miércoles, 23 de junio de 2010

Por los senderos con... Leoncio Robles.

Leoncio Robles ha antendido a nuestras preguntas entorno a su libro de cuentos Contraluces que la editorial Baile del Sol le ha publicado en 2009. Aquí nos habla de su oficio de escritor y de su obra.


1. ¿Cómo te fueron llegando estos cuentos o saliste tú a su encuentro?

Bueno, fueron llegando en momentos y épocas diferentes. Por lo general, los temas surgen de hechos que ocurrieron en la realidad y de los que uno fue testigo, pero también surgen de visiones imaginadas, a veces de una simple frase o un verso. Con cierta habilidad y técnica esos embriones terminan convertidos en relatos, con un entorno creíble que imita la realidad para que el lector lo digiera sin cuestionarlo.

2. ¿Te parece que estos cuentos son antropológicos o una suerte de ensayo de geografía humana que nos retrata un Perú poco revelado en Europa?

La intencionalidad de la escritura en mi opinión no apunta a un fin en concreto preconcebido. Al escribir mi única obsesión es que el texto, digamos la forma, tenga fluidez, tratar de atrapar al lector desde el inicio de la manera más persuasiva posible y llevarlo hasta el final, aunque la historia narrada sea en el fondo poco grata. Creo que de los cuentos, los relatos, las novelas se pueden extraer contenidos antropológicos, independientemente del tema o el enfoque elegido por el autor. Es el lector quien otorga o interpreta significados que de manera racional el autor tal vez no se planteó al escribir el relato.

3. ¿Escribes en modo “foto”? Cuando te leo tengo la sensación de que tus escenas están perfectamente equilibradas y que comunican sensaciones muy visuales.

Esas sensaciones que apuntas provienen sin ninguna duda de tu apreciación visual, que es parte esencial de la cultura audiovisual característica de nuestros tiempos de quien lee y de quien describe. No hay intención deliberada. Abundan autores tremendamente visuales cuyas obras son anteriores a la invención de la fotografía y el cine. Me vienen a la mente los Cuentos de Canterbury, por ejemplo. Son tan visuales estos relatos medievales de Chaucer que Pasolini los llevó al cine. En nuestros tiempos cine y literatura intercambian influencias, y puede decirse que se nutren de las mismas fuentes. El modo “foto” que señalas es interesante por la observación, la apreciación que haces del texto narrativo. Puede ser que la fotografía como género te impone la depuración de elementos ajenos al encuadre, a centrarte solo en el tema que retratas. Y aunque son lenguajes distintos, tal vez esa disciplina siga funcionando a la hora de escribir.

4. La protagonista de Josefina ¿es un alter ego de los que escribimos? Veo en ella esa locura del que escribe y espera.

La mujer de ese relato es un personaje muy entrañable para mí. Produce poesía en cantidades ingentes impulsada por el irrefrenable placer de escribir, y es su novio quien trata de sacar alguna utilidad práctica a esa afición suya, de sacarla del anonimato. Si son buenas o malas sus composiciones es algo que a ella parece importarle poco, del mismo modo que ignora si existen otros poetas. Tiene bastante con sacar lo que bulle dentro de ella, y es irrelevante darse a conocer más allá de acceder a la petición de su admirador atormentado. Estoy seguro de que existe mucha gente que escribe por placer y no llega a publicar nunca su obra, al menos en forma de libro. Ahora gracias a la red es más asequible tener lectores, y que sean pocos o muchos da igual.

5. Castillo ¿es un retrato de macho latinoamericano que oculta su “sensibilidad”? Crees que muchos “machos” no te perdonarán esta revelación.

Sensibilidades como la de Castillo existen en todas las culturas, no creo que sea exclusivo del latinoamericano. Esa sensibilidad se manifiesta de diferentes modos y en grados distintos. La diferencia es que el personaje de este relato se expresa de manera desembozada, muy consciente de la visión que tiene del género femenino, una convicción devastadora que no oculta. No creo que haya razón para que los “machos” recalcitrantes tengan que perdonarme. Lo que sí puedo decir es que he recibido opiniones de mujeres de diferentes edades, a la mayoría le impacta la descarnada visión que este personaje tiene de ellas, al mismo tiempo que les hace sonreír el contraste entre lo que proclama y lo que le ocurre en la realidad.

6. En todos estos relatos me encuentro con la soledad de sus protagonistas ¿a qué se debe?

Es cierto, la soledad, la exclusión y la marginalidad están presentes en todos los relatos, aunque no haya sido una elección deliberada. En cualquier ciudad del mundo se convive con estas situaciones, lo ves por todas partes, han llegado a ser normales a nuestros ojos porque tal vez individualmente uno nada puede hacer. Además, son cosas que responden a estructuras sociales complejas y también pueden ser razones existenciales, algo de cada individuo, algo mucho más complejo, donde no rigen estructuras ni soluciones colectivas.


7. Consideras este libro un rescate de personajes silenciados y desconocidos de Perú, de América Latina.

Se trata de escribir honestamente de lo que uno conoce, de las cosas que te removieron la conciencia, o que te golpearon en la línea de flotación de la sensibilidad. Tú sabes que secularmente ha habido y sigue habiendo gente sin voz en toda Latinoamérica, silenciada o ignorada por la Historia digamos oficial. Gente que espera poco o nada del Estado. En estos relatos trato de mostrar esto, pero de manera indirecta, no se trata de denunciar sino de recrear literariamente ese vacío.

8. Varios de tus cuentos los narras en tercera persona ¿a qué se debe este recurso técnico?

La narración en tercera persona es la más extendida, seguida por la narración en primera persona. Yo he tratado de hacerlo en segunda persona en algunos relatos de este volumen porque me sonaba mejor, me resultaba incluso más cómodo y porque insinúa la ambigüedad de que la historia está siendo recordada por el propio personaje narrador, o que una entidad digamos superior, que podría ser su propia consciencia, le está dictando las acciones que lleva a cabo. En resumen, los temas lo imponían así.

9. ¿Qué le debe tu literatura a los viajes y a tu visión de fotógrafo y autor de documentales?

Antes de dedicarme a los documentales o a la fotografía había escrito ya algunos relatos, y me he dedicado por etapas a una u otra actividad. Por tratarse de lenguajes muy diferentes es necesario involucrarse a fondo y en exclusiva. Los viajes nutren la imaginación y amplían la visión del mundo, las gentes que encuentras te revelan que el ser humano en el fondo es igual en todas partes, con sus pasiones e inquietudes, con sus grandezas y sus mezquindades. Por eso hay que huir de actitudes maniqueas dividiendo el mundo entre malos y buenos puros.

10. En qué trabajas ahora.

Si uno trabaja con cierta regularidad y no a golpe de impulsos, a la larga y casi sin darte cuenta tienes un buen puñado de nuevos relatos. Tengo terminado un nuevo volumen con historias que transcurren en diferentes países, o en ninguno, no como en Contraluces, cuyos temas transcurren exclusivamente en Perú. Y como tú bien sabes, siempre hay proyectos sobre la mesa de un escritor. Hay que ir paso a paso, todo tiene su momento.

Contraluces (Reseña)

Para los que quieren conocer un poco mejor el Perú, para los que quieren internarse en las entrañas de lo que los hombres y mujeres alejados del bullicio de las grandes ciudades sienten, Leoncio Robles (Huaraz, Perú) nos retrata con una prosa precisa personajes que se asemejan a nosotros, animales del asfalto, más de lo que creemos. Porque el gran acierto de este libro es acercarnos a personas que están tan lejos de nosotros físicamente pero muy cerca de nosotros en materia de sueños, “padeceres” y vivencias.
Los catorce cuentos que nos presenta Leoncio Robles le han ido llegando poco a poco manifestándose ante el autor que ha ido trabajándolos con esmero de orfebre, poniendo en cada uno de ellos las palabras exactas que mantienen en equilibrio unos sentimientos y unas emociones que están al servicio de cada historia.
Historias estas que nos salen al encuentro para arrancarnos una sonrisa o una lágrima o un reproche. Son los personajes de “Contraluces” (Baile del Sol, 2009) seres hechos de soledad, de ecos de un pasado irremediablemente lejano, obsesionados con sus quehaceres o con sus maneras de ver el mundo, seres de ficción tan humanos que terminan por mirarnos a los ojos para decirnos que también nosotros formamos parte del elenco de estos cuentos.
No debemos perder de vista nada de estas historias. Forma parte fundamental de ellos el paisaje peruano que se despliega ante nosotros. La construcción de las escenas, la posición de los personajes, nos hacen pensar que Leoncio Robles escribe en “modo foto”, colocando narrativamente a cada personaje en su circunstancia para que la historia fluya y nos afecte. Otro aspecto a señalar en esta línea es el lenguaje de los personajes que se comunica con un sabroso deje peruano, con los giros del idioma que nos proponen otras maneras enriquecedoras de llamar a las cosas en este universo tan fascinante que es el español.
Quiero señalar, por la emoción que comunican y por la precisión técnica de los mismos, tres de estos cuentos: Castillo, Josefina y Torero.

Castillo es el retrato interior de un rudo “latin lover” que pretende enseñar a un jovencito como hay tratar y sentir a las mujeres. Un relato entrañable de lo que de verdad va por dentro de las emociones de muchos hombres que sólo muestran una fachada y cómo esos sentimientos se van pasando de generación en generación. No se lo pierdan.
En Josefina se experimenta con la obsesión de los que escriben. Una joven peluquera escribe poemas sin parar y hasta aquí les puedo leer. Con estas dos vertientes de la existencia Leoncio Robles traza un finísimo retrato de la creación literaria por el mero placer de crear. Pasen y lean.
Pero el que más despierta en mi ternura, porque al personaje lo conozco, con otro nombre, con otra historia que contar pero con el mismo aura del pasado que se recuerda es Torero, una hermosa anécdota de juventud que pinta la memoria de un hombre que recuerda lo que fue, o lo que quiso ser. Una joya por su brevedad y precisión para levantar tanta belleza en unas pocas líneas.
Al final de la lectura, no la lean antes, tenemos una nota del autor en la que nos revela el origen de los cuentos. Lo valioso de la nota es que nos permite contrastar nuestras propias sensaciones con el origen de los mismos y nos revela el buen hacer del autor que ha transformado retales de la vida en profundas ficciones.
“Contraluces”, como su propio nombre indica, ha de leerse viendo a estos personajes que se encuentran en el lugar opuesto a la luz, en una penumbra que atrae a la soledad y a la nostalgia. Cuentos que sin duda nos hacen esperar la próxima entrega de este autor que haremos bien en conocer.

