25 septiembre, 2013

Y en Papel en blanco... Reseña y entrevista con Carla Guelfenbein y su novela "Nadar desnudas".

Hoy, en Papel en blanco, reseñamos la excelente novela de Carla Guelfenbein, Nadar desnudas, que publica Alfaguara. Carla ha tenido la gentileza de responder a un cuestionario que le enviamos y sus respuestas son muy acertadas y dan pie a muchas reflexiones sobre el oficio de escribir y sobre nuestra relación con los que nos rodean. Para leer la reseña pincha aquí y para acceder a las respuestas a nuestro cuestionario pincha aquí.

24 septiembre, 2013

Mutis por el foro

Esta mañana me dice una buena amiga en la oficina: se ha muerto un escritor ¿te enteraste? Ni idea, le dije, y cogió si teléfono y busco la noticia. “Álvaro Mutis”, me dijo y me sentí triste. Volví a repetir en voz alta aquello tan manido y no por ello menos cierto de que nos estamos quedando solos.
Lo último que leí sobre Álvaro Mutis fue en el libro de José Ovejero, “Escritores delincuentes”, en el que el madrileño revive la estadía del escritor colombiano en la cárcel por malversar unos fondos de una petrolera según se dice. Cosas de la vida. Me acordé entonces de mi tomo azul y grueso, publicado por Alfaguara, que aglutina todas las novelas de Maqroll el Gaviero, siete nada más y nada menos. Recordé también, el tomo de Visor que reúne la Summa de Maqroll el Gaviero, la poesía de los años 1948 a 1988, casi nada. Solo recordé.
Hoy, después de la noticia, no veía la hora de regresar a casa para sentarme con el viejo Mutis, cuya desaparición física fuerza la vuelta a una obra que mereció entre otros premios el Cervantes y el Príncipe de Asturias. Un colombiano universal que se marchó desde México hacia la eternidad literaria.
La escena con la que arranca “Ilona llega con la lluvia”, pinta una bandera panameña “tremolando ufana” en la popa de una lancha gris. Esa imagen quise recuperarla en mi novela “Los juegos de la memoria”, haciendo arrancar mi historia con una bandera panameña, ondeando también, inspirando sueños.
Su Maqroll era lector. Me sorprendió que este ser, tan plagado de aventuras y de ires y venires, fuese lector de Simenon al que yo admiro mucho y del que debo leer más. Mutis ha creado un personaje que nos da para encerrarnos con él y no aburrirnos reconstruyéndolo, persiguiéndolo en su densidad de tinta por estas siete novelas cortas, por estas siete errancias de un ser maravilloso.
Releyendo lo subrayado en estos libros de Álvaro Mutis que ya cité, me he vuelto a encontrar muchas frases y versos que de alguna forma dibujan lo que me conmovía en aquel momento. Pero hay una en especial que toma una mayor relevancia en estos momentos: “Buscar e inventar de nuevo. Aun queda tiempo. Bien poco, es cierto, pero es menester aprovecharlo”.
Aprovechar el tiempo, el poco tiempo, y darse a la búsqueda y a la invención: nada resume mejor el espíritu de la literatura, de la creación literaria. El verso viene de “Programa para una poesía”, de la sección “Viaje”. Emprender búsquedas, surcar mares desconocidos para conocernos, para conocer al otro. Ese es el espíritu del gaviero Maqroll, privilegiado durante el viaje, en la gavia, desde donde se puede ver más lejos, una brillante metáfora de cómo debemos mirar.
Mutis por el foro, ha hecho Álvaro. Se ha retirado del escenario para irse a descansar al Olimpo de La Mancha, esa tierra cervantina que nos acoge a todos y de la que él ha sido siempre un singularísimo embajador. 

15 septiembre, 2013

Y en Día D... "La maldita manía de contar".

