28 julio, 2010

Cómo viajar sin ver (Reseña)

Andrés Neuman viene de lejos, con paso firme, elaborando a golpe de buenas letras, su carrera como escritor. Pero detrás del personaje está la persona, la buena persona que con el cariño que comunica se va ganando el corazón de los que le conocen. Y es que Andrés Neuman es una de esas personas que no se olvidan de quienes son, de dónde vienen y sabe a dónde va.
“Cómo viajar sin ver” (Alfaguara, 2010), es un texto hermoso, muy rico en imágenes y sonidos y que demuestra una vez más el dominio de Neuman sobre su oficio. Síntesis hermosa, precisa, llena este libro de imágenes que juegan con el lector al “complete usted la imagen”.
Este libro nace del viaje que llevó a Andrés Neuman a 19 países de Latinoamérica para presentar por allá su novela “El Viajero del siglo” (premio Alfaguara de novela 2010), un viaje en constante tránsito que parecía no dar para mucho pero que en la mente de Andrés se convirtió en un reto. Convirtió el “tránsito” en una ventaja y se dedicó a ver, oír y escribir, robándole a la realidad el relámpago de los momentos, deteniendo las instantáneas para revelarnos sentimientos, contradicciones y sensaciones.
Este texto está elaborado con el equilibrio de los buenos aforismos, con la estética de los buenos poemas. Es fácil perderse en su vértigo de idas y venidas para terminar encontrándose en un bar de Buenos Aires o en lo alto de un rascacielos en Panamá. Aquí estamos en constante movimiento, en constante contacto, listos siempre para saltar de un párrafo a otro como si fuese una suerte de metáfora de ese despegar y aterrizar constante que vivió su autor.

Por primera vez podemos acercarnos a un texto en el que las partes son el todo y el todo no es ni más ni menos que una imagen de América Latina que está en constante cambio, que cada cierto tiempo significa otra cosa. Andrés, en este viaje constante nos lleva de la mano del vértigo para enseñarnos lo que pudo ver de este viaje.
Les recomiendo todos los capítulos pero de una manera destacada el de Argentina y el de Panamá por razones obvias. Andrés relata en parpadeos la extrañeza de un país pequeño con grandes aspiraciones y contradicciones. Panamá y su Canal, su historia y su gente, quedan bien en una foto de familia en la cual no suele salir mucho.
Texto maravilloso por revelador es también el que trata de Puerto Rico y su gente, con su libre asociación a los Estados Unidos y de fondo Juan Ramón Jiménez que tantas cosas le debe a esa isla.
Un texto para disfrutar de la diversidad de Latinoamérica, para leer a saltos cómo son las cosas por allá (o por allí), para mirarnos en un espejo acá (o aquí), para reírnos de tantas sutilezas que nos esperan en cada esquina de nuestra común lengua. Un viaje en el que veremos sin ver de la mano de uno de los grandes escritores contemporáneos.


En la foto aparecen, en el orden usual, Briseida Bloise, representante de Alfaguara en Panamá y Presidenta de la Cámara Panameña del Libro, Carlos Wynter, escritor panameño; Andrés Neuman, Premio Alfaguara 2009; Jaun Abelardo Carles Rosas, editor panameño y Rosa María Britton. La fotografía fue tomada por Julio Montes. He tomado la imágen del blog de mi amigo Carlos Wynter.

23 junio, 2010

Por los senderos con... Leoncio Robles.

Leoncio Robles ha antendido a nuestras preguntas entorno a su libro de cuentos Contraluces que la editorial Baile del Sol le ha publicado en 2009. Aquí nos habla de su oficio de escritor y de su obra.


1. ¿Cómo te fueron llegando estos cuentos o saliste tú a su encuentro?

Bueno, fueron llegando en momentos y épocas diferentes. Por lo general, los temas surgen de hechos que ocurrieron en la realidad y de los que uno fue testigo, pero también surgen de visiones imaginadas, a veces de una simple frase o un verso. Con cierta habilidad y técnica esos embriones terminan convertidos en relatos, con un entorno creíble que imita la realidad para que el lector lo digiera sin cuestionarlo.

