, tienen que estar en la Biblioteca Nacional, en la Sala Extranjera, escuchando a Andrés Neuman que además estará acompañado por uno de los grandes de nuestras letras y poseedor de un universo propio como es Carlos Oriel Wynter. No se lo pierdan. Les prometo que no se arrepentirán.

La escribana de París (Reseña)

Sabrina Capitani ha conseguido en “La escribana de París” (Maeva, 2009) reconstruir con esmero y sin desmesura la atmósfera del París del siglo XIV. Construida sobre la base de una detalladla documentación, esta novela consigue entretener al lector y llevarle de paseo por las calles de un París que no era Ciudad Luz entonces, en esos día tétricos del Medievo europeo.
La lucha de una mujer por sus ideas y su posición ante la vida tensan un relato existencial un tanto cargado de ideas aun no existentes en la época pero que hoy día señalan el camino que han de recorrer las mujeres. Cristina de Pizán (o de Pisa) hija de un hombre culto (Astrólogo) se enfrenta a una sociedad que relega a las mujeres a un plano de la realidad muy gris, a una sumisión al varón que lastra los horizontes de la mujer de aquellos días. Encima de aquel planteamiento social, nuestra heroína, sufre los envites del destino quedándose viuda y al cargo de sus tres hijos y su madre.
Como era típico en la época los que sabían escribir terminaban alquilándose para hacerlo por los que no saben. La atmósfera de patetismo del mercado y la suntuosidad oscura de la Biblioteca Real hacen de Cristina una mujer, si cabe mucho más sólida y mucho más valiente.


Sabrina Capitani (Berlín, 1953), nos ofrece una trama que nos lleva en brazos de las palabras de nuestra heroína a buscar su lugar en el mundo a no consentir con lo políticamente correcto a no dejar de lado los sueños para serles fieles le pese a quien le pese. En un momento de la novela Cristina dice: “Nadie quería comprar mis poemas. Seguramente eran malos. ¿Cuántas mujeres escribían? Debía de existir una razón por la que había tan pocas féminas cultivadas. ¡Cristina! ¿Qué te has pensado? Todas estas dificultades, contrariedades. Era lo mismo que andar por una papilla, respirarla. Los movimientos se hacían cada vez más lentos, la respiración más difícil”. Tenemos un fragmento fundamental de la novela en lo que respecta a la situación vital de la protagonista. Una lucha interna por sobrevivir dentro de su deseo primero: la literatura.
Luego surge la intriga y es aquí donde reside lo mejor de la obra un resentido pretendiente secuestra a Cristina y es un monje misterioso, Thomas, el que la rescata. Un día dan con un manuscrito, que está relacionado con distintas muertes. Y hasta aquí podemos escribir. Porque le toca a los lectores leer no hasta aquí sino hasta el final esta logradísima novela que tiene de todo para los amantes del género histórico. No es solo entretener lo que persigue Sabrina Capitani quiere dejarnos con una reflexión sobre una época en la que las cosas no eran como hoy pero que, a pesar de ello, contaba con personas capaces de todo por amor a su vida y a sus sueños.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

La caja del Mal (Reseña)

Para los amantes de la intriga y del thriller apocalíptico Martin Langfield (Inglaterra, 1962), ha escrito una interesante novela de género que hará las delicias de los lectores .
“La caja del mal” (La factoría de Ideas, 2009) promete manteneros al borde de la toalla durante toda su lectura. A lo largo de los siete capítulos que son a su vez otras siete pruebas (Tierra, Agua, Fuego, Aire, Éter, Mente y Espíritu), el autor nos lleva de intriga en intriga en busca de las claves que puedan salvar la humanidad.
A toda costa el protagonista de esta historia Robert Reckliss, periodista inglés, debe evitar que la bomba del alma explote soltando la maldad innata que hay en el hombre. Esta aventura que nos lleva por los rincones más ocursos de Nueva York guiado por la médium Terri a modo de Beatriz de la Divina Comedia.
Los hechos se enmarcan entre 1981 y 2004, con constantes mudas de tiempo para que vayamos haciéndonos con la historia. En 2004 el periodista casado con su novia de siempre Katherine Rota, recibe un mensaje de Adam, un viejo amigo que dice: “Ayúdame por favor. No queda tiempo”, y siguiendo sus instrucciones se pone en contacto con un extraño que le propone lo siguiente: “¿Estás listo para conocer a tu creador? Tienes una cita con la muerte.”
De aquí en adelante todo es acción, misterio y una lucha encarnizada entre las fuerzas del bien y del mal. Robert tendrá que mirar en su propio interior para buscar las claves que le ayuden a descifrar los enigmas que salvaran a la humanidad. El autor nos ofrece también la oportunidad de seguir las tramas del enigma facilitándonos pistas gráficas para meternos en la historia y seguir la intriga paso a paso.

