16 junio, 2010

El futbolisto: La hora de las ilusiones

Hoy es el día y a las 16:00 es la hora: España se la juega con los suizos que lo mejor que tienen es el chocolate y los relojes, precisos y preciosos (por lo que cuestan) pero también tendrán su orgullo. Y allí está la cosa, que en un Mundial el orgullo, el pundonor, la gesta heroica se lleva mucho. Espero que los suizos ofrezcan un buen partido para que los nuestros se luzcan.
Esta mañana las calles están inundadas de una emoción que hace que parezca viernes. Es el día del partido y en las oficinas se preparan para regatear a los jefes, buscan por internet un portal que ofrezca el partido aunque sea en chino y muchos han pretextado médicos recogidas insólitas de hijos y hasta de sobrinos o simplemente han optado por la verdad: me quedo en casa para ver el partido. Algunos jefes, sabiendo lo que hay, están dispuestos a poner un televisor con el partido con tal de que no se les queden en casa los empleados y muchos de ellos han llegado embutidos (muchos no tienen los cuerpos de los jugadores) con la camiseta de la Selección para ir entrando en ambiente.
Las puertas de los colegios están teñidas hoy de camisetas rojas, de los números de Villa, Xavi, Casillas y nuestros demás héroes. Incluso he visto hoy alguna de las antiguas con el siete de Raúl que a muchos les parece que tendría que estar en esta Selección. Las ilusiones se desbordan y todos quieren que en medio de la que nos está cayendo que nos venga una buena noticia desde el Continente Negro aunque las cosas en materia social y política pintan de ese color nuestra realidad.
Muchas oficinas ofrecen a sus empleados ver el partido en su puesto de trabajo con tal de que no falten y muchos hoy han llegado al trabajo con la camiseta
Vicente del Bosque, ese hombre tranquilo y humilde, ha decidido con buen criterio enfriar la euforia sin enterrar las ilusiones. Muchos son los que ven a la gualdiroja campeona del mundo pero la verdad es que hay que ganar en el césped y la elástica tiene que ser sudada.
Visto lo visto hasta hoy España parece tener muchas posibilidades. Brasil incluso tuvo una primera parte muy pastosa y los norcoreanos les tuvieron arrinconados. Los portugueses empataron a cero y ni Ronaldo pudo hacer nada. Los nuestros tienen la oportunidad de hacer algo grande pero no debemos dejarnos arrastrar por la euforia.
Hoy toca ilusionarse y creo que esa es una de las grandezas del fútbol: consigue que la vida se detenga y que se proyecte sobre el terreno de juego. Allí podemos golear a las circunstancias, allí podemos encontrar esperanzas, allí en el césped está la lucha que sostenemos. Hoy España se detendrá y no será por una huelga sino por una juerga roja que si ganamos se va a extender hasta llegada la hora de la cena en la que pondremos el telediario y celebraremos otra vez la alegría o la derrota.
Para que la espera no se haga muy larga podemos ir leyendo “Cuentos de fútbol (Alfaguara, 1998) (yo tengo sólo el tomo 2) que Jorge Valdano selecciona y prologa. La literatura otra vez revolotea por la cabeza del futbolisto y le recuerda que cada partido es como un libro nuevo para leer. Nunca sabes cómo va terminar aunque el título te llame la atención. Espero que esta tarde nuestro libro partido tenga un final feliz.

15 junio, 2010

El futbolisto: Vértigos, vertidos y otros vestigios futboleros

Nada más enterarse mis amigos de que ando haciendo comentarios futboleros me quieren sacar los colores diciéndome que esto se debe a los vestigios futbolísticos de mi infancia, que siempre he sido un futbolero latente. Me quedé de piedra. Ahora me mandan reseñas de los partidos, me ilustran con las posiciones de los jugadores y hasta me han mandado un enlace a la federación española de futbol para que no pierda de talle, página que por cierto no contiene nada. Así nos va. El fin de semana arrancó con empates, todos ganadores y todos perdedores a un tiempo. Entonces vino Argentina y ganó 1-0 y Messi, el mejor de este deporte según se dice, parecía estar exultante aunque no marcó ningún gol. Bueno, lo importante es participar y Maradona convirtió la selección albiceleste en una selección blaugrana. Messi ha dicho que “me sentí como juagando con el Barça”. Vaya, para que luego digan.
Los gringos jugaron contra los ingleses, sí, esos del vertido, y gracias a la inestimable ayuda del portero, de apellido Green (no me digan que no es elocuente), consiguieron empatar. Al portero se le escapó, como el petróleo en el golfo de México, el control Jabulani, que no es su novia surafricana, sino el nombre del balón de este Mundial. Al parecer cada balón tiene su nombre como la mascota del evento. Sigo aprendiendo cosas. Había ganas de revancha pero no pudo ser: empate en el terreno de juego y goleada ecológica de los ingleses por muy Green que se llame su portero.
Luego los franceses no pudieron con los uruguayos. Me dicen desde allá que varios panameños militaron en las filas del futbol de la tierra de Benedetti por allá por los años del primer Mundial. Lo que hace el fútbol. Por cierto del seleccionador francés hablaremos otro día, un tipo raro este, amigo de los astros y no precisamente los del fútbol.
Los alemanes aplastaron a los australianos y del resto de los partidos apenas me llegaron noticias. Eran encuentros “menores” aunque en esto del fútbol hay que ir, según las palabras de nuestros jugadores, con humildad, con respeto al rival. Lo triste de estas jornadas es que nuestros vecinos griegos no se quitan la negra que tienen encima ni en el césped ante ¿Korea?, que les gano 2-0. Error defensivo me dicen mis asesores. Lo mismo que con la economía. El futbol es así. Y La crisis.
La nota triste de estas jornadas inaugurales la puso la trágica muerte de la bisnieta de Nelson Mandela. Repaso algunos pasajes de su autobiografía “El largo camino hacia la libertad” (El País-Aguilar, 1995) y me emociona la capacidad de superación de un hombre que recorrió un largo trecho hasta donde está hoy y las tristezas no le dejan. Un camino por un túnel oscuro que es también el camino de un continente que, por mucho Mundial, sigue necesitando del compromiso de todos. El libro del que les hablo lo reedita Aguilar y se los recomiendo mucho.
Mañana les recomendaré otro libro, pero este futbolisto aunque tenga en la cabeza un balón rojo y gualdo, le revoloteen por la cabeza libros, anécdotas y novelas inconclusas por leer y por escribir, lo que desea es que debuten los nuestros. Me parece que he de reconocer el vértigo de que no todo está en los libros: el resto está en el fútbol.
PD: la imagen del futbolisto está basada en una viñeta original de KomicElx.