martes, 22 de junio de 2010

El futbolisto: El optimismo ingenuo

Aquí está. España 2-Honduras 0. Los fantasmas del 82 se disipan. Menos mal. Ahora bien, lo que me cansa de las retransmisiones de fútbol es el optimismo ingenuo con el que presagiaban una goleada. Porque lo que no pueden pretender estos señores es que nos vayamos a la cama satisfechos por la imagen de la selección. Creo que también el futbol existen un concepto que podríamos llamar nihilismo futbolístico. Mientras ganemos…
Unos señores, jóvenes, que ganan una pasta no pueden ir por el campo con un cansancio indiferente como en el último tramo de partido. Para mí, malos augurios para nuestro enfrentamiento con Chile. Tanta preparación física para terminar con la lengua afuera ante la modesta Honduras que le echó más ganas que los nuestros al asunto.
Podría haber, tenía que haber, caído una goleada que nos asegurara clasificarnos ante cualquier enredo matemático. Pero en fin que parece que nuestros amigos de la tele quieren que nos conformemos con estadísticas y en ellas pongamos nuestra confianza. Dicen que no nos merecemos dos goles que merecíamos más como si el fútbol fuera cosa de méritos y no de poner la pelota (culpable según los entendidos de que los tiros se les vayan arriba a los jugadores) entre los tres palos.
Ahora nos hacen un análisis de las jugadas como si eso fuese a cambiar las cosas: si esta es la seguridad que nos dan échense a temblar, el viernes se puede liar la cosa y si nos quedamos fuera al final los que me estén acusando ahora de cenizo me darán la razón.
Argumentar a este nivel futbolístico la suerte o los astros (como el seleccionador de Francia) o el frío es echarle morro al asunto. La ingenuidad no cabe en el optimismo futbolístico y mucho menos el nihilismo. La cantidad de veces que hemos escuchado durante el partido que la jugada era bonita la verdad es que hacía que me preguntara si se trataba la cosa de un concurso de belleza deportiva donde te clasificas por hacer las cosas bellas. Las cosas hay que hacerlas bien.
La actuación de la Roja esta tarde más que tranquilizar nos preocupa porque con la velocidad con la que están jugando los chilenos y con las ganas que le tiene a España la cosa pinta bastante oscura. Esperemos que el próximo viernes hagan bien las cosas, jueguen al fútbol y no fallen penaltis. En un Mundial no se puede desperdiciar ninguna oportunidad.
Sí, claro que me alegro de la victoria pero prefiero, como dicen que decía el recientemente fallecido José Saramago, ser un optimista bien informado para vacunarme en salud, con una victoria entre las manos, del optimismo ingenuo que nos venden por la tele.
Les recomiendo a Javier Marías para mantenernos entonados mientras las demás selecciones juegan y pasamos nuestro calvario desesperado hasta que llegue la hora contra Chile. “Salvajes y sentimentales” es el título de una reedición ampliada que publica Alfaguara de los artículos del escritor madrileño sobre el fútbol, una delicia literaria y sentimental que no deben perderse. Enhorabuena a todos. O a casi todos.

Nocilla Lab (Reseña)

Agustín Fernández Mallo lo ha vuelto a hacer: se ha metido en su laboratorio con Nocilla y ha experimentado. Con este “Nocilla Lab” (Alfaguara, 2009) cierra el Proyecto Nocilla con el que nos ha deleitado durante estos últimos años. Esta novela no es ni más ni menos que un viaje emprendido por el autor que nos lleva directamente al corazón de la creatividad.
Como una suerte de collage, como una especie de película rodada en Dogma 95 Fernández Mallo nos lleva a la esencia misma del proyecto, a la búsqueda de un hombre y una mujer de sus metas, a la estética total. Porque Fernández Mallo ha escrito no la novela total sino “el proyecto total”, una experiencia literaria que convierte todo en literatura, que muta todo en ficción para someter a la escurridiza realidad a un universo creativo obviamente y necesariamente infinito.
Las técnicas utilizadas para contar este viaje son diversas: la narración propiamente dicha, el foto collages o el cómic y que nos llevan aun sorprendente y muy creativo final.
Mucho se ha hablado del “efecto Nocilla”, de que si el proyecto no era más que un producto de mercado y tantas idas y venidas que ha protagonizado el experimento de Fernández Mallo. La verdad es que la exposición a estos trabajaos, su frescura formal y su desafío a los cánones no es nuevo, vine de Cortázar y no es más que una vuelta de tuerca a lo fragmentario y efímero como vehículo de comunicación de la historia que se quiere contar.

Sin duda alguna la lectura de “Nocilla Lab” requiere, como el resto de sus complementos, una lectura más atenta para encontrar la cadencia de las historias lo cual no es un defecto del artefacto sino un reto para los lectores.
Sin duda que seguiremos hablando de esta “Nocilla literaria” y de sus consecuencias pero lo que es innegable ya es que Agustín Fernández Mallo tiene una poética, es coherente con ella y la lleva hasta sus últimas consecuencias.
Este “viaje al centro de uno mismo” es enriquecedor en sus paisajes que son el fraseo de la primera parte y sin duda alguna los “Fragmentos encontrados” de la tercera parte. Frases como esta “No sé si tendría valor para esa clase de regreso a mí mismo”, constatan lo reflexivo y profundo de este viaje, viaje que termina convirtiendo al propio autor en un personaje de sí mismo, muy vilamatiano.
Para quien reseña resulta particularmente elocuente la entrada en escena de dos de los grandes escritores que creen en las casualidades literarias: Enrique Vila-Matas por España y Paul Auster por el resto del planeta libro y que son tratados aquí como objetos de meta ficción al igual que el propio Agustín. Busquen sobre todo a Vila-Matas y sabrán por dónde anda y qué fue lo último que escribió. No se dejen engañar por las novedades literarias.
“Nocilla Lab” será para los que se lleguen a él una grata experiencia como lectores y un disparador creativo muy interesante. Que nadie se tire de los pelos intelectuales antes de haber pasado por esta interesante propuesta de Fernández Mallo que da para mucho discutir y para mucho que disfrutar.

lunes, 21 de junio de 2010

El futbolisto: Cita con la historia.

Suenan las trompetas y los himnos de España y Honduras inundan el aire sudafricano. Cita con la Historia otra vez. Me recuerda todo a aquel remoto día de junio cuando nos empataron a domicilio en Valencia. Ni naranjito nos pudo ayudar. Todo suena a novela, a venganza, a oportunidad de romper el maleficio. Espera el Futbolisto que los aguerridos hondureños no tengan su noche. Mañana comentamos y espero que sean buenas noticias. En este instante, España ataca y una mano no pitada espero que no se convierta en el fantasmas de esta noche.

viernes, 18 de junio de 2010

Dios ha muerto (Reseña)

¿Cómo sería el mundo sin Dios? Para muchos que no creen esta es una pregunta poco pertinente pero, insisto, ¿cómo sería el mundo si se confirmara científicamente la muerte de Dios? Imagínense por un momento que los informativos de la noche abrieran con esta noticia: “Dios ha muerto. Su cuerpo ha sido encontrado en un campamento de refugiados de Darfur, Sudán…” Con esta categórica verdad Ron Currie (Maine, 1975) abre su primera novela “Dios ha muerto” que Seix Barral publica con gran acierto. El acierto está en el hecho de que de tanto que hay por traducir del inglés hayan optado por una de esas novelas que valen para traer reflexiones y generar debate lejos de conspiraciones vaticanas y excesos históricos.
Dios encarnado en una mujer de sudanesa muere y su cuerpo es comido por unos perros… En ese mismo primer capítulo Colin Powell ante esa mujer sufre un cambio radical en su vida y manda a la porra al mismísimo George Bush por un asunto de conciencia. A partir de aquí, nada es lo que parece: el mundo da un giro inesperado hacia el caos.
Currie pinta un mundo traumático, desafectado, donde en cada capítulo, muerto Dios, la vida se torna cada vez peor. La discusión entonces ha de plantearse en términos de si esta muerte de Dios es ideológica (un capítulo nos describe las ideologías advenidas después de su muerte) o física (otro capítulo nos narra la transformación de los perros que comen un bocado del cuerpo de Dios y otro hombre que lo intenta) o será que esa idea o anhelo de la existencia de Dios es la que frena la maldad humana (un capítulo nos habla de cómo el amor a los niños desaparece y otro que describe como la vida no vale nada y unos y otros deciden matarse para escapar del gran caos). Lo cierto es que Currie abre alternativas de reflexión y cada uno debe ir por ellas hasta sus propias conclusiones.
La novela nos sitúa en un mundo apocalíptico después de Dios, con ideologías que deshumanizan al hombre, con vacíos profundos que no parecen llenarse con nada. El mundo, lejos de mejorar con la desaparición física de Dios parece deslizarse hacia una pendiente de autodestrucción que, si bien es muy conocida en el Hombre parece ser frenada en su dimensión total por Dios, su presencia o la creencia en Él.

Y es que la lectura de esta obra hace más pertinente aun la frase aquella de Chesterton que dice que “lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa”. Ron Currie nos narra la guerra que se abre en varios frentes a nivel mundial por el hecho de que el Hombre se haya planteado ideologías que lo único que consiguen es en encono y el enfrentamiento. Esto no quiere decir que la “religión”, tomando a Dios como excusa, haya teñido de sangre la historia de la humanidad. El tema da para mucho.
Es irrelevante aquí cuál es la posición del autor ante la existencia de Dios. Ésta es una novela muy bien llevada, muy aséptica (son los personajes los que hablan, los que piensan, no son portavoces del autor), narra, deleita, conmociona.
El manejo de los textos bíblicos que abren cada capítulo deja ver un conocimiento de la Biblia que no es usual. Quiere poner de relieve el contenido de cada capítulo haciéndolo depender del texto citado de las escrituras, que es fundamental para la comprensión de lo narrado.
Uno de los capítulos más redondos es sin duda alguna “Mi hermano el asesino” de una limpieza y rotundidad narrativa que merece una distinción a parte dentro del total de la novela. Esta pieza funciona muy bien sola como pasa con el capítulo “Veranillo de San Martín” de una brutalidad arrolladora y de una fortaleza narrativa que les fascinará.
Con un estilo directo y contundente, los diálogos y descripciones van al grano. Las atmósferas bien creadas dan los respiros necesarios al lector para que se recupere, si eso es posible, del caos anterior, para que se prepare para el que le sigue. Siendo una novela mediana para el tema (235 páginas) la sensación de intensidad que te acompaña durante toda la obra y las reflexiones que suscita hacen de esta un gran acierto técnico y una interesante propuesta reflexiva sobre la religión y su relevancia para el hombre de hoy.

El futbolisto: El omnipresente fútbol

Ahora que me fijo, el fútbol anda por todas partes. Banderas, camisetas, souvenirs, ropa interior, bufandas y demás artículos. Y no sólo eso, ha conseguido que parte de su argot forme parte de la vida diaria del común de los mortales practiques o no el nobel deporte del balompié. Esta palabra la recuerdo yo de mis años de primaria cuando estudiaba en el colegio salesiano con los libros de don Fernando Lázaro Carreter que se confesaba “incompetente” para los asuntos del futbol en un delicioso artículo del año 1981. Y es que al final el inglés nos ha metido un gol con lo de “football” y no digamos nada de lo “goal”. Pero la lista de términos del argot futbolístico que usamos a diario es larga y seguro que conocen más de una y yo ignoro, seguramente, otras tantas.
Por ejemplo la trillada “casarse de penalti”, que esconde detrás de la pena máxima el hecho de casarse porque se ha quedado embarazada la chica. Conocemos a más de uno que le paso y la cosa no fue tan mal. Lo malo, me dicen, es que el penalti se lo metan a uno.
“Meter un gol”, es otra de esas que no significan otra cosa que nos han engañado. Me dicen que es peor que te metan un gol “por toda la escuadra”, que duele más y para los porteros es una zona inalcanzable de la portería., vamos, que muchas veces es inevitable.
Pillar a uno en “fuera de juego”, que significa que te cogen desprevenido o en una situación comprometida. Ejemplo de ello es lo que pasa en la oficina cuando estamos navegando por internet y el jefe llega por detrás y se te queda cara de “no es lo que parece”.
Pero la peor y la que más me ha hecho daño siempre es esa que te dicen en el terreno de juego: “no le metes un gol ni al arco iris”. No me digan que la cosa no es para echarse a llorar. Yo soy uno de esos a pesar de mi tarde de gloria en la que me retiré del fútbol en activo. Un poco de eso nos pasó ayer contra los suizos. Xavi Alonso le dio al arco iris pero no le metió un gol.
Pero el fútbol no sólo se ha colado en el habla de todos. Hoy se ha colado también en política. Resulta que cierto partido (político no de fútbol) esta orquestando una campaña para dejar de llamar “La Roja” a la Selección Nacional de fútbol. Ya lo de nacional le puede sonar espeluznate a más de uno, pero no vamos a seguir por allí. Resulta que algunos ven fantasmas del pasado e invocan con terror a la Pasionaria. En fin, que en España ocurren cosas más serias que todo esto. Curiosamente un chileno me puso de manifiesto que la Roja ha sido tradicionalmente la Selección de Chile como la albiceleste la argentina o la charrúa la uruguaya. La panameña es la Marea roja, me dicen, y aquí todos tan contentos.
El fútbol, a pesar de los goles que le mete al idioma por la escuadra, es un deporte que trata de vincular, que pretende sostener con su épica unos valores necesaria entre los hombres y las mujeres de bien no caigamos en discusiones político-coloristas que no hacen bien a nadie. La bandera aparte de roja es gualda (palabra que también aprendí en los libros de Lázaro Carreter que aludía en el ejemplo práctico a la bandera de España), es decir, hay más de un color para la ilusión, para la unidad.
Hoy no me salgo del recuerdo de Fernando Lázaro Carreter, que fue director de la Real Academia y gran maestro e intelectual, y os recomiendo “El dardo en la palabra” (hay varias ediciones e incluso una segunda parte) para que nos divirtamos aprendiendo a regatear (mejor que driblar aunque se puede decir) a los rivales de nuestra lengua.

