13 enero, 2026

Cultura, un privilegio

Hagamos pedagogía, que consiste en diagnóstico, pronóstico y solución: Danilo Pérez, atribuye la reducción del Festival de Jazz de Panamá a la falta de apoyo de Turismo y de la Alcaldía de Panamá, a la vez que agradece a MiCultura su apoyo por ley al proyecto, que se acerca con éxito a los veinticinco años de existencia.

El diagnóstico: la mayoría de los panameños cree que la cultura es un privilegio, no un derecho, de allí que opinen que un festival como este, que tiene un impacto real en la vida de miles de jóvenes, lo debe costear la fundación que lo convoca o la empresa privada. Para muchos, y eso le conviene al sistema, la cultura sobra.

El pronóstico: poco a poco irá languideciendo. La asignación por ley de MiCultura no será suficiente, y los días se irán acortando y el impacto ira menguando, y eso que muchos músicos panameños estuvieron en el origen mismo del jazz, y ha tenido en varios de nuestros compatriotas dignos exponentes. Pero eso no es suficiente para un amplio sector de la sociedad.

Las solución pasa por ser más pedagógicos. El Festival es una muestra en sí mismo de la importancia del jazz, pero los entusiastas de la ignorancia han conseguido establecer en la conciencia social que la cultura es una yeyesada, no una vaina del pueblo, y la culpa es a partes iguales de MiCultura, Meduca, y de la voluntad política del Ejecutivo y el Legislativo: «Entre todos la matamos y ella sola se murió».

Espero que el pronóstico sea fallido, que seamos capaces de enseñar que la cultura es cuestión de todos, y que en ella nos jugamos la memoria reflexiva que necesitaremos para los tiempos complejos que se nos vienen encima. Por el «apellido» del Festival nos estamos haciendo todas estas preguntas, pero no lo duden, muchas iniciativas culturales se han perdido y se pierden por ser anónimas, y eso también destruye el tejido cultural del país.

Artículo publicado en el diario La Prensa, martes 13 de enero de 2026.

07 enero, 2026

De Panamá a Venezuela

Algunas imágenes me hicieron recordar el 20 de diciembre de 1989, el cosquilleo de la incertidumbre: estaba asistiendo a las últimas horas de mi vida o al comienzo de una nueva, en ese momento no lo sabía y era lo de menos: Estados Unidos acababa de invadir Panamá.

Recibí el sábado un mensaje de mi hija pequeña: «¿has visto lo de Venezuela?», e inmediatamente sentí el vértigo: en mi teléfono las imágenes traían aquel diciembre ahora en enero, el país más poderoso del mundo trayendo con «bombas de paz»«extrayendo» el mal—, el bien que ellos entienden que se necesita, a su medida, esa «tentación del bien» de la que nos hablaba Todorov, y que ahora es una opción legítima.

Cuando no vives bajo una dictadura es difícil entender el alivio de que te quiten de encima al «hombre fuerte», al que hasta los más bravos, armados hasta los dientes, temen y obedecen para mantener los equilibrios corruptos que benefician a los que están en la papa. Las armas también son judiciales, políticas, económicas, las necesarias para mantener el poder.

Las víctimas son los venezolanos, los malos son los dictadores color caribe o de barras y estrellas, los que han caído en «la tentación del bien». Uno lo que quiere es democracia a cualquier precio, incluso la soberanía, porque bajo una dictadura la soberanía no alimenta la esperanza o el estómago, pero uno es consciente después del precedente y es doloroso.

De Panamá a Venezuela hay 36 años, dos países, y un protagonista, Estados Unidos, que impondrá su «bien» por la fuerza, como Israel, Rusia, o el que crea poder hacerlo. ¿Y China? Abierta la veda, y todos con veto o con amigos que lo tienen, los demás no podemos más que alegrarnos por lo que nos toca y pedir que todo salga bien. Nos ponen en la mesa a escoger el menor mal porque, el mayor bien, ya se lo han llevado ellos.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 6 de enero de 2026, a la espera de que la democracia de una u otra forma termine llegando a Venezuela, empezando con poner en libertad a todos los presos políticos.

30 diciembre, 2025

Tumbar las máscaras

Las máscaras son una tradición milenaria en la cultura china, servían para comunicarse con los dioses y recibir sus bendiciones. Los griegos nos dejaron, por su parte, una palabra teatral que requiere el uso de una máscara: hipócrita. La cultura, menos mal, no deja cabos sueltos, y nos enfrenta, otra vez, a la desintegración de los valores cívicos de la sociedad panameña.