La cosecha de Samhein (Reseña)

La cosecha de Samhein (Alfaguara, 2009) de José Antonio Cortina (Vitoria, 1972) inaugura una ciudad, la ciudad de Rocavarancolia y nos narrará sus avatares y siniestras aventuras en tres entregas que si mantienen el ritmo de esta primera están llamadas a ser la trilogía de literatura fantástica juvenil más importante del momento. Y que lo de juvenil no desanime a nadie que la novela es para todos los lectores. Y es que la prosa cadenciosas y envolvente de este escritor vitoriano termina por arrastra los mayores a una aventura que se supone que está planteada para los más jóvenes.
La historia arranca el 31 de octubre, ingenuamente, de forma casual. Héctor y otros once chicos son engañados y llevados a la ciudad de Rocavarancolia: son la cosecha de Samheim. Estos jóvenes han de sobrevivir hasta la Luna Roja pero en treinta años ningún joven lo ha hecho.
La atmósfera, los diálogos sencillos y directos, la trayectoria del antihéroe pero que irremediablemente tiene que serlo (Héctor) consiguen tenernos a la espera de la resolución de esta historia que nos regala la inauguración de un nuevo territorio mítico como Celama o Región: Rocavarancolia.
Esta es una ciudad terrible, densa y desesperanzada con un destino irreversible en apariencia, con esperanzas grises puestas en esta nueva cosecha de jóvenes. José Antonio Cortina crea una atmósfera, no un escenario. Esta ciudad no es un decorado de cartón piedra, es un personaje más que no debemos convertir por inercia en simple relleno.
Las aventuras de los jóvenes se intercalan con la vida de la corte de Rocavarancolia, dándonos una perspectiva completa entre las incertidumbres de los chicos y las esperanzas de una ciudad que espera con ansia esa Luna roja. Pero las cosas no serán fáciles para ninguno de los dos grupos.

La historia sufre varios giros sobre sí misma lo que técnicamente la hace muy atractiva y la convierte en una obra sorprendente que se retuerce sobre sí misma para desconcertar al lector, para volver atraparlo, para volver ha hacerle repasar lo vivido por los personajes que no bajan la guardia en ningún momento de la novela.
Construidos sólidamente los personajes de “La cosecha de Samhein” son conducidos con maestría por el autor dotándolos de verosimilitud y llevándonos a la empatía con ellos aunque a veces actúen de modo inverosímil pero no olvidemos que se trata de una novela de género fantástico.
La trama y su fondo son difíciles de explicar sin traicionar la novela y dejar desajustada esta maravilla de obra que depende para su disfrute de la absoluta inocencia y desconocimiento del lector para poder llegar a conectar con la historia. Una historia que no hace más que comenzar porque le faltan dos entregas más.
No le perdamos la vista a este autor y a su saga que promete darnos muchas más noches de aventura y que tiene que respondernos a tantos interrogantes que se nos vienen encima una vez terminamos la novela, una novela que les fascinará.

14 junio, 2010

El futbolisto: Locos por el fútbol

Me sorprende ver los colores de España por todas partes. Dice José Antonio Jáuregui en su excelente libro “España vertebrada” (Belacqva, 2004) que es el deporte, el fútbol de una manera especial, el que consigue que todos los españoles, de distintas regiones, sensibilidades y partidajes, se estén quietos bajo la enseña roja y gualda. De hecho “Manolo el del Bombo” anda por los anuncios de un restaurante de comida rápida bendiciendo bufandas con los colores de España. Todos locos.
La cosa no se queda allí. Hay quien te promete que si compras unos electrodomésticos y gana España, te los llevas gratis o si metes tanto dinero en una cuenta y La Roja se lleva el Mundial te ingresan no sé cuanto más. O son fanáticos convencidos del éxito o confían en que no ganaremos el Mundial.
Me preguntaba si la cosa es igual en otros países, por ejemplo Argentina. Tiene a Cortázar, a Borges, a Piglia y uno se esperaría euforia pero no desmesura. Resulta que Maradona, el técnico de la selección albiceleste, ha prometido que se quedará en pelota picada en el Obelisco de Buenos Aires si gana la Copa del Mundo. ¡Locos por el fútbol! ¿Hace falta? ¿Qué piensa el Obelisco o en su defecto el alcalde de la capital Argentina? Espero que las ganas de ver al “Pelusa” de esa guisa no estén detrás del ánimo resuelto de los jugadores argentinos. Messi seguro que pasa del tema ¿o no?
Pegatinas, camisetas, balones, bufandas, móviles y hasta las hormigas del programa de Pablo Motos se visten de este entusiasmo por la Selección que a veces no entiendo. Hasta los “Pelochos” se han sumado a la causa. Y Shakira también.
La colombiana canta la canción oficial del Mundial, el “Waka, waka” que a mí me pone nostálgico. Por allá por los ochenta, el merengue dio un vuelco al saltar al panorama musical un grupo dominicano compuesto sólo por mujeres, “Las chicas del Can”. Han dejado para posteridad grandes temas pero el que nos ocupa hoy tiene su guasa. La canción de marras se llama “El negro no puede” y ya me dirán ustedes cómo va uno a Sudáfrica, por muy Shakira que se sea, con semejante canción. Suena, eso sí, muy africana y es así porque el grupo dominicano sacó la canción de uno camerunés. Bendito fútbol que tantas cosas saca la luz.
La locura por el futbol ha inspirado a grandes escritores (otros locos de atar). Eduardo Galeano, Vázquez Montalbán, Villoro y qué decir de Sartre, Camus o Nabokov. Les ha inspirado grandeza, éxtasis, pánico ante la derrota, la alegría de la victoria, la épica de la lucha. Hay veces que en medio de tantas letras, de tantos trabajos e incertidumbres varias, el fútbol se convierte en un gran escenario del mundo, de la humanidad. De allí la locura, los colores y la fiesta: es la manera de vivir, como pasa con la literatura, unas vidas que no son nuestras.
Dicen los medios que España da miedo, es decir, la Selección, la Roja, que no cunda el pánico. Le metieron seis goles a los polacos que no tuvieron tiempo de nada. Cosas del fútbol. Buen juego, dominio desde el minuto quince según las crónicas y aquí paz y después gloria. Los lesionados marcaron, los que controlan el juego en el centro del campo funcionaron y la cosa se dio de cara. Estalló la locura, los nuestros por fin van de favoritos y papeletas tenemos para hacer Historia. En algún artículo he leído, incluso, que España ha recuperado “la fragancia de la Eurocopa”. ¿A qué huele el fútbol? y en concreto ¿a qué olía la pasada Eurocopa? Díganmelo ustedes. Que venga Patrick Süskind y lo vea (lo de la fragancia, digo).

