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14 abril, 2026

Los prepotentes

El ministro de obras (léase con significado escatológico) públicas rofea a unos ciudadanos —sus jefes, a los que debe su sueldo y servicio—, diciéndoles que él no anda de paseo, que él «tiene muchas cosas que hacer» y que no le gusta que le hablen en mal tono.  Le molesta que le dejen en evidencia, como cuando le plantean que llegó por aire, no por carretera, y que debía haberlo hecho, para medir bien la situación y enfrentarla, pero el «obrero» ministro rofea más y llama irrespetuoso al ciudadano y dice que es «un aporte» ir a ver la situación.

Cuando un gobierno habla en términos de aporte, favor o ayuda, es sospechoso de creerse que el dinero público y sus obligaciones son de su propiedad. El panameño, acostumbrado al congueo y al «¡sí señor!», sumado al miedo de protestar, cede ante los atropellos del ejecutivo, los desbarajustes del legislativo y a la impunidad del judicial. Tan adormecidos estamos que solo queremos que pasen los años mulinos para ir a otra cosa, porque solo nos sentimos vivos cuando votamos, después, el letargo.

Moca o Vamos fueron esperanzas, ahora van siendo decepciones, y los de siempre, el resto del espectro fantasmal político, está dejando que se destruyan solos para ofrecerse luego como solución a tanta tristeza electorera. Mientras, el rofión mayor, suelta discursos con sonrisillas prepotentes, de esas que no sacan a pasear cuando el peor presidente de los Estados Unidos se burla en su cara del trato que hicieron los panameños para obtener «el Canal por un dólar».

A todo prepotente le llega su hora, desde un cargo público es fácil serlo. Solo espero que con suficiente pedagogía aprendamos a afearles a estos abusones su actitud cuando estén por la calle, que aprendamos a decirles «es usted un prepotente, debería darle vergüenza». A ver si aprendemos, y también a protestar de forma más constructiva y eficiente: hace falta si no queremos seguir como vamos.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 14 de abril de 2026

31 marzo, 2026

Sin critero o el tonto útil

La semana pasada hablábamos sobre la necesidad de tener criterio para ser críticos. El problema que genera hacerlo es siempre el mismo: la soberbia del ignorante y la indiferencia de la mayoría, muchos de ellos conscientes de que hablar paja es un buen negocio. Reaccionan mal porque se ven expuestos y les duele el orgullo «intelectual» mancillado, pero no ven la necesidad de mejorar la perspectiva.

Esta semana podemos ilustrar lo que queríamos decir: un destructor de Estados Unidos atraca en nuestras costas. Panamá es un país cuya neutralidad de verdad importa.  Cuando uno ocupa un cargo público, siempre representa el cargo que ostenta, no hay horarios. Sumen estos tres hechos y pregúntense: ¿qué hace un alcalde y dos diputados de la Asamblea de visita en ese destructor y encima con cara de estar en el circo? Les falta criterio, sufren de un infantilismo agudo que nos perjudica a todos.

En política (y en cualquier orden de la vida) la figura del «tonto útil» es fundamental, es esa persona que desprovista de madurez intelectual se presta, queriendo o sin querer, a los intereses del que está al otro lado de la mesa y que siempre termina perjudicándolo. Los tres «políticos» panameños actúan como ya tienen costumbre, infantilizados, con sonrisa de feria y sin entender el papel que ocupan. Esa es la clase de político que hemos sumado al corruptón criollo, que se sigue dejando ver gracias a los residuos y demás morisquetas electorales. Y quedan tres años larguísimos de este tipo de tontería útil que quieren hacer pasar por política.

El tonto útil, el sin criterio, no lo nota, lo sufren sus electores, y cuando les dices en qué situación se encuentran, se revuelven lanzando consignas vacías o directamente ponen cara de yo no fui e ignoran cualquier contrariedad. Lo peor es que cuentan con la desidia de la mayoría de los ciudadanos. Y son peligrosos porque, sin criterio, cualquier disparate lo disfrazarán de buenas intenciones.

Publicado el martes 31 de marzo de 2026 en el diario La Prensa

11 marzo, 2026

Bromas

Hace más de un año, el 5 de febrero de 2025, escribí Es tiempo de alzar la voz: el silencio de Panamá (léelo aquí), cuando Trump hizo una serie de afirmaciones falsas sobre Panamá en su discurso de toma de posesión en el Capitolio, donde el Congreso de Estados Unidos había ratificado el Tratado Torrijos-Carter en 1978. Dijo por aquellas fechas que Panamá había comprado por un dólar el Canal: todo, ya saben, es mentira.

Panamá suscribe, en su visita a Miami, un acuerdo militar sin tener ejército, ni siquiera una buena «inteligencia», así que, como dicen algunos, el chiste se cuenta solo, pero hay que estar donde te llama el mandamás, y sobre todo, cuando se ha hecho la transacción de los cobardes: pagar la seguridad con la libertad y la paz con la verdad. La solución de «callaíto toi más bonito», pone de relieve la pérdida de dignidad nacional, tan peligrosa para muchos estos días.

