30 junio, 2009

La necesaria soledad

Escribir es perseverar. Parece una perogrullada pero es así. Cuando converso con gente que pretende escribir termino diciéndoles lo mismo: hay que insistir. Caerse, levantarse. Apartarse para conversar con los recuerdos, crear historias que luego otros puedan transitar, pero estando solos, es necesario.
No depende de nadie más que de uno lo que se escribe. Ni de los niños que gritan, ni la mujer que reclama o la amante que nos desea con ardor insaciable. De nadie es la gloria ni el infierno literario más que para el escritor. “Un libro puede hablar de soledad o compañía, dice Paul Auster, pero siempre es necesariamente un producto de la soledad”.
Fijarse metas, tirar las líneas de un camino que tenemos que seguir, sembrarlo de soles o de sombras lo que queramos, lo que más nos guste pero la soledad es absolutamente necesaria. Necesaria para digerir toda la realidad que vivimos, porque como ya ha dicho un buen amigo cuenta sólo aquel a que le ocurren cosas.
Vivimos es cierto, vamos, venimos. Nos hacen daño o dañamos y de pronto una mínima luz de unas palabras, un gesto en una foto o una pintada en el baño de una gasolinera ponen en marcha el mecanismo de una historia y entonces sobreviene la necesaria soledad.
Kafka, amigo de la necesaria soledad, dijo que “todo cuanto he realizado, es solo un logro de la soledad”. No sabemos si la soledad nos lleva a escribir o es la escritura la que nos empuja a estarnos solos para escucharla. Sea como fuere, no renunciemos por miedo: hay que estar allí para abrazarla, para que vengan las letras a posarse sobre la pantalla del ordenador con la consabida transpiración de los que luchan solos con personajes de tinta, que viajan en naves de papel o que lloran lágrimas de letras y se enamoran de una esdrújula esbelta o son asesinados por un adverbio mal encarado. De la soledad vienen y en soledad serán leídos.

Honduras: la hora de la verdad

Pisotear la democracia, eso es lo que está haciendo el ejército hondureño. Pero hay un revés de esta trama que no debe desviarnos de un hecho también antidemocrático: convocar un referéndum contra la legalidad constitucional. No olvidemos que el mismo Manuel Zelaya, amigo de Hugo Chávez, quería combinar la constitución para reelegirse.
Nada justifica un golpe de estado. En democracia hay que respetar las reglas del juego, empezando por los propios políticos, pero también, y esto es fundamental, el ejército que debe garantizar la seguridad de los ciudadanos debería mantenerse en los cuarteles y no prestarse, usando la fuerza de las armas, para intimidar al pueblo. Al presidente Zelaya tenían que haberlo destituido sus propios copartidarios pero no usando las ramas. Esto, aparte de ser cobardía, es un atropello contra la legitimidad democrática elegida por el pueblo libre en unas elecciones limpias.
Para noviembre habrá elecciones en Honduras. ¿Qué pasará de aquí a esta fecha? Crispación, muerte, incertidumbre, más pobreza. El presidente Zelaya debe volver a Tegucigalpa, asumir su mandato y ser inmediatamente depuesto, democráticamente, usando los resortes democráticos por no plegarse a la Constitución. El pueblo hondureño no debe olvidar las malas intenciones ilegales de su Presidente pero tampoco debe tolerar que los militares garanticen la libertad con las arma. La libertad bajo las pistolas no es libertad, es incertidumbre y tensión.
En Panamá pasó algo parecido y pasaron 20 años de dictadura. Que no les pase lo mismo hermanos. Desde aquí nuestro apoyo y repulsa sin fisuras al golpe de estado. Pero mi enérgica repulsa a un referéndum antidemocrático perpetrado por un hombre que juró un día respetar la constitución.
Necesitamos un equilibrio en estas horas tensas, en esta hora de la verdad, en estos días en los que la democracia y no las dictaduras militares ni los intervencionismos de amigotes con aires bolivarianos. Es la hora de la verdad para los hondureños y para todos los que amamos la libertad.

27 junio, 2009

Por los senderos con... Manuel García Rubio

La novela de Manuel García Rubio “Sal” sigue enganchando lectores y sigue cosechando éxitos a pesar de llevar muchos meses en la librerías. No se trata de una novela pasajera. “Sal” una novela de estructura arriesgada y rebosante de buena literatura ha venido para quedarse con los lectores.
Entrevistamos a su autor en diferido y, aunque en Panamá por ejemplo “estar salado o “tener sal” es de mala suerte, en el planeta Literatura, “Sal” es una novela, no con suerte, sino con un gran autor detrás de ella.


