Panamá tiene la dicha de ser un país lleno de grandes profesionales, pero somos tan pilinquis que no nos damos cuenta, somos de ninguneo fácil, de memoria de pez, cortísima, y dejamos pasar a tantas grandes personas que a la larga terminan convirtiéndose en cruciales, pero no lo sabíamos, y ese es el secreto de nuestra debilidad nacional, y en el caso de Griselda López es así. Pero nos queda su obra para recordarla siempre, una obra que merece la máxima difusión.
Lo que me ató a Griselda fue su capacidad de mirar las circunstancias, su naturalidad para escribir luego esas miradas y convertirlas en estampas cotidianas en forma de relatos, eso hizo en Ultrasonido, una suerte de radiografía social de nuestro país que les invito a leer cuanto antes. Y también me ató su generosidad y cariño sincero, su buena conversación, su mirada larga y viajera, su libertad. Nos quedan sus letras y el amplio legado que nos deja.
«Extraño su presencia», jugando con el título de uno de sus libros. Recuerdo cuando nos vimos en su casa, llena de libros, de cariño, de ideas, iluminada por los buenos recuerdos de nuestro viaje a Marruecos, junto a Giovanna Benedetti, gracias a la invitación de Gloria Young. Recuerdo escribirnos sobre ideas, libros futuros, ánimos para seguir, elogios que de su parte fueron un generoso estímulo. Lo más importante que tengo de la Literatura son los amigos, y Griselda López fue, es, uno de ellos.
¡Gracias, amiga. Gracias, maestra!
Artículo publacado el martes 27 de octubre de 2026 en el diario La Prensa.
