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27 noviembre, 2023

Eloy Tizón: Plegaria para pirómanos

Nada más entrar, el lector percibe un calor conocido. El primer cuento (Grafía) arranca, y el crepitar del ritmo lo hace a uno sentirse en casa. Pero lo “familiar” no es por reiterado o por costumbre cansina y agotada, no, es un regreso, una vuelta a lo que nos sorprende por más que queramos permanecer a salvo (como ejercicio crítico, como rebeldía ante una escritura consagrada), por más prevenidos que nos sentemos delante de la obra de Eloy Tizón (Madrid, 1964), que revuelve una vez más las costuras, límites y falsas seguridades del género cuento con su más reciente libro, Plegaria para pirómanos, que publica Páginas de Espuma en Madrid.

Uno aprieta la mirada lectora contra estos cuentos y (usando palabras del narrador de Confirmación del susurro) «la calle se desintegra poco a poco en fragmentos de perspectiva», las líneas de seguridad de las historias saltan por los aires para dotarse de unas reglas que nunca son las mismas, que se auto desafían para hacer que la impronta narrativa se quede impresa en el paladar de la memoria lectora. La idea de «desintegrar», de «resituar» las perspectivas del narrador, la intensificación de las atmósferas y las variaciones del ritmo, demuestran la capacidad técnica del autor sobre unos cuentos que a veces parecen estar fuera de control (por ejemplo, Anisópteros, Agudeza o Grafía, son sensaciones provocadas por el buen oficio, es parte del juego literario, puro artificio). Seguir leyendo la reseña aquí.

Reseña publicada en el diario La Prensa, viernes 17 de noviembre de 2023.

20 mayo, 2022

Liliana Colanzi: "Ustedes brillan en lo oscuro"

El prestigioso Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, ya tiene ganadora en esta su séptima edición: la escritora boliviana Liliana Colanzi (1981), autora de los libros de cuento Vacaciones permanentes y Nuestro mundo muerto, destaca, según el jurado, por una “gran originalidad y potencia expresiva” en su libro Ustedes brillan en lo oscuro, que publica para todo el mundo hispanoamericano la editorial Páginas de Espuma de Madrid.

Se trata de una colección de seis cuentos en los que la escritora boliviana construye una serie de espacios cerrados, densos en su atmósfera, inquietantes, a los que suma, como ella misma nos dice, “un interés por dislocar el tiempo, por entenderlo más allá de la corta vida humana: nos movemos por sedimentos históricos y geológicos que nos definen y que es posible escarbar y remover en la escritura”, lo que hace que se potencie en el lector una sensación de angustia y asombro al ver cómo seguimos enfrentándonos a los mismos miedos, cómo seguimos caminando sobre las mismas sombras. Seguir leyendo la reseña aquí.

Reseña publicada en el diario La Prensa, viernes 20 de mayo de 2022.

12 febrero, 2022

Bertalicia Peralta en “Vindictas. Cuentistas latinoamericanas”

Que el cuento lleva viviendo un momento dulce por toda Hispanoamérica no es ningún secreto, aunque algunos sigan albergando la duda o la incertidumbre estética de que la novela es siempre mejor. Ante esta vieja deriva, cabe reeditar la perplejidad aquella que figura en el manifiesto “La rebeldía breve”, que abre la ya mítica antología “Pequeñas resistencias”, a cargo del gran Andrés Neuman: “…quisiéramos expresar nuestra perplejidad ante ese arriesgado fenómeno que podría denominarse la oficialización de la --supuesta-- inferioridad del cuento”.

En medio de este “momento” del cuento en Hispanoamérica, se han ido sucediendo distintas búsquedas, necesarias vindicaciones de grandes escritoras --acalladas por el olvido y la desidia (intencionados y no)--, que nos devolvieran una historia de nuestras literaturas mucho más clara, justa y precisa en su corpus, y, sobre todo, esclarecedora de nuestras raíces literarias. El cuento, siempre presente, ha sido escrito por muchas mujeres a lo largo y ancho de esa geografía de letras e historias que es el Español, y durante mucho tiempo se nos privó de esa enorme tradición que muchos sólo podíamos intuir. Seguir leyendo la reseña aquí.

Reseña publicada en el diario La Prensa, viernes 11 de febrero de 2022

22 julio, 2015

"Quince años, casi nada" en Otro Lunes

Si como canta Gardel, veinte años no son nada, quince, son casi nada. En muchos países latinoamericanos, los quince años de ellas son una estación de fiesta, las quince primaveras, la niña se hace una mujercita y lo celebran por todo lo alto, una presentación en sociedad con un baile, emocionadas palabras de los padres, regalos y la sensación, siempre, de que el tiempo se ha pasado volando y cómo ha cambiado la niña.
Este año, una editorial, más guapa que nunca, cumple quince años de andadura, un cuento que se alarga, una constancia aleccionadora, un prestigio sólido que merece la pena elogiar: Páginas de Espuma. El sueño de Juan Casamayor y Encarni Molina llega a esa ilusionante edad con más ganas que nunca de seguir. Y sí, el tiempo se ha pasado volando. Seguir leyendo aquí.

17 junio, 2014

Julián Marías, cien años después.

Recupero esta reseña del libro de Julián Marías "Notas de un viaje a Oriente" aparecida en "El Placer de la lectura", celebrando el centenario del nacimiento de el gran Julián Marías

Dentro de la Literatura universal la dedicada a los viajes no pasa de moda. Cambia de estilo, de manera de argumentarse o de técnica, pero no se resigna a salir de las estanterías de librerías y bibliotecas. La fascinación que sobre el lector ejerce la idea de escuchar a alguien “que estuvo allí” sigue siendo la fuerza que nos atrae hacia esos textos. A pesar de esa fuerza y viviendo en esta era digital donde cada pedazo del mundo ha sido fotografiado (dando la falsa sensación de que todos hemos viajado), parece que los libros de viajes están condenados.

Pero algunos no nos resignamos como lectores y otros como editores. Páginas de Espuma ha publicado “Notas de un viaje a Oriente” (2011) de el imprescindible Julián Marías (1914-2005), recuperando así un texto singular y parcialmente publicado en el año 1934 pero del que nunca más se supo.

En el verano del año 1933 y organizado por la Facultad de Filosofía y Letras, el joven de 19 años Julián Marías se embarca en lo que se llamaba durante la Segunda República, un “Crucero Universitario”. Cerca de 200 jóvenes y profesores emprenden un viaje fascinante por varias ciudades mediterráneas y del oriente próximo. En esos días, el joven Marías escribe un diario de viaje en el que reseña su experiencia por aquellas tierras.

La obra que tenemos hoy en nuestras manos está enriquecida por un solvente aparato crítico, unas fotografías de la época hechas por el filósofo e incluye, como complemento, las cartas que desde el cada ciudad visitada enviaba Marías a sus familiares y amigos.

Hay muchas cosas de este libro que llaman la atención. Una de ellas es el manejo narrativo de Marías a pesar de su edad. Se nota que otra educación estaba detrás, a parte del talento, del estudiante. Pocos jóvenes hoy tienen esa educación, no por ellos sino por el sistema.

Destaca también la diferencia entre turista y viajero. Hay un entusiasmo por conocer, por adentrarse en las raíces de lo que de alguna forma es parte de nuestra común herencia cultural. Hoy día el turismo arrasa (como actitud ante la cultura) haciendo estragos en el intelecto del que va de ciudad en ciudad, coleccionando postales y dejando de lado la esencia de las cosas.

Otro punto a destacar es que ya no se escriben cartas como las que acompañan el texto de “Notas de un viaje a Oriente”. Con la llegada de estas nuevas tecnologías, el género epistolar se ha perdido y la economía extrema de palabras (y de letras, todo sea dicho) deja muy empobrecido a lo que llamamos hoy “correo”, por muy electrónico que sea.

El texto de “Notas de un viaje a Oriente es sin lugar a dudas una pieza clave para la comprensión de lo que luego sería Julián Marías. Es elocuente lo que consigna en el prólogo, cuando dice que más allá de los elementos culturales estaba el espiritual. Dice que al estar en el llamado santo sepulcro lo único que se le ocurrió pedir fue una vida intensa y llena de sentido cristiano. La intensidad vital de este gran pensador es sin lugar a dudas fruto de esa experiencia de juventud.