2. ¿Te parece que estos cuentos son antropológicos o una suerte de ensayo de geografía humana que nos retrata un Perú poco revelado en Europa?

La intencionalidad de la escritura en mi opinión no apunta a un fin en concreto preconcebido. Al escribir mi única obsesión es que el texto, digamos la forma, tenga fluidez, tratar de atrapar al lector desde el inicio de la manera más persuasiva posible y llevarlo hasta el final, aunque la historia narrada sea en el fondo poco grata. Creo que de los cuentos, los relatos, las novelas se pueden extraer contenidos antropológicos, independientemente del tema o el enfoque elegido por el autor. Es el lector quien otorga o interpreta significados que de manera racional el autor tal vez no se planteó al escribir el relato.

3. ¿Escribes en modo “foto”? Cuando te leo tengo la sensación de que tus escenas están perfectamente equilibradas y que comunican sensaciones muy visuales.

Esas sensaciones que apuntas provienen sin ninguna duda de tu apreciación visual, que es parte esencial de la cultura audiovisual característica de nuestros tiempos de quien lee y de quien describe. No hay intención deliberada. Abundan autores tremendamente visuales cuyas obras son anteriores a la invención de la fotografía y el cine. Me vienen a la mente los Cuentos de Canterbury, por ejemplo. Son tan visuales estos relatos medievales de Chaucer que Pasolini los llevó al cine. En nuestros tiempos cine y literatura intercambian influencias, y puede decirse que se nutren de las mismas fuentes. El modo “foto” que señalas es interesante por la observación, la apreciación que haces del texto narrativo. Puede ser que la fotografía como género te impone la depuración de elementos ajenos al encuadre, a centrarte solo en el tema que retratas. Y aunque son lenguajes distintos, tal vez esa disciplina siga funcionando a la hora de escribir.

4. La protagonista de Josefina ¿es un alter ego de los que escribimos? Veo en ella esa locura del que escribe y espera.

La mujer de ese relato es un personaje muy entrañable para mí. Produce poesía en cantidades ingentes impulsada por el irrefrenable placer de escribir, y es su novio quien trata de sacar alguna utilidad práctica a esa afición suya, de sacarla del anonimato. Si son buenas o malas sus composiciones es algo que a ella parece importarle poco, del mismo modo que ignora si existen otros poetas. Tiene bastante con sacar lo que bulle dentro de ella, y es irrelevante darse a conocer más allá de acceder a la petición de su admirador atormentado. Estoy seguro de que existe mucha gente que escribe por placer y no llega a publicar nunca su obra, al menos en forma de libro. Ahora gracias a la red es más asequible tener lectores, y que sean pocos o muchos da igual.

5. Castillo ¿es un retrato de macho latinoamericano que oculta su “sensibilidad”? Crees que muchos “machos” no te perdonarán esta revelación.

Sensibilidades como la de Castillo existen en todas las culturas, no creo que sea exclusivo del latinoamericano. Esa sensibilidad se manifiesta de diferentes modos y en grados distintos. La diferencia es que el personaje de este relato se expresa de manera desembozada, muy consciente de la visión que tiene del género femenino, una convicción devastadora que no oculta. No creo que haya razón para que los “machos” recalcitrantes tengan que perdonarme. Lo que sí puedo decir es que he recibido opiniones de mujeres de diferentes edades, a la mayoría le impacta la descarnada visión que este personaje tiene de ellas, al mismo tiempo que les hace sonreír el contraste entre lo que proclama y lo que le ocurre en la realidad.

6. En todos estos relatos me encuentro con la soledad de sus protagonistas ¿a qué se debe?

Es cierto, la soledad, la exclusión y la marginalidad están presentes en todos los relatos, aunque no haya sido una elección deliberada. En cualquier ciudad del mundo se convive con estas situaciones, lo ves por todas partes, han llegado a ser normales a nuestros ojos porque tal vez individualmente uno nada puede hacer. Además, son cosas que responden a estructuras sociales complejas y también pueden ser razones existenciales, algo de cada individuo, algo mucho más complejo, donde no rigen estructuras ni soluciones colectivas.


