martes, 4 de agosto de 2015

De la necedad social

Lo del deporte en general, y el fútbol en particular, vista la reacción social tras la derrota ante México, es cada vez más preocupante. No por el deporte en sí, sino por cómo nos relacionamos con este y su consumo. Esta semana hemos asistido, a cuenta de un partido de fútbol, a una perversión de los conceptos patria, dignidad e identidad. La transmisión de conocimiento y valores ha fracasado. En algún momento de nuestra relación con la realidad nos hemos perdido.  Seguir leyendo aquí.

Artículo aparecido en el diario panameño La Prensa. 1 de agosto de 2015.

miércoles, 22 de julio de 2015

"Quince años, casi nada" en Otro Lunes

Si como canta Gardel, veinte años no son nada, quince, son casi nada. En muchos países latinoamericanos, los quince años de ellas son una estación de fiesta, las quince primaveras, la niña se hace una mujercita y lo celebran por todo lo alto, una presentación en sociedad con un baile, emocionadas palabras de los padres, regalos y la sensación, siempre, de que el tiempo se ha pasado volando y cómo ha cambiado la niña.
Este año, una editorial, más guapa que nunca, cumple quince años de andadura, un cuento que se alarga, una constancia aleccionadora, un prestigio sólido que merece la pena elogiar: Páginas de Espuma. El sueño de Juan Casamayor y Encarni Molina llega a esa ilusionante edad con más ganas que nunca de seguir. Y sí, el tiempo se ha pasado volando. Seguir leyendo aquí.

Televisión y libros

He escuchado decir que Groucho Marx decía que la televisión le parecía muy educativa: la apagaba y se ponía a leer. Y va a ser cierto, allá o aquí. En todos lados se emite basura, se ignoran los temas culturales y se eleva a la categoría de moda la falta de talento y la rebusca farandulera o post concurso de belleza. Los televidentes más jóvenes “comen cuento” en vez de leerlos y emprenden el camino hacia la estupidez.

Pensando todavía en lo del Instituto Nacional, insisto, como dije la semana pasada, en que como adultos, como muestras del “futuro” que espera a nuestros jóvenes, hemos fracasado y seguimos fracasando. Vean sino la noticias: corruptos impunes, dictadorzuelos pidiendo perdones sesgados y los “juega vivo” reídos de la cara de idiota que pone la sociedad al verles salirse con la suya. Maldita tele, "espejo nuestro nos guste o no" como sostiene Enrique Lynch.

Me di un baño de telebasura esta semana, de telebasura patria y no hace falta que dé nombres de los programas de moda, esos que comentan el faranduleo, glorifican la chabacanería y hacen creer a los incautos que todos pueden ser de la tribu que se insulta y se grita y que airea la vida privada de sus “celebritis”. Allá ellos, como dicen Les Luthiers. Eso me pasa por ver televisión y no hacer caso de la sabiduría “marxista”.

“Estás hablando como un viejo”, ya escucho, “un viejo estrecho y gris, que no evoluciona. No eres hijo de tu tiempo, tu tiempo se pasó “mai frén”, ahora la vaina es diferente…” No, no es que rasgue mis vestiduras ante semejante despliegue de sandeces, es que no me creo el discurso de las televisoras de que “al pueblo se le da lo que quiere”, que “la gente se ríe”, que tiene que desconectar de su vida tan estresada. Como se dice ahora: aterricen. Si de verdad se quiere hacer televisión de calidad la pueden hacer sin caer en simplismos idiotizantes, sin colaborar con la expansión del reino de los ciegos, donde el tuerto es siempre un rey muy malo y encima, si le dices que va desnudo, te mete una rejera, él y los ciegos de su séquito que disfrutan de esa oscuridad.

La Academia Panameña de la Lengua estrena, según comunicado, nueva directora, un ser humano extraordinario y lleno de sabiduría que se llama Margarita Vázquez. Su predecesora, Berna de Burrell, seguirá en la brecha trabajando en un acercamiento del pueblo a la lectura según la misma nota. Un trabajo que hace falta más que nunca: más lectura, más puertas al criterio. No van a tener nada fácil la tarea los Académicos. Hay que seguir en la lucha, pelear cuerpo a cuerpo con una imagen rota de las instituciones y de la cultura, la que se despliega en los medios.