Para él y para los que le acompañaron en ese crucero (ignoro si se hizo algo igual después, supongo que no), ese viaje les dio un sentido renovado de las cosas y sus circunstancias. Una experiencia vital que el caso de Marías le transformó. Eso le ocurre al viajero, no al turista, esa es la diferencia, la actitud hacia lo que se experimenta.

Es interesante que en la entrada “Judea”, la reflexión insista en el tema de la muerte y que “vamos haciendo un viaje melancólico hacia atrás”. Esa urgencia por recordar, por consignar en un texto la experiencia, encerrándola en un diario para luego volver a ella y no olvidarla, es ciertamente un ejercicio de resurrección de quienes fuimos y un salto a la eternidad, o por lo menos a la lucha contra el olvido.

He disfrutado del viaje con Julián Marías y he recordado que hay tanto que ver y aprender que me dan ganas de salir de viaje, pero como Dios manda, como antes, y escaparme del turisteo haciéndole una finta al estrés de las vacaciones.


02 diciembre, 2013

Y en Papel en blanco... El libro de los pequeños milagros.

El microrrelato tiene sus grandes maestros modernos (Ana María Shúa, Ángel Olgoso o José María Merino) pero tiene también a sus excelentes herederos. Uno de ellos es Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) que demuestra en este universo que es “El libro de los pequeños milagros” (Páginas de Espuma, 2013), su altísimo grado de pericia en esto de cazar eternidades instantáneas. Seguir leyendo aquí.

01 diciembre, 2012

Antes del futuro imperfecto. Reseña

El cuento en España tiene un nombre que viene de lejos cultivando el género, rodeándolo, poniéndolo patas arriba con un sello personalísimo y dejando tras de sí y sin pretenderlo, un magisterio para los nuevos cuentistas, un espejo donde hacer mirar los cuentos que uno escribe.
Ese nombre es, sin dudarlo, el de Medardo Fraile que publica nuevo libro en Páginas de Espuma, pero nuevo libro a medias. “Antes del futuro imperfecto” es un acto estético que provoca el aplauso espontáneo del que los lee. No puede uno evitar levantarse del sofá o del asiento en el Metro y aplaudir. La de Medardo Fraile es una escritura serena, profunda, que mima la palabra y que consiente como a un niño la metáfora, el discurso y la anécdota.
“Antes del futuro imperfecto” consta de dos partes: “Antes de del futuro imperfecto” (Los cuentos de las aulas), y “Fuera de sí” (Cuentos del Futuro Imperfecto) y “Fuera de sí”. En la primera parte asistimos al Colegio, al recreo al instituto y a la universidad. Cuentos todos ellos ya incluidos en “Escritura y verdad. Cuentos completos” Edición de Ángel Zapata (Páginas de Espuma, 2004), excepto cuatro de ellos. La segunda parte es inédita y nos lleva a las consecuencias de esas aulas en las que aprendimos o no pero por las que pasamos todos de un modo u otro.
Fraile  recuerda y hace recordar, lleva al lector, no de la mano, para qué sabemos donde habita el recuerdo, sino en alas de su personalísima mirada que se convierte en el medio de transporte o detonante de la memoria.
El desfile de personajes, de recursos técnicos, de escenarios, de temas y tramas en un deleite técnico, estético y emocional que asegura más de una lectura y que entusiasma a la hora de recomendar este libro. Si quieren leer cuento, compren este libro y si quieren regalar cuento y quedar bien, no duden en regalar este libro prodigioso.
Vamos a destacar dos cuantos de cada una de las partes del libro. De la primera, “Punto final” es una hermosa puesta en escena del temor último del que escribe: el olvido. Lo trascendental de las palabras que se hilan hasta convertir se en un texto que se aprecia para que termine siendo borrado por el olvido, como poco, inquieta. Por medio de un personaje tierno, Fraile consigue comunicar la rudeza de unos sentimientos que persiguen al que escriba. Por otro lado, “La hora” es un soberbio cuento que en su breve recorrido, apenas tres páginas, nos pone delante de las contingencias, para bien o para mal y nos sugiere la fragilidad del destino. Basta una clase de Filosofía, las ganas de que la hora del final de clases se materialice y el tema de la contingencia del ser en San Agustín para que el autor nos toque con su talento. Todo un reto bien resuelto que les recomendamos.
De la segunda parte destacan, por ceñirnos a los dos que prometimos (pueden ser más e incluso todos), “El chori” con el que se reirán a carcajada limpia y terminaran invadidos de una enorme pena por el personaje y “Abel” un texto que ilustra como cierta creencias de la infancia nos persiguen más allá del colegio enseñándonos que definitivamente la infancia nos marca más de lo que creemos.
Textos que nos ofrecen un inteligente viaje al fono de los recuerdos, este “Antes del futuro imperfecto” es un antídoto contra el olvido, hilo conductor de muchos de estos textos (les recomiendo el microrrelato “Fuera de sí”), que están escritos para hacernos volver al recuerdo, para espantar los fantasmas de la desmemoria.

21 octubre, 2012

Días de ira: tres historias en tierra de nadie (Reseña)

Media distancia. Un género por el que han recorrido las letras de Juan Rulfo, García Márquez y más cerca en el tiempo y aquí en España, Andrés Barba. Distancia que también ha recorrido Jorge Volpi (México, 1968) y que Páginas de Espuma reúne en “Días de ira: tres historias en tierra de nadie” (Páginas de Espuma, 2011)  nos da la posibilidad de leer en un solo volumen tres extraordinaria historias que combinan personajes bien definidos, historias extremas y sobre todo provocan en el lector inquietud y asombro.
Un prólogo a modo de explicación abre este libro intentando poner ciertas bases de esa narrativa entre la novela y el cuento, suscitando en el lector una búsqueda de las obras que se citan para constatar los argumentos del escritor mexicano. Entre la monumentalidad de la novela y la placidez y agilidad del cuento, habita un género que tiene en su propia solución onomástica un enjundioso trabajo de definición. Un prólogo ágil e inteligente que comparte visiones para resolver el enigma de esta vieja medida literaria.
Las narraciones están ordenadas de la más antigua a la más reciente, todas ellas escritas a finales del siglo pasado y todas protagonizadas por una pareja, terreno este done los conflictos crecen y la narración se dinamiza en tanto que los problemas se plantean y son resueltos.
La primera de estas narraciones “A pesar del oscuro silencio”, que puede leerse en una suerte de clave de auto ficción. El protagonista, Jorge, entra en un proceso de obsesión enfermiza con la vida del poeta mexicano Jorge Cuesta al que estudia, disecciona de manera febril y al que de una forma termina viviendo en su lado oscuro. El conflicto se plantea dentro de su pareja que termina arrasada por la obsesión por el personaje y por cierta incomprensión del conflicto moral por parte de Alma, su pareja.
Días de ira”, segunda de las narraciones y la que presta nombre al libro, es la que más me ha entusiasmado. Una vez más Jorge Volpi hace un guiño a la literatura y esta vez va más lejos que en su búsqueda de Jorge Cuesta. Una novela, inocente, banal, insulsa, encierra una trampa mortal: una vez abierta, lector, todos estamos en ella.  Pero advierte el narrador que las trampas de esta novela, lo que guarda como una terror que asalta y provoca el protagonismo mas terrible del que lee, están puestas allí de antemano, que nada es casual, que el determinismo literario existe y que nosotros somos parte del terrible juego. El lector de “Días de ira” terminará siendo cómplice, junto con el autor y el protagonista, de un suceso helador y oscuro. Otra vez, la trama ocurre dentro de una pareja y sus aledaños.
Una tercera pareja protagoniza la última de estas narraciones. “El juego del Apocalipsis” quizá la más conocida por el público, arranca, con un inocente llamada que le regala a su protagonista un viaje a Patmos, la isla donde escribió San Juan el Apocalipsis (ya sé que saben dónde está Patmos). El viaje lo regala una fábrica de embutidos para recibir el año 2000 en la enigmática isla. Hasta aquí la cosa parece pintar bien pero ya saben cómo es Jorge Volpi: concesiones cero, historia absorbente al borde del tercer milenio, personajes que se van complicando la existencia hasta terminar en un asombro ante los escombros. El guiño a la literatura lo pone Andrea, una crítica literaria de cuchillo en los dientes y parche en el ojo, una demoledora de escritores que disfruta con su trabajo. Al final el Apocalipsis sobreviene y ya depende de ustedes saber qué pasó exactamente.