1. Cómo llegó hasta “la sal” para su novela, es decir, hasta la idea de la metáfora.

La sal es una materia delicuescente, es decir, tiene la cualidad de absorber la humedad ambiente y de disolverse en ella. Si la sal no se protege, acaba diluyéndose, convirtiéndose en agua. Es, por tanto, una materia suicida. De aquí que, de forma recurrente, la delicuescencia aparezca como metáfora de descomposición con relación a determinados momentos históricos de decadencia social. Creo, sinceramente, que nos encontramos bajo la amenaza de la “licuefacción” del individuo, que bebe con indolencia de todo lo que lo rodea y corre el riesgo de desaparecer como protagonista de su propia vida, diluido en el tráfago de cuanto está a su rededor. De hecho, el capitalismo consumista y rampante lo ha convertido en un objeto de consumo más. Cada vez más, somos individuos – escaparate. Observemos, por ejemplo, esa manía generalizada de tatuarse el cuerpo, como si éste no fuera suficientemente expresivo y necesitara de rótulos que den pistas a los demás acerca de quienes somos y lo que estaríamos dispuestos a aceptar.

2. Parece una obviedad pero ¿qué le debe “Sal” al cine y por qué?

En “Sal”, el cine está presente en cada página, tanto por las referencias constantes a películas de toda condición como por el recurso, en ocasiones, a la técnica del guión cinematográfico para contar las distintas historias que se cruzan en el texto. “Sal” es una novela moderna, y por eso no puede prescindir de la iconografía audiovisual, que es, en buena medida, responsable de casi todos los lugares comunes de nuestro pensamiento global y casi único. Nuestra cultura es libresca pero, más aún, cinematográfica.

3. ¿Qué opinión le merecen los talleres literarios? Urbano asiste a uno.

En “Sal” hay juegos de distinta naturaleza, incluidos, por supuesto, los metaliterarios. El diálogo que se establece entre los lenguajes novelesco y cinematográfico se sustancia en el ámbito del taller literario al que asiste Urbano, el protagonista. Se trata de un encuentro de lenguajes con resultados muy curiosos y creativos, que ponen en cuestión las fronteras entre los mismos. Por otra parte, el personaje de Simondebovuá, la directora del taller, ha funcionado como alter ego del autor, de modo que las discusiones que mantiene con Urbano son, en realidad, broncas que yo mantengo conmigo mismo.

En todo caso, creo en la importancia cada vez mayor de que los ciudadanos conozcan la técnica de relato de ficción, en la medida en la que el Poder tiende a colar sus mentiras por ese medio. Sobre este asunto escribí una apostilla que puede leerse en mi blog, y que viene a concluir que todas las mentiras son de novela y que, por eso mismo, es bueno que todos conozcamos los entresijos del género.

4. “Tiempos líquidos” ¿Qué opinión le merece Zygmunt Bauman?

Creo que Bauman es uno de los pensadores sobre la modernidad más interesantes. Para mí, su consideración de las sociedades opulentas como mundo líquido, basado en relaciones débiles y cambiantes, es muy acertada. Sin duda, Bauman es tributario de otros filósofos imprescindibles del pasado más o menos inmediato, como Marx, Fromm y Marcuse. A mí me ha ayudado a entender muchos de los comportamientos habituales de las personas que me rodean, incluido yo mismo.

5. El alegato contra la industria del cine español y que menciona a Pedro Almodóvar ¿lo suscribe usted o es sólo la opinión de Urbano?

Evidentemente, son opiniones de Urbano, que el personaje suelta con un resentimiento difícilmente ocultable. Yo, por ejemplo, soy un admirador incondicional de Pedro Almodóvar, a diferencia del bueno de Urbano. Sin embargo, en esas opiniones del protagonista hay una buena parte de verdad. La industria española del cine es demasiado pequeña y dependiente de las televisiones privadas, pero la culpa no debe recaer en exclusiva en la gente del mundo del cine. Al contrario, el problema es de todos y ha sido generado por una serie de políticas oportunistas, que llegan, incluso, a nivel municipal. Así, nuestras películas carecen de canales apropiados de distribución porque los ayuntamientos han regalado a las multinacionales americanas, en exclusiva, las pistas de aterrizaje que necesitaban para acabar de colonizarnos; me refiero a las multisalas en áreas comerciales de expansión. El enemigo está dentro, por tanto. O apostamos por la excepcionalidad cultural, o acabaremos reescribiendo el himno nacional a ritmo de hip hop.