Le decían a Pablo, el apóstol (lector, según lo que dice el Nuevo Testamento), que “las muchas letras te vuelven loco”. A mí, que creo que leer es un vicio de lo más recomendable, me han dicho algo parecido porque la ficción, muchas veces se me ha colado en el terreno de la “realidad” (las comillas son de Nabokov), dándome más de un susto y granjeándome más de una llamada de atención de las mujeres de mi vida. Seguir leyendo.

08 septiembre, 2013

Recordando "Rayuela", ese juego prodigioso

Una de las cosas que más me fascinó cuando leí por primera vez “Rayuela”, fue la actitud retadora de Julio Cortázar hacia mí como lector. Desde el principio, ya en el “Tablero de dirección”, Cortázar nos advierte que este libro, “a su manera”, es muchos libros y pasa a retarnos: el lector pude elegir una de dos posibilidades. Aquí entonces me sentí interpelado por el argentino: “Rayuela”, se deja leer de forma corriente y prescindiendo de los capítulos a partir del 56, “sin remordimiento”, según el autor. Luego está la otra forma de leer la novela, partiendo del capítulo 73, y siguiendo el orden del tablero. Cortázar nos pregunta: “y tú, lector ¿eres de los corrientes o de los que se atreven a empezar por el medio?”
Rayuela”, exige un salto cualitativo en el lector, una mirada atenta y preparada para ver lo nunca visto y, sobre todo, unas buenas zapatillas para caminar esta ficción que cumple cincuenta años en plena forma. La complicidad del que lee es absolutamente necesaria para disfrutar de una novela que no se termina ni en las tres estrellitas del capítulo 56.
Alfaguara ha publicado una edición que celebra estos cincuenta años en activo. Interesante por el apéndice en el que Cortázar explica la concepción de la novela y un mapa del París en el que ocurre “Rayuela”.
Hay otra, una de mis favoritas, que pertenece a la célebre “Colección Archivos”, un gran esfuerzo multiterritorial para la publicación de las grandes obras literarias de Hispanoamérica cuando se celebró el Quinto Centenario del Descubrimiento de América. En ese volumen de “Rayuela” participan grandes conocedores de la obra (el experto por excelencia en Cortázar, Saúl Yurkievich y Julio Ortega, son los coordinadores de esta edición). La riqueza de este volumen radica en los múltiples puntos de vista  desde los que se aborda la novela y la vida del escritor argentino.
Pero sin duda, la edición de andar por casa, y no por eso menos brillante (puede ser una de las mejores), es la de Andrés Amorós (Cátedra, 2013) que volví a encontrar después de regalar mi ejemplar a buen amigo. La de Amorós va por la 24ª edición y vio la luz en el año 1984, año en el que nos dejó, un 12 de febrero, para siempre, Julio Cortázar.
Ahora bien ¿cómo arranca de verdad “Rayuela”? Leyendo como dice Cortázar que hay que hacer, desde el capitulo 73, el arranque es prodigioso y mágico: “Sí, pero quien nos curará del fuego…”. ¿A qué pregunta responde el “sí”, a qué gran fuego haremos bien en estar atentos en lo que sigue de novela? Cortázar intriga desde la primera línea y nos echa a andar por París, por la rue de la Huchette, haciéndonos buscar a una misteriosa mujer, la Maga, a la que haremos bien en conocer.
Para eso sirven los aniversarios como este de “Rayuela”, para volver a acercar al gran público, sobre todo a los más jóvenes, a una novela que les va a marcar seguro. Es una excelente oportunidad para volver a leerla, para terminar de hacerlo si alguien la dejó a media o para llera de otra manera, de la común, o de la manera que dice el autor que hay que hacerlo. Una obra inagotable.
Lo comentaba un día con mi amigo, el escritor colombiano Alejo López: “ojalá que lo que escribamos genere tanta literatura como la literatura de Cortázar”. Sueño, la primera parte, pero una absoluta verdad la segunda porque toda la obra de Julio Cortázar inspira más literatura, dispara la creatividad, genera más sueños.