01 octubre, 2011

El final del amor (Reseña).

 “El final del amor” (Páginas de Espuma, 2011) es el regreso de Marcos Giralt Torrente (Madrid, 1968)  al género cuento con el que irrumpió en el panorama literario y el flamante ganador del II Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero que se está convirtiendo en una brillante referencia para este género que está en plena expansión para deleite de los lectores.
Este libro no es lo que parece, no es un libro de cuentos más. Desde su título hasta el último de sus relatos, Marcos propone una visión poco convencional y heterodoxa de ese universo que se llama amor. Son cuentos apasionados y sin romanticismos que revelan una veta luminosa y distinta de las relaciones de pareja y sus consecuencias.
El título no alude necesariamente a un período concreto de las relaciones amorosas que se dan en los cuentos. “El final del amor” no es un catálogo de finales, ni es un muestrario de desavenencias sobrevenidas en las parejas. Como bien explica el autor, “la idea del final del amor resume el amor mismo en el sentido de que, así como no es posible pensar en la vida sin la muerte, no es posible pensar en el amor sin su final”.
Componen el libro cuatro excelentes cuentos, todos ellos narrados en primera persona. La construcción técnica de estas ficciones es impecable, la acción transcurre sin atropellos, fluyen, acercan al lector, le confrontan con las luces de una prosa inteligente. La exploración de los sentimientos está argumentada por unos personajes creíbles que no suenan a impostados, que no están de paso por las historias que protagonizan. Muchos cuentos adolecen de ese defecto, el de tener personajes poco capaces de protagonizar las historias que se les tejen. Marcos Giralt Torrente construye personajes precisos e inquietantes para unas acciones que parecen sencillas pero que encierran una notable complejidad.
Hay un interesante uso de la distancia en estos cuentos, sobre todo en “Cautivos” y “Nos rodeaban palmeras”, distancia que utiliza el autor para llevarnos a presenciar los momentos clave en los que las parejas se transforman y como el mito de estar cerca o lejos se derrumba ante la evidencia. También en “Última gota fría” este recurso de la distancia se usa para asistir a la cercanía de una pareja separada vista por los ojos de su hijo adolescente. Un cuento que aborda el cambio de perspectiva del protagonista ante la posibilidad de que sus padres vuelvan a juntarse.
“Joanna” es diferente, es quizá el cuento más inquietante, gris y denso de los cuatro. La atmósfera asfixiante que cubre a la familia de la protagonista es uno de los muchos aciertos de este magnífico libro.
Pero de los cuatro es “Cautivos” el que más nos ha gustado. Una pareja que lo tiene todo que se quiere, que no le falta nada para ser feliz no puede serlo. Alicia y Guillermo son incapaces de estar físicamente cerca pero a la vez nos incapaces de dejarse para siempre, de perderse de vista. Con un brillante narrador testigo que dosifica muy bien la historia, este cuento nos pasea por los afectos de esta pareja y nos suspende sobre sus vidas para presenciarlas desde un enfoque distinto, para verles amarse de una forma angustiosa y personal, para hacernos ver que otras “extrañas” maneras de amarse son posibles.
Este es uno de esos libros que al terminarlo dan ganas de volverlo a empezar, unos textos que confirman las certezas que ya teníamos desde hace mucho tiempo: estamos ante una escritura en plena madurez, en pleno uso de sus facultades técnicas y estéticas.

Por los senderos con... Marcos Giralt Torrente





Marcos Giralt Torrente nos recibió en la editorial Páginas de Espuma días antes de la presentación de "El final del amor" en el marco de la pasada Feria del Libro de Madrid. Una conversación profunda, inteligente y divertida. Marcos nos habló de su nuevo libro, del proceso de escritura del mismo y reflexionó con nosotros sobre el amor.


¿Cómo nace “El final del amor”?

Pues la verdad es que es algo verdaderamente extraño en mi carrera. No soy un escritor al que las ideas se le ocurran muy fácilmente, tengo que buscarlas. Y aunque la literatura me habite incluso cuando no escribo, necesito de una férrea voluntad para obligarme a escribir. Ello hace que mis libros nazcan sobre todo de la voluntad. Pero con “El final del amor” fue diferente, nace de una manera más espontánea sin que ello implique que técnicamente este menos trabajado, sino que el impulso de escribirlo no fue premeditado. Nace más bien del cansancio del mi libro anterior.
“Tiempo de vida” es un libro de no ficción en el que hablaba con mi voz y de mi experiencia con mi padre. Fue un libro que me procuró muchas satisfacciones  en lo personal y en lo literario pero que me obligó a escribir pensando mucho en mí mismo y en mis cosas  y a exponerlas  a la visión publica. Esa exposición de mi interior y ese hablar y pensar en mí que duró todo el tiempo de la promoción  me hizo terminar bastante cansado de mí mismo y, de una manera muy natural, como si mi cuerpo me hubiese pedido descomprimirme de esa dosis excesiva de realidad y auto realidad que fue “Tiempo de vida”, me volqué en la escritura de estos cuentos sin saber ni siquiera que terminarían siendo un libro. De pronto me vi escribiendo un cuento o necesitando escribir un cuento, buscando el argumento y tomando las decisiones adecuadas  para hacerlo  pero sin pensar que estaba escribiendo el primero de una serie que terminarían convertidos en “El final del amor”.  Fue cuando tuve los dos primeros que pensé que podría tener un libro.

Dice San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, capítulo 13, que “el amor nunca deja de ser” lo que contrasta con el título de tu libro “El final del amor” ¿Qué piensa de esto?

Creo que tienen mucho que ver. Al contrario de lo que puede parecer, “El final del amor” no está compuesto por historias que necesariamente tengan que ver con el final del amor ni están centradas en el final de las relaciones amorosas ni mucho menos. Elegí ese título porque me parece que la idea del final del amor resume el amor mismo en el sentido de que, así como no es posible pensar en la vida sin la muerte, no es posible pensar en el amor sin su final. Hasta en la relación amorosa más feliz y prolongada en el tiempo, existe la idea del final del amor aunque solo sea como amenaza. Los amantes siempre piensan en el final del amor, a veces con miedo, generalmente, y a veces hasta con ganas.

En “Nos rodeaban palmeras” y “Cautivos”. Veo un nexo común que es la distancia. Tanta distancia cercana en “Nos rodeaban palmeras” que se alejan los protagonistas y en “Cautivos” la distancia física es lo que precisamente les vincula.

No se me había ocurrido verlo de ese modo y queda muy bien expresado así. Todos los cuentos están narrados  en primera persona y en el caso de “Nos rodeaban palmeras” el narrador es protagonista del drama que cuenta mientras que en “Cautivos” el narrador es testigo del drama. “Nos rodeaban palmeras” intenta ser una instantánea de ese momento de lejanía que se produce en las parejas a veces en unos minutos, en unos días o en semanas. Pensé, si quiero dar cuenta de esa lejanía que se produce en el seno de una pareja, me interesa potenciar esa sensación de aislamiento, de aislarlos lo más posible. De allí que la acción trascurra en una isla pequeña. Estas decisiones técnicas tienen que ver con el tema de la distancia.
En “Cautivos”, por el contrario, lo que quería potenciar era la paradoja de dos personas que lo tienen todo para ser felices, que no se han perdido el amor el uno por el otro pero sin embargo la cosa no funciona. Ese tenerlo todo para ser felices me llevó a buscar a dos personajes sin dificultades económicas, con vidas privilegiadas, con casa en varios lugares, cosmopolitas en una palabra. La distancia es fundamental por todos los lugares que recorren, que pueden recorrer, pero eso no los une, no les capacita para vivir una relación por decirlo así, “normal”.

Guillermo le reprocha a Alicia en un momento del cuento no haberle dejado por ser ella más responsable que él, lo cual me lleva la siguiente pregunta ¿hay que tener valor para poner fin al amor o por lo menos a las relaciones?