7. Consideras este libro un rescate de personajes silenciados y desconocidos de Perú, de América Latina.

Se trata de escribir honestamente de lo que uno conoce, de las cosas que te removieron la conciencia, o que te golpearon en la línea de flotación de la sensibilidad. Tú sabes que secularmente ha habido y sigue habiendo gente sin voz en toda Latinoamérica, silenciada o ignorada por la Historia digamos oficial. Gente que espera poco o nada del Estado. En estos relatos trato de mostrar esto, pero de manera indirecta, no se trata de denunciar sino de recrear literariamente ese vacío.

8. Varios de tus cuentos los narras en tercera persona ¿a qué se debe este recurso técnico?

La narración en tercera persona es la más extendida, seguida por la narración en primera persona. Yo he tratado de hacerlo en segunda persona en algunos relatos de este volumen porque me sonaba mejor, me resultaba incluso más cómodo y porque insinúa la ambigüedad de que la historia está siendo recordada por el propio personaje narrador, o que una entidad digamos superior, que podría ser su propia consciencia, le está dictando las acciones que lleva a cabo. En resumen, los temas lo imponían así.

9. ¿Qué le debe tu literatura a los viajes y a tu visión de fotógrafo y autor de documentales?

Antes de dedicarme a los documentales o a la fotografía había escrito ya algunos relatos, y me he dedicado por etapas a una u otra actividad. Por tratarse de lenguajes muy diferentes es necesario involucrarse a fondo y en exclusiva. Los viajes nutren la imaginación y amplían la visión del mundo, las gentes que encuentras te revelan que el ser humano en el fondo es igual en todas partes, con sus pasiones e inquietudes, con sus grandezas y sus mezquindades. Por eso hay que huir de actitudes maniqueas dividiendo el mundo entre malos y buenos puros.

10. En qué trabajas ahora.

Si uno trabaja con cierta regularidad y no a golpe de impulsos, a la larga y casi sin darte cuenta tienes un buen puñado de nuevos relatos. Tengo terminado un nuevo volumen con historias que transcurren en diferentes países, o en ninguno, no como en Contraluces, cuyos temas transcurren exclusivamente en Perú. Y como tú bien sabes, siempre hay proyectos sobre la mesa de un escritor. Hay que ir paso a paso, todo tiene su momento.

Contraluces (Reseña)

Para los que quieren conocer un poco mejor el Perú, para los que quieren internarse en las entrañas de lo que los hombres y mujeres alejados del bullicio de las grandes ciudades sienten, Leoncio Robles (Huaraz, Perú) nos retrata con una prosa precisa personajes que se asemejan a nosotros, animales del asfalto, más de lo que creemos. Porque el gran acierto de este libro es acercarnos a personas que están tan lejos de nosotros físicamente pero muy cerca de nosotros en materia de sueños, “padeceres” y vivencias.
Los catorce cuentos que nos presenta Leoncio Robles le han ido llegando poco a poco manifestándose ante el autor que ha ido trabajándolos con esmero de orfebre, poniendo en cada uno de ellos las palabras exactas que mantienen en equilibrio unos sentimientos y unas emociones que están al servicio de cada historia.
Historias estas que nos salen al encuentro para arrancarnos una sonrisa o una lágrima o un reproche. Son los personajes de “Contraluces” (Baile del Sol, 2009) seres hechos de soledad, de ecos de un pasado irremediablemente lejano, obsesionados con sus quehaceres o con sus maneras de ver el mundo, seres de ficción tan humanos que terminan por mirarnos a los ojos para decirnos que también nosotros formamos parte del elenco de estos cuentos.
No debemos perder de vista nada de estas historias. Forma parte fundamental de ellos el paisaje peruano que se despliega ante nosotros. La construcción de las escenas, la posición de los personajes, nos hacen pensar que Leoncio Robles escribe en “modo foto”, colocando narrativamente a cada personaje en su circunstancia para que la historia fluya y nos afecte. Otro aspecto a señalar en esta línea es el lenguaje de los personajes que se comunica con un sabroso deje peruano, con los giros del idioma que nos proponen otras maneras enriquecedoras de llamar a las cosas en este universo tan fascinante que es el español.
Quiero señalar, por la emoción que comunican y por la precisión técnica de los mismos, tres de estos cuentos: Castillo, Josefina y Torero.

