Convivimos con las sobras. Los otros días, releyendo los microrrelatos de “La máquina de languidecer” de Ángel Olgoso (Páginas de Espuma, 2009), encontré una chispa en la oscuridad circundante: “La herida ofendía a la vista y me asombraba pensar cómo sobrevivimos a nuestros venenos internos”. La cita me abofeteó el ánimo. La firma un tal William Kennedy, premio Pulitzer en 1984. ¿Cómo sobrevivimos? Me interrogué en el transcurso de mi relectura, de mi búsqueda. Seguir leyendo aquí.03 marzo, 2016
En Literofilia: Cómo sobrevivimos a nuestros venenos internos
Convivimos con las sobras. Los otros días, releyendo los microrrelatos de “La máquina de languidecer” de Ángel Olgoso (Páginas de Espuma, 2009), encontré una chispa en la oscuridad circundante: “La herida ofendía a la vista y me asombraba pensar cómo sobrevivimos a nuestros venenos internos”. La cita me abofeteó el ánimo. La firma un tal William Kennedy, premio Pulitzer en 1984. ¿Cómo sobrevivimos? Me interrogué en el transcurso de mi relectura, de mi búsqueda. Seguir leyendo aquí.
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02 marzo, 2016
El piso de mi escuela es particular…
Arrancan las clases en Panamá. Recuerdo la emoción de la
primera mañana, el uniforme, los zapatos nuevos, las ganas de aprender y sobre todo,
las ganas de amistad y de juego. De todos mis amigos, el libro no era el mejor,
no exactamente, pero lo apreciábamos, y las maestras que tuve intentaron
enseñarme el amor al conocimiento lo mejor que sabían.
Veo las fotos de mis sobrinos en su primer día de clases y
les envidio. Mis hijas salen corriendo con sus amigos a formar su fila para
esperar el timbre y empezar a soñar aprendiendo. ¡Quién pudiera volver a
sentarse a escuchar a la maestra y sentir el cobijo de una segunda madre que
cuida que sepas leer y escribir!
Arrancan las clases en Panamá, en la escuela República de
Costa Rica de La Chorrera. Un edificio provisional acoge a los estudiantes.
Ciertamente el inicio de clases no es igual para todos y fíjense ¡el presidente
de la República estuvo allí! ¡Qué manera tan importante de empezar el año
escolar! El acceso a las instalaciones provisionales es un caos, pero los
padres, garantes de la educación de sus hijos, no ceden a las adversidades.
En esa visita, el presidente con minúscula, vuelve a
sorprenderme con una actitud de esas que hacen historia. ¿Cómo se comprueba que
un piso de escuela (provisional) es seguro? La escena que veo en un video es
ésta: un grupo nutrido de personas accede al recinto. Una madre le muestra al
ciudadano elegido por la mayoría para gobernar el país (no es suyo, ni es el
jefe de nadie), cómo el suelo cede bajo sus pies. Una madera combada con el
peso de la señora hace saltar las alarmas. El presidente observa. Entonces va a
una clase, los niños son puestos en pie y Juan Carlos Varela, cruzado de brazos,
pide a los niños que brinquen en su puesto. El suelo no cede, menos mal. Entonces
se vuelve a la madre y le pregunta "¿está tranquila señora?"
Seguro que el señor Varela no dejaría a sus hijos asistir a
clase en esas condiciones. Es tan esperpéntica su intervención que, después del estupor del primer visionado, uno cae de la tristeza a la rabia contenida al
ver que la persona que debe encarnar el buen gobierno, la escucha atenta y resolutiva
de las situaciones adversas del país, tenga tan poca sensibilidad y exhiba
tanta torpeza en su trato. Enfurruñado como un niño chico acostumbrado a tener
siempre la razón va y hace que los alumnos “brinquen” a ver si es verdad que el
piso cede.
Esta actitud lo único que hace es destruir la imagen de
nuestro país. Queremos engañar a turistas e inversores para que visiten un "país
moderno" que esconde vergüenzas como éstas que son muy graves. Si lo que quieren es
moldear una sociedad de serviles y olvidadizos de su identidad y deber, van por
muy buen camino. Brinquen en su puesto, a ver si el suelo cede, a ver si se hunde todo de una
vez por todas.
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05 enero, 2016
El "postcuento" de nunca acabar
Eloy Tizón, cuentista mayor, excelente novelista y muy buen
observador literario, nos ha puesto a todos a pensar el cuento. Escritores,
lectores, editores y críticos, ya estarán familiarizados con el texto que el
escritor publicó en su columna mensual de El
Cultural: “Postcuento”. Un
texto nada largo, apenas 293 palabras (un microrrelato), y al cuento, como era
de esperar, le ha llegado su hora: ¡el cuento está desnudo!, le han saltado las
costuras de un traje que se la ha quedado chico o, es posible, el género ha
ganado peso. Seguir leyendo... Artículo aparecido en la revista "OtroLunes", número 39.
