miércoles, 6 de enero de 2010

Realistas, hiperrealistas y surealistas: cuatro novelas de hoy

Me decían en la Facultad de Psicología que la realidad no existe, que lo que tenemos es una sensación de la realidad. Los colores, las texturas, los sonidos todos son sensaciones. Un poco rallante la teoría, lo sé. Después me dice que Hume que no me ralle, que todo es un sueño y entonces no sé si despertarme o seguir en la pesadilla. Lo cierto es que la literatura que estado leyendo estos mese va por estos derroteros rallantes y desternillantes porque, quien le da muchas vueltas a la vida, al final no le queda más remedio que reírse de sí mismo y de todos.
Los que estos leen creo que no les hace falta que les expliquemos que el realismo en literatura es escribir de lo que vemos y vivimos tal cual es, un transcripción vamos. Ni les hace falta saber que el surrealismo toma para su construcción estética elementos oníricos y que el hiperrealismo tiene en la misma realidad sus elementos creativos llevándolos hasta sus últimas consecuencias o extremos. No lo diremos. Lo que sí diremos es que la actual narrativa está utilizando estas corrientes estéticas para dibujar la conciencia de nuestra sociedad y nos da una salida en la risa reflexiva y en la reflexión lúdica de quienes somos.

La primera viene de la mano de Rafael Reig, publicada en 2006 pero que va en la línea de lo que planteamos, “Manual de literatura para caníbales” que es un manual novelado de historia de la literatura española que es a la sazón un recorrido por la vida de los Belinchón, estirpe de escritores que acompañan a nuestros grandes en el discurrir de la historia. Arrebatadoramente irónico y exhibiendo un conocimiento profundo de la materia de la que escribe, Reig echa mano del mejor hiperrealismo desternillante para llevarnos a mirar con otros ojos la historia de la literatura reciente y futura, porque este libro termina en el 2012.

La segunda es una novela negra de argenñol Carlos Salem, “Pero sigo siendo el rey”, en la cual las peripecias del protagonista, que salva al Rey de España y le acompaña de vuelta a casa, son hilarantemente surrealistas y tiernas. Nos deja un regusto de visión disparatada pero muy acertada de quienes somos, recuerda en muchas ocasiones a la película de Berlanga “Amanece que no es poco” y lleva al lector a la reflexión sobre lo que vive vía humor surrealista.

La otra es “La comedia salvaje” de José Ovejero, que desde la ironía más inteligente y no exenta de carcajada reflexiva dibuja un panorama de la guerra civil que es muy necesario en estos días. No huye de convertir en comedia aquella terrible página de la historia pero al terminar de leer la sensación que nos deja es la de habernos hecho más llevadero aquel drama.

La última es “Aire nuestro” de Manuel Vilas, una suerte de gran Televisión con canales temáticos que permite leer a la carta lo que queramos, que está conectada y parece inconexa a la vez pero que es de un hiperrealismo salvaje que se convertirá en una especie de "Rayuela" moderna y televisiva.
Todas estas novelas y sus autores apuestan por el abandono del tradicional formato de narrar y se adentran en la búsqueda de nuevos formatos que soporten la vida que vivimos hoy. Porque al final toda memoria es surrealista, hiperrealista y de un realismo que confunde en la mente recuerdos con lecturas, películas con personajes que vienen y van con frases manidas puestas en boca de protagonistas de historias que no vivieron exactamente.
Es que el recordar es fragmentario, es arbitrario y siempre muy subjetivo. Esta manera de narrar innova la búsqueda por otras vías de nosotros mismos, nos ofrece otra manera de mirar nuestra historia y de pensarnos de modo particular. Este cambio de registro tiene mucho que ver con las nuevas tecnologías, con la visión fragmentaria que hoy nos plantea el vértigo de nuestras vidas.
Por eso debemos adentrarnos a una nueva manera de pensarnos, de comprendernos y de vivir esta parte de la historia que nos ha tocado. Y es allí donde la literatura nos sale al encuentra para darnos nuevas maneras de leer y de escribir lo que nos está pasando y lo que nos ha pasado y sobre todo lo que nos puede pasar que siempre es más divertido que todo lo que pasó aunque no por eso lo olvidemos.

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