Para terminar el año, una alcaldesa, con revocatoria de mandato a la que nadie hizo caso, tumba el monumento que recordaba la participación china en la construcción del Canal y la amistad entre ambos países, una tragedia que desde hace por lo menos ocho meses rondaba las redes. Basta hacer una simple búsqueda. No hubo manifestaciones, nadie se encadenó al monumento y apenas hubo comentarios en la noticia, de los cuales destaco uno, preciso en su diagnóstico: «Espero que no (lo tumben), sería estúpido. Pero últimamente pasan muchas estupideces aquí».

Este hecho tumba las máscaras de todos. Mientras no sea una acción que dé taquilla, no interesa. Ahora todos se indignan y se echan las manos a la cabeza, desde los responsables del mantenimiento del monumento hasta periodistas y políticos, pasando por el presidente y su ministra de cultura, pero hace ocho meses, por lo menos, no interesaba más que como una noticia sobre la que opinar: ahora todos somos deudos de la tragedia. Es verdad: «últimamente pasan muchas estupideces aquí».

La palabra del año en esta columna es, de nuevo, «pendejidad», la habilidad de hacerse el pendejo cuando conviene, sobre todo ante situaciones reiteradas y conocidas por todos desde hace tiempo. A la cabeza van políticos y periodistas de todo color y pelaje. Para el año que viene, insistiremos con «pedagogía», que consiste en diagnóstico, pronóstico y solución, aunque nadie escuche. Ante el “show”, que el 2026 nos halle más críticos que nunca, y que por fin renunciemos a las máscaras hipócritas que la realidad tumba con tanto acierto. 

¡Feliz año!

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 30 de diciembre de 2025, a un día de empezar el año más duro de nuestra historia reciente en Panamá.




09 diciembre, 2025

Sordos

«Hablar contigo es como predicar en el desierto», nos decían nuestros mayores: la necedad orgullosa, ligada a la razón y al corazón, nos impedían escuchar y tomar en serio cualquier pedagogía hecha desde el hogar o la escuela. Se trataba de pura inmadurez, de orgullo ignorante, que hoy en Panamá muestran periodistas, sus oyentes y demás opinadores en redes, llenadores de ciberespacio con la paja que brota de criterios poco instruidos.

Panamá ha elegido la sordera sospechosa ante cualquier conflicto que requiera su decisión como sociedad. No nos fiamos de nadie, todo el mundo es sospechoso por color político, por periódico donde escribe o televisora donde colabora; de la radio ni hablemos: gritones, exagerados mentadores de Dios y sus virtudes, y qué decir de partidistas y bancadistas, que se pelean por la blancura de motivos ante un país que no se fía ni del sistema democrático, lo que es en sí un peligro.

Estoy de acuerdo con Umberto Eco: las redes han dado a los idiotas un altavoz, y a los demás, la capacidad de hacerse los sordos —vía hacerse el pendejo— desconociendo el origen y progreso de nuestros males, como si hubieran caído súbitamente del cielo. Es ridículo oír a periodistas y políticos de siempre hablar como si lo que nos pasa fuera de ahora, aferrándose al que mejor pague. Estúpidos que gritan a sordos que se creen lo que les dicen.

Hemos renunciado a la pedagogía y optado por comentar y repetir, como si fuésemos los más vivos, las mismas noticias de siempre, disfrutando como medios y como políticos de la cronicidad mediocre que nos lleva destruyendo décadas. Qué fácil hablar de escuelas a medio terminar cuando cada marzo se dice lo mismo.

Debería darnos vergüenza tanto sordo, pero no, queremos serlo a mucha honra, convirtiendo nuestra ignorancia estúpida en marca de nuestro medio o partido o bancada, dejando fuera la necesaria pedagogía que nadie quiere abordar porque no vende ni es popular.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 9 de noviembre de 2025, día Internacional de la Lucha contra la Corrupción.

03 diciembre, 2025

La pobreza de siempre

Dicen ahora que la pobreza ha crecido en Panamá, como si no fuera culpa de nadie, como si en la palabra «crecimiento» no tuviéramos la clave de la responsabilidad de los sucesivos políticos que ya han tocado el poder, y que ahora se postulan como alternativas a la miseria que nos ha caracterizado desde siempre aunque no queramos oírlo.