Thriller apocalíptico en toda regla y con todos sus resortes “La caja del mal” no tiene nada que envidiarle al conocidísimo “Código da Vinci” ya que utilizan los mismos resortes que aquella, acción trepidante, religión mezclada con secularismo y misticismo y la necesaria idea de salvar a la humanidad. Martin Langfield combina con muy buen criterio estos elementos y nos ofrece una historia que para estos días de verano nos mantendrá entretenidos y preguntándonos en cada capítulo que pasará después. Además nos ofrece un interesante bis intimista que nos ayuda a reflexionar un poco, sin entrar en grandes profundidades, sobre la humanidad. La grandeza de la novela radica en esta bis, en su manera de enfocar desde la ficción como la de un thriller apocalíptico, un rostro de la humanidad que haremos muy bien en cambiar.

Había una vez, un circo…

Comenzaré por decir que una situación de secuestro es uno de los momentos más estresantes que se puede vivir. Los protagonistas directos sufren un peso de emociones encontradas: impotencia, humillación, desamparo y miedo ante una muerte inminente. Y estas emociones chocan con el deseo de huir, de actuar, de liberarse. Eso los protagonistas directos.
Las familias, inmersas en el vértigo parsimonioso (permítase la paradoja) de un secuestro sufren parecidas emociones a las que se les suma la búsqueda de justicia y de una solución, la que sea, para acabar con el secuestro. Son momentos en los que el único y natural deseo es que el familiar vuelva ileso. No se contemplan, en la mayoría de los casos, ninguna otra opción que no sea la vuelta a casa del secuestrado.
Luego están las instituciones a las que no se les puede achacar responsabilidad del secuestro. No es culpa de nadie, el secuestrado ve conculcada su libertad por una pandilla de malandrines y a las instituciones les toca actuar. No es fácil, lo diré, actuar en circunstancias tan delicadas. Un secuestro desborda las previsiones de los más previsores y en esto no debemos buscar más pies al gato.
Ahora, si una situación de secuestro como la del Alakrana se pone en manos de un Gobierno que lo asume como si fuese una función de circo se corre el riesgo de terminar por pagar el rescate, torcer la Justicia, y mentir a todo el país para congraciarse con los que no se atienen a las reglas del juego.
La alegría que están experimentando los tripulantes del atunero y sus familias es para compartirla, que duda cabe, pero, como se ha orquestado esta liberación y el precio que se ha pagado es materia que debemos considerar. Porque a los españoles no nos puede valer que el Presidente del Gobierno al ser preguntado por lo que pasaría si se diera un hipotético nuevo secuestro responda que “ojalá que no ocurra”. Esa no es respuesta para un país que ahora pasa a formar parte de la nómina de los que pagan secuestros. No me extraña que ahora cuando pasemos por el INEM se nos ofrezca la posibilidad de formar parte de una banda de piratas. Pagando la gente basta un rifle de asalto y un poco de malas pulgas para pedir a golpe de amenaza la cantidad que nos dé la gana.
Con el respeto que requiere una situación extrema como esta y sus protagonistas directos hemos de volver a la consideración de que con extorsionadores, piratas, terroristas o con cualquiera que prive de libertad a otro y pretenda cobrar por ello no se negocia, no se paga, no se cede. Me arriesgo a que el día que me secuestren nadie dé un duro por mí y termine en una cuneta para escarmiento a los que no pagan. Asumiré el riesgo pero no creo que lo que se deba hacer es pagar y financiar con nuestra actitud y nuestro dinero el negocio de la extorción.
Este Gobierno, y espero que sea el único, exhibió estrategias, habló públicamente de sus planes para una salida militar del asunto para dejar vía libre a la única salida que siempre contemplaron: pagar. Si fuese uno de los liberados, nada más llegar a tierra y disfrutar de mi familia y de mi libertad, denunciaría al Gobierno de España por falta de asistencia en caso de secuestro ya que si pagaron el día 47 ¿por qué no hacerlo el día 7? Después está lo de la Justicia, que pretende dar vida a una figura jurídica que llamaré el “Frankenstein legal” ya que las cabriolas circenses que van hacer para liberar a Willy y a su amigo van a ser de traca. No me extraña que los que quieren infringir la ley vengan a nuestro país para hacerlo ya que en el caso de que te pillen saldrás al poco tiempo como en el caso de asesinato de Nagore. Un escándalo.
Luego están los llamados libre pensantes y tolerantes que tildarán esta postura de retrograda, poco altruista y cercana a la oposición al Gobierno. Me da lo mismo. Mi libertad de pensamiento y de expresión, mediado el respeto claro, está por encima de partidismos y politiqueos que son estúpidos sostener hoy.
Un abrazo a las familias y al Gobierno de España mucho ojo, porque si me secuestran quiero que paguen también mi rescate. Que ahorren el dinero que se están sacando con las entradas del circo que han montado en estos 47 días de infarto.

martes, 17 de noviembre de 2009

Las noches revolucionarias (Reseña)

