24 febrero, 2026

Los niños

Fieles a nuestro natural pendejismo, no queremos reconocer que la asignatura pendiente desde hace años es la infancia. Panamá ha decidido que cuanto menos hagamos por los niños mejor. Y se hace muy difícil creer que esta no sea una política intencionada, porque cada vez tenemos más niñas embarazadas, más niños desnutridos, con menos comprensión lectora, siendo más pobres, y con el caso SENNIAF, menos seguros en manos del Estado.

Mucho predicar valores cívicos y morales, mucha teletón y eventos para recaudar fondos, pero hemos olvidado cómo, mientras políticos vestidos de blanco chupaban guaro del caro, un niño se hacía viral porque no quería comerse la presita de pollo que le dieron en el comedor: quería llevársela a su mamá. No sé qué habrá sido del niño, pero los políticos que chupaban están otra vez en la Asamblea riéndose de lo lindo.

Los niños siguen arriesgando la vida para estudiar, para comer; siguen sin tener bibliotecas, sometidos a un MEDUCA obsoleto dirigido por ignorantes y aprovechados, atrapados en un programa educativo obsoleto hasta oler a alcanfor, pero que se quiere dotar de laptops y tecnologías que no tienen dónde enchufarse.

Mientras no nos tomemos en serio a los niños, no haremos buenas políticas. Hay que diseñar el país mirando a la infancia, pensando en el futuro que les vamos a dejar. No vale con darles de mal comer y llevarlos al parque, necesitan salud, educación, seguridad, padres con buenos trabajos y no un gobierno que los someta al hambre para entonces abrir la mina como solución. Necesitan ejemplos de decencia de los que gobiernan.

Sigamos de culecos, pensando en festivales de pollera o de la santa hojalda, sigamos gastando plata en ballets y orquestas sinfónicas, sigamos alimentando sin literatura una feria y vendiéndoles el sueño de ser grandes ligas. Los niños necesitan ser la prioridad, y eso pasa por dejar de mentirles y darles seguridad, empieza por tomar en serio sus problemas a largo plazo.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 24 de febrero de 2026.

11 febrero, 2026

Paracaidistas

Los panameños nos hemos hecho expertos en colarnos en fiestas ajenas, pretendemos darnos relevancia allí donde de verdad ocurren las cosas, donde están los protagonistas, como cuando éramos chicos y nos dejábamos caer en el cumpleaños del amiguito del barrio que no nos invitó, pero llegamos y nos dieron un pedacito de dulce, y ni llevamos regalo.

La final de la NFL, por mucho jugador panameño que participe y se adorne con la bandera, no es nuestra fiesta, como tampoco lo es que la veamos en el show de medio tiempo: estamos tan acostumbrados a ser escenario y no protagonistas que vemos el tricolor y nos despelucamos, en lugar de avanzar nuestra cultura para ser protagonistas de verdad. No olvidemos: preparar una fiesta para otros no hace que la fiesta sea nuestra, como hicimos con el «Davitos» de hace semanas, o los demás eventos que ocurren en nuestro territorio.

Cualquier panameño en el extranjero, en concreto en Estados Unidos, que sale en alguna noticia, lo convertimos en héroe, como hicimos con aquella mujer de «origen panameño» que estaba en el ejército de USA, y la condecoramos y todo por haber sido capturada y liberada en una guerra que, menos mal, no era nuestra. Celebrar a «panameños de a vaina» es síntoma de mentalidad de pequeñez que es perjudicial.

Queremos celebrar el «hito» de Bad Bunny como nuestro, como de los latinos, cuando nosotros no hemos sido capaces de sostener en ese escenario, pudiendo ser protagonistas, nuestro propio relato sobre el Canal; celebramos la NFL como gringos, pero todos callados ante su embajador, que se pasea como gobernador por nuestro país. Queremos llegar a fiesta ajena, celebrar como invitados, o peor, como protagonistas.

No coman cuento: aquí cada uno es responsable de hacerse oír, y cuando se va en bonche, solo se hace ruido. Dicen algunos que el reguetón nació en Panamá, fíjate tú, y ni eso somos capaces de sostener en el exterior con solvencia.