jueves, 30 de septiembre de 2010

Por los Senderos con... Leticia Sánchez Ruiz


1. Cómo nace esta novela que parece varias novelas.

Nace de lo que llamé “mi semana mágica”, un cúmulo de casualidades unidas por un hilo invisible. En esa semana me mandaron a hacer un reportaje sobre la Biblioteca de la Universidad, y sobre una librería de viejo; en esa misma semana un amigo me contó el extraño entierro que tuvo su abuela. Y, de repente, todos estos hechos aislados, me parecieron que tenían algo en común. Así nació “Los libros luciérnaga”, por extraño que parezca, justo por el final. Luego fui cargando estos cuatro andamios con mis obsesiones: el amor, la revolución, los libros, los pueblos, la noche, el jazz, los mundos caóticos, los personajes llenos de cosas…

2. La estructura de “madejas” que vas cruzando con persistencia de lluvia hasta conseguir una firme trenza a modo de peinado ¿cómo se te ocurre para esta novela?

Siempre me han gustado las historias dentro de las historias dentro de las historias. Por eso de alguna forma intenté que la novela fuera una especie de matrioska, una de esas muñecas rusas en las que las unas contienen a las otras. Me gusta decir que los capítulos son como cajitas de secretos, porque abres uno y descubres cosas, pero a la vez también te formulan nuevos enigmas y necesitas abrir otra caja para saber lo que guarda. Decidí que los capítulos fueran tan cortos porque suelo dividir mis lecturas por capítulos, y dejar uno a medias me da mucha rabia, como cuando te despiertan en medio de una siesta. Así me digo: un capítulo más y me echo a dormir, me acabo este capítulo y salgo de casa, cuando termine éste cierro el libro y miro por dónde está pasando el autobús. Y lo que me suele ocurrir es que me duermo a las tantas, llego tarde y me paso de parada. Por eso escribí así la novela: para evitar insomnios, retrasos y despistes.

3. ¿Qué hay de Pian y Lucía en ti? Esta me parece la historia más cercana a ti.

Pues, si te digo la verdad, bastante poco. El 95 por ciento de las cosas que les ocurren a mis personajes, a mí no me han sucedido jamás. Sí es cierto que hay algo mío en Lucía, la chica que quiere ser escritora: por ejemplo cómo y por qué empezamos a escribir; a las dos nos desbordaba la imaginación cuando éramos niñas. También comparto su odio por los domingos por la tarde, su visión de que el amor no es una guerra, y que lo que le atraiga sea la inteligencia de las personas, la inaccesible mente de ciertas personas. Pero más que como alter ego, a Lucía la veo como una hermana pequeña. Creo que hay más de mí en los personajes de Felipe, Ulises e incluso de Carmen del Río, la bibliotecaria.

4. Me encantan las abuelas y Antía es una de esas que me habría encantado entrevistar ¿de dónde te llegó como personaje?

A mí también me encantan las abuelas, y Antía es probablemente uno de mis personajes preferidos. Es una anciana que parece un general, que jamás se deja caer en una tentación o en una caricia, que enseña a obedecer sin posibilidad de réplica, y que rinde más culto a los muertos que amor profesa por los vivos. De moño blanco, vestida de luto, con mandil a cuadros, Antía llega la primera a las misas y cuenta los sitios vacíos de los bancos para saber quién falta. Ella simboliza de alguna forma toda la represión que ha habido en los pueblos, esos infiernos grandes, que se han dominado por las leyes tácitas del “qué dirán”. Sin embargo todo tiene un por qué, y esta anciana guarda bastantes secretos. Más que crearla, creo que la he conocido; que mientras escribía la novela pasaba las tardes con ella junto a la lumbre, oliendo su tufo a manteca rancia, a humo y a pis de gato, viendo cómo revolvía la madera con sus dedos huesudos.

5. Felipe es uno de esos tipos que se iban a comer el mundo y terminaron poniendo un bar. Siguiendo la ¿crees que las revoluciones han terminado y convertiremos nuestra sociedad en una ciudad bar?

Nunca lo había pensado así, pero es una buena metáfora. Felipe, de alguna forma, representa a esa generación que lo tiene todo, pero que quiere cambiar el planeta, o que al menos se conforman con cambiar su vida; que quieren comprometerse con una causa digna, o al menos tener la existencia que soñaron; con todo ese montón de gente que no quiere ser del montón y sueña con hacer un mundo mejor, cuando lo cierto es que hasta se duermen para ir a votar. Todas estas personas que hacen la “revolución del café con leche”, es decir, hablar entre ellos tomando cafés y copas, y sólo por este hecho ya pensar que fuera de ese bar las cosas han cambiado.

6. Para ser una primera novela es excelente pero, para los que desean escribir dinos ¿cuántas novelas has dejado en el cajón hasta llegar a esta?

