19 mayo, 2014

El día del desagravio

Hoy es el acto de celebración de la dicha de las letras de mi querido César Young, ese poeta que le escribió a Blancanieves una carta. Yo hablo con cercanía y familiaridad de César porque a pesar de no haber salido por allí a tomarnos unos tragos ni haber conspirado juntos en el Café Coca-Cola, lo leo hace tiempo y eso nos vincula. La literatura tiene esas cosas, que te conecta con Sade, Cervantes o César Young directamente y no se duerme en océanos ni dimensiones temporales. 
Hoy es el acto de desagravio y ayer decía en una entrevista el poeta que esto sirve para subir el nivel de la cultura en nuestro país. Este poeta es un sabio que sigue persiguiendo a las musas sean griegas o del Caribe. Se mantiene vivo en su oficio, lúcido en su creatividad.
César Young se divierte con sus letras y así deleita. No deja de hacernos sonreír hasta en los momentos más solemnes como sus ensayos de Lecturas para lectores. No deja de levantarle la falda a la literatura para que nos relajemos sabiendo que como todos ella también tiene sus vergüenzas y secretos. Hoy es un buen día para leer o volver a leer la obra de este poeta juguetón y profundo.

En este día de desagravio, no olvidemos el complot, no nos olvidemos que empezamos una nueva etapa y sea quien sea que esté en el INAC y en el Ministerio de Educación debe contar desde ya con nuestra duda constante y con nuestra crítica constructiva. No vamos a perder cinco años, no vamos a perder ni un minuto. En cada esquina un lector, en cada esquina unos ojos que observan todo a la luz de la lectura.
Un abrazo César, nos veremos pronto conversando frente a la Catedral, conspirando en el café coca cola donde la ficción nos reunió hace tiempo.

27 abril, 2014

El Día D

Llegó la hora de la verdad. En el día grande de la Literatura panameña, El Gobierno se repliega, hacen un feo gesto a los escritores en general, y a César Young en particular (de García Márquez ya hablaremos), y salen por la puerta de atrás dando un sonoro portazo. La arrogancia institucional es infinita como su ignorancia de lo que de verdad es importante.
A la hora de la verdad, el Día D, el desembarco autoritario se dio preciso y recuerda mucho a los días verde oliva de las dictaduras. Volvemos hacia una oscuridad que pensábamos que se iría quedando solo en la memoria. Creo que es de recibo que hoy y desde este espacio, expresemos nuestro absoluto rechazo por una actitud que esconde intereses lejanos a la Cultura.
Lo que sorprende de todo este hecho son dos cosas: la primera es que las instituciones, con la Ministra de Educación y la Directora del INAC a la cabeza, dieran pábulo a una razón tan baladí y absurda para suspender los actos de celebración del Día del Escritor: ¡la muerte de Gabriel García Márquez! Vaya, la culpa es del muerto. Cuando lo comenté con otros escritores aquí en Madrid, no salían de su asombro, muertos de la risa. Ridículo.
Lo segundo, son las formas. Una llamada al poeta César Young de alguien que ni siquiera era la Ministra o la Directora o el Presidente de la República. Si la suspensión vino por orden presidencial, como poco, hubiese sido bueno que le llamara él para excusarse −sí excusarse−, y explicarle al galardonado las circunstancias del asunto. Pero no, puro realismo mágico, una extraña voz comunica la bofetada. Bochornoso.
Quienes no entienden lo valioso de la cultura panameña, no deben dirigirla. Las instituciones culturales de un estado democrático no deben estar al servicio de quienes las dirigen, deben dinamizar las distintas manifestaciones de lo que somos. Gabriel García Márquez, en su discurso de aceptación del Nobel, titulado “La soledad de América Latina” (un discurso muy discutido, como todo él en estos días), dice esto: “…los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de utopía...” Y nosotros, creadores, deicidas, no renunciamos, otra vida cultural es posible, lejos del “sancocho y la zancadilla” como dijo Enrique Jaramillo Levi. Por eso no andamos y andamos como andamos. “El rostro de la barbarie” como ha dicho también Manuel Orestes Nieto.
Lo que la Ministra y la Directora del INAC tienen en sus manos no es solo su trabajo, es el patrimonio de toda una nación. Si tan solo hubieran consultado a un escritor, a uno solo, nos habríamos ahorrado este bochorno.
La literatura, la generamos los escritores, no lo olviden los dirigentes culturales y educativos. La historia, la protagonizamos los panameños, la cultura es nuestra y no es suya. No olviden esto: mi patria, son mis manos llenando páginas de cuentos y de novelas, de poesías, de ensayos y microrrelatos. Los escritores, somos libres.
No hay ninguna buena razón para lo que hicieron. Hecho está. Lo triste es que a la bofetada le sumen la creencia de que uno es idiota. No es elegante, ni educado suponer esto de nadie, y creo que lo han hecho con los escritores esta vez. Gabriel García Márquez, habría querido que la fiesta siguiera adelante a pesar de su muerte. Las letras deben continuar, pero lo que continúa es el show de una ignorancia que se quiere institucionalizar.