Muere José Saramago

El nobel portugués José Saramago ha muerto hoy en Lanzarote. Más allá de los desencuentros con su actitud política hacia el régimen de Castro, está su buen hacer literario, no tanto en sus últimas novelas sino más bien en las primeras. Pienso en “Manual de Pintura y Caligrafía” y “La caverna” por ejemplo. O “Ensayo sobre la ceguera”. Las entradas en el blog que mantenía constituyeron para mí una lectura muy constructiva y se publicaron en “El cuaderno” el año pasado. Nos sumamos al pesar por su pérdida y sabemos que su legado va a acompañarnos por muchos años.

jueves, 17 de junio de 2010

El futbolisto: Tarde de infarto

La cosa se torció pero tranquilos. “Estos hombres nos hicieron campeones de Europa” ¿Y qué? La frase no es mía, se la debemos a Camacho que en la trasmisión del partido se empeñó en hacernos creer que las cosas saldrían bien. En fin, cosas del fútbol (eso es lo que toca decir), que es a lo que más se recurre en estas circunstancias.
La verdad es que la cosa comenzó con el himno nacional y los rostros contenidos y concentrados a tope. Los suizos no parecían peligrosos mientras escuchaban con emoción su himno. Yo volví a confiar en que los chocolateros y relojeros no son buenos futbolistas. Además los nuestros habían ganado la Eurocopa. Aunque también perdieron la Copa Confederaciones pero intenté espantar los malos augurios. No soy supersticioso pero por si acaso mejor no recordar.
El partido arrancó y la cosa pintaba muy bien. Toque correcto, presión al contrario y las posesiones de balón eran abrumadoras. Todo según lo previsto, como ocurre cuando escribes una novela: los personajes controlados, las atmosferas correctas, las tramas y subtramas al servicio del escritor con el objetivo de contar lo que queremos, es decir, España gana el partido. Pero precisamente la cosa cobró más sentido cuando los personajes secundarios se revelaron para tomar protagonismo.
Fue un error pensar que los personajes no se revelan, sobre todo los secundarios. A quién no le ha pasado que teniendo un personaje menor termina por liárnosla y exigir por sus fueros más protagonismo de lo que hubiéramos deseado. Eso hicieron los suizos chocolateros con precisión de reloj de la casa. Esperaron y la ocasión llegó, pero de qué manera.
¿Mala suerte? No, es que la vida misma es así, como cuando escribimos. Siempre se debe contar con el factor “personaje secundario” dado que a nadie, sea ficción o realidad, le gusta ser el segundo. Los suizos buscaron y buscaron y ocurrió el accidente como decían en la trasmisión del partido. Una mala salida de Casillas, rebotes con suerte y un tal Fernandes, suena muy castellano, que mala pata, y gol a golpe de suerte. Personajes secundarios que toman las riendas de la novela.
Pero tranquilos, que nos queda mucho Mundial y muchas ilusiones. Los nuestros dicen que se van a dejar la piel y la afición, luego de la correspondiente pataleta dice que sigue al pie del cañón. Si es que nos apuntamos a un bombardeo.
Hay que confiar, nos piden por todas partes y los especialistas ya van dando fórmulas de lo que Del Bosque tiene que hacer para ganar. De hecho Luis Aragonés dijo que el grupo se va a recuperar que todos tranquilos. Bien, lo haremos. Mientras vamos a esperar el siguiente partido con Honduras (recuerdo aquel 82 en el que empatamos con ellos a un gol) seguiremos hablando de fútbol y memoria.
Hay un librito que os recomiendo hoy para amenizar la espera hasta el siguiente partido. “Cuando éramos los mejores” de J.J. Armas Marcelo (Temas de hoy, 1997) es uno de esos textos emocionantes, tejidos con puntadas de melancolía y ternura. Habla de de fútbol y vida.
Y tranquilos, estos hombres nos hicieron campeones de Europa. No sé si es un consuelo pero es lo que hay.

Texto invitado: Entrevista a Enrique Vila-Matas por el grupo de Facebook "Leyendo a Enrique Vila-Matas": Parte 2.

11.- ¿Cree usted que Riba logra, después de todo, “ausentarse” gracias a la ironía que a mi parecer empapa su trayectoria vital en la novela? Yo así lo pienso.

R: Creo quien se ausenta a veces es su genio particular, su Genius. Claro que cuando la sombra genial reaparece en Glasnevin, uno comprende que leer la novela bien valía una misa, una misa en Dublín, que no en París, la verdadera gran ausente del libro.

12.- ¿Cuál cree que ha sido el gran motivo cultural por el cual la “palabra saturada” de Joyce se transformó en la “palabra enmudecida” de Beckett a lo largo del Siglo XX?

R: Sólo sé que de la epifanía fuimos a la afonía. Y aquí juzgo pertinente recordarle aquel momento de París no se acaba nunca en el que cuento que un día vi a Beckett en el Jardín de Luxemburgo. No tenía previsto que pudiera encontrármelo algún día. Sabía que no era un clásico muerto, sino alguien que vivía en París, pero siempre le había imaginado como una oscura presencia que sobrevolaba la ciudad, nunca como alguien al que uno se encuentra leyendo desesperado un periódico en un viejo parque frío y solitario. Le estuve espiando y vi que de vez en cuando pasaba página, y lo hacía con una especie de enojo tan grande y una energía tan intensa que si el Jardín de Luxemburgo entero hubiera temblado no nos habría extrañado nada. A llegar a la última página, se quedó entre absorto y ausente. Daba más miedo que antes. El amigo que me acompañaba en aquel espionaje me dijo: “Es el único que ha tenido el valor de mostrar que nuestra desesperación es tan grande que ni palabras tenemos para expresarla”. Entiendo, siempre que recuerdo esas palabras de mi amigo, que Beckett aún llevó más lejos el callejón de salida de Joyce, de quien fue, por cierto, secretario. “Ni palabras para expresarla”. Es una verdad a medias. Gracias a decir que no hay palabras, uno se anima a encontrarlas. Mi obra literaria se ha movido siempre en diferentes callejones sin salida, encontrando, de todos modos, salida en cada uno de ellos, pero yendo a parar a callejones nuevos en los que prevalece aquella frase de Kafka que figura en mi imaginario escudo de armas: “Y no hay salida”.

13.- ¿Es consciente de que es un incitador al consumo masivo de Biodramina por crear en el lector una sensación de vértigo mareante al mostrarle parte de la Biblioteca de Babel y dejarlo abandonado en una de sus galerías buscando libros eternamente?

R: No, no soy consciente porque no es mi intención crear vértigos. En cuanto a la Biodramina, hacía tiempo que no oía hablar de ella. Recuerdo haber tenido experiencias muy buenas con ella. En un barco de Almería a Melilla todo el mundo vomitaba menos yo. Marzo de 1971.

14.- Sin que haya una simetría exacta o paralelo completo, ¿no le debe mucho Samuel Riba, protagonista de Dublinesca a Federico Mayol, protagonista de El viaje vertical? ¿La oración de los escritores de Samuel Johnson en Dublinesca es real o apócrifa? ¿Si es real, dónde se puede leer? ¿Hay un referente en la vida real del personaje que es un escritor colombiano en Dublinesca o es mera invención?

R: Para Riba me inspiré en una persona de la vida real que es distinta de Mayol. Algo retocada, la Oración de los Escritores la saqué, en efecto, de Samuel Johnson; la encontré en la página 211 de The Paris Review Entrevistas (edición de Ignacio Echevarría, editorial El Aleph), en una entrevista a Kurt Vonnegut. Ese libro precisamente me lo recomendó un escritor argentino que vive en Barcelona y en el que está inspirado -en parte, sólo en parte- el personaje de Ricardo, el colombiano.

15.- Existe alguna analogía entre Dennis Clegg y Samuel Riba?

R: Comencé la novela pensando que Samuel Riba se parecería a Denis Clegg, aunque más viejo, claro. En los orígenes de Dublinesca estaba Clegg. Después llegó Riba.

16.- ¿Y después de parida Dublinesca, por dónde van sus futuros retoños? ¿Qué nos puede adelantar de sus inquietudes y planes literarios?

R: Estoy trabajando en un nuevo libro sin que quiera adelantar nada, pues sería absurdo describirle ahora un parto en ciernes, como si yo me creyera que voy a ser mamá. Eso sí que sería una parida, una parida luminosa.

17.- Si la era Gutenberg finalizara mañana y el papel desapareciera. ¿Publicaría novelas digitales? ¿Esa modificación perjudica al escritor o sólo al lector?

R: Sin papel me costaría escribir, ya que trabajo en el ordenador y corrijo con lápiz walseriano sobre el papel.
18.- ¿Podría usted desarrollar los cinco puntos de la teoría literaria propuesta por Riba? (pág. 15). Además de Le Rivage des Syrtes, ¿qué otros libros cree usted que cumplen con los requisitos de la teoría de Riba?

R: El propio Dublinesca. En cuanto a la teoría de los cinco puntos la desarrollé en Perder teorías, un libro que publicaré en septiembre, en la colección Únicos, de Seix Barral. Para quien tenga prisa por leerlo, se halla ya publicado en Francia, en bolsillo: Perdre des theories (editorial Christian Bourgois).

19.- Siempre me ha llamado la atención el hecho de que mantengas una ética literaria y estética que defiende la independencia entre arte y la difusión de valores morales o ideológicos (o la denuncia social). Esta novela mantiene todos los ingredientes del mundo literario al que nos tienes acostumbrados en los últimos años pero incorpora en la historia un debate (la transición Gutenberg-Google) que lleva años provocando ríos de tinta y en el que normalmente se pide posicionamiento (pregunta 19, por ejemplo) a los autores. ¿Se trata de una ampliación del espectro de las paranoias recurrentes de los escritores o es este el principio de un cambio en tu propia teoría literaria? ¿Has decidido que el escenario de tus novelas no es solo ya la “realidad” literaria sino, por poco que sea, la realidad común a todos tus lectores?