Los amantes de la Historia estamos de enhorabuena. La publicación de “Las noches revolucionarias” (El olivo azul, 2009) viene a dotar de la atmósfera precisa de los días terribles que se vivieron antes durante y después de La revolución francesa.
“Búho de parís”, cronista de los días bárbaros, Nicolas-Edme Rétif de la Bretonne (Sacy, 1734-París, 1809) nos deja un legado de sombras y sucesos terribles que dan cuenta de la atmósfera humana que se respiraba en aquellos días. El testimonio “en directo” de aquellos días es impagable y nos sitúa correctamente ante los hechos históricos. Su relato de aquellos sucesos le convierte en precursor del periodismo, sobre todo de la crónica de sucesos.
Lo que fascina de estos textos (y mucho se puede decir y discutir) no es sólo lo que de histórico y revelador tienen sino también su absoluta crudeza, su incontestable realidad. Son una suerte de espejo que trasciende lo local y lo cronológico para abarcar lo universal e intemporal porque todos los hombres ante los cambios y las luchas terminan convirtiéndose en seres terriblemente primitivos.
La brutalidad de los hechos contrasta con las ideas revolucionarias y la búsqueda de un bienestar mayor. Notamos los deseos de que la situación cambia, que nuevos aires vengan para Francia, es el caso de el texto de la Primera noche (27 de abril de 1789) que es una alegoría de la situación y un magnifico manifiesto de lo que se deseaba para Francia.
El famoso 14 de julio, el día de la toma de La Bastilla, nuestro cronista nos asegura “planea sobre la ciudad un genio destructor”. Esta es la grandeza de estas crónicas: poder respirar siglos después el mismo aire de aquellos días que cambiaron para siempre a Francia y a Europa. Ese capítulo completo nos da una visión de primera mano de que se veía por las calles, de cómo olí el aire de los sonidos de aquel día terrible de fuego y muerte.
Llama la atención también el hecho de que tenemos algunas pinceladas de la propia vida de Rétif de la Bretonne. Al final nos dice que mientras ocurren estas cosas (el castigo de Custine) el acode a la Comuna para el divorcio de su hija mayor. Es interesante observar que las cosas no han cambiado mucho: hoy también se puede acompañar a los hijos a divorciarse.
La edición de El olivo azul esta precedida por un interesante prólogo que perfila al personaje y la época. Nos contextualiza y nos invita a abandonarnos a la lectura de unos textos que no nos van a dejar indiferentes. Este excelente prólogo firmado por Alicia Mariño es todo un acierto y una invitación muy sugestiva para seguir leyendo a Rétif.
Rétif fue contemporáneo de mi querido Marqués de Sade que siempre me ha fascinado como personaje más que como escritor. Rétif le detestaba y el sentimiento fue mutuo. Ante la “Justine” del Marqués, nuestro autor escribió una “Anti Justine”, más escabrosa, dicen, que la de Sade. Rétif fue bastante denostado por sus contemporáneos pero sin duda hoy es una de los grandes del XVIII francés y uno de los grandes cronistas de una época irrepetible. Lean y juzguen, dejen volar su imaginación hasta el París del XVIII comprobarán que hoy faltan cronistas como Rétif y sobran periodistas amarillos.

lunes, 16 de noviembre de 2009

La cantinela latinoamericanista

“La cantinela, entonada por latinoamericanos y también por escritores de otras zonas depauperadas o traumatizadas, insiste en la nostalgia, en el regreso al país natal, y a mí eso siempre me ha sonado a mentira. Para el escritor de verdad su única patria es su biblioteca, una biblioteca que puede estar en estanterías o dentro de su memoria. El político puede y debe sentir nostalgia, es difícil para un político medrar en el extranjero. El trabajador no puede ni debe sentir nostalgia: sus manos son su patria”.
Roberto Bolaño.


