Eloy Tizón, cuentista mayor, excelente novelista y muy buen
observador literario, nos ha puesto a todos a pensar el cuento. Escritores,
lectores, editores y críticos, ya estarán familiarizados con el texto que el
escritor publicó en su columna mensual de El
Cultural: “Postcuento”. Un
texto nada largo, apenas 293 palabras (un microrrelato), y al cuento, como era
de esperar, le ha llegado su hora: ¡el cuento está desnudo!, le han saltado las
costuras de un traje que se la ha quedado chico o, es posible, el género ha
ganado peso. Seguir leyendo... Artículo aparecido en la revista "OtroLunes", número 39.
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05 enero, 2016
El "postcuento" de nunca acabar
Eloy Tizón, cuentista mayor, excelente novelista y muy buen
observador literario, nos ha puesto a todos a pensar el cuento. Escritores,
lectores, editores y críticos, ya estarán familiarizados con el texto que el
escritor publicó en su columna mensual de El
Cultural: “Postcuento”. Un
texto nada largo, apenas 293 palabras (un microrrelato), y al cuento, como era
de esperar, le ha llegado su hora: ¡el cuento está desnudo!, le han saltado las
costuras de un traje que se la ha quedado chico o, es posible, el género ha
ganado peso. Seguir leyendo... Artículo aparecido en la revista "OtroLunes", número 39.
Publicado por
Pedro Crenes Castro
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Cuento,
Eloy Tizón,
Otro Lunes
16 abril, 2010
Mujeres cuentistas (Reseña)
El acierto de esta antología no reside en el hecho de ser una antología más de mujeres cuentistas que quieren conquistar por meritos propios sus espacios editoriales (estas mujeres lo tienen y se lo merecen) sino que esta es una suerte de “puesta de largo” de un grupo de autoras que vienen para quedarse a punta de cuentos breve. Y es también, aunque huelgue decirlo, un acierto editorial porque son muy pocas las editoriales que se atreven a apostar por un grupo de escritores (sean hombres o mujeres) para dar a los lectores una visión global de lo que están haciendo.“Mujeres cuentistas” (Ediciones de Baile del Sol, 2009) es un ramillete de escritoras que están pidiendo paso en el mundo editorial y nada tienen que envidiarle al oficio de los grandes nombres del panorama literario actual. Esta antología cuenta con la particularidad de darnos una visión ampliada de los que estas escritoras están desarrollando en su labor creativa. Vamos a destacar un cuento de cada una de ellas porque el espacio que han conquistado con su buen hacer literario merece ser reseñado.
De Inés Matute “En el espejo”, para que vean lo que se puede derivar de la visión de un cuadro. Aquí el domino del tiempo y la tensión son brillantes. De Inma Luna “Home”, que despierta con su brevedad unos sentimientos muy fuertes. De Ángeles Jurado quintana “Escapista” por lo ágil de la construcción partiendo de una primera frase y por lo bien resuelto del cuento. De Ana Pérez Cañamares “La hormiga y la tormenta” por lo evocador de las imágenes en tan breve espacio. Casi veo caer los planetas. De Roxana Popelka, me ha gustado mucho su blog, “El camino más corto”, una pequeña cajita que contiene densidad de tiempo y te deja con la sensación grata de haber leído mucho más de lo que en realidad has leído. De Marina Sanmartín Pla “Última hora” denso, sólido y conmovedor. De de Déborah Vukusic “STREAM of CONSCIOUSNESS en BLANCO y NEGRO. Prodigioso final. De Carmen Camacho “Extrañas” que tiene la fuerza latente de un buen corto y consigue que todos veamos el monitor.
“Ediciones de Baile del Sol” merece un reconocimiento por este libro tan especial. Como ya hemos dicho antes consigue que esta antología de mujeres cuentistas no sea una más que termina siendo más una reivindicación de género que de literatura, sino que consigue que se convierta en un escaparate por donde pasarnos a ver a estas extraordinarias creadoras y además nos dicen donde podemos encontrarlas. Un trabajo excelente rematado por una hermosa edición que nos predispone al disfrute de buena literatura.
Ante la fascinación por el cuento breve el lector encontrará en estos textos vida literaria, oficio de escritura adquirido por la experiencia, madurez creativa, saltos de géneros, vueltas de tuerca en busca de reinventar el género sin traicionarlo. Originales, románticos, brutales, sensuales, paranoicos, densos, oscuros, así son los cuentos de estas escritoras que, les aseguro esto, terminarán por levantarles de sus asientos para ir a buscar otras obras de ellas. Háganlo, lean juzguen y sigan leyéndolas, son sencillamente una delicia.
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Pedro Crenes Castro
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Ediciones Baile de Sol,
Reseñas
22 julio, 2009
Consejos para cuentistas
Me decía Bolaño los otros días que tenía unos consejos para darme sobre el arte de contar cuentos. Me dijo que le siguiera y echó a andar. Me advirtió además que eran consejos tan arbitrarios como los de todos los demás.
Ponlos entre paréntesis me dijo y continuó caminando. Primero, me dice serio: no escribas cuentos de uno en uno. ¿No?, puse cara de espanto. No: terminarás escribiendo el mismo cuento hasta el día que te mueras y no queremos eso. Negué con la cabeza dándole la razón y me saltó con dos: mejor escribirlos de tres en tres o de cinco en cinco. No pongas esa cara, paro la marcha y me miró de frente. Si te ves con fuerzas escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince. Yo no salía de mi asombro.
Me leyó el pensamiento lógico y par que tuve y me dijo con tono de adivino: tres, cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como la de escribirlos de uno en uno. Me sentí pillado. Además, seguimos caminando, esa costumbre lleva en ella el juego pegajoso de los espejos amantes: una doble imagen que produce melancolía. Seguí a su lado manteniendo el paso en silencio.
