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22 junio, 2010

El futbolisto: El optimismo ingenuo

Aquí está. España 2-Honduras 0. Los fantasmas del 82 se disipan. Menos mal. Ahora bien, lo que me cansa de las retransmisiones de fútbol es el optimismo ingenuo con el que presagiaban una goleada. Porque lo que no pueden pretender estos señores es que nos vayamos a la cama satisfechos por la imagen de la selección. Creo que también el futbol existen un concepto que podríamos llamar nihilismo futbolístico. Mientras ganemos…
Unos señores, jóvenes, que ganan una pasta no pueden ir por el campo con un cansancio indiferente como en el último tramo de partido. Para mí, malos augurios para nuestro enfrentamiento con Chile. Tanta preparación física para terminar con la lengua afuera ante la modesta Honduras que le echó más ganas que los nuestros al asunto.
Podría haber, tenía que haber, caído una goleada que nos asegurara clasificarnos ante cualquier enredo matemático. Pero en fin que parece que nuestros amigos de la tele quieren que nos conformemos con estadísticas y en ellas pongamos nuestra confianza. Dicen que no nos merecemos dos goles que merecíamos más como si el fútbol fuera cosa de méritos y no de poner la pelota (culpable según los entendidos de que los tiros se les vayan arriba a los jugadores) entre los tres palos.
Ahora nos hacen un análisis de las jugadas como si eso fuese a cambiar las cosas: si esta es la seguridad que nos dan échense a temblar, el viernes se puede liar la cosa y si nos quedamos fuera al final los que me estén acusando ahora de cenizo me darán la razón.
Argumentar a este nivel futbolístico la suerte o los astros (como el seleccionador de Francia) o el frío es echarle morro al asunto. La ingenuidad no cabe en el optimismo futbolístico y mucho menos el nihilismo. La cantidad de veces que hemos escuchado durante el partido que la jugada era bonita la verdad es que hacía que me preguntara si se trataba la cosa de un concurso de belleza deportiva donde te clasificas por hacer las cosas bellas. Las cosas hay que hacerlas bien.
La actuación de la Roja esta tarde más que tranquilizar nos preocupa porque con la velocidad con la que están jugando los chilenos y con las ganas que le tiene a España la cosa pinta bastante oscura. Esperemos que el próximo viernes hagan bien las cosas, jueguen al fútbol y no fallen penaltis. En un Mundial no se puede desperdiciar ninguna oportunidad.
Sí, claro que me alegro de la victoria pero prefiero, como dicen que decía el recientemente fallecido José Saramago, ser un optimista bien informado para vacunarme en salud, con una victoria entre las manos, del optimismo ingenuo que nos venden por la tele.
Les recomiendo a Javier Marías para mantenernos entonados mientras las demás selecciones juegan y pasamos nuestro calvario desesperado hasta que llegue la hora contra Chile. “Salvajes y sentimentales” es el título de una reedición ampliada que publica Alfaguara de los artículos del escritor madrileño sobre el fútbol, una delicia literaria y sentimental que no deben perderse. Enhorabuena a todos. O a casi todos.

21 junio, 2010

El futbolisto: Cita con la historia.

Suenan las trompetas y los himnos de España y Honduras inundan el aire sudafricano. Cita con la Historia otra vez. Me recuerda todo a aquel remoto día de junio cuando nos empataron a domicilio en Valencia. Ni naranjito nos pudo ayudar. Todo suena a novela, a venganza, a oportunidad de romper el maleficio. Espera el Futbolisto que los aguerridos hondureños no tengan su noche. Mañana comentamos y espero que sean buenas noticias. En este instante, España ataca y una mano no pitada espero que no se convierta en el fantasmas de esta noche.