Castillo es el retrato interior de un rudo “latin lover” que pretende enseñar a un jovencito como hay tratar y sentir a las mujeres. Un relato entrañable de lo que de verdad va por dentro de las emociones de muchos hombres que sólo muestran una fachada y cómo esos sentimientos se van pasando de generación en generación. No se lo pierdan.
En Josefina se experimenta con la obsesión de los que escriben. Una joven peluquera escribe poemas sin parar y hasta aquí les puedo leer. Con estas dos vertientes de la existencia Leoncio Robles traza un finísimo retrato de la creación literaria por el mero placer de crear. Pasen y lean.
Pero el que más despierta en mi ternura, porque al personaje lo conozco, con otro nombre, con otra historia que contar pero con el mismo aura del pasado que se recuerda es Torero, una hermosa anécdota de juventud que pinta la memoria de un hombre que recuerda lo que fue, o lo que quiso ser. Una joya por su brevedad y precisión para levantar tanta belleza en unas pocas líneas.
Al final de la lectura, no la lean antes, tenemos una nota del autor en la que nos revela el origen de los cuentos. Lo valioso de la nota es que nos permite contrastar nuestras propias sensaciones con el origen de los mismos y nos revela el buen hacer del autor que ha transformado retales de la vida en profundas ficciones.
“Contraluces”, como su propio nombre indica, ha de leerse viendo a estos personajes que se encuentran en el lugar opuesto a la luz, en una penumbra que atrae a la soledad y a la nostalgia. Cuentos que sin duda nos hacen esperar la próxima entrega de este autor que haremos bien en conocer.

22 junio, 2010

El futbolisto: El optimismo ingenuo

Aquí está. España 2-Honduras 0. Los fantasmas del 82 se disipan. Menos mal. Ahora bien, lo que me cansa de las retransmisiones de fútbol es el optimismo ingenuo con el que presagiaban una goleada. Porque lo que no pueden pretender estos señores es que nos vayamos a la cama satisfechos por la imagen de la selección. Creo que también el futbol existen un concepto que podríamos llamar nihilismo futbolístico. Mientras ganemos…
Unos señores, jóvenes, que ganan una pasta no pueden ir por el campo con un cansancio indiferente como en el último tramo de partido. Para mí, malos augurios para nuestro enfrentamiento con Chile. Tanta preparación física para terminar con la lengua afuera ante la modesta Honduras que le echó más ganas que los nuestros al asunto.
Podría haber, tenía que haber, caído una goleada que nos asegurara clasificarnos ante cualquier enredo matemático. Pero en fin que parece que nuestros amigos de la tele quieren que nos conformemos con estadísticas y en ellas pongamos nuestra confianza. Dicen que no nos merecemos dos goles que merecíamos más como si el fútbol fuera cosa de méritos y no de poner la pelota (culpable según los entendidos de que los tiros se les vayan arriba a los jugadores) entre los tres palos.
Ahora nos hacen un análisis de las jugadas como si eso fuese a cambiar las cosas: si esta es la seguridad que nos dan échense a temblar, el viernes se puede liar la cosa y si nos quedamos fuera al final los que me estén acusando ahora de cenizo me darán la razón.
Argumentar a este nivel futbolístico la suerte o los astros (como el seleccionador de Francia) o el frío es echarle morro al asunto. La ingenuidad no cabe en el optimismo futbolístico y mucho menos el nihilismo. La cantidad de veces que hemos escuchado durante el partido que la jugada era bonita la verdad es que hacía que me preguntara si se trataba la cosa de un concurso de belleza deportiva donde te clasificas por hacer las cosas bellas. Las cosas hay que hacerlas bien.
La actuación de la Roja esta tarde más que tranquilizar nos preocupa porque con la velocidad con la que están jugando los chilenos y con las ganas que le tiene a España la cosa pinta bastante oscura. Esperemos que el próximo viernes hagan bien las cosas, jueguen al fútbol y no fallen penaltis. En un Mundial no se puede desperdiciar ninguna oportunidad.
Sí, claro que me alegro de la victoria pero prefiero, como dicen que decía el recientemente fallecido José Saramago, ser un optimista bien informado para vacunarme en salud, con una victoria entre las manos, del optimismo ingenuo que nos venden por la tele.
Les recomiendo a Javier Marías para mantenernos entonados mientras las demás selecciones juegan y pasamos nuestro calvario desesperado hasta que llegue la hora contra Chile. “Salvajes y sentimentales” es el título de una reedición ampliada que publica Alfaguara de los artículos del escritor madrileño sobre el fútbol, una delicia literaria y sentimental que no deben perderse. Enhorabuena a todos. O a casi todos.