Texto invitado: Entrevista a Enrique Vila-Matas por el grupo de Facebook "Leyendo a Enrique Vila-Matas". Parte 1.

1.- Quedé embelesada con la figura del caballo blanco en ese puente de O´Connell convertido imaginariamente por Riba en línea tenue que separa la era Gutenberg de la digital. ¿Puede ampliar algo más sobre ese caballo (blanco como la nieve que ca…minó y sobre la que murió Walser y blanco como el traje que vestía E. Dickinson siempre que escribía poesía y blanco como la página vacía…) en la imaginación de usted, el autor de “Dublinesca”?

R: Es el caballo blanco que huyó en México cuando mataron a quien lo montaba, Emiliano Zapata. Quiero decir con esto que es una leyenda que aparece en muchas culturas. El caballo blanco es nombrado por Joyce en Los muertos, el cuento final de Dublineses. En mi segundo viaje a Dublín fui por mi cuenta, solo, a primera hora de la mañana, al puente O´Connell a ver si por casualidad veía el caballo. Era una empresa sin duda difícil, pero nunca se sabe. Pensé que si lo veía, nadie la daría demasiada importancia, pero sin embargo sería algo muy importante para mí. No lo vi. Pero había una paloma blanca posada sobre la cabeza de O´Connell, el hombre irlandés de la estatua que da nombre a ese puente.

2.- ¿Departir con los Auster es sólo prurito o alarde de su personaje?
R: Riba es un editor que publicó un libro de Paul Auster y por tanto entra dentro de la lógica que conozca a los Auster y que vaya a cenar a su casa, y hasta que bostece allí o que le dé por comer poco.

3.- Usted ha criticado la novela meta-ficcional a pesar de que se le identifica con ella. ¿Podría señalarnos su posición actual al respecto? Dublinesca es una novela más ambiciosa que el Dietario Voluble. Pero la segunda es más cálida y sustanciosa. Pero en todo caso, en ambas, “cada momento es un lugar donde nunca hemos estado”.

R: No he criticado lo metaficcional, he dicho solamente que quienes me clasifican a la ligera como metaliterario delatan no haberse molestado en leerme, ya que hablo de todo en mis libros, no solo de libros, hablo de la vida en todos ellos, y últimamente más que nunca. En otro orden de cosas, decirle que Dublinesca pertenece inequívocamente al género novelesco. Y Dietario voluble, en cambio, pertenece al género diarístico, aunque incorpora a un personaje de ficción que es el diarista. En Dublinesca me serví, en ocasiones, de una metodología de diarista (extraída de mi experiencia en Dietario voluble), de seguimiento muy de cerca de la vida cotidiana de una persona. A mí Dublinesca me parece más cálida que Dietario voluble, pero eso, claro, es algo siempre muy subjetivo. Igual ocurre con lo de “sustanciosa”, que no lo voy a discutir porque eso depende únicamente de lo que encuentra en uno y otro libro cada lector y yo soy el menos adecuado para ponerme a buscar algo “sustancioso” en lo que ofrezco, ya que todo cuanto entrego al lector antes necesariamente ha tenido que ser sustancia para mí.

4.- Su utilización del recurso llamado “mise en abyme” es llamativo y en cada novela va encontrándole más vueltas de tuerca. ¿Es una forma de huir, de esconderse, o de buscar/formar lectores más entrenados?

R: “Cada obra, nos dice Vila-Matas, debe ser un renovado salto al vacío” (Roberto Bolaño en Entre paréntesis, pág. 157).
Trato de divertirme saltando al vacío cuando escribo y quizás por eso, y también por otros motivos que aquí me callo y que podrían parecer más hondos y más respetables (siendo en realidad igual de hondos que la diversión pura y simple) llevo mis libros a un callejón sin salida. Desde Bartleby y compañía, siempre me preguntan: “¿Y ahora qué? ¿Cómo lo vas a hacer para continuar?”. Lo paso muy bien cuando tratan de hacerme ver que he llevado todo a un límite. Yo diría que escribo libros para colocarme deliberadamente en situaciones que comprometan la continuidad de mi escritura y me dejen, una y otra vez, ante el dilema de ver si soy capaz o no de escapar de lo que ha terminado por llevarme a lugares aparentemente sin salida.
Una vez, me entrevistaron para la televisión venezolana, una entrevista de una hora. Hacia el final, yo todo el rato estaba pensando que la pregunta que me hacían era la última y quizás por eso me esforzaba y daba una respuesta brillante y trascendente para el cierre. Así me pasé más de quince minutos, creyendo todo el rato que estaba ante la última pregunta y elevando sin darme cuenta, cada vez más, el nivel de profundidad y de veracidad de aquel eterno momento final. Me pasé todo ese cuarto de hora creyendo que estaba ante la última cuestión y contestando pues a varias últimas cuestiones como si en esas cuestiones me fuera la vida. La tensión favorecía mis respuestas… Bueno, debo decir que escribo mis novelas así normalmente, como en aquel cuarto de hora final en Venezuela, y que eso es lo que me lleva seguramente a callejones sin salida. Mis novelas siempre terminan con una página en la que parece que haya contestado a la última pregunta. Porque una última pregunta en una larga entrevista siempre lleva a una sincera declaración de principios, quiero decir que es como un epitafio sobre nuestra tumba, un epitafio en el que uno queda retratado. Yo escribo novelas como si fueran epitafios.

5.- Hay un personaje que me resulta bastante enigmático y que aparece bastante en Dublinesca. Se trata de Vilém Vok. ¿Podría contarnos un poco sobre él?