Dice la sabiduría popular que «entre broma y broma la verdad asoma», y el chiste del gringo viejo delante del presidente de la república, sin que haya sido capaz de replicar con sagacidad respetuosa pero firme, revela que la época de la épica de la soberanía y demás mitos patrióticos han pasado a la historia, lo que hay que hacer ahora es pasar agachado para que no nos intervengan, como si no estuviéramos ya intervenidos por la corrupción y la dejadez.

Mandé mi texto a periodistas panameños, buscando a alguien capaz de alzar la voz para defender nuestra verdad: nada, cobardía calculada. Ninguno dijo nada a nivel internacional, ni es capaz de levantar la voz y ser atendido, un gremio de informadores locales, incapaces de traspasar fronteras. Estamos aislados, silenciados, solo nos oímos gritar entre nosotros. Aquí fuera, el mecánico de mi barrio me dice que si hemos comprado el Canal por un dólar como dijo Trump. Gracias por el silencio y por dejar que la broma siga su curso.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 10 de marzo de 2025.

09 diciembre, 2025

Sordos

«Hablar contigo es como predicar en el desierto», nos decían nuestros mayores: la necedad orgullosa, ligada a la razón y al corazón, nos impedían escuchar y tomar en serio cualquier pedagogía hecha desde el hogar o la escuela. Se trataba de pura inmadurez, de orgullo ignorante, que hoy en Panamá muestran periodistas, sus oyentes y demás opinadores en redes, llenadores de ciberespacio con la paja que brota de criterios poco instruidos.

Panamá ha elegido la sordera sospechosa ante cualquier conflicto que requiera su decisión como sociedad. No nos fiamos de nadie, todo el mundo es sospechoso por color político, por periódico donde escribe o televisora donde colabora; de la radio ni hablemos: gritones, exagerados mentadores de Dios y sus virtudes, y qué decir de partidistas y bancadistas, que se pelean por la blancura de motivos ante un país que no se fía ni del sistema democrático, lo que es en sí un peligro.

Estoy de acuerdo con Umberto Eco: las redes han dado a los idiotas un altavoz, y a los demás, la capacidad de hacerse los sordos —vía hacerse el pendejo— desconociendo el origen y progreso de nuestros males, como si hubieran caído súbitamente del cielo. Es ridículo oír a periodistas y políticos de siempre hablar como si lo que nos pasa fuera de ahora, aferrándose al que mejor pague. Estúpidos que gritan a sordos que se creen lo que les dicen.

Hemos renunciado a la pedagogía y optado por comentar y repetir, como si fuésemos los más vivos, las mismas noticias de siempre, disfrutando como medios y como políticos de la cronicidad mediocre que nos lleva destruyendo décadas. Qué fácil hablar de escuelas a medio terminar cuando cada marzo se dice lo mismo.

Debería darnos vergüenza tanto sordo, pero no, queremos serlo a mucha honra, convirtiendo nuestra ignorancia estúpida en marca de nuestro medio o partido o bancada, dejando fuera la necesaria pedagogía que nadie quiere abordar porque no vende ni es popular.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 9 de noviembre de 2025, día Internacional de la Lucha contra la Corrupción.

25 noviembre, 2025

La víctima y el verdugo

Lo que el legítimo presidente de la república dijo en Costa Rica es de un cinismo alarmante, de arrogancia de boquisuelto, porque amenazar con prender un país es perverso, pero peor es ir de víctima cuando en el fondo siempre fue verdugo. Las reacciones exageradas de unos y otros dejan muy claro el problema de fondo de este país: a muchos no les importa el criterio, los hechos ni la defensa de las instituciones.

Mulino llegó de prestado a la candidatura presidencial, no se lo esperaba, o formó parte del complot para dejar por fuera a su parcero de fórmula, lo que él negará, pero lo cierto es que llegó a Las Garzas por la puerta de atrás, con el impulso de los «martineliers», que se esperaban del faltón arrogante otra manera de hacer las cosas de cara a su presi, porque él iba de vice, pero ahora cree no necesitar uno, como si la constitución no dijera nada al respecto, pero, según él, es víctima.

Exagerar sobre el estado de la democracia es una forma de mentira peligrosa, porque exacerba ánimos, pervierte verdades e invita a dudar de esta en favor de autocracias que garantizan cierta seguridad pagada con la libertad, un precio muy alto para cualquier sociedad. Si tan capaz era de prender por los cuatro costados este país, ¿por qué no es capaz de pacificarlo por las mismas vías? Así se demuestra que es verdugo en el fondo, que prefiere ver arder el país porque no es capaz de darle estabilidad.

«Vencerá, pero no convencerá», dijo Unamuno, a menos que construya la paz social. El verdadero poder no se demuestra por nuestra capacidad de destruir, sino por la de construir, y eso solo se puede hacer de dos maneras: por la vía de la honestidad de las instituciones, o por clientelismo, que es la vía que prefieren los verdugos, la que se usa hoy día para garantizarse un respaldo que no tiene a pesar de todo.