La primera novela la empecé con 8 años, y se llamaba (aún me acuerdo), “Un verano en Luisiana”; creo que escribí unas tres páginas (por las dos caras). A partir de entonces he empezado novelas en casi todos los sitios: en la parte de atrás de las libretas cuando me aburría en las clases, en las servilletas de los bares, en las horas muertas en el trabajo… Siendo adolescente creí que al fin terminaría una; pero fui incapaz, me quedé en 50 páginas sin poder darle un final. Aún no tenía la constancia, la madurez y el valor para escribir una novela. ¿Cuántos proyectos se han quedado en el cajón, en el ordenador, en las libretas? No sabría decir un número, pero digamos que son legión.

7. ¿Cuándo supiste que lo tuyo eran las letras?

Desde que mi abuelo me enseñó a leer con tres años. Desde entonces y hasta ahora, los libros y yo hemos mantenido una larga historia de amor.

8. ¿Cuál es tu libro luciérnaga?

Los libros en sí son mis “libros luciérnaga”.

9. Se habla mucho de novelas femeninas y novelas masculinas ¿cómo consigues un equilibrio tan preciso en la construcción de tus personajes ya sean mujeres u hombres?

Yo no creo que haya novelas femeninas y novelas masculinas; creo hay novelas de género, y buenas y malas novelas. Me han preguntado muchas veces si creo que existe la literatura femenina, pero jamás he escuchado que a un escritor le preguntasen si existe la literatura masculina. Pero ése es un debate muy largo. De hecho, las dos veces que me han concedido un premio literario, el jurado pensaba en ambas ocasiones que yo era un hombre. En fin, volviendo a mis personajes, lo cierto es que crearlos es la parte que más tiempo me lleva. No sabría especificar exactamente cómo lo hago, simplemente me dedico a conocerlos. Veo qué ropa llevan, cómo huelen, dónde viven, a quién aman, cómo hablan, qué quieren, qué los mueve… y a partir de ahí trato que todas las cosas que hagan o digan tengan coherencia. A veces es bastante difícil porque resulta que los personajes son más inteligentes que yo, así que lo que parece una respuesta ocurrente y rápida, realmente me ha llevado días pensarla. Pero para conocer a los personajes se necesita tiempo, como se necesita tiempo para conocer a las personas.

10. ¿En qué trabaja ahora Leticia Sánchez Ruiz?

Acabé de escribir “Los libros luciérnaga” un día 13, y el 15 estaba empezando otra novela. Qué le voy a hacer, no tengo remedio.

11. Recomiéndanos dos libros.

¿Sólo dos? Qué aprieto… En fin, te diré “Rayuela” de Julio Cortázar y “1984” de George Orwell.

Los libros luciérnaga (Reseña)

Esta novela es un pequeño milagro, un maravilloso descubrimiento y su autora un nombre a tener en cuenta para el futuro. “Los libros luciérnaga” (Algaida, 2009 y IX Premio Internacional de Novela Emilio Alarcos Llorach) son muchas novelas en una, son muchas historias que se cruzan y por todas las esquinas hay libros, escritoras, lectores, librerías, cofres secretos, pasados desconocidos y presentes que penden de la siguiente página, del siguiente dato.
Apunten estos nombres: Antía y Felipe, Pian y Lucía, Melquiades y Ulises: son los protagonistas de estas vidas cruzadas, de este trajín entre recuerdos búsquedas y tristezas que se van agazapando tras cada página para hacernos perseguir estas vidas que son de libros, que tiene su conexión directa en ellos, rematados al final de la novela con un sentimiento y exquisitez dignos de los mejores poetas.
Leticia Sánchez Ruiz (Oviedo, 1980) consigue poner en marcha este maravilloso universo cargado de sensibilidad, de delicadeza literaria y de fuerza estructural y narrativa. Construida con capítulos cortos, la autora nos va conduciendo paso a paso por la búsqueda de los datos que van completando la vida y pasión de estos personajes. Cuando la lean llegaran a un punto en el que no sabrán qué personajes les cae mejor, qué historia es la que más les engancha. Leticia Sánchez Ruiz consigue en esta novela enamorar los sentidos, hacernos cómplices, jueces y sufrientes de estas vidas tan bien contadas, tan bien construidas.

Ahora bien, que nadie se deje engañar por la forma en que se nos cuenta la novela. Esta no es una historia fracmentaria. Cuando se lee eso se nota. En “Los libros luciérnaga” no se fragmenta, se dosifica, se bordea la historia, se va poco a poco trenzando una madeja. No se rompe el ritmo de una historia de manera arbitraria para llamarlo “tensión dramática”, nada de eso: Leticia Sánchez Ruiz va trayendo su historia con delicada contundencia, nos va seduciendo de manera inocente hasta hacernos dependientes de su prosa limpia y precisa.
Antía es mi personaje favorito. Misteriosa, fuerte, mujer de armas tomar, a lo largo de la narración la vamos conociendo y cada vez nos va gustando más. Un personaje total que hará las delicias de los lectores. Por otro lado, Pian es el más oscuro y atormentado. Tiene un fondo gris y triste y da la sensación de que más allá de su teoría de disfrutar de la belleza y el placer, algo de huida hay en su fondo, hay necesidad de no estar. Ulises y Melquiades, por su relación, conmueven y se ganan un espacio dentro de nuestra memoria literaria, son la cara o cruz del alma. Un viejo libro, muy valioso, les acerca otra vez con unas consecuencias que vale la pena descubrir.
Una novela que se va enroscando sobre sí misma, que nos va preguntando en cada capítulo más cosas y nos empuja hacia un final que sorprende, que coloca cada cosa en su sitio con la necesaria precisión de los artistas de las cosas hermosas.
Los que quieran invertir en buena literatura, los que quieran sorprenderse con una historia profunda y bien contada, los que deseen experimentar una nueva voz de las letras españolas, que lean “Los libros Luciérnaga”, quedarán fascinados y a la espera de la siguiente novela de su autora.