Indudablemente. Creo que es uno de los actos más valerosos con los que un hombre o una mujer se pueden topar en su vida. Hay quien no es capaz nunca de hacer eso, que actúa con cobardía. Muchos finales agónicos de parejas ocurren precisamente porque quien provoca ese agónico final no se atreve a darlo de una sentada, se dedica a torturar al otro para que sea él quien le abandone por agotamiento.
En el caso de Guillermo no sabemos lo que esconde y es muy probable que esto le convierta, al parecer, en responsable del fracaso pero al final ambos terminan siendo víctimas y verdugos el uno del otro. Lo que me interesaba a mí era que eso no acabara con el amor sino que hasta cierto punto los vinculara. Creo que el relato más de amor del libro es precisamente este. Efectivamente hay un fracaso amoroso en estos personajes que no se desean ni pueden compartir lecho y estas circunstancias les incapacitan incluso para compartir la cotidianidad de un modo “normal” pero no pueden perderse de vista porque en el fondo se quieren. Lo que yo estoy reivindicando en el libro, que ni es un tratado sobre el amor ni pretende agotar el tema, es una idea del amor más rica y compleja que la convencional, que es posible quererse de esa extrañísima manera en la que lo hacen Alicia y Guillermo.

Los otros dos cuentos “Joanna” y Última gota fría” se detienen de alguna forma en la relación con los hijos o cómo “el final del amor” del que hemos hablado les afecta ¿Crees que la relación entre padres e hijos sufre de ciertas mutaciones?

Mi papel de padre no lo tengo aun muy claro puesto que soy un padre muy reciente, tengo un hijo de apenas dos años. Lo único que sé es que por mucho que imaginaras lo que es ser padre antes de serlo, por mucho que te lo hayas imaginado, por mucho que hubieses leído sobre el tema, verdaderamente no te haces cuenta del amor inmenso que produce un hijo. Es algo verdaderamente inconcebible. Al mismo tiempo sientes una tremenda responsabilidad, tanta que da miedo. Todos los padres nos sabemos imperfectos y nos sentimos un poco impostores. Si eres un impostor sin hijos no hay víctimas de tu impostura, pero si los tienes es peor porque ya tienes víctimas o posibles víctimas de tu impostura.
Supongo que lo que cambia cuando un hijo crece es que esa generosidad absoluta del amor del padre es una generosidad destinada al desengaño amoroso en el sentido de que lo deseable, lo que un padre debe anhelar, es darle todo a su hijo para que madure y llegue un momento en el que le abandone. Y eso es lo deseable, porque significará que has criado a un ser autónomo que sepa y pueda emanciparse de los padres. Luego, es alimentar un amor para que se produzca el desengaño amoroso por parte del padre.  “Joanna” es el cuento que escribí más fluidamente, fue en el que me tropecé menos, el más espontáneo. Más que el amor que se describe en el cuento lo que me interesaba era la familia y más concretamente una de las paradojas más grandes que me inspira: la familia que debiendo ser eficaz para ayudar, preparar y proteger a los más pequeños el mayor tiempo posible para que al exponerse al mundo y sus peligros sepa cómo defenderse, termina convirtiéndose, sin quererlo, en todo lo contrario, en un conjunto de seres envilecidos, con atmósferas enrarecidas que se convierten en sofocantes y que lo que hacen es hundir a sus miembros. Y Joanna es víctima de una de estas familias. El tema final que se revela es lo de menos, lo que me interesaba era ese ambiente enrarecido que pide a la persona levantarse y abrir una ventana.

En “Última gota fría”, la mirada de un chico joven nos relata el ir y venir del unos padres que están separados y que parece que podrían volver a unirse…

En este cuento me interesaba una paradoja parecida a la de “Cautivos”. Objetivamente los padres de este chico se quieren y en un momento del relato ellos entienden que no sentirán tanto amor por sus nuevas parejas como el que se tienen el uno al otro, pero es imposible que estén juntos. Visto por los ojos de un adolescente, quiero resumir ese momento epifánico de los relatos de aprendizaje. Hay un momento en la vida cuando somos jóvenes en el que todas las verdades que conforman nuestra visión del mundo son heredadas de  nuestros padres pero llega un momento también en la vida en que eso no basta. Hay personas para las que ese momento epifánico es conflictivo y se rebelan contra sus padres y para otras es simplemente una necesidad, la de ver las cosas por sus propios ojos, la de hacerse una visión del mundo más propia y es en ese momento en los que se centran los relatos de aprendizaje.
“Última gota fría” es de este tipo de relatos. Este chico como todo hijo de padres separados coquetea en un momento con la idea de que sus padres vuelvan a estar juntos. Salvo los casos extremos en los que el padre era un verdadero tirano que machacaba a la familia, lo normal es que ese deseo se manifieste. Ese momento de crecimiento de este muchacho esta ejemplificado en ese paso en el que él se da cuenta que posiblemente no es lo más deseable ni lo mejor que les podría suceder a él y a su madre.

Has dicho en algún momento que “escribir no es terapéutico” ¿matizarías esta afirmación?

Hay muchos tópicos literarios que me soliviantan. Tópicos manidos como “es que necesitaba escribir esta historia”, o “los personajes se me han impuesto” o “yo escribo para poder vivir” o “la escritura es mi psicoanálisis”… Creo que en la vida hay muy pocas cosas necesarias a parte de comer, beber, descansar… me siento muy escritor y vivo, pienso y miro literariamente pero cuando no escribo no me pasa nada. A lo largo de muchos meses de mi vida no escribo pero cuando lo hago necesito vivir dentro de ese relato, de esa novela, necesito una intensidad en la escritura que me obliga a trabajar muchas horas al día. Me aleono y me convierto en un ser asilvestrado y me olvido de cosas básicas pero pueden pasar perfectamente varios meses sin escribir y esto no hace que me descentre ni soy víctima de paranoias. Esa frase a la que aludes, que dije dentro de una conversación y en un contexto y que fue elevada a titular, parece una gran reflexión pero yo no pretendía decir nada más que la literatura es lo que es, pero que nadie se la tome como otra cosa.


¿Cómo es el día a día de trabajo literario de Marcos Giralt Torrente?

Depende de si estoy escribiendo o no y cuando hablo de “escribir” hablo más bien de escribir lo propio. La vida de un escritor está siempre contaminada de escritura y aunque no esté escribiendo un libro mío estoy escribiendo artículos o con encargos de alguna conferencia. Como ya te he dicho, pueden pasar meses sin que escriba pero cuando lo hago, lo hago con muchísima intensidad y necesito la mayor parte del tiempo. Soy incapaz de leer y procuro rechazar todos los encargos que me hacen porque me contamina. Me es muy difícil recuperar la tensión si interrumpo la escritura para elaborar un artículo o irme a una conferencia. Cuando escribo me convierto (y ahora que soy padre me es más difícil porque tengo que respetar unos horarios y unas tareas ineludibles) en un ser de las cavernas, incapaz de salir de casa y termino comiendo cualquier cosa. Ahora ya no es tan fácil, pero trato de conseguir esa tensión que necesito a la hora de escribir.

¿Trabajas con esquemas?

No creo que haya recetas para esto. Hay escritores que encaran su trabajo de muy distinta manera y eso no tiene la más mínima relevancia pues su obra puede ser buena o mala por otras razones. Yo soy muy anárquico en la distribución de mi tiempo. Hay escritores que se levantan a las nueve a escribir hasta las dos todos los días de su vida pero yo no: puedo pasar meses sin escribir o me siento y escribo y no me levanto hasta que me vence el sueño.
Sí, suelo partir de un esquema muy detallado pero luego en el proceso de escritura modifico ese esquema con entera libertad, acepto los encuentros azarosos que me asaltan por el camino. Cualquier texto, cualquier obra es producto del azar y de la voluntad. Hay cosas no previstas con las que te encuentras por el camino y luego hay cosas que aunque quieras hacer no sabes hacerlas o al revés, cosas que no pensabas que podías hacer y que metido en faena las sacas adelante. Habrá casos excepcionales, pero me cuesta creer que existan obras que se correspondan exactamente a lo que su autor había planificado. 

Recomiéndanos dos libros de cuentos.