R: Vuelvo a lo dicho anteriormente. Cuando hablo de literatura, estoy hablando de todo lo demás, de la vida y de la muerte y de todo lo que gira alrededor de ellas, pero reconozco que Dublinesca es un libro especialmente centrado en los seres humanos, un libro sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la pasión, sobre la felicidad y la desgracia, quizás más humanizado que los anteriores, quizás he ampliado horizontes más que nunca; si ha sido así, es decir, si he ampliado la vista o el panorama, eso puede haberse debido a una dinámica inherente a mi propia obra y a los movimientos de renovación constantes a los que suele estar sometida.

20.- ¿Quién es el que busca? ¿Riba? ¿Mayol? ¿Vila Matas? ¿Qué es lo que está buscando Vila Matas?

R: Nunca busco nada, salvo cuando busco los más oscuros paisajes de la gramática Shandy.

21.- Uno de los postulados formulados en la Teoría de la Novela -que según ha contado en Buenos Aires desarrollará en su nuevo libro- es conectarla con la alta poesía.
¿Cómo se establece esta conexión, cómo lo ha hecho en Dublinesca? Por otra parte, cuando el lector lee la novela, ¿está consciente de la presencia de la alta poesía en lo narrativo?

R: Dublinesca no sería nada si no existiera la poesía, pero no puedo obligar a nadie a que encuentre la poesía entre sus páginas, porque la poesía se detecta o no, no hay vuelta de hoja. Yo la sé ver en el libro, quizás porque me hallo en un sitio con un buen panorama sobre las ventanas altas de Grand Central Station de Nueva York. O quizás porque me hallo en un lugar con mucha luz, el lugar desde el que precisamente contesto esto y desde donde ahora mismo estoy apreciando con inquietud que la lluvia azota sin piedad un tren de 21 pasajeros, cada uno con su pregunta. Un tren muy cercano, abandonado de súbito.

Participaron en esta entrevista: Juan Salas Villanueva, Alejandra Moglia, Susana Borobio, Angeles Prieto Barba, Magdalena Herrera de Boersner, Leandro Montaña, El Papasquiaro, Norkin Gilbert, Carlos Alberto Navarrete Ortiz, Javier Avilés, Nacho Tusquets, Nicolás Valdés Mavrakis, Pepa Botella Pérez, Juan Pablo Plata, Ana Esquivel, Adolfo López Chocarro, Santiago Morales, Karlatone Olvera, Kristina Pla, Ma. Estela Calápiz y Elisa Rodríguez Court.
PD: Les invito a leer un texto previo sobre mi relación con Enrique Vila-Matas: "Vila-Matas, perseguidor". (pincha aquí)

Dublinesca (Reseña)

La vuelta de Enrique Vila-Matas a la novela, como viene siendo costumbre, se convierte en todo un acontecimiento literario y cultural. La expectación se desata y todos sus lectores como locos, o convertidos en libros, van a las librarías para compara su última obra en la que esta vez el protagonista es un editor y para darle más morbo al asunto el cambio de editorial desde su habitual Anagrama a Seix Barral dispara todos los mentideros literarios.
Pero “Dublinesca” (Seix Barral, 2010) no es una venganza ni un ajuste de cuentas, pierdan cuidado, es Vila-Matas en estado puro, pura novela, ficción, literatura, pura vida. Una obra que dentro de la trayectoria solvente de Vila-Matas marca un antes y un después ya que a todos nos afecta un cambio de editorial, de médico y hasta de libreta para escribir. Es esta una obra de una envergadura formal y existencial muy distinta y diremos de mayor calado que sus anteriores novelas sin desmerecerlas, sin empañarlas, una novela que demuestra que el escritor sigue creciendo, sigue madurando en su oficio.
Samuel Riba es el último de una estirpe de editores de raza que se ve acorralado por los años y su retirada del mundo editorial, entre la grisura de su carácter y su existencia atormentada y sobria porque el alcohol le mantenía templado para tomar las decisiones que le ayudaron a crear su catalogo editorial lleno de prestigio y buen oficio.
Pero ahora Samuel está retirado, sobrio y con una mujer a la que no quiere fallar y que se quiere hacer budista. Una conversación con sus padres le pone sobre la pista de Dublín, un sueño se lo confirma y sus ganas de celebrar un funeral por la era Gutenberg lo lleva hasta aquella ciudad para hacerlo pero no lo hará solo: se buscará a un grupo de personajes que recuerda directamente a la novela irlandesa por excelencia: “Ulises” de James Joyce.

“Dublinesca” es una novela que aparte de contarnos la historia de Riba es un homenaje a esa gran novela del siglo XX que es “Ulises” que es una presencia constante en la novela como si de un personaje más se tratara. Todo es muy irlandés, todo es muy joyceano y nos encontramos con saberes, pareceres y otras sentencias muy libres sobre la interpretación de la obra de Joyce desde la perspectiva de un lector en decadencia vital. Los personajes se van poco poco convirtiendo en los personajes de Joyce, poco a poco se van convirtiendo en personajes del propio Riba que va dibujando su propia historia a lo “Ulises”, que va cogiendo impulso para dar lo que llama “el salto inglés”.
Riba, luego de haber leído de todo, bueno y malo, metido en esta etapa existencial, se lee a sí mismo como un texto denso, oscuro, lleno de pasajes oníricos y metaliterarios (aunque la metaliteratura no exista) que le hacen cuestionarse su existencia en términos de ficción o no. Surgen en ese ir y venir de citas de libros y autores (Eliott, Beckett, Vilém Vok y hasta el pintor Edward Hopper) las famosas casualidades literarias, el azar austeriano (Auster hace un pequeño cameo en la novela).
Libro denso este “Dublinesca”, toma su título de un poema de Philip Larkin (poema que Riba lee en el funeral por la era Gutenberg), merece mucho la pena el trabajo de lectura paciente. Es una novela llena de guiños a otros libros, guiños que van creando una secuencia azarosa de posibilidades de lectura y comprensión de la historia que permite que juguemos por más tiempo con el artefacto literario que es esta novela.
Es también una lectura crítica del mundo editorial, de los cambios que ha sufrido, de lo diferente que es todo ahora en el mundo de la edición. En un momento de la novela (páginas 297-298) a Riba se le quiere hacer un homenaje que preparan tres editores de nuevo cuño, de ideas y fundamentos distintos que me parecen ser los tres tipos básicos de muchos editores de hoy día. Busquen, lean y sorpréndanse, o no.
De los últimos libros de Vila-Matas este me parece uno de los más poéticos. La prosa sobre todo hacia la parte final, surge como poesía, es de una factura hermosa y precisa que atrae a las emociones pero sin desbordarlas. Dada la cercanía de la propia ruina, Riba va adquiriendo una voz más rica y melódica, va caminando hacia la luz por decirlo de alguna manera, hacia un réquiem por su propia existencia, hacia su comienzo final.
“Dublinesca” es un canto a la gran literatura, a las obsesiones que de ésta heredamos y nos persiguen por doquier, y es también el relato de un hombre que encuentra en la celebración del final un principio por el que seguir. Una brillante historia de la grisura y de los tormentos y de lo difícil que es comenzar la vida o continuarla cuando dejamos de hacer lo que más nos gusta. Una retrato de un hombre que seremos todos algún día, tarde o temprano, y que invita a la risa y a la melancolía a partes iguales transformándonos una vez más en libros, despertando en nosotros las muchas letras que amenazan con hacernos perder la razón y hasta la locura.

miércoles, 16 de junio de 2010

Editor (Reseña)

¿De dónde vienen los libros? Para los que se hacen esta pregunta este les va a interesar ¿Qué es un editor? Este libro también les vale ¿Cómo era el mundo del libro el siglo pasado? También pueden leerlo ¿Qué hace un editor? Esta memoria de escritores y libros no les va a defraudar.
Trama editorial nos ofrece un hermoso libro que es historia literaria, autobiografía de libros, memoria de una época, recuerdos de una vida. “Editor” (Trama editorial, 2009) de Tom Maschler (Berlín, 1933) viene a poner voz y rostro a uno de los hombres que ha estado detrás de los grandes libros que se publicaron en el siglo XX, que ha sido protagonista de la historia que hay detrás de cada libro que este editor alemán metido a inglés ha dado a la literatura inglesa y que luego se han vertido al español. Y digo “dar” porque los libros no vienen de París como los niños, hay un trabajo de fondo, un parto (como con los niños es verdad), que da a luz el libro deseado, el libro que viene para quedarse. Como el propio Maschler dice, “ser un buen editor es cuidar el libro”.
Maschler comienza su relato con la historia de cómo se creó “París era una fiesta”, como él y la viuda de Hemingway “montaron” el libro que para muchos de nosotros, sin duda alguna, es de lo mejor de Hemingway y cuyo título tanto juego a dado durante todos estos años. Este hombre Tom Maschler estuvo allí. Pero la cosa luego pasa por sus años de infancia y juventud, por su relación con su padre que también fue editor, por las fiestas con grandes escritores y por las decisiones que él mismo reconoce que son muchas veces subjetivas a la hora de publicar un libro.
Mención destacada por lo que nos toca merece el capítulo que le dedica a los escritores hispanoamericanos a los que publicó en inglés: García Márquez y Vargas Losa, Borges y Carlos Fuentes entre otros. Es curiosa su teoría de por qué Gabo Y Vargas Losa dejaron de hablarse. Busquen y juzguen ustedes mismos.

Nombres como los de Amis, Barnes o McEwan entre otros son de los grandes de las letras inglesas que han sido vertidos al español con una excelente acogida. Maschler nos habla de su oficio y de cómo muchas veces la suerte jugó de su lado al apostar por unos escritores que eran desconocidos.
Más que una autobiografía al uso este es un libro que rescata la memoria, que pone en orden las vicisitudes de la vida, que da cuenta de la alegría de haberse arriesgado para legar al mundo uno de los mejores catálogos en inglés que se hayan publicado.
Este es uno de esos libros que quedarán para la historia de la actual literatura y sus entresijos. Un texto que narra la historia de fondo de cada libro y que actúa como homenaje a la figura de los protagonistas de las aventuras de los libros antes de llegar a las librerías. Ese protagonista es sin duda el editor y Tom Maschler es uno de esos personajes de lujo que figuran en la memoria silenciosa de muchos de los grandes libros del siglo XX.

