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15 septiembre, 2023

Omar Fonollosa: "Los niños no ven féretros"

El tiempo es solo una sensación, a penas un picor en el brazo bronceado de la juventud en pleno verano, cuando los días se alargan eternos. Parece entonces una provocación que alguien tan rabiosamente joven mire hacia atrás con una sabiduría súbita, como si se tratara de un caer en la cuenta antes de tiempo, pero con un fondo de ritmo, imagen y precisión verbal que da cuenta del poso de lecturas que han impactado su mirada.

Omar Fonollosa (Zaragoza, 2000), da cuenta de la marcha del tiempo y levanta un inventario de lo que ahora es memoria, nostalgia y sustento. Los niños no ven féretros, Premio de Poesía Hiperión 2022, me llamó la atención por una mezcla de elementos extraliterarios: el nombre de su autor (Omar) y la palabra «féretro», que trajo a mi mente una imagen de la infancia: el féretro del General Omar Torrijos. ¿Los niños no ven féretros? Tenía ocho años, lo vi, y me intrigó la belleza del título de un libro que ha resultado iluminador, lleno de hallazgos y desafíos al tiempo y a la vida. Seguir leyendo aquí.

Reseña publicada en el diario La Prensa, viernes 15 de septiembre de 2023.

11 agosto, 2023

Gorka Lasa: “Algunos de nosotros, para siempre”

La poesía de Gorka Lasa (Panamá, 1972), crece con fuerza como el liquen sobre la roca marina, en silencio, con fuerza acuciosa, pretendiendo con rigor, oficio y pericia lectora, la perennidad que requiere la poesía de altura, que no es otra que la que permanece adherida al alma una vez leída. Su nuevo libro, Algunos de nosotros, para siempre, tiene esa virtud del liquen, se adhiere, se queda, se va haciendo con nuestra conciencia, envolviéndonos en una experiencia lírica que va más allá de la belleza de las imágenes.

El escenario es de piedra, con soles que se arremolinan apagándose y encendiéndose, bosques deshojados que reverdecen al evocarse; «dios», con mayúscula o minúscula se hace presente, o se ausenta, y es también un laberinto que el poeta no teme volver a transitar con el lector, hecho de sus mismas dudas. Gorka Lasa, desde la voz rojiza de sus versos, sugiere con fiera sutileza caminos que nos lleven a la memoria, a su recuperación, a una suerte de vuelta a la esperanza de ser, porque, como revela el epílogo de este brillante libro, hay una herida que es origen y motivo. Seguir leyendo la reseña aquí.

Reseña publicada en el diario La Prensa, viernes 11 de agosto de 2023.

03 marzo, 2023

Antonio Machado: Poesía completa

Leer a Antonio Machado es siempre una alegría, es como un regreso. Poeta de los más valorados y queridos en español, su obra sigue llevándonos por parajes poéticos que suscitan, casi como la primera vez, reacciones estéticas y vitales muy poderosas, manteniéndolo sobre nuestra mirada y oficio poético como una suerte de canto tutelar en la retina de miles de lectores a lo largo y ancho del territorio de nuestra lengua.

Para propiciar ese regreso feliz, la editorial DeBolsillo publica Poesía completa, bajo la atenta mirada de Víctor Fernández (Barcelona, 1975), que ya nos ha dejado brillantes ediciones de otros clásicos como Bodas de sangre o Romancero gitano, y que con este nuevo trabajo nos ofrece la posibilidad de revisitar a Machado, aportando variantes e inéditos de la obra del autor de Campos de Castilla y Juan de Mairena.   Seguir leyendo la reseña aquí.

Reseña publicada en el diario La Prensa, el viernes 23 de febrero de 2023.

27 enero, 2023

Manuel Orestes Nieto: Altamar

Desde De una angostura geográfica está hecha nuestra patria a Poco a poco/ sin quererlo/ sin hilvanar propuestas/ quehaceres/ ausencias/nació esto de decir/ palabras al hombre/ de la calle, hay cincuenta años de poesía. Los primeros versos son de “Borde de mar” (2013) y los segundos de “Poemas al hombre de la calle” (1968), según leemos en los volúmenes de “Altamar”, dos tomos donde Manuel Orestes Nieto (Panamá, 1951) ha consignado toda su producción poética hasta 2019. Entre la patria y el hombre orbitan los motivos de la obra del que es uno de nuestros más importantes poetas vivos.

La poesía de Orestes Nieto es mucho más que la patria. Es también la patria (y que a nadie le nuble la mirada estética los versos tricolor, ni las ideologías ni filiaciones extraliterarias), pero es también el hombre, la naturaleza y muchas veces el oficio de poeta. Advierte en “Poeta de utilidad pública” (1985) que La poesía te escoge, no la escoges y Acosar la turbiedad de tus días, es su oficio, efectuando ya un magisterio que coloca a los nuevos escritores ante los grandes desafíos del oficio: la llamada y la voracidad de la poesía, dispuesta a sacudir al poeta para hacer que suenen los versos que su turbiedad, sus fantasmas, esconden. Seguir leyendo la reseña aquí.

Reseña publicada en el diario La Prensa, viernes 27 de enero de 2023.

