25 septiembre, 2008

Zapatero el cachondo

Por fin nos han dado la receta contra la crisis: el sentido del humor. Bueno. Hay que reírse mucho, es obvio, hacer lo que los psicólogos llaman “relativizar” o como decimos más a pie de calle “quitarle hierro al asunto”. Bueno. Me río.
Ahora bien, no es suficiente reírse, necesitamos soluciones que evidentemente no pasan por la risa floja, esa que tuvieron que forzar la comparsa de Zapatero después de su chiste ante los empresarios gringos. Tardaron en reaccionar, miren el video. El presidente cachondo es además muy optimista (la mayoría de los chistosos lo son). Dijo que España "quizás tenga el sistema financiero más sólido del mundo". ¡Chúpate esa! Pues nada, más risas. Sobre todo se tronchan Berlusconi y Sarkozy (sus amigos de risas).
Nuestro optimista irredento, de esos que se hunden con la patria en vez de intentar reflotarla, le dice a Rajoy que sea más cachondo como él, que esas bromas se las gastan los Primeros Ministros (que se fastidie Mariano que no es Primer Ministro ni nada y encima doble perdedor) y que evidentemente él no las entiende.
Pero el mejor chiste de estos días, de esos que remontan crisis económicas que da gusto, es uno que contó mi tocayo Pedro Solbes en el Congreso de los Diputados (Globo Media a cerrado contrato con el Estado español para retransmitir desde allí “El club de la comedia”): “nosotros nunca hemos negado la crisis”. Mi mujer Marga Collazo casi tuvo que llamar al SAMUR del “descojone” que me dio (todo esto en vísperas de nuestra boda es muy preocupante, lo digo por lo del des-cojone y la luna de miel). Pero una vez oído al cachondillo de don Pedro me he quedado más tranquilo, sobre todo con eso de que esta es la peor crisis que él ha visto nunca. Risas.
Pero hay un “mogollón” de gente que se “troncha”: el señor de la tienda de electrodomésticos de Getafe que ha tenido que cerrar después de veinte años de negocio, al igual que la mujer de la tienda de muebles y las fruterías de barrio. Unos cachondos todos. Se están “partiendo la caja” los padres que tienen que dejarse un riñón en libros este año o a los que les han denegado las ayudas de comedor por ser “ricos” (que me “mondo”). Otros graciosos son los parados que son gente de chiste fácil allí en las colas del INEM y los que están cayendo en la morosidad hipotecaria también son unos cachondos. Todos ellos viven en la “primera división” de la economía, la española, “la más sólida”, quizás, del mundo. O quizás no, cachondo.
Basta de risas y pongámonos manos a la obra (otros chistosos los de la construcción) con la economía. La risa que remedia muchos males, no reduce hipotecas ni da trabajo. A menos que decidamos escribir monólogos para políticos cachondos que nos matan de risa con sueños económicos a largo plazo, como Zapatero el cachondo, que vive en el País de la Maravillas sin Alicia ni conejo parlanchín. Los dos están el paro. ¡Qué risa señores, qué risa!

24 septiembre, 2008

Caminar

Hay que caminar. Si nos quedamos inmóviles, temerosos y tristes la "realidad" (el entrecomillado es de Nabokov) terminará consumiéndonos. No temamos el camino que vayamos haciendo al andar. Escuchemos como Don Quijote a los perros que ladran porque caminamos. Disfrutemos del paisaje mientras haya luz. Llegará un buen día el crepúsculo definitivo y se terminará el camino cuando hallamos dejado de andar. Para ese día espero tener la pupila llenas de soles y en el horizonte, al Creador.

