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29 septiembre, 2013

Entrevista a Pedro Crenes Castro a propósito de la publicación de "El boxeador catequista"

Entrevista aparecida hoy en el suplemento cultural "Día D" del Panamá América


"Nunca he conseguido desprenderme de Panamá"

29 | 09 | 2013
La gente que se cría en medio de las dificultades sobrevive y desarrolla unos buenos músculos emocionales para enfrentarse a la vida. El gran público es difícil de conquistar por los escritores. No somos guapos ni bailamos, no hacemos en principio nada excepcional.
Para leer toda la entrevista pincha aquí.

25 septiembre, 2013

Y en Papel en blanco... Reseña y entrevista con Carla Guelfenbein y su novela "Nadar desnudas".

Hoy, en Papel en blanco, reseñamos la excelente novela de Carla Guelfenbein, Nadar desnudas, que publica Alfaguara. Carla ha tenido la gentileza de responder a un cuestionario que le enviamos y sus respuestas son muy acertadas y dan pie a muchas reflexiones sobre el oficio de escribir y sobre nuestra relación con los que nos rodean. Para leer la reseña pincha aquí y para acceder a las respuestas a nuestro cuestionario pincha aquí.

01 octubre, 2011

Por los senderos con... Marcos Giralt Torrente





Marcos Giralt Torrente nos recibió en la editorial Páginas de Espuma días antes de la presentación de "El final del amor" en el marco de la pasada Feria del Libro de Madrid. Una conversación profunda, inteligente y divertida. Marcos nos habló de su nuevo libro, del proceso de escritura del mismo y reflexionó con nosotros sobre el amor.


¿Cómo nace “El final del amor”?

Pues la verdad es que es algo verdaderamente extraño en mi carrera. No soy un escritor al que las ideas se le ocurran muy fácilmente, tengo que buscarlas. Y aunque la literatura me habite incluso cuando no escribo, necesito de una férrea voluntad para obligarme a escribir. Ello hace que mis libros nazcan sobre todo de la voluntad. Pero con “El final del amor” fue diferente, nace de una manera más espontánea sin que ello implique que técnicamente este menos trabajado, sino que el impulso de escribirlo no fue premeditado. Nace más bien del cansancio del mi libro anterior.
“Tiempo de vida” es un libro de no ficción en el que hablaba con mi voz y de mi experiencia con mi padre. Fue un libro que me procuró muchas satisfacciones  en lo personal y en lo literario pero que me obligó a escribir pensando mucho en mí mismo y en mis cosas  y a exponerlas  a la visión publica. Esa exposición de mi interior y ese hablar y pensar en mí que duró todo el tiempo de la promoción  me hizo terminar bastante cansado de mí mismo y, de una manera muy natural, como si mi cuerpo me hubiese pedido descomprimirme de esa dosis excesiva de realidad y auto realidad que fue “Tiempo de vida”, me volqué en la escritura de estos cuentos sin saber ni siquiera que terminarían siendo un libro. De pronto me vi escribiendo un cuento o necesitando escribir un cuento, buscando el argumento y tomando las decisiones adecuadas  para hacerlo  pero sin pensar que estaba escribiendo el primero de una serie que terminarían convertidos en “El final del amor”.  Fue cuando tuve los dos primeros que pensé que podría tener un libro.

Dice San Pablo en la Primera Carta a los Corintios, capítulo 13, que “el amor nunca deja de ser” lo que contrasta con el título de tu libro “El final del amor” ¿Qué piensa de esto?

Creo que tienen mucho que ver. Al contrario de lo que puede parecer, “El final del amor” no está compuesto por historias que necesariamente tengan que ver con el final del amor ni están centradas en el final de las relaciones amorosas ni mucho menos. Elegí ese título porque me parece que la idea del final del amor resume el amor mismo en el sentido de que, así como no es posible pensar en la vida sin la muerte, no es posible pensar en el amor sin su final. Hasta en la relación amorosa más feliz y prolongada en el tiempo, existe la idea del final del amor aunque solo sea como amenaza. Los amantes siempre piensan en el final del amor, a veces con miedo, generalmente, y a veces hasta con ganas.

En “Nos rodeaban palmeras” y “Cautivos”. Veo un nexo común que es la distancia. Tanta distancia cercana en “Nos rodeaban palmeras” que se alejan los protagonistas y en “Cautivos” la distancia física es lo que precisamente les vincula.

No se me había ocurrido verlo de ese modo y queda muy bien expresado así. Todos los cuentos están narrados  en primera persona y en el caso de “Nos rodeaban palmeras” el narrador es protagonista del drama que cuenta mientras que en “Cautivos” el narrador es testigo del drama. “Nos rodeaban palmeras” intenta ser una instantánea de ese momento de lejanía que se produce en las parejas a veces en unos minutos, en unos días o en semanas. Pensé, si quiero dar cuenta de esa lejanía que se produce en el seno de una pareja, me interesa potenciar esa sensación de aislamiento, de aislarlos lo más posible. De allí que la acción trascurra en una isla pequeña. Estas decisiones técnicas tienen que ver con el tema de la distancia.
En “Cautivos”, por el contrario, lo que quería potenciar era la paradoja de dos personas que lo tienen todo para ser felices, que no se han perdido el amor el uno por el otro pero sin embargo la cosa no funciona. Ese tenerlo todo para ser felices me llevó a buscar a dos personajes sin dificultades económicas, con vidas privilegiadas, con casa en varios lugares, cosmopolitas en una palabra. La distancia es fundamental por todos los lugares que recorren, que pueden recorrer, pero eso no los une, no les capacita para vivir una relación por decirlo así, “normal”.

Guillermo le reprocha a Alicia en un momento del cuento no haberle dejado por ser ella más responsable que él, lo cual me lleva la siguiente pregunta ¿hay que tener valor para poner fin al amor o por lo menos a las relaciones?

Indudablemente. Creo que es uno de los actos más valerosos con los que un hombre o una mujer se pueden topar en su vida. Hay quien no es capaz nunca de hacer eso, que actúa con cobardía. Muchos finales agónicos de parejas ocurren precisamente porque quien provoca ese agónico final no se atreve a darlo de una sentada, se dedica a torturar al otro para que sea él quien le abandone por agotamiento.
En el caso de Guillermo no sabemos lo que esconde y es muy probable que esto le convierta, al parecer, en responsable del fracaso pero al final ambos terminan siendo víctimas y verdugos el uno del otro. Lo que me interesaba a mí era que eso no acabara con el amor sino que hasta cierto punto los vinculara. Creo que el relato más de amor del libro es precisamente este. Efectivamente hay un fracaso amoroso en estos personajes que no se desean ni pueden compartir lecho y estas circunstancias les incapacitan incluso para compartir la cotidianidad de un modo “normal” pero no pueden perderse de vista porque en el fondo se quieren. Lo que yo estoy reivindicando en el libro, que ni es un tratado sobre el amor ni pretende agotar el tema, es una idea del amor más rica y compleja que la convencional, que es posible quererse de esa extrañísima manera en la que lo hacen Alicia y Guillermo.

Los otros dos cuentos “Joanna” y Última gota fría” se detienen de alguna forma en la relación con los hijos o cómo “el final del amor” del que hemos hablado les afecta ¿Crees que la relación entre padres e hijos sufre de ciertas mutaciones?

Mi papel de padre no lo tengo aun muy claro puesto que soy un padre muy reciente, tengo un hijo de apenas dos años. Lo único que sé es que por mucho que imaginaras lo que es ser padre antes de serlo, por mucho que te lo hayas imaginado, por mucho que hubieses leído sobre el tema, verdaderamente no te haces cuenta del amor inmenso que produce un hijo. Es algo verdaderamente inconcebible. Al mismo tiempo sientes una tremenda responsabilidad, tanta que da miedo. Todos los padres nos sabemos imperfectos y nos sentimos un poco impostores. Si eres un impostor sin hijos no hay víctimas de tu impostura, pero si los tienes es peor porque ya tienes víctimas o posibles víctimas de tu impostura.
Supongo que lo que cambia cuando un hijo crece es que esa generosidad absoluta del amor del padre es una generosidad destinada al desengaño amoroso en el sentido de que lo deseable, lo que un padre debe anhelar, es darle todo a su hijo para que madure y llegue un momento en el que le abandone. Y eso es lo deseable, porque significará que has criado a un ser autónomo que sepa y pueda emanciparse de los padres. Luego, es alimentar un amor para que se produzca el desengaño amoroso por parte del padre.  “Joanna” es el cuento que escribí más fluidamente, fue en el que me tropecé menos, el más espontáneo. Más que el amor que se describe en el cuento lo que me interesaba era la familia y más concretamente una de las paradojas más grandes que me inspira: la familia que debiendo ser eficaz para ayudar, preparar y proteger a los más pequeños el mayor tiempo posible para que al exponerse al mundo y sus peligros sepa cómo defenderse, termina convirtiéndose, sin quererlo, en todo lo contrario, en un conjunto de seres envilecidos, con atmósferas enrarecidas que se convierten en sofocantes y que lo que hacen es hundir a sus miembros. Y Joanna es víctima de una de estas familias. El tema final que se revela es lo de menos, lo que me interesaba era ese ambiente enrarecido que pide a la persona levantarse y abrir una ventana.

En “Última gota fría”, la mirada de un chico joven nos relata el ir y venir del unos padres que están separados y que parece que podrían volver a unirse…

En este cuento me interesaba una paradoja parecida a la de “Cautivos”. Objetivamente los padres de este chico se quieren y en un momento del relato ellos entienden que no sentirán tanto amor por sus nuevas parejas como el que se tienen el uno al otro, pero es imposible que estén juntos. Visto por los ojos de un adolescente, quiero resumir ese momento epifánico de los relatos de aprendizaje. Hay un momento en la vida cuando somos jóvenes en el que todas las verdades que conforman nuestra visión del mundo son heredadas de  nuestros padres pero llega un momento también en la vida en que eso no basta. Hay personas para las que ese momento epifánico es conflictivo y se rebelan contra sus padres y para otras es simplemente una necesidad, la de ver las cosas por sus propios ojos, la de hacerse una visión del mundo más propia y es en ese momento en los que se centran los relatos de aprendizaje.
“Última gota fría” es de este tipo de relatos. Este chico como todo hijo de padres separados coquetea en un momento con la idea de que sus padres vuelvan a estar juntos. Salvo los casos extremos en los que el padre era un verdadero tirano que machacaba a la familia, lo normal es que ese deseo se manifieste. Ese momento de crecimiento de este muchacho esta ejemplificado en ese paso en el que él se da cuenta que posiblemente no es lo más deseable ni lo mejor que les podría suceder a él y a su madre.

Has dicho en algún momento que “escribir no es terapéutico” ¿matizarías esta afirmación?

Hay muchos tópicos literarios que me soliviantan. Tópicos manidos como “es que necesitaba escribir esta historia”, o “los personajes se me han impuesto” o “yo escribo para poder vivir” o “la escritura es mi psicoanálisis”… Creo que en la vida hay muy pocas cosas necesarias a parte de comer, beber, descansar… me siento muy escritor y vivo, pienso y miro literariamente pero cuando no escribo no me pasa nada. A lo largo de muchos meses de mi vida no escribo pero cuando lo hago necesito vivir dentro de ese relato, de esa novela, necesito una intensidad en la escritura que me obliga a trabajar muchas horas al día. Me aleono y me convierto en un ser asilvestrado y me olvido de cosas básicas pero pueden pasar perfectamente varios meses sin escribir y esto no hace que me descentre ni soy víctima de paranoias. Esa frase a la que aludes, que dije dentro de una conversación y en un contexto y que fue elevada a titular, parece una gran reflexión pero yo no pretendía decir nada más que la literatura es lo que es, pero que nadie se la tome como otra cosa.


¿Cómo es el día a día de trabajo literario de Marcos Giralt Torrente?

Depende de si estoy escribiendo o no y cuando hablo de “escribir” hablo más bien de escribir lo propio. La vida de un escritor está siempre contaminada de escritura y aunque no esté escribiendo un libro mío estoy escribiendo artículos o con encargos de alguna conferencia. Como ya te he dicho, pueden pasar meses sin que escriba pero cuando lo hago, lo hago con muchísima intensidad y necesito la mayor parte del tiempo. Soy incapaz de leer y procuro rechazar todos los encargos que me hacen porque me contamina. Me es muy difícil recuperar la tensión si interrumpo la escritura para elaborar un artículo o irme a una conferencia. Cuando escribo me convierto (y ahora que soy padre me es más difícil porque tengo que respetar unos horarios y unas tareas ineludibles) en un ser de las cavernas, incapaz de salir de casa y termino comiendo cualquier cosa. Ahora ya no es tan fácil, pero trato de conseguir esa tensión que necesito a la hora de escribir.

¿Trabajas con esquemas?

No creo que haya recetas para esto. Hay escritores que encaran su trabajo de muy distinta manera y eso no tiene la más mínima relevancia pues su obra puede ser buena o mala por otras razones. Yo soy muy anárquico en la distribución de mi tiempo. Hay escritores que se levantan a las nueve a escribir hasta las dos todos los días de su vida pero yo no: puedo pasar meses sin escribir o me siento y escribo y no me levanto hasta que me vence el sueño.
Sí, suelo partir de un esquema muy detallado pero luego en el proceso de escritura modifico ese esquema con entera libertad, acepto los encuentros azarosos que me asaltan por el camino. Cualquier texto, cualquier obra es producto del azar y de la voluntad. Hay cosas no previstas con las que te encuentras por el camino y luego hay cosas que aunque quieras hacer no sabes hacerlas o al revés, cosas que no pensabas que podías hacer y que metido en faena las sacas adelante. Habrá casos excepcionales, pero me cuesta creer que existan obras que se correspondan exactamente a lo que su autor había planificado. 

Recomiéndanos dos libros de cuentos.

Alice Munro es básica. Si tuviese que mencionar cinco autores vivos, mundiales e imprescindibles, mencionaría a Alice Munro sin duda. No se la tiene tanto en cuenta porque desgraciadamente es mujer y desgraciadamente escribe cuentos. Si fuese varón y novelista estaría en boca de todos. Sin duda la mejor cuentista contemporánea.
Por salir del género cuento diría “Missing” de Alberto Fuguet y que curiosamente está emparentado con “Tiempo de vida”, me parece soberbio. Luego también está “Norte” de Edmundo Paz Soldán.

14 mayo, 2011

Por los Senderos con... Fernando Palazuelos






Fernando Palazuelos nos concedió vía internet esta interesante entrevista donde hablamos sobre su trabajo en el mundo de la microficción "Ficcionarium". A parte de contestar a nuestras preguntas nos deja para el final un bosquejo de lo que será un futuro microrrelato. Todo un lujo para estos Senderos.



1. Tienes una poética sobre la microficción.

De todos mis libros, éste es el único en el que he abordado una narrativa tan breve. Pero me gusta ponerme a prueba, adentrarme en nuevos retos. Tras escribir cuatro novelas, teatro y poesía, ha sido un placer aventurarme en este terreno, en el que lo lúdico se ha entremezclado con la historia, la literatura, el mito... Además de este juego híbrido, está la voz, la necesidad interior de “ver” el mundo con una mirada poética, también crítica, en muchas ocasiones desmitificadora y llena de humor. Es un libro con el que he disfrutado y en el que el lector puede adentrarse como quiera, abriendo sus páginas al azar, avanzando de atrás para adelante, consultando o no el índice... Mi intención es no dejar indiferente al lector y hacerle percibir la presencia humana en este planeta de un modo distinto.


2. ¿Cómo te van llegando los microrrelatos, sales a buscarlos o te van encontrando?

Creo que dentro de la diversidad de temáticas del libro hay una unidad que aglutina todas sus páginas, sobre todo una pretensión jocosa, un anhelo de disfrutar de la literatura. De todos los temas, unos pocos llegaron a mí por casualidad; pero la mayoría los he buscado, indagando en mi propio imaginario, en mis recuerdos, en mis gustos. El libro pretende contagiar algo (espero que no algo vírico), acaso una especie de sed por preguntarse las cosas, por cuestionar el mundo.


3. ¿Cuál es tu técnica de trabajo sobre los textos hiperbreves?

Es difícil, incluso para el propio autor, rebobinar y averiguar cómo y por qué surge un tema para un relato. La imaginación es prima hermana del inconsciente. Pero donde sí actúa uno con plena premeditación es en la técnica, en el tono, en el lenguaje. El mayor reto al trabajar con textos breves es el de la eficacia y la concisión. En ocasiones el lector puede preguntarse: Si este cuento tiene veinte líneas y ya he leído quince, ¿cómo diantre puede acabar? Se trata de redondear una historia con las menos piezas posibles, y sobre todo, sugerir, dejar un poso entre líneas para que la imaginación del lector construya en su mente con los colores que uno le ha ofrecido. En mi caso, que huyo de lo críptico como de la peste, ha sido un reto muy interesante. Sugerir e incitar: esto es cuanto le pido a un texto mío que aspire a ser incluido en un libro.


4. ¿Te documentas para escribir microrrelatos? En los verídicos hay un trabajo de informarse para luego escribir…

En muchos de ellos he necesitado datos, en efecto, pero he evitado construir un libro destinado a demostrar erudición. Al contrario; he intentado compartir. Al conocer una anécdota potente, ¿no siente uno la poderosa necesidad de contársela a alguien? Algo así me ha sucedido con algunos hechos, o con mi particular visión de algunos otros.


5. ¿Qué les dirías a los que tienen al género hiperbreve como insustancial o poco literario?

No soy un experto lector de este género, pero que intenten sostener esa idea tras haber leído algunas delicias de, por ejemplo, Manganelli o Cortázar. Quienes se preocupan tanto de etiquetar la literatura posiblemente se enfrascan en algo tan absurdo como empaquetar vasos de agua de distintos colores. Las fronteras entre géneros y los límites de algunos cánones estéticos son dos de las líneas más divertidas de traspasar. De hecho, en Ficcionarium hay algunos textos breves que no son relatos; son, agárrense los puristas, “ensayos hiperbreves”.


6. Al final del libro hay una relación de los cuentos ficticios, híbridos y verídicos ¿Por qué no nos dejaste con la intriga? Yo por lo menos decidí no leerla toda, que es una opción…

Dudé respecto a si cada relato debía tener junto al título una marca que aclarara su carácter verídico o no. Opté por arrojar luz sobre esto sólo en el índice, con la idea de que quien no desee saberlo disfrute del libro a su gusto. En cierto modo me tentó mucho dejar la duda en el aire, pero sentía lástima de algunos personajes reales, que me pedían a gritos este resquicio al que sujetarse (por ejemplo Maria Reiche).


7. ¿Cuándo se enteró Fernando Palazuelos que quería ser escritor?

Parece absurdo, pero me percaté de ello dos años después de terminar mi primera novela. La guardé en un cajón sin que la viera nadie. Pasado ese tiempo, a raíz de un premio por un relato, decidí enviar la novela a un concurso. El libro gustó. Ganó tres premios en un año. Entonces comencé a preguntarme en serio qué tenía la literatura que tanto me cautivaba, no ya solo como lector, sino también como creador. Por otro lado, a los veinte años abandoné mis estudios de arte. Lo hice bastante decepcionado con la universidad en la que estaba matriculado. Unos años más tarde descubrí que la literatura me ofrecía un campo idóneo para mi creatividad.


8. Para entrar en tu universo literario ¿qué libro tuyo nos recomiendas?

Todos son criaturas nacidas de mi entraña, y es difícil decantarse. Tal vez mi primera novela, La trastienda azul, o la cuarta, Pura chatarra, que no es muy extensa y es muy emotiva (según dicen).


9. Recomiéndanos un par de libros.

Mañana elegiría otros dos distintos, y pasado mañana otros, seguramente, porque es muy difícil decantarse. Pero hoy se me ocurren estos: El palacio de los sueños, de Kadaré, y La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig.


10. “Sueño visionario” es un texto que me maravilló ¿qué sueña Fernando Palazuelos sobre el futuro del libro?

Como muchos otros autores y lectores amantes del papel impreso, estoy a la expectativa. Viendo lo que está sucediendo con el mundo de la música, el asunto da pavor. Sentiría una tristeza inmensa si el libro de papel desapareciera, engullido por este vertiginoso ritmo del progreso tecnológico. Temo que la versión real de la novela de Bradbury pueda llegar a ser peor incluso. En lugar del fuego, del que el destino sólo librará a unos pocos, a los libros de papel tal vez les aguarde otro horror: el vacío. Desde hace tiempo tengo un relato hiperbreve en la mente, aún pendiente de ponerlo por escrito. Podría ser momento de ponerlo en palabras. Su borrador podría ser éste:

“En un futuro no muy lejano, el patrimonio escrito del mundo ha sido escaneado, todas las bibliotecas han sido desmanteladas, en las librerías se vende abono para los invernaderos de los tejados y millones de páginas han sido recicladas para fabricar teclados ecológicos. Un día un informático experto en virus sofisticados encuentra un terrible troyano denominado Qwerty-451. Lo mantiene aislado y lo estudia durante semanas, sorprendido de su complejidad y de su potencial destructor, latencia letal que se activará al de un año de ser creado. Con el fin de lograr un antivirus eficaz lo analiza con cautela, como si se tratara de la cepa de la viruela. No obstante, al manipularlo comete un error. El virus se activa. Pronto se extiende por la red. En cuestión de días las hemerotecas virtuales se corrompen, los registros documentales se deshacen como comidos por una enfermedad incontenible, y toda la literatura digital del planeta, presente y pretérita, se descompone, dejando un vacío que nadie sabe cómo aliviar.”

05 febrero, 2011

Todos los sábados, Por los Senderos con...


A partir de hoy vamos a publicar cada sábado una entrevista con un escritor que tenga un libro publicado recientemente. Por los Senderos con... hablará con poetas, ensayistas, novelistas cuentistas y cualquier otro "ista" que, tirando de su buen hacer literario, hable con nosotros sobre su obra.
Van a pasar por aquí, Eduardo Berti, Miguel Rubio y Jorge Espina entre otros que van a recorrer estos Senderos conversando con nostros. Hoy abrimos con Antonio Orihuela, poeta, y la reseña de su poemario "Narración de la llovizna".
Esperamos que estas charlas por los Senderos nos vayan mostrando más escritores a los que leer y conocer un poco más.

Por los Senderos con... Antonio Orihuela.


Conversamos con Antonio Orihuela una de las voces poéticas que tienen mucho que decir dentro de la poesía española contemporánea. Trabaja ahora en un ensayo que veraá la luz muy pronto y es un entusiasta de las letras, la cultura y claro está, la poesía con mayúscula.



1. Rotundidad de lo breve. Así defino yo este poemario tuyo ¿Cómo has llegado a este tan difícil equilibro entre imagen, ritmo y palabras?

Pues no sabría bien qué decirte… pero espero que todo lo que escribo surja de esa síntesis. Me alegra saber que en este libro, a tu juicio, eso está conseguido. Saber que la editorial Baile del Sol vuelve a apostar por él, sacando una segunda edición, lo que ya es difícil en un libro de poesía, me pone tras la pista de que algo bueno han debido ver en él los lectores.

2. Tengo mi teoría aparte de la cita de José Mª Parreño pero ¿puedes explicarnos el título del poemario?

El título hace referencia a la lluvia como hecho poético, como realidad y como metáfora del pasado, que tal vez sea su parte más fértil, en él la lluvia se vuelve trasunto de un refrescar la memoria, de un limpiar con ella los muchos errores, sanar desde ella las heridas, los cortes, los trazos de la pasión, y festejar bajo ella la vida.


3. ¿Es este un poemario otoñal en la vida del poeta o todavía te quedan primaveras?

Biológicamente estoy, desde luego, comenzando el otoño de mi vida, y desde esa certeza trataré por todos los medios de prolongar la primavera que yo entiendo como un continuar abierto al asombro, a la ilusión y a las ganas de seguir trabajando en lo que creo.

4. Según el poema de la página 93 ¿es el dolor un mejor hilo para volver a la memoria o la alegría también es un hilo válido?

El dolor es un hilo delicado, desde luego, tienes que tener cuidado con él, mantenerlo tenso y saber que está ahí, siempre al acecho… el poemario con estas prácticas intenta conjurarlo, sanarlo y en la medida de lo posible, darlo por cerrado, transformarlo en un dolor que ya no duela.
Escribir sobre la alegría es lo más difícil del mundo, yo creo que a lo más que me he acercado es a escribir sobre un alegre dolor.

5. ¿Cuándo nació Narración de la llovizna como libro y que criterio seguiste para ir sumándole poemas?

Narración de la llovizna” se venía gestando desde el año dos mil y en el dos mil tres decidí darlo por cerrado, lo envié a una entonces desconocida y juvenil editorial canaria que había conocido en los EDITA, los encuentros de editores y escritores de Punta Umbría (Huelva) que lleva organizando Uberto Stabile desde hace más de quince años, y poco después lo publicaron ellos. El criterio que seguí para elaborar el libro fue ir desgajando, de lo que entonces estaba escribiendo, aquellos poemas que veía que no encajaban en otro libro en el que andaba: “La ciudad de las croquetas congeladas”, que también publicó Baile del Sol unos años después. Digamos que la dimensión pública de “La ciudad de las croquetas congeladas” contrastaba con los textos que finalmente engrosaron “Narración de la llovizna”, donde lo íntimo adquiría una potencia autónoma difícil conciliar más que consigo misma. A pesar de esto, continúo defendiendo que también lo privado, lo íntimo y lo personal es político, pero tenía claro que el ritmo y el tono estaban agrupando mi producción de esos años en dos libros distintos.

6. La cita de Manolo el conductor del autobús me llevó directo a “Los heraldos negros” de Vallejo, “hay golpes en la vida…” ¿qué opinas?

En efecto, eres el primero que percibe esta relación. Como poeta estoy siempre especialmente atento a lo que la voz del pueblo se deja hablar, y en esta ocasión, fue Manolo, el señor que conducía el autobús que nos traía de vuelta a casa después de un viaje de fin de curso con los alumnos del instituto el que provocó este pequeño satori, esta iluminación que recrea para mí, y para cualquier otro lector atento, los versos de Vallejo… Manolo se refería, claro está, al alboroto que los niños iban montando en el autobús a medida que nos acercábamos a casa, ellos habían pasado uno de los ritos de tránsito más hermoso, esa excursión que suele ser la primera que uno hace de adolescente y que, a veces, significa tantas cosas: alejarse del ámbito protector de lo familiar, explorar lugares desconocidos, enamorarse tal vez por primera vez, compartir con los amigos una aventura especial, etc. También es el fin del instituto y con él de la adolescencia, y el comienzo de algo que no se sabe bien a dónde los llevará: la universidad, el trabajo, la vida adulta, en suma, de algo que empieza a asomar y con lo llegarán, como decía Manolo, “los golpes”, las revelaciones, las frustraciones, los hallazgos maravillosos… Me pareció entonces que ningún chamán podría haber dispuesto mejor a sus neófitos para asumir la entrada en la vida adulta que Manolo con ese verso suelto… El conductor del autobús de la vida nos preparaba para el porvenir, con acento andaluz cerrado, y nos dejaba el regalo de este mantra maravilloso: “Niño, tené cuidao con loh gorpe”… El resto del conjuro es un deseo, dar, darse, no esperar demasiado, alegrarse por los regalos recibidos y no preocuparse demasiado de nada porque de todos modos el viaje se terminará antes o después, tarde o temprano.

7. En la sección “La muerte” incluyes el poema Un país a nuestro dolor. ¿Es la vuelta del exilio una especie de muerte, un suerte de pérdida de algo?

Sí, en efecto, el exilio es una especie de muerte, y volver genera una extrañeza inmensa; es la desazón del desubicado, y aceptarlo así es la única manera de permanecer en ese lugar sin volverse loco, con algo de sentido del por qué está uno allí si ya no es tu lugar sino otra cosa que tampoco termina de ser distinta.

8. ¿Cómo ves el panorama poético español y latinoamericano?

Del panorama español me apena el ver cómo las mejores voces y los mejores libros son sistemáticamente ninguneados y silenciados mientras que lo que se promociona desde los medios es la mediocridad en verso y el clientelismo más rastrero. Es triste que poemarios como “La marcha de 150 millones” de Enrique Falcón, “En las tierras de Goliat” de David González, “Las aventuras de Imperio Sevilla” de Daniel Macías Díaz, “Tierrafirmista” de Eladio Orta, “Con los ojos abiertos” de Jorge Riechmann, “Campo Nublo” de Antidio Cabal, “Con el paso cambiado” de Bernardo Santos, “Tres mil días y un cuervo” de Juan Sánchez Amorós, “La línea de fuego” de Uberto Stabile o “Estrategias y métodos para la composición de rompecabezas” de José María Cumbreño, todos ellos recientemente publicados, no tengan ningún eco, cuando son diez apuestas fundamentales no solo de escritura, sino del querer vivir de otra manera.
El panorama actual de la poesía latinoamericana, sinceramente, me es bastante desconocido, apenas llevo unos años interesándome vivamente por la literatura mexicana, sobre todo la que se hace en las grandes ciudades del centro y el norte del país, que creo que, sin menospreciar lo que se esté haciendo en otros lugares, es la que he visto con más posibilidades de trascender su ámbito local y conectar con una sensibilidad poética más radical y crítica, también más moderna y arriesgada, más innovadora y fresca. Ahí hay un filón de nuevas voces y nuevas maneras de decir que me interesan vivamente. El año pasado conseguí editar una antología “21 balas” que se ha editado en España y en México a la vez, es un adelanto de lo que comento, hecha tras la lectura de obra de más de mil seiscientos poetas mexicanos. También Uberto Stabile prepara otra, magnífica, sobre poesía norteña “Del otro lado”, que recomiendo busquen en cuanto salga.

9. Recomiéndanos dos poemarios.

Ya me he pasado, acabo de recomendar diez.

10. ¿En qué trabaja ahora Antonio Orihuela?

Ahora mismo estoy corrigiendo pruebas de mi último libro, que vuelve a ser, después de casi quince años, un libro de investigación, un libro en el que he buceado por las entrañas del franquismo, sus archivos, sus aparatos represivos, judiciales y carcelarios, sus asesinatos, sus fosas o el incalculable daño psíquico que consiguió hacer en una clase obrera que no ha vuelto a levantar cabeza desde la guerra y, cómo no, por la voz dormida de la memoria personal para reconstruir con todo ello la historia de un pueblo… los que lo han examinado dicen que también se puede leer como una novela coral, no sé, tal vez, la verdad es que por sus páginas dialogan o rememoran aquel tiempo de ignominia más de quinientas personas. Espero presentarlo a finales de abril, se llamará: “Moguer, 1936”.

30 septiembre, 2010

Por los Senderos con... Leticia Sánchez Ruiz


1. Cómo nace esta novela que parece varias novelas.

Nace de lo que llamé “mi semana mágica”, un cúmulo de casualidades unidas por un hilo invisible. En esa semana me mandaron a hacer un reportaje sobre la Biblioteca de la Universidad, y sobre una librería de viejo; en esa misma semana un amigo me contó el extraño entierro que tuvo su abuela. Y, de repente, todos estos hechos aislados, me parecieron que tenían algo en común. Así nació “Los libros luciérnaga”, por extraño que parezca, justo por el final. Luego fui cargando estos cuatro andamios con mis obsesiones: el amor, la revolución, los libros, los pueblos, la noche, el jazz, los mundos caóticos, los personajes llenos de cosas…

2. La estructura de “madejas” que vas cruzando con persistencia de lluvia hasta conseguir una firme trenza a modo de peinado ¿cómo se te ocurre para esta novela?

Siempre me han gustado las historias dentro de las historias dentro de las historias. Por eso de alguna forma intenté que la novela fuera una especie de matrioska, una de esas muñecas rusas en las que las unas contienen a las otras. Me gusta decir que los capítulos son como cajitas de secretos, porque abres uno y descubres cosas, pero a la vez también te formulan nuevos enigmas y necesitas abrir otra caja para saber lo que guarda. Decidí que los capítulos fueran tan cortos porque suelo dividir mis lecturas por capítulos, y dejar uno a medias me da mucha rabia, como cuando te despiertan en medio de una siesta. Así me digo: un capítulo más y me echo a dormir, me acabo este capítulo y salgo de casa, cuando termine éste cierro el libro y miro por dónde está pasando el autobús. Y lo que me suele ocurrir es que me duermo a las tantas, llego tarde y me paso de parada. Por eso escribí así la novela: para evitar insomnios, retrasos y despistes.

3. ¿Qué hay de Pian y Lucía en ti? Esta me parece la historia más cercana a ti.

Pues, si te digo la verdad, bastante poco. El 95 por ciento de las cosas que les ocurren a mis personajes, a mí no me han sucedido jamás. Sí es cierto que hay algo mío en Lucía, la chica que quiere ser escritora: por ejemplo cómo y por qué empezamos a escribir; a las dos nos desbordaba la imaginación cuando éramos niñas. También comparto su odio por los domingos por la tarde, su visión de que el amor no es una guerra, y que lo que le atraiga sea la inteligencia de las personas, la inaccesible mente de ciertas personas. Pero más que como alter ego, a Lucía la veo como una hermana pequeña. Creo que hay más de mí en los personajes de Felipe, Ulises e incluso de Carmen del Río, la bibliotecaria.

4. Me encantan las abuelas y Antía es una de esas que me habría encantado entrevistar ¿de dónde te llegó como personaje?

A mí también me encantan las abuelas, y Antía es probablemente uno de mis personajes preferidos. Es una anciana que parece un general, que jamás se deja caer en una tentación o en una caricia, que enseña a obedecer sin posibilidad de réplica, y que rinde más culto a los muertos que amor profesa por los vivos. De moño blanco, vestida de luto, con mandil a cuadros, Antía llega la primera a las misas y cuenta los sitios vacíos de los bancos para saber quién falta. Ella simboliza de alguna forma toda la represión que ha habido en los pueblos, esos infiernos grandes, que se han dominado por las leyes tácitas del “qué dirán”. Sin embargo todo tiene un por qué, y esta anciana guarda bastantes secretos. Más que crearla, creo que la he conocido; que mientras escribía la novela pasaba las tardes con ella junto a la lumbre, oliendo su tufo a manteca rancia, a humo y a pis de gato, viendo cómo revolvía la madera con sus dedos huesudos.

5. Felipe es uno de esos tipos que se iban a comer el mundo y terminaron poniendo un bar. Siguiendo la ¿crees que las revoluciones han terminado y convertiremos nuestra sociedad en una ciudad bar?

Nunca lo había pensado así, pero es una buena metáfora. Felipe, de alguna forma, representa a esa generación que lo tiene todo, pero que quiere cambiar el planeta, o que al menos se conforman con cambiar su vida; que quieren comprometerse con una causa digna, o al menos tener la existencia que soñaron; con todo ese montón de gente que no quiere ser del montón y sueña con hacer un mundo mejor, cuando lo cierto es que hasta se duermen para ir a votar. Todas estas personas que hacen la “revolución del café con leche”, es decir, hablar entre ellos tomando cafés y copas, y sólo por este hecho ya pensar que fuera de ese bar las cosas han cambiado.

6. Para ser una primera novela es excelente pero, para los que desean escribir dinos ¿cuántas novelas has dejado en el cajón hasta llegar a esta?

La primera novela la empecé con 8 años, y se llamaba (aún me acuerdo), “Un verano en Luisiana”; creo que escribí unas tres páginas (por las dos caras). A partir de entonces he empezado novelas en casi todos los sitios: en la parte de atrás de las libretas cuando me aburría en las clases, en las servilletas de los bares, en las horas muertas en el trabajo… Siendo adolescente creí que al fin terminaría una; pero fui incapaz, me quedé en 50 páginas sin poder darle un final. Aún no tenía la constancia, la madurez y el valor para escribir una novela. ¿Cuántos proyectos se han quedado en el cajón, en el ordenador, en las libretas? No sabría decir un número, pero digamos que son legión.

7. ¿Cuándo supiste que lo tuyo eran las letras?

Desde que mi abuelo me enseñó a leer con tres años. Desde entonces y hasta ahora, los libros y yo hemos mantenido una larga historia de amor.

8. ¿Cuál es tu libro luciérnaga?

Los libros en sí son mis “libros luciérnaga”.

9. Se habla mucho de novelas femeninas y novelas masculinas ¿cómo consigues un equilibrio tan preciso en la construcción de tus personajes ya sean mujeres u hombres?

Yo no creo que haya novelas femeninas y novelas masculinas; creo hay novelas de género, y buenas y malas novelas. Me han preguntado muchas veces si creo que existe la literatura femenina, pero jamás he escuchado que a un escritor le preguntasen si existe la literatura masculina. Pero ése es un debate muy largo. De hecho, las dos veces que me han concedido un premio literario, el jurado pensaba en ambas ocasiones que yo era un hombre. En fin, volviendo a mis personajes, lo cierto es que crearlos es la parte que más tiempo me lleva. No sabría especificar exactamente cómo lo hago, simplemente me dedico a conocerlos. Veo qué ropa llevan, cómo huelen, dónde viven, a quién aman, cómo hablan, qué quieren, qué los mueve… y a partir de ahí trato que todas las cosas que hagan o digan tengan coherencia. A veces es bastante difícil porque resulta que los personajes son más inteligentes que yo, así que lo que parece una respuesta ocurrente y rápida, realmente me ha llevado días pensarla. Pero para conocer a los personajes se necesita tiempo, como se necesita tiempo para conocer a las personas.

10. ¿En qué trabaja ahora Leticia Sánchez Ruiz?

Acabé de escribir “Los libros luciérnaga” un día 13, y el 15 estaba empezando otra novela. Qué le voy a hacer, no tengo remedio.

11. Recomiéndanos dos libros.

¿Sólo dos? Qué aprieto… En fin, te diré “Rayuela” de Julio Cortázar y “1984” de George Orwell.

07 septiembre, 2010

Por los Senderos con... Rafael Martín Masot.


Rafel Martín Masot nos concedió esta entrevista con palabras de agradecimiento y mostrando una sabiduría creciento en el oficio de escribir novelas. por lo leído y de sus palabras concluímos que este nombre dará mucho más de que leer y hablar. La reseña de su novela "La prisión de los espejos", aquí.

Antes de comenzar la entrevista, me gustaría darte las gracias. La labor que realizan personas como tú o Cristina Monteoliva para crear y difundir la Literatura no está suficientemente valorada. Libreros que se resisten a que los libros vayan junto al detergente para la lavadora en la bolsa de un hipermercado y personas como vosotros son esenciales para que la Literatura sea algo más que unos papeles encuadernados.

1. ¿Cuándo y cómo nació la idea de “La prisión de los espejos”?

En la primavera de 2007. Decidí escribirla durante una madrugada tonta, con la intención de complacer a una persona. Fue, sin duda alguna, un tremendo error. Esta novela habría sido escrita de otra manera –con más de mí mismo en cada párrafo-, si no hubiese tenido ese momento de debilidad.

2. Eres muy joven ¿crees que necesitas vivir más para seguir escribiendo? Ese es el reto de los escritores muy jóvenes.

Se supone que tendría que decir que sí, pero la verdad es que las historias me buscan, y yo las escribo. Un día cualquiera es posible que no quieran encontrarme, que no deseen mantener la relación amor-odio que nos une, y me quedaré entonces sin palabras. Es algo que no me preocupa. Lo realmente importante es que seamos capaces de vivir intensamente el personaje que nos ha tocado en este mundo sin sentido.

3. ¿Cuándo te convertiste conscientemente en escritor?

No ha sucedido jamás. Quiero creer que siempre seré un eterno aprendiz de escritor. Si llegase el día en el que no me sonrojase por los adentros cuando alguien me hable de uno de mis libros, dejaría de escribir de inmediato.

4. ¿Por qué un psicólogo?

Me resultó atractiva la idea de incluir en la historia a un psicólogo con trastornos mentales. Tengo la mala costumbre de intentar divertirme mientras escribo. Obtener un premio o vender un sinfín de ejemplares es algo accesorio.

5. ¿Por qué Barcelona y no Madrid como escenario de tu novela?

No me he planteado en ningún momento por qué lo hice, pero estoy convencido de que Madrid será el escenario de una próxima novela, o quizás ya tengo en el cajón alguna en la que la historia transcurra por las calles de Madrid.

6. ¿Crees que existe la “Organización” o no crees en teorías conspirativas?

Sí que existen infinidad de organizaciones de dudosa moralidad en nuestra época. Bastantes más de las que podamos imaginar, pero no tienen nada que ver con las que muchos escritores se empeñan en contarnos. Te aseguro que el Papa no ha comprado un submarino para enterrar en el fondo del mar los papeles que desvelan el misterio de la Santísima Trinidad. Por el contrario, si que es muy posible que en estos mismos momentos se encuentren reunidos algunos financieros para especular con el euro y llenarse los bolsillos a costa de un montón de desprotegidos.

7. La muda de narrador omnisciente a narrador testigo ¿a qué se debe?

Fue, a un mismo tiempo, un reto para mí (demostrarme que era capaz de narrar una misma historia desde cualquier ángulo) y una manera de hacer la obra más amena para el lector. Esa es la versión oficial, pero hay quienes aseguran –y no seré yo quien les desmienta- que fue mi manera de rebelarme un poco contra aquella madrugada tonta a la que anteriormente me he referido.

8. ¿Crees que la vida y los constantes espejos con los que nos encontramos nos distorsionan la realidad o nos hacen creer que se distorsiona? Es un poco lo que le ocurre a Marc Viadiu.

"La prisión de los espejos" encuentra el título en una de sus páginas, en la que la protagonista medita, sin ser consciente de ello, sobre una vida, la suya, que se le ha escapado sin ella darse cuenta. Esa página es la esencia de lo que esta novela pudo ser y no ha sido.

9. En el amor todos salen perdiendo en esta novela ¿Son tan efímeras las historias de amor en tu universo narrativo?

Tengo claro que un libro deja se ser del autor cuando pasa a los lectores. Eso es lo que debe ocurrir y que cada lector encuentre cosas diferentes en una misma obra. Si no ocurre de esa forma, creo que el escritor ha fracasado, aunque venda millones de ejemplares.
No obstante, sin desvelar más de lo necesario, estoy convencido de que hay una historia de amor que no se desmorona en La prisión de los espejos.

10. Hay un cameo tuyo en la novela ¿a qué se debe? Terminas siendo bastante más mayor de lo que eres.

Esa breve aparición es parte de mi manera de burlarme de la vida y disfrutar mientras escribo. Ya en Abulagos encarné, en un par de renglones, a un monaguillo con mi nombre, y en La luna eclipsada hice referencia de pasada a un adolescente aprendiz de escritor que no llegaría a ninguna parte en los mundos de la Literatura.

11. En esta novela nada es lo que parece ¿debemos sospechar, terminada la novela de algún personaje? Varios de ellos dan para seguir.

Hay varias personas que me han comentado lo mismo. Incluso me han preguntado si habrá una segunda parte. La respuesta es rotunda: no. No tengo intención alguna de cantar cincuenta veces la misma canción con distinto estribillo, ni aunque la primera versión tuviese un éxito aplastante. Eso sería dejar de disfrutar con mi escritura para llenar los bolsillos, y no conozco a ningún difunto que haya utilizado la tarjeta de crédito después de pasar al mundo de los muertos.

12. ¿A quién lee Rafael Martín Masot? ¿Con quién te sientes en deuda como escritor?

Aparte de algunos buenos escritores amigos míos, la mayoría de mis lecturas de los últimos años son de escritores muertos, esos a los que la mayoría de la gente de este país sin nombre llama clásicos. Creo que en la actualidad se publican pocas cosas que merezca la pena leer y la mayor parte de ellas no llegan al gran público. Impera editar y vender a kilo y cuarto, como si la Literatura fuese un trozo de carne.

13. Recomiéndanos dos libros que hayas leído recientemente.

Los dos últimos libros que he leído son del mismo autor, Lajos Zilahy. Los títulos son Primavera mortal y Algo flota sobre el agua. Ambas obras son magníficas, desde mi punto de vista.

23 junio, 2010

Por los senderos con... Leoncio Robles.

Leoncio Robles ha antendido a nuestras preguntas entorno a su libro de cuentos Contraluces que la editorial Baile del Sol le ha publicado en 2009. Aquí nos habla de su oficio de escritor y de su obra.


1. ¿Cómo te fueron llegando estos cuentos o saliste tú a su encuentro?

Bueno, fueron llegando en momentos y épocas diferentes. Por lo general, los temas surgen de hechos que ocurrieron en la realidad y de los que uno fue testigo, pero también surgen de visiones imaginadas, a veces de una simple frase o un verso. Con cierta habilidad y técnica esos embriones terminan convertidos en relatos, con un entorno creíble que imita la realidad para que el lector lo digiera sin cuestionarlo.

2. ¿Te parece que estos cuentos son antropológicos o una suerte de ensayo de geografía humana que nos retrata un Perú poco revelado en Europa?

La intencionalidad de la escritura en mi opinión no apunta a un fin en concreto preconcebido. Al escribir mi única obsesión es que el texto, digamos la forma, tenga fluidez, tratar de atrapar al lector desde el inicio de la manera más persuasiva posible y llevarlo hasta el final, aunque la historia narrada sea en el fondo poco grata. Creo que de los cuentos, los relatos, las novelas se pueden extraer contenidos antropológicos, independientemente del tema o el enfoque elegido por el autor. Es el lector quien otorga o interpreta significados que de manera racional el autor tal vez no se planteó al escribir el relato.

3. ¿Escribes en modo “foto”? Cuando te leo tengo la sensación de que tus escenas están perfectamente equilibradas y que comunican sensaciones muy visuales.

Esas sensaciones que apuntas provienen sin ninguna duda de tu apreciación visual, que es parte esencial de la cultura audiovisual característica de nuestros tiempos de quien lee y de quien describe. No hay intención deliberada. Abundan autores tremendamente visuales cuyas obras son anteriores a la invención de la fotografía y el cine. Me vienen a la mente los Cuentos de Canterbury, por ejemplo. Son tan visuales estos relatos medievales de Chaucer que Pasolini los llevó al cine. En nuestros tiempos cine y literatura intercambian influencias, y puede decirse que se nutren de las mismas fuentes. El modo “foto” que señalas es interesante por la observación, la apreciación que haces del texto narrativo. Puede ser que la fotografía como género te impone la depuración de elementos ajenos al encuadre, a centrarte solo en el tema que retratas. Y aunque son lenguajes distintos, tal vez esa disciplina siga funcionando a la hora de escribir.

4. La protagonista de Josefina ¿es un alter ego de los que escribimos? Veo en ella esa locura del que escribe y espera.

La mujer de ese relato es un personaje muy entrañable para mí. Produce poesía en cantidades ingentes impulsada por el irrefrenable placer de escribir, y es su novio quien trata de sacar alguna utilidad práctica a esa afición suya, de sacarla del anonimato. Si son buenas o malas sus composiciones es algo que a ella parece importarle poco, del mismo modo que ignora si existen otros poetas. Tiene bastante con sacar lo que bulle dentro de ella, y es irrelevante darse a conocer más allá de acceder a la petición de su admirador atormentado. Estoy seguro de que existe mucha gente que escribe por placer y no llega a publicar nunca su obra, al menos en forma de libro. Ahora gracias a la red es más asequible tener lectores, y que sean pocos o muchos da igual.

5. Castillo ¿es un retrato de macho latinoamericano que oculta su “sensibilidad”? Crees que muchos “machos” no te perdonarán esta revelación.

Sensibilidades como la de Castillo existen en todas las culturas, no creo que sea exclusivo del latinoamericano. Esa sensibilidad se manifiesta de diferentes modos y en grados distintos. La diferencia es que el personaje de este relato se expresa de manera desembozada, muy consciente de la visión que tiene del género femenino, una convicción devastadora que no oculta. No creo que haya razón para que los “machos” recalcitrantes tengan que perdonarme. Lo que sí puedo decir es que he recibido opiniones de mujeres de diferentes edades, a la mayoría le impacta la descarnada visión que este personaje tiene de ellas, al mismo tiempo que les hace sonreír el contraste entre lo que proclama y lo que le ocurre en la realidad.

6. En todos estos relatos me encuentro con la soledad de sus protagonistas ¿a qué se debe?

Es cierto, la soledad, la exclusión y la marginalidad están presentes en todos los relatos, aunque no haya sido una elección deliberada. En cualquier ciudad del mundo se convive con estas situaciones, lo ves por todas partes, han llegado a ser normales a nuestros ojos porque tal vez individualmente uno nada puede hacer. Además, son cosas que responden a estructuras sociales complejas y también pueden ser razones existenciales, algo de cada individuo, algo mucho más complejo, donde no rigen estructuras ni soluciones colectivas.


7. Consideras este libro un rescate de personajes silenciados y desconocidos de Perú, de América Latina.

Se trata de escribir honestamente de lo que uno conoce, de las cosas que te removieron la conciencia, o que te golpearon en la línea de flotación de la sensibilidad. Tú sabes que secularmente ha habido y sigue habiendo gente sin voz en toda Latinoamérica, silenciada o ignorada por la Historia digamos oficial. Gente que espera poco o nada del Estado. En estos relatos trato de mostrar esto, pero de manera indirecta, no se trata de denunciar sino de recrear literariamente ese vacío.

8. Varios de tus cuentos los narras en tercera persona ¿a qué se debe este recurso técnico?

La narración en tercera persona es la más extendida, seguida por la narración en primera persona. Yo he tratado de hacerlo en segunda persona en algunos relatos de este volumen porque me sonaba mejor, me resultaba incluso más cómodo y porque insinúa la ambigüedad de que la historia está siendo recordada por el propio personaje narrador, o que una entidad digamos superior, que podría ser su propia consciencia, le está dictando las acciones que lleva a cabo. En resumen, los temas lo imponían así.

9. ¿Qué le debe tu literatura a los viajes y a tu visión de fotógrafo y autor de documentales?

Antes de dedicarme a los documentales o a la fotografía había escrito ya algunos relatos, y me he dedicado por etapas a una u otra actividad. Por tratarse de lenguajes muy diferentes es necesario involucrarse a fondo y en exclusiva. Los viajes nutren la imaginación y amplían la visión del mundo, las gentes que encuentras te revelan que el ser humano en el fondo es igual en todas partes, con sus pasiones e inquietudes, con sus grandezas y sus mezquindades. Por eso hay que huir de actitudes maniqueas dividiendo el mundo entre malos y buenos puros.

10. En qué trabajas ahora.

Si uno trabaja con cierta regularidad y no a golpe de impulsos, a la larga y casi sin darte cuenta tienes un buen puñado de nuevos relatos. Tengo terminado un nuevo volumen con historias que transcurren en diferentes países, o en ninguno, no como en Contraluces, cuyos temas transcurren exclusivamente en Perú. Y como tú bien sabes, siempre hay proyectos sobre la mesa de un escritor. Hay que ir paso a paso, todo tiene su momento.

14 junio, 2010

Texto invitado: Entrevista a Enrique Vila-Matas por el grupo de Facebook "Leyendo a Enrique Vila-Matas". Parte 1.

1.- Quedé embelesada con la figura del caballo blanco en ese puente de O´Connell convertido imaginariamente por Riba en línea tenue que separa la era Gutenberg de la digital. ¿Puede ampliar algo más sobre ese caballo (blanco como la nieve que ca…minó y sobre la que murió Walser y blanco como el traje que vestía E. Dickinson siempre que escribía poesía y blanco como la página vacía…) en la imaginación de usted, el autor de “Dublinesca”?

R: Es el caballo blanco que huyó en México cuando mataron a quien lo montaba, Emiliano Zapata. Quiero decir con esto que es una leyenda que aparece en muchas culturas. El caballo blanco es nombrado por Joyce en Los muertos, el cuento final de Dublineses. En mi segundo viaje a Dublín fui por mi cuenta, solo, a primera hora de la mañana, al puente O´Connell a ver si por casualidad veía el caballo. Era una empresa sin duda difícil, pero nunca se sabe. Pensé que si lo veía, nadie la daría demasiada importancia, pero sin embargo sería algo muy importante para mí. No lo vi. Pero había una paloma blanca posada sobre la cabeza de O´Connell, el hombre irlandés de la estatua que da nombre a ese puente.

2.- ¿Departir con los Auster es sólo prurito o alarde de su personaje?
R: Riba es un editor que publicó un libro de Paul Auster y por tanto entra dentro de la lógica que conozca a los Auster y que vaya a cenar a su casa, y hasta que bostece allí o que le dé por comer poco.

3.- Usted ha criticado la novela meta-ficcional a pesar de que se le identifica con ella. ¿Podría señalarnos su posición actual al respecto? Dublinesca es una novela más ambiciosa que el Dietario Voluble. Pero la segunda es más cálida y sustanciosa. Pero en todo caso, en ambas, “cada momento es un lugar donde nunca hemos estado”.

R: No he criticado lo metaficcional, he dicho solamente que quienes me clasifican a la ligera como metaliterario delatan no haberse molestado en leerme, ya que hablo de todo en mis libros, no solo de libros, hablo de la vida en todos ellos, y últimamente más que nunca. En otro orden de cosas, decirle que Dublinesca pertenece inequívocamente al género novelesco. Y Dietario voluble, en cambio, pertenece al género diarístico, aunque incorpora a un personaje de ficción que es el diarista. En Dublinesca me serví, en ocasiones, de una metodología de diarista (extraída de mi experiencia en Dietario voluble), de seguimiento muy de cerca de la vida cotidiana de una persona. A mí Dublinesca me parece más cálida que Dietario voluble, pero eso, claro, es algo siempre muy subjetivo. Igual ocurre con lo de “sustanciosa”, que no lo voy a discutir porque eso depende únicamente de lo que encuentra en uno y otro libro cada lector y yo soy el menos adecuado para ponerme a buscar algo “sustancioso” en lo que ofrezco, ya que todo cuanto entrego al lector antes necesariamente ha tenido que ser sustancia para mí.

4.- Su utilización del recurso llamado “mise en abyme” es llamativo y en cada novela va encontrándole más vueltas de tuerca. ¿Es una forma de huir, de esconderse, o de buscar/formar lectores más entrenados?

R: “Cada obra, nos dice Vila-Matas, debe ser un renovado salto al vacío” (Roberto Bolaño en Entre paréntesis, pág. 157).
Trato de divertirme saltando al vacío cuando escribo y quizás por eso, y también por otros motivos que aquí me callo y que podrían parecer más hondos y más respetables (siendo en realidad igual de hondos que la diversión pura y simple) llevo mis libros a un callejón sin salida. Desde Bartleby y compañía, siempre me preguntan: “¿Y ahora qué? ¿Cómo lo vas a hacer para continuar?”. Lo paso muy bien cuando tratan de hacerme ver que he llevado todo a un límite. Yo diría que escribo libros para colocarme deliberadamente en situaciones que comprometan la continuidad de mi escritura y me dejen, una y otra vez, ante el dilema de ver si soy capaz o no de escapar de lo que ha terminado por llevarme a lugares aparentemente sin salida.
Una vez, me entrevistaron para la televisión venezolana, una entrevista de una hora. Hacia el final, yo todo el rato estaba pensando que la pregunta que me hacían era la última y quizás por eso me esforzaba y daba una respuesta brillante y trascendente para el cierre. Así me pasé más de quince minutos, creyendo todo el rato que estaba ante la última pregunta y elevando sin darme cuenta, cada vez más, el nivel de profundidad y de veracidad de aquel eterno momento final. Me pasé todo ese cuarto de hora creyendo que estaba ante la última cuestión y contestando pues a varias últimas cuestiones como si en esas cuestiones me fuera la vida. La tensión favorecía mis respuestas… Bueno, debo decir que escribo mis novelas así normalmente, como en aquel cuarto de hora final en Venezuela, y que eso es lo que me lleva seguramente a callejones sin salida. Mis novelas siempre terminan con una página en la que parece que haya contestado a la última pregunta. Porque una última pregunta en una larga entrevista siempre lleva a una sincera declaración de principios, quiero decir que es como un epitafio sobre nuestra tumba, un epitafio en el que uno queda retratado. Yo escribo novelas como si fueran epitafios.