04 octubre, 2022

Palabras

Ilustración de Fernando Vicente

El verso, aquella cicatriz leída en el poema, llega un día que se concreta, y sentimos una mano sobre el hombro de nuestra emoción que nos despierta de nuestra inopia: la palabra se ha convertido en compañera cotidiana, en la Realidad y el Deseo, y el verso feliz de Cernuda se materializa en todas sus dimensiones cifrando el sentimiento: “tú justificas mi existencia”.

Qué extrañeza las palabras, su perfil de aire, sus miserias y grandezas, su decidida capacidad de tañer el alma y la emoción humana, del lector, del que escucha con atenta devoción o distraída tristeza sus mensajes. Materia de arte, barro para trabajar la belleza, desde el principio fue ella, dice Juan, luego se encarnó, cuenta el evangelista más adelante; lenguaje divino, tentadora ficción y casi mentira en otros labios, las palabras siempre serán el todo o la nada intrascendente.

Cuando por fin la palabra se hace carne y habita en nosotros, el mundo es muy otro, es una más alta vida, una actitud azul; las palabras, arrinconadas por los escritores, sometidas las emociones que esconden, ordenadas por la belleza instintiva que pretenden, forman esa sima llamada Literatura. Porque todo camino hacia la emoción humana se transita por las palabras hacia lo profundo, hacia el abismo.

Oficio extraño el de escritor, siempre cuesta arriba con las palabras, juntándolas, para rodar cuesta abajo derrotados. Nada tan Sísifo, tan condena, como el buscar escribir aquel verso preciso, aquella imagen nítida, capturar esa emoción que se convierta en una mano que toque el hombro del lector y lo despierte, porque escribir, si no es para despertar, no es más que necedad arrogante.

Y sí, del silencio a la palabra, otro verso feliz, el escritor viene, camina por el laberinto perdiendo a conciencia el hilo, entendiendo que estar perdido es estar, y que hallarse no es más que una ilusión de palabras que nos augura volver a caer como Sísifo para poder seguir escribiendo el abismo.

Leer el artículo en La Prensa, aquí.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 4 de octubre de 2022.

05 mayo, 2022

Mónica Miguel Franco: Ferox Lux Luz Feroz

Mónica Miguel Franco (León, España, 1971) ha ido construyendo una voz poética muy sólida. Desde “De la piel del Diablo” (2012), de una turbiedad luminosa, construido con sutilezas poéticas muy bien armadas, y siguiendo con “20 poemas de desamor y una canción alcoholizada” (2014), donde al dolor del amor la poeta no cede un ápice de su coherencia literaria, desemboca en este tercer poemario, “Ferox Lux Luz Feroz” (2021), en el que la autora transita el paso del tiempo, el cuerpo como expresión lírica de lo sensual, y la búsqueda de imágenes que sobrecojan al lector y le sacudan la tranquilidad.

El universo literario de la autora se puede rastrear siguiendo sus columnas (“Aullido de Loba”), o su programa de radio “El Aquelarre”, y también en sus talleres literarios, que ponen de manifiesto siempre una sólida cultura clásica, universal, contemporánea y panameña. Su mirada híbrida, entre Panamá y España, la convierte en una muy sugerente y autorizada voz para analizar nuestra circunstancia, y la dota a la vez, de una riqueza lírica que le permite crear imágenes poéticas que dialogan entre sí con un ritmo muy particular. Seguir leyendo aquí.

Reseña publicada en el diario La Prensa el viernes 14 de enero de 2022

08 octubre, 2021

Jhavier Romero: "La brújula de invierno"

Ariel Barría, recordaba con cariño la tarde en que Jhavier Romero (La Chorrera, Panamá, 1983), llegó al círculo de lectura de Ricardo Ríos Torres, en Exedra Books, con una rosa. En la dedicatoria de su poemario “La brújula de invierno”, Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró 2017 (publicado ahora en Costa Rica por Fruit Salad Shake editorial), la rosa tiene nombre de mujer, nombre que, como descubrimos en el viaje que nos propone el poeta, lo acompaña en el camino, y es objeto y cómplice de estos versos: Alessandra Monterrey Santiago.

Seguir leyendo el artículo aquí.

Reseña publicada en el diario La Prensa, viernes 8 de octubre de 2021.

05 diciembre, 2012

Rapsodia (Reseña).