Y no me tomen por pesimista, pero el hecho es grave: el Día D, el de la verdad, a las letras les dijeron no. Los escritores se seguiremos creando, creando opinión y criterio en libertad, ejerciendo el derecho a creer que no es demasiado tarde para construir no una utopía, sino una realidad donde la cultura esté por encima de quienes la dirigen.

25 abril, 2014

El día del idiota panameño

Hay quien todavía me pregunta que si escribo por hobby: “no, es una pasión, es una vocación”, les digo y me miran raro. Un día me dijo el escritor inglés Philip Sington, que cuando escribe termina hablando en voz alta con sus personajes, preguntándoles, indagándolos en su lugar de escritura y de pronto aparece su esposa y le mira raro y le pregunta que si va todo bien y claro que va todo bien, los personajes hablan con su autor, a lo Miguel de Unamuno en “Niebla”.
Y sí es cierto, uno inventa vidas, uno cuenta mentiras con vocación de verdad y hasta puede uno enamorarse de la protagonista de su historia pero jamás, lo que nunca aceptaré, es que me tomen por idiota. Podré inquietarme leyendo “El desván” o podré perderme por la Península soñada de tinta y papel de Salvador Medina, pero no, no soy idiota.
Hoy se celebra en Panamá el Día del escritor. No me perderé en citar leyes orgánicas ni majaderías semejantes. Lo celebramos en honor a Rogelio Sinán, el día de su cumpleaños, el día que vio la luz allá en Taboga, la famosa isla de las flores. Un buen día, porque Sinán, entre otros antes y ahora, han dado a Panamá sus mejores letras. Y hoy precisamente, deberían entregar una condecoración que lleva su nombre. Pero no, resulta que, como ha muerto Gabriel García Márquez, lo han suspendido.
Y aquí asoma la sensación de que a uno le toman por idiota. Si la verdadera razón es la muerte del Nobel colombiano, la cosa es peor porque los que amamos las letras y los libros, hemos celebrado la vida de García Márquez leyendo sus novelas, la fiesta sigue, seguimos leyendo. La muerte no detendrá ninguna celebración literaria.
Pero la arrogante ignorancia de los que dirigen, por no decir dilapidan, la cultura en Panamá hacen lo que les da la gana poniéndose una vez más en evidencia. Ministras o directoras o quien sea, se enfundan su traje de “entusiastas de la ignorancia” y le dan una patada, otra vez, a la cultura que se supone que tienen que defender.
Creo que la cosa va por otro lado, la cosa es política. Prefiero creer esto, prefiero que me digan la verdad. Molesta menos y a uno no se le queda cara de idiota. Porque lo otro, la razón argumentada, es tan pueril que da vergüenza. Un Gobierno, que inaugura una línea de Metro y todo ese bombo y platillo, que decide empañar con gorilismos de “aquí mando yo” una celebración tan importante, y que va más allá de ellos y sus transitoria autoridad, demuestra un grado preocupante de falta de visión.
En fin, feliz día del Idiota Panameño. No, mejor, gracias a todos los escritores por los buenos momentos que nos han hecho pasar, por no dejar de consignar en negro sobre blanco la memoria de esta nación valiente y tan particular. Si escribes, hoy es tu día, si lees, también. El día del idiota que lo celebren los que, con su autoridad, han hecho daño a esta celebración pensando que nos íbamos a quedar callados.

Felicidades al poetaCésar Young Núñez por su obra. Los premios son otra cosa. Yo recuerdo, en la Avenida Nacional, el bar “La Palmita”, y aquel “Club de los amantes de las Musas”. ¿Estuve allí? ¿Nos vimos alguna vez? No, César, lo leí, o lo viví, leyendo tu “Lecturas para lectores”, una buena recomendación para esta fecha, un texto para conocerte mejor. Otra vez, felicidades.