Mortal y rosa

Conservo con cariño el ejemplar de Mortal y rosa que Francisco Umbral me firmó en el Círculo de Bellas Artes. Lo había leído y lo subrayé profusamente. Aprendí mucho y descubrí al Umbral que se escondía tras el personaje Umbral.
La literatura en forma de diarios es muy popular. Desde el famoso Diario íntimo de Amiel pasando por los "tomazos" de Salón de pasos perdidos de Trapiello hasta el reciente Dietario voluble de mi perseguidor Vila-Matas (que me ha regalado mi mujer Marga Collazo como despedida de nuestra soltería), la literatura en este formato busca la cercanía a la intimidad, seducir con hechos del alma el corazón de los lectores.
Mortal y rosa consigue este objetivo, sin ser ficción. Comunica al lector las dos grandes pasiones del autor: su hijo y la Literatura. Del hijo y su enfermedad Umbral se queja, llora. Protesta por lo que él entiende como un suicidio de la civilización, es decir, la muerte de un niño. En el hijo que se marcha poco a poco, que se apaga, se centra toda la carga existencial y dramática, la tristeza profunda y rabiosa ante la perdida.
Pero la contraparte del libro, la Literatura, se transforma en el bálsamo, el clavo ardiendo, el ancla. Umbral retoma los senderos de su vocación, se repite en soledad qué es la Literatura y la llama en su auxilio. Quiere verse reflejado en los libros, atrapado, rescatado por ellos. Francisco Umbral, golpeado por la tragedia no renuncia a su destino irremediable como escritor sino que en medio de la vorágine se confirma como tal.
El terror ante la muerte de un hijo, la decisión de no renunciar a la Literatura aun en su ausencia, son toda una lección vital pero también lo es la técnica con que son tratados estos sentimientos, esas sensaciones terminales, profundas, al borde del abismo. Lo fragmentario de los textos, la metáfora certera y precisa, convierten este texto fundamental de la Literatura española en un referente para los que pretenden hacer literatura hoy.
Sobre el hijo un breve fragmento de los tantos en este libro: "vivo de llorarte en la noche con lágrimas que queman la oscuridad". Sobre el ser de escritor dice: "escribir es sólo la exteriorización de una actitud y de una óptica. El escritor va por dentro".
La edición que me firmó Umbral es la misma que ilustra esta reseña, la de el periódico El Mundo. Félix Grande dice en el prólogo que Umbral "estaba tan aturdido de dolor que no se daba cuenta de que escribía un monumento a la literatura". Razón no le falta: Francisco Umbral a conseguido la metáfora perfecta y la ha escrito en un libro. Consiguió convertir en Literatura la más grande de las heridas: la muerte de un hijo. Aquí nos queda uno de los libros más brillantes sobre la oscuridad. El más triste sobre la alegría de ser escritor.

23 septiembre, 2008

La popularidad del populismo

Vuelve a estar de moda esa vieja perversión de la democracia que se llama populismo y que tanto daño hizo en América Latina durante los años setenta y ochenta. Parece que no escarmentamos. El pueblo unido ha sido vencido por esta lacra que no deja más herencia que el inmovilismo civil. Me explico.
El populismo en su vertiente más negativa (de la que hablamos aquí) pretende, según una de las mejores definiciones que he encontrado, utilizar "medidas de gobierno populares", destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto aún a costa de tomar medidas contrarias al estado democrático. Lo que pretende el líder populista es hacer depender al pueblo de él. Las conquistas sociales sólo sirven para secuestrar la voluntad del ciudadano, para hacerle comulgar con ruedas de molino. Estos sistemas sólo buscan mantener en el poder al caudillo de turno.
Al principio, el líder solo busca la comodidad del pueblo, que es tan estúpido que necesita que precisamente él lo libere. Una vez producida la liberación, el pueblo entra en deuda civil con su “salvador”. Este a su vez refuerza el "estado de salvación" a base de decidir él por el pueblo. A medida que avanza el tiempo, la sociedad civil va perdido su capacidad de decidir y juzgar y se instala en una pasividad crítica destructiva.
Tal es la influencia del líder sobre “su” pueblo, que lo que un día se presentó como una "liberación" pasa a ser un secuestro a voluntad de un Estado. Entonces asoma la dictadura o “dictablanda”, como nos vendieron en los setenta a los panameños. Muy blando todo pero también todo "de a dedo", todo pactado y llevado acabo por el dictador y sus secuaces. Y no se puede protestar.
Llegan los famosos repliegues o las puestas en escena de “elecciones generales” donde los pocos opositores son “invitados” a renunciar a sus pretensiones políticas en beneficio común del pueblo, que quiere vivir en paz, una paz impuesta por decreto ley. Es curioso que las juntas militares u oligárquicas nunca dejan el poder al pueblo a los pocos meses del golpe o de la "revolución". No, se pasan décadas estudiando como hacerlo mientras acorralan silenciosamente a la mayoría.
En medio de la confusión surgen las fuerzas externas. Presión internacional, intervención de las grandes potencias en lo que tenga que ver con la oposición del país, intentos de derrocar al dictador de turno. Estas potencias pretenden liberar al pueblo de las garras del populismo pero su único interés es económico. Fuera los sueños altruistas.
Las sociedades acostumbradas a esta especie de síndrome de Estocolmo político, terminan por sufrir, si logran salir de la dictadura, de una fuerte inacción civil. Añoran los días del caudillo populista porque no saben decidir. El criterio desaparece quedando la sociedad civil a merced de los “demócratas” que muchas veces se aprovechan de la situación llegando a ser peores enemigos para el pueblo que los que antes ejercían el poder.
Es triste que la única herencia de los días del populismo sea una profunda incapacidad para decidir con criterio civil pleno. A pesar de la libertad, de vivir en democracia, de poder acceder a la información y a la cultura, la sociedad opta por “arrancarse”, por "irse de marcha" como si de un fin de semana político y eterno se tratara. Prefieren aislarse del debate político. Es más importante el salto de un compatriota, o los goles y “jonrones” de otro que lo que decidan nuestros representantes políticos.
Panamá hoy sufre ese mal, el síndrome de alienación del criterio, que se dá en sociedades que han sufrido dictaduras, dictablandas y demás populismos recalentados y con etiqueta de democracia. Necesitamos dar más de leer, dar más participación a los jóvenes, hay que dar un vuelco a las “opciones” políticas. Menos PRD y menos Panameñismo. Basta de Endaras, y Martinellis y Balbinas que no quieren de verdad lo mejor para nadie excepto para ellos mismos.
Sigamos debatiendo nuestra realidad pero impliquémonos todos para cambiarla, para dejar fuera para siempre el populismo que nos canta las bondades de un mañana mejor para los mismos, los de arriba, sean militarotes u oligarcas, sean de derechas o de izquierdas, sean panameños o no.