¡Huelga, General!


Sí señores, sí: a la voz de los Generales piqueteros, la Huelga del 29-S ha sido un “éxito”. Claro, cuando uno no consigue convencer con argumentos, lo que se sucede son los gritos, los insultos y si hace falta los golpes y extorciones (véase puntos de soldadura o silicona en las cerraduras, intimidaciones con palos de banderas y otras lindezas), vamos, que hemos retrocedido en el tiempo hasta las cavernas menos democráticas que conozcamos.
Es muy molesto, indignante y denigrante que nadie sea capaz en este país de garantizar de una manera firme el derecho a Huelga y el derecho a no hacer Huelga. Les concedo que los empresarios, los menos y canallas, se permiten coaccionar a sus empleados. Estoy en contra, habría que meterles mano, tendríamos que contar con una oficina en el Ministerio de Trabajo donde denunciar estos hechos. Aun así, bajo ideas claras y oportunas nos enfrentaríamos a estos “empresarios piqueteros”.
Pero que los sindicalistas, los que están cerca del trabajador, los que articulan las reivindicaciones que históricamente se han convertido en conquistas de derechos para todos, se pongan a las puertas de las empresas a intimidar y no a informar como es su labor a los trabajadores para que no ejerzan sus derechos, es de traca. No respetan el derecho al trabajo que también recoge, faltaría más, la Constitución.
La de ayer fue una Huelga impuesta, gruñona a falta de verdaderas razones para hacerla y, sobre todo, tardía. Si se hubiese convocado hace un año o dos hubiese hecho Historia pero no, había que hacerla después del verano, dejando aprobada por el Congreso la famosa Reforma Laboral. Una vergüenza.
Lo peor de todo esto es que si los políticos son una preocupación en este país por su mala cabeza y hacer (mire usted a derechas, izquierdas o al centro), resulta que los sindicalistas se suben al carro de la falta de coherencia dejando a esta sociedad a merced de los más ineptos. La credibilidad, la poca, vamos a conceder, que tenían los Sindicatos la han tirado a la basura convocando a destiempo una Huelga que no tuvo más efecto que la perdida generalizada de dinero y la constatación de que el miedo a que te rompan el negocio o te den un palo en la cabeza es lo que dejó a muchos en casa. El Generalísimo miedo convocó su Huelga y triunfó en muchos sectores.
¿Y ahora qué? A escenificar el reencuentro: “Perdóname, no puedo rectificar”, “No, perdóname tú a mi ¿te dolió la Huelga?”, “Un poco pero sigamos, el futuro espera…” y así, cerrando en negro como en las viejas películas, un cartelito dice “Continuará…” y mientras nosotros, en el impase, sufriremos las consecuencias. Porque la no rectificación del Gobierno y la dilación en la que seguirán los Sindicatos nos someterán a más paro, a más insatisfacción y a más frustración.
Cuando los Sindicatos consigan convencer a los trabajadores con argumentos, con ideas claras y a tiempo, cuando la coyuntura lo requiera y se atrevan a informar en sus piquetes y no a coaccionar, este país habrá crecido y será capaz de enfrentarse a cualquier cosa. Lo que sigue para ellos es ganarse la confianza de los trabajadores que creemos que han sido cómplices en estos años del Gobierno con su silencio. La paz social se puede comprar pero no debe venderse y los Sindicatos la han hecho. Cuando no saquen a sus piquetes para intimidar allí estaremos todos pero, mientras nos impongan las cosas por el miedo, no conseguirán nada más que un General fracaso como la del 29-S. Para la próxima, ya veremos que pasa.