Artículo publicado en el dirio La Prensa, el martes 25 de noviembre de 2025

  

04 noviembre, 2025

De espaldas a la tribuna

Después del asesinato de Hugo Spadafora, la dictadura de Noriega, heredera de la dictablanda de Torrijos («dicta» es la clave, que nadie se engañe), entró en caída libre. En 1985, la ciudadanía era valiente: los estudiantes que desfilaban, a la altura de la tribuna de autoridades, decidieron dar la espalda al «presidente» y otros pasar corriendo delante de la representación política de un estado dictatorial corrupto.

No es ninguna locura, en estas fiestas tricolor, crónicas y de rebusca, volver a la valentía de antaño: dar la espalda a un presidente legítimo, democrático, pero que ha perdido todo contacto con la realidad ciudadana, que con un 34% legítimo es de los menos queridos. Sería una buena lección para el hombre que rofea cada jueves, autoritario y faltón, que nos señala chabacano y pedante el lugar de la lengua, dejarlo solo y sin desfile: lo que quiere es el baño de pueblo.

Tenemos que dar la espalda a un gobierno servil, que permite al embajador estadounidense participar de la vida pública y política del país como si fuese un nuevo virrey; que insiste en dejar caer la educación a todos los niveles; que no enfrenta con entereza radical y honesta la corrupción; que persiste en su nepotismo velado; un gobierno sin una política cultural rigurosa; que pretende actuar como si el pasado no existiera, con un mesianismo encarnado en un presidente que ya compite con todos los malos expresidentes, y tiene cuatro años para dejarlos muy atrás.

Si tuviéramos un mínimo interés ciudadano, le daríamos la espalda a la tribuna, o nos quedaríamos en casa celebrando la patria con honestidad activa, pero no, hemos entrado en el ciclo de fin de año: fiestas patrias, día de la madre y Navidad, verano, carnavales y ya veremos el año que viene en marzo si las escuelas se caen o no, si las pintan o no. Mientras, bandas y batuteras deleitando a un gobierno que no es la patria.

Artículo publicado el martes 4 de noviembre de 2025, día de los Símbolos Patrios, en el diario La Prensa.

14 octubre, 2025

Las hijas del presidente

Es una cobardía mediocre, que descubre la incapacidad argumentativa de los que lo han hecho, utilizar un viejo video de las hijas del presidente, con personaje siniestro de Blue Apple al fondo, para implicarlas en unos «supuestos» que, como novela mediocre, tendría algún sentido, pero que en la vida real solo nos desenfoca del verdadero fondo del asunto: las formas de la corrupción.

El despacho de la Primera Dama, como muchas de las costumbres «sociopolíticas» que tenemos en nuestro país, son heredadas de los Estados Unidos. Es ridículo, como una monarquía, tener a la esposa del presidente ocupada en menesteres sociales que ya el propio estado debe atender. Es nepotismo barnizado de quehacer institucional, una forma elegante de corrupción.

Las hijas del presidente, por muy profesionales que sean, no deben figurar en ningún área gubernamental, tampoco el hermano del presidente, embajador en Portugal. Por mucho que usted tenga amigos, vecinos o familiares preparados para un puesto, no los nombre, eso es nepotismo, botellerismo, robarle al estado: no solo hay que ser transparente, hay que parecer transparente.

Esa moda de políticos diciendo en redes que los viajes institucionales o desplazamientos a ferias y desfiles folclóricos «me lo pago de mi bolsillo», solo revela lo poco transparentes que son. El estado tiene que correr con esos gastos, que están reglados y sujetos a fiscalización porque, aunque usted se lo pague, va a representar a una institución o a nuestro país y, si usted lo paga, no representa a nada más que a sus propios intereses.

No, las hijas del presidente no deben aparecer dando opiniones sobre ningún área del estado, ese es el fondo del asunto. Se votó por su padre, aquí no hay «pack familiar», esa es una herencia que no nos corresponde. Es hora de ir caminando hacia una sociedad madura, que haga las cosas como deben hacerse y no impuestas por viejos amos que ya están aquí para reclamar lo suyo.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 14 de octubre de 2025.

23 septiembre, 2025

New York, New York

Ya está allí, en la ciudad que nunca duerme, el «king of the hill», que deja atrás la melancolía de pueblo, el blues tricolor, para participar en la Asamblea de la ONU, buscar chenchén para la empresa privada y operarse un hombro, en New York, lejos del ruido del patio limoso y el olor a injusticia que se ha tomado este país, y que él y su gobierno/contubernio se han propuesto mantener: todo por la clientela.

La decisión de operarse en la «Gran Manzana» fue comunicada en el rofeo de prensa del jueves, con una muletilla innecesaria por obvia, pero muy reveladora: «lo pago yo, por supuesto», poniendo al descubierto lo que es un secreto a voces: mejor es gastarse la plata en médico fuera, que sufrir la falta de insumos en nuestra querida tierra. Lo más paradójico de todo es que se va a reunir con los de la «Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), con el propósito de concretar el traslado de la sede de la OPS a Panamá». Traer la máxima representación de la salud a un país en el que no quieres operarte, es un insulto a cualquier mínimo intelecto.

