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23 septiembre, 2009

Entre el XX y el XXI. Antología poética andaluza.(Reseña)

El libro que el lector tiene en sus manos es una antología. Parece una obviedad pero no es una antología buena. Sin necesidad de ser expertos Francisco Morales Lomas (Jaén, 1957) integra en esta antología textos representativos de los poetas andaluces necesarios. El propio antólogo hace en el prólogo un pliego de descargo sobre las antologías y una promesa de formalidad literaria a la hora de escoger a los poetas y sus poemas. Estamos ante un texto que plantea como estímulo para el lector una poética redactada por cada autor en la cual revelan parte de su mundo literario.
Este libro es también el complemento de un primer volumen y es a su vez la continuación de un proyecto que la Ediciones Carena ha encomendado a Francisco Morales Lomas: hacer una antología de todas la Comunidades Autónomas, lo cual entusiasma y hace presagiar muy buenas antologías para el futuro. Antologías que serán imprescindibles para adentrase mejor a la obra de nuestros poetas.
El disfrute paralelo de la poesía y de las poéticas hace este recorrido andaluz un hallazgo de palabras como soles, metáforas e imágenes como los de un descubrimiento. Los petas no rehúyen sus filias y sus fobias. Trazan con destreza unos límites que para ellos son inherentes a su obra y oficio. Escriben desde distintas perspectivas pero nuestro antólogo ha hecho un buen trabajo recordándonos sus puntos de cercanía regional o académica o sus años y fechas de publicación. Todo esto para hacernos ver la vigencia de estas voces que huyen de estereotipos generacionales y se vuelcan con la poesía en la vida cotidiana.
Luis García Montero, Antonio Enrique, Aurora Luque, Dominio F. Faílde, Antonio Jiménez Milán, Rosa Romojaro, Alberto Torés, Álvaro García, José Sarria y Fernando de Villena, son los poetas que para este segundo volumen de Entre el XX y el XXI Antología poética andaluza (Ediciones Carena, 2009) ha seleccionado con tan buen criterio Francisco Morales Lomas.
Quisiera destacar dos poéticas. Una que me ha llamado la atención en tanto que expresa la labor del poeta es la de Fernando de Villena cuando nos dice lo siguiente: “Existe una realidad más hermosa o más terrible detrás de muchas cosas junto a las que pasamos. El hombre vive demasiado velozmente. El poeta debe detenerse a indagar esa otra realidad y, aunque nunca pueda explicarla, podrá transmitir la emoción que le sacude durante su búsqueda”. Esta idea se aplica a cualquiera de las formas de búsqueda literaria. Es el compromiso del escritor transmitir esa emoción. El hombre hoy más que nunca necesita que se le comunique serenidad. Por eso en sus poemas “Cementerio” o “El día de todos los Santos”, nos lleva otra vez muy cerca a la emoción que suscita el conocimiento de luto y de la muerte.
Otra poética que sorprende por su brevedad y en la línea del oficio del poeta es la de Aurora Luque. En su poética nos dice en “Nuevo caso de hybris (2): “Arte: una letra de a-mor y tres de mue-rte”. Aquí tenemos el combustible del poeta, amor y muerte, el combustible del escritor.
Los poemas, una vez se adentra uno en el camino sinuoso de su lectura, son un cambio constante de paisajes, son un caminar por un sendero hecho de versos vivos, con un cielo de claros y oscuros. Cada poeta y su obra representada son una puerta para llegar a estos autores andaluces necesarios. Una delicia para los sentidos y el paladar literario. Un acierto de antólogo y de Editorial. Un libro que abrirá muchos más.

14 septiembre, 2009

Por los senderos con... Francisco Morales Lomas


Francisco Morales Lomas es un escritor completo. Crítico, poeta y novelista nos concede esta entrevista en diferido para hablarnos de su último poemario "La última lluvia", un texto que nos lleva de viaje por la geografía de la vida

1. ¿Cómo empezó tu relación con la literatura y la poesía?

Tendría catorce o quince años. La literatura fue el modo de encontrar un mundo comprensible. Todo me parecía absurdo, violento e hipócrita por entonces. España era un país ridículo. La literatura fue un refugio para expresar lo que públicamente (estábamos en la dictadura) no se podía hacer. Mis primeras lecturas corrieron parejas a la escritura, lecturas de cómic, Capitán Trueno, Comandos Guerreros..., luego toda la poesía, sobre todo Bécquer y antologías generales.

2. En su conjunto, el libro me comunicó la idea de un viaje en el que salimos de las “Ensenadas” para caer a los pies de los “Ídolos” al final, que no son ni más ni menos que los otros, que nosotros mismos ¿qué opinas?

La antología de toda mi poesía se tituló Tránsito como homenaje a este viaje vital que es nuestra existencia. Un tránsito es para mí un espacio lleno entre dos vacíos, un viaje limitado y brevísimo. Sí, se lee así, como dices, y el agua de Ensenadas como origen de la existencia. Una existencia que se desenvuelve díscola e irreverente. Pero, no triste; sí natural y comprensible. Lo peor no es morir, sino no creer en nada. El secreto de nuestra existencia son los sueños, por eso hay que ir construyéndolos cada día, aunque se derrumben.