lunes, 27 de septiembre de 2010

En España hay una amplia tradición de publicar libros de actualidad política que con el paso del tiempo se convierten en un trozo de memoria al que hacemos bien en volver pasados los años para revivir, con la precisión del que escribe mientras vive los sucesos, la historia reciente. José María Zavala (Madrid, 1962), no es nuevo en esto de escribir sobre actualidad política y menos sobre el Presidente del Gobierno de España. Hizo lo mismo con Felipe González en 1996 pero con 80 páginas menos que el libro que nos ocupa, lo cual no deja de ser elocuente. Lo cierto es que esta nueva entrega “Las mentiras de ZP” (Plaza y Janés, 2010), no tiene desperdicio tanto para los detractores del Presidente como para sus defensores más acérrimos.
Gobernar es, en definitiva, un complejo equilibrio entre lo prometido en campaña y la realidad del poder, de las limitaciones que el propio estado de derecho impone a lo que se ha prometido. Es en ese sentido en el que este libro quiere dejarnos unas cuantas contradicciones de Rodríguez Zapatero que no son pocas para nuestra común reflexión.
Zavala, periodista experimentado, divide su texto en cuatro apartados: “El patio de mi casa” (cosas de casa), “La azotea” (cosas internacionales), “La despensa” (cosas de economía) y “El salón” (cosas de familia). La verdad es que las cada una de estas secciones no tienen desperdicio y son un excelente ejercicio de memoria reciente para saber de qué va esto que llamamos el presente para que no nos sorprenda el futuro.
Se pone de relieve sobre todo (es lo más elocuente) la trayectoria del Presidente desde la “no crisis” a la “crisis de amplio espectro internacional” en la que estamos sumergidos. En medio de estas dos ideas media un mar de dichos y rectificaciones que corroboran el talente “mentiroso” (según el autor) del presidente del Gobierno español. Es esa gestión de la crisis económica, su negación y su posterior aceptación a regañadientes lo que más ha molestado a los españoles.
Están también los desmentidos en el tema de los nacionalismos. Sus compromisos a ciegas con catalanes y vascos, sus necesarias rectificaciones y su falta de escarmiento en el tema dan una medida de la laxitud de las palabras de ZP. Todo esto sin perder el hilo de las negociaciones negadas con ETA y que tuvieron como terrible final el atentado contra la T4 del Aeropuerto de Barajas.
El libro hace un amplio repaso por la galería de rectificaciones del Presidente que bien mirado, parece ser un perfecto sabio porque rectifica mucho pero no es menos cierto que es mejor medir bien lo que se dice porque como reza en viejo proverbio bíblico: “En las muchas palabras no falta pecado: Mas el que refrena sus labios es prudente”. No vale en política el dicho popular “el que tiene boca se equivoca”, en política lo que vale es la prudencia en su más amplio sentido.
Completa este interesante libro un anexo que incluye entre otros materiales un estudio grafológico basado en una carta de 2007 enviada por el Presidente del Gobierno al poeta Antonio Gamoneda y realizado por la psicóloga y tutora de los cursos de Pericia Caligráfica de la UAB, Begoña Slocker. El informe no tiene desperdicio tampoco y es muy revelador de la personalidad de Zapatero.
Este es un libro que todos debemos leer para que cada uno saque sus conclusiones y pueda entrar en el debate con conocimiento de causa, con el material necesario para comprender la personalidad del responsable último de los destinos de nuestro país. “Donde dije digo, digo Diego” no parece una buena filosofía para gobernar y esto queda puesto de manifiesto en las páginas de este interesante libro. Para amantes y detractores del presidente, este montón de palabras que no se llevará el viento: se quedarán en las hemerotecas para aquellos españoles que quieran contrastar lo que le dicen los políticos con lo que hacen.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Contra el viento (Reseña)

La prosa siempre fluida y envolvente de Ángeles Caso (Gijón, 1959) nos ofrece en “Contra el viento” (Planeta, 2009), la historia de una mujer valiente, capaz de levantarse una y otra vez de la adversidad a pesar de que las cartas que le ha dado la vida no son muy buenas.
Sao en una joven de Cabo Verde cuya historia se despliega ante nosotros desde su madre y abuela para darnos un cuadro completo de cuáles eran las circunstancias de la llegada al mundo de esta mujer. La vida no fue fácil para su madre Carlina que se quedó embarazada de ella contra su voluntad. Pero esas adversidades parecen configurar la voluntad férrea de sao que no se rendirá ante la vida tan dura que la tocará vivir.
Decide estudiar con ahínco y la confianza de su maestra doña Natercia en ella le hace sobresalir, la hace soñar con la posibilidad de ir a Europa a buscarse la vida y cumplir sus sueños. Pero las circunstancias vuelven a cerrarle la puerta pero ella no se desanima. Entonces comienza a trabajar para doña Benvinda que le ofrece una oportunidad prestándole el dinero para que se vaya a Europa a buscar sus sueños. En pocos meses arregla todo y se marcha a Portugal.
Allí tampoco le sonríe la vida y pronto se enfrentará al racismo y las deudas de su madre y las contraídas con Jovita hacen que su economía se vaya resintiendo. Intentan a abusar de ella, la insultan. Su perspectiva inocente de la vida da un vuelco amargo cuando la realidad la confronta con sus crueldades.

Conoce a un hombre, Bigador, del cual se enamora y con el cual tiene un hijo. Pero el buen hombre cambia para convertirse en un tipo amargado y violento. De aquí en adelante no podemos seguir contando pero podemos adelantarles que la protagonista de esta historia, superará también la prueba más dura. No dejen de seguirla hasta el final.
Historia de amistad entre mujeres, de heroísmos domésticos tantas veces anónimos, contra el viento, nos regala una historia conmovedora que nos recuerda “Una vida menos ordinaria” (Ediciones Escalera, 2009) que ya reseñamos aquí y les volvemos a recomendar. Por que las historias de superación de mujeres del tercer mundo están hechas de los mismos ingredientes: familias rotas, abusos, falta de recursos y de medios para estudiar, y el apoyo muchas veces cuando menos uno lo espera.
Técnicamente diremos que la primera parte que describe a la mujer española con la cual después trabajará Sao da para otra novela y en algún momento se puede antojar que sobra en el relato de la vida de esta mujer caboverdiana que por sí solo hace que desaparezca de nuestra memoria la otra mujer. Bien trabada, muy bien ambientada, a esta mujer española Ángeles Caso debe rescatarla para otra historia porque la de ella no es menos intensa que la de Sao.
En Sao, tenemos un ejemplo más de superación a pesar de la adversidad, de juego constante con las cartas que nos han tocado. y es que a pesar de ser malas podemos remediarlo, podemos seguir jugando. Al final esta mujer de armas tomar no sólo es ejemplo para la española sino para todos, sobre todo en estos momentos en los que es muy fácil culpar a los demás de lo que nos pasa y quedarnos de brazos cruzados rumiando nuestra tristeza.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Bibliotecas llenas de fantasmas (Reseña)

