22 junio, 2010

El futbolisto: El optimismo ingenuo

Aquí está. España 2-Honduras 0. Los fantasmas del 82 se disipan. Menos mal. Ahora bien, lo que me cansa de las retransmisiones de fútbol es el optimismo ingenuo con el que presagiaban una goleada. Porque lo que no pueden pretender estos señores es que nos vayamos a la cama satisfechos por la imagen de la selección. Creo que también el futbol existen un concepto que podríamos llamar nihilismo futbolístico. Mientras ganemos…
Unos señores, jóvenes, que ganan una pasta no pueden ir por el campo con un cansancio indiferente como en el último tramo de partido. Para mí, malos augurios para nuestro enfrentamiento con Chile. Tanta preparación física para terminar con la lengua afuera ante la modesta Honduras que le echó más ganas que los nuestros al asunto.
Podría haber, tenía que haber, caído una goleada que nos asegurara clasificarnos ante cualquier enredo matemático. Pero en fin que parece que nuestros amigos de la tele quieren que nos conformemos con estadísticas y en ellas pongamos nuestra confianza. Dicen que no nos merecemos dos goles que merecíamos más como si el fútbol fuera cosa de méritos y no de poner la pelota (culpable según los entendidos de que los tiros se les vayan arriba a los jugadores) entre los tres palos.
Ahora nos hacen un análisis de las jugadas como si eso fuese a cambiar las cosas: si esta es la seguridad que nos dan échense a temblar, el viernes se puede liar la cosa y si nos quedamos fuera al final los que me estén acusando ahora de cenizo me darán la razón.
Argumentar a este nivel futbolístico la suerte o los astros (como el seleccionador de Francia) o el frío es echarle morro al asunto. La ingenuidad no cabe en el optimismo futbolístico y mucho menos el nihilismo. La cantidad de veces que hemos escuchado durante el partido que la jugada era bonita la verdad es que hacía que me preguntara si se trataba la cosa de un concurso de belleza deportiva donde te clasificas por hacer las cosas bellas. Las cosas hay que hacerlas bien.
La actuación de la Roja esta tarde más que tranquilizar nos preocupa porque con la velocidad con la que están jugando los chilenos y con las ganas que le tiene a España la cosa pinta bastante oscura. Esperemos que el próximo viernes hagan bien las cosas, jueguen al fútbol y no fallen penaltis. En un Mundial no se puede desperdiciar ninguna oportunidad.
Sí, claro que me alegro de la victoria pero prefiero, como dicen que decía el recientemente fallecido José Saramago, ser un optimista bien informado para vacunarme en salud, con una victoria entre las manos, del optimismo ingenuo que nos venden por la tele.
Les recomiendo a Javier Marías para mantenernos entonados mientras las demás selecciones juegan y pasamos nuestro calvario desesperado hasta que llegue la hora contra Chile. “Salvajes y sentimentales” es el título de una reedición ampliada que publica Alfaguara de los artículos del escritor madrileño sobre el fútbol, una delicia literaria y sentimental que no deben perderse. Enhorabuena a todos. O a casi todos.

Nocilla Lab (Reseña)

Agustín Fernández Mallo lo ha vuelto a hacer: se ha metido en su laboratorio con Nocilla y ha experimentado. Con este “Nocilla Lab” (Alfaguara, 2009) cierra el Proyecto Nocilla con el que nos ha deleitado durante estos últimos años. Esta novela no es ni más ni menos que un viaje emprendido por el autor que nos lleva directamente al corazón de la creatividad.
Como una suerte de collage, como una especie de película rodada en Dogma 95 Fernández Mallo nos lleva a la esencia misma del proyecto, a la búsqueda de un hombre y una mujer de sus metas, a la estética total. Porque Fernández Mallo ha escrito no la novela total sino “el proyecto total”, una experiencia literaria que convierte todo en literatura, que muta todo en ficción para someter a la escurridiza realidad a un universo creativo obviamente y necesariamente infinito.
Las técnicas utilizadas para contar este viaje son diversas: la narración propiamente dicha, el foto collages o el cómic y que nos llevan aun sorprendente y muy creativo final.
Mucho se ha hablado del “efecto Nocilla”, de que si el proyecto no era más que un producto de mercado y tantas idas y venidas que ha protagonizado el experimento de Fernández Mallo. La verdad es que la exposición a estos trabajaos, su frescura formal y su desafío a los cánones no es nuevo, vine de Cortázar y no es más que una vuelta de tuerca a lo fragmentario y efímero como vehículo de comunicación de la historia que se quiere contar.

