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09 diciembre, 2022

Hablar la Literatura: la unión que necesitamos

«En cualquier comunidad bastante grande y comunicativa, como una universidad, siempre existe el peligro de que aquellos que piensan igual graviten juntos en “camarillas”, donde de ahora en adelante encontrarán oposición solo en la forma castrada del rumor de que los forasteros dicen así y así. Los ausentes son fácilmente refutados, el dogmatismo complaciente prospera, y las diferencias de opinión son amargadas por la hostilidad del grupo. Cada grupo escucha no lo mejor, sino lo peor, que los otros grupos pueden decir».

C. S. Lewis tiene razón (la cita es de 1942): lo peor que le puede pasar a cualquier comunidad, y la literatura panameña lo es, es que los grupos y gremios graviten juntos en camarillas que apenas tengan la más mínima interacción. Se nota la gran distancia que hay entre escritores, empezando por lo que es natural y básico en este oficio: leer. Aquí no se lee casi nadie y casi nadie dice nada de lo que se escribe, pasando a vivir, como en la frase del irlandés, del rumor de lo que dicen los “forasteros”. Seguir leyendo el artículo aquí.

Publicado en el diario La Prensa, viernes 9 de diciembre de 2022.

17 octubre, 2022

El ombligo que seremos

Hace tiempo aludía a la malamaña de los escritores de no leerse (aquí) y lo perjudicial que es para la buena salud de la literatura nacional. Un buen amigo me decía los otros días que, la gran diferencia entre esta generación y la anterior, es la falta de unidad. Y quizás no le falte razón, pero lo cierto es que a esta lo que le sigue faltando es leer, leer en general.

Muchos escritores solo se fían de la esférica mirada conocida de su ombligo, en el cual encuentran todas las referencias que necesitan para seguir siendo anodinamente ellos mismos. Los talleres literarios siguen sin enseñar a leer, a meditar desde el oficio sobre lo leído, a desmenuzar el arte para beneficio propio. Y digo esto con conocimiento de causa: se espera que el aspirante a escritor venga leído pero, si no, habrá que mandarlo a leer, no hay nada más importante. Seguir leyendo aquí.

Artículo publicado en el diario La Prensa, lunes 17 de octubre de 2022.


04 octubre, 2022

Palabras

Ilustración de Fernando Vicente

El verso, aquella cicatriz leída en el poema, llega un día que se concreta, y sentimos una mano sobre el hombro de nuestra emoción que nos despierta de nuestra inopia: la palabra se ha convertido en compañera cotidiana, en la Realidad y el Deseo, y el verso feliz de Cernuda se materializa en todas sus dimensiones cifrando el sentimiento: “tú justificas mi existencia”.

Qué extrañeza las palabras, su perfil de aire, sus miserias y grandezas, su decidida capacidad de tañer el alma y la emoción humana, del lector, del que escucha con atenta devoción o distraída tristeza sus mensajes. Materia de arte, barro para trabajar la belleza, desde el principio fue ella, dice Juan, luego se encarnó, cuenta el evangelista más adelante; lenguaje divino, tentadora ficción y casi mentira en otros labios, las palabras siempre serán el todo o la nada intrascendente.

Cuando por fin la palabra se hace carne y habita en nosotros, el mundo es muy otro, es una más alta vida, una actitud azul; las palabras, arrinconadas por los escritores, sometidas las emociones que esconden, ordenadas por la belleza instintiva que pretenden, forman esa sima llamada Literatura. Porque todo camino hacia la emoción humana se transita por las palabras hacia lo profundo, hacia el abismo.

Oficio extraño el de escritor, siempre cuesta arriba con las palabras, juntándolas, para rodar cuesta abajo derrotados. Nada tan Sísifo, tan condena, como el buscar escribir aquel verso preciso, aquella imagen nítida, capturar esa emoción que se convierta en una mano que toque el hombro del lector y lo despierte, porque escribir, si no es para despertar, no es más que necedad arrogante.

Y sí, del silencio a la palabra, otro verso feliz, el escritor viene, camina por el laberinto perdiendo a conciencia el hilo, entendiendo que estar perdido es estar, y que hallarse no es más que una ilusión de palabras que nos augura volver a caer como Sísifo para poder seguir escribiendo el abismo.

Leer el artículo en La Prensa, aquí.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 4 de octubre de 2022.

13 abril, 2022

La escritura, el espíritu del escritor y la vergüenza

El viejo Roland Barthes, con el que tiene uno que esforzarse para comprenderle, publicó en 1969 una columna en el Corriere della sera, llamada “Diez razones para escribir”, en las que enumera las que cree que son las suyas para hacerlo. La que más me llama la atención es la número siete, en la que afirma que lo hace “para satisfacer a amigos e irritar enemigos”. Uno se ríe, quizás tenga razón, pero el resto del libro, donde se recoge el citado artículo (“Variaciones sobre la escritura”, Paidós, 2002), nos propone un nivel de significación, de estructuras, de discusiones relativas al texto y a su ejecución, que hacen que desaparezcan las risas de inmediato: escribir es un oficio creativo de traspiración extenuante, algunas veces, muchas, y otras, muchas, algunas, de un placer apasionante. Seguir leyendo el artículo aquí.

Artículo publicado en el diario La Prensa, viernes 8 de abril de 2022.

20 mayo, 2020

Un puñado de palabras para un paisaje


Para Aitana, que se encontró con la belleza.


En algún momento de la historia, alguien, decidió dejar de señalar con el dedo la realidad y comenzó a contar historias. El mundo se llenó de cuenteros, de habladores, y ya no fuimos los mismos: aprendimos a vivir en pieles distintas a la nuestra mientras durara el relato. Llegaba la ficción para ofrecernos perspectiva y fraternidad (porque la lectura, no se olvide, vincula).

Confinados estos días con las tareas y los libros, era de esperar que en alguna esquina se diera el encuentro. "Describe el paisaje”, pide el enunciado de Español y, bajo un paisaje de tulipanes rojos y amarillos, con césped verde y lago moteado de cisnes, un pequeño guión invita a Aitana a pensar en lo que ve y contarlo. Yo tecleaba en mi mesa de trabajo ajeno a todo esto, rodeado de libros y notas. Seguir leyendo el artículo aquí.


Artículo publicado en el diario La Prensa, 19 de mayo de 2020.

07 enero, 2020

La vida de los que escriben

Mario Benedettí con su madre.

Blas Matamoro dice en su ensayo “Novela familiar” lo siguiente: “Nunca tenemos acabada la definitiva historia de la vida de un escritor, como tampoco tenemos leída del todo y para siempre su obra”, precisamente porque el escritor imbrica vida y escritura, vida y lectura, convirtiéndose siempre en parte de la obra que construye, porque sin ser nunca el protagonista de sus historias busca construirse una memoria de sí mismo.

Esta es una de las evidencias silenciosas y más importantes del hecho de ser escritor: la vida del que escribe es muy poco pública, es poco consciente de los focos, de los medios. La escritura todo lo copa, la escritura es su asomo al otro, la asunción de su lugar en el mundo.

Uno inventa su vida mientras escribe, “al hacer narrable algo en sí mismo inenarrable”, dice Matamoro. Se narra la herida, y sin herida no hay historia. Escribir sin herida, sin narrarse, puede ser muy democrático pero nunca producirá buena literatura. Impreso no es sinónimo de escrito.

La vida bajo las letras se nota. La narración de la luz o de la oscuridad, el ritmo del silencio, los versos del hambre. El escritor repuja el cuero, lo hiende con su vida, deja una huella en el texto y en el alma del que lee, de eso va la literatura, de búsqueda propia y de hacer camino al escribir.

Esto no se aprende en ningún taller literario. La herida, como el talento, se trae de casa. Se puede enseñar a dominar la técnica narrativa pero sin herida, ni la mirada que genera, nuestra obra será solo una cáscara de tinta.

Aunque todo pase por discutible, conviene ser conscientes de que muchas frustraciones y egos literarios nacen directamente de esta falta de vida en muchas obras. Se puede escribir sobre el 9 de enero, pero sin olvidar que la emoción y la belleza no los da el tema, los construye desde la herida el buen escritor.


Artículo publicado en el diario La Prensa, 7 de enero de 2020.

29 noviembre, 2018

Leer sin prejuicios


El sistema comenzó a temblar cuando Gutenberg inventó la imprenta de tipos móviles. A partir de ahí, cambio todo: se aceleró la publicación de textos y hubo que empezar a enseñar a leer, claro, los libros están para eso. Ya nada fue igual: se puso la razón al alcance de todos. Seguir leyendo aquí.

