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21 septiembre, 2009

Por los Senderos con... Miguel Ángel Muñoz


Miguel Ángel Muñoz es uno de los grandes cuentistas de una generación que pide paso a fuerza de buen oficio y de una lectura certera del mundo que les rodea. Editor del ya mítico blog “El síndrome Chéjov” dedicado al cuento y a su entorno nos responde en diferido a las preguntas que le proponemos a propósito de la publicación en Páginas de Espuma de su nuevo libro “Quédate donde estás.

1. ¿Cuándo nace “Quédate donde estás” como libro?

No estoy seguro de que un libro nazca en el momento en que comienza a escribirse o cuando deja de ser escrito y comienza el proceso de publicación. O, es más, si nace como libro en el momento en que es por fin publicado. En todo caso, comencé a escribirlo antes de que se publicara "El síndrome Chéjov", y fui tranquilamente reuniendo los relatos que irían conformándolo. La guinda final fueron los microrelatos, los últimos en escribirse y en añadirse a la estructura del libro.

2. Aunque se afirma que el libro gira alrededor de la idea del equilibrio veo que existe una vertiente de desequilibrio en todos los cuentos, a saber, desequilibrio afectivo, emocional, profesional… ¿Será que el desequilibrio es el equilibrio de los personajes de tu libro?

Las historias e intenciones de los relatos del libro eran bien diversas y me parecía muy importante la disposición estructural de los mismos, su ordenación. Buscar que provocara los contrastes que yo deseaba para los relatos. La búsqueda del equilibrio es por tanto sobre todo formal. Respecto a ese desequilibrio que aprecias en las historias, creo que el origen de una tensión narrativa que resulte atrayente para el lector ha de nacer de la presencia de un conflicto, y cualquier conflicto bebe de una contradicción, una duda, una lucha contra algo.

3. En “Vitruvio” veo la figura del escritor como una especie de escarabajo, dotado de suficientes manos para hacer todo. Hay algo de escarabajo kafkiano en este cuento.

Es curioso, porque después de escribir ese relato, excéntrico y que escribí con mucha libertad, no he dejado de leer historias reales en prensa sobre trasplantes inverosímiles, de brazos o de cara, operaciones que hace unos años nos parecían de ciencia-ficción. Está claro que el cyborg está cada día más cerca y ese cuento puede llegar a ser literatura costumbrista de aquí a poco. Ya no nos sorprende nada.

4. Las vidas de los escritores son como las vidas de santos, muchos quieren imitarla y verse allí reflejados ¿le pasa algo parecido a Miguel Ángel Muñoz?

Creo que, al menos a mí, me parece que esas vidas tienen poco de ejemplares, y por eso las anécdotas que reflejo en mis relatos sobre algunos escritores -y que ocupan muy pocas páginas del total del libro aunque parezca lo contrario- muestran las miserias, humanas pero miserias, de escritores que viven en medio de una absoluta imperfección. Como todos, vamos.

5. Mi cuento favorito de este libro es “Los hijos hundidos”, me parece un cuento cuya atmósfera es técnicamente excelente, es decir, nos hace ver las fotos en la pared, nos oprime y desconcierta como si estuviéramos allí ¿cómo trabajas las atmósferas de sus cuentos?

El cuento vive de su atmósfera como el mago de los prolegómenos del truco. Lo importante no es la paloma, sino el que mientras el mago habla, esperamos la paloma. Me gusta intentar que el lector sienta lo que veo, y vea lo que pienso.

6. El más divertido para mí por lo cerca que me toca es “Profesor Amine”, microrrelato basado en hechos reales. Doy fe de los hechos ¿Cuándo te encontraste con el “viejo profesor”?

