lunes, 21 de septiembre de 2009

Quédate donde estas (Reseña)

El último libro de Miguel Ángel Muñoz (Almería, 1970) "Quédate donde estas" (Páginas de Espuma, 2009) es un juego de equilibrios. En medio de la lectura de cada cuento nos veremos haciendo malabares para no caernos de la silla. Si muchos libros son capaces de mantenernos al borde del asiento este, os lo aseguro, os va a tirar de donde estéis sentados. Cuentos compactos, directos y absorbentes, así son los cuentos que el lector tiene que leer a toda costa.
Como bien afirma la contra portada del libro estos cuentos están construidos alrededor de la idea del equilibrio, equilibrio formal. Yo añado que están escritos alrededor de la idea del desequilibrio, de ese momento justo en el que se va dar el paso hacia lo desconcertante, hacia la locura. Los cuentos de Miguel Ángel Muñoz están sólidamente elaborados: son cuentos contra los cuales te estrellas y te quedas aturdido, no como ocurre con otros cuentos con los que te das y resulta que son de cartón piedra. Tiene uno, mientras lee, la sensación constante de que el equilibrio se va a perder dentro de poco.
Con la idea en mente de “equilibro desequilibrante” hemos decidido dividir el libro en “cuentos de desequilibrados” (de escritores): “Quiero ser Salinger”, “Las dos hermanas”, “Vitruvio”, “Vaivén” y “Hacer feliz a Franz. “Cuentos de equilibrios” (los cotidianos): “Ropa de verano”, “Quédate donde estás”, “El reino químico” y “Los niños hundidos” y “cuentos desequilibrantes” (los microrrelatos): “Jabón de Marsella”, “Ácaros”, “Profesor Amine” y “Banda ancha”. Creo que si seguimos esta breve y exclusivamente didáctica y particular división, podremos acercarnos más a la esencia de este libro.
De entre los “cuentos de desequilibrados” quiero resaltar dos: “Vaivén”, el cuento dedicado a los seguidores del Blog del autor "El síndrome Chéjov", y que narra una interesante conversación entre Carver y Ford con Chéjov de fondo. Una pieza que esconde muchos sentimientos de escritor en las pocas páginas que tiene. Por otro lado está el inquietante y arenoso “Hacer feliz a Franz” cuento que nos revela el corazón de Kafka y su obsesión por la escritura. Una brillante y cargada atmósfera y un final certero.
De entre esos cuentos de escritores hay uno, “Vitrubio” que es un cuento de ¿ciencia ficción? Un hombre, un escritor, se trasplanta varios pares de manos para poder dedicar tiempo a todo lo que tiene que hacer ¿se atreven a imitar al protagonista? Un cuento libre, provocador y que mezcla en sí varios géneros y contiene muchas de las calladas obsesiones de los escritores. ¿No les parece un escarabajo kafkiano? Lean y juzguen.
De los “cuentos de equilibrios” merecen especial atención “Quédate donde estás” y “El reino químico” en los que una decisión va a cambiar por completo el curso de la vida. Miguel Ángel Muñoz elabora una cotidianidad amable, deseable incluso, parecida a la que podemos estar viviendo y poco a poco va introduciendo despacio, como si inhaláramos sin saber un gas tóxico, los elementos de una decisión que precipitará todo hasta un radical cambio. Es cierto que cada día nos enfrentamos a ello pero ver la secuencia completa desde fuera, como si de una película se tratara, inquieta. Allí está el éxito de estos dos cuentos, hacernos caminar hasta el cambio.
De los “cuentos desequilibrantes”, dos merecen una pequeña mención: “Profesor Amine” (doy fe de los “hechos reales”) es verídico y podéis llamar al teléfono que aparece al final del cuento y “Jabón de Marsella” que es como una cámara de fotos de esas que hacen cientos de ellas por segundo. Va leyendo uno y tiene la sensación de que con el solo olor del jabón la vida de la protagonista va pasando por delante de nuestros ojos como ráfagas de foto.
El más inquietante de todos es sin lugar a dudas “Los niños hundidos”, que va a caballo entre el sueño y la realidad. Un hotel inquietante con un camarero que da la sensación de ser un psicópata antisocial. Nuestro autor consigue crear una atmósfera inquietante en la que todo parece ser un sueño, o no. Un cuento del que desearéis despertaros.
Todo en este libro está a punto de ocurrir, necesitas tomar aire y seguir leyendo para ver que va a pasar. “Quédate donde estás” propone al lector perseguir sin cuartel a los personajes para saber hasta dónde van a llegar. La vida la creemos sólida pero basta una decisión, una palabra, un gesto para que el rumbo de la existencia se vaya por otros derroteros. Un libro que no nos dejará quietos donde estamos, nos hará ir un poco más allá.

No hay comentarios: