22 abril, 2026

El libro

Esta semana se celebra el libro a nivel internacional, y cada año tenemos la oportunidad de volver a pensar en la lectura y en nuestra relación con el que es el elemento más importante en el proceso de aprender y de transmitir conocimiento, aunque cada vez más, y quizás como nunca en Panamá, lo hayamos convertido en un producto, ya ni siquiera cultural, sino de emprendimiento, restándole como se hace el talento literario que se necesita para no ser solo un objeto.

Aunque parezca que se mueve el mundo literario, lo que vemos moverse en redes y cafeterías con libros es la distribución del objeto, la figuración del autor que quiere poner su producto en manos de los consumidores, porque la inversión hay que recuperarla, y eso no es lo malo, pero se está convirtiendo en lo único que motiva a escribir. No olvidemos que en nuestro país solo publicas si tienes cómo pagarlo: el talento se queda fuera del sistema amordazado por el dinero. Los que tienen plata pagan para que les publiquen dentro o fuera del país, y los que tienen medios para dar visibilidad a los libros, al no leer, optan por el buenismo.

Quizás, para esta semana sería bueno mirar de frente el asunto y sincerarnos con el ecosistema literario panameño: falsa visibilidad literaria, poca ayuda institucional para una mejor cultura literaria, exceso de creadores de contenidos «literarios» que se levantan como creadores de espacios para validarse como expertos, pero les falta lo esencial: conocimiento literario, lecturas.

Aun así, «de todos mis amigos el libro es el mejor», y tenemos que celebrarlo. Lean buenos autores panameños, lean clásicos panameños, devolvamos al oficio de escribir su pasión más allá del mero emprendimiento. Pongamos la Literatura en lugar que se le ha escamoteado estos años en ferias, mercados, encuentros y hasta en cofradías de escribientes. Panamá tiene talento, pero el silencio de muchos se ha convertido en la fuerza de la mediocridad mercantilista.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 21 de abril de 2026.

14 abril, 2026

Los prepotentes

El ministro de obras (léase con significado escatológico) públicas rofea a unos ciudadanos —sus jefes, a los que debe su sueldo y servicio—, diciéndoles que él no anda de paseo, que él «tiene muchas cosas que hacer» y que no le gusta que le hablen en mal tono.  Le molesta que le dejen en evidencia, como cuando le plantean que llegó por aire, no por carretera, y que debía haberlo hecho, para medir bien la situación y enfrentarla, pero el «obrero» ministro rofea más y llama irrespetuoso al ciudadano y dice que es «un aporte» ir a ver la situación.

Cuando un gobierno habla en términos de aporte, favor o ayuda, es sospechoso de creerse que el dinero público y sus obligaciones son de su propiedad. El panameño, acostumbrado al congueo y al «¡sí señor!», sumado al miedo de protestar, cede ante los atropellos del ejecutivo, los desbarajustes del legislativo y a la impunidad del judicial. Tan adormecidos estamos que solo queremos que pasen los años mulinos para ir a otra cosa, porque solo nos sentimos vivos cuando votamos, después, el letargo.

Moca o Vamos fueron esperanzas, ahora van siendo decepciones, y los de siempre, el resto del espectro fantasmal político, está dejando que se destruyan solos para ofrecerse luego como solución a tanta tristeza electorera. Mientras, el rofión mayor, suelta discursos con sonrisillas prepotentes, de esas que no sacan a pasear cuando el peor presidente de los Estados Unidos se burla en su cara del trato que hicieron los panameños para obtener «el Canal por un dólar».

A todo prepotente le llega su hora, desde un cargo público es fácil serlo. Solo espero que con suficiente pedagogía aprendamos a afearles a estos abusones su actitud cuando estén por la calle, que aprendamos a decirles «es usted un prepotente, debería darle vergüenza». A ver si aprendemos, y también a protestar de forma más constructiva y eficiente: hace falta si no queremos seguir como vamos.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 14 de abril de 2026