Definitivamente no hay que hacer dramas por la televisión panameña. Vamos a apagarla y a ponernos a leer. Un país en el que no hay espacios para la cultura en horario de máxima audiencia o que no tiene ni la más mínima intención de programar más que deporte y “telerrealidad” tiene un índice muy elevado de inmadurez y poco apego por la democracia. Y democracia no es decir lo que a uno le venga en gana y me vale… el resto: eso es arrogancia y cinismo.

Esta semana apaguen el televisor. Vayan a la Biblioteca y saquen algunos libros, léanlos, niéguense a darles minutos de su vida a los programas basura. Ríase de usted mismo leyendo una buena novela, un poema o cuento. Y no se diga que es cosa de unos pocos la cultura, esa es la otra mentira que hay que discutir y de la que se aprovechan estos programas. Ojalá los libros se cuelen en la televisión y relacionemos democracia y cultura. Ojalá. Mientras llega ese día, el televisor apagado y el libro abierto.



viernes, 26 de junio de 2015

La Feria que viene

Se ha presentado la XI Feria Internacional del Libro de Panamá que tendrá  como país invitado a Guatemala, tierra de Miguel Ángel Asturias y el pequeño gigante de la ficción, Augusto Monterroso, al que le descubrí el otro día hasta una cuenta de Facebook. El dinosaurio despertó para apoderarse desde el más allá de las redes sociales y de más lectores.

Un gran país literario que se merece toda nuestra atención y nosotros haremos bien en reclamar la suya. Una búsqueda mutua, un reconocernos, un volver a tomar contacto en un marco de fiesta literaria y con buenos amigos de otras letras que terminan por converger en una palabra: libro.

Un acierto la elección del país y más aún en un momento en el que creo fundamental que comencemos a mirar al vecino cerca. Potenciar la difusión de los escritores a nivel regional es un reto a considerar si perder de vista una difusión global. Comencemos cerca y de modo sostenido. Juntos podemos resolver un problema que por obvio no deja de ser un déficit cultural: necesitamos leer a nuestros vecinos.

Insisto, al hilo de la Feria que vine, que las Embajadas y sus Agregados Culturales tienen que jugar un papel determinante en este flujo de autores. Son ellos y nuestros recursos allí donde estén destinados los que pueden propiciar los encuentros, los viajes, las presentaciones de libros, la participación constante.

No olvidemos que se tiene en cuenta lo que se mueve, lo que se luce. Tenemos que estar presentes en las mesas culturales, en los encuentros intelectuales, hemos de dejarnos ver de verdad en las principales Ferias del libro del mundo. Fíjense como los países bien organizados culturalmente no dejan de venir a Panamá, hasta aquí se vienen para dejarse ver. Hemos de sumar a la “política del escaparate”, una política de "objeto cultural” a nivel exterior y en clave interior, hemos de sumar a estas dos políticas, la de "visibilización cultural".

¿Dónde están los recursos para una buena e independiente revista cultural? ¿Dónde el espacio público y privado de contenidos culturales atractivos, bien difundidos y bien pagados a sus creadores? Cuando las instituciones culpan a los escritores, en nuestro caso (lo mismo que llevo dicho se aplica al resto de las artes), y nosotros a las instituciones y juntos a la empresa privada (que hace su parte), me pregunto si todos juntos no estamos siendo colaboradores necesarios en esta “farsa” que es tantas veces la “cultura panameña”. Los entusiastas de la ignorancia se frotan las manos, ya están otra vez todos contra todos, se dicen, y mientras, la mediocridad se afianza en los lectores y futuros consumidores culturales.

La Feria que viene volverá a dejar clara una realidad: cuando hay voluntad y se apartan egos, la unidad funciona, la misión se cumple. Necesitamos agentes vinculantes, que se dejen asesorar, que escuchen. Vengo observando mucha soberbia y majadería en los funcionarios culturales y pocas ganas de sumar. Tienen los recursos, pero les falta la actitud y la capacidad para resolver un rompecabezas de muy pocas piezas, sobre todo porque una de ellas tiene la forma de la humildad.