Para los que no la han leído, hay aquí una buena oportunidad para hacerlo. Los que ya la leyeron, háganlo otra vez, refresquen sus sentidos literarios, déjense llevar de nuevo por este juego que es en definitiva “Rayuela” y contamínense de una manera de hacer, de ver y de vivir la literatura, por una obra maestra.

25 agosto, 2013

Entervista en el programa Triple W de México "La estética de lo feo"

Hace unas semanas me entrevistaron desde México y conversamos un rato sobre "La estética de lo feo". Fue un programa muy entretenido y la charla amena con puro sabor mexicano. Les dejo aquí el enlace a mi intervención en el programa. PINCHA AQUÍ.

Y en el Panamá América... "Mucho ruido por nada"

Los otros días me llegó un artículo escrito por un airado dramaturgo panameño lanzando una diatriba feroz e irrespetuosa contra los "difusores culturales" que no apoyan la publicación de teatro. Aquí mi respuesta y contribución a un debate que, de fondo, resulta muy interesante. Para leer el artículo, PINCHA AQUÍ.

19 agosto, 2013

Escritores españoles en la Feria del Libro de Panamá 2013

La Feria del Libro de Panamá va a celebrarse del 21 al 25 de agosto y de España van tres buenos escritores que merecen la atención de todos. Ernesto Pérez Zúñiga, Ignacio del Valle y Juancho Armas Marcelo. Los tres van con buenas novelas bajo el brazo y lo tres tienen ganas de compartir su literatura con los panameños.
De Panamá estarán por la Feria mi querido Carlos Wynter, con su novela que tengo ganas de leer, "Nostalgia de escuchar su risa loca" (musical y sugerente título) y Enrique Jaramillo Levi que lleva bajo el brazo varios nuevos libros de los que ya dimos cuenta.
En el suplemento cultural del Panamá América, Día D, he publicado tres artículos hablando sobre los escritores españoles. Les dejo por aquí los enlaces para que los lean.
 
Juancho Armas Marcelo.
 
Otro de los autores españoles que estará en la Feria Internacional del Libro de Panamá es el canario J.J. Armas Marcelo viejo conocido de muchos y un gran apasionado de Panamá. Su última y quijotesca aventura fue sacar adelante junto al escritor nicaragüense Sergio Ramírez una candidatura en los premios Príncipe de Asturias para que se reconociera la vocación de camino de concordia de nuestro Canal. (Seguir leyendo aquí).
 
Ignacio del Valle.
 
Que Ignacio del Valle (Oviedo, 1971) es un amante de Panamá no es ningún secreto. Su cariño por nuestra tierra se ha concretado con la puesta en marcha de la Fundación Mare Australe junto a nuestra compañera Mónica Franco, una fundación que está llevando a cabo una labor de intercambio cultural entre España y nuestro país. Una iniciativa que ha traído hasta la ruta de Vasco Núñez de Balboa por el Darién a escritores y artistas de los dos lados de Gran Charco en el marco de este Quinto Centenario del descubrimiento del Mar del Sur. (Seguir leyendo aquí).
 
Ernesto Pérez Zúñiga.
 
Ernesto Pérez Zúñiga (Madrid, 1971), uno de los escritores españoles más destacados del momento, nos visitará durante la próxima Feria del Libro de Panamá, a celebrarse del 21 al 25 de agosto. Ernesto, dueño de una sutileza poética y narrativa dignas de los elogios que recibe, seguro deparará a los lectores panameños grandes momentos literarios. Poeta y novelista, en esta feria presentará “El juego del mono” (Alianza Editorial, 2011), una novela que no les va a dejar indiferentes. (Seguir leyendo aquí).

26 julio, 2013

Senderos retorcidos: Galicia, capital del dolor.

Senderos retorcidos: Galicia, capital del dolor.: 25 de julio, día grande para Galicia, celebran su patrón, Santiago Apóstol, el que dicen, yace, en la Catedral que lleva su nombre. Dí...

Galicia, capital del dolor.

