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14 abril, 2026

Los prepotentes

El ministro de obras (léase con significado escatológico) públicas rofea a unos ciudadanos —sus jefes, a los que debe su sueldo y servicio—, diciéndoles que él no anda de paseo, que él «tiene muchas cosas que hacer» y que no le gusta que le hablen en mal tono.  Le molesta que le dejen en evidencia, como cuando le plantean que llegó por aire, no por carretera, y que debía haberlo hecho, para medir bien la situación y enfrentarla, pero el «obrero» ministro rofea más y llama irrespetuoso al ciudadano y dice que es «un aporte» ir a ver la situación.

Cuando un gobierno habla en términos de aporte, favor o ayuda, es sospechoso de creerse que el dinero público y sus obligaciones son de su propiedad. El panameño, acostumbrado al congueo y al «¡sí señor!», sumado al miedo de protestar, cede ante los atropellos del ejecutivo, los desbarajustes del legislativo y a la impunidad del judicial. Tan adormecidos estamos que solo queremos que pasen los años mulinos para ir a otra cosa, porque solo nos sentimos vivos cuando votamos, después, el letargo.

Moca o Vamos fueron esperanzas, ahora van siendo decepciones, y los de siempre, el resto del espectro fantasmal político, está dejando que se destruyan solos para ofrecerse luego como solución a tanta tristeza electorera. Mientras, el rofión mayor, suelta discursos con sonrisillas prepotentes, de esas que no sacan a pasear cuando el peor presidente de los Estados Unidos se burla en su cara del trato que hicieron los panameños para obtener «el Canal por un dólar».

A todo prepotente le llega su hora, desde un cargo público es fácil serlo. Solo espero que con suficiente pedagogía aprendamos a afearles a estos abusones su actitud cuando estén por la calle, que aprendamos a decirles «es usted un prepotente, debería darle vergüenza». A ver si aprendemos, y también a protestar de forma más constructiva y eficiente: hace falta si no queremos seguir como vamos.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 14 de abril de 2026

05 octubre, 2021

Un oficio de cínicos

El diccionario de la RAE (que ni puede imponer ni impone nada, sólo recoger y animar al buen uso de la lengua), ofrece cuatro acepciones para “cinismo”: desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables; impudencia, obscenidad descarada; en Filosofía, doctrina de los cínicos, que expresa desprecio hacia las convenciones sociales y las normas y valores morales; en desuso, afectación de desaseo y grosería. ¿Adivinen de qué oficio hablamos? Sí, el de diputado. Seguir leyendo el artículo aquí.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 28 de septiembre de 2021.

31 marzo, 2020

Retratos para después de la pandemia

La cuarentena no incluye ni el sentido común ni el crítico. De hecho, es recomendable sacar la cámara de fotos crítica para retratar a los responsables políticos y sociales de muchas de las decisiones que se están tomando durante esta terrible crisis que no terminará cuando se levante la cuarentena.

Retraten al político que vota en contra de poner, junto al rubro de la salud, su partida postelectoral: no hay cabeza pensante, ni corazón doliente que comprenda tal vileza, pero retrate también al que pretende renunciar al sueldo y se hace fotos para que todo el mundo lo sepa: esos no son menos viles.


Artículo publicado en el diario La Prensa, 31 de marzo de 2020

20 febrero, 2020

La inutilidad de las máscaras


Tal y como van las cosas en este país, la próxima jubilación estrella será, sin lugar a duda la de las máscaras, que se van quedando sin trabajo por la caradura de la mayoría de los políticos y demás fauna y flora que puebla nuestras instituciones. De seguir así, ni para los carnavales harán falta las típicas máscaras.

Porque se impone el rigor corrupto, esa nueva facultad del cínico político que, siendo consciente ya sin ambages de su situación y de llevar años ejerciendo con solvencia impune su “negocio” con el dinero del Estado, no teme confesar que sí, que es verdad que se es corrupto, pero lo es al servicio de la patria, logrando así dos cosas: blanquear su clientelismo ladrón y convencer a los ciudadanos de que es por ellos.  Seguir leyendo el artículo, aquí.

Artículo publicado en el diario La Prensa, 18 de febrero de 2020.