Alice Munro es básica. Si tuviese que mencionar cinco autores vivos, mundiales e imprescindibles, mencionaría a Alice Munro sin duda. No se la tiene tanto en cuenta porque desgraciadamente es mujer y desgraciadamente escribe cuentos. Si fuese varón y novelista estaría en boca de todos. Sin duda la mejor cuentista contemporánea.
Por salir del género cuento diría “Missing” de Alberto Fuguet y que curiosamente está emparentado con “Tiempo de vida”, me parece soberbio. Luego también está “Norte” de Edmundo Paz Soldán.

11 junio, 2011

Antes de las jirafas (Reseña II)

De Matías Candeira el mismísimo Mario Vargas Llosa ha dicho que es también “víctima del vicio de escribir” lo cual no deja de ser un indicador de a qué tipo de literatura nos enfrentamos. Páginas de Espuma vuelve a ponernos delante de un escritor que comienza con paso fieme su carrera hacia el dominio de su oficio y es que “Antes de las jirafas” (Páginas de Espuma, 2011) es un libro de cuentos escrito desde las entrañas, desde la búsqueda, desde la precipitación al vacío que se queda en medio de la existencia.
Con una madurez bien encausada Matías Candeira nos ofrece cuentos redondeados con oficio, personajes gestados y capacitados para sobrevivir a cada una de las ficciones. El lector se adentrará en un mundo oscuro y primigenio, justo antes de las jirafas, en los que los héroes abdican, los amantes llevan hasta el borde de la desesperación a su asesino, donde Baltimore es un personaje y hasta los asesinos en serie parecen tener corazón.
Los personajes de estos cuentos buscan volver a centro de sus vidas, se sienten desplazados, y en ese camino de vuelta al centro de sí mismos viven estas historias que conmueven e inquietan a la vez, repletas todas ellas de la luz que nos viene directamente del lado oscuro de las emociones.
Esta excursión por parajes densos y atmósferas sórdidas es un viaje que el lector emprenderá a la dimensión desconocida de sí mismo. Lo inquietante de estos cuentos es que nos podemos encontrar con nosotros mismos en cualquier esquina de ellos y caer en la cuenta de que Matías Candeira se inspiró en nosotros precisamente cuando confeccionó este o aquel relato.
Hay además en esta literatura tan personal mucha ironía y mucho juego. El autor genera discurso, elabora grandes pasajes y espacios de tal manera que el lector disfrute de contenido, de equilibrios ajustados y saltos al vacío bien calculados. En ese juego, quien lee gana, gana en disfrute y en goce literario. La ironía viene del hecho de que Matías extrae de sus fuentes, de su educación sentimental (series de televisión, el Pulp, películas de serie B, toda esa cultura popular, cincuentera y estadounidense) los géneros de los cuales ironiza, dándoles una vuelta más, los tuerce, y de allí saque los escenarios y atmósferas que permiten que los personajes vivan sus acciones de forma coherente con lo que el autor quiere ofrecernos.
Cuentos como “Manhattan Pulp”, donde los héroes renuncian por cansancio de sí mismos o “Noche de bodas”, donde la vida se empeña en jugárnosla sin el más mínimo rubor o “El extraño”, una inquietante metáfora sobre lo que somos y como nos prefiere la gente, contienen una valentía de temas y una estética de esas que se quedan en la memoria.
Un extraordinario descubrimiento “Antes de las jirafas” y sin duda alguna la puesta en órbita de un escritor que dará muchas grandes páginas orbitando alrededor de la dimensión conocida de los grandes oficiantes de la ceremonia del cuento.

Antes de las jirafas (Reseña).

Estamos definitivamente ante un autor que ya tiene bien definido su universo, su oficio y como ejercerlo. Resulta que Matías Candeira (Madrid, 1984) es uno de esos escritores a los cuales la literatura salvó durante la adolescencia para devolvérnoslo con una madurez y sentido de la ficción que invita a disfrutar y a pensar. Parece tópico pero este es uno de esos autores que deleita estéticamente sin renunciar a asombrarnos con cuestiones relativas a los bajos fondos del alma que todos tenemos.
Antes de las jirafas” (Páginas de Espuma, 2011) apunta directamente al lado oscuro, al rincón de la habitación que más nos da miedo. Porque al final el mayor susto que se puede llevar el lector es el de ser él mismo el protagonista de estas pesadillas irónicas, llenas de una poesía visual que alude al trasfondo de la educación audiovisual del escritor madrileño.
Si homenajes y con desparpajo Matías Candeira nos ofrece dieciséis cuentos que transportan al lector atento a paisajes estadounidense, a asesinos en serie, a sueños o pesadillas de las que queremos despertar, o no, al crepúsculo de los héroes. Lleno de alusiones a la cultura popular estadounidense de los cincuenta, el escritor consigue dar una vuelta de tuerca a aquellos textos y películas de su educación sentimental para ponernos delante deliciosas narraciones que se resuelven de forma inteligente y heterodoxa.
Con “Ese señor de allí” mucho cuidado, es una suerte de versión asesina de “El hombre sin atributos” de Musil y ya sabréis porque. Por lo pronto quédense con el título del cuento y cuidado con decir nada del señor ese al que alude el cuento. Una narración redonda y ágil.
Manhattan Pulp”, uno de mis favoritos, ensaya con la renuncia de los héroes, con el crepúsculo de su identidad y del sentido de sus vidas. Peter Parker y el Dr. Octopus juntos como nunca los habíamos imaginado, comunicando una atmósfera triste y densa, apta para sorpresas y súbitos sobresaltos.
En “Jimmy” tenemos un excelente perfil de un psicópata de libro. Los criminólogos no echaran de menos nada y los lectores de cuentos reconocerán el saber hacer de Matías Candeira que mezcal el amor con la sangre, la ternura con la violencia sin dejar de intrigarnos hasta la última línea.
Uno de los cuentos que llega al corazón es “Unos ojos vacíos”. Un padre ausente, fotos, la usencia y la falta de el padre combinados en un texto hermoso, alejado de la cursilería de los sentimentalismos, cercano a una realidad a ras de calle.
Antes de las jirafas” va atrapar a más de uno eso está claro. Tiene la virtud de sorprendernos, de ser espejo que nos devuelve nuestro reflejo deformando pero en el que terriblemente nos reconocemos si lugar a dudas. Atmósferas precisas, personajes convincentes, Matías Candeira ha abierto la caja de Pandora de su escritura y ahora le toca domar a los monstruos, a las sombras, a las ficciones que su universo le traiga. Nosotros estaremos allí, a pie de caja, para no perdernos el espectáculo de una escritura excelente.

Por los Senderos con... Matías Candeira.












Matías Candeira es joven, tiene una mirada inteligente y al momento de estrechar su mano se aclara la voz y va calentando motores para la presentación en Madrid de su último libro de cuentos “Antes de las jirafas”. De conversación torrencial y llena de contenido, Matías tiene claro qué quiere hacer en Literatura y qué camino va a seguir para ello. Nos tomamos un café en la Editorial Páginas de Espuma y nos disponemos a conversar sobre su obra. (Foto: Laura Rosal)

1. ¿Cómo ha influido el cine en tu obra?

Yo he estudiado guión, y aunque se suele decir que el cine te puede influir para peor y hacer la escritura más telegráfica, a mí me ha ayudado mucho en lo que tiene que ver con la estructura y la exactitud. En el guión tienes que ser muy exacto ya que se trata de un manual de trabajo para otra persona. A la hora de escribir este concepto me ayuda sobre todo en lo estructural y en la parte visual también. Pero yo me considero definitivamente más escritor que guionista, me interesa todo lo que puede se puede levantar con el lenguaje, o con las fallas del lenguaje, y que una imagen no consigue, lo que solo se logra con la palabra.

2. ¿Cómo empieza a gestarse Antes de las jirafas?