19 enero, 2014

Democratizar la cultura

Democratizar la cultura

19 | 01 | 2014
Donde deben leer “intervención del pueblo en el gobierno” o su “predominio” en el mismo, los políticos han querido ver una participación mínima: votar.
Siempre he creído que la palabra “democracia” es una de esas meretrices, muy a su pesar, que habitan “El burdel de la Palabras”. Hace mucho que los ciudadanos no frecuentan el diccionario y han decidido torcer los conceptos para que su propio derecho los asista, lo que siempre es un error, porque, como ya saben, el abogado que se defiende a sí mismo tiene a un tonto por cliente.

“Democracia” es, según el DRAE, “la doctrina política favorable a la intervención del pueblo en el gobierno” o, en su segunda acepción, el “predominio del pueblo en el gobierno político de un estado”. Casi nada. 

18 enero, 2014

Todos los años perdidos (Reseña)

Recupero esta reseña que escribí para La Biblioteca Imaginaria en 2011 de una muy recomendable novela del escritor madrileño Miguel Rubio. Búsquenla.

¿Por qué vuelve Samuel de Argentina? ¿Qué le llevó allí y como han transcurrido estos últimos veintidós años? ¿Vale la pena volver?

Miguel Rubio que debutó de manera excelente en el panorama literario con “Ahora que estamos muertos (Editorial Carena, 2008) vuelve a la novela con otra excelente obra, “Todos los años perdidos, (Editorial Carena, 2010) en la cual nos promete un combate de boxeo con la realidad, con la vida que podría haber sido y que se nos escapó.
Samuel se ve envuelto en una absurda pelea que tiene como consecuencia la muerte de un tipejo de baja estofa en los años de la movida madrileña. Para no meterse en más problemas, su madre le elabora un plan de escape: marcharse una temporada larga a Argentina con sus tíos. Pero el tiempo pasa, la vida no se detiene y las circunstancias en Madrid han cambiado.

Pero ¿qué ocurrió aquella noche exactamente y como cambió eso la vida de Roberto, Julio y Samuel? Amigos de toda la vida, esa noche rompió para siempre sus equilibrios y les dejó expuestos, con la guardia baja y recibiendo de la vida una andanada de golpes que les ponen contra las cuerdas.
Pero Samuel vuelve, y la vida de veintidós años pasa delante de nosotros, se nos va desmenuzando para que caiga en su orden correcto. Miguel Rubio nos dosifica una trama que nos empuja hacia delante y que nos mantiene al borde del libro para llevarnos a la resolución de las nieblas del alma de su protagonista y también la nuestra.
El boxeo sazona sin exagerar esta novela. Samuel es entrenado por su tío que le ayuda a poner en orden sus pasiones. Le cría, le da unos soportes valiosos para enfrentarse a todo aquello. “Mano de PiedraDurán, Hangler, Foreman, Leonard y otros son citados como guiños a los buenos amantes de boxeo como filosofía y deporte de caballeros.
Pero en Argentina también la vida discurre y la crudeza de los hechos emociona al más fuerte. La bondad de sus tíos, los amores que le salieron al encuentro a Samuel, la tristeza de la perdida y su profundo amor por Lucía, marcan los veintidós años argentinos que nuestro protagonista le toca vivir.
¿Y en Madrid? Las cosas han cambiado, hay que buscar a Lucía y a Roberto, saber que pasó y si lo que ocurrió aquella noche les afectó tanto como a él. Aquí es donde Miguel Rubio despliega su oficio de narrador de raza y nos lleva sobre pistas, sobre reveses, sobre vuelcos del alma que van resolviendo el enigma.
Al final, nada es lo que parece, nada es exactamente como lo intuye el lector. Porque la vida, a pesar de que parece fácil, que algunas veces es previsible, termina sorprendiéndonos siempre. La realidad siempre su pera a la ficción, incluso en la ficción.

Un regreso esperado este de Miguel Rubio que demuestra su calidad de narrador. Seguro que ya anda enfrascado en nuevos proyectos. Sólo les puedo decir que no dejen de seguirle y de leerle: no perderán todos los años, ganarán todas las satisfacciones.