¿Tienes una biblioteca en tu casa? ¿Almacenas cantidades ingentes de libros aunque te de reparo llamarlo biblioteca? ¿Compras, lees, guardas, prestas (cuanta bondad), clasificas libros y un buen día te diste cuenta de que vives rodeado de ellos y un súbito temor a ser sepultado por ellos te embarga? Pues el libro del francés Jacques Bonnet (Premio François Billetdoux en 2009) es el libro que tienes que leer para saber qué te pasa y llegar a una conclusión sana: no estás solo.
“Bibliotecas llenas de fantasmas” (Anagrama, 2010), no es ni más ni menos que una confesión pública de que el autor ama y guarda libros como muchísimos de nosotros pero él ha conseguido ponerlo por escrito de modo brillantemente, sencillo, y da voz a aquellos que, estando en la misma situación, se les ha tenido siempre por raros.
Su biblioteca, dice Bonnet es una extensión de sí mismo y además cree (sabe, más bien) que por sus libros los conoceréis, que por cómo ordena su biblioteca sabrás qué esconde ese amigo que guarda libros. Citas de muchos autores, enumeración de anécdotas personales, testimonios de libros leídos y otros olvidados hacen de este pequeño texto (permítanme la cursilería) una delicia (lean la cita que abre el libro y serán más benevolentes), ya lo comprobarán.
Inevitable es ver en estas páginas llenas de libros y fantasmas algo de Cortázar y su cuento “Casa tomada”: los muchos libros amenazan con dejarnos en la calle un buen día o abrirnos la cabeza a las primeras de cambio. Nueve capítulos, 120 páginas que al leerlas dan la sensación de haber leído muchas más, de haber estado de visita en un montón de bibliotecas, de haber pedido prestado (y devuelto) muchos libros que seguramente nunca veremos traducidos.
Un texto apasionado y apasionante que ha recogido las mamías de Bonnet, las nuestras y las tuyas para dejar definido el perfil del bibliómano lector que no puede vivir sin su biblioteca y que allí donde vaya siempre necesita algo que llevarse a los ojos. Esta es una obra que dejara retratado a más de un lector.
Alberto Mangel es muy citado, es el otro “fijador” de una historia de la lectura y ha sabido explotar como pocos el siempre fértil terreno de la reflexión sobre el maravilloso hábito, vicio, manía, necesidad de leer. Las obras son complementarias aunque las de Mangel sean más sesudas.
El secreto del título mejor se lo reservamos a los que se aventuren a leerlo. Hasta que no lo averiguamos leyendo, el título nos dio más de una posibilidad y dejó correr la imaginación. Espero que se metan en esta aventura y descubran a los fantasmas del título.
El libro termina con un bellísimo párrafo que dice que los libros son como casas antiguas con sus presencias y sus afectos sostenidos en el aire del tiempo y el autor nos deja unos puntos suspensivos. Creo que esos puntos son una invitación a visitar esas casas viejas, a quererlas, a conservarlas a pesar de que el libro electrónico pide paso con firmeza. Una invitación a volver a los fantasmas que seguirán fascinándonos a pesar de que ya no les tengamos miedo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