Quizás la villa de 7 millones de dólares en reparaciones sea la respuesta a la falta de insumos (y muchas cosas más) que, sumados a los 5 millones de dólares de los Premios Juventud, que nadie explica a quién benefician (no a Panamá), puedan hacer la diferencia para que, «con paso firme», tengamos un lugar para el alivio del hombro presidencial.

Dios nunca fue panameño, no somos el corazón del universo, ese es el cuento que nos han dado a comer. Vivimos por encima de nuestras posibilidades morales, confiando en unos y otros, creyendo que las cosas pueden cambiar, pero nadie les planta cara a los corruptos: no somos New York, no tenemos buenos hospitales, y eso lo confirma el hombro del presidente.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 23 de septiembre de 2025.

10 junio, 2025

Sordera destructiva

Panamá es un «Estado sordo», lo demuestra el presidente de la República, y la principal causa de ese mal es que se escucha en exceso así mismo, igual que los «líderes» de opinión en redes, que no se les ve rectificar nunca: están tan pagados de sí mismos que el ruido que los rodea es, como nunca, ensordecedor, al punto de que cada opinador es en sí mismo un universo mutuamente excluyente, por su puesto, de cualquier razón que pueda tener otro.

La consigna no es ofrecer soluciones, sino imponerlas, tener razón, que me den «me gustas» virtuales, insultar al que no piensa igual y hasta bloquearlo, menos mal que no ejercen el poder, y los que lo ejercen se dedican a hacerle la vida de cuadritos al que discrepa, y muchos discrepantes se victimizan para que les den sus «me gusta»: Panamá renunció al criterio hace años, y tiene a sus viejas glorias intelectuales insistiendo en ideas y códigos caducos, la mayoría en silencio esperando a que escampe.

Cuando Estados Unidos vino a contarnos nuestra Historia, nadie dijo nada en el exterior (apenas unos artículos tímidos), nadie salió a contar nuestra parte del «relato» pero, ahora que la violencia se ha desbordado, salimos en medios internacionales y nadie sabe cómo explicarla, y cuando se logra, se niega la mayor, y nos creemos la mentira del gran país y la mitología de balboas, polleras y de ser los primeros en la región: somos víctimas de nuestra fantasía nacional.

Nadie escucha, y quien tiene posibilidad de sosegar las cosas opta por la sordera rofiona y destructiva. Se nota que no estamos preparados para desmontar la corrupción, porque detrás de ella se encuentra la razón de ser de nuestra ficción. Optar por el criterio reflexivo de nuestra circunstancia implica reconocer que nos hemos hecho los pendejos por mucho tiempo, pero aunque duela el orgullo, vale la pena: nos daremos la oportunidad de ser lo que de verdad podemos.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 10 de junio de 2025.

La ilñustración es del ilustrador polaco Pawel Kuczynski (pincha aquí para ver su obra).

27 mayo, 2025

La “Bochinchosa” y la democracia selectiva

Me parece oírla cantar «me llaman la bochinchosa porque sé muchas cosas», mientras regresa de Colombia de mandarle a hacer la banda presidencial a RM, y estoy seguro de que se lo dijo su vecina Bartolomea —«y a mí no me lo crea»—, que hay unos «parlamentarios» que quieren tumbar al presidente, y yo me pregunto si será verdad, pero ella, como Rasputín: discretísima hasta el fin, nunca nos dirá, para ser responsable con la ciudadanía de este país, quiénes son los cabecillas de semejante insensatez.

Otros celebran que el ejecutivo aplaste el SUNTRACS, aunque, con carita de yo no fui, el presidente diga que él no puede dar órdenes de entrar con un cuerpo de asalto (la escena es de película) a la sede de cualquier organización. Esa idea selectiva de la democracia, que se ríe cuando intervienen en la libertad de otros, es como escupir para arriba. El ejecutivo da otra lección autoritaria y manda un mensaje a la nación: el próximo puede ser usted, aunque usted no lo crea.

Insinuar golpes de estado es irresponsable, y seguro que punible. ¿No hay ningún abogado que lo denuncie? ¿No hay un Ministerio Público que actúe de oficio, que exija que la expresidenta diga la verdad? Miente o es cómplice si no dice los nombres de los presuntos golpistas. Pero, como siempre, veremos antes en el banquillo a un ladrón de mamallenas que a una terrible expolítica tirar la piedra sin esconderse, dando otra lección de democracia selectiva: yo si puedo delinquir, tú no.

Veremos a la justicia, ágil, acabar con el sindicato, y comprobaremos lo que ya sabíamos, pero nos hemos hecho los pendejos todo este tiempo: la justicia, como la democracia que practicamos, es selectiva, siempre para los otros, no para nosotros y los nuestros. Esta forma de ver la justicia y la democracia manifiesta nuestra incapacidad para comprobar la fragilidad de nuestro sistema y dimensionar lo que está ocurriendo.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 27 de mayo de 2025.

El título correcto (hay una errata en el tútulo en la edición digital y de papel) es "La "Bochinchosa" y la democracia selñectiva", con B mayúscula, porque se alude al personaje televisivo de los ochenta en Panamá.