Nocilla Lab (Reseña)

Agustín Fernández Mallo lo ha vuelto a hacer: se ha metido en su laboratorio con Nocilla y ha experimentado. Con este “Nocilla Lab” (Alfaguara, 2009) cierra el Proyecto Nocilla con el que nos ha deleitado durante estos últimos años. Esta novela no es ni más ni menos que un viaje emprendido por el autor que nos lleva directamente al corazón de la creatividad.
Como una suerte de collage, como una especie de película rodada en Dogma 95 Fernández Mallo nos lleva a la esencia misma del proyecto, a la búsqueda de un hombre y una mujer de sus metas, a la estética total. Porque Fernández Mallo ha escrito no la novela total sino “el proyecto total”, una experiencia literaria que convierte todo en literatura, que muta todo en ficción para someter a la escurridiza realidad a un universo creativo obviamente y necesariamente infinito.
Las técnicas utilizadas para contar este viaje son diversas: la narración propiamente dicha, el foto collages o el cómic y que nos llevan aun sorprendente y muy creativo final.
Mucho se ha hablado del “efecto Nocilla”, de que si el proyecto no era más que un producto de mercado y tantas idas y venidas que ha protagonizado el experimento de Fernández Mallo. La verdad es que la exposición a estos trabajaos, su frescura formal y su desafío a los cánones no es nuevo, vine de Cortázar y no es más que una vuelta de tuerca a lo fragmentario y efímero como vehículo de comunicación de la historia que se quiere contar.

Sin duda alguna la lectura de “Nocilla Lab” requiere, como el resto de sus complementos, una lectura más atenta para encontrar la cadencia de las historias lo cual no es un defecto del artefacto sino un reto para los lectores.
Sin duda que seguiremos hablando de esta “Nocilla literaria” y de sus consecuencias pero lo que es innegable ya es que Agustín Fernández Mallo tiene una poética, es coherente con ella y la lleva hasta sus últimas consecuencias.
Este “viaje al centro de uno mismo” es enriquecedor en sus paisajes que son el fraseo de la primera parte y sin duda alguna los “Fragmentos encontrados” de la tercera parte. Frases como esta “No sé si tendría valor para esa clase de regreso a mí mismo”, constatan lo reflexivo y profundo de este viaje, viaje que termina convirtiendo al propio autor en un personaje de sí mismo, muy vilamatiano.
Para quien reseña resulta particularmente elocuente la entrada en escena de dos de los grandes escritores que creen en las casualidades literarias: Enrique Vila-Matas por España y Paul Auster por el resto del planeta libro y que son tratados aquí como objetos de meta ficción al igual que el propio Agustín. Busquen sobre todo a Vila-Matas y sabrán por dónde anda y qué fue lo último que escribió. No se dejen engañar por las novedades literarias.
“Nocilla Lab” será para los que se lleguen a él una grata experiencia como lectores y un disparador creativo muy interesante. Que nadie se tire de los pelos intelectuales antes de haber pasado por esta interesante propuesta de Fernández Mallo que da para mucho discutir y para mucho que disfrutar.

21 junio, 2010

El futbolisto: Cita con la historia.