La poesía de Pere Gimferrer (Barcelona, 1945) es un arrebato estético que requiere más de una lectura. Es un rapto de imágenes, un paseo en coche por la vida viendo a ráfagas la realidad ir precipitándose sobre uno.
"Rapsodia" (Seix Barral, 2011) como se indica en la definición del diccionario Oxford en inglés es un surte de arrebatado, de cantico extravagante y entusiasta que en el caso de Gimferrer es una reflexión de la edad tardía que ve con satisfacción lo vivido y se goza de ello, de allí la vitalidad tan a flor de piel que desfila por las dieciséis secciones en las que se divide este poema unitario y único.
Gimferrer es un escritor inmensamente culto. Cinéfilo, melómano, apasionado del arte. Todo ello en el vientre poético del poeta es un parto de imágenes y símbolos que orquestan una fiesta para los sentidos estéticos, que recuerda que toda sensación vivida, es materia poética, es elemento fundacional para levantar el edificio del poema.
Construido en seis días y pulido durante meses “Rapsodia” es también una muestra de que es el ejercicio de la reescritura es donde de verdad las grandes obras se gestan. Reescribiendo, puliendo lo escrito nos encontramos a nosotros mismos y hacemos de lo creado una verdadera obra de arte.
La libertad del poeta en el universo de su poema es total. Pero este hecho no es óbice para que el autor se pierda en necedades literaria, en un puro exhibicionismo  divorciado como siempre de toda estética, no es enseñar músculos en una playa. Gimferrer medita la belleza,  marida las palabras una a una con mimo desquiciante. De allí al ritmo, a la cadencia a las imágenes bien montadas como en una película de Mizoguchi o de Dreyer.
Indaga el poemario en la creación literaria, en la vida del poema, en el tiempo o los tiempos trascurridos y sus su virtud de hacerse verso, del amor a una mujer que persiste con insistencia de las estaciones, en estar junto al poeta.
Prueben a leer en voz alta este poemario, escuchen esta amalgama de palabras saliendo de vuestras gargantas como un torrente de sol, bramando belleza desde los pulmones hasta vibrar en el aire. Dos cosas se consiguen con esta sencilla experiencia, el sentido rítmico de la puntuación y respiración y la belleza y disfrute da la pronunciación de las palabras en sí mismo. La cercanía del texto a lo que es absolutamente bello se experimenta con esta interacción física con las palabras. Aquí es cuando se nota más el trabajo de reescritura y elección de las palabras. Como fetichista literario, poder asomarme al manuscrito corregido y vuelto a corregir, sería una de esas experiencias cruciales de disfrute y aprendizaje.
Texto versátil, amplio para multitud de lecturas y relecturas, la vuelta Gimferrer y su “Rapsodia” evidencian el magnífico estado de forma del poeta. Alguien como Octavio Paz dijo de sus poemas que “se encuentran entre los mejores que se escriben en España y América” y eso, dicho por el mexicano, no es poca cosa.

19 marzo, 2011

Las viejas traiciones (Reseña)

Imaginaos en una escena de acción en la cual se os apunta a la cara con una Mágnum 45 y el que empuña el arma, sin ser Harry “El sucio”, os lanza un discurso típico de estas escenas, lleno de razones y motivos por los cuales estamos de esa guisa. Al final nos lanza la frase, que si es de Harry “El sucio”: “Alégrame el día”. Y nosotros callados.
Quien es encañonado es el lector y quien empuña el arma poética cargada es Armando Rivero (San Andrés, 1975) que en su poemario “Las viejas traiciones” (Baile del Sol, 2009), desgrana su discurso rotundo y hermoso, lleno de imágenes densas y directas que paralizan cualquier tentativa de cerrar el libro.
Es un torrente de escenas y sensaciones que nos confirman que este poeta está en plena efervescencia de su creatividad, que guarda en su haber poético mucho que decir todavía y al que haremos bien en rastrear en sus anteriores libros.
Los poemas de “Las viejas traiciones” no dan tregua alguna al que lee, están hechos de noche y de tristezas, de rabia y de pasión. Llenan los ojos de rotundidad y alcohol, de canallas y traidores, de amores insoportables y soportados como si estuviéramos dentro de una canción de Joaquín Sabina.
En la página 72 leemos un poema al que precede e introduce una frase de Greta Garbo (las frases de actrices son una constante del libro) y que alude a las traiciones del título. Al final del poema dice: “¡Me devolverá eso lo suficiente para un billete de vuelta al páramo!/sólo lo digo, para comenzar de nuevo, /afilando más los colmillos, /perfilando más el tiro/y evitar así a los salteadores”. Muestra de que esas viejas traiciones tan al día no deben dejarnos postrados, no deben detenernos nunca.
En el fondo, leyendo este excelente poemario, tenemos la sensación de que, de una u otra forma, tanto el poeta como sus lectores, entienden que la vida, trae implícita sus traiciones, pero este conocimiento no nos priva del dolor de esas traiciones que se renuevan a diario.
Mención aparte merece la fotografía que practica Armando Rivero. Comparte con su poesía la capacidad de captar la imagen y titularla, robándole al tiempo y a la vida un verso de carne y hueso, instantes únicos que dejan en la retina un rayo de belleza. La más elocuente es “Los planes de Dios” captada en Las Ramblas de Barcelona, en donde se ve a un hombre mayor sentado en el suelo en primer plano. Pide al parecer. Al fondo la gente va y viene.
Me quedo con el poema de la página 43 tengo la sensación… Os invito a descubrirlo, a hacerlo rondar por los pasillos del alma. Un texto que desierta un cosquilleo en la boca del estómago porque parece que de súbito el suelo que pisamos nos será quitado a traición.
Un poemario excelente, rico y enriquecedor, para los amantes de la contundencia lírica y de los compromisos con la realidad. Para los amantes de la noche y para los esperanzados a pesar de las traiciones viejas o nuevas. Alégrenme el día.