08 diciembre, 2013

Y en "Día D"... Mamá y la Patria

Mamá y la patria

08 | 12 | 2013
Estuve unos días en Panamá y la vuelta a estos dos amores me hacía falta. Tener a tu mamá cerca es una sana costumbre que no hay que perder por muy lejos que uno se encuentre.
Tengo conmigo, como un suvenir del pasado, los dos álbumes de “Esta es mi patria”. Quizás los más jóvenes siquiera hayan oído hablar de ellos. Fueron unos álbumes que aparecieron a principios de los setenta en los que se repasaba toda la historia patria. Me los traje a Madrid para traerme un trozo de la historia de mi familia, cuando los tiempos eran buenos.
Al mirarlos, siempre veo a mi mamá pegando las figuritas con paciencia, exponiéndose a la historia de nuestra tierra. Paso las páginas y me pregunto qué habrá pensado al pegar la figurita del polvorín, o la del cerro Ancón cortado por la mitad y con un inmenso tanque de agua en su interior. Mamá y la Patria. Seguir leyendo aquí.

05 diciembre, 2013

Pagando el pato: Los Grafitis y el presidente

Ser Presidente de la República de Panamá, supongo, no es tarea fácil. Gobernar es una cosa, mandar es otra. Mandan los dueños de cadenas de supermercados de relativo y sospechoso éxito, gobiernan grandes estadistas, gobiernan mujeres u hombres con visión de Estado, posponiendo sus pasiones y fobias para el ámbito privado.
Me parece increíble, por no decir muy raro, que el mismísimo presidente (sí, en minúscula) de la República de Panamá se sienta directamente molesto con un grupo de panameños, “El Kolectivo”, que ha pintado un mural recordando a nuestros mártires del 9 de enero. Declara él, “lo que ustedes pinten se lo vamos a volver a pintar”, si se les ocurre a este grupo de ciudadanos volver a pintar el mural. En fin, parece que en este país no hay nada más importante que ocupe la atención y el tiempo (que paga cada ciudadano con sus impuestos) del señor presidente. O ¿es que hay algo más?
Desde fuera, no se entiende este ataque furibundo a la legítima expresión del sentir de los ciudadanos. No olvide el señor Martinelli que su puesto está regado con la sangre de aquellos que murieron en busca de la libertad y soberanía que disfruta. Que le recuerden, a la ministra con minúsculas, que sin Ascanio y los demás que murieron, que sin los que resultaron heridos y sin la valentía de los institutores que hoy ella ningunea, no estaría disfrutando (más que ejerciendo) el ministerio (minúsculo a más no poder) que ostenta.
En este país, parece que los políticos no saben a qué dedicar su tiempo. Pues aquí les mando una idea: cojan una silla, pónganse de cara a la pared y dedíquense a pensar y a recordar de dónde vienen. Pónganse a buscar en su pasado, en el camino que les ha llevado hasta este mismo instante y dígannos que no recuerdan lo que pasó el 9 de enero, y dígannoslo mirándonos a los ojos, a los ojos del pueblo panameño. Háganlo a ver qué les pasa.
Pero claro, la historia está para ocultarla, para olvidarla. Vaciando de contenido la nacionalidad, ocultando murales y retirando cátedras de estudio sobre nuestra relación con los Estados Unidos, generamos obreros, empleados, serviles “mano de obra barata” cuyos horizontes no son más que los de pan y circo. Es escandaloso lo que desde el gobierno se está haciendo con nuestro dinero.
La fórmula para resolver las cosas del presidente y su gabinete de minúscula comparsa ¿cúal será? ¿Suspender las garantías constitucionales? ¿Torcerle el brazo al derecho o montarnos un lamentable accidente o acosar a nuestros familiares? ¿Qué será señoras y señores que gobiernan? ¿Cerrarnos las imprentas para que no podamos publicar nuestras novelas, poemas, cuentos, ensayos, obras de teatro, canciones, décimas? Seguiremos hablando, seguiremos pintando murales, seguiremos denunciando este absurdo atropello a la memoria de todos.

Los Grafitis seguirán apareciendo y desapareciendo, su vocación momentánea le es inherente. Sorprende la nocturnidad y alevosía con las que el gobierno quiere resolver el asunto. Allá ellos. Nosotros a no olvidar, nosotros a ganarles con dignidad y talento la partida de la memoria a los entusiastas de la ignorancia a los paladines del olvido.

02 diciembre, 2013

Y en Papel en blanco... El libro de los pequeños milagros.

El microrrelato tiene sus grandes maestros modernos (Ana María Shúa, Ángel Olgoso o José María Merino) pero tiene también a sus excelentes herederos. Uno de ellos es Juan Jacinto Muñoz Rengel (Málaga, 1974) que demuestra en este universo que es “El libro de los pequeños milagros” (Páginas de Espuma, 2013), su altísimo grado de pericia en esto de cazar eternidades instantáneas. Seguir leyendo aquí.