Sin duda alguna la lectura de “Nocilla Lab” requiere, como el resto de sus complementos, una lectura más atenta para encontrar la cadencia de las historias lo cual no es un defecto del artefacto sino un reto para los lectores.
Sin duda que seguiremos hablando de esta “Nocilla literaria” y de sus consecuencias pero lo que es innegable ya es que Agustín Fernández Mallo tiene una poética, es coherente con ella y la lleva hasta sus últimas consecuencias.
Este “viaje al centro de uno mismo” es enriquecedor en sus paisajes que son el fraseo de la primera parte y sin duda alguna los “Fragmentos encontrados” de la tercera parte. Frases como esta “No sé si tendría valor para esa clase de regreso a mí mismo”, constatan lo reflexivo y profundo de este viaje, viaje que termina convirtiendo al propio autor en un personaje de sí mismo, muy vilamatiano.
Para quien reseña resulta particularmente elocuente la entrada en escena de dos de los grandes escritores que creen en las casualidades literarias: Enrique Vila-Matas por España y Paul Auster por el resto del planeta libro y que son tratados aquí como objetos de meta ficción al igual que el propio Agustín. Busquen sobre todo a Vila-Matas y sabrán por dónde anda y qué fue lo último que escribió. No se dejen engañar por las novedades literarias.
“Nocilla Lab” será para los que se lleguen a él una grata experiencia como lectores y un disparador creativo muy interesante. Que nadie se tire de los pelos intelectuales antes de haber pasado por esta interesante propuesta de Fernández Mallo que da para mucho discutir y para mucho que disfrutar.

21 junio, 2010

El futbolisto: Cita con la historia.

Suenan las trompetas y los himnos de España y Honduras inundan el aire sudafricano. Cita con la Historia otra vez. Me recuerda todo a aquel remoto día de junio cuando nos empataron a domicilio en Valencia. Ni naranjito nos pudo ayudar. Todo suena a novela, a venganza, a oportunidad de romper el maleficio. Espera el Futbolisto que los aguerridos hondureños no tengan su noche. Mañana comentamos y espero que sean buenas noticias. En este instante, España ataca y una mano no pitada espero que no se convierta en el fantasmas de esta noche.

18 junio, 2010

Dios ha muerto (Reseña)

¿Cómo sería el mundo sin Dios? Para muchos que no creen esta es una pregunta poco pertinente pero, insisto, ¿cómo sería el mundo si se confirmara científicamente la muerte de Dios? Imagínense por un momento que los informativos de la noche abrieran con esta noticia: “Dios ha muerto. Su cuerpo ha sido encontrado en un campamento de refugiados de Darfur, Sudán…” Con esta categórica verdad Ron Currie (Maine, 1975) abre su primera novela “Dios ha muerto” que Seix Barral publica con gran acierto. El acierto está en el hecho de que de tanto que hay por traducir del inglés hayan optado por una de esas novelas que valen para traer reflexiones y generar debate lejos de conspiraciones vaticanas y excesos históricos.
Dios encarnado en una mujer de sudanesa muere y su cuerpo es comido por unos perros… En ese mismo primer capítulo Colin Powell ante esa mujer sufre un cambio radical en su vida y manda a la porra al mismísimo George Bush por un asunto de conciencia. A partir de aquí, nada es lo que parece: el mundo da un giro inesperado hacia el caos.
Currie pinta un mundo traumático, desafectado, donde en cada capítulo, muerto Dios, la vida se torna cada vez peor. La discusión entonces ha de plantearse en términos de si esta muerte de Dios es ideológica (un capítulo nos describe las ideologías advenidas después de su muerte) o física (otro capítulo nos narra la transformación de los perros que comen un bocado del cuerpo de Dios y otro hombre que lo intenta) o será que esa idea o anhelo de la existencia de Dios es la que frena la maldad humana (un capítulo nos habla de cómo el amor a los niños desaparece y otro que describe como la vida no vale nada y unos y otros deciden matarse para escapar del gran caos). Lo cierto es que Currie abre alternativas de reflexión y cada uno debe ir por ellas hasta sus propias conclusiones.
La novela nos sitúa en un mundo apocalíptico después de Dios, con ideologías que deshumanizan al hombre, con vacíos profundos que no parecen llenarse con nada. El mundo, lejos de mejorar con la desaparición física de Dios parece deslizarse hacia una pendiente de autodestrucción que, si bien es muy conocida en el Hombre parece ser frenada en su dimensión total por Dios, su presencia o la creencia en Él.

