lunes, 24 de noviembre de 2008

Serenidad

Se infunde, se pierde, se desea. Es de esas sensaciones que todos deseamos tener a mano por lo menos una vez al día. La locura de la vida y su vértigo de hostilidades y problemas que resolver, nos minan la serenidad llevándonos al borde de la desesperación. Nos hostilizamos, no hacemos toscos y la rabia contenida termina por robarnos el sueño y la alegría. Tan atormentados estamos que muchas veces la serenidad de un valle o la del atardecer que se insinua sobre el horizonte nos molesta y hasta nos aterra. "Busca la paz y síguela", dice el Apóstol Pablo y con la serenidad debe ser igual. Si la persigues y la consigues no la dejes ir. Hoy más que nunca necesitamos de ella para mirar a la cara a ésta crisis y no reventar de tristeza.