01 diciembre, 2013

Mujeres y educadoras.

Siempre fueron mujeres. La primera que entró en mi vida fue la maestra Carmen que me enseñó las vocales. Un día me hizo repasar los paraguas, que no conseguía dibujar bien. Luego de su tesón e interés todo cambió: los paraguas me salen, aun hoy, muy bien. En aquellos años de la maestra Carmen yo estaba en Kínder A, mi batita era azul y estaba en la primaria Don Bosco.
Los años pasaron y otra vez una mujer: Marianela. Me dio quinto y sexto. Una mujer hermosa, dedicada, y que nos tenía de suspiro en suspiro. Me retó con las Matemáticas y sacó lo mejor de mí: me eximí del examen, confió en mi esfuerzo y hasta hoy, las Matemáticas se me resisten pero ella me hizo tocar el cielo de los números. Hoy miro su foto entregándome (junto a mí, mamá), el certificado de sexto grado. Cuánto le debo.
La última de esas mujeres se me apareció en primer año, en el Técnico Don Bosco. Aida, nombre de ópera, mujer de bandera, profesora de Español. Exigente, amante de las letras, me retó con “El principito” de Saint-Exupéry: “cuando entiendan “El Principito” serán verdaderamente maduros”. Yo quería serlo, eran los ochenta, tenía que crecer, tenía que ganar el reto. Hice mi análisis literario después de reiteradas lecturas. Al momento de repartir las notas, ocurrió lo imprevisto. Siempre repartía Aida Mock los trabajos de la nota más alta a la más baja y siempre resultaba que era el mismo compañero el que mejore nota sacaba. Pero aquel día del análisis literario otro nombre resonó en el aula: el mío. Conseguí ganar el reto. La madurez no llegó, pero creo que ese año, bajo la constancia de mi profesora, di un salto irreversible hacia las letras.
Mujeres, siempre mujeres. Las profesoras y maestras de mi vida me dieron, la mayoría de ellas, lo mejor de sí mismas. Me enseñaron constancia, tesón, me ofrecieron su cariño y su cuidado. Encarnaron el Himno al Maestro, seres abnegados que cuidan lo mejor de la patria, los jóvenes, el futuro, la generación que viene.
No recordaba que hoy es el día del Maestro, del profesor, del docente. Qué fallo, pero nunca es tarde si el maestro o maestra es bueno. Las mías (y los míos, fueron pocos) fueron muchas y su parte de luz dejaron en mi alma, en mi conciencia.
Hoy día, cuando se cuestiona la Educación, cuando se ha puesto en entredicho la calidad y dedicación de los maestros y profesores, es bueno que desempolvemos las viejas glorias de la docencia, que los que aquí estamos hoy, seamos agradecidos con aquellos maestros y profesores que sí creían en su vocación, que sí creyeron en nosotros.
En mí último viaje a Panamá fui a ver a Aida Mock. Le llevé a ella y a su hermana Astevia, también gran profesora de Español, mi libro de cuentos “El boxeador catequista”. Sin perder ni un ápice de la alegría y desparpajo de siempre, recordamos los días en los que era un jovencito. Recordamos reídos las viejas batallas y las cosas que me hicieron pensar la vida. Les di las gracias por esas horas que pasaron conmigo y por lo profundo de la huella que me dejaron. Me sentí honrado de poder acercarles mis cuentos que de alguna forma le pertenecen.

Para todas ellas, y ellos, gracias y felicidades en su día. Que las nuevas generaciones de maestro se fijen en los que les precedieron porque el listón está muy alto. Que los maestros de hoy hagan bueno el Himno al Maestro, que sigan esparciendo, allí donde estén dando clase, en kínder o en la Universidad, “torrentes de luz”.

29 noviembre, 2013

De las librerías y otros vicios

Los que me conocen lo saben y ya me dan por perdido. Soy un vicioso de los libros. Cuando llego a cualquier ciudad pregunto primero por las librerías, luego por un buen bar de vinos.
Hoy que es el día de las librerías no puedo dejar pasar la oportunidad de dar las gracias a esos valientes que hay en cada pueblo, en cada pequeña ciudad y que hacen la vida de los viciosos literarios más fácil. Gente que ama los libros, que celebra la cultura a diario abriendo las puertas del paraíso para que todos vayamos allí a jugar y a vivir.

A todos los libreros felicidades en este día que apartamos en el calendario para ponernos una buena excusa para expresaros lo que sentimos por vosotros siempre: cariño y admiración.