El futbolisto: La hora de las ilusiones

Hoy es el día y a las 16:00 es la hora: España se la juega con los suizos que lo mejor que tienen es el chocolate y los relojes, precisos y preciosos (por lo que cuestan) pero también tendrán su orgullo. Y allí está la cosa, que en un Mundial el orgullo, el pundonor, la gesta heroica se lleva mucho. Espero que los suizos ofrezcan un buen partido para que los nuestros se luzcan.
Esta mañana las calles están inundadas de una emoción que hace que parezca viernes. Es el día del partido y en las oficinas se preparan para regatear a los jefes, buscan por internet un portal que ofrezca el partido aunque sea en chino y muchos han pretextado médicos recogidas insólitas de hijos y hasta de sobrinos o simplemente han optado por la verdad: me quedo en casa para ver el partido. Algunos jefes, sabiendo lo que hay, están dispuestos a poner un televisor con el partido con tal de que no se les queden en casa los empleados y muchos de ellos han llegado embutidos (muchos no tienen los cuerpos de los jugadores) con la camiseta de la Selección para ir entrando en ambiente.
Las puertas de los colegios están teñidas hoy de camisetas rojas, de los números de Villa, Xavi, Casillas y nuestros demás héroes. Incluso he visto hoy alguna de las antiguas con el siete de Raúl que a muchos les parece que tendría que estar en esta Selección. Las ilusiones se desbordan y todos quieren que en medio de la que nos está cayendo que nos venga una buena noticia desde el Continente Negro aunque las cosas en materia social y política pintan de ese color nuestra realidad.
Muchas oficinas ofrecen a sus empleados ver el partido en su puesto de trabajo con tal de que no falten y muchos hoy han llegado al trabajo con la camiseta
Vicente del Bosque, ese hombre tranquilo y humilde, ha decidido con buen criterio enfriar la euforia sin enterrar las ilusiones. Muchos son los que ven a la gualdiroja campeona del mundo pero la verdad es que hay que ganar en el césped y la elástica tiene que ser sudada.
Visto lo visto hasta hoy España parece tener muchas posibilidades. Brasil incluso tuvo una primera parte muy pastosa y los norcoreanos les tuvieron arrinconados. Los portugueses empataron a cero y ni Ronaldo pudo hacer nada. Los nuestros tienen la oportunidad de hacer algo grande pero no debemos dejarnos arrastrar por la euforia.
Hoy toca ilusionarse y creo que esa es una de las grandezas del fútbol: consigue que la vida se detenga y que se proyecte sobre el terreno de juego. Allí podemos golear a las circunstancias, allí podemos encontrar esperanzas, allí en el césped está la lucha que sostenemos. Hoy España se detendrá y no será por una huelga sino por una juerga roja que si ganamos se va a extender hasta llegada la hora de la cena en la que pondremos el telediario y celebraremos otra vez la alegría o la derrota.
Para que la espera no se haga muy larga podemos ir leyendo “Cuentos de fútbol (Alfaguara, 1998) (yo tengo sólo el tomo 2) que Jorge Valdano selecciona y prologa. La literatura otra vez revolotea por la cabeza del futbolisto y le recuerda que cada partido es como un libro nuevo para leer. Nunca sabes cómo va terminar aunque el título te llame la atención. Espero que esta tarde nuestro libro partido tenga un final feliz.

martes, 15 de junio de 2010

El futbolisto: Vértigos, vertidos y otros vestigios futboleros

Nada más enterarse mis amigos de que ando haciendo comentarios futboleros me quieren sacar los colores diciéndome que esto se debe a los vestigios futbolísticos de mi infancia, que siempre he sido un futbolero latente. Me quedé de piedra. Ahora me mandan reseñas de los partidos, me ilustran con las posiciones de los jugadores y hasta me han mandado un enlace a la federación española de futbol para que no pierda de talle, página que por cierto no contiene nada. Así nos va. El fin de semana arrancó con empates, todos ganadores y todos perdedores a un tiempo. Entonces vino Argentina y ganó 1-0 y Messi, el mejor de este deporte según se dice, parecía estar exultante aunque no marcó ningún gol. Bueno, lo importante es participar y Maradona convirtió la selección albiceleste en una selección blaugrana. Messi ha dicho que “me sentí como juagando con el Barça”. Vaya, para que luego digan.
Los gringos jugaron contra los ingleses, sí, esos del vertido, y gracias a la inestimable ayuda del portero, de apellido Green (no me digan que no es elocuente), consiguieron empatar. Al portero se le escapó, como el petróleo en el golfo de México, el control Jabulani, que no es su novia surafricana, sino el nombre del balón de este Mundial. Al parecer cada balón tiene su nombre como la mascota del evento. Sigo aprendiendo cosas. Había ganas de revancha pero no pudo ser: empate en el terreno de juego y goleada ecológica de los ingleses por muy Green que se llame su portero.
Luego los franceses no pudieron con los uruguayos. Me dicen desde allá que varios panameños militaron en las filas del futbol de la tierra de Benedetti por allá por los años del primer Mundial. Lo que hace el fútbol. Por cierto del seleccionador francés hablaremos otro día, un tipo raro este, amigo de los astros y no precisamente los del fútbol.
Los alemanes aplastaron a los australianos y del resto de los partidos apenas me llegaron noticias. Eran encuentros “menores” aunque en esto del fútbol hay que ir, según las palabras de nuestros jugadores, con humildad, con respeto al rival. Lo triste de estas jornadas es que nuestros vecinos griegos no se quitan la negra que tienen encima ni en el césped ante ¿Korea?, que les gano 2-0. Error defensivo me dicen mis asesores. Lo mismo que con la economía. El futbol es así. Y La crisis.
La nota triste de estas jornadas inaugurales la puso la trágica muerte de la bisnieta de Nelson Mandela. Repaso algunos pasajes de su autobiografía “El largo camino hacia la libertad” (El País-Aguilar, 1995) y me emociona la capacidad de superación de un hombre que recorrió un largo trecho hasta donde está hoy y las tristezas no le dejan. Un camino por un túnel oscuro que es también el camino de un continente que, por mucho Mundial, sigue necesitando del compromiso de todos. El libro del que les hablo lo reedita Aguilar y se los recomiendo mucho.
Mañana les recomendaré otro libro, pero este futbolisto aunque tenga en la cabeza un balón rojo y gualdo, le revoloteen por la cabeza libros, anécdotas y novelas inconclusas por leer y por escribir, lo que desea es que debuten los nuestros. Me parece que he de reconocer el vértigo de que no todo está en los libros: el resto está en el fútbol.
PD: la imagen del futbolisto está basada en una viñeta original de KomicElx.

La cosecha de Samhein (Reseña)

La cosecha de Samhein (Alfaguara, 2009) de José Antonio Cortina (Vitoria, 1972) inaugura una ciudad, la ciudad de Rocavarancolia y nos narrará sus avatares y siniestras aventuras en tres entregas que si mantienen el ritmo de esta primera están llamadas a ser la trilogía de literatura fantástica juvenil más importante del momento. Y que lo de juvenil no desanime a nadie que la novela es para todos los lectores. Y es que la prosa cadenciosas y envolvente de este escritor vitoriano termina por arrastra los mayores a una aventura que se supone que está planteada para los más jóvenes.
La historia arranca el 31 de octubre, ingenuamente, de forma casual. Héctor y otros once chicos son engañados y llevados a la ciudad de Rocavarancolia: son la cosecha de Samheim. Estos jóvenes han de sobrevivir hasta la Luna Roja pero en treinta años ningún joven lo ha hecho.
La atmósfera, los diálogos sencillos y directos, la trayectoria del antihéroe pero que irremediablemente tiene que serlo (Héctor) consiguen tenernos a la espera de la resolución de esta historia que nos regala la inauguración de un nuevo territorio mítico como Celama o Región: Rocavarancolia.
Esta es una ciudad terrible, densa y desesperanzada con un destino irreversible en apariencia, con esperanzas grises puestas en esta nueva cosecha de jóvenes. José Antonio Cortina crea una atmósfera, no un escenario. Esta ciudad no es un decorado de cartón piedra, es un personaje más que no debemos convertir por inercia en simple relleno.
Las aventuras de los jóvenes se intercalan con la vida de la corte de Rocavarancolia, dándonos una perspectiva completa entre las incertidumbres de los chicos y las esperanzas de una ciudad que espera con ansia esa Luna roja. Pero las cosas no serán fáciles para ninguno de los dos grupos.

La historia sufre varios giros sobre sí misma lo que técnicamente la hace muy atractiva y la convierte en una obra sorprendente que se retuerce sobre sí misma para desconcertar al lector, para volver atraparlo, para volver ha hacerle repasar lo vivido por los personajes que no bajan la guardia en ningún momento de la novela.
Construidos sólidamente los personajes de “La cosecha de Samhein” son conducidos con maestría por el autor dotándolos de verosimilitud y llevándonos a la empatía con ellos aunque a veces actúen de modo inverosímil pero no olvidemos que se trata de una novela de género fantástico.
La trama y su fondo son difíciles de explicar sin traicionar la novela y dejar desajustada esta maravilla de obra que depende para su disfrute de la absoluta inocencia y desconocimiento del lector para poder llegar a conectar con la historia. Una historia que no hace más que comenzar porque le faltan dos entregas más.
No le perdamos la vista a este autor y a su saga que promete darnos muchas más noches de aventura y que tiene que respondernos a tantos interrogantes que se nos vienen encima una vez terminamos la novela, una novela que les fascinará.

lunes, 14 de junio de 2010

El futbolisto: Locos por el fútbol

Me sorprende ver los colores de España por todas partes. Dice José Antonio Jáuregui en su excelente libro “España vertebrada” (Belacqva, 2004) que es el deporte, el fútbol de una manera especial, el que consigue que todos los españoles, de distintas regiones, sensibilidades y partidajes, se estén quietos bajo la enseña roja y gualda. De hecho “Manolo el del Bombo” anda por los anuncios de un restaurante de comida rápida bendiciendo bufandas con los colores de España. Todos locos.
La cosa no se queda allí. Hay quien te promete que si compras unos electrodomésticos y gana España, te los llevas gratis o si metes tanto dinero en una cuenta y La Roja se lleva el Mundial te ingresan no sé cuanto más. O son fanáticos convencidos del éxito o confían en que no ganaremos el Mundial.
Me preguntaba si la cosa es igual en otros países, por ejemplo Argentina. Tiene a Cortázar, a Borges, a Piglia y uno se esperaría euforia pero no desmesura. Resulta que Maradona, el técnico de la selección albiceleste, ha prometido que se quedará en pelota picada en el Obelisco de Buenos Aires si gana la Copa del Mundo. ¡Locos por el fútbol! ¿Hace falta? ¿Qué piensa el Obelisco o en su defecto el alcalde de la capital Argentina? Espero que las ganas de ver al “Pelusa” de esa guisa no estén detrás del ánimo resuelto de los jugadores argentinos. Messi seguro que pasa del tema ¿o no?
Pegatinas, camisetas, balones, bufandas, móviles y hasta las hormigas del programa de Pablo Motos se visten de este entusiasmo por la Selección que a veces no entiendo. Hasta los “Pelochos” se han sumado a la causa. Y Shakira también.
La colombiana canta la canción oficial del Mundial, el “Waka, waka” que a mí me pone nostálgico. Por allá por los ochenta, el merengue dio un vuelco al saltar al panorama musical un grupo dominicano compuesto sólo por mujeres, “Las chicas del Can”. Han dejado para posteridad grandes temas pero el que nos ocupa hoy tiene su guasa. La canción de marras se llama “El negro no puede” y ya me dirán ustedes cómo va uno a Sudáfrica, por muy Shakira que se sea, con semejante canción. Suena, eso sí, muy africana y es así porque el grupo dominicano sacó la canción de uno camerunés. Bendito fútbol que tantas cosas saca la luz.
La locura por el futbol ha inspirado a grandes escritores (otros locos de atar). Eduardo Galeano, Vázquez Montalbán, Villoro y qué decir de Sartre, Camus o Nabokov. Les ha inspirado grandeza, éxtasis, pánico ante la derrota, la alegría de la victoria, la épica de la lucha. Hay veces que en medio de tantas letras, de tantos trabajos e incertidumbres varias, el fútbol se convierte en un gran escenario del mundo, de la humanidad. De allí la locura, los colores y la fiesta: es la manera de vivir, como pasa con la literatura, unas vidas que no son nuestras.
Dicen los medios que España da miedo, es decir, la Selección, la Roja, que no cunda el pánico. Le metieron seis goles a los polacos que no tuvieron tiempo de nada. Cosas del fútbol. Buen juego, dominio desde el minuto quince según las crónicas y aquí paz y después gloria. Los lesionados marcaron, los que controlan el juego en el centro del campo funcionaron y la cosa se dio de cara. Estalló la locura, los nuestros por fin van de favoritos y papeletas tenemos para hacer Historia. En algún artículo he leído, incluso, que España ha recuperado “la fragancia de la Eurocopa”. ¿A qué huele el fútbol? y en concreto ¿a qué olía la pasada Eurocopa? Díganmelo ustedes. Que venga Patrick Süskind y lo vea (lo de la fragancia, digo).