21 mayo, 2025

Autoritarismo

Otra vez: Panamá votó, y con un 34%, José Raúl Mulino ganó las elecciones. No vale ahora insultar a los que le votaron, si acaso debemos criticar con rigor un sistema que permite que tan poca representación ponga en Las Garzas un presidente que gobierna para los suyos, y que tiene en solfa a la «mayoría» que no lo eligió, pero que le debe respeto y sujeción constitucional. Esta anomalía legal convierte a la «mayoría» que no le votó en una suerte de oposición ciudadana que solo puede hacer oír su voz protestando en las calles, lo cual es legítimo y está garantizado por ley.

¿Qué puede hacer el presidente? Rofear, pedir disculpas reído, y luego entrar en una deriva autoritaria que no es potable para ninguna democracia, pero, si lo piensan bien, ¿qué remedio le queda al 34% ante el resto del país descontento por sus acciones? O sacas a la policía a la calle o es imposible mantener el orden, porque en este gobierno falta capacidad de escucha y altura política: Cortizo es ahora bueNito, y Mulino, un tipo emberracao que nadie se toma en serio si no es por la fuerza.

A río revuelto los nostálgicos hablan de «dictadura», siendo ellos PRD, como si Torrijos hubiera ganado las elecciones del 68, y otros le afean al presidente su pasado civilista, como si aquel movimiento no lo hubiera arropado la mayoría de los panameños de entonces, o como si esa militancia le hubiera convertido en el autoritario que es. Lo que nos hacía presagiar su deriva autoritaria fue su gestión como Ministro de Seguridad.

El presidente puede tener comportamientos dictatoriales, más bien autoritarios, pero no es un dictador, no exageren, tengan respeto por los que de verdad han estado bajo una dictadura en este mismo país, no inventen escenarios indeseables, suficiente con la mala imagen que estamos proyectando, y que nadie es capaz de explicar ni dentro ni fuera de nuestro país.

Publicado el martes 20 de mayo en el diario La Prensa.

La ilustración es del artista Mana Neyestani @manayenestani

13 mayo, 2025

Perdón, señor presidente

Quiero pedirle perdón por llamarlo «el rofión de Las Garzas». Expresó hace días que a usted lo ofenden y nadie le pide perdón. Dirá, «¡vaya pendejo este!», pero, aun así, perdone. Lo más seguro es que nunca haya leído una línea de lo que he escrito. Sé que lleva una vida muy ocupada para leer, y se nota, perdone, pero usted ocupa Las Garzas, rofea, y el resto es historia: calificativo más nombre, igual a sobrenombre o caricatura, perdone otra vez, se me sube el escritor a la cabeza.

Sé que su 34% es legítimo, y que hay quien se hace el pendejo, como si todo el «mal Panamá» hubiera nacido con su mal gobierno, pero es usted el que ocupa la silla, y la sombra alargada de RM se le nota. Usted no es transparente —omnipresencia en medios no es transparencia, es «taquilla», mire la «yuca USA» que nos endosó, espero no estar ofendiéndolo, si es así, le pido perdón, sin argumentar el tamaño de la mecha.

Usted no tiene que ser buena gente, fue elegido para ser buen gobernante, no exagere, ni meta a su familia en esto, ni hermanos, hijas, ni esposa: a la política se viene solo, a lo otro se le llama nepotismo, aunque se disfrace de embajada o despacho de primera dama; y sí, es cierto, nadie debe faltarle al respeto a familiares de la persona con la que debate, es ignorancia, y merece nuestro desprecio.

Nos dejamos confeccionar un país de ciegos, con un par de tuertos que se ríen al ver cómo nos comemos unos a otros, un poco como usted —perdón—, en su perdón leído y reído, como contento de tenernos donde estamos, perdone, serán cosas mías, pero aquí van mis disculpas, y qué magnánimo usted que ya ha pasado página, pero intuyo que seguirá rofeando, creyendo que hay que gobernar contra todos, mucha testosterona y poca neurona. Perdone: le eligieron justo para lo contrario.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 13 de mayo de 2025.

02 mayo, 2025

El rofión y la guarida

Pese a quien le pese, el 34% del inquilino de Las Garzas es democrático, constitucional y, por lo tanto, legítimo: los que pretenden atacar por allí al gobierno parecen estar enfermos del mal que nos aqueja hace décadas: hacerse el pendejo. Si buscan los porcentajes presidenciales anteriores verán que algunos sacaron menos. O se respetan las normas o se cambian, pero no se deslegitiman, eso es de una ignorancia torticera reprochable.

La Universidad de Panamá, no es perfecta, es más, necesita una refundación urgente, y da igual lo «orgullosamente» (adjetivos terminados en «mente», cuidado) egresado o ingresado que seas. Ahora bien, eso no la convierte en «guarida de terroristas», como ha señalado el Rofión de Las Garzas, en otra de sus desafortunadas intervenciones, demostrando que va «con paso firme» hacia la crispación: mucha testosterona, poca neurona.