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04 enero, 2016
Una isla para Dickens
Quizá una de las historias
que más se reproducen en Navidad sea la escrita por el inglés Charles Dickens,
“A Christmas Carol”. “Cuento de Navidad”, novela corta, se publicó el 19 de
diciembre de 1843 y desde entonces no ha dejado de ser reproducida en
películas, obras de teatro, radionovelas, musicales y se ha convertido en una
tradición navideña ineludible. Dickens inauguró con éxito y sin pretenderlo el
género del “milagro de Navidad”, que ha influido en un buen puñado de obras
desde entonces. Seguir leyendo…
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Vanessa Montfort
04 agosto, 2015
De la necedad social
Lo del deporte en general, y el fútbol en particular, vista la reacción social tras la derrota ante México, es cada vez más preocupante. No por el deporte en sí, sino por cómo nos relacionamos con este y su consumo. Esta semana hemos asistido, a cuenta de un partido de fútbol, a una perversión de los conceptos patria, dignidad e identidad. La transmisión de conocimiento y valores ha fracasado. En algún momento de nuestra relación con la realidad nos hemos perdido. Seguir leyendo aquí.
Artículo aparecido en el diario panameño La Prensa. 1 de agosto de 2015.
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22 julio, 2015
"Quince años, casi nada" en Otro Lunes
Este año, una editorial, más guapa que nunca, cumple quince años de andadura, un cuento que se alarga, una constancia aleccionadora, un prestigio sólido que merece la pena elogiar: Páginas de Espuma. El sueño de Juan Casamayor y Encarni Molina llega a esa ilusionante edad con más ganas que nunca de seguir. Y sí, el tiempo se ha pasado volando. Seguir leyendo aquí.
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Televisión y libros
He escuchado decir que
Groucho Marx decía que la televisión le parecía muy educativa: la apagaba y se
ponía a leer. Y va a ser cierto, allá o aquí. En todos lados se emite basura,
se ignoran los temas culturales y se eleva a la categoría de moda la falta de
talento y la rebusca farandulera o post concurso de belleza. Los televidentes
más jóvenes “comen cuento” en vez de leerlos y emprenden el camino hacia la
estupidez.
Pensando todavía en lo del Instituto Nacional,
insisto, como dije la semana pasada, en que como adultos, como muestras del
“futuro” que espera a nuestros jóvenes, hemos fracasado y seguimos fracasando.
Vean sino la noticias: corruptos impunes, dictadorzuelos pidiendo perdones
sesgados y los “juega vivo” reídos de la cara de idiota que pone la sociedad al
verles salirse con la suya. Maldita tele, "espejo nuestro nos guste o no" como
sostiene Enrique Lynch.
Me di un baño de telebasura esta semana, de
telebasura patria y no hace falta que dé nombres de los programas de moda, esos
que comentan el faranduleo, glorifican la chabacanería y hacen creer a los
incautos que todos pueden ser de la tribu que se insulta y se grita y que airea
la vida privada de sus “celebritis”. Allá ellos, como dicen Les Luthiers. Eso
me pasa por ver televisión y no hacer caso de la sabiduría “marxista”.
“Estás hablando como un viejo”, ya escucho, “un
viejo estrecho y gris, que no evoluciona. No eres hijo de tu tiempo, tu tiempo
se pasó “mai frén”, ahora la vaina es diferente…” No, no es que rasgue mis vestiduras
ante semejante despliegue de sandeces, es que no me creo el discurso de las televisoras
de que “al pueblo se le da lo que quiere”, que “la gente se ríe”, que tiene que
desconectar de su vida tan estresada. Como se dice ahora: aterricen. Si de verdad
se quiere hacer televisión de calidad la pueden hacer sin caer en simplismos
idiotizantes, sin colaborar con la expansión del reino de los ciegos, donde el
tuerto es siempre un rey muy malo y encima, si le dices que va desnudo, te mete
una rejera, él y los ciegos de su séquito que disfrutan de esa oscuridad.
La Academia Panameña de la Lengua estrena, según
comunicado, nueva directora, un ser humano extraordinario y lleno de sabiduría
que se llama Margarita Vázquez. Su predecesora, Berna de Burrell, seguirá en la
brecha trabajando en un acercamiento del pueblo a la lectura según la misma
nota. Un trabajo que hace falta más que nunca: más lectura, más puertas al
criterio. No van a tener nada fácil la tarea los Académicos. Hay que seguir en
la lucha, pelear cuerpo a cuerpo con una imagen rota de las instituciones y de
la cultura, la que se despliega en los medios.