22 septiembre, 2008

Los malos de la tele

Durante la cena, mi hija me pregunta que por qué llora un chico en la tele. Su madre se adelanta y le contesta que unos hombres muy malos han matado a su padre. Lucía se queda callada, piensa en el suyo y responde diciendo que hay que meter a esos hombres malos en la cárcel. Ojalá, le digo yo, y continúan las noticias hablando de la inundación en Coslada.
ETA vuelve a matar a la desesperada. Vuelve a matar a un inocente de manera cobarde tiñendo de luto al país. Lucía pide justicia a sus cuatro años, pensando tal vez que nadie debe matar al papá de los demás. Ella no sabe que lo que es tan simple en su mente, para los adultos es un mundo lleno de políticas egoístas y de nacionalismos lacerantes. No me es fácil sostenerle la mirada a mi hija cundo me dice con la sinceridad de sus cuatro años recién cumplidos que hay que meter en la cárcel a los malos. Se me hace muy difícil explicarle que los políticos vascos vuelven (¿vuelven?) al pensamiento aquel de que unos mueven el árbol y otros recogen las nueces.
Estoy de acuerdo con el presidente cántabro: yo también señalo al PNV como colaborador necesario en toda esta violencia. Son los parientes “majos” de los asesinos, su vertiente más relajada y pseudo distanciada de la violencia. No se pueden condenar asesinatos pero desear sus resultados políticos. Es una cobardía que el “lehendakari” nos diga con tono entristecido que no es justo que sean “ellos” los que deban renunciar a su proyecto político. ¿Qué proyecto? ¿Uno basado en la violencia o sembrado de terror civil?
Nos mienten a todos y lo hacen todos en nombre de la seguridad del Estado, de las correctas relaciones entre partidos o de ocultas negociaciones. El Ministro del Interior no hace mucho, no lo olviden, se jactaba de que en su legislatura no había habido ni un solo muerto. Normal señor ministro, estaban ustedes negociando, como han negociado todos pero salvando las distancias. Es terrible que como ciudadanos asistamos al espectáculo de nuestros políticos utilizándonos para sus fines partidistas. Y nosotros no hacemos nada, sólo celebramos eurocopas, toures de Francia y medallas de oro obtenidas en unos juegos olímpicos en los que nunca debimos participar. Pero ese es otro pato que hemos pagado y del que ya hablaremos.
El hijo del brigada Luis Conde ha dicho con la voz rota que ETA no se saldrá con la suya y es verdad: no lo permitiremos, tendrán que matarnos a todos. Los acorralaremos y les meteremos en la cárcel, haremos justicia para que mi hija crea que de verdad los malos la pagan muy caro y entonces yo pueda sostenerle la mirada diciéndole con rotunda seguridad que en este país sale muy caro hacerle daño al papá de otro. Pero mientras no hagamos nada, esquivaré con vergüenza la mirada de una niña de cuatro años a la que le daremos su madre y yo el ejemplo que jamás tendrá de los políticos que recogen las nueces del árbol que con violencia sacuden los asesinos.