3. “El Sur”, en medio del viaje, es un homenaje a tu tierra ¿Un oasis en este viaje lírico?

Quise romper con el tópico del Sur. Algo de él ha habido en los romances. Antonio Machado y también su hermano Manuel (sólo en algunas ocasiones) o Juan Ramón Jiménez lo rompieron. Mi Sur quiero que sea de raíz, profundo, que suene más elegía, más a Lorca y García Baena.

4. El planeta Marte y el sueño de conquistarlo actúa como contrapunto a nuestro planeta y a los estragos del hombre sobre él ¿tan malos seríamos si conquistáramos el planeta rojo?

Creo que caeríamos en los mismos vicios, desigualdades y antinomias. Los seres humanos son más lobos que ángeles. Siempre me gustaron las películas de ciencia-ficción desde pequeño, sobre todo por tratar de indagar qué podríamos crear en un nuevo planeta. Pero todo acababa siempre mal. Creo que los seres humanos seguiremos siendo igual de bastardos en donde estemos. Los cambios sólo se producen a muy largo plazo y, a veces, hay un paso adelante y dos atrás.

5. “Náufragos en el misterio” es mi poema favorito ¿crees que es la mejor condición del hombre y que sin ella no seríamos en tanto que deseo de saber?

El naufragio siempre ha sido una forma indirecta de búsqueda. Perderse es un misterio que siempre engendra muchas posibilidades y la vida es ese misterio en el que nos vamos perdiendo y durante ella intentamos encontrarnos, en esa desventura del viento, en esa agitación del mar, en las tormentas. Pero esa singladura (no debemos olvidarlo) siempre acaba con la mar en calma.

6. ¿Alguien que sabe tanto de poesía es capaz de disfrutar de ella sin convertirla en objeto de estudio?

Yo disfruto escribiendo poesía pero sobre todo leyendo. Ya lo decía Borges, que se consideraba más lector que escritor. Leer es ir en busca de ese misterio y todos somos capaces de crearlo en algún momento. Ahí radica uno de los grandes valores de todos los seres humanos.

7. “La última lluvia” ¿por qué el título?

Acaso la última esperanza y su reflexión. La lluvia última como la reflexión postrera, aquello a lo que tenemos necesidad de engancharnos para no perder el norte ni la travesía.

8. “Tempus horribilis Fugit” ¿es esta la mentalidad correcta para estos días de crisis? ¿Aprenderemos algo de todo ello?

Si algo aprendía de la filosofía oriental es a tratar de que las derrotas y las victorias no acaben conmigo. La templanza. Por eso en épocas de crisis conviene también olvidar la desventura de los números y acceder a la ventura de que todo cambiará a mejor. Seguramente habría que decir con Groucho Marx que, partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria. Así es, pero todo es susceptible de mejorar, incluso de empeorar para muchos millones de personas.

9. ¿Cuál es el estado de la poesía actual española?

Creo que se mantiene en un buen nivel. Probablemente sea la poesía que escriben las mujeres la que aporta más en estos momentos, aunque se escoren hacia mundos un tanto reiterativos y superfluos por persistentes. La libertad de la que goza la poesía actual es un buen síntoma.

10. ¿Qué tiene entre manos como proyecto literario Francisco Morales Lomas?

Acabo de escribir una novela, Puerta Carmona, que corrijo estos días, ambientada en los últimos años de Felipe II en Sevilla. Y como ensayo preparo un estudio sobre la infamia en Borges.

11. ¿Qué lees en estos días?

Varias cosas, la última novela de Andrés Neuman, "El viajero del siglo", y releo una obra esencial, "La región más transparente" de Carlos Fuentes.

La última lluvia (Reseña)