6. Urbano (o sea él), ¿a que personaje del cine lo equipararía usted?

Urbano tiene su propia personalidad. Es un individuo que, aunque frisa los cuarenta, tiene un punto de madurez e ingenuidad que tal vez lo aproxime a Peter Pan (personaje literario antes que cinematográfico). Por su relación con la señora Gladstone, una mujer mayor que él y muy atractiva, también tiene algo del Benjamin Braddock de “El graduado”. De hecho, hay en este punto un cierto guiño cinéfilo que, hasta la fecha, sólo ha sido detectado por una lectora muy fina, que yo sepa. No lo desvelaré aquí, pero sí invito al lector a jugar a descubrirlo.

7. ¿Cómo llegó usted a la estructura tan arriesgada para la narración de “Sal”? ¿No le pareció arriesgado dejarlo todo para el final?

“Sal” es una novela que pretende ser total. Utiliza materiales diversos y juega con ellos intentando imponer su propia lógica. En esta lógica está el hecho de que la novela crece en la misma medida en la que crece el protagonista. Urbano quiere construirse a sí mismo como personaje, y para ello necesita un relato de su propia vida, una autobiografía, hasta ese momento terriblemente chata. Su torpeza como narrador es, también, la evidencia de que carece de esa historia. De aquí que los primeros capítulos no sean más que una sucesión de episodios sin ligazón. Sólo cuando se hunde en una aventura poderosa, como es la que inicia con la señora Gladstone, el relato empieza a tener consistencia, todo lo vivido adquiere explicación y el final da sentido a todo lo que precedió, invitando a una nueva relectura de los primeros sucesos. De esta forma, por ejemplo, se comprenderá la importancia de la primera cita cinematográfica, en la primera página, que es, en realidad, la esencia de la novela.

Al fin y al cabo, nuestras vidas se encuentran ante la misma disyuntiva: o tienen una armazón biográfica que se explica a sí misma como relato de la construcción del yo, o no son más que una colección de anécdotas más o menos aburridas, desde el nacimiento hasta la muerte, sin demasiado sentido. Es verdad que hay aquí una apuesta de riesgo, que me la jugué a base de recurrir a un estilo ameno y divertido, que permite transitar por las primeras páginas de la novela sin añorar ninguna intriga, confiando en los múltiples juegos y reflexiones que el texto plantea, prácticamente en cada página. Creo que el resultado ha sido positivo, a juzgar por los elogios prácticamente unánimes de la crítica y por la extraordinaria acogida del público, que sigue comprando la novela a pesar de que ya lleva cerca de ocho meses en las librerías.

Sal (Reseña)