Insisto, las redes están llenas de opinólogos ignorantes, seguidos por miles de acólitos, en una exhibición vergonzante de retroalimentación retrógrada y peligrosa que no soluciona nada, pero que descarga cualquier verdadera participación: uno le escribe al presidente, o al alcalde, o al diputado o canciller, y cree que se le escucha, pero no, tienen mucha cara dura y no la dan, y el ciberespacio, que aguanta todo, hace el resto: se traga la capacidad de actuar del ciudadano.

A alguien le conviene que las cosas sigan igual. Advertimos desde el principio que el deterioro de este gobierno sería rapidísimo, por el seguidismo clientelar, por la impunidad con que se encubre todo, y por cómo ex (vicealcaldes, diputados y presidentes) que ya tocaron poder, se rasgan las vestiduras haciéndose los pendejos, como si nunca hubieran estado allí, decidiendo.

Veremos como el rofión termina convirtiendo en caos la poca paz que nos queda. El matón de patio es así, está dispuesto a llevar su absurda sin razón hasta las últimas consecuencias con tal de no reconocer que se ha equivocado. Pero está tranquilo en su gruñir: no le pasará nada, como a los anteriores.

 Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 29 de abril de 2025.

15 abril, 2025

Complicidad crónica

La capacidad de los panameños de hacernos los pendejos es de campeonato. Cada marzo, desde siempre en este país, las escuelas no están listas para recibir a los estudiantes, pero nos sorprendemos y nos indignamos hasta que pasan una semanas, y nos olvidamos, otra vez, de lo mismo. ¿Desde cuándo los chances clandestinos? ¿Desde cuándo las botellas? ¿Desde cuándo los «Bolota», «Benicio», «Toro», «Loco», corruptos, huelguistas y vende patrias?: de toda la vida. Pero nos hacemos los pendejos, otra vez.

En redes, sobran políticos sorprendidos, abogados sorprendidos, poetas patrioteros sorprendidos, nacionalistas sorprendidos, y hasta periodistas sorprendidos, que dicen que este país es previsible, y lo es, pero por la complicidad crónica de la que formamos parte, y que se demuestra en el «periodismo» pueril que practican los que quieren azuzar a la gente sin dar nombres de lo que dicen denunciar, asumiendo su responsabilidad en el silencio internacional de nuestra causa. Hacerse el pendejo nos hace cómplices de la corrupción sistémica o de una profunda ignorancia de lo que somos.

Panamá ha muerto, «entre todos la matamos y ella sola se murió», y no aceptamos que somos parte del problema: que un gobierno con un 34% no representa nada; que sentarse a esperar que pase la era Trump o Mulino es cobardía; que invocar a un dictador muerto como fuente de frases soberanistas o profeta de nuestra circunstancia, manifiesta que tenemos lo que nos merecemos. Somos tan cómplices, que seguimos aguantando a expresidentes y exmagistrados hablando por televisión, o a expolíticos criticando la situación actual, pero cuando estuvieron en el poder, seguro, vieron cosas y miraron para otra parte.

Hablan paja de revocatoria de mandato, y ningún político se atreve a presentarla. Tienen miedo a no dar la talla. Prefieren seguir crónicos y cómplices, no complicándose la vida, agitando banderas en manifestaciones de lunes a viernes. Así es mi país, y por eso tiene lo que se merece: es lo que tiene hacerse el pendejo.

Artículo publicado en el diario La Prensa, 15 de abril de 2025. Léelo en el periódico pinchando aquí.

08 abril, 2025

El rofión de Las Garzas

El presidente con minúsculas, José Raúl Mulino, es lo que Donald Trump al resto del mundo: un rofión, un matón de barrio, el cocorronero del recreo, el gritón, el rofeado por el más grande que viene luego a rofear al más chico. Ha perdido, desde hace muchos jueves atrás, cualquier mínima razón que pudiera tener en medio de la deriva absurda en la que lleva instalado desde el día uno de su mandato del 34% democrático.

Rofea periodistas, maestros, ciudadanos, diputados y a todo el que se le ponga delante, menos a los «Rubios» del Norte, Donald y Marco, que se han convertido en sus jefes aunque él piense que no, plegándose a lo que le dicen y permitiendo al Comando Sur hacer sus obras de caridad con insignia en los uniformes de «fatiga» que comparten banderas. Resumiendo: el jefe de los patriotas cobardes e inactivos de este país, que sumado a periodistas e intelectuales más quietos que una iguana al sol, conforman la liga del silencio tricolor.

Sentó a la mesa a los que votaron a su favor, una comida penonomeña envenenada políticamente. La esperanza de un partido independiente se ha pegado un tiro en el pie, y el rofión contento, porque al final todo el mundo cede y consiente, total, solo quedan cuatro años, y no hay revocatoria posible: Panamá aguanta a cualquier mal gobernante cinco años, pero nos hacemos los pendejos, diciendo que todo es previsible, sin reconocer que tanta previsibilidad no es más que complicidad con la corrupción que nos permea.

El rofión de Las Garzas seguirá empeorando: el peligro en perfiles como este es la poca neurona y el exceso de testosterona, que terminará por encender la llama de la inestabilidad ciudadana porque, a los rofiones, vivan donde vivan, siempre les sale uno más bravo: o desde el Norte en inglés o por las calles del país en buen panameño: que nadie subestime la rabia que pueden acumular los rofeados. 

