31 marzo, 2026

Sin critero o el tonto útil

La semana pasada hablábamos sobre la necesidad de tener criterio para ser críticos. El problema que genera hacerlo es siempre el mismo: la soberbia del ignorante y la indiferencia de la mayoría, muchos de ellos conscientes de que hablar paja es un buen negocio. Reaccionan mal porque se ven expuestos y les duele el orgullo «intelectual» mancillado, pero no ven la necesidad de mejorar la perspectiva.

Esta semana podemos ilustrar lo que queríamos decir: un destructor de Estados Unidos atraca en nuestras costas. Panamá es un país cuya neutralidad de verdad importa.  Cuando uno ocupa un cargo público, siempre representa el cargo que ostenta, no hay horarios. Sumen estos tres hechos y pregúntense: ¿qué hace un alcalde y dos diputados de la Asamblea de visita en ese destructor y encima con cara de estar en el circo? Les falta criterio, sufren de un infantilismo agudo que nos perjudica a todos.

En política (y en cualquier orden de la vida) la figura del «tonto útil» es fundamental, es esa persona que desprovista de madurez intelectual se presta, queriendo o sin querer, a los intereses del que está al otro lado de la mesa y que siempre termina perjudicándolo. Los tres «políticos» panameños actúan como ya tienen costumbre, infantilizados, con sonrisa de feria y sin entender el papel que ocupan. Esa es la clase de político que hemos sumado al corruptón criollo, que se sigue dejando ver gracias a los residuos y demás morisquetas electorales. Y quedan tres años larguísimos de este tipo de tontería útil que quieren hacer pasar por política.

El tonto útil, el sin criterio, no lo nota, lo sufren sus electores, y cuando les dices en qué situación se encuentran, se revuelven lanzando consignas vacías o directamente ponen cara de yo no fui e ignoran cualquier contrariedad. Lo peor es que cuentan con la desidia de la mayoría de los ciudadanos. Y son peligrosos porque, sin criterio, cualquier disparate lo disfrazarán de buenas intenciones.

Publicado el martes 31 de marzo de 2026 en el diario La Prensa

11 marzo, 2026

Bromas

Hace más de un año, el 5 de febrero de 2025, escribí Es tiempo de alzar la voz: el silencio de Panamá (léelo aquí), cuando Trump hizo una serie de afirmaciones falsas sobre Panamá en su discurso de toma de posesión en el Capitolio, donde el Congreso de Estados Unidos había ratificado el Tratado Torrijos-Carter en 1978. Dijo por aquellas fechas que Panamá había comprado por un dólar el Canal: todo, ya saben, es mentira.

Panamá suscribe, en su visita a Miami, un acuerdo militar sin tener ejército, ni siquiera una buena «inteligencia», así que, como dicen algunos, el chiste se cuenta solo, pero hay que estar donde te llama el mandamás, y sobre todo, cuando se ha hecho la transacción de los cobardes: pagar la seguridad con la libertad y la paz con la verdad. La solución de «callaíto toi más bonito», pone de relieve la pérdida de dignidad nacional, tan peligrosa para muchos estos días.

Dice la sabiduría popular que «entre broma y broma la verdad asoma», y el chiste del gringo viejo delante del presidente de la república, sin que haya sido capaz de replicar con sagacidad respetuosa pero firme, revela que la época de la épica de la soberanía y demás mitos patrióticos han pasado a la historia, lo que hay que hacer ahora es pasar agachado para que no nos intervengan, como si no estuviéramos ya intervenidos por la corrupción y la dejadez.

Mandé mi texto a periodistas panameños, buscando a alguien capaz de alzar la voz para defender nuestra verdad: nada, cobardía calculada. Ninguno dijo nada a nivel internacional, ni es capaz de levantar la voz y ser atendido, un gremio de informadores locales, incapaces de traspasar fronteras. Estamos aislados, silenciados, solo nos oímos gritar entre nosotros. Aquí fuera, el mecánico de mi barrio me dice que si hemos comprado el Canal por un dólar como dijo Trump. Gracias por el silencio y por dejar que la broma siga su curso.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 10 de marzo de 2025.

03 marzo, 2026

El entusiasmo de la ministra

«Hoy he recibido comunicación de todo el país, y hay un entusiasmo muy grande. No sé cómo transmitir al país, afuera creen más en nosotros que lo que creemos nosotros aquí adentro. Tenemos a las mejores empresas de tecnología hoy en Panamá formando a nuestros docentes, y ninguna empresa de ese nivel, estoy hablando de Google, Microsoft, pone su sello en un proyecto que no funciona, ellos creen en lo que estamos haciendo», dice Lucy Molinar a la entrada de la escuela José Agustín Arango, recién remodelada, entusiasmada con su propio relato, creyéndoselo, aprovechando el transitismo mental que nos ocupa desde hace décadas.

Arrancamos el año como siempre: escuelas sin terminar, planteles que no abren todavía, una reforma educativa en el aire, y la insistencia de la entusiasta con gastarse un dineral en las cacareadas laptops. Encima dice que los de afuera creen más en nosotros que nosotros mismos, haciéndonos pasar por tontos, por no ser capaces de reconocer lo que de verdad nos pasa, y está segura de ello porque unas empresas están formando a los profesores en nuestro país. La pregunta que surge es: ¿lo hacen de manera altruista o, como se les supone, vienen a hacer negocio? En el Meduca, lo hay.

Claro que hay entusiasmo, es el primer día de clases y los muchachos están encantados y también los padres, hasta que la realidad educativa se imponga, que vamos básicamente mal en matemáticas y comprensión lectora entre otras áreas. Pero todo bien según la entusiasta, que dice que los pelaos van a poder comer en la escuela, manteniendo uno de los signos más evidentes de nuestro subdesarrollo: el hambre de nuestros niños. Que le hable de eso a sus amigos de afuera que creen en nosotros.

Mucho éxito en este nuevo año lectivo. Muchachos: no olviden que la mayoría de lo que van a aprender en su vida lo aprenderán leyendo. Lean mucho, conviertan la biblioteca en su espacio favorito.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 3 de marzo de 2026.