“Sal” no es una novela, es un artilugio literario en formato de libro que contiene una de las cosas más interesantes que se puede leer: la historia de un fracaso. Estas novelas, las buenas, las carga el diablo y no les sale el tiro por la culata al autor. Urbano Expósito, ya con cuarenta, se confiesa como una persona que no ha hecho nada en la vida. Una serie de “posposiciones” vitales le llevan al estado en que s encuentra al momento de narrar su vida. Es guionista pero de la mano de la Simondebovuá va a dar el salto a la novela para justificar, como dice en un momento de la novela, que “vivimos para buscarnos” y eso espera Urbano: explicarse y explicar su vida, su mundo, su gente.
Manuel García Rubio firma “Sal” (Lengua de Trapo, 2008), una novela que la llamaremos así por situarla en un género concreto. Anatomía de una fracaso, canto a una vida, García Rubio nos guía de la mano de Urbano y este a su vez acompañado de su particular Beatriz (la Simondebovuá), por un artefacto de ficción que es a la vez clase de escritura creativa, crítica de cine, panfleto contra lo establecido y sobre todo arrebatadoramente vitalista aunque esta novela-guión de cine esté rodada en blanco y negro.
García Rubio nos enreda, juega con nosotros nos desespera, nos pierde y nos vuelve a encontrar y en cada vuelta de hoja, en cada paso de capítulo, nos invita a seguir con una sonrisa cómplice, con el ánimo de contar sólo con los lectores pacientes, con los que confían en la buena literatura. Todo se precipita hacia el final. Hay que seguir, no desmayarse y al final veremos como que el desenlace nos diluye en una sensación líquida e imprevisible.
Urbano es cualquiera de nosotros (Urbano de urbe, expósito de adoptado, de abandonado y recogido), por ello, por esa cercanía de sueños y fracasos que todos llevamos encima, cualquiera de nosotros, cualquiera de vosotros, podemos vernos reflejados en algún momento dado de la novela. “Sal somos y en sal habremos de convertirnos” dice Julián Avellaneda, el traidor, a Urbano dando cuenta de que al final todos, los que ganan o los que pierden, tendremos un mismo destino. Buscadlo al final de la novela.
En estos días de crisis vamos a hacer dos cosas en esta reseña: en primer lugar reivindicar como profesión que debe ser debidamente remunerada el “alquilarnos para charlar”. Selmo, hermano de Urbano, se alquila para charlar y le tumba el negocio a Graciela, en un maravilloso alarde de ingenio para afrontar la crisis, para vivir una nueva aventura. Lo otro que haremos es poner la publicidad de esta web en la página 265 y 266 de “Sal”. Lean la novela y sabrán a lo que nos referimos. Fin del descanso.
Lo errático de su arranque expresa, lo inconexo de sus historias al principio, no son más que una metáfora de la erraticidad de la vida, de sus múltiples comienzos, de sus salidas en falso, de sus dichos rotundos que después tenemos que desdecir. “Sal” es la vida contada por alguien que desea vivirla, que no quiere dejar de intentarlo hasta la última gota de aliento, alguien que a pesar que le ha vencido el tiempo se embarca en una nueva película, en una nueva novela de aventuras y desventuras como es esta que elector debe leer con urgencia antes que se le diluya el tiempo. En el caso de Urbano es el encuentro con una mujer “mistress” Gladstone, la que va a cambiar el rumbo de las cosas.
Llegados a este punto cualquier cosa que pueda parecerles una novela al uso, una novela cualquiera, es una quimera. Con “Sal” estamos ante una máquina de contar irreverente, que desafía al lector a seguir leyendo a seguir buscando para que al final de la novela todo termine en… léanla: sus 510 páginas, más la página de créditos, no tienen desperdicio. Encajan a la perfección cuando por fin el aparato hace clic y todo cobra sentido y todo se diluye. Cuarentainueve capítulos llenos de guiños (hay uno a la película El graduado, búsquenlo), de complicidades y sobre todo de muy buena literatura. Miguel García Rubio nos invita con esta novela a evaluarnos, a seguir adelante por los sueños que tenemos que cumplir y nos advierte de que no los dejemos, que somos sal y en sal nos convertiremos todos. Y nos diluiremos

26 junio, 2009

Muere Michael Jackson

Dicen que ha muerto en este año 50 de su vida. Michel Jackson no ha superado un paro cardiaco. Detrás de sí deja grandes éxitos, grandes polémicas y un buen puñado de recuerdos grabados en la memoria de sus seguidores. Siempre he bromeado sobre lo viejo que soy diciendo que cuando yo era joven Michael Jackson era negro. Con los Jackson Five, con su afro y su sonrisa de anuncio de Colgate. Hubo un tiempo en que su vida parecía feliz pero todo era un espejismo.
Supongo que nunca se sintió querido, que se negó constantemente a crecer por miedo a ser rechazado por los más cercanos. Su genio musical, su altruismo no fueron más que mecanismos de defensa ante la indefensión que siempre arrastró, paradojas de la vida. La tristeza que generaba a su paso solo se vio eclipsada por sus bochornosos escándalos con menores de por medio. Queda para sus biógrafos y demás observadores de los fenómenos humanos una tarea interesante de búsqueda de los motivos de su honda tristeza y su renuncia a la realidad.
En mi época “lo más” era su disco “Thriller”, como se movía, que miedo metía con ese video clip y sus efectos especiales y esa risa de ultratumba del final que ponía los pelos de punta. Todo ello en una recién nacida MTV que nos ponía los videos todo el rato. Todos queríamos ser como él pero después se enredó en su tristeza y se fue perdiendo en sus aguas tenebrosas y no le volvimos a tener en cuenta. Aun así las cosas, nadie borrará de la memoria las notas de “Ben”, los bailes imposibles que se marcó en una época, la nuestra, en las que deseábamos ser alguien.
La de hoy es una de esas muertes históricas por inesperadas, por lo menos para los que no estamos pendientes de la vida de los demás. Y también por la dimensión del personaje que nos deja. Sí que se enteraba uno de que el hombre estaba un poco tocado pero achaqué siempre lo suyo a la tristeza más que a otra cualquier cosa. Se fue convirtiendo poco a poco en una caricatura de sí mismo con esas constantes intervenciones quirúrgicas y su huida sin mirar atrás de lo que era.

