lunes, 6 de febrero de 2012

Nochebosque (Reseña).

Ya os lo dijimos cuando reseñamos “El niño malo cuanta hasta cien y se retira”: el universo literario del escritor venezolano Juan Carlos Chirinos (Valera, Venezuela, 1967) merece ser frecuentado y para ello nos da una excelente excusa: “Nochebosque” (Casa de cartón, 2011) su nueva novela.
Aquí nos reiremos menos, nos aterraremos más, estaremos más inquietos y sobre todo gozaremos hasta el chillido de susto súbito porque la tensión al leer se palpa. Una construcción de atmósferas cargadas de tensión, una vuelta de tuerca a los cuentos de hadas donde todo parece seguro y nada lo es.
¿Qué ocurre en “Nochebosque”? Una joven, Paula Sorsky, es contratada para cuidar de Osip, un niño de once años durante un verano. Las cosas parecen sencillas, las cosas parecen brillar pero en realidad un resplandor oscuro se apodera de la novela a medida que se suceden los hechos de una trama inteligente, que sabe tocar los resortes del miedo.
Los sentidos juegan un papel importante en esta novela a la hora de leerla: tacto, gusto vista, son estimulados por un Juan Carlos Chirinos que se crece a cada página que pasamos. Le gusta jugar con el lector, le requiere como cómplice, le motiva a seguir, a estarse al borde de la novela para no dejarse atrapar por las ganas de dar un brinco, de mirar para atrás, de encender la luz.
Los personajes creados por Chirinos son difíciles de olvidar y para mí Osip es uno de esos que uno no se cansa de darle vueltas. Es un niño en cuya presencia todo se densa. Tiene algo del miedo que nos metió en el cuerpo Chicho Ibáñez Serrador en su película “¿Quien puede matar a un niño?”. Detrás de él hay algo oscuro, algo no resuelto, una inclinación inquietante que reclama una explicación que el lector debe darse.
Paula Sorsky se transforma, muta, se va dejando arrastrar y nos arrastra por sus recovecos de sensualidad y terror que poco a poco nos asaltan en un franco secuestro a favor del autor y su trama. Esta chica tiene algo que provoca, evoca y paraliza. Seguirla por la novela es exponerse al grito.
Luego está la atmosfera de la casa y el bosque de San Guinefort, el aire tranquilizadoramente volátil de los cuentos de hadas enfermos de realismo, expuestos en su revés más oscuro. Un homenaje en toda regla a esos cuentos de antes, los que ya se encargó de interpretar, vía psicoanálisis, Bruno Bettelheim y que ahora Juan Carlos Chirinos convierte, sus elementos cruciales, en materia de miedo.
Pero, volviendo a la novela, todo es raro en aquella casa. La madre del niño, su extraña viudez ¿Qué paso con su marido? Su círculo de amistades, el bosque que parece artificial, la casa, la casita… Nada es lo que parece y a medida que avanza el relato nos adentramos en un terreno boscoso e inesperado, nos van asaltando  las incertidumbres y los pavores. Con un magnífico dominio de la tensión y el suspense, Chirinos nos pone un trocito más de pan para que no nos perdamos del camino, para que le sigamos hasta la casita del bosque acompañados de Osip y su “osito” (el Señor Fenris) que ya verán lo que le ocurre en un momento terrible del relato.
Juan Carlos Chirinos lo ha vuelto a hacer: una excelente novela. A los amantes del suspense y del terror psicológico no dejen pasar “Nochebosque”. La literatura del autor venezolano promete nuevos títulos y nosotros estaremos allí para invitarles a que pasen miedo o a leer que, muchas veces, es lo mismo.

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