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07 enero, 2026

De Panamá a Venezuela

Algunas imágenes me hicieron recordar el 20 de diciembre de 1989, el cosquilleo de la incertidumbre: estaba asistiendo a las últimas horas de mi vida o al comienzo de una nueva, en ese momento no lo sabía y era lo de menos: Estados Unidos acababa de invadir Panamá.

Recibí el sábado un mensaje de mi hija pequeña: «¿has visto lo de Venezuela?», e inmediatamente sentí el vértigo: en mi teléfono las imágenes traían aquel diciembre ahora en enero, el país más poderoso del mundo trayendo con «bombas de paz»«extrayendo» el mal—, el bien que ellos entienden que se necesita, a su medida, esa «tentación del bien» de la que nos hablaba Todorov, y que ahora es una opción legítima.

Cuando no vives bajo una dictadura es difícil entender el alivio de que te quiten de encima al «hombre fuerte», al que hasta los más bravos, armados hasta los dientes, temen y obedecen para mantener los equilibrios corruptos que benefician a los que están en la papa. Las armas también son judiciales, políticas, económicas, las necesarias para mantener el poder.

Las víctimas son los venezolanos, los malos son los dictadores color caribe o de barras y estrellas, los que han caído en «la tentación del bien». Uno lo que quiere es democracia a cualquier precio, incluso la soberanía, porque bajo una dictadura la soberanía no alimenta la esperanza o el estómago, pero uno es consciente después del precedente y es doloroso.

De Panamá a Venezuela hay 36 años, dos países, y un protagonista, Estados Unidos, que impondrá su «bien» por la fuerza, como Israel, Rusia, o el que crea poder hacerlo. ¿Y China? Abierta la veda, y todos con veto o con amigos que lo tienen, los demás no podemos más que alegrarnos por lo que nos toca y pedir que todo salga bien. Nos ponen en la mesa a escoger el menor mal porque, el mayor bien, ya se lo han llevado ellos.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 6 de enero de 2026, a la espera de que la democracia de una u otra forma termine llegando a Venezuela, empezando con poner en libertad a todos los presos políticos.

20 diciembre, 2024

Seguir recordando


Hay quienes no creen en la necesidad de contar con un día de duelo nacional por un asunto práctico: detener la economía. El problema no es decretar que el 20 de diciembre sea de reflexión o duelo, el problema está en la poca pedagogía que hacemos de la memoria histórica reciente. Hemos perdido, hace tiempo, la capacidad de seguir recordando.

Hemos de evitar perder la memoria por cansancio y por dejadez pautada por los pragmáticos, que lo que desean es que vivamos desmemoriados, como si aquí no nos hubiera pasado nada, como si lo único importante fuese la recuperación de la democracia, y los muertos sean solo un daño colateral. Aquello que nos hicieron no fue justo, y muchos seguimos discutiendo si era necesario. Lo cierto a fecha de hoy es que fue, y ahora toca no olvidarlo.

Tzvetan Todorov, nos enseña en Los abusos de la memoria que «la memoria ejemplar es potencialmente liberadora», es decir, no usamos el recuerdo para exacerbar nuestras instancias más primitivas, no, pero recurrimos al recuerdo de lo pasado «con vistas al presente, aprovechando las lecciones de las injusticias sufridas para luchar contra las que se producen hoy día, y separarse del yo para ir hacia el otro».

Han pasado 35 años. Un cielo moteado de ardientes fulgores de muerte se precipitó sobre distintos puntos de este país. Volvimos a sufrir aquella madrugada, pero a gran escala, lo que vivimos el 9 de enero de 1964, el abuso del supuesto «vecino amable», que pudiendo hacerlo de otra forma, optó por una crueldad mortal innecesaria. Y aquí estamos, de aquellos polvos estos lodos.

Sigamos recordando, sigamos contando qué fue lo que pasó en novelas, poemas, cuentos, en obras de teatro. Hablemos todos, escuchemos, dejemos registros de una «memoria ejemplar» que persigue no caer en la vieja posibilidad de repetir los mismos errores. No seamos necios: si nos olvidamos, ya lo hemos dicho, otros vendrán a recordarnos como nunca fuimos.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 17 de diciembre de 2024.