El ruido y las letras


Cuentan que cuando mi querido Miguel Delibes comenzó a escribir lo hacía en medio del bullicio de la casa familiar por el interés económico pero con el talento preciso para convertirse, como así fue, en un escritor imprescindible de las letras españolas. Cuando la cosas le empezaron a ir bien resultó que podía alquilarse un pequeño estudio para aislarse del ruido doméstico para concentrase en afinar aun más su oficio de escritor. Una vez allí y en la soledad silenciosa de su nueva estancia, cuando comenzaba a elaborar esa joya literaria que es Los Santos inocentes, se dio cuenta de que no podía arrancar, que le faltaba algo: el ruido. El bullicio de los hijos y después el de sus nietos le traía desde la dimensión literaria los ecos que necesitaba para su escritura.
Eso es lo que le pasa a algunos escritores. Lo mismo Antonio Lobo Antunes, otro grande, que después de dejar su despacho del hospital psiquiátrico donde trabajaba, se iba todas las mañanas hasta allí, estacionaba su coche y se ponía a escribir en plena calle. Pasado el tiempo le dijeron que se quedara en el despacho suyo de antes para escribir, que qué era eso de escribir en la calle. Otra vez el ruido y no ya la furia, sino la literatura.
A los que leemos también nos pasa. Personalmente me gusta leer en lugares públicos sobre todo en el Metro o en los trenes donde el ruido de fondo de los viajeros apretujados y el cruce promiscuo de sus conversaciones absurdas a veces y otras tan intrigantes y profundas que darían para más de un libro, actúan de mar de fondo.
Como lector me gusta la posibilidad de dejarme arrastrar por una buena lectura que te va llevando lejos de donde estás hasta el punto de que, más de una vez, me pasé la parada para ir al trabajo y llegué tarde. “¡Se le pegaron las sábanas o qué!”, me dijo ese martes, no se me olvida, el encargado. Dudé unos instantes entre hacerme pasar por un intelectual que, absorbido por la lectura subyugante de “Las esquinas del aire” de Juan Manuel de Prada, no le importaba parecer un irresponsable con su trabajo, todo por una buena lectura. Mentí diciendo que sí, que me había acostado tarde, que no dormí bien: confesar que me había pasado la parada por ir leyendo me hubiese convertido en ese momento en carne de burla.
¿Es tan raro depender del ruido para concentrarnos? Escritores y lectores somos tan extraños que seguro entenderán estas sensaciones. Los escritores/lectores amantes del ruido disfrutan con su capacidad de hacer el silencio, de apartar el ruido de forma voluntaria y victoriosa para dar paso al abandono de las letras. Los silenciosos, en cambio, tienen que echar media vida fuera de la sala de lectura, del despachito de escritura, para que en la total soledad, en el absoluto silencio, la magia de la lectura y la comparecencia de las letras funcione.
De una u otra forma, lo raro de todo esto es que al final la literatura hace acto de presencia y nos arrastra hasta sus flores como una primavera nueva, nos vuelve a fascinar, nos vuelva a esclavizar por unas horas en la que escribimos o leemos. Una fascinación que no debemos dejar de vivir en silencio o en medio de una tormenta de niños felices.
Artículo aparecido en la revista Panfleto Calidoscopio en julio de 2010.
Foto de Julia Pucela.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Aire nuestro (Reseña)

Manuel Vilas nos concedió una interesante entrevista el año pasado. Por cosas de la técnica informática perdí sus palabras y no las puedo reproducir. Recuerdo, eso sí, a un tipo simpático, con ganas de hablar y que dijo que le gustaba lo latinoamericano y que habló de Cortázar. Aquí os dejo la reseña de su último libro, "Aire nuestro", a la espera de que otro día me conceda una nueva entrevista. Mil perdones.
Pasen y siéntense. Tomen el mando y prepárense a disfrutar de una experiencia televisiva sin precedentes. Y no le hagan caso a Groucho Marx cuando dice aquello de que él apaga la tele para leer un libro. Aquí tenemos un aparato literario que va a colmar las expectativas de los amantes de las palabras y las imágenes.
Manuel Vilas (Huesca, 1962) nos propone una experiencia televisivo-literaria en “Aire Nuestro” (Alfaguara, 2009) en la cual el autor nos propone una cadena de televisión española en la que el presente y el pasado se mezclan con el futuro provocando en nosotros un vértigo de imagines sueños y palabras que no son más que una metáfora de nuestra manera de recordar, vivir y soñar.
Esta cadena de televisión nos propone once canales temáticos en los que podemos encontrar Fútbol, Teletienda, Teleterrorismo y hasta Pressing Catch. Los personajes, todos reales, todos posibles, pasan por delante de nuestros ojos informándonos del ayer y del mañana. Como en cualquier cadena de televisión, se puede hacer zapping, es una especie de “Rayuela” del siglo XXI donde el espectador-lector puede ir donde quiera.
No son cuentos como se ha dicho en algún foro, ni son historias inconexas: la lectura de todos los canales muestran como en pequeños detalles están conectados.
Echando mano de un hiperrealismo extremo, en esta cadena de televisión vemos los hechos transformarse en historias que conectan personajes imposibles con situaciones conocidas pero que leemos con extrañeza. Aventuras posibles que se nos presentan en formato televisivo para despertar todos nuestros sentidos literarios.

El humor es una constante en esta novela, pero no un humor burlón y estúpido sino fino, inteligente, de palabra limpia y precisa que nos hará pasar un muy buen rato mientras la programación se despliega ante nosotros.
Merecen especial atención el programa del Canal 1 “Johnny Cash viaja por España” que nos ofrece imágenes del viaje que la estrella americana hizo por nuestra tierra y que contó con un interesante encuentro con Manuel Fraga. No se pierdan el programa. Otro de los destacados es el programa Dam del Canal 2 que nos ofrece un documental rodado en el Purgatorio que nos presenta la estrecha amistad de Dámaso Alonso, “Dam” para los amigos, y Pedro Laín Entralgo que hará las delicias de los nostálgicos.
En el canal 11no se pierdan Carta al hijo, protagonizado por el padre del autor y que tiene como autores invitados a Juan Benet y a Juan Antonio Vallejo-Nájera donde vemos la nostalgia del padre que desea que su hijo triunfe en la literatura.
Nos encontramos definitivamente ante un libro muy original, que pretender dar al lector una nueva forma de leer la vida, los recuerdos y la memoria. Escrito con una muy certera prosa, Manuel Vilas va a pasar a la historia de nuestras letras como el primer Berlusconi literario sin evidentemente desear aspirar por eso a la Moncloa. Y también por escribir una cadena de televisión haciendo desparecer el mito de las imágenes y las mil palabras.
Que ustedes lo disfruten y de verdad, cambien de canal cuantas veces quieran, no se arrepentirán y además no tienen que aguantar publicidad absurda. Un acierto narrativo que no se debe perder.

