19 mayo, 2026

La L para Sergio

La proclamación de Sergio Ramírez como candidato al sillón «L» de la Real Academia Española, es una alegría inmensa para las letras en español, que tienen en Sergio uno de sus mejores exponentes, aunque algunas voces prejuiciadas quisieron empañar esta distinción. «Su obra y ensayos son fundamentales para conocer la historia reciente de Centroamérica, y en especial de Nicaragua desde una perspectiva humanista, siendo el primer autor de esta zona de América en recibir el premio Cervantes en 2017»: así defendió Luis Mateo Díez, escritor leonés, la candidatura del autor de Adiós muchachos, que les recomiendo leer.

Centroamérica vive un gran momento literario y Sergio Ramírez, entre otros, es responsable y cómplice de poner en un gran escaparate la literatura que escribimos en esta región tan desconocida y olvidada, que se narra con gran belleza técnica, que quiere que más lectores le presten atención con el propósito de que se le comprenda. Queremos contarnos porque no queremos que otros nos cuenten como nunca hemos sido.

Este jueves 21 de mayo, mientras en Panamá se celebra el Festival Centroamérica Cuenta, en la RAE, se votará de manera definitiva el ingreso de Sergio para ocupar la L que dejó vacante Mario Vargas Llosa a su muerte. Un poderoso narrador sucede a otro, nadie sustituye a nadie, y el vigor narrativo y la mirada incisiva sobre los enemigos de la democracia en América, se renueva con acento nicaragüense, con acento centroamericano.

Escritores, editores y otros personajes importantes del mundo de las letras y la cultura, firmaron un manifiesto en apoyo de la candidatura de Sergio Ramírez que se promovió desde Panamá, aportando nuestro respaldo a la persona y a la obra de quien ha demostrado ser un convencido defensor de la libertad y de la democracia, lo que es evidente en su obra, motivo suficiente para que nuestra región se siente a dialogar con el resto del español representado en la Academia.

¡Bravo, Sergio!

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 19 de mayo de 2026.

05 mayo, 2026

Ropavieja

Se ha levantado en estos días una defensa de «lo nuestro» por las calles y redes sociales del término culinario ropavieja, que Baltazar Isaza Calderón, en su Panameñismos, define como «plato de carne deshilachada que se guisa con tomates y otros condimentos». El DEPA no recoge el término, pero en la entrada carne, dice, «frita, guisada, mechada…», y es contra este último término que se levantan los panameños, porque los venezolanos llaman «carne mechada» a «nuestra» ropavieja y así la venden en nuestro territorio.

Cuando se busca el término en el Diccionario de la Real Academia o en el de americanismos, la palabra no se asocia a Panamá, tampoco a Venezuela. Parece una simple batalla de patio, de suspiro por lo que fuimos o creímos haber sido: no es más que un viejo sueño perdido. Panamá, en estas discusiones, es muy ignorado, como si fuésemos solo un escenario vacío, con el Canal de fondo y nada más. Si fuésemos capaces de exportar nuestra literatura, no tendríamos este problema, figuraríamos como usuarios de la palabra porque nos habrían leído.

Si van a un restaurante de comida panameña, pidan ropavieja, como siempre, y si van a uno venezolano, pidan carne mechada y se acabó el problema. Defender Panamá en términos tan simples es no reconocer las dimensiones de lo poco que se sabe de nuestro país en el exterior, y eso es culpa de todos, que nos hemos creído la «divina garza» de puertas para dentro. En general, Panamá es el Canal, Durán, Blades y ahora los ignominiosos Papeles o Papers.

Urge dar a conocer nuestro país, nuestras historias, y eso solo lo consigue la literatura, en novelas, cuentos, películas, poemas, obras de teatro, canciones. Llevamos treinta años de retraso en esto de la exportación literaria, y no es por falta de talento y esfuerzo de los escritores, es por falta de criterio y lectura en las instituciones culturales, que siguen sin saber a qué se dedican.

Artículo publicado en el diario La Prensa, el martes 5 de mayo de 2026.

04 mayo, 2026

Oficio y beneficio

Quizás no lo parezca por lo rutilante de las portadas, lo glamuroso que de responder a una entrevista, o por aquello de que vienen a que les firmes un ejemplar, pero lo cierto es que escribir es un trabajo, un oficio, el más viejo del mundo —por encima del consabido—, porque contar historias es un vicio humano y hasta una necesidad, pero la maldita democratización (no la democracia) a conseguido que su verdadera esencia, su carácter irreductible en tanto que pasión que transforma todo, se haya convertido en un pasatiempo.

Fíjense si es un trabajo que hasta existen entidades dedicadas a la defensa de los derechos de los escritores, derechos sobre su obra, que evitan que se exploten sin su consentimiento, y que protegen de robos intelectuales y demás peligros para el trabajador de las letras, a lo que hay que sumar un olvido peligroso: hay que pagar a los escritores. Hay quien cree que se pueden escribir artículos, prólogos, pedir participaciones e incluso hacer viajes a coste cero, como si el arte de escribir en sí mismo pagara las facturas o quitara el hambre. No hay nada más falto de respeto.

Miren esta cita de Ernst Jünger, de su libro El autor y la escritura: «El autor, más que nada, necesita tiempo. Si dispone de él, estará satisfecho aún en “la choza más pequeña”. El dinero tiene importancia para él solo en la medida en que le pueda garantizar el tiempo. La manera como lo distribuye, si trabaja de día, de noche, mucho, poco, nada (eso quiere decir, medita) es asunto de él. Depende de su estado de ánimo y de su manera de vivir, y también de su disciplina. La obra lo mostrará». Queda claro que la decisión de cómo vivir para producir su obra está, o debe estar, en sus manos, no en las falsas ideas de productores de espacios o artefactos «culturales» que le demandan su tiempo sin remuneración. Ha llegado el momento de que la Cultura panameña, respete y pague a los que trabajan escribiendo.

Hace tiempo, un buen amigo escritor me dijo que el que trabaja escribiendo y no cobra por ello no tiene un trabajo, tiene un pasatiempo. Como mucha «gente que escribe» no cobra, las entidades culturales, por lo general, no ofrecen para pagar los servicios requeridos ni una contraprestación, por mínima que sea. Se espera voluntariedad por parte del escritor, y se les afea que hablen de cobrar. Las economías naranjas, tan de moda, cuentan con esa voluntariedad del escritor y sus aledaños para abaratar costes, lo cual nunca es justo.

En una jornada como la de hoy, donde se recuerda descansando el Día del Trabajo, no pierdan de vista estas reflexiones sobre el oficio de escribir. Es un vicio leer y escribir, pero cada escritor decide cómo y de qué manera dispone de los frutos que eso genere. Puede regalarlo a quien quiera, y a quien quiera debe cobrarle, y todos debemos estar dispuestos a escuchar hablar del «vil metal», de dinero, de plata.

No es un pasatiempo, es un trabajo, y a la cultura panameña le conviene asumirlo cuanto entes.

Artículo publicado en "Viernes Cultural" en la Web de La Salud, el viernes 1 de mayo de 2026.