El libro nace cuando me doy cuenta de que las cosas que estaba escribiendo orbitaban entorno a un tema fundamental para mí y que yo experimenté sobre todo en mi adolescencia: el sentimiento de estar desplazado del centro de la propia existencia. Los textos sobre los que estaba trabajando hablaban sobre hombres y mujeres que se sienten desplazados del centro de sus vidas ya sea porque no se entienden con sus parejas, porque no consiguen encajar socialmente o porque no se encuentran a sí mismos. De allí también el concepto de “Antes de las jirafas” ¿Qué había antes de las jirafas? pues los monstruos, las creaturas sin forma definida, lo ambiguo, la oscuridad y también remite a ese origen feliz de esos monstruos, asesinos y gentes desubicadas. Nació un poco por eso.
Luego me di cuenta también de que me interesaba, quizás por mi educación audiovisual, que es lo que te puede dar la Literatura y los referentes literarios (en este caso Fresán, Kafka, Fogwill, Ballard, Monzó), al combinarlos con conceptos de la cultura popular que a mí me gustan por ser parte de mi educación sentimental: las películas de Serie B, el Pulp, las revistas de género de los años 50, sobre todo estadounidenses e inglesas que tienen una potencia metafórica muy grande.
“Antes de las jirafas” tiene mucho de esos contenidos pero en ningún caso quiere ser un homenaje a esa cultura popular porque el homenaje siempre tiene algo de decepcionante y siempre es peor que el original. Es más bien una rescritura desde un punto de vista muy irónico. Muchos de los cuentos del libro lo que buscan es esa reconciliación con estos géneros desde el punto de vista de la distancia irónica. Los asesinos en serie, “A sangre fría”, “Dexter” o “Retrato de un asesino”… se ven despojados en estos cuentos de su brillo y solemnidad por unos narradores que se ríen de ese artefacto genérico poniéndolo a nivel de suelo, respetándolo pero sin tomárselo en serio.

3. La mayoría de las ficciones ocurren en Estados Unidos…

Hay un fondo estadounidense sobre todo porque los referentes vienen de allí y de esa cultura. Pero como dije, no es un homenaje y creo que no tendría sentido que yo recreara perfectamente un universo norteamericano, sería de cartón piedra. Lo que ocurre en “Antes de las jirafas” es que las referencias a la cultura estadounidense, que son muchas, están tratadas desde el punto de vista de la ironía. Por ejemplo, Baltimore es una constante en el libro y aunque no transcurra en Baltimore la gente la menciona y no puedes decir Baltimore sin que suene rimbombante. Es como en “The Wire”, donde Baltimore es un personaje más de la serie. Quise que en mis ficciones se hablara constantemente de Baltimore aunque allí no ocurran la mayoría de ellas.

4. En “¿Qué tal cariño?” hay una guiño a la película King Kong…

Es un cuento muy irónico y muy divertido. Resulta que una familia va por la selva y el padre es una especie de señor muy estirado que quiere que todo funcione perfectamente como si fuera un reloj pero, ya se sabe, la vida no es así. Su mujer se levanta y les dice a sus dos hijos gordos y a este señor que no los aguanta más y que quiere una vida. El padre se pregunta “¿qué voy a hacer ahora?” y esto nos lleva al tema del sentimiento de desplazamiento y desarraigo del que hablamos antes. Luego aparece un trasunto de King Kong (pero del King Kong en blanco y negro, que me parece una maravilla) que se lleva a su mujer. El chillido final es la parte que más me gusta del cuento, es un chillido aterrador que le obliga a este señor a coger un palo y atrincherase con sus hijos pero resulta que no es King Kong el que chilla… Uno cree que conoce a alguien pero no es así, cosa que nos ocurre a la mayoría de las personas, lo cual creo que está bien, así no nos aburrimos tan rápido.

5. ¿Te atreves a articular una poética del cuento?

No sé si es una poética pero me interesan cada vez más los cuentos, que no es que funcionen, sino que están en un impasse entre funcionar y no funcionar. Concibo el cuento como un organismo vivo y como tal tiene partes fallidas, grietas, desfallecimientos… me interesa cada vez más la escritura que no se propone a sí misma como escritura y no tiene una función definida sino que genera texto, genera discurso, y a través de él uno se reconcilia con ella, la detesta. Me interesa cada vez más una escritura que tiene partes confusas, crípticas, que no entendemos. Me parece sano que la literatura sea una especie de explosión y encuentro, que sea una expresión del error, de la diferencia, de la descompensación del lenguaje, de la disonancia. No tiene que sonar bien, tiene que generar inquietud y no necesariamente tiene que ver con la clásica búsqueda de la historia oculta y la visible. Que todos los cuentos tengan una falla, una grieta, algo que no encaje del todo. Me interesa es tipo de literatura porque es la que me genera cuestiones.

6. En “Manhattan Pulp” hay una suerte de renuncia de los héroes…

Se trata de una reescritura de Peter Parker y el Dr. Octopus a través de los códigos de la Marvel. No es tanto un cuento de ellos sino con ellos. Podríamos hablar de las habilidades de Peter Parker y de sus súper poderes pero he querido presentar a los héroes como seres crepusculares, acabados, que están hartos de sí mismos, de lo que generan, de no poder ser normales. Ha muerto su propio personaje y ya no encuentra sentido a su vida. Muere lo que representa, que ni siquiera es verdadero. Resulta más interesante lo que a Peter Parker le pasa en la cama que cómo Pelea con el Duende Verde y esquiva las calabazas que explotan…

7. En “Noche de bodas” veo un constante darse contra la pared, lo que nos va a pasar nos va a pasar…

Me he dado cuenta después que este cuento tiene un poco esa cosa de los sueños, de cómo funciona la vida a veces, que cuando quieres algo te tropiezas constantemente con una valla. Cuando el personaje se lleva a la mujer y al amante es como si se estuviera viendo a sí mismo, a su gemelo malvado, e intenta alcanzarles, tocarles pero no llega, está fuera de la esfera de su propia vida. Me gusta colocar a los personajes al límite, en un punto en el cual ya no puedan solucionar nada para quedarse a merced de las circunstancias que lo rodean. Al final, cuando pensaba que nada podía ir peor, el cuento le da el golpe final.

8. ¿Disfrutas escribiendo o eres de esos escritores que sufren lo indecible?

Creo que depende de la historia. “Antes de las jirafas” sí que es verdad que tiene un punto de vista poco halagüeño. Los personajes cuentan sus historias desde fuera del centro de sus vidas con el deseo de volver a ese centro que les pertenece y esa disonancia, ese viaje de vuelta, les hace sentir muy infelices. A pesar de eso, creo que es un libro que invita a pasárselo bien, no con esta idea de evadirse, son historias poco complacientes, pero también tienen esa distancia de no querer hacer de la literatura una cosa solemne. No quiero escribir libros malos pero una vez bien escritos ¿por qué no hacer que tengan un enfoque que nos haga disfrutar y que nos hagan estar inquietos?

9. Recomiéndanos dos libros y dos películas.

Yo recomendaría “El fondo del cielo”, de Rodrigo Fresán. Me siento en deuda con él por la filosofía esta que el comentaba: “este es un libro con ciencia ficción y no de ciencia ficción”. Y “Tiempo de vida” de Marcos Giralt Torrente. Un libro inteligentísimo y muy bien escrito.
Películas: “El increíble hombre menguante” De Jack Arnold, de la antiguas y “Hoy empieza todo” de Bertrand Tavernier.

29 marzo, 2011

Pequeñas Resistencias 5 (Reseña)