Quedaron pendientes los conciertos de Londres bajo el lema “Esto es lo que hay” ("This is it"). Esto es lo que hubo para Michael Jackson: una vida agitada, en la que siempre se dieron a la vez dosis de éxito y de tragedia. Sin publicar nada nuevo desde 2001 y con gestos raros que delataban un deterioro galopante Michael Jackson dijo en los tres minutos de su intervención, mientras presentaba los conciertos en Londres, para despedirse que "Éstas serán las funciones en las que se bajará el telón. Os veré en julio. Os quiero mucho. De verdad, desde lo más hondo de mi corazón. Esto es lo que hay y nos vemos en julio". Despedida anticipada dirán unos.
Pero esto es lo que hay, que ha muerto un icono del pop, que se ha ido parte de la historia musical del siglo XX pero sobre todo, ha muerto un hombre triste que ya llevaba muerto mucho tiempo en vida. Pero para algunos quedará el título de la una de sus canciones “Remember the time”. Recordar el tiempo de primavera, de cuando todo era posible, de cuando parecía ser feliz y su genio musical aun estaba vivo.

24 junio, 2009

Desaparece la Cultura en Panamá

La vida pasa rápido. Me fui unos días de vacaciones con mi mujer y mi hija y resultó que el hotel en el que nos alojamos no tiene conexión a Internet. Los artículos para enviar a varios medios se caducaron en mi ordenador y terminé por alegrarme de estar desconectado por unos días. Vuelvo y resulta que el presidente Ricardo Martinelli ha expresado su intención de fusionar el Instituto Panameño de Cultura (INAC) en el ex Ministerio de Turismo, el IPAT de toda la vida (Instituto Panameño de Turismo). Brillante y valiente estupidez. Al que se le haya ocurrido la idea y encima le estén pagando por ello es para denunciarlo por asesinato cultural y por malversación de fondos públicos al que le paga.
Pero no debe extrañarnos la cosa. Hace muchos años que en Panamá la cultura es solo una ilusión para unos pocos locos. Los demás les permiten a los escritores, actores, dramaturgos o pintores vivir con el conceptito ese. Se subvencionan premios (muchos dados a dedo, eso pasa cuando de verdad no se cree en la cultura), se dan medallitas y ya está, se va gastando el presupuesto, no lo vayan a reducir el año que viene y aquí paz y después gloria. A eso le llevamos llamando buena gestión cultural un montón de años. Miedo a quedarse fuera del pastel público o simple indiferencia. Ahora esto.
Creo que quienes tiene estas ideas estúpidas esconden tras ellas su propia ignorancia y su profunda incapacidad de gestionar el verdadero patrimonio del país: su cultura. Mucho de los entusiastas de la ignorancia gustan de ocupar sillones de Cultura para hacerse notar pero no han leído más que los libros de sus carreras y creen que eso les hace cultos. Cualquiera es licenciado o doctor pero no cualquiera es culto. Para eso hacen falta cosas que estos de la maldita idea no tienen. Esto se les olvida a los ideólogos de esta aberración que demuestra que la razón lleva durmiendo en Panamá muchos años. Y aquí, los monstruos.
Tenemos grandes artistas en Panamá, escritores, pintores, artistas plásticos. Siempre hemos tenido un gran grupo de “hacedores de cultura” pero ninguno de ellos a pesar de formar parte de distintas agrupaciones culturales e incluso habiendo llegado puestos de gestores gubernamentales de Cultura no han podido dar a la cultura panameña la difusión que necesitaba. Ahora menos con el invento, “batido”, le llama mi querido Carlos Fong (lean su carta abierta).
Ahora toca desafiar al sistema, hacerle el vacío a la idea, no comparecer, no acudir a los premios y medallitas, dar la difusión necesaria a la cultura panameña a parte de las instituciones públicas que pretenden hacernos comulgar con ruedas de molino. Ya está bien de tanta connivencia con gobiernos a los que nada les importa la cultura panameña en cualquiera de sus manifestaciones. Yo reto al Presidente de la República a que nos permita a mí a un grupo de buenos artistas la gestión de nuestra cultura. Haremos que se conozca Panamá en menos de cinco años mucho más que lo que se ha hecho en los últimos 20. ¿Acepta el reto? Supongo que las Agregadurías culturales de las Embajadas panameñas por medio mundo ya están repartidas ¡lástima! Son ellas las que deben hacer la labor de difusión por el mundo de lo que somos y tenemos para ofrecer. Dígame cuando nos vemos en Panamá o en Madrid y concretamos el programa. Eso sí, necesitamos un Ministerio de Cultura a la par de un Ministerio de Turismo. Si acepta el reto no nos arrepentiremos los panameños, si no lo acepta se arrepentirá usted: pasará a la historia como el único presidente que consintió esconder la cultura detrás del turismo y fracasó. Porque fracasará se lo garantizo. Palabra de escritor panameño.

