23 septiembre, 2026

En la intimidad

Que cada uno puede hacer de su capa un sayo es derecho universal básico bien conocido, faltaría más. Lo que ocurre es que, cuando se aspira a un cargo de elección popular, las cosas cambian. Hay alianzas que no merecen ni el más mínimo respeto y que hay que poner en cuestión. Pero no seamos ingenuos. Me explico.

Salirte con paso firme de tu otro camino para ir realizando metas hasta Colombia, es un despropósito político alarmante. Si a la pusilanimidad del personaje le sumamos el acercamiento a la locura que se esconde en el país vecino, estamos «hechos», pero un desastre, que amenaza con la vuelta de lo mismo, «chen chen en los bolsillos», o eso dicen, a cambio de más prebendas para los de siempre.

La ingenuidad del ciudadano se manifestaría en creer que, porque ahora se desdiga el «caminante», las conversaciones en la intimidad no van a seguir su curso, porque es necesario que, si por casualidad se realiza la meta de llegar a Las Garzas, se haga lo que quiere RM (cualquiera de los dos). Así que, al que frecuenta locos, hay que afearle el gesto hasta no votarle: los oportunistas son siempre perversos y corruptores, porque en el trapicheo políticos las oportunidades se construyen pagándolas.

Esta nueva forma de político inescrupuloso ha de ser desterrada del panorama electoral panameño. Ya tocaron el poder, ya tuvieron su cuota de destrucción masiva de la confianza ciudadana en el estado democrático, toca entonces no reelegirlos y pedirles que rindan cuentas: algo, seguro, esconden para que ahora proclamen su amor a las cuatro esquinas ardientes del terruño. Mucho cuidado con estos amantes clandestinos.

Exponer al contrario como encarnación de la peor política, construirlo como adversario a batir en las elecciones para acabar intimando, solo merece el desprecio político, que debe verse refrendado en las urnas no votando por estos cínicos de manual, que cuentan con los ingenuos de siempre para seguir en lo mismo.

Artículo publicado el martes 22 de septiembre de 2026 en el diario La Prensa.

09 septiembre, 2026

Una medalla, un Cristo y un partido

Una medalla, esta vez la de la Asamblea, centenaria y más, como la Academia Panameña de la Lengua, a la primera dama (así, en minúscula), una figura que nadie vota, sin más mérito que el de ser la esposa «de», que tiene despacho, gastos discrecionales, y que debería desaparecer y no premiarse de ninguna manera. A Roberto Durán, siendo leyenda indiscutible hace años se la dan ahora, y a la señora de Mulino, en dos. Es, como casi todo en este país, absurdo.

Un Cristo, el de Portobelo, recibió lo prometido por el presidente antes de ganar las elecciones: la restauración de su iglesia por un palacio, el de Las Garzas. Y allí está él, cumpliendo, qué bien, ya podría haber prometido algo más al milagroso de Colón, y así tendríamos mejor calidad de vida, más seguridad, y menos populismo religioso oportunista, porque restaurar aquel templo, con mano de obra eventual de los del pueblo, no suena nada populista, ¡qué va!, es la mirada torva de los que no quieren ver el «milagro» presidencial.

Un partido, Vamos, quiere participar en la vida política con mejores herramientas democráticas, que nunca son el problema, sino los sinvergüenzas que las corrompen. Todos los días asistimos al «bonito show» de un legislativo de «patio limoso» y un ejecutivo rofeón y oportunista, pero la «mala» noticia es que una organización ciudadana decide refundarse y dejar de autosabotearse con la idea de los independientes: atomizar es dividir, y con ello ganan panameñistas, perredistas, y todos los corruptidistas que son legión en la Asamblea Nacional, la de las medallas.

Cacócratas, cleptócratas, caquistócratas, y cada vez menos demócratas. El remedio para lo que ocurre en nuestro país pasa por desechar la falsa idea de prosperidad que nos venden, y sustituir la ligereza del «soñar» por la determinación de «hacer» las cosas bien, no permitiendo que se compren voluntades y favores con medallas y diplomas inmerecidos, que no son más que un milagro sin gracia.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 8 de septiembre de 2026