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11 agosto, 2026

La importancia de llamarse Panamá

Lo publicó el diario Washington Post: «El Proyecto Panamá es nuestro esfuerzo para escanear de forma destructiva todos los libros del mundo», afirmaba la empresa de inteligencia artificial Anthropic, en un documento que es parte de un proceso judicial que revela un plan de compra masiva de libros para entrenar a una IA y luego destruirlos.

¿Dónde está el grito en el cielo del Ministerio de Cultura, parte del gobierno de paso firme? ¿Dónde la campaña de la Cancillería de la República, reclamando una reparación moral por el perjuicio de tomar el nombre de un país y ponérselo a un proyecto deleznable como ese?

Llamarse Panamá tiene que ser importante. Cuando no nos tomamos en serio nuestro patrimonio inmaterial, y nada lo es más que un nombre, se creerán siempre en el derecho de hacernos de menos. Quizás Anthropic, con aquello de los papers, les pareció buena idea tirar del tópico de país bananero, incluido en listas grises y con una cultura obviable, quién sabe, pero lo cierto es que aquí, en nuestro país imaginario, la tibieza ante la noticia demuestra que nos da bastante igual que nos traten así.

Como sociedad, como país, debemos pedir explicaciones de por qué alguien, en cualquier parte del mundo, se cree con derecho a tomar el nombre de nuestro país para usarlo como le da la gana. No debemos permitirnos esta nueva forma de desprecio sobre nuestra reputación. Ya bastante tenemos con el clientelismo y la corrupción como para permitirnos que, a nivel internacional, se nos asocie con semejante «proyecto».

Cuando despreciamos la importancia de llamarnos Panamá, pasan estas cosas; cuando no nos tomamos en serio, los demás tampoco. A ver si las «fuerzas vivas» de la cultura de este país se mueven más allá del cliché, y nuestros «periodistas» más mediáticos se atreven escribir sobre este asunto. Estamos tan ensimismados que no vemos el poco aprecio que tienen algunos por quienes somos.

Artículo pubicado en el diario La Prensa, el martes 11 de agosto de 2026

09 diciembre, 2025

Sordos

«Hablar contigo es como predicar en el desierto», nos decían nuestros mayores: la necedad orgullosa, ligada a la razón y al corazón, nos impedían escuchar y tomar en serio cualquier pedagogía hecha desde el hogar o la escuela. Se trataba de pura inmadurez, de orgullo ignorante, que hoy en Panamá muestran periodistas, sus oyentes y demás opinadores en redes, llenadores de ciberespacio con la paja que brota de criterios poco instruidos.

Panamá ha elegido la sordera sospechosa ante cualquier conflicto que requiera su decisión como sociedad. No nos fiamos de nadie, todo el mundo es sospechoso por color político, por periódico donde escribe o televisora donde colabora; de la radio ni hablemos: gritones, exagerados mentadores de Dios y sus virtudes, y qué decir de partidistas y bancadistas, que se pelean por la blancura de motivos ante un país que no se fía ni del sistema democrático, lo que es en sí un peligro.

Estoy de acuerdo con Umberto Eco: las redes han dado a los idiotas un altavoz, y a los demás, la capacidad de hacerse los sordos —vía hacerse el pendejo— desconociendo el origen y progreso de nuestros males, como si hubieran caído súbitamente del cielo. Es ridículo oír a periodistas y políticos de siempre hablar como si lo que nos pasa fuera de ahora, aferrándose al que mejor pague. Estúpidos que gritan a sordos que se creen lo que les dicen.

Hemos renunciado a la pedagogía y optado por comentar y repetir, como si fuésemos los más vivos, las mismas noticias de siempre, disfrutando como medios y como políticos de la cronicidad mediocre que nos lleva destruyendo décadas. Qué fácil hablar de escuelas a medio terminar cuando cada marzo se dice lo mismo.

Debería darnos vergüenza tanto sordo, pero no, queremos serlo a mucha honra, convirtiendo nuestra ignorancia estúpida en marca de nuestro medio o partido o bancada, dejando fuera la necesaria pedagogía que nadie quiere abordar porque no vende ni es popular.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 9 de noviembre de 2025, día Internacional de la Lucha contra la Corrupción.

02 mayo, 2025

El rofión y la guarida

Pese a quien le pese, el 34% del inquilino de Las Garzas es democrático, constitucional y, por lo tanto, legítimo: los que pretenden atacar por allí al gobierno parecen estar enfermos del mal que nos aqueja hace décadas: hacerse el pendejo. Si buscan los porcentajes presidenciales anteriores verán que algunos sacaron menos. O se respetan las normas o se cambian, pero no se deslegitiman, eso es de una ignorancia torticera reprochable.

La Universidad de Panamá, no es perfecta, es más, necesita una refundación urgente, y da igual lo «orgullosamente» (adjetivos terminados en «mente», cuidado) egresado o ingresado que seas. Ahora bien, eso no la convierte en «guarida de terroristas», como ha señalado el Rofión de Las Garzas, en otra de sus desafortunadas intervenciones, demostrando que va «con paso firme» hacia la crispación: mucha testosterona, poca neurona.

Insisto, las redes están llenas de opinólogos ignorantes, seguidos por miles de acólitos, en una exhibición vergonzante de retroalimentación retrógrada y peligrosa que no soluciona nada, pero que descarga cualquier verdadera participación: uno le escribe al presidente, o al alcalde, o al diputado o canciller, y cree que se le escucha, pero no, tienen mucha cara dura y no la dan, y el ciberespacio, que aguanta todo, hace el resto: se traga la capacidad de actuar del ciudadano.

A alguien le conviene que las cosas sigan igual. Advertimos desde el principio que el deterioro de este gobierno sería rapidísimo, por el seguidismo clientelar, por la impunidad con que se encubre todo, y por cómo ex (vicealcaldes, diputados y presidentes) que ya tocaron poder, se rasgan las vestiduras haciéndose los pendejos, como si nunca hubieran estado allí, decidiendo.

Veremos como el rofión termina convirtiendo en caos la poca paz que nos queda. El matón de patio es así, está dispuesto a llevar su absurda sin razón hasta las últimas consecuencias con tal de no reconocer que se ha equivocado. Pero está tranquilo en su gruñir: no le pasará nada, como a los anteriores.

 Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 29 de abril de 2025.