18 junio, 2010

El futbolisto: El omnipresente fútbol

Ahora que me fijo, el fútbol anda por todas partes. Banderas, camisetas, souvenirs, ropa interior, bufandas y demás artículos. Y no sólo eso, ha conseguido que parte de su argot forme parte de la vida diaria del común de los mortales practiques o no el nobel deporte del balompié. Esta palabra la recuerdo yo de mis años de primaria cuando estudiaba en el colegio salesiano con los libros de don Fernando Lázaro Carreter que se confesaba “incompetente” para los asuntos del futbol en un delicioso artículo del año 1981. Y es que al final el inglés nos ha metido un gol con lo de “football” y no digamos nada de lo “goal”. Pero la lista de términos del argot futbolístico que usamos a diario es larga y seguro que conocen más de una y yo ignoro, seguramente, otras tantas.
Por ejemplo la trillada “casarse de penalti”, que esconde detrás de la pena máxima el hecho de casarse porque se ha quedado embarazada la chica. Conocemos a más de uno que le paso y la cosa no fue tan mal. Lo malo, me dicen, es que el penalti se lo metan a uno.
“Meter un gol”, es otra de esas que no significan otra cosa que nos han engañado. Me dicen que es peor que te metan un gol “por toda la escuadra”, que duele más y para los porteros es una zona inalcanzable de la portería., vamos, que muchas veces es inevitable.
Pillar a uno en “fuera de juego”, que significa que te cogen desprevenido o en una situación comprometida. Ejemplo de ello es lo que pasa en la oficina cuando estamos navegando por internet y el jefe llega por detrás y se te queda cara de “no es lo que parece”.
Pero la peor y la que más me ha hecho daño siempre es esa que te dicen en el terreno de juego: “no le metes un gol ni al arco iris”. No me digan que la cosa no es para echarse a llorar. Yo soy uno de esos a pesar de mi tarde de gloria en la que me retiré del fútbol en activo. Un poco de eso nos pasó ayer contra los suizos. Xavi Alonso le dio al arco iris pero no le metió un gol.
Pero el fútbol no sólo se ha colado en el habla de todos. Hoy se ha colado también en política. Resulta que cierto partido (político no de fútbol) esta orquestando una campaña para dejar de llamar “La Roja” a la Selección Nacional de fútbol. Ya lo de nacional le puede sonar espeluznate a más de uno, pero no vamos a seguir por allí. Resulta que algunos ven fantasmas del pasado e invocan con terror a la Pasionaria. En fin, que en España ocurren cosas más serias que todo esto. Curiosamente un chileno me puso de manifiesto que la Roja ha sido tradicionalmente la Selección de Chile como la albiceleste la argentina o la charrúa la uruguaya. La panameña es la Marea roja, me dicen, y aquí todos tan contentos.
El fútbol, a pesar de los goles que le mete al idioma por la escuadra, es un deporte que trata de vincular, que pretende sostener con su épica unos valores necesaria entre los hombres y las mujeres de bien no caigamos en discusiones político-coloristas que no hacen bien a nadie. La bandera aparte de roja es gualda (palabra que también aprendí en los libros de Lázaro Carreter que aludía en el ejemplo práctico a la bandera de España), es decir, hay más de un color para la ilusión, para la unidad.
Hoy no me salgo del recuerdo de Fernando Lázaro Carreter, que fue director de la Real Academia y gran maestro e intelectual, y os recomiendo “El dardo en la palabra” (hay varias ediciones e incluso una segunda parte) para que nos divirtamos aprendiendo a regatear (mejor que driblar aunque se puede decir) a los rivales de nuestra lengua.