25 de julio, día grande para Galicia, celebran su patrón, Santiago Apóstol, el que dicen, yace, en la Catedral que lleva su nombre. Día grande para la tragedia en Galicia, el destino ha querido marcar las fiestas de luto para siempre porque la magnitud de la tragedia es de proporciones bíblicas.
Acabo de ver las imágenes del impacto. La tragedia tiene eso de pausa e instante. A cámara lenta, se observan los segundos antes de que todo cambiara para todos, para que el calificativo, manido pero no por eso menos preciso de dantesco vuelva a cumplir su función de color de luto, de gesto de horror.
Todo parece indicar que la velocidad es la causa del siniestro: “siniestro”, que palabra tan oscura. El factor humano, ese que en otros momentos salvó naciones y acalló servidumbres indignas, es el responsable de este terrible accidente que deja 79 muertos y más de un centenar de heridos. Lo irreversible se hace patente en un solo equívoco.
Hoy en la Plaza del Obradoiro, el silencio calla las gaitas y el luto se va instalando entre los que llegan del famoso Camino de Santiago. Los gallegos aquí y los de allá, en Panamá donde hay tantos, no tienen más pensamiento que para su gente. Cientos de gallegos han colapsado los servicios de donación de sangre para echar una mano, para compartir vida. Gentes del pueblo cercano al accidente salieron con mantas y palos para sacar a los heridos y muertos del amasijo de muerte en el que se convirtió aquel tren. Médicos y enfermeras siguen sin dormir, hosteleros regalan habitaciones para que los familiares y amigos de los afectados puedan estar cerca de los suyos, de su tierra.
Galicia es tierra de trabajadores, de gentes del mar que aman su tierra, que piensan en ella que llevan calcomanías con la bandera de su pueblo allá donde van, que añoran siempre, que siempre tienen en la mente su tierra que mira al Atlántico con desafiante valor. Su tierra es el fin de la tierra, Finisterre, y el principio de otra allende el horizonte.
Todos lloramos hoy un poco y un poco todos hemos perdido a alguien. Cuando la tragedia se materializa de esta forma grotesca y brutal, dándonos una bofetada de realidad y finitud, todos somos un poco víctimas. El mundo se acerca a España y a Galicia con sus condolencias y abrazo sincero, sin creerse lo ocurrido.
Mis hijas son un poco gallegas, su madre lo es. Sus abuelos lo son. Hoy nos toca viajar en un tren similar rumbo a Galicia. Viajaremos hacia el lugar de la tragedia, cerca de la capital del dolor, a escasos 45 minutos. Miraremos de frente el lugar donde se quedaron tantas vidas. Nos sumaremos al luto de nuestros paisanos y en un silencio digno, como pocos, lloraremos. Hoy volveremos a nuestra otra tierra para estar cerca de los nuestros, para acompañarnos mutuamente en un dolor que hoy es de todos.
 
Texto publicado en la sección de Opinión del periódico panameño Panamá América. Ver enlace aquí