Definitivamente no hay que
hacer dramas por la televisión panameña. Vamos a apagarla y a ponernos a leer.
Un país en el que no hay espacios para la cultura en horario de máxima
audiencia o que no tiene ni la más mínima intención de programar más que
deporte y “telerrealidad” tiene un
índice muy elevado de inmadurez y poco apego por la democracia. Y democracia no
es decir lo que a uno le venga en gana y me vale… el resto: eso es arrogancia y
cinismo.
Esta semana apaguen el
televisor. Vayan a la Biblioteca y saquen algunos libros, léanlos, niéguense a
darles minutos de su vida a los programas basura. Ríase de usted mismo leyendo
una buena novela, un poema o cuento. Y no se diga que es cosa de unos pocos la
cultura, esa es la otra mentira que hay que discutir y de la que se aprovechan
estos programas. Ojalá los libros se cuelen en la televisión y relacionemos
democracia y cultura. Ojalá. Mientras llega ese día, el televisor apagado y el
libro abierto.
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26 junio, 2015
La Feria que viene
Se ha presentado la XI
Feria Internacional del Libro de Panamá que tendrá como país invitado a Guatemala, tierra de Miguel Ángel Asturias y el pequeño gigante de la ficción, Augusto
Monterroso, al que le descubrí el otro día hasta una cuenta de Facebook. El dinosaurio
despertó para apoderarse desde el más allá de las redes sociales y de más lectores.
Un gran país literario que se merece
toda nuestra atención y nosotros haremos bien en reclamar la suya. Una búsqueda
mutua, un reconocernos, un volver a tomar contacto en un marco de fiesta literaria
y con buenos amigos de otras letras que terminan por converger en una palabra:
libro.
Un acierto la elección del país y
más aún en un momento en el que creo fundamental que comencemos a mirar al vecino
cerca. Potenciar la difusión de los escritores a nivel regional es un reto a considerar
si perder de vista una difusión global. Comencemos cerca y de modo sostenido.
Juntos podemos resolver un problema que por obvio no deja de ser un déficit
cultural: necesitamos leer a nuestros vecinos.
Insisto, al hilo de la Feria que
vine, que las Embajadas y sus Agregados Culturales tienen que jugar un papel
determinante en este flujo de autores. Son ellos y nuestros recursos allí donde
estén destinados los que pueden propiciar los encuentros, los viajes, las
presentaciones de libros, la participación constante.
No olvidemos que se tiene en
cuenta lo que se mueve, lo que se luce. Tenemos que estar presentes en las
mesas culturales, en los encuentros intelectuales, hemos de dejarnos ver de
verdad en las principales Ferias del libro del mundo. Fíjense como los países bien
organizados culturalmente no dejan de venir a Panamá, hasta aquí se vienen para
dejarse ver. Hemos de sumar a la “política del escaparate”, una política de "objeto cultural” a nivel exterior y en clave interior, hemos de sumar a estas
dos políticas, la de "visibilización cultural".
¿Dónde están los recursos para
una buena e independiente revista cultural? ¿Dónde el espacio público y privado
de contenidos culturales atractivos, bien difundidos y bien pagados a sus
creadores? Cuando las instituciones culpan a los escritores, en nuestro caso
(lo mismo que llevo dicho se aplica al resto de las artes), y nosotros a las
instituciones y juntos a la empresa privada (que hace su parte), me pregunto si
todos juntos no estamos siendo colaboradores necesarios en esta “farsa” que es
tantas veces la “cultura panameña”. Los entusiastas de la ignorancia se frotan
las manos, ya están otra vez todos contra todos, se dicen, y mientras, la
mediocridad se afianza en los lectores y futuros consumidores culturales.
La Feria que viene volverá a
dejar clara una realidad: cuando hay voluntad y se apartan egos, la unidad
funciona, la misión se cumple. Necesitamos agentes vinculantes, que se dejen
asesorar, que escuchen. Vengo observando mucha soberbia y majadería en los
funcionarios culturales y pocas ganas de sumar. Tienen los recursos, pero les
falta la actitud y la capacidad para resolver un rompecabezas de muy pocas
piezas, sobre todo porque una de ellas tiene la forma de la humildad.
La Feria que viene se llenará de
grandes escritores, de medianos y de muchos prescindibles, pero hay que leerlos
para criticarlos y descubrir el fondo del asunto. Debates habrá, qué bueno.
Otra oportunidad para conocernos y acercarnos y tomar, ya no medidas, porque el
asunto cultural ya está medido y diagnosticado, las herramientas y ponerse
manos a la obra.
