domingo, 13 de febrero de 2011

Memorias (Reseña)

Las memorias se escriben para dejar testimonio por escrito de lo que fuimos y de donde nos encontramos al escribirlas. Son también una catarsis pero sobre todo son testimonio de nuestro paso por este planeta. Si el que recuerda es un personaje público y relevante entonces sus memorias se convierten en luz que disipa dudad sobre detalles de la historia que nos es común.
Eso pasa con estas emocionantes memorias de Teodulfo Lagunero (Valladolid, 1927) que publica Umbriel-Tabla Rasa (2009) y prologa la novelista Almudena Grandes. Memorias que concretan hechos difusos, pone acentos donde debe y que despoja de brillo inmerecido ciertas afirmaciones que no son del todo ciertas sobre la historia de la Transición española. Son unas memorias llenas de ternura, firmeza y lucha.
La memoria de Teo va hasta su infancia cuando la Guerra Civil y sus horrores perturbaron la paz de un país y lo sumió en una dictadura larga y negra. Los días de juventud rebelde, la búsqueda de su lugar en el mundo, el nacimiento de un brillante hombre de negocios. Teo se llega a codear con los mismísimos príncipes de España, Juan Carlos y Sofía, y vistiendo un traje caro que llevó para verles y comiendo con su hija en Maxim’s en el corazón de París, se topó con un hecho que cambiaría su vida: una manifestación del 1 de mayo de 1967. Es allí cundo Teo vio “la luz de esas banderas”, banderas republicanas y rojas. Aquí cambia la vida de Teodulfo Lagunero que se entrega a la lucha contra el régimen desde dentro.
Las luchas, los documentos, cartas imágenes, conversaciones, tiene que venir a verlas el lector interesado en la Historia de España. Teodulfo Lagunero recuerda contra el olvido y llena de luz muchas estancias de nuestra reciente Historia. Estas son memorias que hay que leer para una mejor comprensión de esta España reciente y de cómo se gestó su nacimiento democrático.
Cabe destacar el cariño con que Teo recuerda a los poetas y amigos literarios que ha ido teniendo en su larga vida. Nos asomamos al afecto que tiene a Rafael Alberti con el cual vivió en Roma junto a María Teresa León y a los cuales trajo él de vuelta a España una vez las cosas estuvieron en su sitio. Una amistad de mutua admiración a la que Teodulfo Lagunero está muy agradecido.
Leemos también del deterioro del Partido Comunista, la salida de Carrillo y el desencanto que le sobreviene por estos hechos. Pero Teo no se hunde en la pena, sigue mostrando una energía y una convicción republicana sin fisuras que más de uno quisiera hoy para sí.
Como afirma Almudena Grandes, la vida de Teodulfo Lagunero podría ser perfectamente una interesante novela pero una vez más la realidad ha superado la ficción con creces y nos deja una vida para considerarla con sus hechos luminosos y sus grises como en toda existencia que se ejerce con libertad y rebeldía contra lo impuesto. Estas “Memorias” deben dar que hablar y decimos deben porque en una España desmemoriada como esta es posible que nadie se fije en ellas corriendo el riesgo de caer en la condena de volver a repetir la historia por no conocerla, por no ser agradecidos con todos aquellos que arriesgaron su vida para que hoy vivamos en libertad.

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