Ni flores, ni regalitos, ni tarjetitas (no encontraría en todo Madrid una para las madres en diciembre): mamá quiere escuchar la voz de su hijo, de su primer hijo, de aquel que inauguró la ilusión y que se completó con la llegada de mi hermano. Entonces, esa negrita buena, ese tesoro que uno tanto echa de menos en tantos momentos difíciles, completa su alegría, completa su gozo al calor del cariño de los nietos y del hijo que tiene cerca en Panamá. Una llamada, la voz del hijo, el amor que se rinde una vez más a la evidencia de que sin ella no seríamos nada.
A todos los panameños que viven lejos, a los que tienen a su madre en el terruño bregando con la vida cotidiana de nuestra tierra, a todos ellos, mi más sentido abrazo allí donde estén. Mis lágrimas en la distancia se funden con las suyas, en un llanto sereno, en un llanto feliz, que sólo es evidencia del profundo amor que sentimos por ellas, de lo niños que seguimos siendo.
Hoy mamá no te sientas triste, no sientas la distancia, ni el tiempo: siente el amor, rotundo, completo en todas sus dimensiones, del hijo que te ama. Dios mediante el año que viene estaremos juntos, quizá, o mañana o un buen día de estos mamá porque, ya lo sabemos, todos los días son un buen día para celebrar la alegría de ser hijos y la bendición que es tener una madre cerca, lejos, o en el recuerdo.