Artículo aparecido en el suplemento Día D del Panamá América.
Domingo 21 de junio de 2015.
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16 junio, 2015
Las fotos y las vocales
Para Aitana, que se graduó de
kínder como su papá.
“El niño salta, va, viene,
se equivoca de rama, vuelve a saltar,
dice la a, la e, ríe con la
i, se asusta con la u, vive”.
Francisco Umbral, Mortal y rosa.
Como siempre, mi mamá rescató
de sus recuerdos guardados en cajas, una foto de la maestra Carmen, una mujer
de cabello corto, piel canela y ojos brillantes. Junto esa mujer hermosa, un
niño flaco sostiene un diploma y viste capa y birrete celeste, con cara de
timidez. El niño, a su pesar, se ha convertido en el adulto que soy.
Miro agradecido a diario en mi
mesa de escritor esa foto que no presagia el presente que ahora es. Me pasa
como a Daniel Pennac, solo que con menos glamour literario. Y los recuerdos
vienen, y las letras y los cuentos, y la maestra Carmen pide silencio y
atención: la letra “U”, explica, es la cuerda con la que salta una niña, y yo
la miro fascinado. Habla con voz melodiosa, entonando con dulzura cada palabra,
buscando en su imaginación el ejemplo preciso para enseñarnos las vocales y la
“E” tiene el palito del centro más cortito, y yo maravillado. Carmen fue mi
maestra de kínder en la Escuela Primaria Don Bosco y me gustaría verla para
darle las gracias y preste atención, me dice con firmeza cariñosa: la “A” tiene
las patitas abiertas. Dígame una palabra con “A”, me pide: Aitana, le contesto.
La última vez que vi sus
brillantes ojos negros fue durante las Fiestas Patrias de 1984. Desfilaba yo con
una banda tricolor que me cruzaba el pecho, era Cuadro de Honor del Técnico Don
Bosco. Con mirada marcial hacia el frente y fustigando con cada paso el
adoquinado, marchaba por el Casco Viejo. Pasada la Presidencia, y de entre el
gentío, una mano me saludaba con urgencia temiendo que no la viera. Era ella
sin duda, la maestra Carmen, pero no ve que le estoy haciendo señas, me dice
preocupada: está usted muy distraído esta mañana, ¿qué dije de la “I”?,
pregunta para saber si estoy atento. “Que es como un soldadito maestra:
derechita y con un puntito arriba”. A ver, ¿quién me dice, —pregunta a todos en
el salón de clase—, qué letra falta? La “O”, contestamos con voces ruidosas.
Oscuridad sin esas cinco letras
es lo que pienso ahora que soy escritor, en estas fechas en las que ando
colgado de un sueño tejido de palabras y obsesionado con personajes muertos y
en blanco y negro, dormido sobre libros en largas noches de insomnio y
lecturas: oscuridad sin esas pocas letras me digo ahora, ahora dibuje en el
tablero un oso con la “O”, me pide la maestra a ver si me la sé. Uso muchas para
dibujar cara, orejas, ojos, boca: todo en un oso se dibuja con la “O”, decía.
Vamos a decir las cinco vocales todos juntos. El coro de chiquillos entona como
una letanía las vocales: A, E, I, O, U, ¡el burro sabe más que tú!
El día de la graduación nos
hicieron una foto a cada uno, una Polaroid instantánea de aquellas tan modernas.
Aitana se hizo una con Luis, su maestro, que le enseñó las vocales y a leer.
Sonríe con timidez como su papá, pero sin capa ni birrete, su maestro sonríe
también, son cómplices de letras. Se echarán de menos.
Mi foto de graduación preside
mi mesa de trabajo, un niño flaquito portando un diploma junto a una mujer
hermosa, piel canela, sonrisa tierna y ojos brillantes. Carmen no sé qué se
llama la maestra que me enseñó las vocales. No sé dónde andará para darle las
gracias, pero sin esas primeras letras aprendidas, oscuridad, seguro que
oscuridad.
Por distraído, ahora se queda
sin recreo, me dice la maestra.
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19 mayo, 2015
Gregor Samsa, cien años después
Decía el escritor Luis Landero durante la presentación de "Kafka con sombrero" de mis queridos Jesús Marchamalo y el ilustrador Antonio Santos, que en el futuro, quien mejor dará cuenta de la humanidad en literatura, será Franz Kafka. Celebré la sentencia, estábamos en la Librería Rafael Alberti de Madrid, que está en el año de sus cuarenta años, y convine con él que es verdad, todos le debemos a Kafka algo como lectores, sin duda, y como escritores, aunque no lo parezca muchas veces. Para leer el artículo pincha aquí.
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