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07 julio, 2026

El laberinto panameño

Panamá y sus ciclos ceremoniosos, inútiles y costosos, solo proyectan una imagen recurrente de tercermundismo político que no nos beneficia ni dentro ni fuera: otra votación para elegir otra configuración de la Asamblea, que requiere no sesionar, volver a montar un circo vestidos de blanco, y recibir la bofetada de la realidad longeva del laberinto: Popi y Tito cumplen veintiocho años de teta laboral asamblearia, mientras Beni celebra treinta y ocho de feliz estancia en la misma papa política.

Los que venían a cambiar las cosas, Vamos, se pierden en el laberinto de conceptos políticos, «bancada», «independiente», «partido», para luego hacer un pódcast tratando de justificar, pretendiendo hacer pedagogía, sus decisiones desacertadas y poco sabias mientras otro de ellos, ex reciente, Neftalí (¡ay, mis luchas!), se va a otro a criticar e insinuar supuestas inconsistencias del carácter transparente y profesional de los diputados, como si él no fuera uno de ellos.

Luego el discurso vacío, con ecos de toma de posesión, con sonidos de paja infinita que suscita extrañeza, que trajo el presidente de la república. Excusas, visión idealizada de la realidad, más promesas, poca concreción: el que vino a ordenar el caos, si no se apura, pasará a la historia como el que inauguró las obras heredadas y que no terminó de poner en marcha más que la esperanza. El famoso, por ausente, chenchén, sigue sin aterrizar: seguramente está al fondo de una mina, eso es lo que nos quieren hacer ver.

Si entre todos no rompemos estos viciados ciclos sociales y políticos, seguiremos camino a ser un país de mano de obra barata, donde tocará empezar a emigrar o a engrosar las filas de la economía sumergida. La falta de agua, el estado de las carreteras o la nula certeza de castigo, siguen degradando la confianza en las instituciones. Y todavía quedan tres años más de lo mismo, de girar en cada esquina para volver a perdernos sin remedio a la vista.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el mrtes 7 de julio de 2026.

14 abril, 2026

Los prepotentes

El ministro de obras (léase con significado escatológico) públicas rofea a unos ciudadanos —sus jefes, a los que debe su sueldo y servicio—, diciéndoles que él no anda de paseo, que él «tiene muchas cosas que hacer» y que no le gusta que le hablen en mal tono.  Le molesta que le dejen en evidencia, como cuando le plantean que llegó por aire, no por carretera, y que debía haberlo hecho, para medir bien la situación y enfrentarla, pero el «obrero» ministro rofea más y llama irrespetuoso al ciudadano y dice que es «un aporte» ir a ver la situación.

Cuando un gobierno habla en términos de aporte, favor o ayuda, es sospechoso de creerse que el dinero público y sus obligaciones son de su propiedad. El panameño, acostumbrado al congueo y al «¡sí señor!», sumado al miedo de protestar, cede ante los atropellos del ejecutivo, los desbarajustes del legislativo y a la impunidad del judicial. Tan adormecidos estamos que solo queremos que pasen los años mulinos para ir a otra cosa, porque solo nos sentimos vivos cuando votamos, después, el letargo.

Moca o Vamos fueron esperanzas, ahora van siendo decepciones, y los de siempre, el resto del espectro fantasmal político, está dejando que se destruyan solos para ofrecerse luego como solución a tanta tristeza electorera. Mientras, el rofión mayor, suelta discursos con sonrisillas prepotentes, de esas que no sacan a pasear cuando el peor presidente de los Estados Unidos se burla en su cara del trato que hicieron los panameños para obtener «el Canal por un dólar».

A todo prepotente le llega su hora, desde un cargo público es fácil serlo. Solo espero que con suficiente pedagogía aprendamos a afearles a estos abusones su actitud cuando estén por la calle, que aprendamos a decirles «es usted un prepotente, debería darle vergüenza». A ver si aprendemos, y también a protestar de forma más constructiva y eficiente: hace falta si no queremos seguir como vamos.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 14 de abril de 2026

31 marzo, 2026

Sin critero o el tonto útil

La semana pasada hablábamos sobre la necesidad de tener criterio para ser críticos. El problema que genera hacerlo es siempre el mismo: la soberbia del ignorante y la indiferencia de la mayoría, muchos de ellos conscientes de que hablar paja es un buen negocio. Reaccionan mal porque se ven expuestos y les duele el orgullo «intelectual» mancillado, pero no ven la necesidad de mejorar la perspectiva.

Esta semana podemos ilustrar lo que queríamos decir: un destructor de Estados Unidos atraca en nuestras costas. Panamá es un país cuya neutralidad de verdad importa.  Cuando uno ocupa un cargo público, siempre representa el cargo que ostenta, no hay horarios. Sumen estos tres hechos y pregúntense: ¿qué hace un alcalde y dos diputados de la Asamblea de visita en ese destructor y encima con cara de estar en el circo? Les falta criterio, sufren de un infantilismo agudo que nos perjudica a todos.