21 septiembre, 2008

Son cuatro

Hoy cumples cuatro años princesa. Tu madre me contó que el mismo día que naciste le sonreíste y que ya mirabas con ojillos de ardilla sabia y pícara a tu alrededor. Sabes, tienes la capacidad de devolverme a la infancia, de retar mis decisiones, de protestarme con mis propios argumentos. Me preguntas, te contesto y a veces logro convencerte pero otras me miras con recelo, con la mirada de “voy a consultarlo mejor”.
Eres aire fresco, risa de arrollo y perseguidora mía a todas horas. Cuando me llamas por mi nombre antes de irte a la cama azul de tus sueños con estrellas me haces sentir bueno y me acercas a la nostalgia aun no perdida del padre que nunca me contó una historia como las que te cuento yo.
Me gusta cuando te ríes y también cuando mi riñes como yo te riño. Te veo imitarme y siento miedo, ya ves que cosa, porque imites algunos de mis defectos. Aun así las cosas me gusta verte mirar con alegría la película de Batman o la de Michael Jordan como si fuera cada vez la primera vez y luego me la comentas.
Son cuatro años, pocos, pero son los básicos, los que gestan y fijan el carácter, esos de los que recordarás muy poco cuando seas mayor, pero de los que quizás guardes un remoto recuerdo que encienda tu nostalgia y me preguntes a mí o a tu madre cómo fueron exactamente esos años y te contemos lo felices que fuimos.
Lucía, hoy cumples cuatro años y me alegro de formar parte de tu vida. Nos esperan muchos años, los que Dios quiera, de crecer juntos, de conocernos, de ser felices. Aprenderás pronto a leer y a escribir y deseo que cuando puedas leas todo lo que yo he leído, incluso lo que he escrito para ti o para otros. Quiero oírte leer tus primeras palabras y cuando eso ocurra te escribiré un artículo, “un artículooo” dirás y yo me reiré contento y tu lo leerás y te reirás conmigo.
Postdata: La imágen para este artículo la eligió Lucía.

18 septiembre, 2008

Cena con el recuerdo

Ayer cenamos en casa con unos invitados latinoamericanos. Digamos eso para no herir sentimientos. La madre se sentía un tanto incómoda (como muchos latinoamericanos) por ser invitada por sorpresa a expensas de mi hija Lucía que se lleva muy bien con su niño. El niño (digamos que se llama Gustavo) comió con las ansias de quien come poco. Jugó con los juguetes que nunca tendrá y deseó volver a nuestras casa con un habitación para cada uno, con comida en la nevera y con vitrocerámica y televisor para ver lo que quiera. La madre estaba muy cohibida, se reía pero se le notaba incómoda por la hospitalidad. Es persona de invitar y no de ser invitada.
Me recordó mucho a otra madre con otros hijos, en otro país, en otro tiempo. Me recordó cuando íbamos con mi madre, mi hermano Pablo y yo, a casa de la señora Carmen que tenía un hijo (ella ya murió) que se llama Viviano y que tenía muchos juguetes, su propia habitación y que comía lo que quería de su nevera. No como nosotros.
Ayer le di las gracias a mi mujer Marga Collazo por la cena, por hacerme vivir sin saberlo una vuelta a un pasado donde yo comía con las ansias del que no come mucho y que terminaba por robar un juguete de casa de aquel amiguito que no notaría la desaparición de aquel mínimo juguete. Menos mal que Gustavo (dijimos que llamaríamos así al niño) no se llevó nada porque es mejor que yo.
Cené con el recuerdo de que hay muchos en este país que no tienen todo lo que desean, que hay muchos niños que no juegan con los juguetes que desean y que hay mucha gente que a la que le cuesta reconocer que no les va tan bien como creen. Ayer cené con el recuerdo de una madre que nos advertía antes de salir de casa, que nos portáramos bien en casa de la señora Carmen y que tratáramos bien a Vivianito por que era nuestro amiguito. Bendita memoria que te recuerda de dónde vienes para que no termine uno por creerse que las cosas siempre fueron como hoy.

17 septiembre, 2008

¿Quién dijo crisis?