R: Es un autor checo con el que mantuve correspondencia en una época. Creo que pronto van a traducirlo al español. Yo lo he leído sobre todo en revistas francesas (La Femelle du Requin, Inculte, La matricule des Anges). Alguien que me parece bastante perspicaz, en un blog, ha sugerido que Vok es el narrador de Dublinesca.

6.- En su obra existe una expresa necesidad, entre otras, de tocar temas que abarquen los márgenes y el mundo del escritor, el poeta, el campo cultural. “Dublinesca” pertenece a esta naturaleza. Siento que en la actualidad esta es una de las líneas temáticas de la novela, casi insoslayable. Quizás me equivoque. La pregunta sería: ¿no se ha caído en un abuso, en una especie de ejercicio narcisista por parte del escritor?, ¿hasta qué punto es válido ser reiterativamente metaliterario?, ¿convertir a la literatura en un ejercicio por y sobre la literatura no es reducirla a una actividad que deslinda, por su propia naturaleza, aspectos, naturalmente bellos e interesantes, de nuestra propia realidad ficcional? No condeno el uso de tales temas sino el abuso. ¿No se ha llegado a ese abuso?

R: En su magnífico blog, el historiador y ensayista cubano Rafael Rojas disertaba no hace mucho en torno a esa obstinada pulsión literaria de mis obras. Y Gerardo Muñoz, desde Cuba, le decía, con buen tino, que quizá esa ansiedad por la literatura es similar a la de Agamben: “Veo ciertos parecidos que serian muy interesantes de estudiar. El debate del archivo: archivar la filosofía, archivar la literatura. Es como si solo quedara eso…”
No puedo negar que la literatura esté en el centro de lo que escribo y que esa melancolía de los archivos también esté en el centro. Ahora bien, hay quien me califica de metaliterario y ahí, detrás de esa apresurada calificación, siempre suele haber alguien que habla de oídas, sin haberme leído. Es como pensar que Pérez Reverte escribe sólo de espadachines; quien dice esto y simplifica tanto es que no lo ha leído y simplemente le tiene manía a Pérez Reverte… Yo he tenido la suerte de haber sido leído por un tan gran lector como Bolaño y él supo apreciar lo que yo siempre he sabido: que cuando hablo de literatura, estoy hablando de todo lo demás, de la vida y de la muerte y de todo lo que gira alrededor de ellas, y en este sentido Dublinesca es un libro especialmente centrado en los seres humanos, un libro sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la pasión, sobre la felicidad y la desgracia. Es más, creo que es el más cálido de mis libros. Decía Bolaño a propósito de Bartleby y compañía que yo hablaba ya no sólo de los escritores que en un determinado momento de sus vidas (un momento de lucidez o de desesperación o de locura) dejaron de escribir sino de los escritores como el mismo Vila-Matas nunca van a dejar de escribir, y a partir de allí hablan de la muerte, de los gestos inútiles ante la muerte pero que nos salvan (o pueden salvarnos) y no sólo habla de escritores, sino que en realidad habla de lectores, de seres humanos de toda laya, de gente que vive y que un día deja de vivir, de aventureros y agónicos, de gente que lee y que un día deja de leer…”

7.- ¿Por qué tuvo que dejar Anagrama? Era el autor ideal para la editorial ideal.

R: En realidad, el autor ideal para la colección de “narrativas hispánicas” de Anagrama es alguien que escribe bien y no tiene muchos lectores. Un escritor principiante, por ejemplo. Claro está que hay autores en la editorial que, después de varios libros, siguen escribiendo bien y no tienen muchos lectores. Estos también son ideales porque no crean complicaciones. Ahora bien, si alguien allí empieza a crecer (a crecer como autor, o bien a aumentar el número de lectores, y ya no digamos si crece en las dos direcciones a la vez), ve enseguida cambios de humores y cómo la cosa se complica.

8.-Escribir. Publicar. Desconocerse. Una vez más el tema de la identidad en Dublinesca. Un editor. La biografía de Riba es su catálogo, fuera de ahí, no existe. Por otro lado, los “malditos autores” y su yo desnaturalizado, plural, el yo literario, el que se desprende del autor, del otro que se atrevió a escribir lo que escribiría si escribiese. En suma, el yo de perfil heterónimo y nómada. ¿Qué hay entonces del mal del autor? ¿Qué es un autor, aparte de ser un fantasma de sí mismo dotado de una carne débil, egocéntrica? ¿Te has encontrado a ti mismo indescifrable o desconocido en esta Dublinesca? ¿Has podido regresar a casa sin contratiempos, en este año excesivamente redondo?

R: Toda la novela está recorrida por el mismo misterio que ha recorrido “mi espina dorsal” (que decía Nabokov) mientras la escribía, mientras indagaba acerca del misterio del desconocido de la gabardina, el misterio de ese tipo al que llaman Mackintosh. Iba escribiendo tratando de averiguar quién era la sombra que me acompañaba. El lector lee desde el mismo lugar en el que yo, escribiendo, voy avanzando en mi indagación. Estoy seguro de que más de un lector ha tenido la impresión de que era él quien estaba escribiendo Dublinesca o como mínimo se hallaba sentado en el lugar del autor.
9.-Me sorprende que casi nadie le pregunte por la intromisión del narrador en Dublinesca. Supongo que no le preguntan porque deben pensar que forma parte del juego literario que es Dublinesca y en parte porque imaginan que la respuesta será aún más desconcertante que esas interrupciones del narrador. Yo creo que, al contrario de lo que opinaba Nabokov sobre la presencia de Joyce en Ulises, que concluye que Bloom ve a Joyce el 16 de julio, lo que ocurre en Dublinesca es que el autor ve a su personaje (y no al contrario).

R: También me sorprende lo poco que se ha comentado que el narrador intervenga en dos únicas ocasiones en la novela. A veces hay el temor a equivocarse y decir que aparece en dos cuando puede acabar resultando que aparece en tres y quedar uno un poco mal. Por si acaso, los reseñistas o entrevistadores se curan en salud. En cuanto a lo de que el autor ve a su personaje, lo de que yo veo a Riba, está bien visto, aunque el visto bueno completo a esa teoría no se lo daré porque reduciría las posibilidades amplias de interpretación que Dublinesca ofrece en sus páginas finales. Hablando de sorpresas, a mí lo que más me ha sorprendido es que, tras cien entrevistas de prensa (en Francia, España, Argentina, México), han sido muy pocos los que me han hablado de la parte beckettiana –el tercer y último capítulo- del libro. Es como si algunos no se hubieran presentado a las entrevistas con el libro enteramente leído y creyeran que todo gira en torno a Joyce, cuando Joyce está presente sobre todo en el segundo capítulo. La parte tercera y última, la beckettiana, además, es lo mejor del libro.