05 febrero, 2011

Narración de la llovizna (Reseña)

Un paseo otoñal bajo una suave llovizna, así es el poemario de Antonio Orihuela (Moguer, 1965) “Narración de la llovizna” (Ediciones Baile del Sol, 2009), una poesía que cala en lo profundo del alma y decimos “calar” porque en este tránsito sin paraguas de la “Lluvia” hasta “La muerte” pasando por “La púrpura”, se nos va tejiendo en las entrañas una profunda levedad de la existencia, un cansancio reflexivo que evoca el viaje que estamos llevando a cabo mientras vivimos.
Distribuidos en tres partes (Lluvia, La púrpura y La muerte) Orihuela construye un universo que por otoñal y maduro no necesariamente presagia un inminente final. Palpitan en ellos la memoria y la nostalgia, la alegría y la esperanza en una sucesión de imágenes de gran calado estético que alcanzan momentos de intenso lirismo.
Hay en esta poesía una sólida construcción sobre la brevedad lo que dota de contundencia el texto que son disparos, “chuzos de punta” que se precipitan sobre el lector que persigue en esta narración tormentosa al poeta que se lee y se redacta ante nuestros ojos convirtiéndose por momentos en nuestro alter ego, sorprendiéndonos en cada esquina de sus poemas con unas instantáneas que tienen la familiaridad de los déjà vu.
Abruma el poema brevísimo sobre la página en blanco, que se convierte en desafío, como una mirada que se sostiene para que se le mire bien, como una invitación a concentrarnos para ser absorbidos por una súbita densidad que nos lleva a cerrar el libro y a pensar. Una muestra es el poema de la página 27: “Vienes de lejos, /lenta astilla que quedaste/atravesada en mi pecho”. Una rotunda imagen del leve picoteo que las circunstancias hacen en la piel de la vida y como esa herida nos acompaña
De las tres partes quiero destacar un poema. En lluvia destaca Las palabras… un canto a las palabras como elemento transformador de la realidad y de la vida. En la purpura este: callas,/ pero no hay paz/ en el silencio”, imagen de los conflictos que el silencio sólo subraya, los enconamientos que se roen callando. De “La muerte”, mi favorito, “Un país a nuestro dolor”, un canto a los que nos sentimos poco a poco extraños en nuestra propia tierra, una constatación de una muerte paulatina que tiene su única resurrección en el recuerdo. Es un poema directo al alma.
Un poemario cargado de limpieza, formal y estética, una apuesta por la vida y su conjuro de fantasmas y tristeza eso es narración de la llovizna que nos invita a buscar más de la poesía de Antonio Orihuela y su trabajo no sólo literario sino también ensayístico. Un poeta que apuesta por una poesía de altura y por otros poetas que están llevando a cabo una labor estética que merece ser apreciada. Sin duda los amantes de la buena poesía tendrán en este libro un encuentro con la poesía con letras mayúsculas, con un refrescante paseo bajo la llovizna.
PD: La foto de la entrevista es de Juan Sánchez Amorós.

Por los Senderos con... Antonio Orihuela.


Conversamos con Antonio Orihuela una de las voces poéticas que tienen mucho que decir dentro de la poesía española contemporánea. Trabaja ahora en un ensayo que veraá la luz muy pronto y es un entusiasta de las letras, la cultura y claro está, la poesía con mayúscula.



1. Rotundidad de lo breve. Así defino yo este poemario tuyo ¿Cómo has llegado a este tan difícil equilibro entre imagen, ritmo y palabras?

Pues no sabría bien qué decirte… pero espero que todo lo que escribo surja de esa síntesis. Me alegra saber que en este libro, a tu juicio, eso está conseguido. Saber que la editorial Baile del Sol vuelve a apostar por él, sacando una segunda edición, lo que ya es difícil en un libro de poesía, me pone tras la pista de que algo bueno han debido ver en él los lectores.

2. Tengo mi teoría aparte de la cita de José Mª Parreño pero ¿puedes explicarnos el título del poemario?

El título hace referencia a la lluvia como hecho poético, como realidad y como metáfora del pasado, que tal vez sea su parte más fértil, en él la lluvia se vuelve trasunto de un refrescar la memoria, de un limpiar con ella los muchos errores, sanar desde ella las heridas, los cortes, los trazos de la pasión, y festejar bajo ella la vida.


3. ¿Es este un poemario otoñal en la vida del poeta o todavía te quedan primaveras?

Biológicamente estoy, desde luego, comenzando el otoño de mi vida, y desde esa certeza trataré por todos los medios de prolongar la primavera que yo entiendo como un continuar abierto al asombro, a la ilusión y a las ganas de seguir trabajando en lo que creo.

4. Según el poema de la página 93 ¿es el dolor un mejor hilo para volver a la memoria o la alegría también es un hilo válido?

El dolor es un hilo delicado, desde luego, tienes que tener cuidado con él, mantenerlo tenso y saber que está ahí, siempre al acecho… el poemario con estas prácticas intenta conjurarlo, sanarlo y en la medida de lo posible, darlo por cerrado, transformarlo en un dolor que ya no duela.
Escribir sobre la alegría es lo más difícil del mundo, yo creo que a lo más que me he acercado es a escribir sobre un alegre dolor.

5. ¿Cuándo nació Narración de la llovizna como libro y que criterio seguiste para ir sumándole poemas?

Narración de la llovizna” se venía gestando desde el año dos mil y en el dos mil tres decidí darlo por cerrado, lo envié a una entonces desconocida y juvenil editorial canaria que había conocido en los EDITA, los encuentros de editores y escritores de Punta Umbría (Huelva) que lleva organizando Uberto Stabile desde hace más de quince años, y poco después lo publicaron ellos. El criterio que seguí para elaborar el libro fue ir desgajando, de lo que entonces estaba escribiendo, aquellos poemas que veía que no encajaban en otro libro en el que andaba: “La ciudad de las croquetas congeladas”, que también publicó Baile del Sol unos años después. Digamos que la dimensión pública de “La ciudad de las croquetas congeladas” contrastaba con los textos que finalmente engrosaron “Narración de la llovizna”, donde lo íntimo adquiría una potencia autónoma difícil conciliar más que consigo misma. A pesar de esto, continúo defendiendo que también lo privado, lo íntimo y lo personal es político, pero tenía claro que el ritmo y el tono estaban agrupando mi producción de esos años en dos libros distintos.

6. La cita de Manolo el conductor del autobús me llevó directo a “Los heraldos negros” de Vallejo, “hay golpes en la vida…” ¿qué opinas?

En efecto, eres el primero que percibe esta relación. Como poeta estoy siempre especialmente atento a lo que la voz del pueblo se deja hablar, y en esta ocasión, fue Manolo, el señor que conducía el autobús que nos traía de vuelta a casa después de un viaje de fin de curso con los alumnos del instituto el que provocó este pequeño satori, esta iluminación que recrea para mí, y para cualquier otro lector atento, los versos de Vallejo… Manolo se refería, claro está, al alboroto que los niños iban montando en el autobús a medida que nos acercábamos a casa, ellos habían pasado uno de los ritos de tránsito más hermoso, esa excursión que suele ser la primera que uno hace de adolescente y que, a veces, significa tantas cosas: alejarse del ámbito protector de lo familiar, explorar lugares desconocidos, enamorarse tal vez por primera vez, compartir con los amigos una aventura especial, etc. También es el fin del instituto y con él de la adolescencia, y el comienzo de algo que no se sabe bien a dónde los llevará: la universidad, el trabajo, la vida adulta, en suma, de algo que empieza a asomar y con lo llegarán, como decía Manolo, “los golpes”, las revelaciones, las frustraciones, los hallazgos maravillosos… Me pareció entonces que ningún chamán podría haber dispuesto mejor a sus neófitos para asumir la entrada en la vida adulta que Manolo con ese verso suelto… El conductor del autobús de la vida nos preparaba para el porvenir, con acento andaluz cerrado, y nos dejaba el regalo de este mantra maravilloso: “Niño, tené cuidao con loh gorpe”… El resto del conjuro es un deseo, dar, darse, no esperar demasiado, alegrarse por los regalos recibidos y no preocuparse demasiado de nada porque de todos modos el viaje se terminará antes o después, tarde o temprano.

7. En la sección “La muerte” incluyes el poema Un país a nuestro dolor. ¿Es la vuelta del exilio una especie de muerte, un suerte de pérdida de algo?

Sí, en efecto, el exilio es una especie de muerte, y volver genera una extrañeza inmensa; es la desazón del desubicado, y aceptarlo así es la única manera de permanecer en ese lugar sin volverse loco, con algo de sentido del por qué está uno allí si ya no es tu lugar sino otra cosa que tampoco termina de ser distinta.

8. ¿Cómo ves el panorama poético español y latinoamericano?

Del panorama español me apena el ver cómo las mejores voces y los mejores libros son sistemáticamente ninguneados y silenciados mientras que lo que se promociona desde los medios es la mediocridad en verso y el clientelismo más rastrero. Es triste que poemarios como “La marcha de 150 millones” de Enrique Falcón, “En las tierras de Goliat” de David González, “Las aventuras de Imperio Sevilla” de Daniel Macías Díaz, “Tierrafirmista” de Eladio Orta, “Con los ojos abiertos” de Jorge Riechmann, “Campo Nublo” de Antidio Cabal, “Con el paso cambiado” de Bernardo Santos, “Tres mil días y un cuervo” de Juan Sánchez Amorós, “La línea de fuego” de Uberto Stabile o “Estrategias y métodos para la composición de rompecabezas” de José María Cumbreño, todos ellos recientemente publicados, no tengan ningún eco, cuando son diez apuestas fundamentales no solo de escritura, sino del querer vivir de otra manera.
El panorama actual de la poesía latinoamericana, sinceramente, me es bastante desconocido, apenas llevo unos años interesándome vivamente por la literatura mexicana, sobre todo la que se hace en las grandes ciudades del centro y el norte del país, que creo que, sin menospreciar lo que se esté haciendo en otros lugares, es la que he visto con más posibilidades de trascender su ámbito local y conectar con una sensibilidad poética más radical y crítica, también más moderna y arriesgada, más innovadora y fresca. Ahí hay un filón de nuevas voces y nuevas maneras de decir que me interesan vivamente. El año pasado conseguí editar una antología “21 balas” que se ha editado en España y en México a la vez, es un adelanto de lo que comento, hecha tras la lectura de obra de más de mil seiscientos poetas mexicanos. También Uberto Stabile prepara otra, magnífica, sobre poesía norteña “Del otro lado”, que recomiendo busquen en cuanto salga.

9. Recomiéndanos dos poemarios.

Ya me he pasado, acabo de recomendar diez.

10. ¿En qué trabaja ahora Antonio Orihuela?

