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07 febrero, 2010

Matar en Barcelona (Reseña)

Ya lo decía Thomas de Quincey: el asesinato puede ser considerado como una de las bellas artes y en esta afirmación, creednos, no buscamos justificar que nadie mate a nadie, faltaría más, aunque, dicho sea de paso, la criminología siempre nos ha parecido una ciencia de las más fascinantes.
Con esa estética de fondo se ha perpetrado esta maravillosa colección de relatos “Matar en Barcelona” (Alpha Decay, 2009) que ensaya convertir en literatura crímenes ocurridos en Barcelona, incluso los más cercanos en el tiempo. Construido sobre una idea de Jordi Corominas i Julián y Ana S. Pareja los han pedido a grandes cuentistas y a otros que no lo son para que transformaran los crímenes en literatura el resultado es un muy excelente nivel técnico y un verdadero derroche de imaginación y creatividad a la hora de trabajar sobre los hechos. Destacamos tres de los doce: “Festival de las luces” de Javier Calvo cuya máxima virtud está en la construcción de la atmósfera de la Casa de la Bruja, agobiante y asfixiante y que va resolviéndose por fragmentos como si de una memoria gráfica se tratara. Luego está “Control” de un Manuel Vilas en plena efervescencia de su creatividad situando los hechos del crimen de… (pasen y descubran, hagan sus pesquisas), en el futuro más lejano, con personajes posibles de ayer y de mañana. Un relato muy visual y sugerente que se sostiene con imágenes reales de los hechos. También tenemos el excelente “Nuestras hijas” de Elena Medel en el cual la construcción de las escenas que exponen las psicología de criminal (no vamos a dar pistas del tipo de delincuente) y víctima hacen de éste un trabajo de construcción de perfiles muy destacable.
La fuerza de esta antología está en el hecho de que los autores no se han ceñido a los hechos, los han torcido, los has situado en el futuro, los han convertido en góticos y fantásticos. Muestran que lo que de verdad ha de mover el género negro es la psicología del asesino, el personaje que pone patas arriba la vida de las víctimas y familiares y de la policía que trata de resolver los crímenes.
Vistos en su conjunto los cuentos de “Matar en Barcelona” son una lectura altamente recomendable no solo para los amantes del género d sino de todos aquellos que quieran aprender cómo se elaboran personajes con una psicología compleja.
La nómina de cuentistas conocidos y noveles da una buena pista sobre el camino que está siguiendo el género en nuestro medio. Son perspectivas distintas, enfoques técnicos diferentes y hasta diríamos, con tiento y mucha cautela, concepciones encontradas de lo que es el género cuento en general y lo que es el cuento “negro” en particular.
“Matar en Barcelona” es una iniciativa que debería cundir en todas la comunidades autónomas y que definitivamente “Alpha Decay” tiene que emprender. El trabajo sería una completísima radiografía del crimen español y sobre todo de las pasiones que subyacen en cada una de ellos. Serán libros que dejen perfectamente sentada una sola verdad: que nuestros cuentistas son de los mejores y que el género cuento nos es un cadáver y menos un caso que tengamos que resolver.

05 enero, 2010

Correspondencia. Cortázar, Dunlop, Monrós-Stojakovic (Reseña)

Las nuevas tecnologías han desplazado a las cartas escritas a mano y enviadas en un sobre por correos a la categoría de extravagancia. El correo electrónico y su inmediatez hacen que en pura lógica y pragmatismo le usemos en contra de aquellas. Esta inmediatez hace que se pierdan los espacios de espera, los compases de reflexión entre lo expresado y lo que se espera por respuesta.
Este regusto a pasado extravagante es una de las muchas maravillas de las que podemos disfrutar con la lectura de Correspondencia, que agrupa las cartas cruzadas entre Julio Cortázar, Carol Dunlop y Silvia Monrós- Stojakovic durante el periodo comprendido entre 1980-1983 y que publica con gran acierto la editorial Alpha Decay.
Para los que siguen a Cortázar y quieren saber más del genial escritor argentino esta es una gran ocasión de mirar al fondo de los sentimientos que tuvo el escritor cuando Carol Dunlop, la Osita, fallece dejándole sumido en una gran tristeza, “estoy tan solo y deshabitado” dice en una de las cartas a Silvia.
Este asomo a estas vidas escritas nos permite conocer la situación de los Balcanes durante la época, la ajetreada agenda de Cortázar, su amor por Nicaragua y como estaban tan metidos en el proyecto de “Los autonautas de la cosmopista”, con un entusiasmo inocente y juvenil. Es un acierto editorial no corregir el español de Carol Dunlop, así se conserva la fuerza de lo auténtico y deja ver el esfuerzo que hace por hablar y escribir nuestra lengua.
Pero es esta correspondencia una historia de amor: a la amistad, amor entre un hombre y una mujer y amor a los libros y a la literatura. Se vive cuando se lee un entusiasmo vital apasionante y unas ganas locas de vivir. Es también la crónica de una enfermedad que se llevo a Carol Dunlop y a Cortázar y que le toca vivir a Silvia que se queda sola si la amistad de esta pareja excepcional y que sume en un triste silencio su experiencia.
De prosa ágil, divertida y confidente, se antoja sin quererlo una historia, una novela epistolar que va revelando a cada carta, a cada palabra una nueva emoción que se convierte en el camino hacia lo inevitable.

De todas las cartas, la que más sabe a tristeza es la fechada el 13 de marzo de 1983en la que Cortázar cuenta a Silvia que una de sus cartas se desvío por circunstancias ajenas a ellos y Carol Dunlop no pudo leerla. Cortázar lo lamenta, le supone un sufrimiento más sobre la pérdida de la Osita y reconoce con profunda tristeza no puede llevársela con la alegría que siempre le entregaba su correo.
Al final reconoce Cortázar que está enfermo y de ánimo bien dentro del vacío y de la tristeza. Meses después Cortázar moriría de leucemia, incapaz como dice en esa última carta de escribir largo. La larga espera de aquella larga carta tiene que haber sido difícil y lo dramático del fin tiene que haber sido también muy duro. Pero eso ya pertenece al terreno de la especulación.
Lo que es cierto es que esta Correspondencia glosa perfectamente aquel viejo proverbio de la Biblia que dice que “las buenas noticias fortalecen los huesos”. Y de estas cartas se tras luce la buena sintonía y la alegría que se derivaba de cada carta recibida. Lástima que las cosas terminaran así, que la muerte nos halla privado de más de esta amistad. La verdad es que una de las cosas que la tecnología no se llevará jamás con las cartas es la amistad que se fragua por medio de ellas, sean electrónicas o extravagantemente escritas a mano y enviadas por correo. La amistad está por encima de cualquier formato.