Texto invitado: Entrevista a Enrique Vila-Matas por el grupo de Facebook "Leyendo a Enrique Vila-Matas". Parte 1.

1.- Quedé embelesada con la figura del caballo blanco en ese puente de O´Connell convertido imaginariamente por Riba en línea tenue que separa la era Gutenberg de la digital. ¿Puede ampliar algo más sobre ese caballo (blanco como la nieve que ca…minó y sobre la que murió Walser y blanco como el traje que vestía E. Dickinson siempre que escribía poesía y blanco como la página vacía…) en la imaginación de usted, el autor de “Dublinesca”?

R: Es el caballo blanco que huyó en México cuando mataron a quien lo montaba, Emiliano Zapata. Quiero decir con esto que es una leyenda que aparece en muchas culturas. El caballo blanco es nombrado por Joyce en Los muertos, el cuento final de Dublineses. En mi segundo viaje a Dublín fui por mi cuenta, solo, a primera hora de la mañana, al puente O´Connell a ver si por casualidad veía el caballo. Era una empresa sin duda difícil, pero nunca se sabe. Pensé que si lo veía, nadie la daría demasiada importancia, pero sin embargo sería algo muy importante para mí. No lo vi. Pero había una paloma blanca posada sobre la cabeza de O´Connell, el hombre irlandés de la estatua que da nombre a ese puente.

2.- ¿Departir con los Auster es sólo prurito o alarde de su personaje?
R: Riba es un editor que publicó un libro de Paul Auster y por tanto entra dentro de la lógica que conozca a los Auster y que vaya a cenar a su casa, y hasta que bostece allí o que le dé por comer poco.

3.- Usted ha criticado la novela meta-ficcional a pesar de que se le identifica con ella. ¿Podría señalarnos su posición actual al respecto? Dublinesca es una novela más ambiciosa que el Dietario Voluble. Pero la segunda es más cálida y sustanciosa. Pero en todo caso, en ambas, “cada momento es un lugar donde nunca hemos estado”.

R: No he criticado lo metaficcional, he dicho solamente que quienes me clasifican a la ligera como metaliterario delatan no haberse molestado en leerme, ya que hablo de todo en mis libros, no solo de libros, hablo de la vida en todos ellos, y últimamente más que nunca. En otro orden de cosas, decirle que Dublinesca pertenece inequívocamente al género novelesco. Y Dietario voluble, en cambio, pertenece al género diarístico, aunque incorpora a un personaje de ficción que es el diarista. En Dublinesca me serví, en ocasiones, de una metodología de diarista (extraída de mi experiencia en Dietario voluble), de seguimiento muy de cerca de la vida cotidiana de una persona. A mí Dublinesca me parece más cálida que Dietario voluble, pero eso, claro, es algo siempre muy subjetivo. Igual ocurre con lo de “sustanciosa”, que no lo voy a discutir porque eso depende únicamente de lo que encuentra en uno y otro libro cada lector y yo soy el menos adecuado para ponerme a buscar algo “sustancioso” en lo que ofrezco, ya que todo cuanto entrego al lector antes necesariamente ha tenido que ser sustancia para mí.

4.- Su utilización del recurso llamado “mise en abyme” es llamativo y en cada novela va encontrándole más vueltas de tuerca. ¿Es una forma de huir, de esconderse, o de buscar/formar lectores más entrenados?

R: “Cada obra, nos dice Vila-Matas, debe ser un renovado salto al vacío” (Roberto Bolaño en Entre paréntesis, pág. 157).
Trato de divertirme saltando al vacío cuando escribo y quizás por eso, y también por otros motivos que aquí me callo y que podrían parecer más hondos y más respetables (siendo en realidad igual de hondos que la diversión pura y simple) llevo mis libros a un callejón sin salida. Desde Bartleby y compañía, siempre me preguntan: “¿Y ahora qué? ¿Cómo lo vas a hacer para continuar?”. Lo paso muy bien cuando tratan de hacerme ver que he llevado todo a un límite. Yo diría que escribo libros para colocarme deliberadamente en situaciones que comprometan la continuidad de mi escritura y me dejen, una y otra vez, ante el dilema de ver si soy capaz o no de escapar de lo que ha terminado por llevarme a lugares aparentemente sin salida.
Una vez, me entrevistaron para la televisión venezolana, una entrevista de una hora. Hacia el final, yo todo el rato estaba pensando que la pregunta que me hacían era la última y quizás por eso me esforzaba y daba una respuesta brillante y trascendente para el cierre. Así me pasé más de quince minutos, creyendo todo el rato que estaba ante la última pregunta y elevando sin darme cuenta, cada vez más, el nivel de profundidad y de veracidad de aquel eterno momento final. Me pasé todo ese cuarto de hora creyendo que estaba ante la última cuestión y contestando pues a varias últimas cuestiones como si en esas cuestiones me fuera la vida. La tensión favorecía mis respuestas… Bueno, debo decir que escribo mis novelas así normalmente, como en aquel cuarto de hora final en Venezuela, y que eso es lo que me lleva seguramente a callejones sin salida. Mis novelas siempre terminan con una página en la que parece que haya contestado a la última pregunta. Porque una última pregunta en una larga entrevista siempre lleva a una sincera declaración de principios, quiero decir que es como un epitafio sobre nuestra tumba, un epitafio en el que uno queda retratado. Yo escribo novelas como si fueran epitafios.

5.- Hay un personaje que me resulta bastante enigmático y que aparece bastante en Dublinesca. Se trata de Vilém Vok. ¿Podría contarnos un poco sobre él?

R: Es un autor checo con el que mantuve correspondencia en una época. Creo que pronto van a traducirlo al español. Yo lo he leído sobre todo en revistas francesas (La Femelle du Requin, Inculte, La matricule des Anges). Alguien que me parece bastante perspicaz, en un blog, ha sugerido que Vok es el narrador de Dublinesca.

6.- En su obra existe una expresa necesidad, entre otras, de tocar temas que abarquen los márgenes y el mundo del escritor, el poeta, el campo cultural. “Dublinesca” pertenece a esta naturaleza. Siento que en la actualidad esta es una de las líneas temáticas de la novela, casi insoslayable. Quizás me equivoque. La pregunta sería: ¿no se ha caído en un abuso, en una especie de ejercicio narcisista por parte del escritor?, ¿hasta qué punto es válido ser reiterativamente metaliterario?, ¿convertir a la literatura en un ejercicio por y sobre la literatura no es reducirla a una actividad que deslinda, por su propia naturaleza, aspectos, naturalmente bellos e interesantes, de nuestra propia realidad ficcional? No condeno el uso de tales temas sino el abuso. ¿No se ha llegado a ese abuso?

R: En su magnífico blog, el historiador y ensayista cubano Rafael Rojas disertaba no hace mucho en torno a esa obstinada pulsión literaria de mis obras. Y Gerardo Muñoz, desde Cuba, le decía, con buen tino, que quizá esa ansiedad por la literatura es similar a la de Agamben: “Veo ciertos parecidos que serian muy interesantes de estudiar. El debate del archivo: archivar la filosofía, archivar la literatura. Es como si solo quedara eso…”
No puedo negar que la literatura esté en el centro de lo que escribo y que esa melancolía de los archivos también esté en el centro. Ahora bien, hay quien me califica de metaliterario y ahí, detrás de esa apresurada calificación, siempre suele haber alguien que habla de oídas, sin haberme leído. Es como pensar que Pérez Reverte escribe sólo de espadachines; quien dice esto y simplifica tanto es que no lo ha leído y simplemente le tiene manía a Pérez Reverte… Yo he tenido la suerte de haber sido leído por un tan gran lector como Bolaño y él supo apreciar lo que yo siempre he sabido: que cuando hablo de literatura, estoy hablando de todo lo demás, de la vida y de la muerte y de todo lo que gira alrededor de ellas, y en este sentido Dublinesca es un libro especialmente centrado en los seres humanos, un libro sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la pasión, sobre la felicidad y la desgracia. Es más, creo que es el más cálido de mis libros. Decía Bolaño a propósito de Bartleby y compañía que yo hablaba ya no sólo de los escritores que en un determinado momento de sus vidas (un momento de lucidez o de desesperación o de locura) dejaron de escribir sino de los escritores como el mismo Vila-Matas nunca van a dejar de escribir, y a partir de allí hablan de la muerte, de los gestos inútiles ante la muerte pero que nos salvan (o pueden salvarnos) y no sólo habla de escritores, sino que en realidad habla de lectores, de seres humanos de toda laya, de gente que vive y que un día deja de vivir, de aventureros y agónicos, de gente que lee y que un día deja de leer…”

7.- ¿Por qué tuvo que dejar Anagrama? Era el autor ideal para la editorial ideal.

R: En realidad, el autor ideal para la colección de “narrativas hispánicas” de Anagrama es alguien que escribe bien y no tiene muchos lectores. Un escritor principiante, por ejemplo. Claro está que hay autores en la editorial que, después de varios libros, siguen escribiendo bien y no tienen muchos lectores. Estos también son ideales porque no crean complicaciones. Ahora bien, si alguien allí empieza a crecer (a crecer como autor, o bien a aumentar el número de lectores, y ya no digamos si crece en las dos direcciones a la vez), ve enseguida cambios de humores y cómo la cosa se complica.

8.-Escribir. Publicar. Desconocerse. Una vez más el tema de la identidad en Dublinesca. Un editor. La biografía de Riba es su catálogo, fuera de ahí, no existe. Por otro lado, los “malditos autores” y su yo desnaturalizado, plural, el yo literario, el que se desprende del autor, del otro que se atrevió a escribir lo que escribiría si escribiese. En suma, el yo de perfil heterónimo y nómada. ¿Qué hay entonces del mal del autor? ¿Qué es un autor, aparte de ser un fantasma de sí mismo dotado de una carne débil, egocéntrica? ¿Te has encontrado a ti mismo indescifrable o desconocido en esta Dublinesca? ¿Has podido regresar a casa sin contratiempos, en este año excesivamente redondo?

R: Toda la novela está recorrida por el mismo misterio que ha recorrido “mi espina dorsal” (que decía Nabokov) mientras la escribía, mientras indagaba acerca del misterio del desconocido de la gabardina, el misterio de ese tipo al que llaman Mackintosh. Iba escribiendo tratando de averiguar quién era la sombra que me acompañaba. El lector lee desde el mismo lugar en el que yo, escribiendo, voy avanzando en mi indagación. Estoy seguro de que más de un lector ha tenido la impresión de que era él quien estaba escribiendo Dublinesca o como mínimo se hallaba sentado en el lugar del autor.
9.-Me sorprende que casi nadie le pregunte por la intromisión del narrador en Dublinesca. Supongo que no le preguntan porque deben pensar que forma parte del juego literario que es Dublinesca y en parte porque imaginan que la respuesta será aún más desconcertante que esas interrupciones del narrador. Yo creo que, al contrario de lo que opinaba Nabokov sobre la presencia de Joyce en Ulises, que concluye que Bloom ve a Joyce el 16 de julio, lo que ocurre en Dublinesca es que el autor ve a su personaje (y no al contrario).