Ahora mismo estoy corrigiendo pruebas de mi último libro, que vuelve a ser, después de casi quince años, un libro de investigación, un libro en el que he buceado por las entrañas del franquismo, sus archivos, sus aparatos represivos, judiciales y carcelarios, sus asesinatos, sus fosas o el incalculable daño psíquico que consiguió hacer en una clase obrera que no ha vuelto a levantar cabeza desde la guerra y, cómo no, por la voz dormida de la memoria personal para reconstruir con todo ello la historia de un pueblo… los que lo han examinado dicen que también se puede leer como una novela coral, no sé, tal vez, la verdad es que por sus páginas dialogan o rememoran aquel tiempo de ignominia más de quinientas personas. Espero presentarlo a finales de abril, se llamará: “Moguer, 1936”.

14 septiembre, 2009

Por los senderos con... Francisco Morales Lomas


Francisco Morales Lomas es un escritor completo. Crítico, poeta y novelista nos concede esta entrevista en diferido para hablarnos de su último poemario "La última lluvia", un texto que nos lleva de viaje por la geografía de la vida

1. ¿Cómo empezó tu relación con la literatura y la poesía?

Tendría catorce o quince años. La literatura fue el modo de encontrar un mundo comprensible. Todo me parecía absurdo, violento e hipócrita por entonces. España era un país ridículo. La literatura fue un refugio para expresar lo que públicamente (estábamos en la dictadura) no se podía hacer. Mis primeras lecturas corrieron parejas a la escritura, lecturas de cómic, Capitán Trueno, Comandos Guerreros..., luego toda la poesía, sobre todo Bécquer y antologías generales.

2. En su conjunto, el libro me comunicó la idea de un viaje en el que salimos de las “Ensenadas” para caer a los pies de los “Ídolos” al final, que no son ni más ni menos que los otros, que nosotros mismos ¿qué opinas?

La antología de toda mi poesía se tituló Tránsito como homenaje a este viaje vital que es nuestra existencia. Un tránsito es para mí un espacio lleno entre dos vacíos, un viaje limitado y brevísimo. Sí, se lee así, como dices, y el agua de Ensenadas como origen de la existencia. Una existencia que se desenvuelve díscola e irreverente. Pero, no triste; sí natural y comprensible. Lo peor no es morir, sino no creer en nada. El secreto de nuestra existencia son los sueños, por eso hay que ir construyéndolos cada día, aunque se derrumben.

3. “El Sur”, en medio del viaje, es un homenaje a tu tierra ¿Un oasis en este viaje lírico?

Quise romper con el tópico del Sur. Algo de él ha habido en los romances. Antonio Machado y también su hermano Manuel (sólo en algunas ocasiones) o Juan Ramón Jiménez lo rompieron. Mi Sur quiero que sea de raíz, profundo, que suene más elegía, más a Lorca y García Baena.

4. El planeta Marte y el sueño de conquistarlo actúa como contrapunto a nuestro planeta y a los estragos del hombre sobre él ¿tan malos seríamos si conquistáramos el planeta rojo?

Creo que caeríamos en los mismos vicios, desigualdades y antinomias. Los seres humanos son más lobos que ángeles. Siempre me gustaron las películas de ciencia-ficción desde pequeño, sobre todo por tratar de indagar qué podríamos crear en un nuevo planeta. Pero todo acababa siempre mal. Creo que los seres humanos seguiremos siendo igual de bastardos en donde estemos. Los cambios sólo se producen a muy largo plazo y, a veces, hay un paso adelante y dos atrás.

5. “Náufragos en el misterio” es mi poema favorito ¿crees que es la mejor condición del hombre y que sin ella no seríamos en tanto que deseo de saber?

El naufragio siempre ha sido una forma indirecta de búsqueda. Perderse es un misterio que siempre engendra muchas posibilidades y la vida es ese misterio en el que nos vamos perdiendo y durante ella intentamos encontrarnos, en esa desventura del viento, en esa agitación del mar, en las tormentas. Pero esa singladura (no debemos olvidarlo) siempre acaba con la mar en calma.

6. ¿Alguien que sabe tanto de poesía es capaz de disfrutar de ella sin convertirla en objeto de estudio?

Yo disfruto escribiendo poesía pero sobre todo leyendo. Ya lo decía Borges, que se consideraba más lector que escritor. Leer es ir en busca de ese misterio y todos somos capaces de crearlo en algún momento. Ahí radica uno de los grandes valores de todos los seres humanos.

7. “La última lluvia” ¿por qué el título?

Acaso la última esperanza y su reflexión. La lluvia última como la reflexión postrera, aquello a lo que tenemos necesidad de engancharnos para no perder el norte ni la travesía.

8. “Tempus horribilis Fugit” ¿es esta la mentalidad correcta para estos días de crisis? ¿Aprenderemos algo de todo ello?

Si algo aprendía de la filosofía oriental es a tratar de que las derrotas y las victorias no acaben conmigo. La templanza. Por eso en épocas de crisis conviene también olvidar la desventura de los números y acceder a la ventura de que todo cambiará a mejor. Seguramente habría que decir con Groucho Marx que, partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria. Así es, pero todo es susceptible de mejorar, incluso de empeorar para muchos millones de personas.

9. ¿Cuál es el estado de la poesía actual española?

Creo que se mantiene en un buen nivel. Probablemente sea la poesía que escriben las mujeres la que aporta más en estos momentos, aunque se escoren hacia mundos un tanto reiterativos y superfluos por persistentes. La libertad de la que goza la poesía actual es un buen síntoma.