Antología de Cuento. Literatura de Ecuador (Reseña)

Uno de los grandes problemas de la cultura es la dificultad para su difusión. Perfectamente un escritor panameño puede vivir sin ver en las librerías de su país a mucho de los escritores de su región. Se hace así muy difícil que se ponga a disposición de los lectores los trabajos de los escritores que están construyendo la literatura de hoy. La editorial alfaguara ha publicado para la alegría de muchos en el planeta literatura una antología de cuentistas del siglo XX ecuatoriano. Antología de Cuento viene a llenar un vacío en las librería y abre un camino muy generoso para el conocimiento de la cultura ecuatoriana atreves de sus mejores cuentistas.
El libro presenta a 27 cuentos que han escrito y descrito a Ecuador, los reúne a todos y los convierte en embajadores de su literatura. Según el prologo de Mercedes Mafla la cuentística ecuatoriana tiene un denominador común y es su lucha por superar el aislamiento. El acierto de los antólogos la propia Mercedes Mafla y Javier Vásconez cumplen con el deseo común de los escritores de Ecuador.
La antología además de un completísimo prólogo, cuenta con una interesante panorámica de la cuentística de su tierra. Han sido valientes para apostar por la juventud de su cuentistas sin renunciar a poner de relieve el trabajo de los “padres fundadores” de la nueva narrativa ecuatoriana.
La variedad de temas y técnica cuentística abre el apetito del lector para buscar en la medida de lo posible más de estos autores antologados para verlos enfrentar otros géneros literarios o para verles resolver otros cuentos y comprobar que lo que leemos en esta antología no es solo un cuento feliz y casual son que nos hemos encontrado con grandes escritores que adolecen de lo que muchos escritores a ambos lados del español: la falta de difusión de sus obras.
De los más antiguos brillan por sí mismos “Un hombre muerto a puntapiés” de Pablo Palacio que ha sabido envejecer y el maravilloso “El guaraguao” de Joaquín Gallegos Lara, cuya biografía es un canto a la superación de las discapacidades para convertirse uno en quien quiere ser. Ambos son los polos literarios en los que se dividía la literatura de Ecuador a principios del siglo pasado.
De los más recientes están “Espejismo” de Yanna Haddatty y “Ulises” de Coca Ponce, un relato triste y lleno de plasticidad cinematográfica que no deben perderse.
Además, aparte de solventar una necesidad de la cultura como es la difusión de estos autores, este libro, que deseamos se distribuya lo más posible, es una suerte de herramienta de integración que nos ofrece un mejor entendimiento de una cultura rica en tradiciones, en leyendas y en plena expansión con la presencia de tantos amigos ecuatorianos entre nosotros. Entre nosotros esta antología debería leerse masivamente para el mejor conocimiento de la cultura ecuatoriana que aspira a darse a conocer, a hacer carrera entre nosotros y a demostrar que más allá de los típicos sentimientos nacionales son un país que quieren dejar atrás los límites de sus fronteras para convertir al Ecuador y a sus escritores en parte dinámica de ese todo vivo que es la literatura hispanoamericana.
El cuento que es un género tan antiguo como el hombre, que viaja con nosotros y se transforma en recuerdo, en mito y en vida, recobra en esta antología algo de su antigua vocación: transformarnos a todos, por un instante, en protagonistas de una historia que deseamos tenga un final feliz.