Roberto Bolaño, que está de moda y bajo cuya advocación se bautizan escritores de aquí y de allí firma esta rotunda frase en su libro Ente paréntesis que le publicó su Anagrama de siempre y que reúne sus ensayos y artículos. Tan de moda está que Estados Unidos le ha otorgado el premio de la crítica por 2666. Está de moda de él casi todo menos estas verdades que parecer mantener abiertas las venas de América Latina.
El latinoamericanismo está superado, o eso debería ser pero, los que nacimos allí nos empeñamos en arrastrar esta característica específica para convertirla en una seña de identidad global o una especie de garantía de que lo escrito será excelente. Caemos en la engañifa de que el gentilicio es aval de genio. Un error.
Pero más allá, Bolaño va en contra de la nostalgia porque tiene un efecto negativo sobre quien escribe y sobre quien trabaja. Porque lo que comprobamos día a día es que quien se marcha muy pocas veces disfruta con el regreso. A mí los nostálgicos de salón me han parecido siempre afectados de cierta superioridad sobre los que aman su tierra sin aspavientos desde la distancia. Aunque hay que distinguir en esto a aquellos que reciben las críticas del exterior con la misma alegría que de los que siguen viviendo en el país. No es posible que por vivir fuera de tu tierra te tachen de traidor o te tengan por no apto para opinar de lo que pasa en el país.
Para un escritor su patria es su biblioteca, dice Bolaño, con el que se puede no estar de acuerdo pero es cierto, estamos hechos los unos y los otros de los libros que hemos leído, los que recordamos y cómo los recordamos. Esa literatura fundacional, que tanta alharaca monta en los propios países, son muertas y superadas por los hijos de ella en nombre de una libertad de pensamiento y de poética, en nombre de la libertad de ser de allí donde estemos o de dónde leamos. Las literaturas nacionales tienen mucho de estático y de castrante y dinamizarlas con los colores de otras literaturas no hará más que enriquecerlas para hacerlas trascender. Y eso no es poca cosa. Somos más hijos de Rimbaud o de Auden que de Ricardo Miró o de Rubén Darío.
Los políticos y la nostalgia guardan una estrecha relación ya que por razones obvias les costaría medrar más fuera que dentro pero Roberto no contaba, o contaba pero no lo contó aquí, con el literato político, con el típico medrante pseudointelectual que comulga con ruedas de molino a favor de la causa patria, a favor del sueño del caudillo o del dictador. Vive entre nosotros el intelectual medrante, que frisa muchas veces lo espectacular en sus discursos de cartón piedra sobre la libertad y la democracia pero lo cierto es que lo único que lo mantiene a flote son sus loas sinceras al régimen que representan. Ojo con estos cuya única patria es la sinrazón y la demagogia aunque la vistan de poesía o de novela.
En una red social vi como se retaba a un amigo a denunciar a un medrante intelectual de ese tipo aquí en Madrid. Estamos dispuestos, claro, pero nos llamarán envidiosos, o incluso nos dirán que es que lo que nos pasa en que no tenemos ni el verbo ni el genio del medrante en cuestión y claro, el gobierno español no abrirá fisuras con nuestros “amigos” por mucho que en esos países los derechos humanos estén conculcados y un democracia de mentirita este instalada allí. En Venezuela para más señas.
La patria de un trabajador son definitivamente sus manos, no las construcciones ideológicas que pretenden imponernos. Uno trabaja por el sustento y con ello pretende construirse unas expectativas de vida, unos sueños. La nostalgia de la tierra no es vida para el que se ha marchado a otras latitudes a buscarse el pan. “Uno no es de donde nace sino de donde pace” o de donde paga sus impuestos que diría otro. Nuestra patria la construimos nosotros, son nuestros zapatos que nos llevan allí donde queremos y son nuestras manos son las que forjan nuestros deseos de libertad y de paz tan legítimos aquí como en cualquier territorio de nuestra América Latina desangrada.

viernes, 13 de noviembre de 2009

La estrategia de Bellini (Reseña)

Vuelve a la carga el detective Yashim Togalu, un eunuco de la corte del sultán Turco que esta vez se enfrenta a un reto mucho mayor: encontrar un cuadro. Pero aunque la cosa les pueda parecer muy sencilla se trata de nada menos que de un cuadro de Mehmet II, cuadro desaparecido durante siglos y que ahora resulta que puede estar en Venecia. Siendo que el Sultán lo quiere de vuelta en “casa” y en su colección, confía el caso a su mejor hombre: Yashim Togalu. Pero en esta aventura no estará solo, contará con la inestimable ayuda de su peculiar “Watson” el embajador polaco Stanislaw Palieski, un personaje decadente y fiel a su amigo turco.
Con una exquisita reconstrucción de la Estambul y la Venecia de 1840 Jason Goodwin (Inglaterra, 1964) consigue mantenernos intrigados con “La estrategia de Bellini” (Seix Barral, 2009) y que sigue la saga de este personaje detectivesco iniciada con “El Árbol de los Jenízaros” y a la que siguió “La serpiente de piedra”, trilogía que seguramente veremos pronto en el cine.
Esta tercera obra se revela como una “novela teatro”. El gran decorado es la ciudad de Venecia. La obra, lo que Yashim llama en varias ocasiones “El diagrama de Arenero”. Los personajes van apareciendo en escena uno a uno, salen dicen su papel y se marchan dejándonos una pieza más de esta intriga que crece en cada capítulo y cada vez que vuelven es para seguir dejándonos pistas. Narrado en cortos capítulos (son 120), esta novela de Jason Goodwin está construida sobre una estructura de ráfagas de información que nos mantiene reordenando constantemente las posibilidades de desenlace de la obra, un desenlace que, por cierto, les sorprenderá.
Para esta interesante propuesta detectivesca Yashim cuenta con la inestimable tarea de su amigo, el embajador polaco en Turquía, Stanislaw Palieski que se instala en Venecia de incognito, bajo la identidad del signor Brett, un comprador de arte antiguo de Nueva York. Todo parece ir viento en popa cuando y aparecen dos cadáveres, un extraño dibujante, una condesa, un comisario y un rosario de situaciones que se cruzan ponen a los personajes en una interesante encrucijada. Cuando la vida de Palieski empieza a estar en peligro un extraño personaje aparece en escena. Descubran quien.
Vamos a recomendar la lectura atenta de esta novela porque es difícil hablar de ella sin desvelar parte del secreto. Cada detalle es una pieza fundamental que apunta a la resolución de la misión que se le encomienda a Yashim y que degenera en un conflicto de intereses políticos.