5.- Hay un personaje que me resulta bastante enigmático y que aparece bastante en Dublinesca. Se trata de Vilém Vok. ¿Podría contarnos un poco sobre él?

R: Es un autor checo con el que mantuve correspondencia en una época. Creo que pronto van a traducirlo al español. Yo lo he leído sobre todo en revistas francesas (La Femelle du Requin, Inculte, La matricule des Anges). Alguien que me parece bastante perspicaz, en un blog, ha sugerido que Vok es el narrador de Dublinesca.

6.- En su obra existe una expresa necesidad, entre otras, de tocar temas que abarquen los márgenes y el mundo del escritor, el poeta, el campo cultural. “Dublinesca” pertenece a esta naturaleza. Siento que en la actualidad esta es una de las líneas temáticas de la novela, casi insoslayable. Quizás me equivoque. La pregunta sería: ¿no se ha caído en un abuso, en una especie de ejercicio narcisista por parte del escritor?, ¿hasta qué punto es válido ser reiterativamente metaliterario?, ¿convertir a la literatura en un ejercicio por y sobre la literatura no es reducirla a una actividad que deslinda, por su propia naturaleza, aspectos, naturalmente bellos e interesantes, de nuestra propia realidad ficcional? No condeno el uso de tales temas sino el abuso. ¿No se ha llegado a ese abuso?

R: En su magnífico blog, el historiador y ensayista cubano Rafael Rojas disertaba no hace mucho en torno a esa obstinada pulsión literaria de mis obras. Y Gerardo Muñoz, desde Cuba, le decía, con buen tino, que quizá esa ansiedad por la literatura es similar a la de Agamben: “Veo ciertos parecidos que serian muy interesantes de estudiar. El debate del archivo: archivar la filosofía, archivar la literatura. Es como si solo quedara eso…”
No puedo negar que la literatura esté en el centro de lo que escribo y que esa melancolía de los archivos también esté en el centro. Ahora bien, hay quien me califica de metaliterario y ahí, detrás de esa apresurada calificación, siempre suele haber alguien que habla de oídas, sin haberme leído. Es como pensar que Pérez Reverte escribe sólo de espadachines; quien dice esto y simplifica tanto es que no lo ha leído y simplemente le tiene manía a Pérez Reverte… Yo he tenido la suerte de haber sido leído por un tan gran lector como Bolaño y él supo apreciar lo que yo siempre he sabido: que cuando hablo de literatura, estoy hablando de todo lo demás, de la vida y de la muerte y de todo lo que gira alrededor de ellas, y en este sentido Dublinesca es un libro especialmente centrado en los seres humanos, un libro sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la pasión, sobre la felicidad y la desgracia. Es más, creo que es el más cálido de mis libros. Decía Bolaño a propósito de Bartleby y compañía que yo hablaba ya no sólo de los escritores que en un determinado momento de sus vidas (un momento de lucidez o de desesperación o de locura) dejaron de escribir sino de los escritores como el mismo Vila-Matas nunca van a dejar de escribir, y a partir de allí hablan de la muerte, de los gestos inútiles ante la muerte pero que nos salvan (o pueden salvarnos) y no sólo habla de escritores, sino que en realidad habla de lectores, de seres humanos de toda laya, de gente que vive y que un día deja de vivir, de aventureros y agónicos, de gente que lee y que un día deja de leer…”

7.- ¿Por qué tuvo que dejar Anagrama? Era el autor ideal para la editorial ideal.

R: En realidad, el autor ideal para la colección de “narrativas hispánicas” de Anagrama es alguien que escribe bien y no tiene muchos lectores. Un escritor principiante, por ejemplo. Claro está que hay autores en la editorial que, después de varios libros, siguen escribiendo bien y no tienen muchos lectores. Estos también son ideales porque no crean complicaciones. Ahora bien, si alguien allí empieza a crecer (a crecer como autor, o bien a aumentar el número de lectores, y ya no digamos si crece en las dos direcciones a la vez), ve enseguida cambios de humores y cómo la cosa se complica.

8.-Escribir. Publicar. Desconocerse. Una vez más el tema de la identidad en Dublinesca. Un editor. La biografía de Riba es su catálogo, fuera de ahí, no existe. Por otro lado, los “malditos autores” y su yo desnaturalizado, plural, el yo literario, el que se desprende del autor, del otro que se atrevió a escribir lo que escribiría si escribiese. En suma, el yo de perfil heterónimo y nómada. ¿Qué hay entonces del mal del autor? ¿Qué es un autor, aparte de ser un fantasma de sí mismo dotado de una carne débil, egocéntrica? ¿Te has encontrado a ti mismo indescifrable o desconocido en esta Dublinesca? ¿Has podido regresar a casa sin contratiempos, en este año excesivamente redondo?

R: Toda la novela está recorrida por el mismo misterio que ha recorrido “mi espina dorsal” (que decía Nabokov) mientras la escribía, mientras indagaba acerca del misterio del desconocido de la gabardina, el misterio de ese tipo al que llaman Mackintosh. Iba escribiendo tratando de averiguar quién era la sombra que me acompañaba. El lector lee desde el mismo lugar en el que yo, escribiendo, voy avanzando en mi indagación. Estoy seguro de que más de un lector ha tenido la impresión de que era él quien estaba escribiendo Dublinesca o como mínimo se hallaba sentado en el lugar del autor.
9.-Me sorprende que casi nadie le pregunte por la intromisión del narrador en Dublinesca. Supongo que no le preguntan porque deben pensar que forma parte del juego literario que es Dublinesca y en parte porque imaginan que la respuesta será aún más desconcertante que esas interrupciones del narrador. Yo creo que, al contrario de lo que opinaba Nabokov sobre la presencia de Joyce en Ulises, que concluye que Bloom ve a Joyce el 16 de julio, lo que ocurre en Dublinesca es que el autor ve a su personaje (y no al contrario).

R: También me sorprende lo poco que se ha comentado que el narrador intervenga en dos únicas ocasiones en la novela. A veces hay el temor a equivocarse y decir que aparece en dos cuando puede acabar resultando que aparece en tres y quedar uno un poco mal. Por si acaso, los reseñistas o entrevistadores se curan en salud. En cuanto a lo de que el autor ve a su personaje, lo de que yo veo a Riba, está bien visto, aunque el visto bueno completo a esa teoría no se lo daré porque reduciría las posibilidades amplias de interpretación que Dublinesca ofrece en sus páginas finales. Hablando de sorpresas, a mí lo que más me ha sorprendido es que, tras cien entrevistas de prensa (en Francia, España, Argentina, México), han sido muy pocos los que me han hablado de la parte beckettiana –el tercer y último capítulo- del libro. Es como si algunos no se hubieran presentado a las entrevistas con el libro enteramente leído y creyeran que todo gira en torno a Joyce, cuando Joyce está presente sobre todo en el segundo capítulo. La parte tercera y última, la beckettiana, además, es lo mejor del libro.

10.- Teniendo en cuenta mi pequeño desconocimiento acerca de Dublinesca, una pregunta como pintor y amante de la transvanguardia y el informalismo, que además también odio, ¿qué hay encima del metalenguaje? ¿Está Dios?

R: Adquiera conocimiento sobre Dublinesca y no lo dude: obtendrá la respuesta a su pregunta, porque hallará a Dios.

02 junio, 2010

Por los Senderos con... Nerea Riesco


Nerea Riesco no es nueva en el panorama literario. Viene de lejos su buen hacer literario (Ars Mágica, El país de las mariposas). Con esta nueva novela, El elefante de Marfil (Grijalbo, 2010) confirma su acierto a la hora de elegir historias y narrarlas con la fina arquitectura de los buenos escritores. Salpicada de un fino humor y con grandes dosis de intriga y amor El elefante de Marfil es una vuelta de tuerca certera y firme en la carrera de esta bilbaína vallisoletana que vive en Sevilla. De conversación ágil y amena nos recibe para hablarnos de literatura, del oficio de escritor y de su nueva novela.

1. ¿Cómo te encontraste con esta novela? Los escritores suelen ser encontrados por las historias que cuentan…

Es verdad que las obras son las que te encuentran a ti. A mi me llegaron los textos del terremoto. Estaba haciendo el doctorado en la facultad de periodismo y me llegaron los diferentes textos de cómo se habían tratado todo el tema del terremoto, el llamado terremoto de Lisboa tan terrible como este ultimo que ha azotado Chile y que incluyó un tsunami. Cádiz quedó destruido. Estos textos del terremoto me sorprendieron por que la información oficial que era la gaceta de Madrid sacó una pequeña noticia en la que ponía que había habido un terrible terremoto pero por fortuna los reyes no habían sufrido ningún daño. Me sorprendió lo que significaba la vida humana en la época. Lo que más me gustó fueron las informaciones que no fueron oficiales. Las relaciones de sucesos que se redactaron en imprentas que los ciegos aprendían de memoria para recitarlas en la calle, y de todas esa relaciones de sucesos la que más me gustó fue la que salió de la imprenta de la viuda de Haro, que era una imprenta que existió de verdad en la ciudad y que había sido redactada en verso, en octavas reales y que se hizo tan famosa que la gente la llevaba encima como una especie de talismán para que no le volviera a suceder nada parecido. Seguí indagando y resulta que la imprenta existió, que la dirigió esta mujer, la viuda de Haro durante años y a partir de allí casi lo tenía rodado.