Un viaje por la geografía de la vida es la apasionada propuesta de Francisco Morales Lomas (Jaén, 1957) en su reciente poemario “La última lluvia” (Ediciones Carena, 2009), un libro lleno de sabiduría lírica y de un profundo dominio del oficio de poeta.
Desde las “Ensenadas” partimos en busca del otro y de nosotros. Parece el arranque del poemario ser el destino, el final, pero solo hemos comenzado y nos encontramos “Náufragos en el misterio”, el poema que más hondo me ha llegado, que tensa la realidad en la que todos nos encontramos, “siempre náufragos”, siempre en busca de una barca en la cual partir hacia la búsqueda del otro.
Pasamos por el “Destino” pero aun no hemos llegado. Apenas se enuncia, se dimensiona. Tal vez sea la memoria el destino último, los recuerdos, la contemplación de ellos, los hospitales, las tristezas y el frío, “que son el andén en el que nos vamos/ alejando un poco más de todo lo querido”. Porque en esa memoria insistente, en esa visión pausada de lo que fuimos, está lo que alimenta la necesaria empatía que nos convierte en mejores, que nos hace tener al otro como hermano y amigo, porque todos hemos estado en ese andén, porque la tristeza y los hospitales y las pérdidas nos son comunes a todos.
De allí caminamos con el poeta hacia la certeza de que los malos tiempos son fugaces, “Tempus horribilis Fugit” lo que no deja de ser una invitación a la vida, a la creencia resuelta que después del otoño y del invierno, con su tristeza de arboles desnudos, viene una primavera que tiene la perfección única en su vuelta cíclica e inexorable, que comunica que la vida y la búsqueda del otro sigue y que no debemos jamás abandonarla. La primavera y su fin, que en lógica debe dar paso al verano, es en este punto sólo figura de la muerte, de la vida que se precipita a un invierno terrible. Aquí la primavera es símbolo, metáfora. “La consistencia de la noche” y su canto de recuerdo da paso a “Razones del mundo” (“siempre insólito”) y nos pone delante del nuevo comienzo “Una mujer y un hombre” vuelven a amarse a pesar de todo “para que las heridas del mundo no los ahoguen”, esperanza. Entonces se suceden dos poemas “Crearnos hasta la vida” que preludia un arranque nuevo, “comenzar desde lo imprevisto”. Luego “Luz” (“alienta en el dulce huerto/la esperanza del vuelo”) que pone en nuestras manos, en este viaje, el arcano, la herramienta, para salir del invierno en el que nos encontramos en esta búsqueda de los otros y de nosotros mismos. Cierra este pasaje el hermoso “Tempus horribilis Fugit”, “Cabe el invierno entero en un soneto” y la esperanza de mejores días brota como “el esplendor del cielo en las alturas”, va a amanecer, viene la luz y las ventanas abiertas.
En medio del camino, del viaje, Francisco Morales Lomas nos abre “El sur” como ciudad de paso y de posibles, de verdes esperanzas y de descarnadas certezas. Aparece el Sur como “…el río en el centro, abriendo el mundo/ con su lluvia de resplandores”. Un Sur evocado con sus sombras y sus luces, con sus olores y caminos de agua, con sus vencedores y con su sol que nos alienta para seguir el tránsito propuesto por el poeta.
Llegamos a “Descubrimientos”, claro, y al propósito del viaje y a su esencia fundamental. Nos preguntamos “¿Qué hay en el fondo de las cosas?” y descubrimos su poder sobre nosotros. Aquí llegamos al alma, tocamos humanidad, la propia y la de los otros. Miramos a Marte y a su conquista (“Y ahora quieran que Marte sea un sueño”) que sirve al poeta para advertirnos que hasta allí solo llevaremos lo peor de nosotros, que será otro escenario pero con el mismo ser humano, con sus terribles consecuencias, el protagonista de otra historia de terror: “más que hombres seremos una nueva raza”, nos dice el poeta y aquí se suscita la comprensión de que hemos de resolvernos entre nosotros aquí y ahora antes de mirar más allá de la luna. La guerra también se hace presente (“Ya llegó el amigo americano”) y descubrimos una voz crítica con una manera de pensar y de hacer que nos llevó a un fracaso de proporciones planetarias.
Llegamos a “Las orillas”, poemas dedicados a todos los que en estos momentos se sienten apátridas y perseguidos. Son poemas desde los que se otea un horizonte de esperanzas. “el negro ocupaba su pasado, /ya definitivamente muerto”. (“Apareció la barca como un nadador curtido”), “Amar la vida intensamente/ debe ser todo un oficio de hombres” (“Amar la vida intensamente”). Pero ese horizonte guarda dos grises necesarios con todo es tan simple y sé poco sobre dioses que reflejan como este poemario no ofrece una vida flotante en colores malva y sueños cumplidos, no: llegados a este punto el poeta nos hace ver los gozos y las sombras de una vida auténticamente humana, en la que “cae la sombra cada mañana” o la que confiesa “una fe ciega en el hombre/ y muy poca en sus obras”. La intensidad vital y sus esperanzas no cancelan las tragedias pero nos ayudan a enfrentarlas de un modo que llamaremos más luminoso.
“El regreso” es el último tramo del viaje. Siete poemas, el número bíblico de la perfección, (“Compases”, “Tarde”, “Canción del mundo”, “Sueño”, “Eternidad”, “Cadenas” e “Ídolos”) que evocan nostalgia, que fijan los deseos que el viaje nos ha suscitado. Les invito a descubrirlos, a que paladeen el final del poemario sin que aquí les revelemos ni un verso. Son una brillante reflexión final, la última lluvia que nos trae la tarde cuando ya vamos llegando a casa y allí nos encontramos con “Ídolos” el poema que cierra el libro que nos lleva a los pies de los otros y de nosotros mismos fin último de este viaje.
Poemas transparentes, certeros en su cadencia y en sus imágenes, profundos en su contenido vital. Francisco Morales Lomas consigue que le acompañemos por el viaje que emprende al centro del ser humano, al lado más sensible y desgarrador de la vida de los hombres. Un poemario que a los que no conocían la obra del autor les hará buscar más de ella y que a todos nos empujará a crecer y a crecernos ante la vida, a mirar de frente su lado más oscuro y a disfrutar, junto a los demás, de las tardes de primavera que la vida nos ofrece. Una última lluvia esta de versos la cual hay que salir a disfrutar sin paraguas.