“Pequeñas Resistencias 5” (Páginas de Espuma, 2010)es un texto que cierra un ciclo y abre otro. Es, entre otras cosas, el excelente final de una serie de textos que han cartografiado el planeta cuento de una manera solvente, rigurosa y con vocación de permanencia. Porque la serie “Pequeñas Resistencias” está llamada a ser un referente, un escaparate para los lectores de cuento en español, una brújula para emprender un viaje que promete muchas satisfacciones. Eloy Tizón, uno de los grandes narradores de este país, funge de maestro de ceremonias, de presentador reflexivo que termina su prólogo alabando y celebrando la llegada del nuevo cuento, de la nueva manera de hacerlo. Eloy Tizón hace una muy interesante puesta de largo del cuento actual, de su situación y su versatilidad festiva y cambiante lo que presagia a nuestra cuentística de largos años de vida. Da cuenta del movimiento centrífugo del cuento, de su agilidad. Andres Neuman ejerce de seleccionador nacional con el consabido problema que tienen los que ocupan ese puesto: todo tenemos un seleccionador dentro. Y un antólogo, por lo cual, para mí, el criterio de selección de los cuentos y sus autores me parece muy bien y sin discusiones. Hay quien discute tanto esto como lo de convocar o no a uno u otro futbolista para jugar con la Selección pero al final quien decide es el que tiene la responsabilidad de hacerlo y lo ha hecho bien: tenemos un referente de por dónde van nuestros autores, que les gusta y que no, cómo viven los cambios en la manera de narrar. Siempre es difícil, por las dimensiones de una reseña, citar sin ser injustos a algunos de los autores antologados. Pero quisiera mencionar tres nombres de todos los que me han llamado poderosamente la atención: Daniel Gascón y su muy bien trabado “Fuera de cobertura”, Sara Mesa y “El niño sapito”, excelente cuento cuyo personaje se merece por lo menos un cortometraje y Víctor García Antón y su “Últimas palabras a mi padre”, especialmente profundo y conmovedor. El cuestionario del final es una muy buena oportunidad para ver la trastienda intelectual del cuento, para saber más de sus creadores, de sus practicantes, de sus oficiantes. Es, en palabras de Eloy Tizón, “un libro dentro del libro”. La teoría o no teoría dice mucho, los textos que se recomiendan, las influencias. Por fin vamos hacia un universo más común, compartimos más influencias allí donde estemos. El panorama que pinta es de una diversidad fructífera que tiene en las lecturas y autores citados su nexo común. Influencias digeridas y transformadas por los trasfondos personales de estos cuentistas que darán y están dando mucho de qué hablar. Lo que “Pequeñas resistencias 5” nos trae es una invitación al disfrute de las cortas distancias en literatura. Aunque muchos autores se quedaron fuera, Andrés Neuman nos da un listado de esas obras lo cual constituye no solo un reconocimiento a los escritores sino también, una invitación a ir más allá de esta antología tan bien traída. Un perfecto fin de ciclo que presagia muchos años más de buenos cuentos, de buena literatura.

12 febrero, 2011

Lo inolvidable (Reseña)

Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) llevaba sin publicar un libro de cuentos dieciséis años y la espera ha valido la pena. Con el miedo escénico justo y con la seguridad del trabajo bien hecho, Páginas de Espuma publica “Lo inolvidable” (Páginas de Espuma, 2010), textos que prometen a los seguidores de Berti en particular y a los amantes del cuento en general, horas de intensa belleza literaria.
El tema de fondo de estos once cuentos es la memoria, el olvido y sus múltiples maneras de convocarlos, de vivirlos y de mezclarlos. Un olvido o una memoria que los personajes de estas ficciones llevan hasta sus últimas consecuencias exponiéndose a ser transformados por la misteriosa fuerza y misterio de eso que llamamos memoria.
Técnicamente Berti nos tiene acostumbrados a la precisión, (léanse “Los Pájaros” y “La vida imposible”) al detalle manifiesto u oculto que hace saltar el aparato literario para que nos sobrevenga el disfrute estético. Los cuentos del argentino son un ejercicio de constancia y paciencia que se traduce en cuentos muy bien trazados, bien rematados, que dejan con un eco en la memoria, dejan algo perdurable.
Vamos a someternos a la injusta disciplina de comentar cuatro textos de este excelente libro, aunque les adelanto que los once están en un nivel muy alto de calidad literaria y de apego a lo humano algo que es muy difícil de conseguir. La emoción es uno de los factores que Eduardo Berti sabe tratar muy bien y que hace aparecer para en el momento justo para asustarnos, hacernos reír o llorar.
El libro comienza con un texto hermoso en lo formal y conmovedor, “El inicio”, que retrata el camino de un padre y un hijo de la mano rumbo a la escuela, en una sucesión de ambigüedades que llevan a un final intenso, con un fondo emocional que sólo se puede hacer en literatura.
En “Diario de una lectora de diarios” asistimos a la brutal y paulatina ruptura con la realidad, una forma elocuente de olvido. Una mujer, viuda, decide leer todos los periódicos llegando a una obsesión tal que la distrae de todo lo que le rodea y todo somete a esa obsesión, incluso su relación con su hija. Un cuento de una envergadura psicológica que describe muy bien el momento en el que alguien deja este mundo para perderse en uno paralelo que lo aleja del resto de los mortales.
La mentira o la verdad” juega con el tiempo y nos hace asistir a un engaño, simple dirán algunos, pero que arrastra a su protagonista a una culpa inmensa durante veinte años y que se pondrá de manifiesto el día en que celebra esa cifra de años casado con su mujer. Es un cuento perturbador, que en su sencillez nos encierra en una caja de cristal desde la cual no podemos advertir al protagonista de la que se le viene encima. Plantea si mentir o no, pone al protagonista en un brete que parece tener fácil resolución pero que no la tiene ni mucho menos.
Pero sin lugar a dudas, para mí, el que más interés estético y lúdico despierta es “Retrospectiva de Bernabé Lofeudo”, un interesante “programa de mano” de una retrospectiva dedicada este interesante director argentino cuyos avatares personales y cinematográficos vamos conociendo mientras leemos las críticas de sus películas, adelantadas a su tiempo en técnica y temática y que constituyen parte de la gloria cinematográfica argentina. Destacan de los personajes de este cuento Pascual Guidi, un boxeador argentino que quiere ser actor. Este cuento bien trabajado, construido con una precisión literaria y cinematográfica, que demuestran lo bien que maneja Berti el séptimo arte, hacen que sea uno de los disfrutes más intensos de este libro.
Falta espacio para destacar Los demás cuentos: la extrañeza de “Volver”, la tristeza de “Lo inolvidable”, la brutalidad de “Salvar a la Gioconda” o el inquietante terror de “Fantasmas” que cierra el libro, un libro que requiere varias lecturas, porque lo pide el cuerpo y la mente, porque el sentido estético de los buenos lectores lo requiere.
Sin duda alguna este libro de Eduardo Berti presagia más literatura, más cuentos, un texto que sólo Páginas de Espuma podía poner en nuestras manos con ese ojo experto para captar lo mejor de lo mejor del cuento hispanoamericano que se está haciendo en este momento. Un libro que sin duda va a ser uno de esos que dará que hablar y que convertirá a más de uno a la religión del cuento.

Por los Senderos con... Eduardo Berti


La habitación donde conversamos con Eduardo Berti está llena de libros y la decoración te transporta a un pasado en sepia. La Editorial Páginas de Espuma tiene ese prodigio instalado en su atmósfera. Berti es un gran conversador aunque esa tarde tenía la voz tocada de tanto hablar. Llegó el té, ofrecido por un anfitrión de lujo, y la conversación comenzó por la música, los hijos y la cultura popular para terminar hablando de Rubén Blades y José Luis Perales. Joaquín Sabina también fue mencionando. Pero entramos en materia, en la materia de “Lo inolvidable”.

1. Dicen los expertos en materia de memoria que en realidad el olvido como tal no existe, lo que ocurre es que guardamos mal la información. ¿Qué piensa el autor de “Lo inolvidable” sobre esto?

Hay una cita que repetía muchas veces Borges, que ya metaforizó mucho lo del tema del olvido y de la memoria con Funes, y que se la atribuía a Swedenborg que decía que Dios nos dio un cerebro para olvidar. Están tan íntimamente ligados y cuantas veces creemos que hemos olvidado algo y como dice, como no, el señor Proust, aparece en el momento menos pensado eso que creíamos olvidado. Está todo en el cerebro, lo que pasa es que el cerebro es un gran misterio. Este último tiempo estuve leyendo con enorme interés los libros de Oliver Sacks y pensaba que hoy no hay mayor “terra incognita” que nuestro cerebro. Si hoy día tuviéramos que escribir libros sobre las maravillas del mundo como hace miles de años uno de los prodigios que tendríamos que mencionar es nuestro cerebro. Conocemos el mundo, hemos pisado la luna pero nuestro cerebro sigue siendo un gran misterio. Cuando lees a alguien como Sacks te das cuenta que es literatura fantástica, es asombroso. La memoria y el olvido están allí.

