jueves, 23 de octubre de 2008

Vicky, Cristina, Barcelona

Woody Allen consigue una vez más engancharnos a un historia cotidiana que termina por llevarnos a una reflexión digan lo que digan. Cualquier arte que no nos haga pensar, aunque sea un poco, no es arte. Las pasiones y decisiones que nos relata Vicky, Cristina, Barcelona, son una muestra de que Allen está reinventándose constantemente, no permitiéndonos que le tengamos por anticuado ni mojigato. Ni mucho menos que le consideremos sólo un buen escritor de comedias. Digo estos por los que a día de hoy sostienen que no les gusta el humor de Allen. ¿Han probado sus dramas?
Aceptable la nueva cinta de Allen que no llega al nivel de Match point. Esto no quita que esta nueva película sea parte de una muy alta representación de lo que el genio de Woody Allen es. Aparte eso esta película resulta un desafortunado descalabro de los artistas españoles. Creo que Javier Bardem y Penélope Cruz, cuando no se interpretan a sí mismos están francamente mejor.
De Barden ya se sabe, sus personajes en Antes que anochezca, No es país para viejos o Mar adentro son grandes trabajos pero este con Allen, en el que el personaje tiene mucho de él mismo hace aguas. De Penélope Cruz, que no es santa de mi devoción, no podemos poner tantos ejemplos, Volver de Almodóvar, como mucho, y pare usted de contar. No están a la altura ninguno de los dos.
Las pasiones entre estos dos personajes (Juan Antonio (Bardem) y María Elena (Cruz)) tan raciales, no parecen corresponder con la ciudad en la que se desarrolla la película. Pueden darse las pasiones (faltaría más), pero en muchos momentos de la cinta, una vez se reencuentran, parece que estamos ante un drama pasional andaluz más que en la ciudad condal. Aun así, la cinta tiene un fuerte que la salva de estos escollos: el guión, que es lo más sólido.
Allen se adentra en esas pasiones sexuales y afectivas que van nutriendo sin remedio nuestra sociedad y la van llevando a una búsqueda sin fin de satisfacción. El personaje de Cristina (Scarlett Johansson) en el prototipo de insatisfecho crónico, una de los grandes males de hoy. Por otro lado esta Vicky (Rebecca Hall) que sin saberlo se ha encerrado con una satisfacción frágil, que a la primera de cambio, sucumbe bajo la presión de las pasiones, algo que ve como en una bola de cristal en la vida de su anfitriona Judy Nash (Patricia Clarkson) que, a pesar de estar “felizmente casada”, hace mucho que no ama a su marido.
Al final nada es lo que parece, nada satisface tanto y es muy probable que lo que tenemos, dadas las circunstancias, no sólo sea lo mejor sino que, talvez, sea lo único.
Película de grandes pasiones y de grandes momentos de guión Vicky, Cristina, Barcelona la vi con mi mujer Marga Collazo el día de su estreno en España, a la sazón, nuestro último fin de semana de solteros: 19 de septiembre. Al estreno acudieron, en un cine de Coslada 19 personas (uno de ellos llegó empezada la película). Casualidades numéricas para una película que no necesita suerte para triunfar porque está hecha con genio. Desde aquel día la película se ha ido recuperando y ya la han visto un millón de espectadores en España. Hasta un colectivo gay la ha premiado. No sé porqué, la escena del beso no es más que eso, un beso y nada definitorio sobre tendencias sexuales. No podrán, espero, encasillar esta película. Woody Allen y su genio son así, de todos, sin más etiqueta que la de buen cine.