10.- Teniendo en cuenta mi pequeño desconocimiento acerca de Dublinesca, una pregunta como pintor y amante de la transvanguardia y el informalismo, que además también odio, ¿qué hay encima del metalenguaje? ¿Está Dios?

R: Adquiera conocimiento sobre Dublinesca y no lo dude: obtendrá la respuesta a su pregunta, porque hallará a Dios.

El futbolisto: El fútbol y el futbolisto: conceptos fundamentales

Mi primer recuerdo futbolístico es el de un balonazo saliendo yo de mi barrio en Panamá de la mano de mi madre cuando contaba más o menos con seis años. El fútbol visto de cerca. Desde esa fecha hasta hoy mis recuerdos vinculados al deporte Rey (así le llaman todos) son bastante negativos en dos sentidos: en lo personal y en lo público. En lo personal jamás metí un gol y las pocas veces que he saltado al terreno de juego la cosa ha ido mal o me ha salido alguna “genialidad” (le llaman así a las buenas jugadas) por obra y gracia de la casualidad aliada con la patosidad que gobierna mis miembros.
En lo público he sido siempre un ignorante futbolístico, de esos que no saben cómo se llaman los jugadores ni en qué consisten las posiciones que cada uno ocupa en el terreno de juego. Vamos, un mueble futbolístico.
Como ejemplo, dos hechos: A los doce años, por fin, me fui con los muchachos del barrio a jugar en el viejo campo de tierra cerca del estadio de béisbol. Pase de la muerte, salí desmarcado en posición reglamentaria, portero batido, bote extraño del balón el cual se me encajó entre las piernas, bajo las partes nobles, y no fui capaz, por los nervios del primer gol, de deshacer el entuerto. Risas, ridículo deportivo.
La otra ocasión ya vivía en España. Estaba en un campamento de verano para jóvenes. Los diecinueve me sentaban bien, pero no a mi fútbol, aunque la genialidad me perseguía ese tarde. Enfundado en la elástica del Madrid me desmarco por la derecha y me pasan el esférico que da justo en mi talón derecho, pasa por encima de mí, y en una extraña conjunción planetaria, controlo la pelota, doy un extraordinario pase de la muerte y gol. Ante mi desconcierto todos vienen a abrazarme por la genialidad. Consciente de mi mala suerte me retiro del fútbol en el momento más alto de mi carrera. Hasta hoy, disfruto del recuerdo de aquella hazaña y de las palmaditas que los amigos me dan al recordarla “vaya potra” sentencian, y yo me dejo querer.
Como nunca se me dio bien el fútbol quise seguirlo por la tele. “Ofsay”, (traducción del panameño: fuera de juego) gritaban al árbitro, “¿qué?” preguntaba yo a mis amigos delante del televisor que sacaba el señor Armando a la calle por su ventana en Panamá para ver los partidos todos juntos. Por mucho tiempo fui uno de esos aficionados al fútbol con el que no quieres ver ni un solo partido porque preguntan mucho. Pero tranquilos que al final de algo sí que me enteré. Creo.
Por eso hoy, puesto de manifiesto que de fútbol poco sé, que del fútbol (o futbol, según quien lo diga) poco disfruté, me voy a convertir, y espero que me sigan, en “el futbolisto”, es decir, uno que de fútbol nada sabe pero que opina sobre él y sus aledaños buscando un correlato con la realidad. Este es un concepto básico a tener en cuenta para este Mundial y las crónicas que pretendo compartir con vosotros.
Haremos un seguimiento de “La Roja” (no de la Pasionaria) y dibujaremos unas reflexiones sobre lo que nos rodea, libros, amigos, escritores, fama y gloria, pasado y memoria, para vernos reflejados en el fútbol, ese deporte al que llaman “Rey” hasta los republicanos.
Pero no lo olvidéis: no tengo mucha idea de fútbol, no lo sigo nada más que cuando juega la Selección, y me he llevado más de un disgusto con ella (una alegría, la Eurocopa, una sola alegría) y con la panameña ni se diga: no ha ganado casi nada en su vida.
Se puede opinar y se me puede ilustrar sobre el deporte del balón: reconozco que nunca es tarde si la dicha es buena.

12 junio, 2010

Cuentos completos de Fogwill (Reseña)

Siempre quise leer a Fogwill porque creía que detrás de su peculiar apellido se escondía una suerte de Willy Fog capaz de dar la vuelta al mundo en menos de ochenta días y sin despeinarse, sin salir más allá de las páginas de una de sus novelas. No me equivoqué y ahora sus “Cuentos completos” (Alfaguara, 2009) lo confirman: estamos ante uno de los escritores latinoamericanos más importantes y que ha sido bastante mal difundido. Ahora Alfaguara nos ofrece sus cuentos ¿completos? y lo de completos es relativo porque este joven viajero de la palabra (casi 70 años) sigue dando obras al mercado (trabaja ahora en tres novelas a la vez), lo seguirá haciendo, seguro, en el género cuento lo cual nos emplaza para una nueva edición de estos sus cuentos casi completos.
En Fogwill nada es lo que parece, todo parece lo que es y cada cosa tiene su nombre y apellido aunque muchas veces las historias nos desconcierten y ofrezcan una nueva manera de llamar a las cosas.
Atmósferas oníricas, situaciones imposibles, amores absurdos, todo esto nos transmite Fogwill en sus cuentos que resultan ser más de ochenta mundos a los que dar la vuelta más de ochenta veces.
Celebrar la llegada de los cuentos completos de Fogwill a la ya mítica colección de cuentos completos de los grandes narradores no sólo latinoamericanos (Cortázar, Ribeyro) sino de todo el universo literario (están los de Scott Fitzgerald, los de Bellow, o Nabokov entre otros) es un acto de justicia literaria y un gran paso para colocar donde se merece a este grandes de las letras que sigue dando de qué hablar.
Si se fijan, los cuentos no son de hace mucho, el más antiguo es de 1974. Obedecen a una lectura de la propia obra que ha dejado fuera a algunas otras narraciones (cuatro o seis, dice el autor) por no parecerle al autor dignas de esta antología o cuentos completos en proceso de completarse. Son pocos para una vida llena de literatura pero nos advierte en la nota preliminar el propio Fogwill que fueron escritos como al dictado de una voz que con el tiempo dejó de frecuentarle y que decidió, con muy buen tino, no intentar imitarla. Y es que en literatura lo mejor que se puede hacer es no forzar las cosa.