Y no digamos nada de los actuales políticos, que llenan de «paja» sus espacios virtuales en redes, sorprendidos hipócritamente con lo que pasa, como si no lleváramos décadas asistiendo con cronicidad preocupante a los mismos retos que ninguno de ellos —ni los de antes—, han podido solventar. Panamá se ha convertido en un país tan predecible, que sus periodistas y opinantes no son capaces más que de señalar lo obvio, renunciando al criterio analítico y a la pedagogía.

«Crecer» implica necesariamente un movimiento orgánico, que en el caso de la pobreza y la desigualdad es obvio. Un palo de mango no crece de la noche a la mañana, es evidente que lo está haciendo, se nota, pero un buen día amanece y nos hacemos los pendejos, «¡quien puso aquí este palo de mango¡», cuando hemos estado día tras día asistiendo con indiferencia a su crecimiento.

Nos encanta celebrar la pobreza de siempre, y a veces queremos hacerla desaparecer, como el alcalde capitalino con los biencuidaos y sintecho, protagonistas de la pobreza, junto con las largas filas de desempleados y compradores de limosna en ferias de alimentos baratos, todo para que el pobre lo siga siendo, y en nombre de ellos vender la idea de que solo la mina nos salvará de la pobreza que hemos creado, imponiéndola a los que tienen necesidad y secuestrando el criterio sobre el tema por vía del hambre.

Falta criterio y pedagogía, hace falta reconocer que, con mina o sin mina, a los pobres siempre los tendremos, porque a muchos en este país les conviene que así el mayor tiempo posible.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 2 de diciembre de 2025.

25 noviembre, 2025

La víctima y el verdugo

Lo que el legítimo presidente de la república dijo en Costa Rica es de un cinismo alarmante, de arrogancia de boquisuelto, porque amenazar con prender un país es perverso, pero peor es ir de víctima cuando en el fondo siempre fue verdugo. Las reacciones exageradas de unos y otros dejan muy claro el problema de fondo de este país: a muchos no les importa el criterio, los hechos ni la defensa de las instituciones.

Mulino llegó de prestado a la candidatura presidencial, no se lo esperaba, o formó parte del complot para dejar por fuera a su parcero de fórmula, lo que él negará, pero lo cierto es que llegó a Las Garzas por la puerta de atrás, con el impulso de los «martineliers», que se esperaban del faltón arrogante otra manera de hacer las cosas de cara a su presi, porque él iba de vice, pero ahora cree no necesitar uno, como si la constitución no dijera nada al respecto, pero, según él, es víctima.

Exagerar sobre el estado de la democracia es una forma de mentira peligrosa, porque exacerba ánimos, pervierte verdades e invita a dudar de esta en favor de autocracias que garantizan cierta seguridad pagada con la libertad, un precio muy alto para cualquier sociedad. Si tan capaz era de prender por los cuatro costados este país, ¿por qué no es capaz de pacificarlo por las mismas vías? Así se demuestra que es verdugo en el fondo, que prefiere ver arder el país porque no es capaz de darle estabilidad.

«Vencerá, pero no convencerá», dijo Unamuno, a menos que construya la paz social. El verdadero poder no se demuestra por nuestra capacidad de destruir, sino por la de construir, y eso solo se puede hacer de dos maneras: por la vía de la honestidad de las instituciones, o por clientelismo, que es la vía que prefieren los verdugos, la que se usa hoy día para garantizarse un respaldo que no tiene a pesar de todo.

Artículo publicado en el dirio La Prensa, el martes 25 de noviembre de 2025

  

16 noviembre, 2025

Bienal de Venecia 2026: Una convocatoria que no cumplió sus propias reglas

por Emiliano Pardo-Tristán (Compositor y escritor panameño


La propuesta escogida para representar a Panamá en la Bienal de Venecia 2026, no es completamente panameña. Según las bases de la convocatoria la artitsta serbia, Iva Jankovic, no debió participar, ni como proponente principal ni como colaboradora, poque la convocatoria era para "artistas panameños o residentes en Panamá". El proceso de elección deja interrogantes sobre la transparencia que tanto enfatizó el comité organizador: ¿En qué́ momento deciden transgredir las bases sobre la nacionalidad de los participantes? ¿Por qué́ cambiaron al jurado? ¿Qué pasó con los jurados Paula Piedra Mora de Costa Rica y Julia Morandeira Arrizabalaga de España? ¿Qué propuestas fueron finalistas? ¿Conocerán los participantes los argumentos del fallo de cada jurado?