Y es que la lectura de esta obra hace más pertinente aun la frase aquella de Chesterton que dice que “lo malo de que los hombres hayan dejado de creer en Dios no es que ya no crean en nada, sino que están dispuestos a creer en cualquier cosa”. Ron Currie nos narra la guerra que se abre en varios frentes a nivel mundial por el hecho de que el Hombre se haya planteado ideologías que lo único que consiguen es en encono y el enfrentamiento. Esto no quiere decir que la “religión”, tomando a Dios como excusa, haya teñido de sangre la historia de la humanidad. El tema da para mucho.
Es irrelevante aquí cuál es la posición del autor ante la existencia de Dios. Ésta es una novela muy bien llevada, muy aséptica (son los personajes los que hablan, los que piensan, no son portavoces del autor), narra, deleita, conmociona.
El manejo de los textos bíblicos que abren cada capítulo deja ver un conocimiento de la Biblia que no es usual. Quiere poner de relieve el contenido de cada capítulo haciéndolo depender del texto citado de las escrituras, que es fundamental para la comprensión de lo narrado.
Uno de los capítulos más redondos es sin duda alguna “Mi hermano el asesino” de una limpieza y rotundidad narrativa que merece una distinción a parte dentro del total de la novela. Esta pieza funciona muy bien sola como pasa con el capítulo “Veranillo de San Martín” de una brutalidad arrolladora y de una fortaleza narrativa que les fascinará.
Con un estilo directo y contundente, los diálogos y descripciones van al grano. Las atmósferas bien creadas dan los respiros necesarios al lector para que se recupere, si eso es posible, del caos anterior, para que se prepare para el que le sigue. Siendo una novela mediana para el tema (235 páginas) la sensación de intensidad que te acompaña durante toda la obra y las reflexiones que suscita hacen de esta un gran acierto técnico y una interesante propuesta reflexiva sobre la religión y su relevancia para el hombre de hoy.

El futbolisto: El omnipresente fútbol

Ahora que me fijo, el fútbol anda por todas partes. Banderas, camisetas, souvenirs, ropa interior, bufandas y demás artículos. Y no sólo eso, ha conseguido que parte de su argot forme parte de la vida diaria del común de los mortales practiques o no el nobel deporte del balompié. Esta palabra la recuerdo yo de mis años de primaria cuando estudiaba en el colegio salesiano con los libros de don Fernando Lázaro Carreter que se confesaba “incompetente” para los asuntos del futbol en un delicioso artículo del año 1981. Y es que al final el inglés nos ha metido un gol con lo de “football” y no digamos nada de lo “goal”. Pero la lista de términos del argot futbolístico que usamos a diario es larga y seguro que conocen más de una y yo ignoro, seguramente, otras tantas.
Por ejemplo la trillada “casarse de penalti”, que esconde detrás de la pena máxima el hecho de casarse porque se ha quedado embarazada la chica. Conocemos a más de uno que le paso y la cosa no fue tan mal. Lo malo, me dicen, es que el penalti se lo metan a uno.
“Meter un gol”, es otra de esas que no significan otra cosa que nos han engañado. Me dicen que es peor que te metan un gol “por toda la escuadra”, que duele más y para los porteros es una zona inalcanzable de la portería., vamos, que muchas veces es inevitable.
Pillar a uno en “fuera de juego”, que significa que te cogen desprevenido o en una situación comprometida. Ejemplo de ello es lo que pasa en la oficina cuando estamos navegando por internet y el jefe llega por detrás y se te queda cara de “no es lo que parece”.
Pero la peor y la que más me ha hecho daño siempre es esa que te dicen en el terreno de juego: “no le metes un gol ni al arco iris”. No me digan que la cosa no es para echarse a llorar. Yo soy uno de esos a pesar de mi tarde de gloria en la que me retiré del fútbol en activo. Un poco de eso nos pasó ayer contra los suizos. Xavi Alonso le dio al arco iris pero no le metió un gol.
Pero el fútbol no sólo se ha colado en el habla de todos. Hoy se ha colado también en política. Resulta que cierto partido (político no de fútbol) esta orquestando una campaña para dejar de llamar “La Roja” a la Selección Nacional de fútbol. Ya lo de nacional le puede sonar espeluznate a más de uno, pero no vamos a seguir por allí. Resulta que algunos ven fantasmas del pasado e invocan con terror a la Pasionaria. En fin, que en España ocurren cosas más serias que todo esto. Curiosamente un chileno me puso de manifiesto que la Roja ha sido tradicionalmente la Selección de Chile como la albiceleste la argentina o la charrúa la uruguaya. La panameña es la Marea roja, me dicen, y aquí todos tan contentos.
El fútbol, a pesar de los goles que le mete al idioma por la escuadra, es un deporte que trata de vincular, que pretende sostener con su épica unos valores necesaria entre los hombres y las mujeres de bien no caigamos en discusiones político-coloristas que no hacen bien a nadie. La bandera aparte de roja es gualda (palabra que también aprendí en los libros de Lázaro Carreter que aludía en el ejemplo práctico a la bandera de España), es decir, hay más de un color para la ilusión, para la unidad.
Hoy no me salgo del recuerdo de Fernando Lázaro Carreter, que fue director de la Real Academia y gran maestro e intelectual, y os recomiendo “El dardo en la palabra” (hay varias ediciones e incluso una segunda parte) para que nos divirtamos aprendiendo a regatear (mejor que driblar aunque se puede decir) a los rivales de nuestra lengua.