10. ¿Qué tiene entre manos como proyecto literario Francisco Morales Lomas?

Acabo de escribir una novela, Puerta Carmona, que corrijo estos días, ambientada en los últimos años de Felipe II en Sevilla. Y como ensayo preparo un estudio sobre la infamia en Borges.

11. ¿Qué lees en estos días?

Varias cosas, la última novela de Andrés Neuman, "El viajero del siglo", y releo una obra esencial, "La región más transparente" de Carlos Fuentes.

La última lluvia (Reseña)

Un viaje por la geografía de la vida es la apasionada propuesta de Francisco Morales Lomas (Jaén, 1957) en su reciente poemario “La última lluvia” (Ediciones Carena, 2009), un libro lleno de sabiduría lírica y de un profundo dominio del oficio de poeta.
Desde las “Ensenadas” partimos en busca del otro y de nosotros. Parece el arranque del poemario ser el destino, el final, pero solo hemos comenzado y nos encontramos “Náufragos en el misterio”, el poema que más hondo me ha llegado, que tensa la realidad en la que todos nos encontramos, “siempre náufragos”, siempre en busca de una barca en la cual partir hacia la búsqueda del otro.
Pasamos por el “Destino” pero aun no hemos llegado. Apenas se enuncia, se dimensiona. Tal vez sea la memoria el destino último, los recuerdos, la contemplación de ellos, los hospitales, las tristezas y el frío, “que son el andén en el que nos vamos/ alejando un poco más de todo lo querido”. Porque en esa memoria insistente, en esa visión pausada de lo que fuimos, está lo que alimenta la necesaria empatía que nos convierte en mejores, que nos hace tener al otro como hermano y amigo, porque todos hemos estado en ese andén, porque la tristeza y los hospitales y las pérdidas nos son comunes a todos.
De allí caminamos con el poeta hacia la certeza de que los malos tiempos son fugaces, “Tempus horribilis Fugit” lo que no deja de ser una invitación a la vida, a la creencia resuelta que después del otoño y del invierno, con su tristeza de arboles desnudos, viene una primavera que tiene la perfección única en su vuelta cíclica e inexorable, que comunica que la vida y la búsqueda del otro sigue y que no debemos jamás abandonarla. La primavera y su fin, que en lógica debe dar paso al verano, es en este punto sólo figura de la muerte, de la vida que se precipita a un invierno terrible. Aquí la primavera es símbolo, metáfora. “La consistencia de la noche” y su canto de recuerdo da paso a “Razones del mundo” (“siempre insólito”) y nos pone delante del nuevo comienzo “Una mujer y un hombre” vuelven a amarse a pesar de todo “para que las heridas del mundo no los ahoguen”, esperanza. Entonces se suceden dos poemas “Crearnos hasta la vida” que preludia un arranque nuevo, “comenzar desde lo imprevisto”. Luego “Luz” (“alienta en el dulce huerto/la esperanza del vuelo”) que pone en nuestras manos, en este viaje, el arcano, la herramienta, para salir del invierno en el que nos encontramos en esta búsqueda de los otros y de nosotros mismos. Cierra este pasaje el hermoso “Tempus horribilis Fugit”, “Cabe el invierno entero en un soneto” y la esperanza de mejores días brota como “el esplendor del cielo en las alturas”, va a amanecer, viene la luz y las ventanas abiertas.
En medio del camino, del viaje, Francisco Morales Lomas nos abre “El sur” como ciudad de paso y de posibles, de verdes esperanzas y de descarnadas certezas. Aparece el Sur como “…el río en el centro, abriendo el mundo/ con su lluvia de resplandores”. Un Sur evocado con sus sombras y sus luces, con sus olores y caminos de agua, con sus vencedores y con su sol que nos alienta para seguir el tránsito propuesto por el poeta.
Llegamos a “Descubrimientos”, claro, y al propósito del viaje y a su esencia fundamental. Nos preguntamos “¿Qué hay en el fondo de las cosas?” y descubrimos su poder sobre nosotros. Aquí llegamos al alma, tocamos humanidad, la propia y la de los otros. Miramos a Marte y a su conquista (“Y ahora quieran que Marte sea un sueño”) que sirve al poeta para advertirnos que hasta allí solo llevaremos lo peor de nosotros, que será otro escenario pero con el mismo ser humano, con sus terribles consecuencias, el protagonista de otra historia de terror: “más que hombres seremos una nueva raza”, nos dice el poeta y aquí se suscita la comprensión de que hemos de resolvernos entre nosotros aquí y ahora antes de mirar más allá de la luna. La guerra también se hace presente (“Ya llegó el amigo americano”) y descubrimos una voz crítica con una manera de pensar y de hacer que nos llevó a un fracaso de proporciones planetarias.
Llegamos a “Las orillas”, poemas dedicados a todos los que en estos momentos se sienten apátridas y perseguidos. Son poemas desde los que se otea un horizonte de esperanzas. “el negro ocupaba su pasado, /ya definitivamente muerto”. (“Apareció la barca como un nadador curtido”), “Amar la vida intensamente/ debe ser todo un oficio de hombres” (“Amar la vida intensamente”). Pero ese horizonte guarda dos grises necesarios con todo es tan simple y sé poco sobre dioses que reflejan como este poemario no ofrece una vida flotante en colores malva y sueños cumplidos, no: llegados a este punto el poeta nos hace ver los gozos y las sombras de una vida auténticamente humana, en la que “cae la sombra cada mañana” o la que confiesa “una fe ciega en el hombre/ y muy poca en sus obras”. La intensidad vital y sus esperanzas no cancelan las tragedias pero nos ayudan a enfrentarlas de un modo que llamaremos más luminoso.
“El regreso” es el último tramo del viaje. Siete poemas, el número bíblico de la perfección, (“Compases”, “Tarde”, “Canción del mundo”, “Sueño”, “Eternidad”, “Cadenas” e “Ídolos”) que evocan nostalgia, que fijan los deseos que el viaje nos ha suscitado. Les invito a descubrirlos, a que paladeen el final del poemario sin que aquí les revelemos ni un verso. Son una brillante reflexión final, la última lluvia que nos trae la tarde cuando ya vamos llegando a casa y allí nos encontramos con “Ídolos” el poema que cierra el libro que nos lleva a los pies de los otros y de nosotros mismos fin último de este viaje.
Poemas transparentes, certeros en su cadencia y en sus imágenes, profundos en su contenido vital. Francisco Morales Lomas consigue que le acompañemos por el viaje que emprende al centro del ser humano, al lado más sensible y desgarrador de la vida de los hombres. Un poemario que a los que no conocían la obra del autor les hará buscar más de ella y que a todos nos empujará a crecer y a crecernos ante la vida, a mirar de frente su lado más oscuro y a disfrutar, junto a los demás, de las tardes de primavera que la vida nos ofrece. Una última lluvia esta de versos la cual hay que salir a disfrutar sin paraguas.

