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24 junio, 2009

Antología de Cuento. Literatura de Ecuador (Reseña)

Uno de los grandes problemas de la cultura es la dificultad para su difusión. Perfectamente un escritor panameño puede vivir sin ver en las librerías de su país a mucho de los escritores de su región. Se hace así muy difícil que se ponga a disposición de los lectores los trabajos de los escritores que están construyendo la literatura de hoy. La editorial alfaguara ha publicado para la alegría de muchos en el planeta literatura una antología de cuentistas del siglo XX ecuatoriano. Antología de Cuento viene a llenar un vacío en las librería y abre un camino muy generoso para el conocimiento de la cultura ecuatoriana atreves de sus mejores cuentistas.
El libro presenta a 27 cuentos que han escrito y descrito a Ecuador, los reúne a todos y los convierte en embajadores de su literatura. Según el prologo de Mercedes Mafla la cuentística ecuatoriana tiene un denominador común y es su lucha por superar el aislamiento. El acierto de los antólogos la propia Mercedes Mafla y Javier Vásconez cumplen con el deseo común de los escritores de Ecuador.
La antología además de un completísimo prólogo, cuenta con una interesante panorámica de la cuentística de su tierra. Han sido valientes para apostar por la juventud de su cuentistas sin renunciar a poner de relieve el trabajo de los “padres fundadores” de la nueva narrativa ecuatoriana.
La variedad de temas y técnica cuentística abre el apetito del lector para buscar en la medida de lo posible más de estos autores antologados para verlos enfrentar otros géneros literarios o para verles resolver otros cuentos y comprobar que lo que leemos en esta antología no es solo un cuento feliz y casual son que nos hemos encontrado con grandes escritores que adolecen de lo que muchos escritores a ambos lados del español: la falta de difusión de sus obras.
De los más antiguos brillan por sí mismos “Un hombre muerto a puntapiés” de Pablo Palacio que ha sabido envejecer y el maravilloso “El guaraguao” de Joaquín Gallegos Lara, cuya biografía es un canto a la superación de las discapacidades para convertirse uno en quien quiere ser. Ambos son los polos literarios en los que se dividía la literatura de Ecuador a principios del siglo pasado.
De los más recientes están “Espejismo” de Yanna Haddatty y “Ulises” de Coca Ponce, un relato triste y lleno de plasticidad cinematográfica que no deben perderse.
Además, aparte de solventar una necesidad de la cultura como es la difusión de estos autores, este libro, que deseamos se distribuya lo más posible, es una suerte de herramienta de integración que nos ofrece un mejor entendimiento de una cultura rica en tradiciones, en leyendas y en plena expansión con la presencia de tantos amigos ecuatorianos entre nosotros. Entre nosotros esta antología debería leerse masivamente para el mejor conocimiento de la cultura ecuatoriana que aspira a darse a conocer, a hacer carrera entre nosotros y a demostrar que más allá de los típicos sentimientos nacionales son un país que quieren dejar atrás los límites de sus fronteras para convertir al Ecuador y a sus escritores en parte dinámica de ese todo vivo que es la literatura hispanoamericana.
El cuento que es un género tan antiguo como el hombre, que viaja con nosotros y se transforma en recuerdo, en mito y en vida, recobra en esta antología algo de su antigua vocación: transformarnos a todos, por un instante, en protagonistas de una historia que deseamos tenga un final feliz.

04 junio, 2009

Trentacuentos (Reseña)

La lectura de Trentacuentos le parecerá al lector una cena con amigos que a los postres se cuentan historias, sus mejores historias. Es como un fin de semana en una casa antigua (el libro bien podría serlo) y a la luz del fuego cada escritor cuenta con parsimoniosa minuciosidad sus cuentos.
En esta antología que es reunión y encuentro tenemos a escritores de este lado del español y del lado de allá de nuestra lengua. Tenemos académicos, grandes escritores jóvenes e incluso a algún escritor que aunque ya esté en el Más Allá su literatura habita entre nosotros como un fantasma amigo en esta hipotética casa que podría ser el maravilloso libro de la editorial Casbierta. Hombres y mujeres que, en definitiva, tienen mucho que decir y talento no les falta para ello.
Los textos reunidos en este libro son a la vez que un deleite para los sentidos, una puerta a la literatura de estos grandes escritores de nuestras letras. Diversos en extensión, técnica y temática, las piezas que componen este libro seguro que tendrán al lector sonreído e intrigado constantemente y deseará seguir con algo más de los autores que lea en este libro.
Entre los convidados a esta cena de amigos cuentistas está, los académicos Luis Mateo Díez y José María Merino que representan lo mejor de nuestras letras con, obras literarias solventes, de un técnica depurada con años de buen hacer literario y que han marcado un hito en nuestra historia literaria.
De allende la mar tenemos a Eduardo Berti que se ha convertido en un valor seguro de las letras actuales y aun clásico centro americano como es Sergio Ramírez que arrastra por su técnica cualquier situación cotidiana al terreno del cuento con magistral solvencia.
Tenemos también jóvenes muy jóvenes como Damián Cano (1982) cuyo cuento es de una muy prometedora factura. Lo bueno de esta antología es que combina todas las corrientes cuentísticas de nuestro medio y las combina para ofrecernos un más diáfano y vivo que anima a sumergirse en él.
Care Santos, como siempre, aporta un hermoso cuento que nos ofrece una vez más la posibilidad d empezar a conocer a esta prodigiosa escritora y además otra grandes de las letras la acompañan Teresa Martín Taffarel y Luisa Cuerda. Cuentos limpios, llenos de la sencillez que abruma y llena de ganas de seguir leyendo.
Especial mención merece el relato visual de Mónica Fuster Julià que nos encierra con nuestra imaginación, que nos empuja a ser nosotros los que elaboremos la trama y los personajes que solo vemos o intuímos en sus fotos, que narra en las páginas centrales del libro una singular historia que cada uno tiene que descubrir.
Insistimos en la técnica porque por derecho el cuento es el género que requiere de un equilibrio preciso, que necesita por su condición de flecha que va directo a la diana unos recursos que la novela requiere pero de otra forma. Los cuentistas antologados por Casabierta ofrecen la garantía de ser verdaderos expertos en el manejo del género.
Recomendamos que se lea uno al día, para ir degustándolos, con la paciencia del que ve un atardecer de luces malva, para no gastarlos tan rápido, para vivirlos sorbo a sobro y rumiarlos mucho que es la mejor manera de digerir un buen cuento y los de este libro, todos, lo son.