En ningún momento se dijo que se podía concursar con artistas de otros países, por lo tanto se violan las bases de la Convocatoria. Las bases dicen muy claro en el primer párrafo de la Convocatoria, y lo reafirmó el comité organizador en la Sesión Informativa por Zoom, que era una convocatoria "COMPLETAMENTE abierta a artistas panameños". Esto descalifica a la artista serbia Iva Jankovic y al proyecto elegido. El dúo seleccionado, "Los Mensajeros del Sol", compuesto por Antonio José Guzmán e Iva Jankovic, es un dúo panameño/serbio. De haber sido las bases transparentes, los artistas panameños jóvenes a los que se les hizo creer que podían concursar porque tomarían en cuenta su creatividad, hubieran tenido mejor opción de estar en la Bienal de haber concursado junto a artistas extranjeros de más renombre.

Abrir en Panamá una convocatoria donde se pide tener "una trayectoria artística consolidada" y que los participantes "cuenten con experiencia comprobable en exposiciones de relevancia nacional o internacional", descarta a por lo menos 80 de las 89 propuestas recibidas. Es una broma vanagloriarse con la participación de 89 proyectos, porque son muy pocos los artistas panameños cualificados para este llamado. La convocatoria está hecha para artistas que se han formado en el extranjero, porque en Panamá no existen instituciones académicas que eduquen en arte de vanguardia. Panamá es un país en el que todavía no se utilizan modelos desnudos en las escuelas de bellas artes, por recato, mojigatería o por la razón que sea. Un país en donde, en pleno siglo XXI, no existen las carreras de composición musical ni de dirección orquestal; sin embargo, hace poco el Ministerio de Cultura organizó un concurso para encontrar al nuevo director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional que obviamente quedó desierto. Nos guste o no, Panamá es un país que se ha saltado casi todo lo que vale y pesa en arte vanguardista desde el siglo pasado.

Los participantes rechazados ahora son un número para las estadísticas de la convocatoria que resonarán impactantes en todos los medios: "Tuvimos 89 propuestas". La verdad es que si 88 de las 89 propuestas fueron descartadas, la convocatoria fue un desastre. Por la transparencia que tanto pregonaron, deben publicar el fallo firmado por el jurado, en donde explican los criterios por los que deciden, por unanimidad (si así fue), escoger a un dúo serbio/panameño para representar a Panamá en Venecia y no considerar, ni siquiera de finalistas, algunos de los 88 proyectos restantes. Sin esto, no hay transparencia y el resultado parece amañado y preconcebido.

Si en realidad quieren exportar lo que tiene de creativo e innovador el arte panameño, entonces hay que ser más inclusivos. La curaduría pudo armar un Pabellón en el que dialogaran los trabajos de artistas emergentes con los de artistas más experimentados, utilizando géneros diversos y técnicas contemporáneas. Seleccionar un único proyecto artístico, mitad panameño/mitad serbio, no evidencia lo que el país desde su geografía o desde la diáspora puede mostrarle al mundo.

Artículo publicado en el digital del diario La Prensa, el viernes14 de noviembre de 2025.

04 noviembre, 2025

De espaldas a la tribuna

Después del asesinato de Hugo Spadafora, la dictadura de Noriega, heredera de la dictablanda de Torrijos («dicta» es la clave, que nadie se engañe), entró en caída libre. En 1985, la ciudadanía era valiente: los estudiantes que desfilaban, a la altura de la tribuna de autoridades, decidieron dar la espalda al «presidente» y otros pasar corriendo delante de la representación política de un estado dictatorial corrupto.

No es ninguna locura, en estas fiestas tricolor, crónicas y de rebusca, volver a la valentía de antaño: dar la espalda a un presidente legítimo, democrático, pero que ha perdido todo contacto con la realidad ciudadana, que con un 34% legítimo es de los menos queridos. Sería una buena lección para el hombre que rofea cada jueves, autoritario y faltón, que nos señala chabacano y pedante el lugar de la lengua, dejarlo solo y sin desfile: lo que quiere es el baño de pueblo.

Tenemos que dar la espalda a un gobierno servil, que permite al embajador estadounidense participar de la vida pública y política del país como si fuese un nuevo virrey; que insiste en dejar caer la educación a todos los niveles; que no enfrenta con entereza radical y honesta la corrupción; que persiste en su nepotismo velado; un gobierno sin una política cultural rigurosa; que pretende actuar como si el pasado no existiera, con un mesianismo encarnado en un presidente que ya compite con todos los malos expresidentes, y tiene cuatro años para dejarlos muy atrás.