Suenan las trompetas y los himnos de España y Honduras inundan el aire sudafricano. Cita con la Historia otra vez. Me recuerda todo a aquel remoto día de junio cuando nos empataron a domicilio en Valencia. Ni naranjito nos pudo ayudar. Todo suena a novela, a venganza, a oportunidad de romper el maleficio. Espera el Futbolisto que los aguerridos hondureños no tengan su noche. Mañana comentamos y espero que sean buenas noticias. En este instante, España ataca y una mano no pitada espero que no se convierta en el fantasmas de esta noche.

18 junio, 2010

Dios ha muerto (Reseña)

¿Cómo sería el mundo sin Dios? Para muchos que no creen esta es una pregunta poco pertinente pero, insisto, ¿cómo sería el mundo si se confirmara científicamente la muerte de Dios? Imagínense por un momento que los informativos de la noche abrieran con esta noticia: “Dios ha muerto. Su cuerpo ha sido encontrado en un campamento de refugiados de Darfur, Sudán…” Con esta categórica verdad Ron Currie (Maine, 1975) abre su primera novela “Dios ha muerto” que Seix Barral publica con gran acierto. El acierto está en el hecho de que de tanto que hay por traducir del inglés hayan optado por una de esas novelas que valen para traer reflexiones y generar debate lejos de conspiraciones vaticanas y excesos históricos.
Dios encarnado en una mujer de sudanesa muere y su cuerpo es comido por unos perros… En ese mismo primer capítulo Colin Powell ante esa mujer sufre un cambio radical en su vida y manda a la porra al mismísimo George Bush por un asunto de conciencia. A partir de aquí, nada es lo que parece: el mundo da un giro inesperado hacia el caos.
Currie pinta un mundo traumático, desafectado, donde en cada capítulo, muerto Dios, la vida se torna cada vez peor. La discusión entonces ha de plantearse en términos de si esta muerte de Dios es ideológica (un capítulo nos describe las ideologías advenidas después de su muerte) o física (otro capítulo nos narra la transformación de los perros que comen un bocado del cuerpo de Dios y otro hombre que lo intenta) o será que esa idea o anhelo de la existencia de Dios es la que frena la maldad humana (un capítulo nos habla de cómo el amor a los niños desaparece y otro que describe como la vida no vale nada y unos y otros deciden matarse para escapar del gran caos). Lo cierto es que Currie abre alternativas de reflexión y cada uno debe ir por ellas hasta sus propias conclusiones.
La novela nos sitúa en un mundo apocalíptico después de Dios, con ideologías que deshumanizan al hombre, con vacíos profundos que no parecen llenarse con nada. El mundo, lejos de mejorar con la desaparición física de Dios parece deslizarse hacia una pendiente de autodestrucción que, si bien es muy conocida en el Hombre parece ser frenada en su dimensión total por Dios, su presencia o la creencia en Él.

Y es que la lectura de esta obra hace más pertinente aun la frase aquella de Chesterton que dice que “lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa”. Ron Currie nos narra la guerra que se abre en varios frentes a nivel mundial por el hecho de que el Hombre se haya planteado ideologías que lo único que consiguen es en encono y el enfrentamiento. Esto no quiere decir que la “religión”, tomando a Dios como excusa, haya teñido de sangre la historia de la humanidad. El tema da para mucho.
Es irrelevante aquí cuál es la posición del autor ante la existencia de Dios. Ésta es una novela muy bien llevada, muy aséptica (son los personajes los que hablan, los que piensan, no son portavoces del autor), narra, deleita, conmociona.
El manejo de los textos bíblicos que abren cada capítulo deja ver un conocimiento de la Biblia que no es usual. Quiere poner de relieve el contenido de cada capítulo haciéndolo depender del texto citado de las escrituras, que es fundamental para la comprensión de lo narrado.
Uno de los capítulos más redondos es sin duda alguna “Mi hermano el asesino” de una limpieza y rotundidad narrativa que merece una distinción a parte dentro del total de la novela. Esta pieza funciona muy bien sola como pasa con el capítulo “Veranillo de San Martín” de una brutalidad arrolladora y de una fortaleza narrativa que les fascinará.
Con un estilo directo y contundente, los diálogos y descripciones van al grano. Las atmósferas bien creadas dan los respiros necesarios al lector para que se recupere, si eso es posible, del caos anterior, para que se prepare para el que le sigue. Siendo una novela mediana para el tema (235 páginas) la sensación de intensidad que te acompaña durante toda la obra y las reflexiones que suscita hacen de esta un gran acierto técnico y una interesante propuesta reflexiva sobre la religión y su relevancia para el hombre de hoy.