En política (y en cualquier orden de la vida) la figura del «tonto útil» es fundamental, es esa persona que desprovista de madurez intelectual se presta, queriendo o sin querer, a los intereses del que está al otro lado de la mesa y que siempre termina perjudicándolo. Los tres «políticos» panameños actúan como ya tienen costumbre, infantilizados, con sonrisa de feria y sin entender el papel que ocupan. Esa es la clase de político que hemos sumado al corruptón criollo, que se sigue dejando ver gracias a los residuos y demás morisquetas electorales. Y quedan tres años larguísimos de este tipo de tontería útil que quieren hacer pasar por política.

El tonto útil, el sin criterio, no lo nota, lo sufren sus electores, y cuando les dices en qué situación se encuentran, se revuelven lanzando consignas vacías o directamente ponen cara de yo no fui e ignoran cualquier contrariedad. Lo peor es que cuentan con la desidia de la mayoría de los ciudadanos. Y son peligrosos porque, sin criterio, cualquier disparate lo disfrazarán de buenas intenciones.

Publicado el martes 31 de marzo de 2026 en el diario La Prensa

21 mayo, 2025

Autoritarismo

Otra vez: Panamá votó, y con un 34%, José Raúl Mulino ganó las elecciones. No vale ahora insultar a los que le votaron, si acaso debemos criticar con rigor un sistema que permite que tan poca representación ponga en Las Garzas un presidente que gobierna para los suyos, y que tiene en solfa a la «mayoría» que no lo eligió, pero que le debe respeto y sujeción constitucional. Esta anomalía legal convierte a la «mayoría» que no le votó en una suerte de oposición ciudadana que solo puede hacer oír su voz protestando en las calles, lo cual es legítimo y está garantizado por ley.

¿Qué puede hacer el presidente? Rofear, pedir disculpas reído, y luego entrar en una deriva autoritaria que no es potable para ninguna democracia, pero, si lo piensan bien, ¿qué remedio le queda al 34% ante el resto del país descontento por sus acciones? O sacas a la policía a la calle o es imposible mantener el orden, porque en este gobierno falta capacidad de escucha y altura política: Cortizo es ahora bueNito, y Mulino, un tipo emberracao que nadie se toma en serio si no es por la fuerza.

A río revuelto los nostálgicos hablan de «dictadura», siendo ellos PRD, como si Torrijos hubiera ganado las elecciones del 68, y otros le afean al presidente su pasado civilista, como si aquel movimiento no lo hubiera arropado la mayoría de los panameños de entonces, o como si esa militancia le hubiera convertido en el autoritario que es. Lo que nos hacía presagiar su deriva autoritaria fue su gestión como Ministro de Seguridad.

El presidente puede tener comportamientos dictatoriales, más bien autoritarios, pero no es un dictador, no exageren, tengan respeto por los que de verdad han estado bajo una dictadura en este mismo país, no inventen escenarios indeseables, suficiente con la mala imagen que estamos proyectando, y que nadie es capaz de explicar ni dentro ni fuera de nuestro país.

Publicado el martes 20 de mayo en el diario La Prensa.

La ilustración es del artista Mana Neyestani @manayenestani

24 septiembre, 2024

Los rofiones

El perfil del rofión es básico: mucha testosterona, poca neurona. La evidencia de lo antedicho le salta a la boca, porque suelta palabras y argumentos de calibre grueso que suelen traicionar su «carita de yo no fui», su falso dominio propio, pero, ¡zas!, un lapsus linguae y te sueltan, por ejemplo, que «saben dar golpes de Estado» o que «si hace falta ser un dictador lo serán, con tal de arreglar los problemas de la gente». Luego reculan, matizan, pero ya se les vio el cobre y queda en evidencia el verdadero talante.

El rofión, asambleario, municipal o presidencial (hay una variante que se dedica a la payasada y a repartir caramelos), cree que los problemas se resuelven parándose firme y lanzando exabruptos contra las listas grises en las que estamos metidos, contra los corruptos o contra los que no piensan como ellos: la testosterona le nubla las neuronas que deben aplicar a la pedagogía democrática que no conocen ni les interesa, porque saben que ese «tumbao» le gusta a la gente que cree, como ellos, que las cosas cambian porque uno «reprende» o «declara» (no olviden los golpes de mesa del alcalde ilustrado).

Esos que rofean son en política tipos peligrosos, matones de esquina que se aprovechan de la «nostalgia del dictador» que permea cada vez más hondo en la mente de muchos ciudadanos al ver que nadie resuelve nada, y serían felices comprando la «paz» de las dictaduras con la libertad de una democracia imperfecta como la nuestra, como todas. Ningún tiempo pasado fue necesariamente mejor: es nostalgia, un espejismo del alma.