La consecuencia de esa decisión son estos veintiún cuentos que tocan distintos géneros, exploran diversas técnicas y que reflejan la esencia de un autor dedicado al lenguaje con conciencia de oficio. Sobre todo encontramos en estos cuentos la crónica en clave de humor, terror, pasión del ser humano en general y el argentino en particular, cuentos universales que parten de una geografía concreta que es la de todos.
Fascinante por su atmósfera y su tema es “Memoria de paso”, cuento que provoca, que traen al final una reflexión que dota de profundidad al texto y que es un ejercicio de destreza literaria prodigioso. “Dos hilitos de sangre” nos da un largo paseo en taxi por buenos aires detrás de una experiencia rarísima que les animo a experimentar. Pero es “Help a él” el que se lleva para mí la palma en esta selección de una vida dedicada al cuento.
Una de las grandes cosas que de Fogwill hay que destacar, y son muchas, está su genio, su rareza de mago de las letras, cuyo secreto hay que descubrir dedicando a estos cuentos las lecturas que merecen y buscando el resto de la obra narrativa de este provocador de las letras hispanas.

03 junio, 2010

Libros de Luca (Reseña)

La literatura nórdica viene dando de qué hablar desde hace años sobre todo en el terreno de la novela negra y el thriller. Literatura de género en la que están poniendo de moda una manera muy particular de narrar y de desarrollar el género. En esa línea, llega una novela que siendo un thriller como género tiene la particularidad de convertir a los libros y a la lectura en protagonistas absolutos de la obra. Antecedentes tenemos en “La sombra del viento” o “El cuento número trece” hablando de libros contemporáneos pero este los supera a ambos.
Mikkel Birkegaard convierte la lectura en un peligro. Resulta que una vieja tradición que se hereda de padres a hijos le señala como uno de los “Lectores”, (posiblemente, como su padre, uno de los mejores), de una red de personas que pueden influir en la mente de las personas que lee. Este ritual, en manos de las personas equivocadas puede tener resultados nefastos. A la muerte de su padre y después de 20 años sin apenas tener contacto con él se convierte en heredero de la librería de este: Libri di Luca. Aquí hay una reflexión que trasciende el género y que apunta a hacia otra de las dimensiones de esta obra: el trato de grandes temas morales más allá de lo lúdico de la obra. La búsqueda del padre, la memoria de la familia perdida, la constatación de que somos de alguna manera parte de nuestros antepasados.
Recibida la librería Jon Campelli se va enterando de que las cosas no son tan sencillas que no solo son libros que no se trata solo de lectura que hay un ritual secreto que se remonta a la vieja Alejandría y que se puede influir sobre las personas que leen. Jon se ve metido en un laberinto de poder, de lucha para sobrevivir y todo ello rodeado constantemente de libros y de lectores, de mentes perversas y de personas que buscan resolver el enigma de la muerte del viejo Luca Campeli.

Como no podía ser de otra manera en esta novela hay una mujer enigmática de cuya personalidad y secreto nos vamos enterando poco a poco, una pelirroja que junto al nombre de Alejandría lleva la imaginación hasta la popularizada últimamente Hipatia por grandes novelas y ensayos y la película de Amenábar. Un personaje redondo para conocer y amar.
Ya está en marcha la versión cinematográfica que esperamos con ganas porque la cantidad de sensibilidades, fuentes de amor y de rencor que se generan en torno a los personajes es todo un reto para ser convertido en cine. La trama de la novela les envolverá en un mundo de texturas del pasado, de letras y de libros que hará las delicias de los amantes de los buenos thrillers.
No dejen de asomarse a las 549 páginas de esta ópera prima que nos hace presagiar (esperemos que el éxito de esta no le empañe la siguiente) más buenas novelas y disfrutar de un bello final, entrañable y nada sensiblero como se podría pensar. Disfruten de la prueba del laberinto y esperamos que después de su lectura no les dé miedo seguir haciéndolo.

02 junio, 2010

Por los Senderos con... Nerea Riesco


Nerea Riesco no es nueva en el panorama literario. Viene de lejos su buen hacer literario (Ars Mágica, El país de las mariposas). Con esta nueva novela, El elefante de Marfil (Grijalbo, 2010) confirma su acierto a la hora de elegir historias y narrarlas con la fina arquitectura de los buenos escritores. Salpicada de un fino humor y con grandes dosis de intriga y amor El elefante de Marfil es una vuelta de tuerca certera y firme en la carrera de esta bilbaína vallisoletana que vive en Sevilla. De conversación ágil y amena nos recibe para hablarnos de literatura, del oficio de escritor y de su nueva novela.

1. ¿Cómo te encontraste con esta novela? Los escritores suelen ser encontrados por las historias que cuentan…

Es verdad que las obras son las que te encuentran a ti. A mi me llegaron los textos del terremoto. Estaba haciendo el doctorado en la facultad de periodismo y me llegaron los diferentes textos de cómo se habían tratado todo el tema del terremoto, el llamado terremoto de Lisboa tan terrible como este ultimo que ha azotado Chile y que incluyó un tsunami. Cádiz quedó destruido. Estos textos del terremoto me sorprendieron por que la información oficial que era la gaceta de Madrid sacó una pequeña noticia en la que ponía que había habido un terrible terremoto pero por fortuna los reyes no habían sufrido ningún daño. Me sorprendió lo que significaba la vida humana en la época. Lo que más me gustó fueron las informaciones que no fueron oficiales. Las relaciones de sucesos que se redactaron en imprentas que los ciegos aprendían de memoria para recitarlas en la calle, y de todas esa relaciones de sucesos la que más me gustó fue la que salió de la imprenta de la viuda de Haro, que era una imprenta que existió de verdad en la ciudad y que había sido redactada en verso, en octavas reales y que se hizo tan famosa que la gente la llevaba encima como una especie de talismán para que no le volviera a suceder nada parecido. Seguí indagando y resulta que la imprenta existió, que la dirigió esta mujer, la viuda de Haro durante años y a partir de allí casi lo tenía rodado.