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 8 de abril de 2025. 

02 abril, 2025

Mulino por el mal camino

Ya lo dijimos*: «Pasados los fastos de la toma de posesión (rey de España incluido), amanece el día uno de la “Era RM”, que mantiene la ambigüedad de sus siglas, detrás de las cuales no se puede uno aventurar a trazar una línea que divida a RM de RM, más allá de aquella frase célebre: “mi amistad llega donde empieza el cumplimiento de la ley”. Veremos, amanecido este nuevo gobierno, hasta dónde nos llevan los RM».

Este es el gobierno que más rápido se ha corrompido, el que presenta el más alto nivel de pillaje, el que más mediocres aglutina, el que más rofión ha salido, y el que peor oposición tiene, siendo que le ha votado solo el 34% de los panameños. Es al que más trampas se le va a permitir, porque ya hay por allí algunos que hacen la aritmética de mediocre ciudadano: ya queda menos para que se acaben los cinco años. 

RM da un salvoconducto a RM, la amistad ante todo, y la ley para los tontos de siempre. Los del buen camiNito han rofeado y mentido hasta conseguir lo que quieren: uno, irse con la plata y sin pisar la cárcel; el otro, aprobando con la complicidad de los diputados una ley de la CSS que no es otra cosa que hambre para mañana, que no resuelve el fondo del asunto. Y está lo de la mina, otro cuento/yuca que nos van a meter.

¿Quién se atreve a una revocatoria de mandato? La cobardía nos consume, y no faltará el que diga que no es el momento para experimentos, pero la verdad es que cualquier cosa es mejor que este gobierno, que ha demostrado que se puede hacer peor que la suma PRD y Panameñistas, pero que nadie olvide que a los RM no los puso unos extraterrestres, les votaron los ciudadanos, y también lo hicieron a su blanda oposición. «Sarna con gusto no pica», dicen, pero pica demasiado.

*(Artículo del 2 de junio de 2024).

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 1 de abril de 2025.

26 marzo, 2025

Thierry Henry en Panamá

El alcalde de la ciudad de Panamá, Mayer Mizrachi, ha cursado una invitación en nombre de la ciudad y a su cuenta, al ex jugador de fútbol Thierry Henry. El mismo alcalde, que decidió en su momento «posponer» los concursos literarios León A. Soto y Changmarín, porque «no hay plata» y por tener una deuda de 140 millones de dólares, es el que ahora, en un acto de soberbia institucional, se inventa este desembolso sin propósito ni beneficio para la ciudad.

Este alcalde, igual que el presidente, han demostrado que siempre hay plata para lo que se quiere, y que, aun sin saber que pasó con los famosos 500 millones, que habrán entrado en las arcas, dijo, y se habrán gastado, siempre hay para viajar y hacer viajar a quien quieran, haciendo creer a los congos de los votantes que es bueno para ellos, aunque no les resuelvan las necesidades básicas.

Pero organizan carnavales y desfiles navideños; van a Davos a decir obviedades sobre Panamá y el Canal y se hacen fotos encontradizas con mandatarios, como si de verdad estuvieran sumando aliados a nuestra causa, pero nada, en el fondo nos gustan, presidente y alcalde porque, a pesar de no haber vicepresidente y no terminar de hacer la reducción del estado y del clientelismo (tampoco hay vicealcalde, otro que tal baila), nos tienen amaestrados y resignados a aguantar cinco años, y en eso sí somos buenos patriotas: nada de revocar un mandato presidencial, no, que se nos tambalea el negocio.

Thierry Henry no hace nada en Panamá. Para él, como para tantos ilustres visitantes, somos solo un escenario exótico, un «Hub», pero nunca un interlocutor intelectual válido, nunca una sociedad de artistas y pensadores serios. Mejor futbolistas que ganen batallitas deportivas que el estado no puede ganar, para hacerle creer «al pueblo» que «alcanzamos por fin la victoria», cuando siguen mintiendo sobre nuestra circunstancia desde Estados Unidos, y nosotros seguimos callados, cobardes y serviles.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 25 de marzo de 2025.

07 enero, 2025

El presidente embotellado

Resulta ahora que, el que rofea a países que nos ponen en listas grises (como si aquí fuéramos inocentes) o que proclama soberanía tricolor contra Trump y sus necedades, nada puede hacer contra las botellas que su propio ejecutivo nombra: dice que son difíciles de botar. Y hay que aplaudirle al presidente las ganas, pero hay que fiscalizarle los resultados, porque para este gobierno la palabra del quinquenio es «taquilla».

El presidente se queda embotellado en una máxima que como abogado conoce muy bien: Excusatio non petita, accusatio manifesta: es decir, que ya nos advierte que lo más seguro es que no se pueda, pero se ha dicho que se quiere, lo cual convierte al presidente en alguien que quiere, pero no puede. Si taquillaran menos y actuaran más, los titulares serían otros muy distintos, pero la idea es, cómo no, hacer como que rofea a los corruptos, pero al final es que las leyes son muy duras, muy difíciles.