martes, 7 de septiembre de 2010

La prisión de los espejos (Reseña)

Estamos ante una novela de las que presagian la llegada un gran escritor. “La prisión de los espejos” (Editorial Baile del Sol, 2010) es la apuesta firme y segura de un escritor muy joven Rafael Martín Masot (Granada, 1989) aunque este hecho no debe despistarnos de la historia que cuenta en su novela, urdida con madurez y con una solvencia técnica que dará mucho de qué hablar.
La historia transcurre en la Barcelona moderna y arranca con la entrada en crisis de un joven y exitoso psicólogo Marc Viadiu a partir de la cual se desencadena una trama que no decae a lo largo de las 231 páginas que dura esta trepidante acción.
Se trata de perseguir a la “Organización”, un entramado de empresarios y políticos corruptos a los que por su profesión Marc descubre y quiere chantajear lo cual genera una serie de circunstancias que nos llevan por Barcelona, Zaragoza y Madrid huyendo y persiguiendo, intentando sobrevivir a los todo poderosos tentáculos de la “Organización”.
Pero esta historia no solo nos ofrece acción, es una historia comprometida con la Literatura, con el oficio de escribir una buena novela.
Los personajes de “La prisión de los espejos” están construidos de una manera sólida, en una búsqueda de no solo juntar palabras para decir sino que se toma la molestia de que sus personajes hablen y existan y sean más que excusas disfrazadas de personajes para que digan lo que al autor le venga en gana. En Martín Masot los personajes tiene una vida tan suya que para muchos de nosotros varios de estos personajes se merecen una vida más allá de la prisión de los espejos pero el autor ya nos ha dicho que no va a ser así.
Hay mucha acción emocional en esta novela. Más allá de las explosiones disparos y grandes diálogos de “duros del cine”, esta novela levanta la piel de los personajes y nos permite v re su alma, sus hartazgos vitales, sus deseos de vivir, sus pasiones y su maldad. En el caso de de Marc Viadiu y el de Teresa Muntal esta complejidad y acierto de oficio de escritor llega a cotas muy altas. Asistimos en estos personajes a un desarrollo limpio y ágil de sus psicologías y sus acciones son consecuentes con su temperamento. Todo un acierto.
Las sub-tramas quedan muy bien resueltas, creíbles y llenas de una tensión digna de los mejores thrillers. En este caso la presión a la que se somete a los personajes y la persecución de la verdad son elementos que van llevando adelante la historia que no decae en ningún momento. Entre ese ir y venir un personaje recuerda a otro amigo suyo que sospechosamente se llama igual que el autor. Búsquenlo y disfruten.
Pero una de las grandes virtudes de este narrador es su sutileza y finura a la hora del fraseo en el que consigue un ritmo muy bueno. A pesar de narrarnos una escena de acción, unos disparos o la maldad que supura algún personaje, consigue Rafael Martín Masot que el paladar de los lectores quede satisfecho de muy buenas frases. Lean sino el texto que abre la novela, de un lirismo envolvente.
“La prisión de los espejos” se resuelve de manera sosegada pero les advierto que nada es lo que parece. Ese juego de espejos que se encuentra en el título es una clave que no debe perder el lector. Lo demás es dejarse llevar por una trama que envuelve desde el principio y que no está muy lejos de lo que vivimos en nuestros días.

Por los Senderos con... Rafael Martín Masot.


Rafel Martín Masot nos concedió esta entrevista con palabras de agradecimiento y mostrando una sabiduría creciento en el oficio de escribir novelas. por lo leído y de sus palabras concluímos que este nombre dará mucho más de que leer y hablar. La reseña de su novela "La prisión de los espejos", aquí.

Antes de comenzar la entrevista, me gustaría darte las gracias. La labor que realizan personas como tú o Cristina Monteoliva para crear y difundir la Literatura no está suficientemente valorada. Libreros que se resisten a que los libros vayan junto al detergente para la lavadora en la bolsa de un hipermercado y personas como vosotros son esenciales para que la Literatura sea algo más que unos papeles encuadernados.

1. ¿Cuándo y cómo nació la idea de “La prisión de los espejos”?

En la primavera de 2007. Decidí escribirla durante una madrugada tonta, con la intención de complacer a una persona. Fue, sin duda alguna, un tremendo error. Esta novela habría sido escrita de otra manera –con más de mí mismo en cada párrafo-, si no hubiese tenido ese momento de debilidad.