Sorprende ver que ese texto, prácticamente real y que muchos lectores habrán leído en los papeles que se reparten por la calle, es un texto que se reproduce una y otra vez, por distintos autores, y que basa su efecto, como en la literatura, no tanto en el anuncio del falso vidente, que todos fácilmente detectamos como una engañifa, sino en la credulidad de aquellos que finalmente descuelguen el teléfono y lo llamen. De poco sirve todos los intentos que hagas por seducir a un lector con tus historias si el lector no quiere ser seducido. Ahí está la belleza caprichosa y respetable del gusto: lo que a unos les parece buena literatura a otros no les dice nada. Unos descuelgan el teléfono y la mayoría no.

7. En una entrevista que nos concedió hace unas semanas Ignacio Martínez de Pisón le preguntábamos lo siguiente: “Cuando dices que frente a Poe has acabado prefiriendo a Chéjov ¿podríamos decir que Poe representa mejor la juventud (dices “trazo vistoso y enérgico”) y Chéjov la madurez (“dices pincelada sutil”)?”nos contestó que “desde luego lo representa para mí. Pero no creo que eso tenga un valor universal. Cortázar siguió escribiendo toda su vida magníficos relatos en la tradición de Poe”. ¿Qué te parece la apreciación habida cuenta de tu relación con Chéjov?

Estoy muy de acuerdo con lo que comenta Martínez de Pisón. Chéjov es un autor que puede no gustarte cuando adoras a Poe -a mí me ocurrió- y que sin embargo, cuando lo lees atentamente más tarde, no entiendes cómo en aquel momento no llegaste a entenderlo. Con Poe la pasión puede languidecer cuando los años pasan. A Chéjov nos lo llevaríamos incluso a la residencia de ancianos, para que nos ayudara a morirnos mejor.

8. “Ácaros” me recuerda a un texto que leí de Monterroso sobre “Cómo me deshice de 500 libros” ¿podríamos usar este cuento como una suerte de orden para deshacernos de libros y sus innatas alergias o con que quitemos el polvo nos vale? ¿Hay libros que contaminan más o todos son sospechosos?

¿Qué haríamos si nos obligaran a desprendernos, por el motivo que fuera, de nuestros libros? ¿Cuáles escogeríamos? ¿Cuáles serían los imprescindibles? La solución del relato es irónica, porque al final, el proceso es una cadena de proporciones enormes, que no tiene fin. La literatura que me interesa es una cadena sin fin, y un libro lleva a otro. Lo que menos me gusta del mundo del cuento es cierta endogamia y falta de curiosidad en sus lectores más entregados. Leer sólo cuento es algo parecido a probar un sólo alimento. Por mucho que nos guste, no es sano. Lo peor es cuando se entiende que el cuento, encima, ha de cocinarse de una determinada manera, y a un punto de sal que parece estar escrito en unas Tablas de la Ley de las que el autor no se debe alejar, cuando la belleza del relato como género es su versatilidad, y su libertad. Todos los libros, del género que sean, están relacionados.

9. ¿Recomiéndanos dos libros de cuentos que debamos leer?

Uno que aún no se ha publicado en España, y que espero que lo sea tras el revival Richard Yates: "Once tipos de soledad".
El segundo aparecerá en lo que queda de año, y es otra maravilla de Ángel Olgoso: "La máquina de languidecer".

10. Miguel Ángel Muñoz ¿se queda donde está o sigue escribiendo? En que andas metido literariamente en estos días.

Corrigiendo, corrigiendo, corrigiendo.

Quédate donde estas (Reseña)