Muere José Saramago

El nobel portugués José Saramago ha muerto hoy en Lanzarote. Más allá de los desencuentros con su actitud política hacia el régimen de Castro, está su buen hacer literario, no tanto en sus últimas novelas sino más bien en las primeras. Pienso en “Manual de Pintura y Caligrafía” y “La caverna” por ejemplo. O “Ensayo sobre la ceguera”. Las entradas en el blog que mantenía constituyeron para mí una lectura muy constructiva y se publicaron en “El cuaderno” el año pasado. Nos sumamos al pesar por su pérdida y sabemos que su legado va a acompañarnos por muchos años.

17 junio, 2010

El futbolisto: Tarde de infarto

La cosa se torció pero tranquilos. “Estos hombres nos hicieron campeones de Europa” ¿Y qué? La frase no es mía, se la debemos a Camacho que en la trasmisión del partido se empeñó en hacernos creer que las cosas saldrían bien. En fin, cosas del fútbol (eso es lo que toca decir), que es a lo que más se recurre en estas circunstancias.
La verdad es que la cosa comenzó con el himno nacional y los rostros contenidos y concentrados a tope. Los suizos no parecían peligrosos mientras escuchaban con emoción su himno. Yo volví a confiar en que los chocolateros y relojeros no son buenos futbolistas. Además los nuestros habían ganado la Eurocopa. Aunque también perdieron la Copa Confederaciones pero intenté espantar los malos augurios. No soy supersticioso pero por si acaso mejor no recordar.
El partido arrancó y la cosa pintaba muy bien. Toque correcto, presión al contrario y las posesiones de balón eran abrumadoras. Todo según lo previsto, como ocurre cuando escribes una novela: los personajes controlados, las atmosferas correctas, las tramas y subtramas al servicio del escritor con el objetivo de contar lo que queremos, es decir, España gana el partido. Pero precisamente la cosa cobró más sentido cuando los personajes secundarios se revelaron para tomar protagonismo.
Fue un error pensar que los personajes no se revelan, sobre todo los secundarios. A quién no le ha pasado que teniendo un personaje menor termina por liárnosla y exigir por sus fueros más protagonismo de lo que hubiéramos deseado. Eso hicieron los suizos chocolateros con precisión de reloj de la casa. Esperaron y la ocasión llegó, pero de qué manera.
¿Mala suerte? No, es que la vida misma es así, como cuando escribimos. Siempre se debe contar con el factor “personaje secundario” dado que a nadie, sea ficción o realidad, le gusta ser el segundo. Los suizos buscaron y buscaron y ocurrió el accidente como decían en la trasmisión del partido. Una mala salida de Casillas, rebotes con suerte y un tal Fernandes, suena muy castellano, que mala pata, y gol a golpe de suerte. Personajes secundarios que toman las riendas de la novela.
Pero tranquilos, que nos queda mucho Mundial y muchas ilusiones. Los nuestros dicen que se van a dejar la piel y la afición, luego de la correspondiente pataleta dice que sigue al pie del cañón. Si es que nos apuntamos a un bombardeo.
Hay que confiar, nos piden por todas partes y los especialistas ya van dando fórmulas de lo que Del Bosque tiene que hacer para ganar. De hecho Luis Aragonés dijo que el grupo se va a recuperar que todos tranquilos. Bien, lo haremos. Mientras vamos a esperar el siguiente partido con Honduras (recuerdo aquel 82 en el que empatamos con ellos a un gol) seguiremos hablando de fútbol y memoria.
Hay un librito que os recomiendo hoy para amenizar la espera hasta el siguiente partido. “Cuando éramos los mejores” de J.J. Armas Marcelo (Temas de hoy, 1997) es uno de esos textos emocionantes, tejidos con puntadas de melancolía y ternura. Habla de de fútbol y vida.
Y tranquilos, estos hombres nos hicieron campeones de Europa. No sé si es un consuelo pero es lo que hay.