Para los patriotas y no patriotas, paralos derechones rancios y rancios progres, para antitaurinos sectarios y para paladines de la fiesta nacional, para los verdes, para los catalanistas y para los nacionalistas vascos, para ellas y para ellos, para todos: Crisis. Bueno, para todos menos para el Gobierno y sus opositores que no se bajan del burro, que se van de vacaciones a nuestra costa y encima van de afectados por las subidas. Pobres políticos que se merecen nuestro afecto y un sueldo vitalicio.
Gobierno derrochón que con la que está cayendo se inventa dos nuevos Ministerios (con lo que cuesta eso) y encima ni ellos se enteran exactamente de que van. Ministerios con individuas ignorantas de nuestra lengua y sus reglas (no reglos ¡cuidado machistas!). A ver si nos igualan a todos. En lo del sueldo que es ahora lo más importante para los españoles con "hipotecas" (el plural no es mío, es de la realidad).
La Oposición, otro tanto. En vez de centrarse en reclamar lo de la crisis, que tanto juego les dio durante la campaña de cahondeo político contra la sociedad española (Manuel Pizarro como fichaje estrella), se encerraron en una vorágine reformista que le dio cancha a los que gobiernan para insultar de anti-patriotas a los que dijeran crisis. Unos sinvergüenzas, en resumen, todos, los Hunos y los Hotros que diría don Miguel.
¿Y ahora qué? Pues nada como estamos en crisis, Ministerios, como estamos en crisis, ampliación de la ley del aborto, como estamos en crisis 400 euros para todos, como estamos en crisis el toro de la Vega. ¿Y de la crisis en sí misma qué? Nada que estamos preparados para superarla pero, un detalle irrelevante, ¿cuándo? No se apuren ya habrá tiempo para eso, disfruten del paseo. Mientras, empeñe un riñón y váyase de vacaciones o intente vender su casa devaluada. En crisis regálese Canal plus o la TDT total, por unos euros de menos... Pero sobre todo, no mencionen ustedes la crisis, no se obsesionen, ya se sabe, la culpa al final es de nuestros amigos lo gringos que para eso son muy socorridos. Vendrá Hugo Chávez (es gran hombre de estado) a salvarnos con su petróleo y Evo repartirá jerseys para todos cuando llegue el frío. Crisis ¿qué crisis? Pues eso.

14 septiembre, 2008

El escritor, una justificación

Me han dicho varios lectores de estos “senderos” que esa cita de Andrei Tarkovski que abre el blog lo único que pretende es justificar mi supuesta condición de escritor talentoso pero no publicado. Es, como me decían, una auto-complacencia.
Posiblemente no les falte razón. Si uno no se cree capaz de hacer lo que le gusta pues pare usted de contar. Juan Antonio Vallejo-Nájera decía que todos los escritores son vanidosos. Todos. Ese prurito de “soy humilde me da igual que no me lean” es más falso que una peseta (ahora euro) de goma. Todos quieren publicar, todos quieren vivir de lo que escriben, todos quieren escribir para seguir viviendo de ello. No nos llamemos a engaño.
Lo bueno de un blog es que te da la posibilidad de someter lo escrito al escrutinio del público. Es como tener un taller literario en línea (pasaros por el blog de mi querido Jorge Eduardo Benavides) para ser ayudado en lo que se escribe y reclamado por lo que se piensa y eso es bueno. Para el que escribe y para el que lee.
Si creo que tengo dones naturales o no eso tiene que decirlo la gente, en esto, ya se sabe, todo es relativo. Gente sin ningún talento publica y gente con mucho talento no consigue ver publicado ninguno de sus cuentos. Así es la vida. No vayamos de víctimas editoriales por la Literatura. Lo que deseo es escribir, ser escritor es eso nada más.
La urgencia de crear no es directamente proporcional al talento, lo que creo que el cineasta ruso quería decir es que en esa urgencia del creador se encuentra la clave del talento. Esta tesis es apoyada por aquello del iceberg que decía Hemingway. Bioy por su lado comenta que es el trabajo y la experiencia lo que permiten al escritor tomar las riendas de la creación. Transpiración e inspiración volviendo a Hemingway.
Kafka dijo también que hay que escribir en la oscuridad, como en un túnel. Hay que meterse en el oficio, sumergirse en la escritura y en la búsqueda de la mejor manera de contar la historia que nos persigue. Sea microrelato o novela o cuento, si no nos sumergimos, no podremos contar nada. Me quedo entonces, dicho todo esto, con lo que Tarkovski dice a mitad de su frase: El artista se caracteriza por su urgencia de crear. Arista o no la urgencia por crear es la que es y es mejor asumirla que echarse a llorar. Es mejor escribir en la oscuridad que no escribir.

¿Cuántos caben?

Ignacio dejó pasar a un dependiente. Luego, una mujer sin dinero le pidió pasar. Hablaron los tres. Luego vino un asesino ilustrado y un escritor para instalarse en el mismo espacio e Ignacio, que es así, no era capaz de echar a ninguno. Luego resulto que el asesino ilustrado era el padre de la hija de la mujer sin dinero que se había metido con ella sin que Ignacio lo supiera. El profesor Souto, con el que tiene mucha confianza ultimamente, le dijo que dos o tres, que les separara.
Ahora Ignacio tienes dos microrelatos y una cena más que pagarle al profesor.
Octava enseñanza: Muchos son los invitados, pocos los elegidos: no hay líneas para tanta gente. Tres no comen donde comen dos.