El futbolisto: El omnipresente fútbol

Ahora que me fijo, el fútbol anda por todas partes. Banderas, camisetas, souvenirs, ropa interior, bufandas y demás artículos. Y no sólo eso, ha conseguido que parte de su argot forme parte de la vida diaria del común de los mortales practiques o no el nobel deporte del balompié. Esta palabra la recuerdo yo de mis años de primaria cuando estudiaba en el colegio salesiano con los libros de don Fernando Lázaro Carreter que se confesaba “incompetente” para los asuntos del futbol en un delicioso artículo del año 1981. Y es que al final el inglés nos ha metido un gol con lo de “football” y no digamos nada de lo “goal”. Pero la lista de términos del argot futbolístico que usamos a diario es larga y seguro que conocen más de una y yo ignoro, seguramente, otras tantas.
Por ejemplo la trillada “casarse de penalti”, que esconde detrás de la pena máxima el hecho de casarse porque se ha quedado embarazada la chica. Conocemos a más de uno que le paso y la cosa no fue tan mal. Lo malo, me dicen, es que el penalti se lo metan a uno.
“Meter un gol”, es otra de esas que no significan otra cosa que nos han engañado. Me dicen que es peor que te metan un gol “por toda la escuadra”, que duele más y para los porteros es una zona inalcanzable de la portería., vamos, que muchas veces es inevitable.
Pillar a uno en “fuera de juego”, que significa que te cogen desprevenido o en una situación comprometida. Ejemplo de ello es lo que pasa en la oficina cuando estamos navegando por internet y el jefe llega por detrás y se te queda cara de “no es lo que parece”.
Pero la peor y la que más me ha hecho daño siempre es esa que te dicen en el terreno de juego: “no le metes un gol ni al arco iris”. No me digan que la cosa no es para echarse a llorar. Yo soy uno de esos a pesar de mi tarde de gloria en la que me retiré del fútbol en activo. Un poco de eso nos pasó ayer contra los suizos. Xavi Alonso le dio al arco iris pero no le metió un gol.
Pero el fútbol no sólo se ha colado en el habla de todos. Hoy se ha colado también en política. Resulta que cierto partido (político no de fútbol) esta orquestando una campaña para dejar de llamar “La Roja” a la Selección Nacional de fútbol. Ya lo de nacional le puede sonar espeluznate a más de uno, pero no vamos a seguir por allí. Resulta que algunos ven fantasmas del pasado e invocan con terror a la Pasionaria. En fin, que en España ocurren cosas más serias que todo esto. Curiosamente un chileno me puso de manifiesto que la Roja ha sido tradicionalmente la Selección de Chile como la albiceleste la argentina o la charrúa la uruguaya. La panameña es la Marea roja, me dicen, y aquí todos tan contentos.
El fútbol, a pesar de los goles que le mete al idioma por la escuadra, es un deporte que trata de vincular, que pretende sostener con su épica unos valores necesaria entre los hombres y las mujeres de bien no caigamos en discusiones político-coloristas que no hacen bien a nadie. La bandera aparte de roja es gualda (palabra que también aprendí en los libros de Lázaro Carreter que aludía en el ejemplo práctico a la bandera de España), es decir, hay más de un color para la ilusión, para la unidad.
Hoy no me salgo del recuerdo de Fernando Lázaro Carreter, que fue director de la Real Academia y gran maestro e intelectual, y os recomiendo “El dardo en la palabra” (hay varias ediciones e incluso una segunda parte) para que nos divirtamos aprendiendo a regatear (mejor que driblar aunque se puede decir) a los rivales de nuestra lengua.

Muere José Saramago

El nobel portugués José Saramago ha muerto hoy en Lanzarote. Más allá de los desencuentros con su actitud política hacia el régimen de Castro, está su buen hacer literario, no tanto en sus últimas novelas sino más bien en las primeras. Pienso en “Manual de Pintura y Caligrafía” y “La caverna” por ejemplo. O “Ensayo sobre la ceguera”. Las entradas en el blog que mantenía constituyeron para mí una lectura muy constructiva y se publicaron en “El cuaderno” el año pasado. Nos sumamos al pesar por su pérdida y sabemos que su legado va a acompañarnos por muchos años.

17 junio, 2010

El futbolisto: Tarde de infarto

La cosa se torció pero tranquilos. “Estos hombres nos hicieron campeones de Europa” ¿Y qué? La frase no es mía, se la debemos a Camacho que en la trasmisión del partido se empeñó en hacernos creer que las cosas saldrían bien. En fin, cosas del fútbol (eso es lo que toca decir), que es a lo que más se recurre en estas circunstancias.
La verdad es que la cosa comenzó con el himno nacional y los rostros contenidos y concentrados a tope. Los suizos no parecían peligrosos mientras escuchaban con emoción su himno. Yo volví a confiar en que los chocolateros y relojeros no son buenos futbolistas. Además los nuestros habían ganado la Eurocopa. Aunque también perdieron la Copa Confederaciones pero intenté espantar los malos augurios. No soy supersticioso pero por si acaso mejor no recordar.
El partido arrancó y la cosa pintaba muy bien. Toque correcto, presión al contrario y las posesiones de balón eran abrumadoras. Todo según lo previsto, como ocurre cuando escribes una novela: los personajes controlados, las atmosferas correctas, las tramas y subtramas al servicio del escritor con el objetivo de contar lo que queremos, es decir, España gana el partido. Pero precisamente la cosa cobró más sentido cuando los personajes secundarios se revelaron para tomar protagonismo.
Fue un error pensar que los personajes no se revelan, sobre todo los secundarios. A quién no le ha pasado que teniendo un personaje menor termina por liárnosla y exigir por sus fueros más protagonismo de lo que hubiéramos deseado. Eso hicieron los suizos chocolateros con precisión de reloj de la casa. Esperaron y la ocasión llegó, pero de qué manera.
¿Mala suerte? No, es que la vida misma es así, como cuando escribimos. Siempre se debe contar con el factor “personaje secundario” dado que a nadie, sea ficción o realidad, le gusta ser el segundo. Los suizos buscaron y buscaron y ocurrió el accidente como decían en la trasmisión del partido. Una mala salida de Casillas, rebotes con suerte y un tal Fernandes, suena muy castellano, que mala pata, y gol a golpe de suerte. Personajes secundarios que toman las riendas de la novela.
Pero tranquilos, que nos queda mucho Mundial y muchas ilusiones. Los nuestros dicen que se van a dejar la piel y la afición, luego de la correspondiente pataleta dice que sigue al pie del cañón. Si es que nos apuntamos a un bombardeo.
Hay que confiar, nos piden por todas partes y los especialistas ya van dando fórmulas de lo que Del Bosque tiene que hacer para ganar. De hecho Luis Aragonés dijo que el grupo se va a recuperar que todos tranquilos. Bien, lo haremos. Mientras vamos a esperar el siguiente partido con Honduras (recuerdo aquel 82 en el que empatamos con ellos a un gol) seguiremos hablando de fútbol y memoria.
Hay un librito que os recomiendo hoy para amenizar la espera hasta el siguiente partido. “Cuando éramos los mejores” de J.J. Armas Marcelo (Temas de hoy, 1997) es uno de esos textos emocionantes, tejidos con puntadas de melancolía y ternura. Habla de de fútbol y vida.
Y tranquilos, estos hombres nos hicieron campeones de Europa. No sé si es un consuelo pero es lo que hay.