2. ¿Y cómo te encontraste con el ajedrez?

Vivo rodeada de gente que juega al ajedrez. Yo juego fatal para ser sinceros. Yo muevo las piezas pero carezco de estrategia. Al vivir rodeada de gente que juega uno se ve imbuida en eso. Como tenía que escribir de la totalidad de la Sevilla cristiana tenía que comenzar con la llegada de Alfonso X con su padre para conquistar las tierras de Sevilla. Estuvieron dos años asediando la ciudad y en ese tiempo, seguro que utilizaron un poco la estrategia del ajedrez. Alfonso x era un gran jugador e incluso tiene un tratado sobre el tema que está en el Escorial. Me pareció muy evocador plantear toda la invasión de la ciudad como una partida de ajedrez. Los propios musulmanes tenían la torre del oro y protegían la otra que era la giralda todo era muy ajedrecístico. Caballeros reyes reinas, me pareció muy evocador.

3. ¿Es esta una novela histórica o una historia de amor ambientada en una época histórica concreta?

Creo que es histórica dado que está narrada a mediados del siglo XVIII pero también podría ser una novela de aventuras, o una novela negra o una novela de amor porque tiene todos esos ingredientes mezclados y además creo que en mi carrera he dado un paso adelante ya que nunca había mezclado tantos géneros y tampoco había trabajado con tantos personajes, una novela coral con muchísima gente interactuando. Me importaba mucho que cada personaje fuese muy único. Por ejemplo Cristóbal y Cristo, me preocupaba mucho que no se parecieran a pesar de ser los dos malos y familia (padre e hijo) y no quería que se parecieran. Cada uno ha supuesto un pulso narrativo al igual que la mezcla de los géneros.

4. En la novela notamos cierto humor. Hay un par de escenas sobre todo en las que es imposible no reírse un cuando Julia encomienda ropa interior con encajes para León un tipo duro o cuando mamita lula intenta sumergirse en el río con su inmenso trasero…Sorprende que en medio de algo tan noble y serio como el ajedrez y la historia tan intrigante surjan estas chispas de humor.

“Me alegra que me hagas estas esta pregunta” (risas) sois los primeros en decirme esto y de verdad me alegra. Me considero una escritora con mucho humor escribiendo, con mucha ironía. Incluso las cosas más dramáticas de la novela tiene un deje humorístico que no te permiten caer en la desesperación y me gusta que sea así: que las cosas más terribles que se puedan contar no te dejen con una congoja en el estómago. Soy mu optimista y creo que eso se refleja en lo que escribo. Me gustan esos guiños que también creo que son muy cotidianos.

5. Uno de los mensajes positivos de esta novela es la relación tan estrecha entre la esclava negra mamita lula y Julia. Todos somos iguales a pesar de haber esclavos y venta de esclavos en aquella época.

Había una cosa que me interesaba mucho enfocar en la novela: el amor. Pero no solo el amor apasionado, sino también otros tipos de amor y me interesaban esos amores terribles que terminan convirtiéndose en odio como el de Cristóbal o el de Cristo. Amores que se heredan odios que se heredan, ese amor mal entendido que termina convirtiéndose en odio. Y también esos amores que se dan porque sí porque se quiere a alguien porque sí y ya está. No tienen la misma sangre, no hay razón para quererse nada más que quererse y me gustaba mucho por esos la relación entre ellas dos por que hay momentos incluso que doña julia a trata mal y aun así se quieren. Me apetecía mucho reflejar los diferentes tipos de amor que se pueden sentir y sobre todo, el amor que se le tiene a alguien a quien no tiene sentido querer, a la que no deberías querer de esa manera. Llega un punto en que julia la llega querer más que a su madre o a gente de su propia familia.
En la Sevilla de la época había esclavos negros. Me sorprendió mucho cuando empecé a documentarme que ahora no hay descendientes de esa gente. Leyendo sobre el tema descubrí que la relación que ellas tienen tan familiar si que se daba. Muchas de las cosas que le he puesto a mamita lula pasaban realmente. No había cementerios para esta gente pero como les consideraban de la familia eran enterrados en el panteón familiar. La esclavitud aquella no tuvo que ver nada con la idea que tenemos del esclavo negro en América.

6. En una de las citas sobre el ajedrez que pones en la novela, al principio del capítulo tal dice que los buenos jugadores tienen buena suerte. Siendo que tú impartes talleres de escritura creativa nos surge la pregunta: ¿los buenos escritores tienen buena suerte?

Mucha. Yo he tenido mucha suerte en el mundo de la literatura. Lo primero que escribí que fue un libro de relatos surgió casi por casualidad. En la facultad de Periodismo nos juntábamos un grupo de compañeros que escribíamos y me propusieron editarlos en una tirada muy corta. Lo siguiente que escribí fue una novela. La presenté al premio ateneo joven de Sevilla y la presenté porque decían que aunque no ganaras te la podían publicar y gané. Eso me colocó en el camino. La dotación del premio te permite plantearte la nueva novela con tranquilidad. La siguiente editada por Random House y a partir de allí… sí yo he tenido mucha suerte en el mundo de la literatura cosa que no me pasó con el mundo del periodismo.

7. ¿Cómo fue el proceso de documentación?

El proceso de documentación de la novela es muy divertido. Leí muchos libros de la época y muchas cosas que fueron para mí muy sorprendentes, por ejemplo la historia de los esclavos. Saber que en el siglo XVIII se vendían personas por las calles parece increíble. Conocer dónde se enterraba a la gente, el mundo de la imprenta y lo importante que era… En el Rectorado de la ciudad de Sevilla hay muchos documentos de la imprenta de la época. Lo que más me entusiasmó fueron las cosas que descubrí sobre las costumbres de aquellos días que son cosas que aparecen en un solo párrafo de la novela pero son las que realmente le dan la vida a la novela para que al lector no se le caiga de las manos.

8. ¿Es Al-Ándalus un mito o una idea histórica que nos queremos imponer para aprender una paz que necesitamos entre oriente y occidente?