Texto invitado: Entrevista a Enrique Vila-Matas por el grupo de Facebook "Leyendo a Enrique Vila-Matas": Parte 2.

11.- ¿Cree usted que Riba logra, después de todo, “ausentarse” gracias a la ironía que a mi parecer empapa su trayectoria vital en la novela? Yo así lo pienso.

R: Creo quien se ausenta a veces es su genio particular, su Genius. Claro que cuando la sombra genial reaparece en Glasnevin, uno comprende que leer la novela bien valía una misa, una misa en Dublín, que no en París, la verdadera gran ausente del libro.

12.- ¿Cuál cree que ha sido el gran motivo cultural por el cual la “palabra saturada” de Joyce se transformó en la “palabra enmudecida” de Beckett a lo largo del Siglo XX?

R: Sólo sé que de la epifanía fuimos a la afonía. Y aquí juzgo pertinente recordarle aquel momento de París no se acaba nunca en el que cuento que un día vi a Beckett en el Jardín de Luxemburgo. No tenía previsto que pudiera encontrármelo algún día. Sabía que no era un clásico muerto, sino alguien que vivía en París, pero siempre le había imaginado como una oscura presencia que sobrevolaba la ciudad, nunca como alguien al que uno se encuentra leyendo desesperado un periódico en un viejo parque frío y solitario. Le estuve espiando y vi que de vez en cuando pasaba página, y lo hacía con una especie de enojo tan grande y una energía tan intensa que si el Jardín de Luxemburgo entero hubiera temblado no nos habría extrañado nada. A llegar a la última página, se quedó entre absorto y ausente. Daba más miedo que antes. El amigo que me acompañaba en aquel espionaje me dijo: “Es el único que ha tenido el valor de mostrar que nuestra desesperación es tan grande que ni palabras tenemos para expresarla”. Entiendo, siempre que recuerdo esas palabras de mi amigo, que Beckett aún llevó más lejos el callejón de salida de Joyce, de quien fue, por cierto, secretario. “Ni palabras para expresarla”. Es una verdad a medias. Gracias a decir que no hay palabras, uno se anima a encontrarlas. Mi obra literaria se ha movido siempre en diferentes callejones sin salida, encontrando, de todos modos, salida en cada uno de ellos, pero yendo a parar a callejones nuevos en los que prevalece aquella frase de Kafka que figura en mi imaginario escudo de armas: “Y no hay salida”.

13.- ¿Es consciente de que es un incitador al consumo masivo de Biodramina por crear en el lector una sensación de vértigo mareante al mostrarle parte de la Biblioteca de Babel y dejarlo abandonado en una de sus galerías buscando libros eternamente?

R: No, no soy consciente porque no es mi intención crear vértigos. En cuanto a la Biodramina, hacía tiempo que no oía hablar de ella. Recuerdo haber tenido experiencias muy buenas con ella. En un barco de Almería a Melilla todo el mundo vomitaba menos yo. Marzo de 1971.

14.- Sin que haya una simetría exacta o paralelo completo, ¿no le debe mucho Samuel Riba, protagonista de Dublinesca a Federico Mayol, protagonista de El viaje vertical? ¿La oración de los escritores de Samuel Johnson en Dublinesca es real o apócrifa? ¿Si es real, dónde se puede leer? ¿Hay un referente en la vida real del personaje que es un escritor colombiano en Dublinesca o es mera invención?