Leer, Pedro, leer. Cuatro: a Quiroga y a Felisberto Hernández y a Borges. A Rulfo, claro y a Monterroso. Ahora te digo una cosa: un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. ¡Qué!, me salió del alma, lo que oyes: a Cortázar sí y a Bioy pero en modo alguno a Cela y a Umbral. Quise meter baza, intentar hablar por Umbral pero me dijo, quinto: por si no he sido claro a Cela y a Umbral ni en pintura. Me resigné, si él lo dice… y recordé lo de los consejos y su arbitrariedad intrínseca.
Íbamos por el seis, seguía a su lado, un cuentista debe ser valiente me dijo, es triste reconocerlo pero es así. Me sorprendió con esto y le di la razón. Arriesgamos poco los cuentistas pensé y me hizo una pregunta rara ¿sabes quién es Petrus Borel? Ni idea le dije y no le extrañó. Siete: muchos cuentistas se jactan de haberle leído y es más algunos incluso pretenden imitarle. La verdad es que no tienen ni idea sobre él, deberían imitarle en el vestir. Le pedí que me repitiera el nombre para anotarlo y buscar algo sobre él. Te digo más, siguió embalado, ocho: que lean a Borel, que se vistan como él pero que lean también a Jules Renard y Marcel Schwob y de él deben pasar y tú también me señaló, a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
Nueve, que ya casi estamos llegando: la verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. Había releído hace poco todos sus cuentos y me sentí satisfecho. Me volvió a leer el pensamiento: diez: piensa en el punto nueve dijo, piensa y reflexiona, de ser posible de rodillas. Casi estamos aquí: once: libros y autores altamente recomendables, apunta: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas y Mientras ellas duermen de Javier Marías. Quise opinar sobre lo de Marías pero Roberto apretó el paso, quería llegar.
Por último, doce: lee todos esos libros y lee también a Chéjov y a Carver, uno de ellos es el mejor cuentista que ha dado este siglo. Sobre esto nada que opinar.
Ya habíamos llegado al borde de una mesa con un ordenador con la pantalla en blanco. Mi mesa. Ahora escribe, me dijo, y recuerda lo más importante: el cuentista debe ser valiente. Me senté a la mesa y me puse a escribir. Desde la portada de su libro “Entre paréntesis” Bolaño mira a la cámara y parece que se asoma a lo que hago. Por arbitrarios que los consejos sean allí están para el que los quiera escuchar.
Ponlos entre paréntesis me dijo y continuó caminando. Primero, me dice serio: no escribas cuentos de uno en uno. ¿No?, puse cara de espanto. No: terminarás escribiendo el mismo cuento hasta el día que te mueras y no queremos eso. Negué con la cabeza dándole la razón y me saltó con dos: mejor escribirlos de tres en tres o de cinco en cinco. No pongas esa cara, paro la marcha y me miró de frente. Si te ves con fuerzas escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince. Yo no salía de mi asombro.
Me leyó el pensamiento lógico y par que tuve y me dijo con tono de adivino: tres, cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como la de escribirlos de uno en uno. Me sentí pillado. Además, seguimos caminando, esa costumbre lleva en ella el juego pegajoso de los espejos amantes: una doble imagen que produce melancolía. Seguí a su lado manteniendo el paso en silencio.
Leer, Pedro, leer. Cuatro: a Quiroga y a Felisberto Hernández y a Borges. A Rulfo, claro y a Monterroso. Ahora te digo una cosa: un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. ¡Qué!, me salió del alma, lo que oyes: a Cortázar sí y a Bioy pero en modo alguno a Cela y a Umbral. Quise meter baza, intentar hablar por Umbral pero me dijo, quinto: por si no he sido claro a Cela y a Umbral ni en pintura. Me resigné, si él lo dice… y recordé lo de los consejos y su arbitrariedad intrínseca.
Íbamos por el seis, seguía a su lado, un cuentista debe ser valiente me dijo, es triste reconocerlo pero es así. Me sorprendió con esto y le di la razón. Arriesgamos poco los cuentistas pensé y me hizo una pregunta rara ¿sabes quién es Petrus Borel? Ni idea le dije y no le extrañó. Siete: muchos cuentistas se jactan de haberle leído y es más algunos incluso pretenden imitarle. La verdad es que no tienen ni idea sobre él, deberían imitarle en el vestir. Le pedí que me repitiera el nombre para anotarlo y buscar algo sobre él. Te digo más, siguió embalado, ocho: que lean a Borel, que se vistan como él pero que lean también a Jules Renard y Marcel Schwob y de él deben pasar y tú también me señaló, a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
Nueve, que ya casi estamos llegando: la verdad de la verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra. Había releído hace poco todos sus cuentos y me sentí satisfecho. Me volvió a leer el pensamiento: diez: piensa en el punto nueve dijo, piensa y reflexiona, de ser posible de rodillas. Casi estamos aquí: once: libros y autores altamente recomendables, apunta: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas y Mientras ellas duermen de Javier Marías. Quise opinar sobre lo de Marías pero Roberto apretó el paso, quería llegar.
Por último, doce: lee todos esos libros y lee también a Chéjov y a Carver, uno de ellos es el mejor cuentista que ha dado este siglo. Sobre esto nada que opinar.
Ya habíamos llegado al borde de una mesa con un ordenador con la pantalla en blanco. Mi mesa. Ahora escribe, me dijo, y recuerda lo más importante: el cuentista debe ser valiente. Me senté a la mesa y me puse a escribir. Desde la portada de su libro “Entre paréntesis” Bolaño mira a la cámara y parece que se asoma a lo que hago. Por arbitrarios que los consejos sean allí están para el que los quiera escuchar.
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Pedro Crenes Castro
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