El autor nos deja una nota final en la que nos deja ver la “realidad” del caso Bellini. No se resistan a la curiosidad de buscar las imágenes de este misterioso cuadro que no les vamos a decir si existió o no. Busquen, lean, intríguense y sobre todo dense un paseo por la Venecia y por el Estambul del siglo XIX. Caminarán por sus calles, disfrutarán de las recetas de cocina, se fascinarán con la decadente pero fastuosa sociedad de la época y sobre todo pasarán una grata velada de lectura y resolverán un misterio que les dejará con ganas de más.

martes, 10 de noviembre de 2009

Una voz menos. Desaparición de las columnas de Rafael Reig en el diario Público


El pasado 31 de octubre Rafael Reig dejó de publicar sus habituales columnas diarias en el diario Público. Aunque Reig explicaba las circunstancias en su blog personal, el diario no ha dado expliciaciones en sus páginas sobre ese cambio. Ante ello, los abajo firmantes hemos querido expresar nuestra inquietud y pedir de esta manera una aclaración. El texto fue remitido el pasado día 3 a la sección de Opinión de Público, donde no han considerado oportuno publicarlo.

La crítica permite avanzar. Sin crítica una sociedad está ciega, un gobierno pierde todo horizonte. La aparición de un periódico como Público entre los grandes medios de comunicación hizo que durante un tiempo ciertas versiones falsas de la realidad se toparan con un espacio de contraste. La mentira ya no sólo era puesta al descubierto en iniciativas dispersas que se encontraban a través de la red, sino que además había un proyecto empresarial capaz de entrar en la batalla de la verdad.
Sería absurdo pretender que una empresa no es una empresa y que un gran medio de comunicación no tiene hipotecas, presiones, lealtades justas e injustas. Pero con Público se abrió la posibilidad de la contradicción que permite avanzar.
Tal vez un día esa posibilidad había estado en otros grandes medios. Varias generaciones se habían formado confiando en que así era. Pero la deriva de los últimos años de los principales periódicos nacionales había acabado con la confianza de millares de lectores y lectoras. Y Público empezó, y llegaron voces nuevas, argumentos diferentes. Algunas de esas voces procedían de medios en los que ya no tenían espacio para decir algo que no fuera el interés enmascarado, y a veces ni siquiera enmascarado, de un departamento de prensa público o privado, otras no.
Rafael Reig era una de esas voces. Más allá del sentido del humor, de su capacidad para no incurrir en el tópico, de su talento para abordar los asuntos desde ángulos no previstos, etcétera. Ninguno de esos rasgos es relevante ahora, pues por ninguno de ellos ha sido apartado de la sección de Opinión. Todos ellos se le reconocían y suponemos que fueron los que hicieron que se le invitara a trabajar para la sección de Cultura. Lo que sí es relevante, lo que es insólito en el mundo periodístico y cultural español es una critica argumentada y, de verdad, independiente. Rafael Reig criticaba al gobierno tanto como a la oposición, y esto es lo que, al parecer, no se tolera. Es posible atacar una vez más a Aznar, a Rajoy, a Esperanza Aguirre pero si en cambio la crítica argumentada desde la izquierda se dirige a quien está ejerciendo el poder, ¿qué ocurre? ¿Se confía tanto en el poder que se espera que avance a ciegas, sin dar explicaciones, sin razonar, sin escuchar a quien difiere y lo hace con criterio?
Una empresa es una empresa es una empresa. No cabe, por tanto, hablar en este caso de censura sino de la libertad de quien dispone de la fuerza de trabajo de los demás para prescindir, cuando así lo desea, de ella. Pero un periódico es un periódico. No es, al parecer, exactamente una empresa, no se fabrican opiniones, razones, argumentos, en vano. Por lo tanto, sería quizá necesario que se explicara por qué se ha desalojado de las páginas de Opinión a una de las pocas voces críticas que hay en ese periódico. Habrá muchas personas que digan: de qué extrañarse, si ya sabemos que es así, si ya conocemos los límites, si la libertad de expresión es sólo apariencia de libertad, y pertenece sólo a quienes pueden pagársela.
Pero nos extrañamos. Nos extrañamos porque la sociedad avanza también por las palabras que dice defender. Porque la arbitrariedad cercena lo público. Porque es absurdo que un periódico haga suyas las voces de Gramsci o Rosa Luxemburgo y después actúe como si las únicas voces que en realidad le importan fueran las del inversor, el jefe y el banquero. Porque es incongruente y grave muestra de irresponsabilidad que un medio de comunicación que había hecho un hueco al compromiso informativo y la disonancia certera no entienda que es precisamente eso -y no más manipulación y más ruido- lo que demanda un sector no desdeñable de la sociedad española. Nos extrañamos y nos preocupamos.
Los lectores eligen el periódico que quieren leer. Pero los periódicos eligen también a sus lectores eligiendo a sus colaboradores. Después de muchos años de opinión vestida de información, de cinismo de derechas con ropajes socialdemócratas, muchos lectores y lectoras atisbaron un espacio capaz de ganarse su propia legitimidad, un periódico que, a pesar de los pesares, podían empezar a considerar un poco suyo, nuestro. Ahora, con una decisión como ésta, necesitamos saber. ¿No hay ningún periódico en España que necesite lectores responsables, críticos, exigentes, comprometidos, incómodos? Cada periódico elige a quién se dirige; nos preguntamos si con gestos como éste Público se suma al deslizamiento de otros periódicos que levantaron esperanzas en la transición y ahora sólo son portavoces del dinero, gobiernos o empresas mediante.