Artículo publicado en el diario La Prensa, 27 de noviembre de 2018.



25 abril, 2018

Las fiestas de las letras

“Estamos habitados por libros y por amigos”. Desde esta frase de Daniel Pennac me dispongo a celebrar las letras, que esta semana se encaraman al calendario para no dejarnos olvidar la dicha que tenemos: leer. Es, como dicen que decía Borges, “una felicidad que no se puede imponer”. Seguir leyendo aquí.

Artículo publicado en La Prensa, Panamá. 25 de abril de 2018.

24 abril, 2018

En Literofilia: Una experiencia compartida

Borges, dentro del citado cuento, le debe otra vez a Stevenson esta herramienta de construcción de la memoria y a los espejos. Porque ya en sí, el mismo acto de la escritura es una tentativa del doble, es una vicarización de la realidad en tanto que el escritor construye un espejo en el que resolverse y reconocerse pero siendo otro, ni mejor ni peor, ni cierto ni falso, sencillamente “otro”. Los textos son, todos ellos, huellas emocionales del que escribe. Para seguir leyendo, pulsa aquí.


17 marzo, 2013

Mi espacio.

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Aquí escribo
El espacio en el que se escribe, su geografía de libros, sus cimas de cine y sus simas de ensayo, ambas enclaustradas en blancas estanterías suecas. Allí se cruzan, en el punto exacto entre la silla y la mesa de trabajo, en la mente del que escribe, mujeres apesadumbradas, territorios  inaugurados, dictadores que son fantasmas del ayer. Pueblan el refugio las ficciones de amigos, los poemas de otros, las novelas de la infancia.
El sol se asoma por una ventana que no devuelve nada más que luz, que no traiciona a la vista porque, al querer mirar por ella, solo se ve un estor tan blanco como la pantalla donde las letras se van soldando a las palabras que se van convirtiendo en una novela.
Un refugio que las niñas invaden con sus preguntas, con sus juegos, con sus reclamos de un abrazo y un beso, con dibujos para enseñar, con ganas de ayudar a papá a escribir otro cuento. 


15 mayo, 2011

Viaje

Esto es un viaje y en su desarrollo, en su ida hacia el destino, has de disfrutar de cada paraje, de cada estación o paradero que se te meta en el camino. No es sólo llegar, un viaje es también ir aunque vayas dormido. Porque al soñar también viajamos y también hay estaciones y paraderos donde apearnos a estirar las piernas y la memoria. Y al despertar del sueño en el que viajamos seguimos de viaje y de súbito nos asalta la pregunta: ¿viajo o sueño? La respuesta es simple: ¡qué más da!

16 mayo, 2010

Necios de estar por casa

Sin paños calientes: la mayoría de los seres humanos somos necios. Eso de que somos el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra es una verdad como un templo con el que damos constantemente que diría Don Quijote. Y es que a la hora de vivir, ese deporte tan duro no apto para cobardes, optamos constantemente por la seguridad despreciando a diario la libertad que nos permita de una vez por todas dejar de ser personajes de la novela de otro.
¿Contento con tu trabajo? No, pero insistes en seguir en él sin asumir los necesarios riesgos calculados para librarte de la esclavitud a una impostura que el sistema éste en el que estamos inmersos nos ha dictado bajo amenaza de “te dejo en la puñetera calle como no te conformes”.
Y es que en estos tiempos parece que nos han despertado de nuestros sueños para arrullarnos con los réquiems aunque sean de Fauré o de Mozart para que al dormirnos nos veamos sumidos en una pesadilla constante que amedrenta.
Pero hay que rebelarse, hay que buscar la manera de despertarnos del letargo para vencer la pereza, el tedio, o la maldita seguridad dentro del sistema de conformismo en el que estamos para poder convertirnos en quien queremos ser. Es hora de dar el salto, de asirnos a nosotros mismos para dejar de ser eslabones en la cadena de otros y procurarnos la belleza que deseamos, los sueños que hemos soñado siempre. Si insistimos en posponernos a nosotros mismos y a nuestras metas terminaremos siendo devorados por la frustración, por la acuciante sensación de necedad que mete piedras en los pasillos de nuestras casa para que vivamos tropezándonos constantemente.