No está bien que un presidente invoque la figura de un dictador para enfatizar sus deseos de resolver los grandes problemas: o no sabe que ya hemos vivido bajo una dictadura, o lo sabe, y tantea para ver qué tal le sienta eso a la gente. O quizás, como buen rofión, le sobra testosterona y le falta un pocotón de neuronas.

23 agosto, 2022

Bonito show

Que la mesa de diálogo se convertiría en un espectáculo lamentable, sin sentido y poco representativo, se veía venir desde el principio, y acabó por demostrarlo el señor director del IMA: se levanta, se va, y que se quede allí la mesa. Esta gente no está hecha (ninguno de ellos) para dar solución a un problema mucho más serio de lo que creen.

Pero levantarse de la mesa, con pataleo casi de niño malcriado, no va a tener ninguna consecuencia. Hay exceso de testosterona, puro macho y “macha” queriendo imponer sus agendas sin establecer la más mínima consideración con los ciudadanos a los que dicen representar. Esta es otra burla (a la altura del brindis de la pandilla asamblearia con guaro del caro) a la confianza de los electores. Seguir leyendo el artículo aquí.

Publicado en el diario La Prensa, martes 23 de agosto de 2022

26 julio, 2022

Fondo contra (per)forma

Hay una pregunta que nunca hacemos a los candidatos y sus iluminados asesores económicos: ¿Cuánto cuesta cumplir su programa de gobierno? Cualquier mano puede dibujar paraísos, utopías y hasta distopías, pero ¿por cuánto sale? Porque aquí votamos sin preguntar y después llega la factura en forma de yuca o de eslogan: “aguántate la mecha”.

En esta “performance” en la que se está convirtiendo este momento histórico, estamos más pendientes de un plato de arroz con tuna que del fondo del asunto: la transformación de nuestra democracia. Quien crea que botar a miles de botellas va a arreglar algo, se engaña: ¿dónde va a ir esa gente? Muchos datos económicos suenan ahora a grandes verdades pero, ¿cómo no lo preguntamos desde el principio? Si no hay un nuevo modelo laboral ¿a dónde vamos? Alguien al mando de los sindicatos por más de una década no puede hablar de estos problemas de fondo como si fueran nuevos: sólo demuestra continuismo y estar “pegao” a su silla como los demás actores.

05 julio, 2022

Dos videos panameños

El primero de ellos lo protagoniza Zaqueo, un niño de la comarca Ngäbe. Está en la escuela, delante del plato de la que quizás sea su única comida diaria, y guarda la presa “para mamá”, dice, en una bolsita de plástico. La maestra le insiste para que se la coma, pero él, con cariñoso respeto se resiste y repite: “para mamá”.

En el segundo, un grupo de hombres y mujeres vestidos de blanco, diputados, brindan por su reelección en la Asamblea en un hotel, “open bar”, y beben tragos carísimos. La vicepresidenta de todo ese circo, brinda por su supuesto agresor, el fornido Bolota, "pecador esforzado a disposición de Dios". Seguir leyendo el artículo aquí.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 5 de julio de 2022. 

Por razones obvias, protegemos en la imagen la identidad de los menores de edad y de altura moral implicados en ambos videos. Si quieren ustedes ver las secuencias completas, para su correcta y mayor indignación, les dejo aquí los enlaces:

VIDEO 1: AQUÍ.

VIDEO 2: AQUÍ.



10 mayo, 2022

Los libros perdidos

En un país donde los políticos corruptos más sin vergüenzas dirigen partidos, señalan a Dios como responsable de su permanencia en el cargo y nunca dan cuentas a la justicia, no extraña que desaparezcan más de nueve mil libros y a nadie le importe. Hace tiempo que aquí no importa nada y que nadie da explicaciones por ningún hecho, por muy insólito que parezca.

Lo que más sorprende de todo, es que los libros desaparecieran del Instituto Nacional. Parece que nadie vio ni sospechó nada, ni docentes, ni alumnos, ni nadie. Y déjense de poner la pandemia como excusa para todo, porque aquí vemos lo que nos importa y los hechos ocurrieron en noviembre de 2019. No son dos cajas de libros, son nueve mil de ellos (incluidos documentos), y nadie da respuesta de su paradero, ni el Meduca, ni los responsables del Instituto Nacional, ni nadie. Seguir leyendo el artículo aquí.

Publicado en el diario La Prensa, martes 10 de mayo de 2022

05 octubre, 2021

Un oficio de cínicos

El diccionario de la RAE (que ni puede imponer ni impone nada, sólo recoger y animar al buen uso de la lengua), ofrece cuatro acepciones para “cinismo”: desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables; impudencia, obscenidad descarada; en Filosofía, doctrina de los cínicos, que expresa desprecio hacia las convenciones sociales y las normas y valores morales; en desuso, afectación de desaseo y grosería. ¿Adivinen de qué oficio hablamos? Sí, el de diputado. Seguir leyendo el artículo aquí.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 28 de septiembre de 2021.