2. Dieciséis años después publicas un libro de cuentos. ¿Hay presión, miedo escénico?

A la mayoría de los que escribimos nos pasa. El día antes de la publicación del libro tengo ganas de ir y confiscarlos todos. La seguridad absoluta es peligrosa. Ha pasado mucho tiempo sin darme cuenta. Escribí novelas, haciendo las antologías, me mudé de país. Me pasó como con “La vida imposible” que en un momento dado tuve cinco o seis cuentos que conformaban algo. Que serían todavía dos o tres más y que los otros quince o diez que tenía esos no iban bien. Entonces dije, ¿quién me apura? nadie y lo hice con calma, con ansiedad, claro, con ganas, con entusiasmo. Y cuando sentí que los cuentos que se iban sumando congeniaban… es un proceso difícil de explicar es como cuando ves que dos persona pueden ser amigos entre ellos, son afinidades difíciles de explicar. Los cuentos son distintos, los personajes, los ámbitos pero hay cosas allí afines, la memoria, cómo funciona…


3. El libro arranca con un cuento conmovedor “El inicio”, un cuento en el que un padre y un hijo van de la mano a la escuela…

Me parece que es un cuento que me confirma a mí, yo no escribo cuentos para probar ideas teóricas ni nada por el estilo pero finalmente uno tiene sus ideas sobre la literatura y escribe con su gusto, que entre lo trillado y lo singular a veces hay un paso muy pequeño, que no necesariamente hace falta bajar un elemento divino, que a veces puede ser un pequeño detalle, una pequeña epifanía, un cambio de punto de vista…

4. ¿Es escribir una manera de olvidar o de recordar?

Es todo. Escribir tiene que ver con la idea de lo memorable, lo que uno quiere dejar y salvar del olvido. Los libros, las bibliotecas son la memoria de la Humanidad pero al mismo tiempo cada novela, cada cuento, todo el tiempo en cada cosa que se narra, se tiene la opción entre lo que se dice y lo que no se dice, no se puede narrar todo sino volveríamos a Funes, o a esa otra cosa que decía Borges que es una variante de Funes que es los cartógrafos del imperio que hacen un mapa que es igual al imperio y la literatura no es eso. Cuando te pasa algo estás olvidando y recordando a la vez, privilegiando cosas, ese es el mecanismo todo el tiempo. También es verdad que las cosas inolvidables, aunque sean difíciles, son las que nos hacen escribir. Y también escribimos con la ilusión de que sea inolvidable, es como una ida y vuelta.

5. En “Diario de una lectora de diarios” una mujer, por la muerte del marido se encierra en el ambiguo mundo de la lectura de todos los periódicos elige lo que yo quiero llamar “la ficción” de las noticias y pasa de su hija…

Es raro. Yo en mi vida he visto gente que en su viudez se aferra a los hijos y también lo opuesto. Tiene que ver con el vínculo que tuvieron antes. En el cuento tiene un vínculo extraño, la hija tiene una relación rara con un tipo. Hay algo que en esas familias no está muy bien antes de la muerte del ser querido. Es un ambiente raro. Luego está mi experiencia como periodista y mi vínculo con las redacciones y haber estado un poquito de ese lado. Hay como un guiño y pequeños ajustes de cuentas y homenajes a esa etapa como periodista.

6. ¿Qué le debe tu literatura al cine?

Hay elementos de la cultura popular de las cuales podemos aprender muchísimo. Pero es muy raro porque a la vez uno lee a escritores del siglo XIX y hay técnicas del cine que ya están allí. Las descripciones, con todo lo moroso que es Balzac, en Papá Goriot, cuando describe la pensión, primero hace un travelling de izquierda a derecha, luego entra, sube la cámara, muestra el cartel, baja, entra, recorre todo el edificio, lo muestra adelante y atrás, es cine, está con el carrito, no sabía, no era Julio Verne. Hay cosas que el cine ha puesto en práctica, que ya existían registradas en las novelas y que hoy las vemos como cine. El cine enseña mucho.
Yo trabajé un tiempo haciendo documentales y durante cuatro años pasaba el día delante de un ordenador compaginando. Para mí lo más parecido a escribir es compaginar. Yo he escrito guiones pero lo más parecido a escribir novelas no es hacer guiones, es compaginar, es armar el relato, las secuencias y es tan gráfico, lo ves en los programas informáticos, es estructura pura y yo aprendí muchísimo: aprendí a ver cine, a leer de otro modo. Es una ida y vuelta entre el cine y la literatura.

7. En “La mentira o la verdad” se sostiene una mentira durante muchos años. ¿Se puede hacer algo así?

Yo creo que el protagonista tiene un miedo insensato, es como una bola de nieve que mezcla la culpabilidad llegando al absurdo, es una espiral, un crescendo, casi absurdo pero que en su miedo es lógico y coherente. Es el típico caso que visto desde fuera uno dice “por qué no reacciona” pero el que está dentro no tiene esa distancia. Después está el tema de la hija. De la mujer podríamos decir hasta que en un momento se da cuenta, no le importaría el hecho pero creo que a él le preocupa mucho la mirada de la hija porque parece que relanza la situación y sobre todo en esas fechas mágicas como un veinte aniversario de matrimonio. Él está atrapado en esta espiral absurda y, aunque es una tontería, ya es tarde.
Es un cuento difícil. Yo me pregunté qué efecto podría tener en el lector porque el riesgo podría ser que el lector dijera bueno no es tan difícil y tal vez sea su punto débil. Yo traté por todos los medios estar muy focalizado desde el narrador para tratar de lograr al máximo posible esa identificación aunque sea con una distancia crítica. Fue uno de los cuentos que más me costó desde el punto de vista de escritura, de concisión, y que en esa espiral se volviera reiterativo. Es el cuento que más me costó y el que más dudas me deja, pero valía la pena el riesgo.

8. De “Retrospectiva de Bernabé Lofeudo”, hay un personaje que creo que debes rescatar en otra parte y que a mí me fascina. Se trata de Pascual Guidi, que cada vez que va a entrar en una de las películas le pasa algo, el típico perdedor…

Hubo un actor muy famoso del cine argentino, pero muy famoso, Pedro, Pedrito Quartucci. El llego a ser boxeador olímpico y claro, es raro que los boxeadores lleguen a ser galanes de cine. Ya sabemos que Benvenutti, Monzón fueron actores, pero es raro, en general era el nadador, Weissmüller, pero no el boxeador. Este Pedrito Quartucci, fue peso mosca, era flaquito, de voz finita, elegante… Siempre me fascinó, era actor de cine en blanco y negro en los años cuarenta y cincuenta. Y allí está el homenaje.
Ocurre mucho que los personajes que nos hacen reír son los que se les suele llamar de efecto fijo, los que no son perdedores van cambiando mientras que estos insisten en perder.

9. En el cuento “Fantasmas”, que cierra tu libro, el protagonista tiene que encender la luz para darse cuenta si se ha quedado o elegir la oscuridad sin saber que ha pasado con los que le acompañan ¿Qué haría Eduardo Berti?

Creo que tarde o temprano la va a prender. Con esa pausa en el cuento le digo al lector, prenderla vos. Creo que la prendería porque la necesidad de compañía social y la curiosidad es más fuerte que todo. Me gustan estos cuentos que terminan en un gesto interrumpido. Es suspenso.
Yo aprendí lo que era suspenso literalmente en un libro que escribió David Lodge, el novelista inglés que siempre recomiendo. El hizo una serie de artículos para The Independent explicando en nada, en una página y media, conceptos: el narrador, verosimilitud, el suspenso. Y en suspenso el da dos o tres ejemplos donde literalmente un personaje queda suspendido. Viviendo yo en París fui a ver una película de Hitchcock, “Crimen perfecto”, en la versión tal y como la había filmado Hitchcock y en 3D. Hay una escena donde Grace Kelly queda suspendida arriba de todos nosotros, sobre las butacas con una tijera que casi te apunta a la cara y yo dije “esto es suspenso”, quedó suspendida literalmente.

10. ¿Cómo surgen los cuentos, cómo te van llegando?

Es muy inesperado. A veces es un personaje, una situación, a veces un punto de partida, un comienzo, o a veces, una imagen. Otras veces es claramente algo que he leído como en “Carta vendida”, que es un apunte en el libro de notas de Somerset Maugham. Lo leí y quise seguir, se me ocurrió algo y quise seguir. Es un misterio y a veces pasa como con el cuento “El color del ciego” que salió toda la historia y luego vino el trabajo formal de corrección. Con “Formas de olvido”, llegó un punto en el que lo dejé como por dos años y luego lo agarré como quien resuelve un problema de ajedrez y dije ¡ajá!, y quedó resuelto, pero es un misterio.