09 septiembre, 2009

Entre luz y oscuridad (Reseña)

Las cosas pequeñas, esas que casi despreciamos con nuestra indiferencia, esas que tejen la realidad, son las que inspiran la poesía de Harry Martinson (Suecia, 1904-1974) Premio Nobel de Literatura en 1974 y que en su poema “Elegí cantar a las cosas pequeñas” (publicado póstumamente) nos ofrece una especie de poética que resume su motivación artística.
Me sorprende esta sencillez poética. No son los sentimientos el único motivo para escribir. Martinson demuestra que son las pequeñas cosas de la vida (un río, una gota, una mariposa) las que generan las emociones que nos llevan hasta la poesía. Su posición artística parte del hecho de que las grandes emociones poéticas nacen de la sencillez que nos rodea, que se sostienen en ellas.
Hijo de una familia destrozada, el joven Martinson termina siendo marinero, viaja, respira mundo, se llena las pupilas y la mente del universo. Nómada por años, termina volviendo a tierra donde no sólo escribe sino que también pinta. Al principio se mantiene vendiendo sus poemas a revistas y viviendo en una tienda de campaña a las afueras de Estocolmo.
Esta edición que Nórdica Libros pone en manos del lector español es una amplia selección de la obra de Martinson que viene acompañada con un excelente prólogo que nos introduce en los aspectos más destacados de la vida del poeta sueco y en su obra. El trabajo editorial de Francisco J. Uriz, que es además el traductor, es toda una lección de buen hacer. Los lectores españoles estamos de enhorabuena por este acierto editorial que nos pone en las manos una obra poética que no debemos dejar de considerar.
Este no es un libro para leerse de una sentada: necesita su proceso, su digestión. Necesita de parte del que lo lee la paciencia del que mira por un microscopio o por un telescopio. La vida nos asalta en los pliegues de cada verso, si doblamos la esquina de un poema nos sorprende una nueva emoción contenida en una hoja de otoño o en una montaña. Este libro contiene la emoción de las cosas pequeñas.
Martinson consigue dar vida a las emociones dormidas en el corazón del hombre moderno sólo con señalarle con palabras las cosas que le rodean logrando así despertar su lado reflexivo. La obra de Martinson leída hoy después de tantos años conserva la frescura y la vigencia de la poesía más beligerante: una poesía que consigue que nos revelemos una vez más contra la incapacidad de emocionarnos.
Poemas como los de “Nómada” o los de "Poemas sobre luz y oscuridad" (1971), nos reconcilian con el arte poético, nos enseña a leer la sensibilidad en el paisaje que nos rodea, vuelve a dotar a la lucha por la libertad de un lenguaje excelso y motivador. Lean especialmente “Alguien dijo: el tiempo te llama”: “he vivido lo suficiente como para saber/ que siempre hay alguna forma de ultraje”. Soberbio verso, retrato de nosotros aquí y ahora.
Técnicamente es un libro limpio. Como se puede leer en la introducción, algunos de los poemarios de Martinson son sencillos, transparentes, economizan palabras y señalan su fin. No se regodean en las metáforas, van a la imagen, tocan la realidad para devolverla en forma de emoción al alma de los hombres. Martinson es un maestro de lo cotidiano.
Estamos ante un acontecimiento editorial en lo que a poesía se refiere: esta antología nos ofrece la oportunidad de exponernos a una obra que mereció el Nobel y que como la propia academia sueca dijo en su día de ella: “refleja la totalidad del Universo en una gota de rocío”. Léanlo: la academia no exagera esta vez.