20 junio, 2009

El hombre que quería ser feliz (Reseña)

Bali. El paraíso que no cuenta con una palabra para designar paraíso. Un hombre, Julian, se acerca por azar, por curiosidad hasta un viejo curandero. Una búsqueda que ni siquiera nuestro protagonista reconocía al principio: la felicidad.
“El hombre que quería ser feliz” del francés Laurent Gounelle y publicado por Maeva es una parábola moderna sobre la búsqueda legítima de la felicidad, la necesidad que tenemos todos de aprender que es la vida, y como disfrutarla. El protagonista de esta historia se encuentra en Bali con un hombre sabio, que mezcla el conocimiento ancestral con los conocimientos de la moderna psicología. Tras una serie de encuentros desafíos y grandes confesiones Julian camina de la mano de su nuevo maestro hacia una lugar deseado por todo la felicidad. Aunque no se ofrezca una definición exacta de felicidad lo que la novela de Gounelle plantea sobre todo como vivir nuestras existencias en positivo.
Las convicciones propias, las expectativas correctas, el placebo como ejemplo de lo que las convicciones mentales pueden ejercer sobre el cuerpo, el valor del dinero, la asertividad, el miedo al no o el papel de la religión, son solo unos pocos de los asuntos que el curandero va poniendo de manifiesto ante un Julian que no había ido a buscar consejos para ser feliz pero que en realidad todo el mundo desea que le ofrezcan. Con poco que hurguemos en nosotros mismos podremos ponernos en la misma situación del protagonista de esta nouvelle
Se muestra así mismo la belleza de una tierra llena de contrastes, hermosa, que invita a la reflexión y al descanso. De tradiciones milenarias, este paraíso en la tierra es retratado con destreza por el autor y nos contamina con el gusanillo del deseo de conocer esas tierras, sus playas su quietud de siglos y su gente amable, sonriente, con una perspectiva de la vida tan distinta a la nuestra pero tan cercana en sus necesidades básicas en tanto que hombres y mujeres.
Una de las grandes enseñanzas de esta novela es la no dependencia de los demás sobre todo de aquellos que más parecen influirnos. La búsqueda de los sueños y de la propia felicidad está ligada a la independencia del criterio, a la búsqueda de la propia identidad desligada de la tiranía de la opinión de los demás. Aquí está la clave de esa búsqueda.
Este libro plantea interrogantes, introduce desafíos e invita a pensar en un tema tan importante y que ha sido objeto de grandes estudios y sigue acaparando el interés de todos los hombre y las mujeres de hoy. No hay nadie que en su sano juicio despreciaría la posibilidad de comprenderse un poco mejor y avanzar un poco más en ese camino tantas veces sinuoso que es la propia existencia.
Capítulos breves que mantienen cierta tensión durante el relato para que sigamos leyendo, hacen de esta novela un buen compañero de viaje y es una recomendable lectura para este verano que se viene acercando hasta nosotros con su tranquilidad de tardes para pensar y para soñar. Consejos positivos que no nos vienen mal a ninguno aunque estemos dispuestos a discutir algunos de sus planteamientos, “El hombre que quería ser feliz” puede ser para sus lectores una puerta, un plataforma para comenzar a plantearnos grandes cosas para nuestra existencia. El reto es enterarnos si Julian lo consiguió o no y si su maestro acertó con el diagnostico. Pasen y lean y que sean felices.

19 junio, 2009

Berti, encuentro

Saludé a Eduardo Berti el pasado mes de mayo en el María Pandora de Madrid después de la presentación de un libro. Tono cordial, cercano, me agradeció con un apretón de manos unas palabras amables durante el acto sobre “Trentacuentos”, una antología de cuentos de distintos autores que reseñé y en la cual él participa. “Soy seguidor de tu blog” le comenté, ¿Sí? ¿Quién eres? Di mi nombre y “ah sí”, recordó el apellido, me agradeció seguirle virtualmente, celebramos el “conocimiento carnal” (no bíblico aunque eso no sería hoy ningún problema) y nos despedimos con la alegría sincera por esos encuentros no planeados y siempre celebrados como una proeza de la divinidad, por lo menos yo. En estos días ando bebiéndome a sorbitos “La vida imposible”, su colección de microrelatos. Nuestro encuentro, breve, me caló hondo como sus microficciones y espero que la amistad, como la vida, no sea imposible.

18 junio, 2009

El método Coué (Reseña)