El último libro de Miguel Ángel Muñoz (Almería, 1970) "Quédate donde estas" (Páginas de Espuma, 2009) es un juego de equilibrios. En medio de la lectura de cada cuento nos veremos haciendo malabares para no caernos de la silla. Si muchos libros son capaces de mantenernos al borde del asiento este, os lo aseguro, os va a tirar de donde estéis sentados. Cuentos compactos, directos y absorbentes, así son los cuentos que el lector tiene que leer a toda costa.
Como bien afirma la contra portada del libro estos cuentos están construidos alrededor de la idea del equilibrio, equilibrio formal. Yo añado que están escritos alrededor de la idea del desequilibrio, de ese momento justo en el que se va dar el paso hacia lo desconcertante, hacia la locura. Los cuentos de Miguel Ángel Muñoz están sólidamente elaborados: son cuentos contra los cuales te estrellas y te quedas aturdido, no como ocurre con otros cuentos con los que te das y resulta que son de cartón piedra. Tiene uno, mientras lee, la sensación constante de que el equilibrio se va a perder dentro de poco.
Con la idea en mente de “equilibro desequilibrante” hemos decidido dividir el libro en “cuentos de desequilibrados” (de escritores): “Quiero ser Salinger”, “Las dos hermanas”, “Vitruvio”, “Vaivén” y “Hacer feliz a Franz. “Cuentos de equilibrios” (los cotidianos): “Ropa de verano”, “Quédate donde estás”, “El reino químico” y “Los niños hundidos” y “cuentos desequilibrantes” (los microrrelatos): “Jabón de Marsella”, “Ácaros”, “Profesor Amine” y “Banda ancha”. Creo que si seguimos esta breve y exclusivamente didáctica y particular división, podremos acercarnos más a la esencia de este libro.
De entre los “cuentos de desequilibrados” quiero resaltar dos: “Vaivén”, el cuento dedicado a los seguidores del Blog del autor "El síndrome Chéjov", y que narra una interesante conversación entre Carver y Ford con Chéjov de fondo. Una pieza que esconde muchos sentimientos de escritor en las pocas páginas que tiene. Por otro lado está el inquietante y arenoso “Hacer feliz a Franz” cuento que nos revela el corazón de Kafka y su obsesión por la escritura. Una brillante y cargada atmósfera y un final certero.
De entre esos cuentos de escritores hay uno, “Vitrubio” que es un cuento de ¿ciencia ficción? Un hombre, un escritor, se trasplanta varios pares de manos para poder dedicar tiempo a todo lo que tiene que hacer ¿se atreven a imitar al protagonista? Un cuento libre, provocador y que mezcla en sí varios géneros y contiene muchas de las calladas obsesiones de los escritores. ¿No les parece un escarabajo kafkiano? Lean y juzguen.
De los “cuentos de equilibrios” merecen especial atención “Quédate donde estás” y “El reino químico” en los que una decisión va a cambiar por completo el curso de la vida. Miguel Ángel Muñoz elabora una cotidianidad amable, deseable incluso, parecida a la que podemos estar viviendo y poco a poco va introduciendo despacio, como si inhaláramos sin saber un gas tóxico, los elementos de una decisión que precipitará todo hasta un radical cambio. Es cierto que cada día nos enfrentamos a ello pero ver la secuencia completa desde fuera, como si de una película se tratara, inquieta. Allí está el éxito de estos dos cuentos, hacernos caminar hasta el cambio.
De los “cuentos desequilibrantes”, dos merecen una pequeña mención: “Profesor Amine” (doy fe de los “hechos reales”) es verídico y podéis llamar al teléfono que aparece al final del cuento y “Jabón de Marsella” que es como una cámara de fotos de esas que hacen cientos de ellas por segundo. Va leyendo uno y tiene la sensación de que con el solo olor del jabón la vida de la protagonista va pasando por delante de nuestros ojos como ráfagas de foto.
El más inquietante de todos es sin lugar a dudas “Los niños hundidos”, que va a caballo entre el sueño y la realidad. Un hotel inquietante con un camarero que da la sensación de ser un psicópata antisocial. Nuestro autor consigue crear una atmósfera inquietante en la que todo parece ser un sueño, o no. Un cuento del que desearéis despertaros.
Todo en este libro está a punto de ocurrir, necesitas tomar aire y seguir leyendo para ver que va a pasar. “Quédate donde estás” propone al lector perseguir sin cuartel a los personajes para saber hasta dónde van a llegar. La vida la creemos sólida pero basta una decisión, una palabra, un gesto para que el rumbo de la existencia se vaya por otros derroteros. Un libro que no nos dejará quietos donde estamos, nos hará ir un poco más allá.