La Feria que viene se llenará de grandes escritores, de medianos y de muchos prescindibles, pero hay que leerlos para criticarlos y descubrir el fondo del asunto. Debates habrá, qué bueno. Otra oportunidad para conocernos y acercarnos y tomar, ya no medidas, porque el asunto cultural ya está medido y diagnosticado, las herramientas y ponerse manos a la obra.

Artículo aparecido en el suplemento Día D del Panamá América.
Domingo 21 de junio de 2015.

martes, 16 de junio de 2015

Las fotos y las vocales

Para Aitana, que se graduó de kínder como su papá.

“El niño salta, va, viene, se equivoca de rama, vuelve a saltar,
dice la a, la e, ríe con la i, se asusta con la u, vive”.
Francisco Umbral, Mortal y rosa.

Como siempre, mi mamá rescató de sus recuerdos guardados en cajas, una foto de la maestra Carmen, una mujer de cabello corto, piel canela y ojos brillantes. Junto esa mujer hermosa, un niño flaco sostiene un diploma y viste capa y birrete celeste, con cara de timidez. El niño, a su pesar, se ha convertido en el adulto que soy.
Miro agradecido a diario en mi mesa de escritor esa foto que no presagia el presente que ahora es. Me pasa como a Daniel Pennac, solo que con menos glamour literario. Y los recuerdos vienen, y las letras y los cuentos, y la maestra Carmen pide silencio y atención: la letra “U”, explica, es la cuerda con la que salta una niña, y yo la miro fascinado. Habla con voz melodiosa, entonando con dulzura cada palabra, buscando en su imaginación el ejemplo preciso para enseñarnos las vocales y la “E” tiene el palito del centro más cortito, y yo maravillado. Carmen fue mi maestra de kínder en la Escuela Primaria Don Bosco y me gustaría verla para darle las gracias y preste atención, me dice con firmeza cariñosa: la “A” tiene las patitas abiertas. Dígame una palabra con “A”, me pide: Aitana, le contesto.
La última vez que vi sus brillantes ojos negros fue durante las Fiestas Patrias de 1984. Desfilaba yo con una banda tricolor que me cruzaba el pecho, era Cuadro de Honor del Técnico Don Bosco. Con mirada marcial hacia el frente y fustigando con cada paso el adoquinado, marchaba por el Casco Viejo. Pasada la Presidencia, y de entre el gentío, una mano me saludaba con urgencia temiendo que no la viera. Era ella sin duda, la maestra Carmen, pero no ve que le estoy haciendo señas, me dice preocupada: está usted muy distraído esta mañana, ¿qué dije de la “I”?, pregunta para saber si estoy atento. “Que es como un soldadito maestra: derechita y con un puntito arriba”. A ver, ¿quién me dice, —pregunta a todos en el salón de clase—, qué letra falta? La “O”, contestamos con voces ruidosas.
Oscuridad sin esas cinco letras es lo que pienso ahora que soy escritor, en estas fechas en las que ando colgado de un sueño tejido de palabras y obsesionado con personajes muertos y en blanco y negro, dormido sobre libros en largas noches de insomnio y lecturas: oscuridad sin esas pocas letras me digo ahora, ahora dibuje en el tablero un oso con la “O”, me pide la maestra a ver si me la sé. Uso muchas para dibujar cara, orejas, ojos, boca: todo en un oso se dibuja con la “O”, decía. Vamos a decir las cinco vocales todos juntos. El coro de chiquillos entona como una letanía las vocales: A, E, I, O, U, ¡el burro sabe más que tú!
El día de la graduación nos hicieron una foto a cada uno, una Polaroid instantánea de aquellas tan modernas. Aitana se hizo una con Luis, su maestro, que le enseñó las vocales y a leer. Sonríe con timidez como su papá, pero sin capa ni birrete, su maestro sonríe también, son cómplices de letras. Se echarán de menos.
Mi foto de graduación preside mi mesa de trabajo, un niño flaquito portando un diploma junto a una mujer hermosa, piel canela, sonrisa tierna y ojos brillantes. Carmen no sé qué se llama la maestra que me enseñó las vocales. No sé dónde andará para darle las gracias, pero sin esas primeras letras aprendidas, oscuridad, seguro que oscuridad.