Si tuviéramos un mínimo interés ciudadano, le daríamos la espalda a la tribuna, o nos quedaríamos en casa celebrando la patria con honestidad activa, pero no, hemos entrado en el ciclo de fin de año: fiestas patrias, día de la madre y Navidad, verano, carnavales y ya veremos el año que viene en marzo si las escuelas se caen o no, si las pintan o no. Mientras, bandas y batuteras deleitando a un gobierno que no es la patria.

Artículo publicado el martes 4 de noviembre de 2025, día de los Símbolos Patrios, en el diario La Prensa.

22 octubre, 2025

Sin desfiles por la patria

Como todo gobierno «populachero» («populismo» es otra cosa), el nuestro utiliza las expresiones de jolgorio popular para hacerse fotos que hace pasar por aprobación ciudadana. Lo mismo el alcalde capitalino, variante en chiquito del mismo peligro que nos viene de Las Garzas. Allí donde haya gente gastando plata para celebrar polleras, sombreros o molas, estará el «Ejecutivo» para acompañarse de «su pueblo».

La patria no es el estado, ni el gobierno, ni un presidente, es una construcción social, cultural y sentimental, es una decisión que se toma cada vez que nos quieren hacer cómplices de la corrupción. La patria se cuida al momento de votar y se mantiene estando alerta ante los desvíos políticos de quienes gobiernan. Por eso les propongo lo que sigue.

Estas fiestas patrias, quédense en su casa. No compren uniformes de batuteras ni de bandas, no se quiten el poco chenchén que tienen para darle el gusto a una clase política que mentirá otra vez con discursos tricolor y sin soluciones de calado para nuestros grandes problemas. Este noviembre, sin desfiles por la patria, que sean los que no la respetan los que salgan a montar su teatro de mentiras politiqueras.

Pero me temo que no hay dignidad patria para hacer eso, o para dejar plantado el desfile navideño: ellos saben que «el panameño es así», y se gastan cinco millones en eventos internacionales, tres en el desfile navideño y siete en villas diplomáticas, y suma y sigue, y nadie revoca a nadie, todos se aguantan la mecha, «así es mi país», y los de arriba lo saben, cuentan con su participación para figurar en las fotos que mandan al exterior para mantener la mentira de «el país más próspero de la región», que vive sin buena educación, con mala salud y con una Biblioteca Nacional paupérrima.

Vayan a los desfiles patrios, celebren la Navidad para los pelaos: los de siempre cuentan con su complicidad por los próximos cuatro años.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 21 de octubre de 2025.

14 octubre, 2025

Las hijas del presidente

Es una cobardía mediocre, que descubre la incapacidad argumentativa de los que lo han hecho, utilizar un viejo video de las hijas del presidente, con personaje siniestro de Blue Apple al fondo, para implicarlas en unos «supuestos» que, como novela mediocre, tendría algún sentido, pero que en la vida real solo nos desenfoca del verdadero fondo del asunto: las formas de la corrupción.

El despacho de la Primera Dama, como muchas de las costumbres «sociopolíticas» que tenemos en nuestro país, son heredadas de los Estados Unidos. Es ridículo, como una monarquía, tener a la esposa del presidente ocupada en menesteres sociales que ya el propio estado debe atender. Es nepotismo barnizado de quehacer institucional, una forma elegante de corrupción.

Las hijas del presidente, por muy profesionales que sean, no deben figurar en ningún área gubernamental, tampoco el hermano del presidente, embajador en Portugal. Por mucho que usted tenga amigos, vecinos o familiares preparados para un puesto, no los nombre, eso es nepotismo, botellerismo, robarle al estado: no solo hay que ser transparente, hay que parecer transparente.

Esa moda de políticos diciendo en redes que los viajes institucionales o desplazamientos a ferias y desfiles folclóricos «me lo pago de mi bolsillo», solo revela lo poco transparentes que son. El estado tiene que correr con esos gastos, que están reglados y sujetos a fiscalización porque, aunque usted se lo pague, va a representar a una institución o a nuestro país y, si usted lo paga, no representa a nada más que a sus propios intereses.

No, las hijas del presidente no deben aparecer dando opiniones sobre ningún área del estado, ese es el fondo del asunto. Se votó por su padre, aquí no hay «pack familiar», esa es una herencia que no nos corresponde. Es hora de ir caminando hacia una sociedad madura, que haga las cosas como deben hacerse y no impuestas por viejos amos que ya están aquí para reclamar lo suyo.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 14 de octubre de 2025.