17 junio, 2010

El futbolisto: Tarde de infarto

La cosa se torció pero tranquilos. “Estos hombres nos hicieron campeones de Europa” ¿Y qué? La frase no es mía, se la debemos a Camacho que en la trasmisión del partido se empeñó en hacernos creer que las cosas saldrían bien. En fin, cosas del fútbol (eso es lo que toca decir), que es a lo que más se recurre en estas circunstancias.
La verdad es que la cosa comenzó con el himno nacional y los rostros contenidos y concentrados a tope. Los suizos no parecían peligrosos mientras escuchaban con emoción su himno. Yo volví a confiar en que los chocolateros y relojeros no son buenos futbolistas. Además los nuestros habían ganado la Eurocopa. Aunque también perdieron la Copa Confederaciones pero intenté espantar los malos augurios. No soy supersticioso pero por si acaso mejor no recordar.
El partido arrancó y la cosa pintaba muy bien. Toque correcto, presión al contrario y las posesiones de balón eran abrumadoras. Todo según lo previsto, como ocurre cuando escribes una novela: los personajes controlados, las atmosferas correctas, las tramas y subtramas al servicio del escritor con el objetivo de contar lo que queremos, es decir, España gana el partido. Pero precisamente la cosa cobró más sentido cuando los personajes secundarios se revelaron para tomar protagonismo.
Fue un error pensar que los personajes no se revelan, sobre todo los secundarios. A quién no le ha pasado que teniendo un personaje menor termina por liárnosla y exigir por sus fueros más protagonismo de lo que hubiéramos deseado. Eso hicieron los suizos chocolateros con precisión de reloj de la casa. Esperaron y la ocasión llegó, pero de qué manera.
¿Mala suerte? No, es que la vida misma es así, como cuando escribimos. Siempre se debe contar con el factor “personaje secundario” dado que a nadie, sea ficción o realidad, le gusta ser el segundo. Los suizos buscaron y buscaron y ocurrió el accidente como decían en la trasmisión del partido. Una mala salida de Casillas, rebotes con suerte y un tal Fernandes, suena muy castellano, que mala pata, y gol a golpe de suerte. Personajes secundarios que toman las riendas de la novela.
Pero tranquilos, que nos queda mucho Mundial y muchas ilusiones. Los nuestros dicen que se van a dejar la piel y la afición, luego de la correspondiente pataleta dice que sigue al pie del cañón. Si es que nos apuntamos a un bombardeo.
Hay que confiar, nos piden por todas partes y los especialistas ya van dando fórmulas de lo que Del Bosque tiene que hacer para ganar. De hecho Luis Aragonés dijo que el grupo se va a recuperar que todos tranquilos. Bien, lo haremos. Mientras vamos a esperar el siguiente partido con Honduras (recuerdo aquel 82 en el que empatamos con ellos a un gol) seguiremos hablando de fútbol y memoria.
Hay un librito que os recomiendo hoy para amenizar la espera hasta el siguiente partido. “Cuando éramos los mejores” de J.J. Armas Marcelo (Temas de hoy, 1997) es uno de esos textos emocionantes, tejidos con puntadas de melancolía y ternura. Habla de de fútbol y vida.
Y tranquilos, estos hombres nos hicieron campeones de Europa. No sé si es un consuelo pero es lo que hay.

16 junio, 2010

El futbolisto: La hora de las ilusiones

Hoy es el día y a las 16:00 es la hora: España se la juega con los suizos que lo mejor que tienen es el chocolate y los relojes, precisos y preciosos (por lo que cuestan) pero también tendrán su orgullo. Y allí está la cosa, que en un Mundial el orgullo, el pundonor, la gesta heroica se lleva mucho. Espero que los suizos ofrezcan un buen partido para que los nuestros se luzcan.
Esta mañana las calles están inundadas de una emoción que hace que parezca viernes. Es el día del partido y en las oficinas se preparan para regatear a los jefes, buscan por internet un portal que ofrezca el partido aunque sea en chino y muchos han pretextado médicos recogidas insólitas de hijos y hasta de sobrinos o simplemente han optado por la verdad: me quedo en casa para ver el partido. Algunos jefes, sabiendo lo que hay, están dispuestos a poner un televisor con el partido con tal de que no se les queden en casa los empleados y muchos de ellos han llegado embutidos (muchos no tienen los cuerpos de los jugadores) con la camiseta de la Selección para ir entrando en ambiente.
Las puertas de los colegios están teñidas hoy de camisetas rojas, de los números de Villa, Xavi, Casillas y nuestros demás héroes. Incluso he visto hoy alguna de las antiguas con el siete de Raúl que a muchos les parece que tendría que estar en esta Selección. Las ilusiones se desbordan y todos quieren que en medio de la que nos está cayendo que nos venga una buena noticia desde el Continente Negro aunque las cosas en materia social y política pintan de ese color nuestra realidad.
Muchas oficinas ofrecen a sus empleados ver el partido en su puesto de trabajo con tal de que no falten y muchos hoy han llegado al trabajo con la camiseta
Vicente del Bosque, ese hombre tranquilo y humilde, ha decidido con buen criterio enfriar la euforia sin enterrar las ilusiones. Muchos son los que ven a la gualdiroja campeona del mundo pero la verdad es que hay que ganar en el césped y la elástica tiene que ser sudada.
Visto lo visto hasta hoy España parece tener muchas posibilidades. Brasil incluso tuvo una primera parte muy pastosa y los norcoreanos les tuvieron arrinconados. Los portugueses empataron a cero y ni Ronaldo pudo hacer nada. Los nuestros tienen la oportunidad de hacer algo grande pero no debemos dejarnos arrastrar por la euforia.
Hoy toca ilusionarse y creo que esa es una de las grandezas del fútbol: consigue que la vida se detenga y que se proyecte sobre el terreno de juego. Allí podemos golear a las circunstancias, allí podemos encontrar esperanzas, allí en el césped está la lucha que sostenemos. Hoy España se detendrá y no será por una huelga sino por una juerga roja que si ganamos se va a extender hasta llegada la hora de la cena en la que pondremos el telediario y celebraremos otra vez la alegría o la derrota.
Para que la espera no se haga muy larga podemos ir leyendo “Cuentos de fútbol (Alfaguara, 1998) (yo tengo sólo el tomo 2) que Jorge Valdano selecciona y prologa. La literatura otra vez revolotea por la cabeza del futbolisto y le recuerda que cada partido es como un libro nuevo para leer. Nunca sabes cómo va terminar aunque el título te llame la atención. Espero que esta tarde nuestro libro partido tenga un final feliz.