2. ¿Y cómo te encontraste con el ajedrez?

Vivo rodeada de gente que juega al ajedrez. Yo juego fatal para ser sinceros. Yo muevo las piezas pero carezco de estrategia. Al vivir rodeada de gente que juega uno se ve imbuida en eso. Como tenía que escribir de la totalidad de la Sevilla cristiana tenía que comenzar con la llegada de Alfonso X con su padre para conquistar las tierras de Sevilla. Estuvieron dos años asediando la ciudad y en ese tiempo, seguro que utilizaron un poco la estrategia del ajedrez. Alfonso x era un gran jugador e incluso tiene un tratado sobre el tema que está en el Escorial. Me pareció muy evocador plantear toda la invasión de la ciudad como una partida de ajedrez. Los propios musulmanes tenían la torre del oro y protegían la otra que era la giralda todo era muy ajedrecístico. Caballeros reyes reinas, me pareció muy evocador.

3. ¿Es esta una novela histórica o una historia de amor ambientada en una época histórica concreta?

Creo que es histórica dado que está narrada a mediados del siglo XVIII pero también podría ser una novela de aventuras, o una novela negra o una novela de amor porque tiene todos esos ingredientes mezclados y además creo que en mi carrera he dado un paso adelante ya que nunca había mezclado tantos géneros y tampoco había trabajado con tantos personajes, una novela coral con muchísima gente interactuando. Me importaba mucho que cada personaje fuese muy único. Por ejemplo Cristóbal y Cristo, me preocupaba mucho que no se parecieran a pesar de ser los dos malos y familia (padre e hijo) y no quería que se parecieran. Cada uno ha supuesto un pulso narrativo al igual que la mezcla de los géneros.

4. En la novela notamos cierto humor. Hay un par de escenas sobre todo en las que es imposible no reírse un cuando Julia encomienda ropa interior con encajes para León un tipo duro o cuando mamita lula intenta sumergirse en el río con su inmenso trasero…Sorprende que en medio de algo tan noble y serio como el ajedrez y la historia tan intrigante surjan estas chispas de humor.

“Me alegra que me hagas estas esta pregunta” (risas) sois los primeros en decirme esto y de verdad me alegra. Me considero una escritora con mucho humor escribiendo, con mucha ironía. Incluso las cosas más dramáticas de la novela tiene un deje humorístico que no te permiten caer en la desesperación y me gusta que sea así: que las cosas más terribles que se puedan contar no te dejen con una congoja en el estómago. Soy mu optimista y creo que eso se refleja en lo que escribo. Me gustan esos guiños que también creo que son muy cotidianos.

5. Uno de los mensajes positivos de esta novela es la relación tan estrecha entre la esclava negra mamita lula y Julia. Todos somos iguales a pesar de haber esclavos y venta de esclavos en aquella época.

Había una cosa que me interesaba mucho enfocar en la novela: el amor. Pero no solo el amor apasionado, sino también otros tipos de amor y me interesaban esos amores terribles que terminan convirtiéndose en odio como el de Cristóbal o el de Cristo. Amores que se heredan odios que se heredan, ese amor mal entendido que termina convirtiéndose en odio. Y también esos amores que se dan porque sí porque se quiere a alguien porque sí y ya está. No tienen la misma sangre, no hay razón para quererse nada más que quererse y me gustaba mucho por esos la relación entre ellas dos por que hay momentos incluso que doña julia a trata mal y aun así se quieren. Me apetecía mucho reflejar los diferentes tipos de amor que se pueden sentir y sobre todo, el amor que se le tiene a alguien a quien no tiene sentido querer, a la que no deberías querer de esa manera. Llega un punto en que julia la llega querer más que a su madre o a gente de su propia familia.
En la Sevilla de la época había esclavos negros. Me sorprendió mucho cuando empecé a documentarme que ahora no hay descendientes de esa gente. Leyendo sobre el tema descubrí que la relación que ellas tienen tan familiar si que se daba. Muchas de las cosas que le he puesto a mamita lula pasaban realmente. No había cementerios para esta gente pero como les consideraban de la familia eran enterrados en el panteón familiar. La esclavitud aquella no tuvo que ver nada con la idea que tenemos del esclavo negro en América.

6. En una de las citas sobre el ajedrez que pones en la novela, al principio del capítulo tal dice que los buenos jugadores tienen buena suerte. Siendo que tú impartes talleres de escritura creativa nos surge la pregunta: ¿los buenos escritores tienen buena suerte?

Mucha. Yo he tenido mucha suerte en el mundo de la literatura. Lo primero que escribí que fue un libro de relatos surgió casi por casualidad. En la facultad de Periodismo nos juntábamos un grupo de compañeros que escribíamos y me propusieron editarlos en una tirada muy corta. Lo siguiente que escribí fue una novela. La presenté al premio ateneo joven de Sevilla y la presenté porque decían que aunque no ganaras te la podían publicar y gané. Eso me colocó en el camino. La dotación del premio te permite plantearte la nueva novela con tranquilidad. La siguiente editada por Random House y a partir de allí… sí yo he tenido mucha suerte en el mundo de la literatura cosa que no me pasó con el mundo del periodismo.

7. ¿Cómo fue el proceso de documentación?

El proceso de documentación de la novela es muy divertido. Leí muchos libros de la época y muchas cosas que fueron para mí muy sorprendentes, por ejemplo la historia de los esclavos. Saber que en el siglo XVIII se vendían personas por las calles parece increíble. Conocer dónde se enterraba a la gente, el mundo de la imprenta y lo importante que era… En el Rectorado de la ciudad de Sevilla hay muchos documentos de la imprenta de la época. Lo que más me entusiasmó fueron las cosas que descubrí sobre las costumbres de aquellos días que son cosas que aparecen en un solo párrafo de la novela pero son las que realmente le dan la vida a la novela para que al lector no se le caiga de las manos.

8. ¿Es Al-Ándalus un mito o una idea histórica que nos queremos imponer para aprender una paz que necesitamos entre oriente y occidente?

Yo pasé muchos años trabajando con un musulmán. Fácilmente, cuando no conoces a nadie de la otra religión, tiendes a pensar que es muy diferente a ti. Cuando empiezas a conocer a gente de la otra religión o de otra cultura o de otro color de piel te das cuenta que no somos tan distintos. Les mueven las mismas pasiones, les suelen doler las mismas cosas, nos enamoramos igual, lloramos igual y por lo mismo y nuestro concepto del bien y del mal es el mismo, incluso la filosofía religiosa es parecida, el problema es la interpretación que le damos a las cosas.
Creo que sí, que hubo un determinado momento en que esta tierra era de tres religiones y que se convivía bien pero hubo un momento también en que eso terminó, también hubo un momento en que borramos de la historia todo eso. Cuando yo estudiaba Historia había muy poca información de la época en la que España fue durante más tiempo musulmana que cristiana, al igual que hay muy poca información sobre otras cosas. Lo que no nos interesa lo borramos de los libros de Historia y ya está.

9. Da la sensación de que tus personajes, todos ellos, se mueven de una manera elegantemente estratégica, casi como fichas del ajedrez.

Todo estaba planteado como una partida de ajedrez. De hecho la novela está dividida en tres partes: apertura, medio juego y el final. Cada uno tiene su visión. Es más el personaje femenino, Doña Julia, es como la reina en el ajedrez, muy fuerte, tiene todos los movimientos como en el juego. Creo que las tres mujeres que aparecen en las tres generaciones, más Candela y Mamita Lula, son mujeres muy fuertes. Incluso los propios peones que en ajedrez parecen ser muy débiles tienen aquí mucha fuerza.

10. De todos los personajes el que más pena nos da es Cristóbal, ese hombre enamorado de doña Julia pero que no es correspondido…

Es digno de lástima, no es nada feliz. Comentaba con un amigo, al que este personaje le cae mal y decía que no se puede ser como él, que si a uno no le quieren no debería insistir, está allí, sigue y sigue hasta el final siendo infeliz y es verdad que al final da lástima justo lo contrario de su hijo, que hereda su odio pero no llega a darte pena.

11. ¿Cómo ves el panorama literario español?

Soy muy optimista en todo y demasiado optimista con la literatura. Bien está que podría haber más gente leyendo pero también es cierto que se abren muchas librerías y por algo será. Creo que la gente lee más que antes y que le gusta leer. Los niños leen más. De hecho en Sevilla tenemos un proyecto para fomentar la literatura entre jóvenes. Yo soy una persona esperanzada con la lectura. Nunca se habían editado tantos libros como hasta ahora y no es por lirismo es un negocio y si se edita es porque se vende. Nadie pierde dinero haciendo estas cosas. Alguien me decía el otro día que es posible que se vendan muchos libros pero luego no se leen, no lo sé. Pero la verdad es que nunca ha habido un momento tan álgido para la literatura…

12. Y para los talleres literarios…

Sí. Hay muchísima gente interesada en aprender a escribir. Mucha gente quiere llevar bien su diario o conectar bien sus ideas pero es verdad, muchos quieren aprender a escribir. Creo que escribir es una especie de derivación de leer. Un escritor siempre ha sido un gran lector. Ha leído mucho y ha llegado a un punto en el que quiere contar su propia historia. Yo recuerdo cuando pasé de leer a leer y verle la trama al escritor, a ver como lo narraba. Hay un punto que uno pasa de disfrutar simplemente con lo que te ofrecen a empezar a preguntarte como lo ha hecho.