domingo, 12 de octubre de 2008

Miles y el Ascensor

Que Miles Davis es un genio no cabe duda. Lo que me impresiona sobremanera es la capacidad de trabajo y la concentración excepcional que consiguió para crear la música para Ascensor para el cadalso, la película, ya saben, de Louis Malle. Yo he llegado a ella por medio de la música de Miles. Se respira melancolía, un blanco y negro rotundo, en cada una de las piezas de este disco. La música del genio sobrevive y se agiganta por sí sola, independiente de las imágenes Malle.
Boris Vian, otro genio, hace hincapié en el tema Dîner au motel, del que dice que Miles lo interpretó con un trocito de piel desprendido de su labio. Escribió Vian que fue la casualidad, como sucede con algunos pintores, lo que llevó a Miles a ese momento estético único. Puede ser. De cualquier manera lo que dijo Boris Vian, es leyenda, mito del jazz.
Cuando escribo, me subo al ascensor con Miles y vamos charlando de los personajes, de las tramas, de la vida. Saco otra botella de Viña Mayor, pongo Chez le photographe du motel, y bajo las luces. Mi mujer Marga Collazo, que me trajo el jazz, entra en el juego en blanco y negro, con tinto del bueno, y nos dejamos llevar por una música que sabemos es única, irrepetible.
De Miles Davis hablaremos más. No he olvidado tampoco a Chet y su salto, mi obsesión con todo aquello. Mientras, sigo disfrutando de la leyenda de esta banda sonora, obra de arte por sí sola, que es Ascensor para el cadalso y perdiéndome también en los ojos seductores de la Jeanne Moreau de la portada.