15 junio, 2010

El futbolisto: Vértigos, vertidos y otros vestigios futboleros

Nada más enterarse mis amigos de que ando haciendo comentarios futboleros me quieren sacar los colores diciéndome que esto se debe a los vestigios futbolísticos de mi infancia, que siempre he sido un futbolero latente. Me quedé de piedra. Ahora me mandan reseñas de los partidos, me ilustran con las posiciones de los jugadores y hasta me han mandado un enlace a la federación española de futbol para que no pierda de talle, página que por cierto no contiene nada. Así nos va. El fin de semana arrancó con empates, todos ganadores y todos perdedores a un tiempo. Entonces vino Argentina y ganó 1-0 y Messi, el mejor de este deporte según se dice, parecía estar exultante aunque no marcó ningún gol. Bueno, lo importante es participar y Maradona convirtió la selección albiceleste en una selección blaugrana. Messi ha dicho que “me sentí como juagando con el Barça”. Vaya, para que luego digan.
Los gringos jugaron contra los ingleses, sí, esos del vertido, y gracias a la inestimable ayuda del portero, de apellido Green (no me digan que no es elocuente), consiguieron empatar. Al portero se le escapó, como el petróleo en el golfo de México, el control Jabulani, que no es su novia surafricana, sino el nombre del balón de este Mundial. Al parecer cada balón tiene su nombre como la mascota del evento. Sigo aprendiendo cosas. Había ganas de revancha pero no pudo ser: empate en el terreno de juego y goleada ecológica de los ingleses por muy Green que se llame su portero.
Luego los franceses no pudieron con los uruguayos. Me dicen desde allá que varios panameños militaron en las filas del futbol de la tierra de Benedetti por allá por los años del primer Mundial. Lo que hace el fútbol. Por cierto del seleccionador francés hablaremos otro día, un tipo raro este, amigo de los astros y no precisamente los del fútbol.
Los alemanes aplastaron a los australianos y del resto de los partidos apenas me llegaron noticias. Eran encuentros “menores” aunque en esto del fútbol hay que ir, según las palabras de nuestros jugadores, con humildad, con respeto al rival. Lo triste de estas jornadas es que nuestros vecinos griegos no se quitan la negra que tienen encima ni en el césped ante ¿Korea?, que les gano 2-0. Error defensivo me dicen mis asesores. Lo mismo que con la economía. El futbol es así. Y La crisis.
La nota triste de estas jornadas inaugurales la puso la trágica muerte de la bisnieta de Nelson Mandela. Repaso algunos pasajes de su autobiografía “El largo camino hacia la libertad” (El País-Aguilar, 1995) y me emociona la capacidad de superación de un hombre que recorrió un largo trecho hasta donde está hoy y las tristezas no le dejan. Un camino por un túnel oscuro que es también el camino de un continente que, por mucho Mundial, sigue necesitando del compromiso de todos. El libro del que les hablo lo reedita Aguilar y se los recomiendo mucho.
Mañana les recomendaré otro libro, pero este futbolisto aunque tenga en la cabeza un balón rojo y gualdo, le revoloteen por la cabeza libros, anécdotas y novelas inconclusas por leer y por escribir, lo que desea es que debuten los nuestros. Me parece que he de reconocer el vértigo de que no todo está en los libros: el resto está en el fútbol.
PD: la imagen del futbolisto está basada en una viñeta original de KomicElx.