22 julio, 2013

Mi primera vez con Juancho Armas Marcelo

Escribí hace años un texto (que titulé igual que esta entrada) en el que contaba como fue la primera vez que me encontré con Juancho Armas Marcelo pero, aquel escrito, como tantos otros y tantos libros, lo perdí cuando la vida me cambió para bien. Los que me conocen ya saben a qué me refiero.
Resulta que para el año 2001 se iba a llevar a cabo la Feria Internacional del Libro de Panamá, un evento que amenazaba con convertirse en uno del los que cambiarían la vida del libro en mi tierra y así fue. Conocí a Priscila Delgado, por esas fechas presidenta de la Cámara Panameña del Libro, y quise echar una mano desde Madrid intentando buscar a algún escritor que acepta una invitación para viajar a Panamá y asistir a la Feria. Pensé entonces en el escritor más latinoamericano de los españoles que pudiera echarme a la cara y a la cara me lo echaba todas las semanas en el programa de "Los libros" en Televisión Española. La vaina, como decimos allá, era contactar al tipo y el tipo no era otro que Juancho Armas Marcelo, canario, amante del lado de allá y gran escritor. Me había leído "Los dioses de sí mismos" y comencé a buscar toda su obra. Incluso encontré una biografía de Mario Vargas Llosa, mi escritor favorito, que el firmaba. El candidato perfecto para la Feria y cumplir con la ayuda que quería prestar. Pero ¿dónde localizarlo?
El tiempo comenzaba a jugar en mi contra ¿dónde contactar al canario? y cada semana la imagen de Juancho y Eduardo Sotillos presentando “Los libros” se colaba en mi piso para meterme prisa.  Hablaba con Panamá para decir que andaba sobre la pista pero nada de nada. Lo que no sospechaba yo era que la pista estaba a la vuelta de una hoja de periódico.
Estudiaba y trabajaba, escribía y leía. Una tarde volví a mi piso con pocas ganas de Psicología. Así que me senté junto con unas sardinas y el periódico, Diario 16, para buscar una buena razón para no ir a la Facultad. La razón, a vuelta de una página, en una convocatoria: la editorial Casiopea invitaba a la presentación de un libro del colombiano Condado Zuloaga Osorio, en la librería Crisol. Acompañaría al autor J.J. Armas Marcelo, mi objetivo, esa misma tarde.
Dejé las sardinas, me vestí y me fui corriendo, en bus, a ver a Juancho. El problema era, una vez localizado como abordarle. Eso de ponerte delante de alguien y decirle cosas que no se espera me resulta difícil. Me falta morro. Así me va. En el autobús daba vueltas a la cabeza para ver cómo hacerlo.
La desaparecida Crisol quedaba cerca de la calle Maldonado en Madrid o alrededores. Llegué, había sillas arriba y me senté delante, para verle de cerca y atacar cuando se bajara de la tribuna. Me senté al lado de una mujer elegante y esperé pensando que decirle. La intervención fue sabrosa, marca de la casa, y en un momento de su intervención Juancho hizo alusión a la mujer sentada a mi lado que resultó ser su esposa, bien, pensé, seguro que no se me escapa.
Fin de la presentación, bajó Juancho, se fue Juancho y no le dije nada. ¡La mujer de al lado!, pensé, me atreví, y entonces supe que su nombre era Saso y le hablé rapidito, como decimos allá, del asunto. Me llamó a Juancho, me lo presentó y le comenté el asunto por encima. Objetivo cumplido. Nos despedimos pero ¿cómo llamarlo o lo que fuera?  Ya casi se iba cuando me atreví, raro en mí, a buscarle de nuevo: ¿cómo te localizo? De su puño y letra me escribió sus datos en una hoja de mi agenda y me dijo que lo llamara. ¿Te acordarás de mí? “Conozco muy pocos panameños y que encima quieran invitarme a Panamá” me dijo y ahora sí, buenas noticias para la Feria. Le llamé, contestó él y sí que se acordaba.
Quedamos a comer era cerca de su barrio, en un buen restaurante, del que recuerdo que pedimos lo mismo, me dejé llevar, y un sorbete de mandarina si la memoria no me traiciona. Vino para regar  la sobremesa. Le conté de mis proyectos literarios y tratamos el tema Feria. Me preguntó a bocajarro: ¿tú que ganas con todo esto? La amistad le dije, una buena comida hablando de libros, nada más. Ya he confesado que una de las mejores cosas que me ha dado la literatura es la amistad, los amigos y hasta algún amago de enemigo.
Así terminó aquella primera comida a la que sucedieron llamadas y conversaciones sobre la posibilidad de ir a la Feria. La cosa no salió esa primera vez, pero se resolvió para la siguiente, aunque  esa es otra parte  de la historia que ya les contaré más adelante cerca del décimo aniversario del desembarco de Juancho en la FIL de Panamá. “Otros quinientos pesos” como decimos los istmeños. Por cierto, felicidades Juancho.