09 julio, 2009

Proyecto de difusión Cultural para la República de Panamá. Parte 2


Difusión Nacional.

Ha de hacerse en dos frentes:

1. Las aulas: a todos los niveles: primaria, secundaria y la Universidad. La difusión ha de contar no sólo con los trabajos de los artistas sino también con su presencia entre los estudiantes. Que nuestros artistas vayan a las aulas dan una dimensión de realidad a la Cultura a la vez que actúa como un espejo donde las futuras generaciones se miren. Nuestros artistas pueden generar otras vocaciones artísticas. Además del hecho obvio de que desde pequeños, si les motivamos a la apreciación de la Cultura, tendremos a estos futuros ciudadanos consumiéndola y generándola. Estas acciones han de ser coordinadas a nivel nacional por el Ministerio de Educación y el futuro Ministerio de Cultura.
Cosas como estas se van dando en algunas aulas pero no cuentan con el respaldo del Estado que ha de ser consciente de que en materia cultural ha de estar presente. La motivación es esencial para el desarrollo del hábito de apreciar la Cultura. De allí que si conseguimos que el Estado anime y respalde con todos sus recursos a la Cultura conseguiremos llevarla muy cerca del corazón de los jóvenes panameños.
Una revisión a fondo de los planes de estudios y una correcta cooperación entre ministerios puede sacar adelante este proyecto. Escuelas y universidades están haciendo grandes cosas pero necesitamos la implicación del Estado en esta materia, necesitamos que el Gobierno crea que esto es bueno para todos. No podemos dejar que la imagen que se proyecte de nuestro país sea la de un lugar donde sólo se puede hacer negocios o venir de vacaciones.

2. Los medios. El Estado ha de arrancar un verdadero compromiso para la difusión de la Cultura en los medios audiovisuales. No se trata de un espacio exclusivo, una televisora dedicada sólo a la difusión cultural, sino que todos los medios han de convertirse en agentes difusores de lo nuestro. No es posible que un país como Panamá, que tiene una amplísima lista de escritores por ejemplo, no cuente con un programa de televisión dedicado exclusivamente a los libros. Es necesario.
No se trata tampoco, por otro lado, de que la Cultura panameña sea única y exclusivamente las manifestaciones folklóricas (danza, saloma, etc.), de las que programas televisivos ya dan buena cuenta al estar asociadas al ocio y a la fiesta. Hablamos de cocina, de pintura, teatro y el amplio etcétera que ya conocemos. Los medios, sobre todo la televisión, juegan aquí un papel muy importante en la difusión cultural. Tenemos que reconocer que lo que más sale por la televisión es lo que de verdad terminará por interesar a los ciudadanos. Esta estrategia publicitaria ha de ser tomada por el Estado para hacer ver que Panamá es mucho más que “el típico” a los propios panameños. Este es un esfuerzo que de no contar con la ayuda del Estado se hace muy difícil por lo costoso de los espacios televisivos.
Pasa igual con la prensa escrita. Tenemos muy buenos suplementos culturales pero necesitamos más difusión. Una revista como “Maga” debería tener una sucursal virtual atractiva y ser difundida masivamente por la Red. Debería ser distribuida en nuestras Embajadas por todo el mundo. Al igual la revista “Lotería” y otras que están haciendo un trabajo de difusión cultural muy bueno. El Ministerio de Cultura debería gestionar estos proyectos.

Difusión Internacional.

Panamá necesita optimizar sus recursos. Las Embajadas y representaciones diplomáticas panameñas en muchos países del mundo tienen un trabajo muy limitado y concreto. Estamos seguros de que tienen mucho más tiempo libre del que se esperaban tener. Es más, muchas de esas Embajadas cuentan con un Agregado Cultural. Estos deben ser los agentes promotores de la cultura panameña en el exterior trazando un plan de “asalto” a la sociedad en la cual están destinados. Si en cada Embajada panameña que cuenta con un Agregado Cultural este se moviera y organizara tres eventos culturales de gran difusión mediática, Panamá dejaría de ser una desconocida. Porque, no nos engañemos, Panamá no es un destino prioritario turístico en Europa por ejemplo. Eso puede cambiar si comenzamos a hacernos presentes allí donde estemos.
Tenemos que trabajar y multiplicar los recursos que tenemos. Un Agregado Cultural no se puede pasar cinco años de legislatura organizando clases de baile típico los sábados. Eso no es hacer patria. Necesitamos en esos puestos gente con un dinamismo y sensibilidad que les lleve a tomar esos años de trabajo como un reto. La recompensa será ver nuestra Cultura siendo considerada, habremos conseguido comunicar nuestro mensaje.
Panamá debería por medio de sus Embajadas promocionar a sus escritores. En muchos países de habla no española el Instituto Cervantes está haciendo una gran labor de acercamiento de nuestra lengua a esos países ¿por qué no trabajar con ellos? Daríamos más difusión a los nuestro. Igual pasa con pintores y escultores o diseñadores de moda, chefs o músicos: si el Estado no mueve estas cosas en los países de destino será muy difícil que se difunda lo que hacemos en Panamá. Esto no quiere decir que dejaremos de producir Cultura, lo haremos pero tendremos que reconocer entonces que el Estado panameño habrá fracasado en construir un país más sólido y desarrollado si deja de lado su política Cultural.
Está también la creación, por ejemplo, de los premios Ricardo Miró que se podrían dar todos los años en los países donde tengamos representación en ocasión de la celebración de nuestras fiestas patrias. Este galardón, que se podría completar con una visita a Panamá para los premiados, serviría para estrechar lazos con los países donde estamos representados y como difusión de lo que estamos haciendo en materia de Cultura.
Insistimos: hay que trabajar para eso. Sólo deberían ser agregados culturales hombres y mujeres con una dilatada carrera artística en cualquier orden y no los amigos de los cercanos al poder y sus aledaños. Debemos dejar la costumbre de nombrar a dedo estos puestos y ponernos a trabajar en serio, con gente que de verdad quiera hacer más grande a Panamá. Los agregados culturales contarán seguro con la inestimable ayuda de los panameños que ya vivan en aquellos países y que también quieren poner de su parte para que las cosas vayan bien.
Dicho esto último volvemos al fin y al fondo de esta discusión: necesitamos una verdadera política cultura. Si el Señor Presidente pretende vender turismo y un poquito de Cultura terminará por convertir al país en una especie de Disneylandia tropical y Panamá no es eso. Pero hace falta coraje por que las buenas ideas las vienen planteando distintos organismos culturales que son más eficaces y llegan más lejos que un Instituto Nacional de Cultura, demostrando que la institución es ya obsoleta. Lo que necesitamos ya es un Ministerio de Cultura dotado de un presupuesto alto y de unos gestores que estén dispuestos a llevar la Cultura panameña hasta donde se pueda. Hecho esto, el interés por conocer la tierra de los artistas, de los ciudadanos de un país donde tal o cual escritor o pintor nació, es cosa de tiempo. Porque el interés por Panamá ha de ser uno que trascienda la típica postal con guacamayo y playas al fondo, debe llegar al texto poético, a la escultura que desafía siglos, al ritmo de canciones y cantantes que dan su mensaje al mundo que los rodea.
Las salvedades son obvias en este tema: estos asuntos no se resolverán de la noche a la mañana pero no debemos rendirnos. Pase lo que pase seguiremos haciendo Cultura. Los que vivimos fuera de Panamá seguiremos hablando de nuestra tierra y cooperando en lo que sea desde allí donde estemos. Pero no debemos olvidar que de lo que estanos hablando es del desarrollo de nuestro país.

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