2. Eres muy joven ¿crees que necesitas vivir más para seguir escribiendo? Ese es el reto de los escritores muy jóvenes.

Se supone que tendría que decir que sí, pero la verdad es que las historias me buscan, y yo las escribo. Un día cualquiera es posible que no quieran encontrarme, que no deseen mantener la relación amor-odio que nos une, y me quedaré entonces sin palabras. Es algo que no me preocupa. Lo realmente importante es que seamos capaces de vivir intensamente el personaje que nos ha tocado en este mundo sin sentido.

3. ¿Cuándo te convertiste conscientemente en escritor?

No ha sucedido jamás. Quiero creer que siempre seré un eterno aprendiz de escritor. Si llegase el día en el que no me sonrojase por los adentros cuando alguien me hable de uno de mis libros, dejaría de escribir de inmediato.

4. ¿Por qué un psicólogo?

Me resultó atractiva la idea de incluir en la historia a un psicólogo con trastornos mentales. Tengo la mala costumbre de intentar divertirme mientras escribo. Obtener un premio o vender un sinfín de ejemplares es algo accesorio.

5. ¿Por qué Barcelona y no Madrid como escenario de tu novela?

No me he planteado en ningún momento por qué lo hice, pero estoy convencido de que Madrid será el escenario de una próxima novela, o quizás ya tengo en el cajón alguna en la que la historia transcurra por las calles de Madrid.

6. ¿Crees que existe la “Organización” o no crees en teorías conspirativas?

Sí que existen infinidad de organizaciones de dudosa moralidad en nuestra época. Bastantes más de las que podamos imaginar, pero no tienen nada que ver con las que muchos escritores se empeñan en contarnos. Te aseguro que el Papa no ha comprado un submarino para enterrar en el fondo del mar los papeles que desvelan el misterio de la Santísima Trinidad. Por el contrario, si que es muy posible que en estos mismos momentos se encuentren reunidos algunos financieros para especular con el euro y llenarse los bolsillos a costa de un montón de desprotegidos.

7. La muda de narrador omnisciente a narrador testigo ¿a qué se debe?

Fue, a un mismo tiempo, un reto para mí (demostrarme que era capaz de narrar una misma historia desde cualquier ángulo) y una manera de hacer la obra más amena para el lector. Esa es la versión oficial, pero hay quienes aseguran –y no seré yo quien les desmienta- que fue mi manera de rebelarme un poco contra aquella madrugada tonta a la que anteriormente me he referido.

8. ¿Crees que la vida y los constantes espejos con los que nos encontramos nos distorsionan la realidad o nos hacen creer que se distorsiona? Es un poco lo que le ocurre a Marc Viadiu.

"La prisión de los espejos" encuentra el título en una de sus páginas, en la que la protagonista medita, sin ser consciente de ello, sobre una vida, la suya, que se le ha escapado sin ella darse cuenta. Esa página es la esencia de lo que esta novela pudo ser y no ha sido.

9. En el amor todos salen perdiendo en esta novela ¿Son tan efímeras las historias de amor en tu universo narrativo?

Tengo claro que un libro deja se ser del autor cuando pasa a los lectores. Eso es lo que debe ocurrir y que cada lector encuentre cosas diferentes en una misma obra. Si no ocurre de esa forma, creo que el escritor ha fracasado, aunque venda millones de ejemplares.
No obstante, sin desvelar más de lo necesario, estoy convencido de que hay una historia de amor que no se desmorona en La prisión de los espejos.

10. Hay un cameo tuyo en la novela ¿a qué se debe? Terminas siendo bastante más mayor de lo que eres.

Esa breve aparición es parte de mi manera de burlarme de la vida y disfrutar mientras escribo. Ya en Abulagos encarné, en un par de renglones, a un monaguillo con mi nombre, y en La luna eclipsada hice referencia de pasada a un adolescente aprendiz de escritor que no llegaría a ninguna parte en los mundos de la Literatura.

11. En esta novela nada es lo que parece ¿debemos sospechar, terminada la novela de algún personaje? Varios de ellos dan para seguir.

Hay varias personas que me han comentado lo mismo. Incluso me han preguntado si habrá una segunda parte. La respuesta es rotunda: no. No tengo intención alguna de cantar cincuenta veces la misma canción con distinto estribillo, ni aunque la primera versión tuviese un éxito aplastante. Eso sería dejar de disfrutar con mi escritura para llenar los bolsillos, y no conozco a ningún difunto que haya utilizado la tarjeta de crédito después de pasar al mundo de los muertos.

12. ¿A quién lee Rafael Martín Masot? ¿Con quién te sientes en deuda como escritor?

Aparte de algunos buenos escritores amigos míos, la mayoría de mis lecturas de los últimos años son de escritores muertos, esos a los que la mayoría de la gente de este país sin nombre llama clásicos. Creo que en la actualidad se publican pocas cosas que merezca la pena leer y la mayor parte de ellas no llegan al gran público. Impera editar y vender a kilo y cuarto, como si la Literatura fuese un trozo de carne.

13. Recomiéndanos dos libros que hayas leído recientemente.

Los dos últimos libros que he leído son del mismo autor, Lajos Zilahy. Los títulos son Primavera mortal y Algo flota sobre el agua. Ambas obras son magníficas, desde mi punto de vista.