martes, 26 de octubre de 2010

Recitando a Petrarca (Reseña)

Ignacio Borgoñós (Cartagena, 1975), me ha sorprendido con esta novela densa. Densa porque el alma humana lo es, con sus sombras, con sus amores y desengaños. Densa por que la vida lo es, porque su contenido nos hace muchas veces vivir bajo una oscuridad que no deseamos.
Recitando a Petrarca” (Alfaqueque Ediciones, 2009). Es una excelente novela que narra la vida de Gabriel Siloé, un arquitecto de éxito que vive atormentado por su pasado, que le vemos caminar por las calles de Budapest con un libro bajo el brazo, de espaldas a su éxito y a la vida. Un hombre atormentado que necesita enfrentarse a unos hechos, a unos odios que lo persiguen hasta que por una llamada telefónica le llega la hora de enfrentar al ser que de una forma u otra es la encarnación de esos odios: Don Jaime Siloé, su padre.
Borgoñós pone de manifiesto en esta novela su capacidad de crear atmósferas creíbles. Describe ciudades y estancias, escenarios en los cuales los personajes se desenvuelven a la perfección. No limita a estos con detalles superfluos que restan vida a los protagonistas. Una excelente muestra de ello es la escena de la boda de Laura y Pablo y cómo el terrible desenlace, que es un punto de inflexión en la novela para los personajes, no se ve absorbido por descripciones innecesarias. La precisión formal es una de las características del escritor cartagenero.
Pero “Recitando a Petrarca”, que fue finalista del premio “Mario Vargas Llosa, 2009, admite muchas lecturas. Es una muestra de cómo el escritor ha de reflejar en su obra el mundo que le rodea. Sólo hay que seguir por ejemplo la vida de don Jaime y su enriquecimiento por medio del ladrillo y la especulación. Como siempre, la realidad supera la ficción, pero les recomiendo no se pierdan la arquitectura de los personajes de Ignacio Borgoñós.
Otra lectura que admite esta novela es la que nos enseña como el éxito y el reconocimiento no valen nada sino no se tiene lo más importante: el amor y escribimos amor en su extensión más amplia. Bianka, Zarah y Laura encarnan esos amores que el lector debe ir a descubrir en esta novela.


Toledo es otro de esos personajes. Por las páginas de esta novela se dan muchos paseos que un día tendremos que hacer para intentar encontrarnos por allí con los personajes de la novela. Toledo y su encanto, escondiendo en sus entrañas una historia de tintes universales y, como bien se ha dicho, parabólicos.
Este texto les va a enganchar. Le irá llevando por la rivera de un río que se va haciendo por momentos caudaloso y terrible y en otros, los menos, manso y transitable. De cualquier manera no abandonen la travesía: la vida y sus dentelladas de sombra se harán presentes y les darán que pensar. Bajo el brazo de Gabriel, como quien lleva cerca de sí sus obsesiones, está el Cancionero de Petrarca. Uno de sus textos cierra la novela en una escena que parece un final feliz. Descubran que pasó, busquen esta novela. Se quedarán asombrados como yo.

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