jueves, 4 de junio de 2009

Trentacuentos (Reseña)

La lectura de Trentacuentos le parecerá al lector una cena con amigos que a los postres se cuentan historias, sus mejores historias. Es como un fin de semana en una casa antigua (el libro bien podría serlo) y a la luz del fuego cada escritor cuenta con parsimoniosa minuciosidad sus cuentos.
En esta antología que es reunión y encuentro tenemos a escritores de este lado del español y del lado de allá de nuestra lengua. Tenemos académicos, grandes escritores jóvenes e incluso a algún escritor que aunque ya esté en el Más Allá su literatura habita entre nosotros como un fantasma amigo en esta hipotética casa que podría ser el maravilloso libro de la editorial Casbierta. Hombres y mujeres que, en definitiva, tienen mucho que decir y talento no les falta para ello.
Los textos reunidos en este libro son a la vez que un deleite para los sentidos, una puerta a la literatura de estos grandes escritores de nuestras letras. Diversos en extensión, técnica y temática, las piezas que componen este libro seguro que tendrán al lector sonreído e intrigado constantemente y deseará seguir con algo más de los autores que lea en este libro.
Entre los convidados a esta cena de amigos cuentistas está, los académicos Luis Mateo Díez y José María Merino que representan lo mejor de nuestras letras con, obras literarias solventes, de un técnica depurada con años de buen hacer literario y que han marcado un hito en nuestra historia literaria.
De allende la mar tenemos a Eduardo Berti que se ha convertido en un valor seguro de las letras actuales y aun clásico centro americano como es Sergio Ramírez que arrastra por su técnica cualquier situación cotidiana al terreno del cuento con magistral solvencia.
Tenemos también jóvenes muy jóvenes como Damián Cano (1982) cuyo cuento es de una muy prometedora factura. Lo bueno de esta antología es que combina todas las corrientes cuentísticas de nuestro medio y las combina para ofrecernos un más diáfano y vivo que anima a sumergirse en él.
Care Santos, como siempre, aporta un hermoso cuento que nos ofrece una vez más la posibilidad d empezar a conocer a esta prodigiosa escritora y además otra grandes de las letras la acompañan Teresa Martín Taffarel y Luisa Cuerda. Cuentos limpios, llenos de la sencillez que abruma y llena de ganas de seguir leyendo.
Especial mención merece el relato visual de Mónica Fuster Julià que nos encierra con nuestra imaginación, que nos empuja a ser nosotros los que elaboremos la trama y los personajes que solo vemos o intuímos en sus fotos, que narra en las páginas centrales del libro una singular historia que cada uno tiene que descubrir.
Insistimos en la técnica porque por derecho el cuento es el género que requiere de un equilibrio preciso, que necesita por su condición de flecha que va directo a la diana unos recursos que la novela requiere pero de otra forma. Los cuentistas antologados por Casabierta ofrecen la garantía de ser verdaderos expertos en el manejo del género.
Recomendamos que se lea uno al día, para ir degustándolos, con la paciencia del que ve un atardecer de luces malva, para no gastarlos tan rápido, para vivirlos sorbo a sobro y rumiarlos mucho que es la mejor manera de digerir un buen cuento y los de este libro, todos, lo son.

1 comentario:

La Jime dijo...

Desde sudamérica nos preguntamos cuándo llega a nosotros este libro tan prometedor??
Qeremos leerlo!!!!