R: También me sorprende lo poco que se ha comentado que el narrador intervenga en dos únicas ocasiones en la novela. A veces hay el temor a equivocarse y decir que aparece en dos cuando puede acabar resultando que aparece en tres y quedar uno un poco mal. Por si acaso, los reseñistas o entrevistadores se curan en salud. En cuanto a lo de que el autor ve a su personaje, lo de que yo veo a Riba, está bien visto, aunque el visto bueno completo a esa teoría no se lo daré porque reduciría las posibilidades amplias de interpretación que Dublinesca ofrece en sus páginas finales. Hablando de sorpresas, a mí lo que más me ha sorprendido es que, tras cien entrevistas de prensa (en Francia, España, Argentina, México), han sido muy pocos los que me han hablado de la parte beckettiana –el tercer y último capítulo- del libro. Es como si algunos no se hubieran presentado a las entrevistas con el libro enteramente leído y creyeran que todo gira en torno a Joyce, cuando Joyce está presente sobre todo en el segundo capítulo. La parte tercera y última, la beckettiana, además, es lo mejor del libro.

10.- Teniendo en cuenta mi pequeño desconocimiento acerca de Dublinesca, una pregunta como pintor y amante de la transvanguardia y el informalismo, que además también odio, ¿qué hay encima del metalenguaje? ¿Está Dios?

R: Adquiera conocimiento sobre Dublinesca y no lo dude: obtendrá la respuesta a su pregunta, porque hallará a Dios.

El futbolisto: El fútbol y el futbolisto: conceptos fundamentales

Mi primer recuerdo futbolístico es el de un balonazo saliendo yo de mi barrio en Panamá de la mano de mi madre cuando contaba más o menos con seis años. El fútbol visto de cerca. Desde esa fecha hasta hoy mis recuerdos vinculados al deporte Rey (así le llaman todos) son bastante negativos en dos sentidos: en lo personal y en lo público. En lo personal jamás metí un gol y las pocas veces que he saltado al terreno de juego la cosa ha ido mal o me ha salido alguna “genialidad” (le llaman así a las buenas jugadas) por obra y gracia de la casualidad aliada con la patosidad que gobierna mis miembros.
En lo público he sido siempre un ignorante futbolístico, de esos que no saben cómo se llaman los jugadores ni en qué consisten las posiciones que cada uno ocupa en el terreno de juego. Vamos, un mueble futbolístico.
Como ejemplo, dos hechos: A los doce años, por fin, me fui con los muchachos del barrio a jugar en el viejo campo de tierra cerca del estadio de béisbol. Pase de la muerte, salí desmarcado en posición reglamentaria, portero batido, bote extraño del balón el cual se me encajó entre las piernas, bajo las partes nobles, y no fui capaz, por los nervios del primer gol, de deshacer el entuerto. Risas, ridículo deportivo.
La otra ocasión ya vivía en España. Estaba en un campamento de verano para jóvenes. Los diecinueve me sentaban bien, pero no a mi fútbol, aunque la genialidad me perseguía ese tarde. Enfundado en la elástica del Madrid me desmarco por la derecha y me pasan el esférico que da justo en mi talón derecho, pasa por encima de mí, y en una extraña conjunción planetaria, controlo la pelota, doy un extraordinario pase de la muerte y gol. Ante mi desconcierto todos vienen a abrazarme por la genialidad. Consciente de mi mala suerte me retiro del fútbol en el momento más alto de mi carrera. Hasta hoy, disfruto del recuerdo de aquella hazaña y de las palmaditas que los amigos me dan al recordarla “vaya potra” sentencian, y yo me dejo querer.
Como nunca se me dio bien el fútbol quise seguirlo por la tele. “Ofsay”, (traducción del panameño: fuera de juego) gritaban al árbitro, “¿qué?” preguntaba yo a mis amigos delante del televisor que sacaba el señor Armando a la calle por su ventana en Panamá para ver los partidos todos juntos. Por mucho tiempo fui uno de esos aficionados al fútbol con el que no quieres ver ni un solo partido porque preguntan mucho. Pero tranquilos que al final de algo sí que me enteré. Creo.
Por eso hoy, puesto de manifiesto que de fútbol poco sé, que del fútbol (o futbol, según quien lo diga) poco disfruté, me voy a convertir, y espero que me sigan, en “el futbolisto”, es decir, uno que de fútbol nada sabe pero que opina sobre él y sus aledaños buscando un correlato con la realidad. Este es un concepto básico a tener en cuenta para este Mundial y las crónicas que pretendo compartir con vosotros.
Haremos un seguimiento de “La Roja” (no de la Pasionaria) y dibujaremos unas reflexiones sobre lo que nos rodea, libros, amigos, escritores, fama y gloria, pasado y memoria, para vernos reflejados en el fútbol, ese deporte al que llaman “Rey” hasta los republicanos.
Pero no lo olvidéis: no tengo mucha idea de fútbol, no lo sigo nada más que cuando juega la Selección, y me he llevado más de un disgusto con ella (una alegría, la Eurocopa, una sola alegría) y con la panameña ni se diga: no ha ganado casi nada en su vida.
Se puede opinar y se me puede ilustrar sobre el deporte del balón: reconozco que nunca es tarde si la dicha es buena.

sábado, 12 de junio de 2010

Cuentos completos de Fogwill (Reseña)

Siempre quise leer a Fogwill porque creía que detrás de su peculiar apellido se escondía una suerte de Willy Fog capaz de dar la vuelta al mundo en menos de ochenta días y sin despeinarse, sin salir más allá de las páginas de una de sus novelas. No me equivoqué y ahora sus “Cuentos completos” (Alfaguara, 2009) lo confirman: estamos ante uno de los escritores latinoamericanos más importantes y que ha sido bastante mal difundido. Ahora Alfaguara nos ofrece sus cuentos ¿completos? y lo de completos es relativo porque este joven viajero de la palabra (casi 70 años) sigue dando obras al mercado (trabaja ahora en tres novelas a la vez), lo seguirá haciendo, seguro, en el género cuento lo cual nos emplaza para una nueva edición de estos sus cuentos casi completos.
En Fogwill nada es lo que parece, todo parece lo que es y cada cosa tiene su nombre y apellido aunque muchas veces las historias nos desconcierten y ofrezcan una nueva manera de llamar a las cosas.
Atmósferas oníricas, situaciones imposibles, amores absurdos, todo esto nos transmite Fogwill en sus cuentos que resultan ser más de ochenta mundos a los que dar la vuelta más de ochenta veces.
Celebrar la llegada de los cuentos completos de Fogwill a la ya mítica colección de cuentos completos de los grandes narradores no sólo latinoamericanos (Cortázar, Ribeyro) sino de todo el universo literario (están los de Scott Fitzgerald, los de Bellow, o Nabokov entre otros) es un acto de justicia literaria y un gran paso para colocar donde se merece a este grandes de las letras que sigue dando de qué hablar.
Si se fijan, los cuentos no son de hace mucho, el más antiguo es de 1974. Obedecen a una lectura de la propia obra que ha dejado fuera a algunas otras narraciones (cuatro o seis, dice el autor) por no parecerle al autor dignas de esta antología o cuentos completos en proceso de completarse. Son pocos para una vida llena de literatura pero nos advierte en la nota preliminar el propio Fogwill que fueron escritos como al dictado de una voz que con el tiempo dejó de frecuentarle y que decidió, con muy buen tino, no intentar imitarla. Y es que en literatura lo mejor que se puede hacer es no forzar las cosa.

La consecuencia de esa decisión son estos veintiún cuentos que tocan distintos géneros, exploran diversas técnicas y que reflejan la esencia de un autor dedicado al lenguaje con conciencia de oficio. Sobre todo encontramos en estos cuentos la crónica en clave de humor, terror, pasión del ser humano en general y el argentino en particular, cuentos universales que parten de una geografía concreta que es la de todos.
Fascinante por su atmósfera y su tema es “Memoria de paso”, cuento que provoca, que traen al final una reflexión que dota de profundidad al texto y que es un ejercicio de destreza literaria prodigioso. “Dos hilitos de sangre” nos da un largo paseo en taxi por buenos aires detrás de una experiencia rarísima que les animo a experimentar. Pero es “Help a él” el que se lleva para mí la palma en esta selección de una vida dedicada al cuento.
Una de las grandes cosas que de Fogwill hay que destacar, y son muchas, está su genio, su rareza de mago de las letras, cuyo secreto hay que descubrir dedicando a estos cuentos las lecturas que merecen y buscando el resto de la obra narrativa de este provocador de las letras hispanas.

jueves, 3 de junio de 2010

Libros de Luca (Reseña)

La literatura nórdica viene dando de qué hablar desde hace años sobre todo en el terreno de la novela negra y el thriller. Literatura de género en la que están poniendo de moda una manera muy particular de narrar y de desarrollar el género. En esa línea, llega una novela que siendo un thriller como género tiene la particularidad de convertir a los libros y a la lectura en protagonistas absolutos de la obra. Antecedentes tenemos en “La sombra del viento” o “El cuento número trece” hablando de libros contemporáneos pero este los supera a ambos.
Mikkel Birkegaard convierte la lectura en un peligro. Resulta que una vieja tradición que se hereda de padres a hijos le señala como uno de los “Lectores”, (posiblemente, como su padre, uno de los mejores), de una red de personas que pueden influir en la mente de las personas que lee. Este ritual, en manos de las personas equivocadas puede tener resultados nefastos. A la muerte de su padre y después de 20 años sin apenas tener contacto con él se convierte en heredero de la librería de este: Libri di Luca. Aquí hay una reflexión que trasciende el género y que apunta a hacia otra de las dimensiones de esta obra: el trato de grandes temas morales más allá de lo lúdico de la obra. La búsqueda del padre, la memoria de la familia perdida, la constatación de que somos de alguna manera parte de nuestros antepasados.
Recibida la librería Jon Campelli se va enterando de que las cosas no son tan sencillas que no solo son libros que no se trata solo de lectura que hay un ritual secreto que se remonta a la vieja Alejandría y que se puede influir sobre las personas que leen. Jon se ve metido en un laberinto de poder, de lucha para sobrevivir y todo ello rodeado constantemente de libros y de lectores, de mentes perversas y de personas que buscan resolver el enigma de la muerte del viejo Luca Campeli.

Como no podía ser de otra manera en esta novela hay una mujer enigmática de cuya personalidad y secreto nos vamos enterando poco a poco, una pelirroja que junto al nombre de Alejandría lleva la imaginación hasta la popularizada últimamente Hipatia por grandes novelas y ensayos y la película de Amenábar. Un personaje redondo para conocer y amar.
Ya está en marcha la versión cinematográfica que esperamos con ganas porque la cantidad de sensibilidades, fuentes de amor y de rencor que se generan en torno a los personajes es todo un reto para ser convertido en cine. La trama de la novela les envolverá en un mundo de texturas del pasado, de letras y de libros que hará las delicias de los amantes de los buenos thrillers.
No dejen de asomarse a las 549 páginas de esta ópera prima que nos hace presagiar (esperemos que el éxito de esta no le empañe la siguiente) más buenas novelas y disfrutar de un bello final, entrañable y nada sensiblero como se podría pensar. Disfruten de la prueba del laberinto y esperamos que después de su lectura no les dé miedo seguir haciéndolo.

miércoles, 2 de junio de 2010

Por los Senderos con... Nerea Riesco


Nerea Riesco no es nueva en el panorama literario. Viene de lejos su buen hacer literario (Ars Mágica, El país de las mariposas). Con esta nueva novela, El elefante de Marfil (Grijalbo, 2010) confirma su acierto a la hora de elegir historias y narrarlas con la fina arquitectura de los buenos escritores. Salpicada de un fino humor y con grandes dosis de intriga y amor El elefante de Marfil es una vuelta de tuerca certera y firme en la carrera de esta bilbaína vallisoletana que vive en Sevilla. De conversación ágil y amena nos recibe para hablarnos de literatura, del oficio de escritor y de su nueva novela.