R: Para Riba me inspiré en una persona de la vida real que es distinta de Mayol. Algo retocada, la Oración de los Escritores la saqué, en efecto, de Samuel Johnson; la encontré en la página 211 de The Paris Review Entrevistas (edición de Ignacio Echevarría, editorial El Aleph), en una entrevista a Kurt Vonnegut. Ese libro precisamente me lo recomendó un escritor argentino que vive en Barcelona y en el que está inspirado -en parte, sólo en parte- el personaje de Ricardo, el colombiano.

15.- Existe alguna analogía entre Dennis Clegg y Samuel Riba?

R: Comencé la novela pensando que Samuel Riba se parecería a Denis Clegg, aunque más viejo, claro. En los orígenes de Dublinesca estaba Clegg. Después llegó Riba.

16.- ¿Y después de parida Dublinesca, por dónde van sus futuros retoños? ¿Qué nos puede adelantar de sus inquietudes y planes literarios?

R: Estoy trabajando en un nuevo libro sin que quiera adelantar nada, pues sería absurdo describirle ahora un parto en ciernes, como si yo me creyera que voy a ser mamá. Eso sí que sería una parida, una parida luminosa.

17.- Si la era Gutenberg finalizara mañana y el papel desapareciera. ¿Publicaría novelas digitales? ¿Esa modificación perjudica al escritor o sólo al lector?

R: Sin papel me costaría escribir, ya que trabajo en el ordenador y corrijo con lápiz walseriano sobre el papel.
18.- ¿Podría usted desarrollar los cinco puntos de la teoría literaria propuesta por Riba? (pág. 15). Además de Le Rivage des Syrtes, ¿qué otros libros cree usted que cumplen con los requisitos de la teoría de Riba?

R: El propio Dublinesca. En cuanto a la teoría de los cinco puntos la desarrollé en Perder teorías, un libro que publicaré en septiembre, en la colección Únicos, de Seix Barral. Para quien tenga prisa por leerlo, se halla ya publicado en Francia, en bolsillo: Perdre des theories (editorial Christian Bourgois).

19.- Siempre me ha llamado la atención el hecho de que mantengas una ética literaria y estética que defiende la independencia entre arte y la difusión de valores morales o ideológicos (o la denuncia social). Esta novela mantiene todos los ingredientes del mundo literario al que nos tienes acostumbrados en los últimos años pero incorpora en la historia un debate (la transición Gutenberg-Google) que lleva años provocando ríos de tinta y en el que normalmente se pide posicionamiento (pregunta 19, por ejemplo) a los autores. ¿Se trata de una ampliación del espectro de las paranoias recurrentes de los escritores o es este el principio de un cambio en tu propia teoría literaria? ¿Has decidido que el escenario de tus novelas no es solo ya la “realidad” literaria sino, por poco que sea, la realidad común a todos tus lectores?

R: Vuelvo a lo dicho anteriormente. Cuando hablo de literatura, estoy hablando de todo lo demás, de la vida y de la muerte y de todo lo que gira alrededor de ellas, pero reconozco que Dublinesca es un libro especialmente centrado en los seres humanos, un libro sobre la vida y la muerte, sobre el amor y la pasión, sobre la felicidad y la desgracia, quizás más humanizado que los anteriores, quizás he ampliado horizontes más que nunca; si ha sido así, es decir, si he ampliado la vista o el panorama, eso puede haberse debido a una dinámica inherente a mi propia obra y a los movimientos de renovación constantes a los que suele estar sometida.

20.- ¿Quién es el que busca? ¿Riba? ¿Mayol? ¿Vila Matas? ¿Qué es lo que está buscando Vila Matas?

R: Nunca busco nada, salvo cuando busco los más oscuros paisajes de la gramática Shandy.

21.- Uno de los postulados formulados en la Teoría de la Novela -que según ha contado en Buenos Aires desarrollará en su nuevo libro- es conectarla con la alta poesía.
¿Cómo se establece esta conexión, cómo lo ha hecho en Dublinesca? Por otra parte, cuando el lector lee la novela, ¿está consciente de la presencia de la alta poesía en lo narrativo?

R: Dublinesca no sería nada si no existiera la poesía, pero no puedo obligar a nadie a que encuentre la poesía entre sus páginas, porque la poesía se detecta o no, no hay vuelta de hoja. Yo la sé ver en el libro, quizás porque me hallo en un sitio con un buen panorama sobre las ventanas altas de Grand Central Station de Nueva York. O quizás porque me hallo en un lugar con mucha luz, el lugar desde el que precisamente contesto esto y desde donde ahora mismo estoy apreciando con inquietud que la lluvia azota sin piedad un tren de 21 pasajeros, cada uno con su pregunta. Un tren muy cercano, abandonado de súbito.