Santiago Alba, Belén Gopegui, Antonio Orejudo, Lorenzo Silva, Pascual Serrano, Constantino Bértolo, Carlos Fernández Liria, Marta Sanz, Carlos Sánchez Almeida, Carlo Frabetti, Julio Anguita, José Manuel Naredo, Claudio López de Lamadrid, Joaquín Miras, Cecilia Dreymüller, Francisco Fernández Buey, Josep Bel i Gallart , Luis Magrinyá, Alberto Olmos, Ignacio Echevarría, César de Vicente, Javier Maqua, Enrique Falcón, Javier Azpeitia, Vicente Romano, Andrés Linares, Bonifacio Perales, María Jesús Martín-Ampudia, Salvador Gutiérrez Solís, Sofía García-Hortelano Martín-Ampudia, Manuel Martínez Llaneza, Irene Amador, Felícitas Velázquez Serrano, Juan Ramón Sanz, Javier Parra Molina, Ángeles Diez Rodríguez, Julio Castro Jiménez, Ricardo Rodríguez del Río, Salvador López Arnal, Manuel Talens, Elvira Navarro, Matías Escalera, Francisco Frutos Gras, Susana Oviedo, Milo J. Krmpotic, Toni Iturbe, Lara Moreno, Julia Gutiérrez Arconadam, Ángela Molina, Benito Rabal Balaguer, Ginés Fernández González, Pedro Marset Campos, José Luis Centella Gómez, Felipe Alcaraz, Maite Mola, Fernando Sánchez, Antonio Antón, David Becerra, Eva Díaz Pérez, Mario Cuenca Sandoval, Nicolás Alberto González Varela, Eva Fernández Martínez, Gerardo Tudurí Roldán, Sonia Pina Linares, Alfredo Cardo Cañizares, Flor Fernández Martínez, Alberto García-Teresa, Jordi Torrent Bestit, Silvia Casado, Sandra Ávila, Juan Manuel Morales, Julio J. Hellín, José María San José, Edgardo Dorby, Carlos Martínez, Bernardo Muniesa Brito, José Luis Moreno Pestaña, Luis Zarapuz, Mariano López Monreal, Félix López García, Manuel Ariza Gil-Pérez, Luis Fernández de Troconiz, José Carrión Andaluz, Iban Zaldua, Rosa Regás, Pedro Crenes Castro.

Vallejo en los infiernos (Reseña)

De César Vallejo tenemos una imagen que se repite hasta saciedad: se le ve sentado, acodado el brazo derecho sobre su bastón y sosteniéndose cabeza con la mano, mirando con cierta desgana hacia quien sabe dónde. Pero ese César Vallejo tuvo en su vida un incidente que lo marcaría para siempre, un suceso que como todo hecho vital de la juventud forma parte de lo que seremos mañana.
“Vallejo en los infiernos” narra la terrible experiencia vivida por el poeta durante los meses comprendidos entre noviembre de 1920 y marzo de 1921. Escrito tras una amplia documentación Eduardo González Viaña (Perú, 1941) teje una trama biográfica que revela los años jóvenes del poeta y nos muestra paso a paso como ocurrieron aquellos hechos que marcaron para siempre la vida de César Vallejo.
La novela arranca con la brutal llegada del joven Vallejo a la cárcel. La rudeza del trato, las amenazas y como se amañaron las cosas para que el joven Vallejo padeciera una injusticia que pudo haberle costado la vida al poeta.
El texto está narrado por una voz omnisciente que nos lleva de la mano ante las escenas de la vida de Vallejo. Una especial mención merece el brutal capítulo titulado “Margarita, la de Las azulas”, donde se describe la violenta muerte de margarita calderón y de su hermano, único testigo del asesinato. El “Sabio Salomón” le ruega que se marche de Santiago de Chuco porque le tenían entre ceja y ceja y el culpable buscaba a quien colgarle el delito. Un capítulo tenso, bien narrado, que nos descubre la maldad.
Esta novela cubre una necesidad en la biografía de Vallejo, nos da detalles de aquellos días oscuros y terribles en la vida de un hombre que por aquellas fechas no sabía que sería poeta universal.
El autor de Vallejo en los infiernos mezcla con los capítulos fragmentos de la poesía de Vallejo que actúan como una suerte de banda sonora que para mí apuntan a un trabajo de búsqueda en los hechos de aquellos días la motivación o el trasfondo de mucho de los versos del poeta peruano. También se intercalan cartas y datos que ofrecen al relato la coherencia y la solidez que un relato histórico de estas características requiere.
Para los amantes del género aquí tienen una brillante y densa obra que nos invita a ahondar más en la figura de este hombre universal y que tan entrañablemente está ligado a España. González Viaña ha puesto en nuestras manos un aspecto que nos faltaba de Vallejo y lo hace de la mejor manera que se puede hacer: recreando aquellos días y dejando que los personajes vivan lo que pudo ser, lo que pudo ocurrir.
Cada uno venga, lea y juzgue las tesis de González Viaña. Lo verosímil, lo posible, se encarna en esta muy lograda novela que no nos va a dejar indiferentes. El personaje que aborda no es cualquiera, es un gigante de las letras universales y ya por sólo esa valentía esta novela merece ser leída. Vallejo en los infiernos pasará a convertirse en un texto a discutir y un pretexto para volver a la figura de César Vallejo.