Es tan simple (y complejo, nadie lo duda) como buscar consensos legislativos y poner en marcha leyes que rompan la dinámica clientelista, pero el pregón «otros son corruptos, pero yo no» es viejo y pegadizo, y este ejecutivo va por la senda del «más de lo mismo». No creo que nadie en la Asamblea (permítanme la ingenuidad) votaría en contra de una ley que acabe con las botellas, ni ministro del ejecutivo que se atreva a no cumplirlas (permítanme otro poquito más de ingenuidad), pero ya ven, aquí no hay suficiente voluntad para cambiar las cosas, nos encanta el gatopardismo.

Se pasarán estos años y solo veremos ruedas de prensa de los jueves, discursos desde la Asamblea y alocuciones lamentando no poder hacer nada contra las botellas, y todos volveremos a extrañar a los botelleros de nuestra infancia, que te cambiaban las botellas por naranjas o mangos, ¡qué maravilla!, y todos desearemos tener un presidente botellero, en vez de uno embotellado como el que tenemos.

Artículo publicado el martes 7 de enero de 2025 en el diario La Prensa

03 diciembre, 2024

El alcalde disruptivo

La revista Forbes Centroamérica publica en portada una foto en blanco y negro de los alcaldes de San José y de Panamá. Los llama «disruptivos». Ambos tienen aspecto de estar encantados de conocerse. Solo hablaré del panameño, que no termina de romper con nada, sino que comprueba la deriva política que sufre nuestro país por mano propia: tenemos lo que hemos votado.

Cuando digo que el alcalde es el «Chikilicuatre» de la política panameña no es burla, es un paradigma. En 2008, un personaje de ficción representó a España en Eurovisión. El público, harto de los malos resultados, optó por un voto disparatado y mandó a Rodolfo Chikilicuatre al certamen. No quedó en mala posición, y ha superado a muchos de sus sucesores pero, al poco tiempo, desapareció: el actor que lo encarnaba no se dejó tragar por el personaje.

Mayer Mizrachi se cree su personaje, confunde su vida y su persona con la Alcaldía, taquilla, trata el cargo para el que fue elegido como si fuese de su propiedad; desaparece biencuidaos y buhoneros y no dice dónde los recoloca, y ahora les da permisos hasta el 6 de enero para vender, pero no una solución continua a su realidad. Y eso que lleva poco más de cinco meses. ¿Que le demos chance como al presidente? Sí, claro, pero que quede dicho que a ambos se los ha tragado hace tiempo su personaje, y que no hay nada más peligroso en política que un funcionario que se cree su propio delirio.

Lo único disruptivo del «Chacalde» (casi Chikilicuatre) es su afán de ser quien no es. Por lo demás, es exactamente igual que sus antecesores: sordo a los consejos, con poco conocimiento, y con un afán de protagonismo peligroso, que lo lleva a ponerse delante de todos para brillar tomando a los ciudadanos por tontos. Ojalá que se le pase pronto el personaje, y también al presidente de la república, y se pongan a hacer su trabajo.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 3 de diciembre de 2024.

06 noviembre, 2024

Llanto por Panamá


En menos de doscientos días hemos visto cómo el gatopardismo panameño se ha puesto en marcha de manera acelerada: «cambiemos todo para que nada cambie». Un presidente que rofea, decreta y manda, y su cohorte de cómplices necesarios para el desastre, han dejado ver sus dotes para superar cualquier previsión de corrupción institucionalizada. La señal, el nepotismo.

En la Asamblea, hasta los «radicales honestos» pierden las formas ante un compacto bloque de corruptos de todos los partidos, entre los que se encuentran los hijos de los grandes bribones del patio, perpetuando la saga de caraduras con la complicidad de los que han vuelto a las instituciones después de lo de la Mina, y que desde Las Garzas amagan con abrir para volverla a cerrar, pero quien sabe.

La ministra de Educación, firma un acuerdo con una empresa millonaria que va a convertir a los jóvenes panameños en mano de obra barata; el alcalde de la capital se gasta la plata en luces sin dar respuesta a la situación financiera de la ciudad, pero les aplauden, a los dos, demostrando los ciudadanos que la corrupción y el juega vivo es el santo y seña de la mayoría.

Queda llorar por lo que nos sucede. Sigan celebrando las «dianas» del «Chacalde» (el Chikilicuatre panameño) u opinando en redes sobre la «representante» panameña en un concurso anacrónico que no sabe expresarse bien por escrito (pero nos hemos salido de las pruebas PISA), o gastando plata en quepis y batuteras para celebrar una patria que no existe más que para lucrarse de ella. Dejemos de ser ingenuos de una vez.

Nada que celebrar. Panamá es su gente, no sus símbolos. No hay valientes para dejar las calles vacías de este país como protesta contra el gobierno por lo que están haciendo en la Asamblea con el presupuesto. No somos un país valiente, somos esclavos de unas tradiciones absurdas que nos siguen dejando al margen del progreso que necesitamos.

Créditos: La caricatura que "escribe" con precisión meridiana nuestra circunstancia es del maestro Hilde.