14 junio, 2010

El futbolisto: El fútbol y el futbolisto: conceptos fundamentales

Mi primer recuerdo futbolístico es el de un balonazo saliendo yo de mi barrio en Panamá de la mano de mi madre cuando contaba más o menos con seis años. El fútbol visto de cerca. Desde esa fecha hasta hoy mis recuerdos vinculados al deporte Rey (así le llaman todos) son bastante negativos en dos sentidos: en lo personal y en lo público. En lo personal jamás metí un gol y las pocas veces que he saltado al terreno de juego la cosa ha ido mal o me ha salido alguna “genialidad” (le llaman así a las buenas jugadas) por obra y gracia de la casualidad aliada con la patosidad que gobierna mis miembros.
En lo público he sido siempre un ignorante futbolístico, de esos que no saben cómo se llaman los jugadores ni en qué consisten las posiciones que cada uno ocupa en el terreno de juego. Vamos, un mueble futbolístico.
Como ejemplo, dos hechos: A los doce años, por fin, me fui con los muchachos del barrio a jugar en el viejo campo de tierra cerca del estadio de béisbol. Pase de la muerte, salí desmarcado en posición reglamentaria, portero batido, bote extraño del balón el cual se me encajó entre las piernas, bajo las partes nobles, y no fui capaz, por los nervios del primer gol, de deshacer el entuerto. Risas, ridículo deportivo.
La otra ocasión ya vivía en España. Estaba en un campamento de verano para jóvenes. Los diecinueve me sentaban bien, pero no a mi fútbol, aunque la genialidad me perseguía ese tarde. Enfundado en la elástica del Madrid me desmarco por la derecha y me pasan el esférico que da justo en mi talón derecho, pasa por encima de mí, y en una extraña conjunción planetaria, controlo la pelota, doy un extraordinario pase de la muerte y gol. Ante mi desconcierto todos vienen a abrazarme por la genialidad. Consciente de mi mala suerte me retiro del fútbol en el momento más alto de mi carrera. Hasta hoy, disfruto del recuerdo de aquella hazaña y de las palmaditas que los amigos me dan al recordarla “vaya potra” sentencian, y yo me dejo querer.
Como nunca se me dio bien el fútbol quise seguirlo por la tele. “Ofsay”, (traducción del panameño: fuera de juego) gritaban al árbitro, “¿qué?” preguntaba yo a mis amigos delante del televisor que sacaba el señor Armando a la calle por su ventana en Panamá para ver los partidos todos juntos. Por mucho tiempo fui uno de esos aficionados al fútbol con el que no quieres ver ni un solo partido porque preguntan mucho. Pero tranquilos que al final de algo sí que me enteré. Creo.
Por eso hoy, puesto de manifiesto que de fútbol poco sé, que del fútbol (o futbol, según quien lo diga) poco disfruté, me voy a convertir, y espero que me sigan, en “el futbolisto”, es decir, uno que de fútbol nada sabe pero que opina sobre él y sus aledaños buscando un correlato con la realidad. Este es un concepto básico a tener en cuenta para este Mundial y las crónicas que pretendo compartir con vosotros.
Haremos un seguimiento de “La Roja” (no de la Pasionaria) y dibujaremos unas reflexiones sobre lo que nos rodea, libros, amigos, escritores, fama y gloria, pasado y memoria, para vernos reflejados en el fútbol, ese deporte al que llaman “Rey” hasta los republicanos.
Pero no lo olvidéis: no tengo mucha idea de fútbol, no lo sigo nada más que cuando juega la Selección, y me he llevado más de un disgusto con ella (una alegría, la Eurocopa, una sola alegría) y con la panameña ni se diga: no ha ganado casi nada en su vida.
Se puede opinar y se me puede ilustrar sobre el deporte del balón: reconozco que nunca es tarde si la dicha es buena.