1. ¿Cómo te encontraste con esta novela? Los escritores suelen ser encontrados por las historias que cuentan…

Es verdad que las obras son las que te encuentran a ti. A mi me llegaron los textos del terremoto. Estaba haciendo el doctorado en la facultad de periodismo y me llegaron los diferentes textos de cómo se habían tratado todo el tema del terremoto, el llamado terremoto de Lisboa tan terrible como este ultimo que ha azotado Chile y que incluyó un tsunami. Cádiz quedó destruido. Estos textos del terremoto me sorprendieron por que la información oficial que era la gaceta de Madrid sacó una pequeña noticia en la que ponía que había habido un terrible terremoto pero por fortuna los reyes no habían sufrido ningún daño. Me sorprendió lo que significaba la vida humana en la época. Lo que más me gustó fueron las informaciones que no fueron oficiales. Las relaciones de sucesos que se redactaron en imprentas que los ciegos aprendían de memoria para recitarlas en la calle, y de todas esa relaciones de sucesos la que más me gustó fue la que salió de la imprenta de la viuda de Haro, que era una imprenta que existió de verdad en la ciudad y que había sido redactada en verso, en octavas reales y que se hizo tan famosa que la gente la llevaba encima como una especie de talismán para que no le volviera a suceder nada parecido. Seguí indagando y resulta que la imprenta existió, que la dirigió esta mujer, la viuda de Haro durante años y a partir de allí casi lo tenía rodado.

2. ¿Y cómo te encontraste con el ajedrez?

Vivo rodeada de gente que juega al ajedrez. Yo juego fatal para ser sinceros. Yo muevo las piezas pero carezco de estrategia. Al vivir rodeada de gente que juega uno se ve imbuida en eso. Como tenía que escribir de la totalidad de la Sevilla cristiana tenía que comenzar con la llegada de Alfonso X con su padre para conquistar las tierras de Sevilla. Estuvieron dos años asediando la ciudad y en ese tiempo, seguro que utilizaron un poco la estrategia del ajedrez. Alfonso x era un gran jugador e incluso tiene un tratado sobre el tema que está en el Escorial. Me pareció muy evocador plantear toda la invasión de la ciudad como una partida de ajedrez. Los propios musulmanes tenían la torre del oro y protegían la otra que era la giralda todo era muy ajedrecístico. Caballeros reyes reinas, me pareció muy evocador.

3. ¿Es esta una novela histórica o una historia de amor ambientada en una época histórica concreta?

Creo que es histórica dado que está narrada a mediados del siglo XVIII pero también podría ser una novela de aventuras, o una novela negra o una novela de amor porque tiene todos esos ingredientes mezclados y además creo que en mi carrera he dado un paso adelante ya que nunca había mezclado tantos géneros y tampoco había trabajado con tantos personajes, una novela coral con muchísima gente interactuando. Me importaba mucho que cada personaje fuese muy único. Por ejemplo Cristóbal y Cristo, me preocupaba mucho que no se parecieran a pesar de ser los dos malos y familia (padre e hijo) y no quería que se parecieran. Cada uno ha supuesto un pulso narrativo al igual que la mezcla de los géneros.

4. En la novela notamos cierto humor. Hay un par de escenas sobre todo en las que es imposible no reírse un cuando Julia encomienda ropa interior con encajes para León un tipo duro o cuando mamita lula intenta sumergirse en el río con su inmenso trasero…Sorprende que en medio de algo tan noble y serio como el ajedrez y la historia tan intrigante surjan estas chispas de humor.

“Me alegra que me hagas estas esta pregunta” (risas) sois los primeros en decirme esto y de verdad me alegra. Me considero una escritora con mucho humor escribiendo, con mucha ironía. Incluso las cosas más dramáticas de la novela tiene un deje humorístico que no te permiten caer en la desesperación y me gusta que sea así: que las cosas más terribles que se puedan contar no te dejen con una congoja en el estómago. Soy mu optimista y creo que eso se refleja en lo que escribo. Me gustan esos guiños que también creo que son muy cotidianos.

5. Uno de los mensajes positivos de esta novela es la relación tan estrecha entre la esclava negra mamita lula y Julia. Todos somos iguales a pesar de haber esclavos y venta de esclavos en aquella época.

Había una cosa que me interesaba mucho enfocar en la novela: el amor. Pero no solo el amor apasionado, sino también otros tipos de amor y me interesaban esos amores terribles que terminan convirtiéndose en odio como el de Cristóbal o el de Cristo. Amores que se heredan odios que se heredan, ese amor mal entendido que termina convirtiéndose en odio. Y también esos amores que se dan porque sí porque se quiere a alguien porque sí y ya está. No tienen la misma sangre, no hay razón para quererse nada más que quererse y me gustaba mucho por esos la relación entre ellas dos por que hay momentos incluso que doña julia a trata mal y aun así se quieren. Me apetecía mucho reflejar los diferentes tipos de amor que se pueden sentir y sobre todo, el amor que se le tiene a alguien a quien no tiene sentido querer, a la que no deberías querer de esa manera. Llega un punto en que julia la llega querer más que a su madre o a gente de su propia familia.
En la Sevilla de la época había esclavos negros. Me sorprendió mucho cuando empecé a documentarme que ahora no hay descendientes de esa gente. Leyendo sobre el tema descubrí que la relación que ellas tienen tan familiar si que se daba. Muchas de las cosas que le he puesto a mamita lula pasaban realmente. No había cementerios para esta gente pero como les consideraban de la familia eran enterrados en el panteón familiar. La esclavitud aquella no tuvo que ver nada con la idea que tenemos del esclavo negro en América.

6. En una de las citas sobre el ajedrez que pones en la novela, al principio del capítulo tal dice que los buenos jugadores tienen buena suerte. Siendo que tú impartes talleres de escritura creativa nos surge la pregunta: ¿los buenos escritores tienen buena suerte?

Mucha. Yo he tenido mucha suerte en el mundo de la literatura. Lo primero que escribí que fue un libro de relatos surgió casi por casualidad. En la facultad de Periodismo nos juntábamos un grupo de compañeros que escribíamos y me propusieron editarlos en una tirada muy corta. Lo siguiente que escribí fue una novela. La presenté al premio ateneo joven de Sevilla y la presenté porque decían que aunque no ganaras te la podían publicar y gané. Eso me colocó en el camino. La dotación del premio te permite plantearte la nueva novela con tranquilidad. La siguiente editada por Random House y a partir de allí… sí yo he tenido mucha suerte en el mundo de la literatura cosa que no me pasó con el mundo del periodismo.

7. ¿Cómo fue el proceso de documentación?

El proceso de documentación de la novela es muy divertido. Leí muchos libros de la época y muchas cosas que fueron para mí muy sorprendentes, por ejemplo la historia de los esclavos. Saber que en el siglo XVIII se vendían personas por las calles parece increíble. Conocer dónde se enterraba a la gente, el mundo de la imprenta y lo importante que era… En el Rectorado de la ciudad de Sevilla hay muchos documentos de la imprenta de la época. Lo que más me entusiasmó fueron las cosas que descubrí sobre las costumbres de aquellos días que son cosas que aparecen en un solo párrafo de la novela pero son las que realmente le dan la vida a la novela para que al lector no se le caiga de las manos.

8. ¿Es Al-Ándalus un mito o una idea histórica que nos queremos imponer para aprender una paz que necesitamos entre oriente y occidente?

Yo pasé muchos años trabajando con un musulmán. Fácilmente, cuando no conoces a nadie de la otra religión, tiendes a pensar que es muy diferente a ti. Cuando empiezas a conocer a gente de la otra religión o de otra cultura o de otro color de piel te das cuenta que no somos tan distintos. Les mueven las mismas pasiones, les suelen doler las mismas cosas, nos enamoramos igual, lloramos igual y por lo mismo y nuestro concepto del bien y del mal es el mismo, incluso la filosofía religiosa es parecida, el problema es la interpretación que le damos a las cosas.
Creo que sí, que hubo un determinado momento en que esta tierra era de tres religiones y que se convivía bien pero hubo un momento también en que eso terminó, también hubo un momento en que borramos de la historia todo eso. Cuando yo estudiaba Historia había muy poca información de la época en la que España fue durante más tiempo musulmana que cristiana, al igual que hay muy poca información sobre otras cosas. Lo que no nos interesa lo borramos de los libros de Historia y ya está.

9. Da la sensación de que tus personajes, todos ellos, se mueven de una manera elegantemente estratégica, casi como fichas del ajedrez.

Todo estaba planteado como una partida de ajedrez. De hecho la novela está dividida en tres partes: apertura, medio juego y el final. Cada uno tiene su visión. Es más el personaje femenino, Doña Julia, es como la reina en el ajedrez, muy fuerte, tiene todos los movimientos como en el juego. Creo que las tres mujeres que aparecen en las tres generaciones, más Candela y Mamita Lula, son mujeres muy fuertes. Incluso los propios peones que en ajedrez parecen ser muy débiles tienen aquí mucha fuerza.

10. De todos los personajes el que más pena nos da es Cristóbal, ese hombre enamorado de doña Julia pero que no es correspondido…

Es digno de lástima, no es nada feliz. Comentaba con un amigo, al que este personaje le cae mal y decía que no se puede ser como él, que si a uno no le quieren no debería insistir, está allí, sigue y sigue hasta el final siendo infeliz y es verdad que al final da lástima justo lo contrario de su hijo, que hereda su odio pero no llega a darte pena.

11. ¿Cómo ves el panorama literario español?

Soy muy optimista en todo y demasiado optimista con la literatura. Bien está que podría haber más gente leyendo pero también es cierto que se abren muchas librerías y por algo será. Creo que la gente lee más que antes y que le gusta leer. Los niños leen más. De hecho en Sevilla tenemos un proyecto para fomentar la literatura entre jóvenes. Yo soy una persona esperanzada con la lectura. Nunca se habían editado tantos libros como hasta ahora y no es por lirismo es un negocio y si se edita es porque se vende. Nadie pierde dinero haciendo estas cosas. Alguien me decía el otro día que es posible que se vendan muchos libros pero luego no se leen, no lo sé. Pero la verdad es que nunca ha habido un momento tan álgido para la literatura…

12. Y para los talleres literarios…

Sí. Hay muchísima gente interesada en aprender a escribir. Mucha gente quiere llevar bien su diario o conectar bien sus ideas pero es verdad, muchos quieren aprender a escribir. Creo que escribir es una especie de derivación de leer. Un escritor siempre ha sido un gran lector. Ha leído mucho y ha llegado a un punto en el que quiere contar su propia historia. Yo recuerdo cuando pasé de leer a leer y verle la trama al escritor, a ver como lo narraba. Hay un punto que uno pasa de disfrutar simplemente con lo que te ofrecen a empezar a preguntarte como lo ha hecho.