Participaron en esta entrevista: Juan Salas Villanueva, Alejandra Moglia, Susana Borobio, Angeles Prieto Barba, Magdalena Herrera de Boersner, Leandro Montaña, El Papasquiaro, Norkin Gilbert, Carlos Alberto Navarrete Ortiz, Javier Avilés, Nacho Tusquets, Nicolás Valdés Mavrakis, Pepa Botella Pérez, Juan Pablo Plata, Ana Esquivel, Adolfo López Chocarro, Santiago Morales, Karlatone Olvera, Kristina Pla, Ma. Estela Calápiz y Elisa Rodríguez Court.
PD: Les invito a leer un texto previo sobre mi relación con Enrique Vila-Matas: "Vila-Matas, perseguidor". (pincha aquí)

Dublinesca (Reseña)

La vuelta de Enrique Vila-Matas a la novela, como viene siendo costumbre, se convierte en todo un acontecimiento literario y cultural. La expectación se desata y todos sus lectores como locos, o convertidos en libros, van a las librarías para compara su última obra en la que esta vez el protagonista es un editor y para darle más morbo al asunto el cambio de editorial desde su habitual Anagrama a Seix Barral dispara todos los mentideros literarios.
Pero “Dublinesca” (Seix Barral, 2010) no es una venganza ni un ajuste de cuentas, pierdan cuidado, es Vila-Matas en estado puro, pura novela, ficción, literatura, pura vida. Una obra que dentro de la trayectoria solvente de Vila-Matas marca un antes y un después ya que a todos nos afecta un cambio de editorial, de médico y hasta de libreta para escribir. Es esta una obra de una envergadura formal y existencial muy distinta y diremos de mayor calado que sus anteriores novelas sin desmerecerlas, sin empañarlas, una novela que demuestra que el escritor sigue creciendo, sigue madurando en su oficio.
Samuel Riba es el último de una estirpe de editores de raza que se ve acorralado por los años y su retirada del mundo editorial, entre la grisura de su carácter y su existencia atormentada y sobria porque el alcohol le mantenía templado para tomar las decisiones que le ayudaron a crear su catalogo editorial lleno de prestigio y buen oficio.
Pero ahora Samuel está retirado, sobrio y con una mujer a la que no quiere fallar y que se quiere hacer budista. Una conversación con sus padres le pone sobre la pista de Dublín, un sueño se lo confirma y sus ganas de celebrar un funeral por la era Gutenberg lo lleva hasta aquella ciudad para hacerlo pero no lo hará solo: se buscará a un grupo de personajes que recuerda directamente a la novela irlandesa por excelencia: “Ulises” de James Joyce.

“Dublinesca” es una novela que aparte de contarnos la historia de Riba es un homenaje a esa gran novela del siglo XX que es “Ulises” que es una presencia constante en la novela como si de un personaje más se tratara. Todo es muy irlandés, todo es muy joyceano y nos encontramos con saberes, pareceres y otras sentencias muy libres sobre la interpretación de la obra de Joyce desde la perspectiva de un lector en decadencia vital. Los personajes se van poco poco convirtiendo en los personajes de Joyce, poco a poco se van convirtiendo en personajes del propio Riba que va dibujando su propia historia a lo “Ulises”, que va cogiendo impulso para dar lo que llama “el salto inglés”.
Riba, luego de haber leído de todo, bueno y malo, metido en esta etapa existencial, se lee a sí mismo como un texto denso, oscuro, lleno de pasajes oníricos y metaliterarios (aunque la metaliteratura no exista) que le hacen cuestionarse su existencia en términos de ficción o no. Surgen en ese ir y venir de citas de libros y autores (Eliott, Beckett, Vilém Vok y hasta el pintor Edward Hopper) las famosas casualidades literarias, el azar austeriano (Auster hace un pequeño cameo en la novela).
Libro denso este “Dublinesca”, toma su título de un poema de Philip Larkin (poema que Riba lee en el funeral por la era Gutenberg), merece mucho la pena el trabajo de lectura paciente. Es una novela llena de guiños a otros libros, guiños que van creando una secuencia azarosa de posibilidades de lectura y comprensión de la historia que permite que juguemos por más tiempo con el artefacto literario que es esta novela.
Es también una lectura crítica del mundo editorial, de los cambios que ha sufrido, de lo diferente que es todo ahora en el mundo de la edición. En un momento de la novela (páginas 297-298) a Riba se le quiere hacer un homenaje que preparan tres editores de nuevo cuño, de ideas y fundamentos distintos que me parecen ser los tres tipos básicos de muchos editores de hoy día. Busquen, lean y sorpréndanse, o no.
De los últimos libros de Vila-Matas este me parece uno de los más poéticos. La prosa sobre todo hacia la parte final, surge como poesía, es de una factura hermosa y precisa que atrae a las emociones pero sin desbordarlas. Dada la cercanía de la propia ruina, Riba va adquiriendo una voz más rica y melódica, va caminando hacia la luz por decirlo de alguna manera, hacia un réquiem por su propia existencia, hacia su comienzo final.
“Dublinesca” es un canto a la gran literatura, a las obsesiones que de ésta heredamos y nos persiguen por doquier, y es también el relato de un hombre que encuentra en la celebración del final un principio por el que seguir. Una brillante historia de la grisura y de los tormentos y de lo difícil que es comenzar la vida o continuarla cuando dejamos de hacer lo que más nos gusta. Una retrato de un hombre que seremos todos algún día, tarde o temprano, y que invita a la risa y a la melancolía a partes iguales transformándonos una vez más en libros, despertando en nosotros las muchas letras que amenazan con hacernos perder la razón y hasta la locura.