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Reseña)

Jesús Ferrero ha tejido una maravillosa trama en su primer ensayo “Las experiencias del deseo. Eros y misos” (Anagrama 2009) y que ha ganado el Anagrama de Ensayo 2009. Y decimos “trama” porque tiene el gusto de una novela y su descubrimiento paulatino del tema va siguiendo una estructura excelente y de verdad apasionante.
Ferrero consigue aunar el estudio de la Filosofía y la Psicología con la literatura, dejando claro que esta no es ni más ni menos que el resultado de aquellas dos. Jesús Ferrero nos va construyendo poco a poco, fragmento a fragmento, una historia sobre nuestros amores y nuestros odios y de cómo actúan en la persona desde el vientre materno hasta el fin de sus días.
Para ello el autor se sirve de sus conocimientos literarios y de sus estudios (en París y asistiendo a seminarios de Barthes, Foucault o Lévi-Strauss) para ofrecernos un planteamiento fresco sobre un tema del que se ha escrito muchísimo desde la Psicología y la Filosofía. Esta vez Ferrero da una vuelta de tuerca a un tema que no va a dejarnos indiferentes.
Los capítulos son breves, certeros, se pueden leer de modo independiente una vez leída, eso sí, la introducción al planteamiento del tema. Existen dos grandes expresiones del deseo: el amor y odio. Estos a su vez se dividen en: el amor a uno mismo y a los de más y el odio a uno mismo y a los de más. De allí en adelante (arranca el libro así: “Podríamos ahora mismo formular el mito del universo así…) todo es Literatura, Filosofía y Psicología muy bien contada, con argumentos profundamente sencillos que llaman a la reflexión y a la relectura.
Pero advierte el autor que todo el acercamiento al estudio se hará lejos de prejuicios y exigencias morales que se derivan necesariamente de los términos que aquí se emplean. No se trata de juzgar ni de calibrar el equilibrio necesario en tantos temas tan delicados como la anorexia o el terror, la venganza o la guerra: se trata de exponer la dinámica que existe detrás de estos “hechos” del amor y el odio.
Les recomendamos que se pasen por la sección 4 del III capítulo: “Idiotez, autocomplacencia y vanidad”, texto tan necesario hoy, y por la sección 7 del capítulo 4 “El amor al saber (elogio a la gaya ciencia)”, muy revelador de intenciones, un canto a la alegría de saber, al deseo de conocer.
Termina el libro de Jesús Ferrero con la formulación del mito de la Hybris sideral que resulta elocuente. De la mano del autor hemos recorrido una senda sinuosa, llena de recovecos y de lugares oscuros y luminosos. Nos hemos enfrentado en la lectura de “Las experiencias del deseo” a los Gigantes de lo que somos, pero sin escudero que nos advierta que no son gigantes sino molinos porque, de verdad, son lo que son. Entraña la lectura de este texto un acto de mirarnos en el espejo, un sometimiento a la voluntad de conocernos mejor pero no para congraciarnos o para admirarnos, sino para aprender de quiénes somos y cómo podemos ser y de cómo son los demás. Una comprensión necesaria hoy en medio de esta encrucijada de momentos verdaderamente difíciles, donde los odios se multiplican más rápido que los amores.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Muere Claude Lévi-Strauss

La primera vez que le oí mencionar pensé en los pantalones vaqueros que llevan su apellido: Levi-Strauss. Un tipo versátil pensé mientras me llevaba para casa de la Biblioteca un libro de Lecturas en Antropología que contenía varios de sus artículos. Sobre todo nos enseñó a pensar, a tomar la realidad y estructurarla de manera inteligente pasa su correcto estudio. Con una amplia cultura y una experiencia de campo envidiable, este testigo del siglo XX nos ha dejado grandes obras que haremos bien en visitar de nuevo.
Da la sensación de que el gran público necesita que intervenga la muerte para recordar a quienes tenía a mano. A pesar de los muchos reconocimientos que recibió en vida, a la hora de su muerte los más jóvenes del lugar, y los que no lo son tanto, pensaran hoy que se ha muerto el dueño de la fábrica de vaqueros más popular de Estados Unidos. Una señal más de que la cultura necesita más difusión.

martes, 3 de noviembre de 2009

Adios a Francisco Ayala

Francisco Ayala se ha marchado hoy dejando tras de sí una vida dedicada a las letras. Una vida larga en la que fue testigo de tantas cosas y tiempo le dio a escribir lo que quería. Recuerdo la primera vez que le leí, “La cabeza del cordero”, esos relatos tan desconcertantes y creadores de un mundo sujeto a la propia estética. De ese libro, el Proemio que lo abre es una joya de actualidad, un manifiesto de estética personal, de rebeldía literaria. Lo escribió cuando era joven, hace cincuenta años en Buenos Aires.
Francisco Ayala siempre se me antojó en ser venido del pasado para decirme a mí que la generación del 98, la del 27 la del cincuenta, existieron más allá de las letras, que fueron de carne y hueso. La única vez que le vi en Madrid tuve miedo de acercarme, no por nada extraño sino porque no sabía que decirle a un testigo del pasado, a alguien que venía de allí y podía contarlo.
Ahora queda leerle más. Su sillón “Z” queda vacante y es elocuente que sea la última letra del alfabeto. Él era así, humilde, sin necesidad de fotos y relevancias pasajeras. Era un hombre, según los que le conocieron, sencillo, trabajador y honesto. Adiós a una figura de las letras, maestro e hito indiscutible de las letras españolas.

Panamá desde lejos

Hace unas semanas estuvo por Madrid mi querido Carlos Wynter, un escritor que no se escapa de su oficio sino que ha conseguido inaugurar un universo que sigue en plena expansión y que es regido por él con una libertad creativa que no hace más que embellecerlo. Con su conversación franca y la exposición serena de sus ideas, me trajo por los “madriles” el aire de mi tierra lejana y sus acentos de nostalgia.
Panamá desde la distancia se vive en cada noviembre como un aviso de que el tiempo va poniendo sus brumas en los recuerdos y que uno va entonando distinto el habla a fuerza de vivir lejos del terruño y por necesidad de comunicarse. Cuando estoy allá me dice que hablo “como españolito” y cuando sigo aquí me confunden con los cubanos o los dominicanos y yo les digo que no, que soy de Panamá y me replican, “pero hablas un poco raro, nunca he conocido un panameño”. Encima soy una cosa extraña. Me decía mi amigo Juan Carlos Chirinos, saliendo el pasado día del libro en Madrid de una conferencia de César Aira, que “Varamo”, una novela del argentino, ocurre en Panamá porque “eso está por allá lejos y no lo conoce nadie”. Y es posible que al escritor venezolano no le falte razón.
Pero Panamá existe, claro, a fuerza de recordarlo, a fuerza de ver a mis hijas jugar con una banderita panameña que les va diciendo que en esta casa de Madrid vive alguien que de chico vio ondear otros colores en un asta. Existe a fuerza de soñar a mi abuelita Chela contándome sus películas de miedo o las historias de cuando eran joven con un acento que no es el que me rodea; existe a fuerza de hablar con mi mamá y escuchar los sones de mi tierra en su voz cálida y tan cercana al corazón.
Llegadas las fiestas patrias la nostalgia se enciende y uno revuelve la mirada y siente espanto de no encontrar el camino del mar para volver al terruño, metido en el centro de un Madrid de otoño y sin mar que presagia que el viaje de regreso está pospuesto hasta que vengan tiempos mejores. Que mejor estación del año para la nostalgia que el otoño aquel que le leí hace tanos años en Panamá a Rafael Alberti y que me llenó el alma con sus hojas y sus colores ocres de memoria lejana, de letanía de viento frío y de memoria.
Panamá me duele y me entusiasma a un tiempo en esta distancia que salvan los correos electrónicos y la lectura de noticias y la escucha de videos con la salsa de los buenos de mis años, Rubén, Héctor, Willie, Celia y otros tantos que con su arte han puesto banda sonora a la memoria de esos años en que recorrí mi infancia, en los que hice mi patria que llevo ahora para todas partes con un soniquete de cabanga.
Por eso la visita de Carlos Wynter me supo a gloria y a mis niñas y a mi esposa les acercó lo que ella llama el “universo panameño”. Hablamos del pasado, del presente y del futuro, de lo que queremos que sea Panamá mañana, de lo que deseamos dejar a nuestros hijos, de lo que queremos disfrutar cuando nos lleguen las canas y la vida se torne más cansada.
Panamá la sentí cerquita, desgranada en panameñismos mientras el vino ampliaba la nostalgia y agudizaba la memoria. “¿Sabes que es calungo o chingongo o jugaste alguna vez al guacho o a la lata?” Y nos reíamos y las anécdotas se apoderaban de aquella mesa de amigos reencontrados. Panamá se acercó de la mano de Carlos y en estas fiestas patrias, más que nunca, echo de menos todo aquello. A ver cuando el “Hado” dispone que atraviese el mar.