miércoles, 28 de noviembre de 2012

La muerte de Montaigne (Reseña).

Michel de Montaigne es, por antonomasia, el padre del ensayo  moderno y si nos apuran del ensayo en general pero ¿Quién fue este hombre? ¿Qué podemos saber de él y de su vida? De la  mano de esta maravillosa novela homenaje en forma de historia-ensayo por entregas “La muerte de Montaigne” (Tusquets, 2011), se centra en los últimos años de vida del ensayista y su autor Jorge Edwards (Chile, 1931) lo hace como nadie, como sólo los buenos admiradores y conocedores de una obra pueden hacer.
Pero no se echen para atrás a la hora de meterle mano a esta novela: Edwards, como siempre, aprovecha cualquier resquicio de la ficción o de la realidad para llevarnos al escrutinio de los días que vivimos.
Por toda la obra se intuye y se rescata la actualidad, se viaja desde el pasado hasta el futuro para resolver, si cabe, este presente continuo que nos ha tocado vivir.
Jorge Edwards vuelve a la actualidad para regalarnos su prosa siempre elegante y precisa, que nos vuelca ante las circunstancias que vivimos con una fina ironía no exenta de precisión de orfebre.
Montaigne entabla una relación sentimental con Marie de Gournay, una admiradora de su obra. A partir de este hecho Jorge Edwards se lanza en una sucesión de capítulos breves a una búsqueda del hombre detrás de su obra y nos hace desfrutar de un texto rico, con altas dosis de cultura universal.
En su torre, viviendo no muy lejos de su amada amante, Montaigne escribe y lee a placer, atiborra su mesa de gruesos volúmenes. Vive una etapa de su vida que se puede etiquetar de placentera absolutamente. Edwards especula con el personaje, lo explora, lo expone nos hace pensar. Enciende en el lector las distintas posibilidades de tocar la obra del francés y la suya propia.
Pero “La muerte de Montaigne” es también la crónica de una búsqueda personal, la que emprende Edwards detrás del francés. Asistimos a sus lecturas, a sus reflexiones en torno a la obra del autor de los “Ensayos”, a la reconstrucción, como si se tratara de una investigación criminal, del perfil del escritor que se admira y de la historia detrás de los textos que se disfrutan. No en vano nos dice el chileno que lo moderno de Montaigne está en Flaubert y de allí en Julian Barnes y que lo posmoderno del francés se encuentra en André Guide. Pasen, lean y denle o no la razón al autor de “Persona non grata”.
Sobre todo, los amantes de las buenas letras disfrutarán de una construcción literaria sencilla, precisa, elegante y que les esconde grandes sensaciones de placer. Una celebración de la cultura y la vida es esta novela que se lee con deseo, que se goza y en la que laten unas profundas ganas de vida y disfrute.
Al final Edwards vuelve a la realidad y se confiesa, nos confiesa su pasión por este personaje y se despide de la escritura de esta magnífica novela que le deja una sensación de pérdida. Y al lector también le queda esa sensación sólo que nosotros tenemos la suerte de releer pero el autor, ay, ya seguro que no se mete en el vértigo de la reescritura.

Y en Día D... "A piedra y lodo": Cuentos de terror "made in Panama"

Nueva entrega de mi serie de artículos "A piedra y lodo" que publica el suplemento Día d del periódico panameño Panamamerica. Esta vez con una reflexión sobre lo que nos asusta en Panamá y sobre los cuentos de terror. Y un hallazgo: "Mitología panameña".  Para ir al artículo pinchad aquí.

Panamá y España

Hoy es 28 de noviembre: nos independizamos de España hace 119 años y aun así muchas cosas nos unen. Esto parece una necedad ignorante pero a raíz de algunos comentarios que en el pasado se me han hecho sobre España y vivir en España, he querido aventurarme un día como hoy a repasar algunas de las cosas que nos vinculan con aquel viejo país que muchos siguen llamando la Madre Patria.
Lo primero que nos une es una historia terrible. El expolio, las conversiones forzadas y persecuciones del clero en nombre de su adulterada versión de Dios, los muertos en nombre de la civilización que sobrevinieron con la conquista y el miedo a lo desconocido. Eso nos vincula, una herida que pasados más de quinientos años aquí nos tiene y que algunos se empeñan en no ver cicatrizada.
De aquella barbarie, de aquel encuentro atroz al principio, resulta lo que somos hoy como continente y como nación. A pesar de las sombras del pasado una luz de futuro ha de animarnos a seguir juntos en estas horas difíciles a ambos lados del Atlántico. Somos, como decía Ortega y Gasset, la suma de todos los hombres y mujeres del pasado.
Pero nos vincula también una lengua, La Mancha y sus anchas fronteras quijotescas, una manera de decir la realidad con todos sus maravillosos matices, en busca de contarnos  historias que nos unan más de lo que nos separa. Tenemos en común a Cervantes a García Márquez a Jorge Manrique o a Vargas Llosa a Sinán o a Borges.
Nos vincula también el progreso y la cooperación, las ayudas mutuas, los miles de españoles afincados en Panamá y los que estamos afincados en España intercambiando producción, palabras, historias de sabor distinto, besos.
Nos vincula además el deporte, seguimos al Real Madrid y al Barcelona con fervor, como si viviéramos al lado del estadio, así somos de apasionados con el futbol y nuestro seleccionador nacional Julio César Dely Valdés jugó en España, en el equipo de la Vetusta de Clarín, en Oviedo, y hasta tiene la nacionalidad española. Nuestro querido y recordado Rommel Fernández también jugó en España y dejó tras de sí, en la memoria y la proyección de un gran profesional y sobre todo de buena gente. Su nombre en el estadio nacional puso en olvido los años de la dictadura y nos dio un modelo y ejemplo a seguir. Todavía hoy, estos panameños son recordados por estas tierras con cariño y hasta devoción.
Por esto y muchas cosas más, ante las poetizas pro caza de malinchistas allí donde no se habla de indigenismo o no se exhibe un rencor atávico, dañino y excluyente propongo una integración de todas las culturas, cubrir con un velo, como dice el himno nacional, el pasado (sin olvidos facilones, llamando a las cosas por su nombre y sin rencores) y que la luz de la concordia adorne el azul del cielo del presente y del futuro que nos va a tocar vivir de la mano.
La próxima Cumbre Iberoamericana será en Panamá el próximo año, a parte del Congreso de la Lengua y otros eventos de marcado orden internacional. Un año en el que también se conmemoran los 500 del descubrimiento del Mar del Sur de la mano del jerezano Vasco Nuñez de Balboa y que presta su nombre a nuestra “moneda” nacional y cuyo Nuñez acompaña el nombre de mi abuela que en gloria está. Y allí está otra vez el vínculo con España: le pese a quien le pese.