16 junio, 2010

Editor (Reseña)

¿De dónde vienen los libros? Para los que se hacen esta pregunta este les va a interesar ¿Qué es un editor? Este libro también les vale ¿Cómo era el mundo del libro el siglo pasado? También pueden leerlo ¿Qué hace un editor? Esta memoria de escritores y libros no les va a defraudar.
Trama editorial nos ofrece un hermoso libro que es historia literaria, autobiografía de libros, memoria de una época, recuerdos de una vida. “Editor” (Trama editorial, 2009) de Tom Maschler (Berlín, 1933) viene a poner voz y rostro a uno de los hombres que ha estado detrás de los grandes libros que se publicaron en el siglo XX, que ha sido protagonista de la historia que hay detrás de cada libro que este editor alemán metido a inglés ha dado a la literatura inglesa y que luego se han vertido al español. Y digo “dar” porque los libros no vienen de París como los niños, hay un trabajo de fondo, un parto (como con los niños es verdad), que da a luz el libro deseado, el libro que viene para quedarse. Como el propio Maschler dice, “ser un buen editor es cuidar el libro”.
Maschler comienza su relato con la historia de cómo se creó “París era una fiesta”, como él y la viuda de Hemingway “montaron” el libro que para muchos de nosotros, sin duda alguna, es de lo mejor de Hemingway y cuyo título tanto juego a dado durante todos estos años. Este hombre Tom Maschler estuvo allí. Pero la cosa luego pasa por sus años de infancia y juventud, por su relación con su padre que también fue editor, por las fiestas con grandes escritores y por las decisiones que él mismo reconoce que son muchas veces subjetivas a la hora de publicar un libro.
Mención destacada por lo que nos toca merece el capítulo que le dedica a los escritores hispanoamericanos a los que publicó en inglés: García Márquez y Vargas Losa, Borges y Carlos Fuentes entre otros. Es curiosa su teoría de por qué Gabo Y Vargas Losa dejaron de hablarse. Busquen y juzguen ustedes mismos.

Nombres como los de Amis, Barnes o McEwan entre otros son de los grandes de las letras inglesas que han sido vertidos al español con una excelente acogida. Maschler nos habla de su oficio y de cómo muchas veces la suerte jugó de su lado al apostar por unos escritores que eran desconocidos.
Más que una autobiografía al uso este es un libro que rescata la memoria, que pone en orden las vicisitudes de la vida, que da cuenta de la alegría de haberse arriesgado para legar al mundo uno de los mejores catálogos en inglés que se hayan publicado.
Este es uno de esos libros que quedarán para la historia de la actual literatura y sus entresijos. Un texto que narra la historia de fondo de cada libro y que actúa como homenaje a la figura de los protagonistas de las aventuras de los libros antes de llegar a las librerías. Ese protagonista es sin duda el editor y Tom Maschler es uno de esos personajes de lujo que figuran en la memoria silenciosa de muchos de los grandes libros del siglo XX.