Por distraído, ahora se queda sin recreo, me dice la maestra.

martes, 19 de mayo de 2015

Gregor Samsa, cien años después

Decía el escritor Luis Landero durante la presentación de "Kafka con sombrero" de mis queridos Jesús Marchamalo y el ilustrador Antonio Santos, que en el futuro, quien mejor dará cuenta de la humanidad en literatura, será Franz Kafka. Celebré la sentencia, estábamos en la Librería Rafael Alberti de Madrid, que está en el año de sus cuarenta años, y convine con él que es verdad, todos le debemos a Kafka algo como lectores, sin duda, y como escritores, aunque no lo parezca muchas veces. Para leer el artículo pincha aquí.

lunes, 13 de abril de 2015

Y en la revista Otro Lunes...Tantas veces Pedro

Me lo recomendó, como a otros escritores latinoamericanos que no había leído, mi buen amigo el escritor peruano Cristian Jara Alvarado cuando recién nos conocimos en Madrid y nos juntábamos en mi casa para escribir y conversar: “tienes que leer a Pedro Lemebel”, me decía.
Tantas veces Pedro”, recordé nada más enterarme de que el chileno había fallecido y el título peruano de este artículo me asaltó como una memoria púrpura de días en los que leía mejor y recién caía rendido ante la belleza escrita de Pedro, mi amigo Pedro en el silencio lector, que tan bien dibujó aquello que siempre he querido escribir. Tantas veces él y yo reído leyéndolo contar la vida nada exagerada y triste y de bolero de “la Loca del Frente”. Pedro Lemebel, tono y plástica, literatura y vida y compromiso. Seguir leyendo aquí.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Los locos del libro

Esta semana en Madrid nos dijeron que los restos mortales de Miguel de Cervantes se encuentran donde todos pensábamos: en el Convento de las Trinitarias en Madrid. Francisco Etxeberría, sabio en su oficio, dio la noticia a falta de la confirmación del todo poderoso ADN, vamos, que no nos fiamos ya de los libros y su registro de los hechos. Esto mismo, hace cincuenta años, basados en los textos, sería palabra de dios.  Pincha aquí para seguir leyendo.

martes, 17 de marzo de 2015

Las nuevas bases

Creo que no se hablado tanto de bases como en estos últimos meses. Y no son las viejas bases estadounidenses en territorio panameño, ni las que se robaba en los ochenta Rickey Henderson, si no las discutidas, revisadas y hace unas semanas presentadas bases del Premio Nacional de Literatura “Ricardo Miró”.
Sin lugar a dudas ha sido un gran acierto revisarlas e invitar a algunos escritores a participar en esa tarea a fin de modernizar el Premio y darle agilidad. Se queda el “desierto”, bien, el género ensayo se libera de las temáticas anuales, mejor, y se incentiva la puesta en escena de las obras de teatro, excelente. Alegría por una parte, pequeña, pero hay que reconocer que son un gesto, una línea a seguir para mejorar de aquí en adelante. Pincha aquí para seguir leyendo.

martes, 24 de febrero de 2015

Vuelta a Isla Grande

Mi abuelita Chela me pagó el uniforme y el jefe nacional Rover me pidió que dirigiera para ese domingo, a modo de pensamiento espiritual, unas palabras a los participantes de lo que sería mi primer y único ENARO (Encuentro Nacional Rover). Era el verano de 1990 y teníamos toda la vida por delante. El destino, Isla Grande, en el atlántico colonense.
Del viernes 9 de febrero al domingo 11, nos reuniríamos para hablar de nuestros asuntos, conocernos y juntos proyectar el futuro de nuestra rama. Éramos la culminación de un proceso de transmisión de valores que comenzó, en la manada de lobatos y pasó por la tropa Scout. Iban a ser días radiantes de verano para un puñado de buenos jóvenes. Seguir leyendo.

Los Miserables.


Como decíamos la semana pasada, al decir de Fray Luis de León, la lectura de los “Los Miserables” es uno de esos ejercicios de estío que hay que emprender. Lo que me atrajo de esta novela desde el principio fue la amplia gama de maldades que maneja. Víctor Hugo, ese universo eterno y literario, concibió por entregas, en el viejo París del XIX, un espectro amplio de malos de tinta que sigue teniendo su utilidad. Seguir leyendo aquí.