Yo pasé muchos años trabajando con un musulmán. Fácilmente, cuando no conoces a nadie de la otra religión, tiendes a pensar que es muy diferente a ti. Cuando empiezas a conocer a gente de la otra religión o de otra cultura o de otro color de piel te das cuenta que no somos tan distintos. Les mueven las mismas pasiones, les suelen doler las mismas cosas, nos enamoramos igual, lloramos igual y por lo mismo y nuestro concepto del bien y del mal es el mismo, incluso la filosofía religiosa es parecida, el problema es la interpretación que le damos a las cosas.
Creo que sí, que hubo un determinado momento en que esta tierra era de tres religiones y que se convivía bien pero hubo un momento también en que eso terminó, también hubo un momento en que borramos de la historia todo eso. Cuando yo estudiaba Historia había muy poca información de la época en la que España fue durante más tiempo musulmana que cristiana, al igual que hay muy poca información sobre otras cosas. Lo que no nos interesa lo borramos de los libros de Historia y ya está.

9. Da la sensación de que tus personajes, todos ellos, se mueven de una manera elegantemente estratégica, casi como fichas del ajedrez.

Todo estaba planteado como una partida de ajedrez. De hecho la novela está dividida en tres partes: apertura, medio juego y el final. Cada uno tiene su visión. Es más el personaje femenino, Doña Julia, es como la reina en el ajedrez, muy fuerte, tiene todos los movimientos como en el juego. Creo que las tres mujeres que aparecen en las tres generaciones, más Candela y Mamita Lula, son mujeres muy fuertes. Incluso los propios peones que en ajedrez parecen ser muy débiles tienen aquí mucha fuerza.

10. De todos los personajes el que más pena nos da es Cristóbal, ese hombre enamorado de doña Julia pero que no es correspondido…

Es digno de lástima, no es nada feliz. Comentaba con un amigo, al que este personaje le cae mal y decía que no se puede ser como él, que si a uno no le quieren no debería insistir, está allí, sigue y sigue hasta el final siendo infeliz y es verdad que al final da lástima justo lo contrario de su hijo, que hereda su odio pero no llega a darte pena.

11. ¿Cómo ves el panorama literario español?

Soy muy optimista en todo y demasiado optimista con la literatura. Bien está que podría haber más gente leyendo pero también es cierto que se abren muchas librerías y por algo será. Creo que la gente lee más que antes y que le gusta leer. Los niños leen más. De hecho en Sevilla tenemos un proyecto para fomentar la literatura entre jóvenes. Yo soy una persona esperanzada con la lectura. Nunca se habían editado tantos libros como hasta ahora y no es por lirismo es un negocio y si se edita es porque se vende. Nadie pierde dinero haciendo estas cosas. Alguien me decía el otro día que es posible que se vendan muchos libros pero luego no se leen, no lo sé. Pero la verdad es que nunca ha habido un momento tan álgido para la literatura…

12. Y para los talleres literarios…

Sí. Hay muchísima gente interesada en aprender a escribir. Mucha gente quiere llevar bien su diario o conectar bien sus ideas pero es verdad, muchos quieren aprender a escribir. Creo que escribir es una especie de derivación de leer. Un escritor siempre ha sido un gran lector. Ha leído mucho y ha llegado a un punto en el que quiere contar su propia historia. Yo recuerdo cuando pasé de leer a leer y verle la trama al escritor, a ver como lo narraba. Hay un punto que uno pasa de disfrutar simplemente con lo que te ofrecen a empezar a preguntarte como lo ha hecho.

El elefante de marfil (Reseña)

Nos encontramos en la Sevilla del siglo XVIII. Un terremoto, sacude la región causando grandes estragos. Una mujer Julia, y su esclava negra sobreviven al terremoto. Un extraño hombre entra en la vida de doña Julia cambiando el curso normal de la vida de esta viuda y dueña de una imprenta. El hombre busca un secreto: las claves de una ancestral y extraña partida de ajedrez pactada entre musulmanes y cristianos.
Elena Riesco, bilbaína de nacimiento, vallisoletana por arraigo y sevillana por pasión, nos trae una extraordinaria novela de amor, una intrigante aventura, una excelente y bien documentada novela histórica y una hilarante, muchas veces, historia de una saga familiar. Novela coral esta donde la escritora traza perfectamente a sus personajes, donde las voces de daca uno son perfectamente asumibles y nada reiterativas, deja para la posteridad un personaje tan rotundo como Doña Julia o el de la queridísima Mamita Lula: una novela que debe dar que hablar y que es una vuelta de tuerca en la narrativa de esta excelente novelista.
La precisión de detalles del paisaje andaluz y la combinación justa de la acción de los personajes ofrece atmósferas que al final del libro se echarán de menos. Porque esta obra acompaña, mima el intelecto y lo reta, toca sensibilidades y deja una honda huella al final de su lectura, un eco de palabras y posibilidades reflexivas que no nos dejarán indiferentes.
Tres generaciones de una misma familia van detrás del mismo secreto: el cumplimiento de un viejo compromiso entere un rey musulmán y un rey cristiano, a saber, la celebración de una vieja partida de ajedrez. Para los amantes del juego, esta es una novela que, sin abusar del mismo, dejará en los que conocen bien el ajedrez un muy buen sabor de boca.
Muchas son las perspectivas para abordar esta novela, la nuestra es la de las historias de amor. Amor pasional, amor filial, amor al trabajo, a las letras, a la vida. Las historias de amor se van sucediendo, a veces con final feliz otras no, dejan un poso agridulce, a decisión tomada, a riesgo asumido como si de un gran tablero de ajedrez se tratara.
Elena Riesco ha dado una vez más en el clavo y se ha superado como narradora combinando su coro de personajes con géneros distintos y dispares todos puestos al servicio de una historia intensa desde el principio a fin.
Una sustanciosa y rica nota de la autora nos da las últimas pinceladas sobre Sevilla, el terremoto, las imprentas y el ajedrez entre otras cosas. Nos deja ver el revés de la trama, nos muestra un poco la cocina para sorprendernos aun más con su tan precisa y preciosa construcción de esta gran historia.
Para los que no han leído a Nerea Riesco “El elefante de marfil” (Grijalbo, 2010) es una excelente plataforma para saltar luego a la brillante “Ars mágica” y a “El país de las mariposas”. Es el momento perfecto para encontrase con una escritora de alto nivel que confirma con esta novela que dará mucho más de qué hablar en el futuro.