Quizás no lo parezca por lo
rutilante de las portadas, lo glamuroso que de responder a una entrevista, o
por aquello de que vienen a que les firmes un ejemplar, pero lo cierto es que
escribir es un trabajo, un oficio, el más viejo del mundo —por encima del
consabido—, porque contar historias es un vicio humano y hasta una necesidad,
pero la maldita democratización (no la democracia) a conseguido que su
verdadera esencia, su carácter irreductible en tanto que pasión que transforma
todo, se haya convertido en un pasatiempo.
Fíjense si es un trabajo que hasta
existen entidades dedicadas a la defensa de los derechos de los escritores,
derechos sobre su obra, que evitan que se exploten sin su consentimiento, y que
protegen de robos intelectuales y demás peligros para el trabajador de las
letras, a lo que hay que sumar un olvido peligroso: hay que pagar a los
escritores. Hay quien cree que se pueden escribir artículos, prólogos, pedir participaciones
e incluso hacer viajes a coste cero, como si el arte de escribir en sí mismo
pagara las facturas o quitara el hambre. No hay nada más falto de respeto.
Miren esta cita de Ernst Jünger,
de su libro El autor y la escritura: «El autor, más que nada, necesita tiempo. Si dispone
de él, estará satisfecho aún en “la choza más pequeña”. El dinero tiene
importancia para él solo en la medida en que le pueda garantizar el tiempo. La
manera como lo distribuye, si trabaja de día, de noche, mucho, poco, nada (eso
quiere decir, medita) es asunto de él. Depende de su estado de ánimo y de su
manera de vivir, y también de su disciplina. La obra lo mostrará». Queda claro que la decisión
de cómo vivir para producir su obra está, o debe estar, en sus manos, no en las
falsas ideas de productores de espacios o artefactos «culturales» que le
demandan su tiempo sin remuneración. Ha llegado el momento de que la Cultura
panameña, respete y pague a los que trabajan escribiendo.
Hace tiempo, un buen amigo escritor me dijo que el que trabaja
escribiendo y no cobra por ello no tiene un trabajo, tiene un pasatiempo. Como
mucha «gente que escribe» no cobra, las entidades culturales, por lo general,
no ofrecen para pagar los servicios requeridos ni una contraprestación, por
mínima que sea. Se espera voluntariedad por parte del escritor, y se les afea que
hablen de cobrar. Las economías naranjas, tan de moda, cuentan con esa
voluntariedad del escritor y sus aledaños para abaratar costes, lo cual nunca
es justo.
En una jornada como la de hoy, donde se recuerda descansando
el Día del Trabajo, no pierdan de vista estas reflexiones sobre el
oficio de escribir. Es un vicio leer y escribir, pero cada escritor decide cómo
y de qué manera dispone de los frutos que eso genere. Puede regalarlo a quien
quiera, y a quien quiera debe cobrarle, y todos debemos estar dispuestos a
escuchar hablar del «vil metal», de dinero, de plata.
No es un pasatiempo, es un trabajo, y a la cultura panameña
le conviene asumirlo cuanto entes.
Artículo publicado en "Viernes Cultural" en la Web de La Salud, el viernes 1 de mayo de 2026.