Si sumamos a una anécdota familiar la Historia y los mezclamos con un poco de ficción (o mucha) tendremos literatura. Y si la novela la escribe con estos ingredientes Javier Menéndez Llamazares (León, 1973) tenemos una obra brillante: “El método Coué” que publica Editorial Funambulista (2009).
Todo comienza con el regreso como héroe a su León natal de un joven piloto de aviones de la Segunda Guerra Mundial, Manuel Llamazares y ese arranque no es más que una puesta de largo de la esperpéntica situación ideológica y política que se vivía en la España de la postguerra civil. Una peripecia que desemboca en la verdadera razón de su vuelta y que explica el deterioro de su salud. Podríamos decirlo aquí y ahora pero lean ustedes, descubran y juzguen.
A partir de esa llegada a León y ante el enfado con razón (ya dirán ustedes) de una mujer, Javier Menéndez Llamazares despliega toda su buena literatura y la pone al servicio de una historia de superación, de búsqueda de las metas y de amor. De fondo la Alemania nazi en su apogeo y España su gente y sus circunstancias como motor emocional de una trama que se compone de personajes reales y ficticios y de situaciones que pudieron ser y quizás, y esto es lo maravilloso de la literatura, probablemente, fueron así.
Convaleciente y recién llegado a España y recibido por el pueblo leonés vemos que llevó y trajo al joven Manuel Llamazares y adónde irá. Novela lenta, sin que esto sea un defecto, el autor nos va contando con la serenidad de una historia cercana los detalles de una vida que como todas esconde su revés de angustia y deseos de triunfar. La lentitud a la que aludimos es a la de un director de cine que rueda una historia de emociones y circunstancias no de explosiones ni de efectos especiales, que los hay (lean las secuencias de las batallas aéreas o la brutalidad de la Gestapo).
Historias políticas, conspiraciones, historias de amistad entrañable y una hermosa historia de amor son las líneas que se cruzan en esta novela que nos revela un berlín de la segunda guerra mundial y nos revela muchas de las claves de esos días en los que la historia de España también estaba sufriendo los grandes cambios que han conformando parte de lo que somos hoy. Claudia Stolz es un personaje entrañable completo y lleno de vitalidad y valentía. El amor de Manuel y su debilidad.
El autor consigue crear una atmósfera verosímil, situar perfectamente a cada personaje sin atosigar al lector con su vasto conocimiento de la época y de los hechos narrados. Pasamos de escena dentro de cada capítulo con la naturalidad del que cuenta una historia que conoce muy bien y la tiene cerca del corazón. Dosifica con extrema delicadeza la tensión, va a sorbitos por la historia, las extiende como las caricias que mejor nos estremecen y nos enseña que la buena literatura se hace a fuego lento, trabajando como los antiguos orfebres la pieza de oro para que la joya sea única.
¿Y qué es el método Coué que es? No aparece sino hasta muy tarde en la novela (esa es una de las intrigas de la novela ¿cuándo aparece?) y se convierte en una constante para el resto de la novela. Un psicólogo francés propuso una terapia sencilla que consistía en decirse a uno mismo “hoy me siento mejor, me encuentro mucho mejor”. Este auto-convencimiento terminaría con los males de paciente y le traería el bienestar que necesita. “El método Coué”, la novela, no necesita decirse a sí misma “seré una buena novela”. Llega desde el principio a intrigarnos, nos invita a seguir la estela del héroe familiar, de la historia traída del pasado para aclararla por medio de la literatura que para estas sagas familiares funciona muy bien. Graciano, tío del autor, es quien mejor retrata esta novela. En los agradecimientos nos cuenta Javier que su tío dice que este libro “no cuenta más que mentiras”. ¡Premio, Graciano! Esta es la esencia misma de la literatura: mentiras que podrían ser. Un abrazo desde aquí.
Esta novela no hace concesiones con ninguno, trata desde la realidad de los hechos a todos los bandos implicados, muestra (no discute, no plantea) las inconsistencias ideológicas de unos y otros y muestra la vida diaria de aquellos años que tienen de hermosos los ejemplos personales que lo conforman pero que no deseamos jamás que vuelvan. Javier toca muy bien una época que aun duele y no se casa con ninguno: esta novela no va de esa simpleza, de buenos y de malos, va de vida, de amor de tristezas y de conquistas.
Al final cundo volvemos a la cama del convaleciente “héroe de Klin” nos queda todo claro, respiramos más tranquilos y sonreímos por encontramos allí con dos mujeres. Quiénes son, que harán, a dónde llevaran a nuestro héroe. Javier Menéndez Llamazares nos ha servido de anfitrión en una fiesta de la memoria y de las palabras que sumadas no acercan a una historia que vale la pena revisitar. Es un libro redondo, su mecanismo hace “clic” y nos deja con el sabor de las buenas historias y nos hace pedirle más letras. No tiene el autor que echar mano del método Coué, el del psicólogo francés, no tiene que convencerse de nada: domina la técnica, es dueño de una personalísima manera de narrar. Es sin lugar a dudas un autor al que tenemos que seguir porque nos dará mucho de qué hablar y de leer.